—¡Estúpido, estúpido, estúpido cabeza de lechuga! —Grito a pleno pulmón al salir del Gimnasio.
Mi alarido debe de haberse oído por toda la calle, porque algunas personas se giran a mirarme. Probablemente crean que estoy loca. Perfecto...
Pero me olvido rápido del asunto al ver a una chica de piel pálida y larguísimo cabello liso acercarse a mí. Me coge de las manos y veo que lleva gafas tras las que unos ojos vivos y azules me observan con entusiasmo.
—¡Yujuuu! ¡Me llamo Oryza!—Se presenta ella casi gritando. Espera... ¿Oryza? Me suena.— La Profesora Encina me ha pedido que te dé una cosa.
—¡Ah! ¡Eres la amiga de la profesora! —Digo reconociéndola. Recuerdo vagamente que Encina nos habló a mí y a Bel de una tal Oryza.
—Sí, algo así. —Su sonrisa parece ocultar algo, pero no le doy muchas vueltas. Entonces me estira un poco de la muñeca y hace que baje las escaleras de la puerta del Gimnasio.— ¡Ven conmigo un momento!
Oryza me lleva calle abajo hasta llegar a un edificio que reconozco al instante. ¡Es en el que he dormido esta noche! ¿Ella vive aquí y no me he dado cuenta? Bueno, yo ni siquiera sabía cómo era ella hasta ahora, pero tampoco recuerdo haberla visto la noche anterior...
—¿Que vas a buscar todos los Pokémon de Teselia? —Me pregunta mientras abre la puerta y entramos al edificio.
—Eh... Esa es la idea...—Saludo con un cabeceo a la señora que esta misma mañana me ofreció la chaqueta que ahora mismo llevo puesta. Ella hace lo mismo y esboza una sonrisa de disculpa al verme siendo arrastrada por la amiga de Encina.
—¡Genial! ¡Las escaleras están por aquí! Mi habitación está justo arriba.—Oryza sube las escaleras de dos en dos y me obliga a hacer lo mismo. Así que la planta superior es su habitación...— Venga, ¡sube, por favor!
La habitación de Oryza resulta ser amplia y caldeada. Parecería un cuarto normal si no fuera por la enorme máquina que hay en medio de la habitación; se parece a la que hay en el Centro Pokémon, pero no parece ser exactamente lo mismo...
—Permíteme que me presente de nuevo. —Se aclara la voz mientras yo miro impresionada la máquina. También hay una chica un poco más joven trasteando cerca del gran trasto, pero no nos presta atención.— Me llamo Oryza y, como puedes ver, soy investigadora. Por cierto, estoy estudiando a los Entrenadores Pokémon. La profesora Encina y yo somos amigas desde la universidad. Así que me ha pedido que te eche una mano...
—Así que usted también es una investigadora... —Digo mientras vuelvo a mirarla. Me siento estúpida por no haberlo deducido antes. ¿Qué tipo de persona sino llevaría una bata blanca como aquella?
—¡Exacto! —Sonríe mientras me tiende una MO, que resulta ser Corte. La cojo con los ojos brillando de emoción. ¡Esto me va a ser muy útil!
—Vaya, muchas gracias. —Hago una pequeña reverencia mientras me guardo el regalo, pero ella se ríe con algo de nerviosismo. Vaya, tal vez no sea un regalo, sino un intercambio...
—Estooo... ¿Podría pedirte un favor? —Se pasa el peso del cuerpo de un pie a otro.
—Mhh... Claro. —Obviamente, ahora que me ha dado un regalo así, no puedo negarme.
—Aquí, cerca de Ciudad Gres, hay un lugar llamado Solar de los Sueños.
—Sí, he estado antes.
—Bien, allí se encuentra el Pokémon Munna, que desprende un gas llamado Humo Onírico.—Ladeo la cabeza extrañada. Algo así me dijo alguien del la ciudad, pero cuando fui al solar, allí no había hierba alta a la que poder acceder.— Pues bien, ¡necesito ese gas!
—Uh... ¿para qué?
—Eso te lo diré cuando lo consigas. —Me guiña un ojo y sé que no hay nada más que discutir.— ¡Suerte!
Suspiro resignada y veo que la chica que está al lado de la gran máquina me sonríe un poco, a modo de disculpa. ¿Tal vez Oryza siempre sea así?
La joven castaña se acerca a mí mientras la investigadora Pokémon se sienta cerca de la mesa y empieza a mirar unos papeles que hay sobre la mesa, absorta.
—Perdónala, siempre es así... ¡Supongo que es muy pasional! —Ella se ríe y me tiende la mano.— Yo soy la encargada de las Cajas del PC que está en el Centro Pokémon. Me llamo Trufa.
—Así que eres tú. —Le doy la mano, asombrada. ¡No esperaba conocer a alguien tan importante!— Realmente son útiles esas Cajas, aunque aún no las utilizo demasiado.
—Gracias. —Sus mejillas se enrojecen un poco y baja la cabeza, tímida.— ¿Harás el recado de Oryza?
—Oh, claro. —Me encojo de hombros y miro de reojo a la amiga de Encina. Tiene el ceño fruncido y parece muy concentrada.— Pero cuando fui al Solar de los Sueños el paso a la hierba alta estaba bloqueado...
—¿Ah sí? —Trufa frunce la boca, pensativa.— Tal vez la MO que te ha dado Oryza te sirva de algo.
—Ah pues... ¡Sí, creo que sí! ¡Gracias! —Me despido rápidamente con la mano y ella hace lo mismo.
Salgo de la casa corriendo, con el cabello castaño ondeando detrás de mí. El sol ya calienta con sus rayos toda la ciudad y el frío no me cala tanto con la chaqueta que me regaló la señora amable.
Cuando entro en el Solar de los Sueños veo lo que creía recordar: un pequeño arbolito impide la entrada por un hueco en la pared. ¿Tal vez por ahí esté la hierba alta donde encontraré los famosos Pokémon de los que todo el mundo habla en esta ciudad?
Decido enseñarle Corte a Purrloin y éste lo aprende con rapidez. Miro el arbusto que bloquea el paso y le ordeno a Purrloin que se deshaga de él. Con un rápido y certero movimiento, mi amigo utiliza el nuevo movimiento aprendido y corta el árbol bajo.
Sorprendida, hago que Purrloin vuelva a su Poké Ball y, justo cuando voy a traspasar el agujero, advierto que alguien se acerca a mí por la izquierda.
—White, ¿tú también estás buscando Pokémon raros? —Me dice Bel con alegría, alzando una mano para saludarme.
—Bueno, sí. —Mientras le respondo, ella pasa antes por el agujero de la pared, ignorándome.— Pero oye...
—Me pregunto cómo será posible eso de mostrar los sueños... —Está musitando cuando me acerco a ella.
—¡Ah, ya lo recuerdo! —Asiento con la cabeza, mientras Bel me mira.— Los Munna materializaban los sueños, ¿verdad?
—Sí, eso me han dicho. ¡Por eso quiero hacerme amiga de uno!
—A mi me lo han encargado... ¡así que voy a ello! —Ahora que recuerdo para qué sirve el Humo Onírico que quiere Oryza tengo muchas más ganas de cumplir el recado.
Justo cuando pretendo entrar a las ruinas del solar, se escucha algo que tiene toda la pinta de ser el grito de un Pokémon, pero no me suena de nada, así que los míos no han podido ser.
—¡Oye, una cosita! —Dice Bel a mi espalda, sobresaltándome.— ¿No has oído algo al otro lado de la pared?
—Pues sí... —Miro con atención las ruinas, pero no se ve nada fuera de lo normal.
—¡Vamos a ver qué es! —Pero a pesar de que es ella la que decide ir a ver qué pasa, me hace ir a mi primera.
Al entrar en las ruinas veo que hay un montón de barriles y agujeros en el suelo. Vaya, esto puede ser peligroso de noche... De hecho, aunque estamos a media mañana, algo parece hacer que el lugar sea más oscuro de lo que debería. Esto da un poco de miedo...
Camino unos cuantos pasos y no tardo en darme cuenta de que algo rosa y redondo está levitando a unos metros de mí.
—Muuun... —Gime el pequeño Pokémon rosado, alejándose unos metros más de mí.
—¡Ah! ¡Espera un momento! —Grita de repente Bel, que ha aparecido a mi lado de la nada.
Juntas nos acercamos de nuevo al Pokémon porque su reacción nos ha preocupado un poco. Estamos a menos de un metro de él, y entonces veo un destello plateado salir de entre los muros derruidos de las ruinas. Al fijarme más, veo que son dos personas y reconozco al instante los curiosos ropajes que llevan.
¡Siento haber tardado tantísimo en subir un nuevo capítulo, pero aquí está!
He de decir que, antes de continuar, he corregido todos los capítulos anteriores para que todo fuera más bonito y no hubieran incoherencias... porque haberlas las había. (?)
Por la espera, tengo actualización doble, así que ahora mismo subo el otro~!
