—¡Perdón por el ruido! —Al llegar a la planta baja, Cheren aún se está disculpando con mi madre.
—Estooo... la limpieza...—Comienza a decir dubitativa Bel.
—¿La limpieza? ¡No pasa nada! Ya la haré yo después.—Unas cuantas palabras hacen que mi interior explote silenciosamente de felicidad. ¿Mamá no me va a matar? ¡Bien!
—¿¡De verdad, mamá!? —Suelto sin poder contener más mi emoción.— ¡Te quiero!
Chere y Bel se ríen, pero creo que aún se sienten un poco culpables por el follón de mi cuarto. Mi madre le quita importancia moviendo una mano.
—¿No deberíais ir a ver a la profesora Encina? —Pregunta mamá. ¿Me quiere ya fuera de casa? Con lo que la echaré de menos...
—¡Sí! Bueno, pues nos vamos. —Cheren se queda más tranquilo al ver que mi madre no finge su felicidad, que realmente no le importa limpiar mi habitación.— Vamos a darle las gracias a la profesora Encina.
—Es verdad, tendríamos que darle las gracias por los Pokémon y eso. —Razono en voz alta.
—Te esperaremos frente al Laboratorio Pokémon. —Me dice Cheren. Le respondo alzando el dedo pulgar.
—¡Ah! Pues yo voy a volver un momento a casa, ¿vale? —Bel baja la mirada durante un momento. Parece triste. Después se dirige hacia mi madre.— Muchas gracias por todo.
Mientras veo cómo salen de mi casa, pienso en la expresión triste de Bel. ¿Qué significaba esa cara? ¿Le debería preguntar sobre ello? No sé... Suelto un suspiro y no me doy cuenta de que mi madre se ha acercado a mí hasta que me habla.
—White... —Pone una mano en mi hombro. ¿Castigo por el jaleo de mi habitación? No, su expresión es muy dulce. Realmente le echaré de menos en mi viaje...— Los combates Pokémon son increíblemente animados, ¿verdad? ¡Los gritos de los Pokémon se oían desde la planta baja y todo!
Vaya, así que se había dado cuenta desde el principio... Justo cuando abro la boca para pedir perdón por todo el asunto de los combates Pokémon en mi habitación, veo que tiene la mirada perdida en la nada, con expresión soñadora.
—¡Todavía me acuerdo de mi primer combate Pokémon! —Suspira nostálgica ante el asalto del recuerdo.
—Mamá, ¿fuiste entrenadora? —La verdad es que no lo sabía. Tampoco me cuenta muchas cosas de su pasado. Tampoco de papá.
—Pues claro, como casi todo el mundo. —Sonríe tierna y cambia repentinamente de tema.— ¡Ah, sí! ¡Hay que dejar que los Pokémon descansen después de los combates!
Mamá cura a mi Snivy. Sólo está un poco herido, así que con una Poción le basta.
—¡Tu Pokémon se ha recuperado! —Dice mientras rebusca en su bolsillo del delantal.— Si vas a salir, que no se te olvide el Videomisor.
—Ah, es verdad... ¡Gracias por todo, mamá! —Aunque realmente odio ese trasto y lo inoportuno que es.
—Tú también vas a darle las gracias a la profesora Encina, ¿verdad?
—Of course, mami.—Sonrío alegre. Falta muy poco para empezar mi aventura.
—Ve con cuidado.—Mamá baja un poco la mirada, parece que va a llorar.
Entonces, antes de empezar yo también a llorar, salgo de casa.
El sol otoñal de la mañana me ciega un poco al salir. Dejo que la fresca brisa de Pueblo Arcilla cale en mis pulmones y cuando miro al frente veo a Bel dirigiéndose con pesar hacia su casa. Creo que si le quiero preguntar qué le pasa ser a solas, sin Cheren.
La casa de Bel está muy cerca de la mía. Bueno, los tres estamos muy cerca porque al vivir en un pueblo tan pequeño como lo es Pueblo Arcilla, es normal.
Al entrar en casa de mi amiga, me asusto al escuchar a su padre gritando con fuerza. Le grita a Bel. Mal momento para entrar...
—¡No, no y nooo! —Decir que el padre de Bel está enfadado es poco. Está colérico.
—¡Si me ha dado un Pokémon hasta a mí!—Delante de su padre, Bel intentaba gritar también, pero su voz es demasiado aguda como para intentar subir más el tono.— ¡Ya soy una Entrenadora y puedo salir de aventuras!
Enfadada, Bel se dirige hacia la salida y, horror, me ve. Se da cuenta de que he visto la pelea e intenta disimular un poco sus lágrimas, que empezaban a salir justo en ese momento.
—Ah... No pasa nada. —Se baja su boina para taparse un poco los ojos y parpadea varias veces, intentando desvanecer las lágrimas de sus ojos.— Bueno, te espero enfrente del Laboratorio.
Salgo de casa de la casa y mi rubia amiga ya está en la puerta del Laboratorio. Está hablando con Cheren. Esto... Sí, les estoy espiando. Me siento un poco ridícula de esta manera, pero parece que Bel haya corrido para poder estar un momento a solas con Cheren así que... ¿por qué no darle el gusto de unos minutos a solas? Bueno, a solas relativamente.
De momento sólo hablan. Bel se frota los ojos. Seguro que le está contando lo que ha pasado con su padre... Vaya, parece que va a volver a llorar. Exacto, sus lágrimas vuelve a rodar por sus mejillas. Haz algo, estúpido Cheren...
Cheren mira alrededor, temiendo que alguien vea a Bel tan desconsolada y, sin saber qué hacer, coge su mentón para mirarle a la cara y la besa. Espera. ¿¡La besa!?
Me escondo aún más tras la casa de Bel, tapándome la boca con las manos mientas deslizo mi espalda por la fachada hasta sentarme en el suelo. Creo que me estoy poniendo como un tomate.
—Qué fuerte... —Murmuro para mí misma mientras me pongo en pie de nuevo.
No quiero cortarles el rollo, así de claro, pero tengo que ir. Se nos hará tarde si no voy ya. Así que me vuelvo a asomar con cautela por una de las esquinas de la casa de Bel. Bien, ya no están besándose ni nada extraño. Creo que ahora sólo están avergonzados por el beso.
Me dirijo al Laboratorio intentando sonreír como siempre. A medida que me acerco, ellos parecen más serenos y tranquilos. Pero el arrepentimiento se nota claramente en el rostro de Cheren. ¿Creerá que me es infiel de alguna manera o igual está preocupado de lo que piense Bel sobre el beso?
—¡Venga! ¡Vamos a ver a la profesora Encina!—Cheren nos abre la puerta del Laboratorio, creyéndose un caballero por ese simple acto y entramos.
—¡Síii! —Nos recibe una emocionada profesora Encina.— Jóvenes de Pueblo Arcilla... ¡os estaba esperando! Permitid que me presente. Me llamo...
—Profesora Encina... Ya sabemos cómo se llama. —Cheren, cortante como siempre. No pega nada con la naturaleza bromista de la profesora Encina.
—¡Ya estamos con el sabelotodo de Cheren! —La profesora se ríe, sin darle importancia.— Hoy es un día muy importante, así que será mejor que atiendas calladito.
—Zas, en toda la boca... —Susurro a Cheren.
—Tsk.
—Bueno, pues como iba diciendo... —Sigue ella, limpiándose la bata blanca como si tuviera polvo.— Soy la profesora Encina. Me dedico a investigar el nacimiento y el origen de los Pokémon.
Después de su presentación innecesaria, pregunta si queremos darle un mote a nuestro Pokémon. Cheren y Bel niegan con la cabeza, pero a mí sí que me gustaría ponerle un mote a mi pequeño amigo Snivy... Sebastian.
—Bien, la razón por la que os he dado un Pokémon es...—Encina intenta continuar pero...
—La Pokédex, ¿verdad? —... Cheren decide anticiparse.
—¿La Pokédex?—Y Bel es tan ingenua como siempre.
—¡Muy bien! —Pero la profesora Encina nunca se enfada.— No me esperaba menos de ti, Cheren. Estás estudiando mucho sobre los Pokémon, ¿verdad? Bueno, ahora dejadme que os explique.
Nos explica cómo funciona la Pokédex mientras nosotros atendemos muy interesados, aunque creo que Bel no entiende muy bien de qué va la cosa.
Claro, llegó la pregunta crucial de la profesora Encina:
—¿Me ayudaréis a completar la Pokédex?
—Vaaale... —Contesta Bel desganada. Seguro que no lo ha entendido bien, así que le doy un codazo, para que no lo diga de esa forma tan vaga.— Digo... ¡Vale!
—¡Claro que lo haremos, profesora Encina! —Sonrío feliz. Yo sí que lo he entendido. Un paso más hacia mi aventura Pokémon.
—Muchas gracias. —Sentencia Cheren con una sonrisa sincera.— Por fin me he convertido en Entrenador Pokémon.
—¡Muchas gracias a todos! ¡No me esperaba tanto entusiasmo! —Tras estas palabras, al fin nos entrega la Pokédex, un aparato con pinta de consola portable.— En fin, os espero en la Ruta 1. ¡Os enseñaré a atrapar Pokémon!
