Entonces le vi.

Alto, delgado, pálido. Cabello largo y algo rebelde, de un verde mate misterioso, al igual que sus bellos ojos.

Mis labios se separan y dejan escapar una suave exclamación cuando sus orbes verdes me miran con curiosidad. Entonces Cheren abre su gran bocaza y él pierde su interés en mí.

—Ve más despacio. Hablas demasiado rápido. —Miro con reproche a Cheren. ¿Por qué le dice eso si la voz de aquel misterioso chico es preciosa? Él me devuelve la mirada y arquea una ceja. Tal vez me estoy comportando raro, pero no me importa en realidad.— ¿Qué dices sobre Pokémon que hablan? ¡Qué barbaridad! —Continúa Cheren.

—Sí, sí. Los Pokémon hablan.—Una leve sonrisa se dibuja en su rostro y vuelve a mirarme a mí. Después las comisuras de sus labios bajan y suspira, entristecido.— Ah, claro. No podéis entenderles. Pobrecillos. Mi nombre es N.

N...

Sonrío como una idiota, intentando transmitir algo como "sí, encantada de conocerte, siento no poder hablar sin parecer una gilipollas". Él parece entenderlo de alguna forma y sonríe de nuevo, enseñando unos blancos y perfectos dientes.

Cheren carraspea y le presto atención. Tiene los brazos cruzados y una expresión de molestia obvia.

—Me llamo Cheren, y aquí está White. Nos han pedido que completemos la Pokédex. Por eso estamos de viaje. Mi objetivo es convertirme en Campeón.—Parpadeo sin entender el por qué de esa extensa presentación. Bueno, por lo menos ahora N sabe que me llamo White.

—La Pokédex...—N parece serenarse y su mirada parece incluso severa.— Para completarla, es necesario capturar a los Pokémon en las Poké Balls. Yo también soy Entrenador, pero no puedo evitar preguntarme si los Pokémon son felices así.

Entonces sus ojos verdes se clavan en los mío, sonriéndome de nuevo. Por alguna razón el corazón me retumba contra las costillas y amenaza con salirse del pecho cuando se acerca más a mí.

—A ver. Tú eras White, ¿verdad?

—S-sí.—Tartamudeo alzando la cabeza para poder mirarle a la cara, pues me saca una cabeza. Siento que el ligero sonrojo se torna un rojo tomate exagerado en mis mejillas. Los ojos fríos de Cheren parecen clavarse en nosotros, casi los siento cortarme la piel.

—¡Déjame que escuche un poco más a tu equipo Pokémon!—Exclama con entusiasmo el peliverde, haciendo que me sobresalte por enésima vez esa tarde.

Las Poké Ball vuelan por el aire y liberan a nuestros Pokémon en la hierba de la plaza del pueblo. Sin más, entablamos un combate. Aunque soy primeriza, todo me parece natural y consigo concentrarme con facilidad, aunque mi contrincante sea el misterioso N.

—¡Vamos Sebastian! —Animo con fiereza a mi Snivy, consiguiendo que el pequeño dé lo mejor de si.

Y aunque el combate dura unos quince o veinte minutos, para mí sólo parecen haber pasado diez segundos. Entre los gritos emocionados de N -"¡Más! ¡Quiero escuchar la voz de tu equipo Pokémon!"- y su sonrisa iluminando el atardecer, se me ha hecho todo demasiado corto. Ni siquiera me doy cuenta cuando todo acaba de que he ganado... ¡Eh, he ganado!

—¡No sabía que los Pokémon pudieran decir todo eso!—Exclama N con sus ojos verdes brillando de admiración.

Cheren se acerca a mí y me pone una mano en el hombro, felicitándome. Le dedico una breve sonrisa y vuelvo a mirar a N, que tiene la cabeza ligeramente ladeada mientras me mira con curiosidad. Por alguna razón no puedo apartar mis ojos de él. Cuanto más le miro, más quiero saber de él.

—Mientras los Pokémon sean encerrados en las Poké Balls... es imposible que puedan llevar una vida plena. Y yo, como buen amigo de los Pokémon, debo cambiar el mundo. —Susurra N, atravesándome con la mirada.

Tras unos segundos tensos en el que sólo nos miramos el uno al otro, vuelve a sonreír, sólo para mí. El mundo entero se ilumina mientras veo cómo se baja la visera y se va con paso silencioso. Me deja con la boca abierta.

—¡Vaya tío más raro! —Cheren niega con la cabeza mientras observa a N marcharse hacia la Ruta 2.

—S-sí... sí que era raro. —Miro a mi amigo, que parece pensativo.— Pero ha dicho lo mismo que ese tal Ghechis... ¿Tú que crees, Cheren?

—Será mejor que no le hagamos caso. —Sentencia ante mi pregunta.— ¡Los entrenadores y los Pokémon nos ayudamos mutuamente!

—Tienes razón. —Suspiro y miro el cielo anaranjado.— Se está haciendo tarde...

—Bueno, pues yo me voy. Quiero luchar cuanto antes contra el Líder del Gimnasio de Ciudad Gres. —Me dice mientras empieza a alejarse.— Cuantos más combates libres, más fuerte te harás. Así que lo que te convendría hacer es ir de ciudad en ciudad y retar a los Líderes de Gimnasio.

—Vale, vale, mamá. —Corro un poco hasta estar de nuevo a su lado y le revuelvo el pelo porque sé que odia eso.

—Tsk, ¡nos vemos, Touko!—...y él sabe que odio que me llamen por mi nombre, así que le saco la lengua hasta que desaparece por la calle que lleva hacia la Ruta 2.