iCarly y sus personajes no me pertenecen.
Ojos cerrados
No lo reclamará nunca, porque es una de esas cosas que están mejor en la misma posición sin nada para arruinarlas, sobre todo al tratarse de lazos y relaciones y ese tipo de asuntos que Sam Puckett nunca ha sido buena para resolver. Su madre y Melanie son la más clara prueba.
Está ahí, frente a sus narices. La cámara envía una luz casi irritante, aunque necesaria para concentrarse en ella y no en la sonrisa puesta centímetros arriba. Emite un insulto seco, resintiendo la estúpida, brillante risa que la incómoda, que no la deja pensar. Odia la risa de Freddie tanto como al calor fundiéndose en su estómago al verlo y las mariposas. Estúpidas, estúpidas mariposas.
Porque es una gallina tonta y jamás pondrá en palabras todo aquello. No en momentos en que una broma sobre la relación entre Carly (siempre perfecta, dulce Carly) y él se filtra en el aire, seguida de un beso de su coanimadora enviado al camarógrafo. Carly no lo sabe aún, ni siquiera a ella ha podido confesárselo, promesas de confianza infinita o no.
Al final, igual que siempre, su mejor amiga la sobrepasa en lo que realmente importa.
Ni siquiera fue capaz de evitar el sentimiento, el deseo, el anhelo y las grietas que implican amar a alguien, especialmente si ese alguien es uno de tus mejores amigos y deberías detestarlo. Lo agredes, insultas y alejas más de lo usual; piensas que la repetición hará que todo se desvanezca como indigestión ante carne cruda.
—No, no lo diré.
Se encuentra allí, en casa, observando millares de retratos en su pared. No recuerdas con exactitud qué excusa puso para justificar su ausencia en la residencia Shay. Repasa sin hablar momentos, fotografías, sonrisas y más, más, más cosas que odias con toda el alma, pues un nudo se aprieta en su garganta al verlas. Ignorante sobre estos asuntos, incluso ella entiende el peligro de admitirlo en voz alta, pese a saberlo ya desde la primera vez que los vio tomados de la mano.
Apenas atinó a pronunciar la respectiva felicitación entonces, pero no importó porque escucharlo agradecer fue demasiado.
—No es cierto. —sisea, como si negarlo en soledad consiguiese alguna victoria.
—Admítelo de una vez, Puckett. —murmura esa vocecita chirriante que lleva a su mente la mirada astuta de su hermana gemela. ¿Lo sabría Melanie al contarle, sugerente, que había besado a Freddie en esa cita? —Pero, siempre pensó que eras tú. —le dijo, quizá consolándola sin revelarle en palabras claras de qué, porque ella misma tampoco lo sabía aún—. No importa qué hiciera, él creyó que eras tú.
Atrévete a decírselo y a ti misma, parecían aconsejar esas pupilas azules iguales a las propias. Tiembla de pensarlo, mordiéndose el labio inferior con fuerza. Melanie no comprende cuán pocas son las personas que se permite acoger y cuán frágiles son esos lazos tirantes, disfrazados de amistad-enemistad y confesiones de mejores amigos en juegos de cricket con bolas de carne. Sonreír cuando está con Carly es lo único que quiere, de verdad, hace por evitar desastres.
—Lo amas, Sam. Lo amas. —repite la voz, sutil, ácida. Destroza violenta el retrato de su gemela que (sospecha) se esfuerza por volverla loca, repetir ese hombre que odia y ama, darle el coraje que no tiene y asegurarle que todo estará bien. No lo estará porque es una maldita cobarde y no puede separar a sus mejores amigos, no puede hablar con naturalidad cuando él está cerca, no admitirá nunca que tal vez esto es amor y que ahí está la razón de lo mucho que duele. Es cobarde hasta para asumir que en verdad duele.
—Lo odio. —masculla, falsamente venenosa, maldiciendo en voz baja. Freddie y Carly no merecen su odio, ella no merece su cariño, así que están pares. No se atreve a convocar el código de las mejores amigas y competir (o perder, a sabiendas que siempre perderá ante ella en los ojos de Freddie) como es debido, Carly Shay tampoco querría, así que todo está bien.
Y no lo dirá nunca en voz alta, cobarde hasta para eso, porque no merece arruinarlos ahora ni romperse en mil pedazos por dentro. Ella es Sam Puckett y tendrá que hacerse a la idea de Carly y Freddie, perfección, reprimir la angustia hasta quedarse sola y repetir mil veces que lo odia, pensando poder creerlo.
—Lo odio. —recita, desplomándose en la cama, los ojos anegados en tercas lágrimas furiosas y una mano retirándolas por inercia.
N/A. Negación, en eso se puede resumir el contenido de esto. Implica cobardía, así que... lo tomé como cobardía. Trama: Carly&Freddie es un hecho, Sam no desea reconocer sus sentimientos por el productor técnico porque es muy "cobarde" para arruinar deliberadamente todo entre sus mejores amigos y eso. Comentarios, quejas, tomatazos en sus reviews (no reviews, no otro capítulo).
