Capítulo 1

Una nueva guerra

Kiyomaro no podía creer la historia que le acababa de contar Zatch. Cierto era que desde que aquel chico mamodo entró por su ventana hacía más de diez años, no había nada que pudiera sorprenderle, pero aquello era demasiado para él. Según decía el joven rey del mundo mamodo, un ser desconocido con malas intenciones había robado la varita del rey, que permitía que solo el que la portara pudiera lanzar conjuros en un radio de cincuenta metros en el mundo mamodo. Pero no solo aquello había sido robado, si no que también había desaparecido, de una cámara escondida en lo más recóndito del palacio del rey, lo que Zatch llamaba "la llave". La llave, según le explicó, era un objeto mágico que permitía a los mamodos obtener los libros de conjuros al entrar al mundo humano. Supuestamente, ni el propio rey podía utilizar aquella llave a no ser que fuera a dar lugar otra nueva batalla por el trono. Zatch y Kiyomaro se encontraban sentados en el suelo, uno frente a otro, mirándose en silencio tras la historia contada por el joven mamodo.

–Y dices que no sabéis que es lo que pretende ese mamodo con todo esto...–dijo Kiyomaro al fin.

–Exacto, aunque Earth dice que lo más probable es que quiera que se libre una nueva batalla por el reino para ocupar él el trono.

–Hum... Tengo una pregunta... ¿Como es que el libro rojo apareció de pronto? La última vez que lo vi fue aquella vez que tuviste problemas en el mundo mamodo y apareció para que yo te ayudase...

–Según el director de la escuela, al haber aparecido la llave en el mundo humano, cualquier mamodo que venga aquí obtendrá también de vuelta el libro de conjuros.

–Vaya... Entonces... ¿todos los mamodos de nuestra batalla han vuelto al mundo humano?–dijo Kiyomaro, preocupado por tener que volver a enfrentarse a algunos mamodos en concreto.

–No todos, hay algunos que se quedaron en el mundo mamodo, los únicos que han venido son los amigos que me han acompañado y los que se ha traído el mamodo malvado con él. Pero no sólo han venido ellos, si no que también ha traído aquí otros mamodos que están al margen de todo esto. Mamodos que aún solo saben su primer conjuro...

Kiyomaro se quedó en silencio de nuevo, pensativo. Aquello podía suponer grandes problemas, pero también podía tener su parte buena. Además de los amigos de Zatch, habían otros mamodos que podían unirse a ellos por ahí. Eso sería un punto a favor que podrían usar bien si querían... El sonido de las tripas de Zatch rugiendo le apartaron de sus pensamientos. El rey mamodo miró a su compañero ligeramente ruborizado y con cara de circunstancia.

–Kiyomaro... no tendrás un poco de pez de cola amarilla por aquí... me muero de hambre.

El chico rió. Su amigo no había cambiado en absoluto en aquellos diez años. A pesar de que hubiera crecido tanto, en el fondo seguía siendo aquel niño revoltoso e hiperactividad. No pudo evitar sentirse feliz una vez más por tenerlo de vuelta, aunque fuese por algo tan grave como lo que ocurría. La voz de la madre de Kiyomaro los llamó para comer y Zatch desapareció en un pestañeo.


El parque de Mochinoki se encontraba desierto si no fuera por el pintoresco grupo que se hallaba allí reunido. Kiyomaro, Zatch, Tia, Megumi, Kanchome, Folgore, Wonrei, Li-en, Kolulu, Lori, Earth, Elly, Ashron y Rin Viz estaban reunidos en un rincón del parque hablando sobre la situación. Todos tenían un semblante serio en el rostro, pero apenas lograban disimular la felicidad que sentían tras la reunión. Ya llevaban bastante tiempo allí reunidos, pero las charlas sobre lo ocurrido durante aquellos diez años habían ocupado casi toda la conversación hasta ese momento.

–Bueno, sé que aún quedan muchas cosas que contarnos los unos a los otros, pero ahora es tiempo de pasar a lo serio del asunto...

–¿Donde están los demás?–preguntó Wonrei.

–El Dr. Riddles y yo hemos mantenido contacto todo este tiempo, ha contactado por mail a todos nuestros aliados y están de camino desde las diferentes partes del mundo. Sumbeam y la hermana Elle llegarán esta noche y el doctor y Dufort están de camino en un avión privado, por lo que también llegarán pronto. De momento tendremos que hablar estos asuntos nosotros. ¿Estáis todos enterados de la situación?

–Si, Ashron me explicó todo de camino hacia aquí–dijo Rin Viz.

–En cuanto Earth nos lo explicó todo decidimos decírselo a los dueños de los libros en cuanto pudiéramos–explicó Kanchome, hinchando el pecho orgulloso.

–Bien, señor rey, si quiere usted decir algo...–le dijo Kiyomaro en tono de broma.

–¡Hum! Kiyomaro, no lo digas de esa manera–replicó Zatch, antes de volverse a los demás con semblante serio–Bueno chicos, Kiyomaro tuvo un plan. Ya que han aparecido en este mundo mamodos que no tienen que ver con nuestra batalla, y que han sido traídos aquí para ser fieles al que ha provocado esto, pero que aun no han sido localizados por él, hemos decidido que lo mejor será ir en su busca y unirlos a nuestra causa. Puede que se nieguen o puede que nos ayuden, pero es necesario si queremos vencer. Hay mamodos como Zofis e incluso más malvados luchando del lado del enemigo, así que tenemos que andarnos con cuidado. No sabemos que tretas pueden usar, así que... estad preparados para luchar.

–Pero Kolulu...

–No pasa nada, Lori–dijo la niña con una sonrisa–Zatch quitó esa otra personalidad de mi, ahora puedo usar conjuros sin convertirme en eso...

–Pero tu odiabas luchar...

–En estos años... He llegado a aprender que hay batallas que es necesario luchar–la mirada de determinación de Kolulu hizo enmudecer a Lori, que quedó segura de que podía confiar en el juicio de Kolulu.

–Bien Zatch ¿algo más que decir?

–No, Kiyomaro, el resto es todo tuyo.

–Bien–su mirada se dirigió hacia los demás–bueno, esto es lo que tengo pensado...


La reunión había terminado tras varias horas de planes, explicaciones y estrategias. Sumbeam llamó a Kiyomaro al llegar a Japón y quedaron para hablar al día siguiente, junto a Dufort y al doctor, que acababan de llegar también al mismo aeropuerto que el dueño del libro de Ponygon. Ya había anochecido cuando Zatch y Kiyomaro regresaban a la casa de este. Ambos estaban en un silencio absoluto. El joven médico en prácticas portaba el libro bajo el brazo y meditaba sobre lo que ocurriría a partir de entonces, mientras Zatch pensaba en si podría fabricar su propio Vulcan 300 ahora que estaba de nuevo en el mundo humano, a pesar de saber de sobra que ya no tenía edad para jugar con cosas así, pero lo echaba de menos. De pronto, la capacidad de Kiyomaro se activo. Se paró en seco y Zatch le imitó, pero no mostró otra señal de alerta ninguna. Con un tono neutro y no muy alto, el chico se dirigió hacia el mamodo.

–Zatch, despliega la capa a nuestras espaldas.

–¡Birein!

Un par de segundos antes del impacto de un brillante ataque de color rojo, la capa de Zatch los protegió dejando a ambos ilesos. Tras el impacto, rey y compañero se dieron la vuelta y miraron a su atacante directamente. A varios metros de ellos se encontraban un hombre de mediana edad, vestido con traje y con un libro de color granate oscuro abierto frente a él, junto con un pequeño mamodo de no más de diez años de edad vestido con una túnica larga de color escarlata. Los ojos del pequeño eran de un rojo intenso, pero sus córneas estaban más raras de lo usual incluso para un mamodo: Eran de color negro.

–Zatch...

–Lo sé, Kiyomaro, conozco a ese mamodo. Sus ojos no son así en realidad.

–¡Greg, sigue leyendo los conjuros, tenemos que acabar con el rey, esas son las ordenes!

–¡Bireisen!

Las manos del mamodo destellaron con un resplandor rojo oscuro y en el suelo se formaron tres charcos de un líquido deslumbrantemente rojo. Del interior de los charcos surgieron tres esferas de luz que se colocaron a la altura de las manos del mamodo, el cual con un gesto las lanzó volando hacia Kiyomaro y Zatch.

–¡Rashield!

Kiyomaro se sorprendió al ver que Zatch ya no perdía la consciencia al utilizar conjuros. Eso era bueno, ahora podrían reaccionar mucho más rápidamente ante los ataques y moverse inmediatamente después de conjurar algo. Realmente era un gran avance. Kiyomaro subió a la capa de Zatch y mientras el escudo se encargaba de devolver el ataque al mamodo, ambos saltaron por encima del Rashield para dirigirse hacia su enemigo y cerrarles el paso mientras huían del conjuro reflectado. El mamodo enemigo se encontró entre la espada y la pared y el miedo del dueño del libro no se le escapó a Kiyomaro. Sólo el mamodo actuaba de forma diferente.

–¡Zatch, apunta a su libro!

–¡Hum!–dijo Zatch, siguiendo a donde señalaban los dedos de Kiyomaro.

–¡Zaker!

El mamodo, advirtiendo lo que intentaban, se interpuso entre el conjuro y el dueño del libro, recibiendo de lleno la descarga y saliendo despedido contra el suelo. El tal Greg se acercó corriendo al pequeño mamodo y se agachó a su lado. Se le veía preocupado.

–¿Lebir, estás bien?

–¡Solo ha sido una descarga de nada, vamos a por ellos! ¡Sigue lanzando conjuros hasta que acabemos con ellos!

–¡Oru Birein!

Otro ataque de energía roja salió disparado, esta vez de las propias manos del mamodo. La capacidad de respuesta de Kiyomaro le advirtió del efecto del ataque. Con unos ligeros movimientos de manos, el chico indicó a Zatch lo que tenía que hacer. Aún sobre la capa del joven rey, se elevaron en el aire y avanzaron en un ángulo de treinta grados hacia la izquierda del mamodo. Tal como Kiyomaro había predicho, el mamodo controló el conjuro para hacer que éste les persiguiera. Zatch siguió moviéndose de la misma manera, mientras el conjuro se acercaba a darles alcance.

–Zatch... A pesar de que éstos mamodos acaban de llegar a este mundo, parece más fuerte de lo normal. Ha recibido un Zaker de gran potencia de lleno y casi no se ha hecho nada, no creo que tengamos la opción de ganar esto solamente con Zaker. ¿Sabes cual puede ser el motivo por el que tiene este poder a estas alturas?

–Ni idea, Kiyomaro ¿No puede tu capacidad...?

–No puedo encontrar la respuesta. Sé que existe, pero hay algo que no me distrae. No puedo concentrarme en encontrar esa respuesta específica. Pero algo raro hay en todo esto...–Kiyomaro pensó en lo que había ocurrido cuando aquel mamodo había resultado herido.

El conjuro casi les había alcanzado, pero ya se habían situado en el lugar en el que Kiyomaro quería. Zatch se detuvo en seco y el chico conjuró de nuevo el Rashield. El escudo se alzó imponente frente a ellos, pero el mamodo hizo chocar su ataque contra el suelo para destruir el escudo y dañarlos al mismo tiempo, pero no era la primera vez que la pareja había visto esa misma estrategia, y el joven confiaba en que la usaran esa vez. La explosión dejó una pantalla de humo que impedía que Lebir o Greg pudieran ver al rey y a su amigo, pero confiaban en que ese ataque les hubiera bajado los humos.

–¡Zaguruzem!

El conjuro impactó de lleno en el libro de conjuros del mamodo de ojos ensombrecidos. Asustado Lebir se giró hacia el libro y lo miró con gesto horrorizado, pero al verlo únicamente brillando sintió un profundo alivio. Señaló con la mano hacia el lugar de donde había venido la voz de Kiyomaro y pidió a gritos un conjuro.

–¡Gigano Bierein!

–¡Zaguruzem!

Una esfera enorme de energía rojiza salió disparada de la mano de aquel mamodo, pero el conjuro de Zatch le impactó en el costado derecho, haciéndole emitir el característico brillo. El mamodo soltó un grito de rabia y se agachó colocando una mano sobre el suelo.

–¡Estoy harto de estos dos payasos de circo y sus truquitos! ¡GREG!

–¡Raja Breido!

Alrededor de mamodo y compañero humano se formó una circunferencia brillante de un rojo intenso y una grieta se formó en el suelo, del cual surgió un líquido rojizo viscoso que se extendió en todas direcciones como una ola de mar. Kiyomaro y Zatch se cubrieron con la capa, pero el líquido absorbió la humareda y volvieron a quedar plenamente a la vista. Zatch sacudió la capa para tratar de quitar los restos del líquido, pero era tan pegajoso que no podía librarse de él.

–Al fin os tengo localizados... El jueguecito de niños acaba aquí ¡Es hora de ponernos serios, Greg!

–¡Breidoruk!

La pupila de aquel mamodo se contrajo hasta convertirse en una rendija, las venas de sus brazos comenzaron a marcarse enormemente y casi se podía ver como la sangre era bombeada y corría por sus venas. Sus músculos comenzaron a crecer de forma exagerada y su altura y tamaño alcanzaron en pocos segundos la de Kiyomaro, superándole por veinte centímetros en unos pocos segundos más. La túnica se rasgó y cayó destrozada al suelo, quedando a la vista una camiseta interior que se había ensanchado, quedando el mamodo en una camiseta sin mangas y unos pantalones cortos. Cuando la transformación de aquel mamodo se había completado, había tomado una apariencia de sí mismo dos veces más grande y con cinco veces más de músculo.

–Zatch, encárgate tú de él mientras busco algún punto débil en esa nueva forma, sólo tienes que mantenerlo a raya treinta segundos.

–¡Hum!–dijo por toda respuesta.

–Muy bien... ¡Rauzaruk!

El rayo cayó sobre Zatch, adquiriendo éste el brillo del conjuro. La batalla se ponía interesante.


Nota: En respuesta a la review que me llegó, llegué a la conclusión de que Zatch debía tener 18 años ya que Kiyomaro se graduó en el instituto en el transcurso del manga de Zatch Bell. En la educación Japonesa, cuando de Secundaria se pasa al Bachillerato los estudiantes deben tener 16 años, y según el manga, al comienzo Kiyomaro tiene 14 años, por lo que han transcurrido en dos años los sucesos de la serie. Si Zatch tenía 6 años al empezar la serie, es lógico pensar que tenía 8 cuando se convirtió en rey, así que siendo esto 10 años después... xD Tambien quería aprovechar esta nota para decir que lo de la varita y el asunto de Kiyomaro ayudando a Zatch en el pasado, viene de un gaiden que escribió Raiku, (no sé si todos lo habrán leído o no xD) pero lo de la llave es totalmente inventado, como otras licencias que me he tomado xD Gracias a los que lo estáis leyendo, y gracias por la review, los favs y los follow (: