Capítulo 2

Manipulación

La noche imbuía el ambiente en una oscuridad sobrenaturalmente profunda. La tenue luz de las farolas de aquella calle apenas iluminaba lo suficiente como para que Kiyomaro pudiera discernir vagamente las expresiones del rostro de sus enemigos. A causa de esto el resplandor que emitian los libros de conjuros y el aura del Rauzaruk que rodeaba a Zatch destacaran más de lo normal. Pero gracias a ello podía percibirse alrededor de aquel mamodo, que ahora se había vuelto enorme, resplandecía una aura rojiza. Kiyomaro se preparó para despertar una vez más su curiosa habilidad y justo medio segundo después, Zatch se abalanzó sobre el reforzado Lebir. El joven rey corrió hacia el mamodo y dio un salto para ponerse a la altura de su rostro a una velocidad de vértigo, pero a pesar de ello, al gran mamodo no le costó seguir sus movimientos y le dio un cabezazo. Zatch Bell cayó al suelo, pero no tardó en volver a ponerse en pie, el Rauzaruk le hacía más resistente incluso de lo que ya lo era. Volvió a abalanzarse sobre Lebir, pero esta vez descartó la idea de saltar y se lanzó contra sus pies tratando de hacerlo caer. El otro mamodo leyó su intención y le apuntó con una mano.

–La diferencia entre tu y yo, señor rey, es que yo puedo seguir lanzando conjuros en mi forma reforzada... ¡Y se vuelven más poderosos además!

–¡Birein!

De la mano del mamodo salió un rayo de energía de color rojiza que igualaba el tamaño del cuerpo de Zatch. El joven mamodo se apartó de un rápido salto, logrando esquivar el conjuro por muy poco. Aquel mamodo crecido volvió a apuntarle con su enorme mano y disparó el conjuro de nuevo. El rey trató de defenderse usando su capa, pero para su sorpresa, ésta no reaccionaba a sus ordenes, así que no pudo evitar tener que esquivarlo, provocándose un enorme boquete al igual que había hecho el conjuro anterior. Zatch miró extrañado a su capa. Aquel líquido rojo aún seguía pegado a la misma. El efecto del Rauzaruk desapareció de pronto y el mamodo regresó junto a su compañero, que sostenía el libro rojo, el cual brillaba preparado para lanzar el siguiente conjuro.

–¿Y bien, Kiyomaro?¿Cuales son los puntos débiles de esa cosa?

–No pude encontrar la respuesta... Me está pasando de nuevo lo que me ocurrió cuando traté de buscar respuesta a la anterior pregunta. Me parece que vamos a tener que recurrir a estrategias improvisadas.

–¡Hum! Espero tus ordenes, Kiyomaro–al aludido se le hizo extraño oír eso viniendo del soberano del mundo mamodo.

–Muy bien, Zatch... Tenemos a favor esos dos Zaguruzem que hemos logrado acertar, así que...

–¡Ganzu Birein!

Ambos se giraron al mismo tiempo para ver como multitud de esferas de energía roja, del tamaño de la mano de Lebir, salían despedidas hacia ellos. Kiyomaro pensó en diversas formas de escudarse de esa técnica, pero solo una le parecía la más ideal.

–¡Zatch, usa tu capa para...!

–¡No puedo Kiyomaro, éste líquido pegajoso de la capa no me deja moverla!

–¡¿Que?!–Si eso era así tenían un gran problema. Rashield no sería lo suficientemente grande o poderoso como para detener aquello, y quería reservar energías suficientes para poder conjurar ataques más poderosos en adelante, pero defenderse de aquello iba a requerir un nivel de conjuros mayor–Está bien, Zatch, sin mi capacidad de respuesta lo único que podemos utilizar es este conjuro... Estate preparado porque esto va a necesitar toda tu concentración... ¡Baoh Kuro Disgurugu!

La garra del Baoh surgió de la nada, encontrándose alzada del mismo modo que la mano del propio Zatch Bell. El joven rey hizo un movimiento ágil con la mano, haciendo que el dorso de la garra del Baoh desviara una de las esferas. Sin frenarse en sus movimientos, el rey realizó movimientos que provocaron que la garra tomara una de las esferas y la lanzara contra otra, haciéndolas estallar y despejando las demás con varios movimientos, teniendo cuidado de que ninguna de ellas impactara con algún edificio. Cuando el ataque del enemigo fue despejado, la garra del Baoh desapareció y el joven rey miró directamente a los ojos a Lebir, con la usual determinación de sus ojos. El gigante mamodo se enfureció ante esa mirada y rugió con fuerza.

–¡Muy bien! ¡Si el pequeño rey quiere jugar, vamos a darle el juego que desea!

–¡Go Breidoruk!

Su enorme cuerpo comenzó a brillar con una luz rojiza y sus venas volvieron a marcarse extremadamente. Un líquido de intenso color rojo surgió alrededor de su cuerpo y comenzó a solidificarse confiriéndole una armadura picuda granate. Los ojos de Lebir tomaron un fantasmal resplandor, exactamente igual al que emitía su libro de conjuros. Con una sonrisa malévola, el mamodo saltó y se lanzó hacia el rey y su compañero a toda velocidad, girando sobre si mismo cual peonza. Kiyomaro se agarró a la capa de Zatch con fuerza y se dispuso a darle las ordenes que se le ocurrieron para poder esquivar aquella embestida.

–¡Zatch, apunta al suelo!

–¡Hum!

–¡Teozaker!

El relámpago masivo que surgió de las fauces de Zatch, contra el suelo, los propulsó a gran velocidad hacia arriba, permitiéndoles esquivar el conjuro enemigo. Pero no había acabado su ataque. Lebir se frenó de pronto y clavó sus pies en el suelo, para luego girarse hacia ambos, que aún seguían en el aire y les quedaba tiempo para caer al suelo aún. La sonrisa del mamodo reforzado le produjo un escalofrío a Kiyomaro. El resplandor que emitía el libro de Greg era tan potente que al joven estudiante no le hizo falta su capacidad para saber que estaban a punto de conjurar su ataque más poderoso.

–Os tengo...

–¡Dioga Bireindon!

Una gran formación de energía brillante surgió del propio cuerpo de Lebir. Un demonio el doble de grande que el propio mamodo se dirigía hacia ellos, tiñendo todo el lugar con un tenue tono rojizo. La mente del chico trabajaba a toda prisa buscando una manera de evitar aquel ataque. Sabía perfectamente la única opción que tenía. No puedo usar el Baoh... Si lo utilizo, mis reservas de energía no serían suficientes para poder acabar con ellos después. Si al menos pudiera... Kiyomaro estaba al borde de la desesperación, hasta que una voz, ajena a los participantes de aquel combate, le distrajo.

–¡Mikor Ma Zegaruga!

Una nueva formación de energía, esta vez de tonos azulados, con aspecto de mujer con un engranaje sobre su pelo y de una forma un tanto peculiar se dirigió contra aquel demonio. El impacto fue impresionante y la onda expansiva provocó que Kiyomaro y Zatch cayeran violentamente contra el suelo. Cuando el humo producido por el estallido cesó, pudieron observar como ambos conjuros ya se habían esfumado y Greg y Lebir se encontraban anonadados por lo que acababa de ocurrir.

–Cuanto tiempo, Zatch y Kiyomaro... Me parece que llegamos justo a tiempo–dijo la misma voz de antes.

–Gracias por la ayuda, doctor–dijo el chico sonriendo, sin volverse para comprobar quien era.

–¡Que ahora seáis dos más no quiere decir que podáis derrotarnos!

El mamodo, que aun no había perdido su armadura, se abalanzó de nuevo sobre ellos repitiendo el ataque anterior. Kiyomaro se preparó para tratar de defenderse, pero el Dr. Riddles le colocó una mano sobre el hombro, en señal de que no lo hiciera. Kiyomaro lo miró y el doctor le sonrió.

–No hemos venido solos... Tenéis muchos amigos vosotros dos.

–¡Go Shudoruk!–gritó otra voz diferente. Lo que produjo que el dueño del libro rojo sonriera.

Una fugaz imagen pasó a su lado y se dirigió directamente contra el gigantesco mamodo. La extremadamente pequeña figura, en comparación a lo que se enfrentaba, impactó de lleno contra él y Lebir salió disparado hacia atrás visiblemente afectado por el impacto, mientras que el caballo que se posó sobre el suelo parecía sobradamente íntegro.

–¡Muy bien, Zatch, ésta es la nuestra!–dijo señalando hacia el mamodo.

–¡Hum! ¡Kido y Ponygon nos dieron la oportunidad, tenemos que aprovecharla!

–¡Zakeruga!

El rayo concentrado salió disparado directamente hacia aquel mamodo, produciendo que el brillo del Zaguruzem aumentara de potencia. El impacto fue tremendamente potente, produciendo que su entera armadura volase por los aires, pero el rayo no cesó allí, sino que volvió a surgir de él y salió disparado hacia el libro, que brillaba con la misma luz con la que el mamodo lo hacía antes del impacto. El libro ardió en cuanto el rayo lo alcanzó y cayó al suelo, produciendo que el mamodo comenzara a desaparecer. Lebir volvió a su estado original y sus córneas volvieron a ser blancas, para sorpresa de Kiyomaro. El dueño del libro de aquel pequeño mamodo trataba de apagar las llamas con lágrimas en los ojos, gimiendo lastimeramente en voz baja el nombre de su mamodo. Con una mirada tierna, Lebir observaba a Greg y susurró casi sin fuerzas.

–Greg... No hay nada que hacer, tengo que volver al mundo mamodo ya... No te olvidaré–su mirada era triste, pero sonreía. Las lágrimas destellaban con la luz de las farolas de la calle.

–No... Lebir... no te vayas...–decía entre lágrimas.

–Ya no hay nada que hacer ya, Greg... Pero aún puedo vengarme de quien provocó esto...–se giró hacia Zatch y Kiyomaro, que inmediatamente se pusieron en alerta–Rey Bell... Pido disculpas por el aprieto en que os puse... Estaba siendo controlado por el mamodo que ha empezado todo esto. Antes de desaparecer por completo quiero advertiros de que ese mamodo, cuyo nombre es...–Un sonido extremadamente agudo atravesó el aire y un chorro de brillante energía grisácea impactó con los restos de libro terminando de destruirlo por completo, impidiendo al pequeño terminar la frase.

Todos, excluyendo a Greg, se giraron con miradas furibundas al lugar del que procedió aquel ataque. Sobre un tejado cercano, se encontraba un mamodo de largo cabello oscuro, rizado, vestido con una camiseta, en cuyo centro llevaba el dibujo estampado de unos auriculares, y unos vaqueros rajados. El chico de oscuros y penetrantes ojos grises estaba tumbado de lado, con la cabeza apoyada sobre una mano. Detrás de él, se encontraba un chico con su mismo peinado, vestido con una chaqueta de cuero y unos pantalones oscuros. Llevaba colgado del cuello una cadena de plata con una guitarra eléctrica como colgante, además de un libro de conjuros del color del metal oxidado bajo el brazo. El pequeño mamodo se reía a carcajadas como si la situación le pareciese tan graciosa como el mejor chiste del mundo.

–Te ha costado darte cuenta de que estaba aquí ¿eh, chico listo?

–¿Quien eres tú?–gritó Kiyomaro con el puño cerrado de ira.

–Cuanta hostilidad... Sólo soy el mamodo que impedía que pudieras usar tu capacidad y el que ha terminado de quemar ese libro...

–¿Por que lo has hecho?

–Hay cosas que nos conviene que no sepáis... De momento. Estoy aquí para asegurarme de que ningún mamodo se vaya de la lengua...–su risa volvió a surgir, como si le hubiera hecho gracia algún chiste inexistente.

–No estoy para tonterías. ¡Habla de una vez!–Kiyomaro señaló al mamodo con dos dedos–¡Zaker!

La descarga salió disparada hacia aquel mamodo, pero al grito de "¡Saushield!" el mamodo conjuró un escudo circular grisáceo y traslúcido que emitió un sonido grave, el cual bloqueó por completo el conjuro Zaker. El mamodo sonrió con sus afilados dientes y miró a Zatch con maldad.

–Que agresivo... No he venido a luchar con vosotros, así que lo mejor será...

–¡Vamos Ponygon!–Dijo Sunbeam, cuyo pelo había crecido aún más desde la última vez que Kiyomaro lo vio y al cual le había aparecido una curiosa barba recortada–¡Dio Emur...!

–¡Soneruga!

El mismo conjuro que hizo arder totalmente el libro de Lebir impactó de lleno a Sunbeam, lo que lo hizo caer al suelo y le impidió lanzar el conjuro. Ponygon, quien había crecido muchísimo en esos diez años, fue junto a él, preocupado.

–Sed amables conmigo... Yo que quería contestar a vuestras preguntas...

–¿Vas a darnos respuestas?–se extrañó el dueño del libro rojo–¿Por qué...?

–He dicho que contestaré a vuestras preguntas... pero no cuantas. Sólo puedes hacer tres. Elígelas bien, genio.

–Bien... primera pregunta: ¿Cómo es que ese mamodo era tan poderoso y había alcanzado ese nivel tan alto de conjuros con el poco tiempo que llevan en este mundo?

–Buena pregunta... se nota que eres un tipo inteligente. Bueno, es una respuesta fácil. Verás, tenemos amigos poderosos, y uno de ellos puede hacer "truquitos temporales". Eso es todo–Ahora todo cobraba sentido para Kiyomaro. Ese "amigo de los truquitos temporales" debía de ser un mamodo con poderes relacionados con el tiempo, así se explicaba que Greg y Lebir estuvieran tan unidos, podía ser que para ellos en un día hubieran pasado meses o algún truco por el estilo–Date prisa en plantear las otras dos, no tengo todo el tiempo del mundo y si no te das prisa me iré sin contestar todas.

–Está bien, segunda pregunta: ¿Como has logrado inutilizar mi habilidad?

–Te preocupa eso, ¿eh? Es fácil, con mis conjuros e interferido en tu concentración y ahora no puedes usar tu habilidad a no ser que yo quiera. Eso lo hace todo más divertido, ¿no crees? ¡Siguiente y última! Piénsala bien, Kiyomaro Takamine.

Solo una pregunta restante, pero el chico tenía tantas... Tenía que pensar con cuidado. Un solo error y habrían desperdiciado una valiosísima oportunidad. Tardó poco en decidirse, por que igual desperdicio sería preguntar algo tonto como perder el tiempo para preguntar.

–Como hicisteis para hacer que esos mamodos lucharan sin controlar al dueño de su libro. Sólo querían acatar las ordenes del manipulador ¿Por qué?

–Eso son dos preguntas, así que solo contestaré la primera... Has tenido suerte de que la explicación valga para ambos. Mi maestro, simplemente ha usado su poder para controlar a cada mamodo al que ha reclutado para que cumpla sus ordenes, amenazando a los dueños de sus libros con cosas que les importa, así todo se hace mucho más divertido. Somos más inteligentes que esa idiota de Zofis. Tuvimos una idea mucho mejor y la aplicamos. El miedo es más poderoso que la ira, mi buen amigo.

Las miradas de los seis se ensombrecieron. ¿Como podía existir alguien como ellos? Aquello era algo inadmisible, rastrero y malvado. La ira que Zatch, Kiyomaro y los demás sentían era inmensa. Una mirada de furia salió de los ojos de todos ellos y se clavaron en ese mamodo.

–¡No os lo perdonaremos!–gritó Kiyomaro, con su libro brillando intensamente.

–¡No permitiré que os salgáis con la vuestra!–corroboró Zatch.

–Oh... ¿de verdad? Que pena que tenga que marcharme, me apetecía reírme un poco más...–y con una carcajada, aquel mamodo agarró por la chaqueta al dueño de su libro y desaparecieron. Dejando únicamente el eco de su risa.


Nota: Bueno, gracias a todos los que aún seguís leyendo esto. Eso me anima a seguir con esta historia (: Y bueno, como agradecimiento, aunque también por necesidad de ayuda, os voy a pedir un favor. Necesito mamodos originales para añadir a la historia. Necesitaria nombre de mamodo y compañero, poder, color del libro, al menos 5 conjuros, una pequeña descripción, un poco de su relación si queréis... y cualquier dato que creáis necesario. Tened en cuenta que no todos lucharan contra Zatch xP Recalco que a partir de vuestros conjuros les añadiré otros de mi invención que tengan que ver con los que habéis hecho, y por favor inventad también el conjuro más poderoso. Os agradeceré mucho vuestra participación. Si queréis enviar alguno hacedlo por mp a mi cuenta. Gracias a todos! (: