A pesar de que está oscureciendo, decido ir a la Ruta 2. Si me doy prisa y huyo de los Pokémon salvajes puede que llegue a Ciudad Gres antes de la noche cerrada.
Aguanto la respiración al ver que en la ruta está todo más oscuro debido a los altos árboles, pero respiro hondo y doy el primer paso con decisión. Entonces el Videomisor empieza a sonar. Lo abro con desgana y veo que es mamá.
—¡White! Soy tu madre. ¿Cómo va todo por ahí?
—Bastante bien, ya casi tengo un equipo Pokémon decente. —Le sonrío aunque no tenga demasiadas ganas porque mi madre es una paranoica -como todas las madres, supongo- y se preocupa más de la cuenta por cualquier cosa.
—Espero que estés haciendo buenas migas con tu equipo Pokémon y que estés disfrutando del viaje.
—Pues claro, de eso se trata.
—¡Huy! Tengo cosas que hacer, así que voy a colgar, ¿de acuerdo? —Dice precipitadamente.— ¡Cuídate!
Y sin más, cuelga. Me quedo mirando la pantalla negra de mi Videomisor como una idiota. ¡Ni siquiera me ha dejado despedirme de ella! Apenas hemos hablado cinco minutos, no me ha dado tiempo a explicarle nada...
—¿White? —Me llama alguien desde atrás. Me giro en redondo para comprobar si es quien creo que es y así es, mamá está justo ahí, con una sonrisa de disculpa.— Por fin te pillo... ¡Ya has llegado hasta aquí! ¡Menuda sorpresa!
—La cuestión es... ¿qué haces aquí? —Pregunto extrañada y a la vez contenta, acercándome casi corriendo.
—Le oí decir a la profesora Encina: "Debe de estar de camino a Ciudad Gres". Así que, aquí tienes: ¡otro regalito de tu señora madre! ¡White, ahora obedece a tu madre y póntelas!
—¿El qué? —Mamá me da un par de Deportivas nuevas. Son unas botas que me van a servir para cualquier terreno, negras y con cordones rosas. ¡Preciosas!— Vaya, gracias. Menos mal, con mis zapatos no podía correr bien.
—Las tenía guardaditas desde que te las compré y me las encontré mientras hacía limpieza.—Me explica mientras me siento en la hierba para ponerme los nuevos zapatos.— Si es que ya lo digo yo siempre, ¡hay que hacer limpieza más a menudo!
—Sí, seguro. —Ruedo los ojos con una sonrisa. Odio hacer limpieza.
—White, que no se te olvide que tienes a mucha gente que te apoya.—Mi madre siempre cambia de tema tan rápido que a veces me cuesta seguirla.— Lo sabes, ¿verdad?
—Sí, mamá. —Respondo casi mecánicamente, levantándome del suelo ya con las botas puestas.
—Tienes muchos amigos y, por supuesto, tienes a tu madre que siempre está pensando en ti. —Me mira con ternura y coge las zapatillas que llevaba antes.— Así que ya sabes, ¡no te preocupes demasiado y disfruta del viaje!
—¡Tú tampoco te preocupes por mí, mamá! —Grito despidiéndome con el brazo en alto.
Cuando se va y vuelvo a quedarme sola, me doy cuenta de lo oscuro que está ya todo. Se esuchan ruidos por todas partes y me planteo volver a Pueblo Terracota... ¡No! No puedo huir ahora.
Me adentro en la hierba alta en silencio, intentando pisar lo mínimo posible para no toparme con ningún Pokémon. El oscuro silencio me está poniendo muy nerviosa, así que decido pensar en otra cosa y N acude a mi mente.
Es un chico extraño, sin duda. Hace que me duela el estómago y la primera vez que nos miramos a los ojos, hizo que mi mundo temblara.
Pero de alguna forma, parecía compartir los ideales de Ghechis y el... ¿equipo Plasma, así dijo que se llamaban? Pero aun así él también es Entrenador y usa a los Pokémon para luchar, así que se contradice con la idea del equipo Plasma.
Aunque el propósito de Ghechis parecía algo con buena intención, algo me dio mala espina... y creo que a Cheren también.
Salgo de la hierba alta sin ningún encuentro con Pokémon salvajes. Estoy tan distraída pensando en mis cosas que cuando un chico sale de entre la oscuridad y me reta a un combate, me quedo perpleja durante unos segundos, pero finalmente acepto. Voy a ganar.
Y así es. Sin mucho esfuerzo, consigo derrotar a su Pokémon y me da el dinero que le corresponde pagar al perdedor. Sigo mi camino con una sonrisa de satisfacción y orgullo.
Dos entrenadores más me retan mientras cruzo la Ruta 2, que cada vez se va volviendo más abierta hasta que llego a un claro donde la luna consigue iluminarlo todo. Además, ¡he conseguido un nuevo amigo llamado Purrloin!
Sólo me quedo dos segundos observando la gran luna que baña con su luz el claro, porque justo en frente de mí está la salida de la Ruta 2. Cuando empiezo a andar, escucho una voz a mi espalda.
—¡White! ¡Eh, White!—Miro por encima de mi hombro y la tenue luz blanca me permite ver a Bel corriendo hacia mí.— ¡Venga, vamos a echar un combate! ¡Verás como el nuevo Pokémon que he capturado se ha hecho más fuerte! Así que venga, ¡empecemos!
—Está bien. ¡Pero no llores cuando te gane! —Me río desafiante y lanzo mi Poké Ball para empezar el duelo.
Mientras estamos dando órdenes a nuestros Pokémon, me pregunto si no debería dejarla ganar por esta vez. Es mi mejor amiga y se está esforzando tanto para ser una buena Entrenadora... Pero cuando lo pienso más, me doy cuenta de que dejarla ganar es lo peor para ella, así que lo doy todo y consigo ganarle de nuevo.
—¡Uiiish!... No he podido ganarte. —Se lamenta Bel. Aunque ha perdido tiene una sonrisa en sus labios.
—Es que mis Pokémon se han hecho muy fuertes. —Le devuelvo la sonrisa, aunque estoy algo triste por ella. Entonces recuerdo los sucesos de esta tarde.— Bel, ¿sabes qué nos ha pasado hace un mo...?
—¡Guau! —Grita ella, dejándome con la palabra en la boca. Suspiro y me recoloco la gorra. Ella vive en su mundo.— Te has vuelto más fuerte, justo como esperaba, White. ¡Voy a entrenar mucho a mis Pokémon para no volver a perder! ¡Nos vemos!
—Adiós... —Me despido mientras ella deshace sus pasos y vuelve a Pueblo Terracota. ¿Pero no es más fácil si viene conmigo a la ciudad siguiente?
En fin, yo tengo que seguir mi camino. Me estiro y los huesos crujen como protesta por la larga caminata de hoy. ¡Y lo que me espera...! Pero por este día es suficiente. Así que con pasos lentos y sosegados salgo de la Ruta 2 y digo en voz alta:
—¡Ciudad Gres, allá voy!
