Tengo curiosidad por saber qué está pasando en la plaza donde, efectivamente, está pasando algo, porque hay una multitud reunida. En cuanto me acerco a la masa de gente, alguien me pone una mano en el hombro y me giro en redondo, algo asustada.

—¡White, ven un momento! ¡Por aquí!

Es Cheren, que me guía hasta la primera fila con una facilidad sorprendente. Me pego a él todo lo que puedo porque odio las multitudes y me da miedo que me aplasten. A pesar de estar un poco asustada, observo con curiosidad las personas que se encuentran en mitad de la plaza.

Entre dos banderillas con un símbolo extraño en ellas que no logro entender, hay una fila de personas vestidas como si fueran caballeros medievales y, delante de ellos, hay un hombre de extraño cabello verde. Su túnica también es curiosa y llamativa, incluso ridícula.

—Me llamo Ghechis. Gechis, del Equipo Plasma. —Su voz es grave y profunda, tanto que incluso hace que dé un respingo. Mira por encima a la gente reunida, como si estuviera acostumbrado a hablar para los demás.— Hoy me gustaría hablarles a todos ustedes sobre la liberación de los Pokémon.

Un murmullo curioso se extiende a nuestras espaldas mientras Cheren y yo intercambiamos una breve mirada de interrogación. ¿De qué está hablando éste tío tan raro?

Ghechis camina hacia un lado, dando más dramatismo a su discurso, y así capta de nuevo la atención de todos antes de proseguir. Sus manos están enlazadas tras su espalda y mira al suelo con expresión de seriedad.

—Nosotros, los humanos, vivimos junto a los Pokémon. Somos compañeros y, como tales, nos necesitamos los unos a los otros. Seguro que esto es lo que opinan muchos de ustedes. ¿Me equivoco? Sin embargo, ¿es esto verdad? Nosotros, los humanos, hemos estado cegados pensando que era cierto... —El hombre niega con la cabeza y vuelve a mirarnos a todos los que le estamos escuchando. Tiene el ceño fruncido y su rostro parece una máscara de ira.— ¿Nunca se les ha pasado por la cabeza? Los Entrenadores hacen lo que quieren con sus pobres Pokémon, dándoles órdenes y sirviéndose de ellos. Pero, por muy compañeros que sean, seguro que se sienten utilizados. Nadie lo podría negar, ¿no creen?

La gente allí reunida se mira entre si, empezando a caer en la telaraña de interrogantes que está tejiendo Ghechis. Pero Cheren y yo nos volvemos a mirar y sé que él piensa lo mismo que yo: que ese peliverde sólo es un charlatán embaucador.

—Permítanme que prosiga. —Pide aclarándose la voz y caminando hacia otro lado ahora.— Los Pokémon, al ser criaturas distintas a los humanos, poseen una naturaleza que no comprendemos bien. Todavía tenemos mucho que aprender sobre estas criaturas. Entonces, ¿qué deberíamos hacer?

—¿Liberarlos? —Sugiere una voz entre la multitud.

—¡Eso es! ¡Deberíamos liberarlos! —Exclama con pasión Ghechis, sobresaltándome.— Sólo entonces, humanos y Pokémon podrán vivir en igualdad de condiciones. Ahora, damas y caballeros, piensen qué es lo que podríamos hacer para que los Pokémon vivan realmente en igualdad. Y, con esto, permítanme que acabe. Ha sido un placer poder dirigirme a ustedes hoy. Muchas gracias.

Tan rápido como parece haber llegado, Ghechis se marcha con sus hombres haciendo una formación en la que él queda en medio.

—Este discurso... No sé lo que debería hacer... —Dice en voz alta un hombre, mirando alrededor y consiguiendo hacer dudar a muchos otros.

—¿Liberar a los Pokémon? Pero ¡¿qué está diciendo?! —Exclama otra persona.

Suspiro con alivio al ver que Cheren y yo no somos los únicos que hemos pensado que el discurso ha sido una total estupidez. Justo cuando abro la boca para hablar con mi amigo sobre lo que acaba de suceder, un extraño joven se nos acerca. Aun así, no nos damos cuenta de su presencia hasta que éste empieza a hablar rápidamente con una suave y aterciopelada voz.

Me giro con una extraña y apremiante sensación en el pecho. Por alguna razón, aquella melodiosa voz parece despertar algo en mi interior.

—Tu equipo Pokémon... Estaba diciendo...