"Cerrado".

Miro con la boca abierta la puerta del Gimnasio de Ciudad Gres. ¿Cómo que cerrado?

Entonces las palabras del señor con gafas resuenan en mi cabeza: "el Gimnasio cierra a las diez de la noche". Miro mi Videomisor y veo que son las diez pasadas. ¡Mierda! ¡Yo quería acabar con ese cabeza de lechuga hoy!

Pero ese no es el mayor dilema ahora. Miro a mi alrededor y veo que la calle está desierta. Un viento helado me hace tiritar y me paso las manos por los brazos, intentando calentarme. No me he dado cuenta de la baja temperatura hasta ahora... Puede que el invierno llegue más pronto de lo esperado.

Entro en el edificio más cercano y las personas que allí viven resultan ser enormemente amables y hospitalarias, pues me dejan quedarme a dormir en el sofá de la planta baja. Por alguna razón, un chico no me deja subir al segundo piso, pero no le doy importancia.

A la mañana siguiente, me despierto a causa de mi propio estornudo. Parpadeo mirando el blanco techo y me paso la mano por debajo de la nariz. Con este frío no puedo salir en manga corta.

Una señora que vive en el edificio se acerca a mí con una chaqueta de lana negra y me la deja en las manos con una sonrisa. Casi lloro al ver lo amable que puede ser la gente con los Entrenadores.

—Muchas gracias, señora.—Agradezco con total sinceridad mientras me pongo la prenda, que resulta ser muy cómoda y cálida.— Esta mañana hace un frío realmente invernal.

—Oh, no me las des, pequeña viajera. —Contesta ella, moviendo una mano para quitarle importancia al asunto.— Pero es normal que haga tanto frío a estas horas. De todas formas el invierno se acerca.

—Vaya, sí que es pronto. —Digo mirando el reloj colgado en la pared, que señala las seis en punto de la mañana. Sacudo la cabeza con energía y después hago una profunda reverencia.— Muchas gracias por dejarme dormir aquí. Ahora tengo que continuar mi viaje... De verdad agradezco mucho lo que han hecho por mí.

—De nada, de nada. —Sonríe ella, modesta.— Espero que te vaya bien en tu viaje, Entrenadora.

—¡Sí! —Y salgo del cálido edificio, topándome con un frío aire.

Lleno mis aires de oxígeno y hago crujir mis huesos al estirarme. El sol ya aparece tras las montañas y el cielo tiene un color grisáceo precioso. ¿Y ahora qué tengo que hacer...? ¡Ah, claro! Ir a vencer a ese cabeza de lechuga que se hace llamar Líder de Gimnasio.

Me enfado conmigo misma cuando mis nervios aumentan a medida que me acerco al Gimnasio. Supongo que es normal, ya que será la primera vez que entre en un sitio así pero... ¡para nada le temo al peliverde creído! ¡Tampoco pienso perder contra él!

Cuando estoy en las puertas del Gimnasio, respiro profundamente, con los ojos cerrados; al abrirlos estoy totalmente segura de mi victoria. Sé que no voy a perder ahí dentro, luche contra quien luche.

Al abrir la puerta, calculo mal mi fuerza y doy un portazo sin querer, armando bastante follón. Miro asustada a mi alrededor y veo que se me acerca un hombre que me suena...

—¡Usted...! —Le señalo, olvidándome de los modales.

—¡Hola! Estoy aquí para aconsejar a los aspirantes que vienen al Gimnasio. —Sonríe y levanta el dedo pulgar.— Me puedes llamar Conse.

—A-ah, encantada, yo me llamo White. Vine ayer... —Conse ha resultado ser el hombre que ayer bloqueaba la puerta porque el cabeza de lechuga no estaba en el Gimnasio. Parece mucho más alegre y amable ahora.

—Por cierto, gracias por animarte a probar suerte en este Gimnasio. Te daré esto para celebrar tu debut.

Conse me da una botella de Agua fresca y tras unas breves palabras de ánimo vuelve a su lugar.

Doy unos pasos indecisos al frente, mirando alrededor. ¿De verdad estoy en un Gimnasio Pokémon? Porque esto parece una cafetería o un restaurante... Ante mí hay una sala con mesas y sillas y, tras todo eso, un gran telón rojo con una llama dibujada.

Al acercarme más también me doy cuenta de que en el suelo hay tres redondas: una es verde y tiene una hoja, la del centro es roja y tiene una llama y, por último, la tercera es azul y tiene una gota.

Al principio no entiendo lo que aquello significa, pero de repente algo se enciende en mi cabeza y subo encima del círculo azul con la gota, haciendo que el telón rojo se abra. ¡Bien!

Las redondas de colores parecer ser interruptores que hacen que el telón se abra.

Con una sonrisa de satisfacción, voy con paso rápido hacia el siguiente telón, que es azul con una gota.

—¡Te doy la bienvenida al Gimnasio de Ciudad Gres! —Dice de repente una voz a mi izquierda. Un camarero se inclina durante unos segundos y me mira con una sonrisa de diversión.— Aquí podrás practicar los fundamentos del combate.

—Así que dentro de los Gimnasios también hay Entrenadores... ¡Bien, vamos allá!

La lucha es algo más dura de lo que imaginé que sería, pero termino por ganar contra su Lillipup. Después de sanar a mis Pokémon por el combate, paso por encima del botón verde y el telón azul se abre, mostrándome otra sala con otro telón diferente.

—¡Este es el menú para Entrenadores del Gimnasio de Ciudad Gres!—Exclama a mi derecha una camarera, retándome a un duelo.— ¡Yo soy tu segundo plato!

La enfrento con valentía, igual que mis pequeños amigos combaten con fuerza y fiereza contra su Patrat, que acaba debilitado. Pero la camarera Raquel tiene otro as en la manga y envía a un pequeño Purrloin a la lucha.

El combate dura lo suyo porque los niveles de nuestros Pokémon están igualados, pero acabo ganando... Esto de ser Entrenadora no parece tan difícil como lo pintaban.

Decido que, antes de continuar por el siguiente telón, tendría que ir al Centro Pokémon y así lo hago. Cuando vuelvo, mi equipo está sano y dispuesto a darlo todo, sea lo que sea lo que se nos ponga por delante.

Piso el interruptor rojo del suelo y el telón verde se abre.

El estómago me da un vuelco al ver que no hay más telones frente a mí, sino unas escaleras que llevan al Líder del Gimnasio. Por fin podré tener mi primera medalla... Qué nervios, qué ilusión, qué... Ah, ahí está el cabeza de lechuga mirándome con una sonrisa de diversión.

—Uhm, hola. —Le sonrío con ferocidad, pero en el fondo espero que no se acuerde de mí y menos que me llame...

—¡Preciosa! Te doy la bienvenida al Gimnasio de Ciudad Gres. —Hace una reverencia sin darme tiempo a quejarme, pues justo cuando abro la boca, de detrás suyo aparece un chico pelirrojo dando vueltas.

—¡Soy Zeo y estoy que ardo con mis Pokémon de tipo Fuego! —Mi boca se abre y señalo al pelirrojo, pero ni siquiera sé qué decir. Entonces de repente otro joven entra en escena, también dando vueltas y saliendo de detrás del cabeza de lechuga.

—Soy Maíz y uso Pokémon de tipo Agua. ¡Acuérdate de mí!—Exclama el peliazul que acaba de aparecer, guiñando un ojo. Eso ha sido muy gay.

—Pues a mí me gustan los Pokémon de tipo Planta, y me llamo Millo.—Por fin sé el nombre del cabeza de lechuga... pero tampoco es como si quisiera saberlo.— Estooo... Preciosa, te preguntarás por qué somos tres...

—¡No me llamo preciosa, me llamo White y a mi me gustan todos los Pokémon!—Casi grito, apretando los puños con fuerza. Ni siquiera me doy cuenta hasta que he acabado de hablar de que me he presentado como ellos.

—¡Ya está bien de tanta charla! ¡Ya lo explico yo!—El tipo pelirrojo se aclara la garganta. Parece muy energético.— Dependiendo del tipo de Pokémon que hayas elegido desde el principio, se decidirá con cuál de nosotros tres lucharás.

—Ahh... Así que por eso el cabeza de lechu-... Millo, me preguntó por mi Pokémon inicial.

—¡Eso es!—Afirma Maíz a mi derecha, con una sonrisa afable.— Vamos a ver... Tu Pokémon inicial es de tipo Planta, ¿verdad?

—Sí.—Las reglas me parecen absurdas y me cruzo de brazos.— ¡Pero yo quiero luchar contra ese cabeza de lechuga!

—¡Já! Lo siento, preciosa, otra vez será~—Millo saca la lengua y me hace una mueca con la cara. Eso me enfada mucho más.

—Bueno, pues una vez dicho esto, voy a reducirte a cenizas con mis Pokémon de tipo Fuego.—El pelirrojo vestido de camarero se pone frente a mí y no puedo hacer otra cosa que concentrarme en el importante y duro duelo que está por llegar.— ¡Yo, Zeo, seré tu oponente!

Su Lillipup y mi Purrloin tienen un duro encuentro, pues su Pokémon tiene más nivel que el mío. Patrat tampoco tiene suerte con el fuerte Lillipup de Zeo, así que no me queda más remedio que sacar a mi pequeña estrella, Sebastian. Él consigue debilitar al Pokémon de tipo Normal.

Zeo sonríe y parece realmente convencido de su victoria a pesar de haberse quedado sin su Lillipup. Entiendo su sonrisa en cuanto introduce en el combate a Pansear, su Pokémon de tipo Fuego. Pero yo también sonrío y cambio a Snivy por Panpour, mi as en la manga.

Así, consigo acabar con su Pansear con Pistola Agua de Panpour.

—¡Guau! ¡Eres increíble, preciosa!—Exclama Zeo al ser derrotado. ¡Oh, no, él también con ese estúpido y vergonzoso mote!— ¡Vas a llegar a la Liga Pokémon!

—N-no es para tanto...—A pesar de todo, él es un Líder de Gimnasio y me siento feliz de que alguien tan fuerte me diga esas palabras tan llenas de esperanza. ¡Yo, llegar a la Liga Pokémon...!

—Acepta esta Medalla, por favor.—El simpático pelirrojo me tiende una medalla con tres gemas de colores diferentes -azul, rojo y verde-, la cual guardo con emoción en mi estuche.

—¡Muchas gracias!—La sonrisa en mi rostro es imborrable.

—La Medalla Trío es prueba de la fuerza del Entrenador Pokémon, preciosa. Con ella, todos los Pokémon de hasta el Nivel 20, incluso los que has recibido de otras personas, te obedecerán. Bla, bla, bla y toma esto.—Millo me da una MT e ignora el palabreo formal que tiene lugar después de derrotar a un Líder de Gimnasio, cosa que me hace soltar una risita.

—Muchas gracias... Millo.—Es la primera vez que le llamo por su nombre.

—Beh, no es nada... White.—Le quita importancia al asunto y aparta la mirada durante unos segundos. ¡Me ha llamado por mi nombre! Si al final será alguien amable y todo... Pero cuando nuestros ojos se vuelven a encontrar, su sonrisa es radiante.— Ahora vete y consigue todas las medallas para poder ir a la Liga Pokémon... ¡Tú puedes, preciosa!

—...¡C-cabeza de lechuga!—Avergonzada, doy un fuerte grito y prácticamente huyo de allí.

¿¡Cómo consigue ese maldito cabeza de lechuga hacer que me ponga tan roja!? ¡Qué rabia!