Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen. Twilight pertenece a Stephenie Meyer y TVD a L.J Smith

Nos leemos abajo.


CAPÍTULO 3

Pasajeros con destino Londres, Heathrow, por favor, embarquen por la puerta treinta y siete.

Segunda llamada para mi primer destino. Aguantando las ganas de llorar me despedí de Leah y de mi padre. Parecía mentira que mi gran momento llegara. Lo que esperaba, deseaba y necesitaba para terminar con una etapa y empezar con otra.

Tras lo que me pareció una eternidad, conseguí llegar con mi maleta de mano y mi bandolera colgada al control de embarque.

Una vez pasado el control de seguridad, respiré hondo, y me dispuse a dejar todo lo malo atrás.

Una chica muy amable me pidió mi billete y documento de identidad para poder cruzar la pasarela y subir al avión que me llevaría al otro lado del gran charco.

Pude encontrar mi asiento sin ningún tipo de dificultad. Ventanilla. Genial, así al menos disfrutaría de las vistas. Solamente esperaba que no me tocara el típico señor obeso y sudoroso que se queda dormido con la cabeza colgando de tu hombro, y de la que cae un hilillo baboso…. No pude evitar estremecerme. Definitivamente, tengo que dejar de ver tantas películas.

Observé la multitud que poco a poco empezaba a ocupar sus asientos en el gran aparato. Familias, chicos jóvenes, gente no tan joven.

Conociendo mi mala suerte, rogué a San Yoda que no me tocara ningún niño travieso e impertinente detrás. Sí, típico incordio que empieza a patalear el asiento, a impacientarse, ya que el vuelo era dichosamente largo y que tienes que contenerte de no decir nada a sus padres, al correr riesgo a que se te lancen al cuello.

Estaba ensimismada en mis pensamientos que reboté en mi asiento al notar caer una mochila en el asiento contiguo al mío.

-¡Oh! Lo siento, ¿te he asustado?

Iba a volverme y soltar un comentario algo fuera de tono, cuando en lugar de eso, terminé quedándome con la boca firmando una "o".

Un modelo de ropa interior –digo ropa interior, porque aunque iba vestido, fue lo primero que se me vino a la mente-, me devolvía la mirada tras unos ojos azules de gato. ¿Gato? ¿En serio, Bella?

No sabía cómo describirlos. Pero eran los ojos más profundos y claros que había visto, y no podía apartar mi vista de ellos.

El chico volvía a hablar, y me sacó de mi ensoñación de fantasía.

-Tranquilo, estaba en mi mundo.

Le lancé una sonrisa, que más que una sonrisa parecía una mueca. Él no pareció notarlo y me devolvió otra.

Colocó la mochila en el compartimento de arriba de los asientos y se sentó, dejando un asiento libre de por medio. Eso está bien. Al menos cuando me duerma no caeré encima suya ni protagonizaré ningún momento vergonzoso.

La señal de abrocharse los cinturones se iluminó y al poco tiempo estábamos a punto de despegar. Me aferré con las uñas a los reposabrazos, estaba aterrada. Sí, había volado antes, pero eso no quería decir que volar fuese de mi agrado. Y menos pasar cinco horas encerrada en un mismo sitio a treinta mil pies del suelo, como mínimo.

-¿Es la primera vez que vuelas? – preguntó mi acompañante- Te prometo que no te va a pasar nada.

Le miré y me puse nerviosa. Inmediatamente me sonrojé. Maldito sonrojo.

-La verdad es que no. Digamos que no soy muy fan de los despegues y aterrizajes.

El chico me miró y volvió a sonreír.

-Bueno, ya que vamos a pasar unas horas juntos, qué menos que presentarme. – Me tendió una mano que estreché sin dudar, me inspiraba confianza. No me pasaron desapercibidas las cosquillas que recibí al hacerlo- Soy Damon, Damon Salvatore.

-Bella, Bella Swan – conseguí decir sin parecer idiota.

-Tu nombre te hace justicia, Bella.

Y ahí iba mi sonrojo de nuevo. Volví a mirar al frente y se hizo un silencio algo incómodo.

Me pateé mentalmente por parecer retrasada. Si quería dejar todo atrás, ya iba siendo hora. ¿A qué esperaba? Fuera timidez, fuera inseguridad.

-¿Eres italiano?

-¿Perdona? – parecía distraído.

-Tu apellido, Salvatore. Estaba pensando si eras italiano.

Ojos azules volvió a sonreír y se me congeló la sangre. ¿Qué demonios me pasaba?

-Mis padres lo eran, soy de Mystic Falls, Virginia.

-¿De verdad?

El chico rio levemente.

-Sí, es un pueblo bastante tranquilo, está a las afueras de Virginia…

-Sí, sí. – Le interrumpí- Justamente es donde voy a estudiar cuando terminen las vacaciones.

Las comisuras de sus labios se elevaron. No supe por qué, pero las casualidades empezaron a gustarme.

-¿Bromeas? – me preguntó. Yo negué- ¿Qué vas a estudiar?

-Historia. Me gustaría especializarme en arqueología.

Estuvimos un rato más hablando y riendo sobre historia. Íbamos a seguir, cuando la azafata nos interrumpió con el almuerzo.

¿Almuerzo, tan pronto? Miré el reloj y comprobé que había pasado medio vuelo.

¿Tanto habíamos hablado Damon y yo?

-No hagas caso de lo que tu amiga te diga. Historia te favorece. Doctora Isabella Swan. Mmm, vas a ser una arqueóloga bastante famosa. – bromeó.

-Sí…seguro. ¿Y tú qué haces?

Terminó su ensalada antes de contestar.

-Casualmente empiezo la universidad este año. He estado tomándome varios años sabáticos, yendo de un sitio a otro. Creo que va siendo hora de centrarme en algo.

-No pareces tan viejo – coqueteé. ¿De dónde había salido esta Bella atrevida?- ¿Qué puedes tener, veinte años?

Damon puso una mueca.

-Auch, eso duele, tengo dieciocho. – Lo miré sin creerle- Vale, tengo veintidós.

-Pues no los aparentas. ¿Cuántos años crees que tengo?

-Esas cosas no se le dicen a una dama.

Respondió con una sonrisa socarrona. Al menos es un caballero.

-No, insisto.

-Pues… ¿veinte?

Empecé a carcajearme. Típico, muy típico.

-¿Qué es tan gracioso?

-Digamos que las personas que me conocen suelen decir que yo nací adulta, y que mi madre es la adolescente. – Me miró con cara de no comprender- Es igual, son cosas mías. En realidad, tengo dieciocho, casi a punto de cumplir los diecinueve.

Señores pasajeros, les informo de que estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Heathrow. Les rogamos se abrochen los cinturones y coloquen los asientos en posición vertical. Gracias.

No me podía creer que ya estuviese en Londres. Sentí una pesadez en mi estómago. Me lo estaba pasando tan bien con Damon, era una pena que cuando saliéramos a la terminal, cada uno fuese a un sitio distinto. Por otra parte, me aferré de nuevo a mi asiento, no me gustaban los aterrizajes.

Damon en un acto rápido se desabrochó el cinturón y se sentó en el asiento contiguo al mío. ¿Qué hacía? Se volvió a abrochar el cinturón y me cogió la mano.

Otra vez sentí las malditas cosquillas. En serio, ¿qué hacía?

-Espero que no te importe, no me gusta verte nerviosa. Si quieres vuelvo a mi asiento, no quiero hacerte sentir incómoda.

-No lo haces, me tranquilizo más. Gracias.

Sentí calor en mis mejillas. Le di un apretón a la mano y el me guiñó un ojo.

Era una remota locura, pero no quería que esto terminara…


Y aquí tenéis a Damon. ¿Qué os ha parecido el capi?

Yes, sé que no tengo perdón. No tengo excusas aparentes, salvo que parece que la inspiración viene cuando comienzo mis exámenes semestrales en la Universidad. No me maten, porfis.

No puedo poner fecha de actualización, porque no sé si será mañana, en dos días, en un mes... Lo siento.

Muchas gracias a las nuevas incorporaciones, y a los reviews!

Nos vemos pronto...espero :D