Nota previa: Bueno, este es cortito xD pero necesario al fin y al cabo. A ver qué opináis del hecho de que sea Bastila la culpable jijiji No me cansaré de repetirlo: comentad, sed críticos y disfrutad ^^


Bastila abrió los ojos, con lentitud. Se encontraba tumbada en una cama, no especialmente blanda pero suficientemente cómoda, en una de las habitaciones del Enclave Jedi de Dantooine. No recordaba haber llegado hasta allí. No recordaba nada, de hecho. Se sentía débil, pero no sabía por qué. Temió haber sufrido algún tipo de pérdida de memoria, pero se tranquilizó cuando empezó a recordarlo todo. La incrusión en la nave de Revan, la pelea con el Señor Oscuro, la explosión, el rostro de Revan sin máscara, la huída, Trask Ulgo... Esta última parte estaba borrosa en su memoria. Ya no recordaba nada más, así que imaginó que el soldado la había llevado con los Jedis y estos habían curado sus heridas. Retiró la manta que la cubría. Estaba desnuda y podía ver su cuerpo recorrido por heridas, contusiones, moratones y magulladuras, pero nada grave. Se sentía débil, pero bien. Sabía que Revan había salido mucho peor parado.

Se levantó, intentando no realizar movimientos bruscos, y se puso su túnica Jedi, la cual alguien había tenido la amabilidad de dejar sobre una mesa, mientras se preguntaba qué habría pasado con Revan. Para empezar, no estaba segura de que hubiera sobrevivido, aunque creía que sí, lo podía sentir. Pero no sabía si saldría adelante, y si lo hacía, no sabía cuál sería su destino. Fuera cual fuera, Bastila sabía que sería la única culpable, por haberse empeñado en llevárselo con ella. En cualquier caso, pensó que no podía ser peor que la muerte.

Una vez se hubo vestido, salió de la habitación, ya con más firmeza y seguridad en sus movimientos al comprobar que apenas se hacía daño, y se dirigió directamente a la sala del Consejo. No sabía qué día ni qué hora era, y además tenía mucha hambre, pero decidió posponerlo todo, pues necesitaba hablar con los Maestros. Cuando llegó, los cuatro estaban reunidos intercambiando comentarios en voz baja, y miraron con interés a Bastila en cuanto la sintieron. Ella hizo una reverencia respetuosa.

– Hola, Padawan – la saludó Zhar Lestin con amabilidad –. ¿Cómo te encuentras?

– Bien, creo... Solo un poco mareada, pero bien – sonrió –. Gracias, Maestro Zhar.

– Me alegra mucho oír eso. Cuando volviste del ataque a la flota Sith, estabas muy débil, y temimos que no te recuperases – dijo él.

Los demás Maestros no añadieron nada, y Bastila se quedó unos segundos en silencio, dudando. Ellos la observaron con infinita paciencia, hasta que al final no se pudo contener más. Necesitaba saberlo.

– Maestro, yo... Tengo que preguntarlo: ¿Qué ha pasado con Darth Revan?

La respuesta no fue inmediata, sino que los cuatro Maestros intercambiaron miradas tensas. Esto inquietó a la joven Padawan.

– ¿Por qué lo trajiste, Bastila? – preguntó Zhar, sin llegar a contestar a su pregunta. Su reticencia a hacerlo la inquietó incluso más.

– Yo... – murmuró ella, dudosa –. Bueno, no podía matarlo. Estaba indefenso y no suponía una amenaza. Solo seguí el Código... – balbuceó.

– Podrías haberlo dejado.

– Eso le habría supuesto la muerte – rebatió Bastila con seriedad, sorprendida con la frialdad de Zhar.

– Pero no habrías sido tú quien se la diera, Bastila.

Antes de que ella pudiera responder, el Maestro Vandar Tokare decidió que era un buen momento para intervenir.

– Lo que hiciste fue admirable, sin duda, pero corriste un gran riesgo.

– Podrían haberte matado, o haber despertado Revan y acabado contigo – atajó Zhar.

No, Revan no la habría matado. Bastila recordaba con claridad que le había salvado la vida.

– En realidad... – murmuró, pero tras ver las miradas duras de los Maestros, se sintió intimidada y se mordió el labio, sin atreverse a continuar.

– Debes aprender una cosa, Padawan. Has de evitar matar, en medida de lo posible, pero piensa que no puedes salvar a todos – dijo Zhar aprovechando su silencio.

– Pero... – la mirada del Maestro Zhar Lestin no admitía réplica, y Bastila bajó la vista, sumisa. Tampoco quería que los Maestros dudaban de ella. No quería que la considerasen indigna de ser Jedi, ya que estaba deseando que la ascendieran de una vez –. Lo siento. – Volvió a dudar –. ¿Puedo saber qué ocurrirá ahora..., o qué ha ocurrido... con Darth Revan? – Repitió su pregunta inicial, a ver si ahora tenía más suerte.

Vio cómo Zhar intercambiaba otra mirada inquieta con Vrook.

– Está en una fuente de kolto – dijo –. Decidimos esperar a hablar contigo antes de hacer nada. – Bastila suspiró aliviada –. No obstante, has de saber que la decisión está tomada. – Zhar la miró y Bastila se tensó –. Bastila, es demasiado peligroso para dejar que viva.

La joven Jedi abrió mucho los ojos, incrédula.

– ¿Qué? ¿¡Vais a matarlo!?

Zhar apartó la vista mientras Vandar la clavaba en el suelo, incómodos ante la mirada acusadora de Bastila. Se había imaginado que lo encerrarían, que le impondrían duros castigos o que intentarían redimirlo, pero eso no, eso nunca, no dentro de la Orden.

– Estamos hablando del Señor Oscuro de los Sith, Bastila. Podría causar tantas muertes... – explicó Zhar, aún sin mirarla.

– Pero... ¡Eso va contra el Código! ¡No podéis...! No después de todo lo que yo he...

– Lo lamento mucho, Bastila, pero me temo que no hay otra solución – le dijo Zhar, recuperando su tono seguro.

– ¿Cómo podéis...? – Bastila estaba incrédula, enfadada, desesperada, dolida y desengañada, y no pudo contenerse –. ¿Somos asesinos? ¿Qué nos diferencia de los Sith, entonces? Os escudáis en que es el Señor Oscuro, pero parece que olvidáis que también fue un Jedi, uno de los mejores, uno al que todos hemos llegado a admirar, ¿No deberíamos ayudar a los nuestros a regresar del Lado Oscuro en lugar de asesinarlos a sangre fría cuando están indefensos y no suponen ninguna amenaza?

Zhar había optado por dejarla hablar y desahogarse, pues consideraba que al menos merecía eso. Él también sentía tener que cometer un acto tan sucio, pero consideraba que es necesario. Además, le inquietaba la exagerada insistencia de Bastila por mantenerlo con vida.

– Revan nos traicionó antes de caer al Lado Oscuro, Bastila. Nos desobedeció y fue a las Guerras Mandalorianas. No era de fiar ni cuando seguía la Senda de la Luz... ¿Qué crees que ocurriría si dejáramos que viviera? Es demasiado peligroso. Podría engañarnos, hacernos creer que se ha redimido, escapar y volver a hacerse con el poder.

Bastila sintió que la ira crecía en su interior y se apoderaba de ella, e hizo un esfuerzo por contenerla. Sabía que ese sentimiento conducía al Lado Oscuro.

Pero es que no quería, no estaba dispuesta a permitir que el Consejo asesinara a quien con tanto esfuerzo ella había mantenido con vida. No, de ninguna manera. Su mente trabajaba a toda velocidad buscando razones, ciertas o no, que pudieran convencer a los Maestros de que Revan debía vivir. Sentía sus miradas clavadas en ella, expectantes por su reacción.

Respiró hondo y trató de aclarar sus ideas un momento. Las últimas palabras del Maestro Zhar, "podría escapar y volver a hacerse con el poder", seguían resonando en su mente, y le hicieron pensar por un momento en el futuro. ¿Qué ocurriría en la galaxia ahora que Revan no estaba? El misterio de cómo habían reunido los Sith una flota tan enorme seguía sin resolverse, y probablemente el aprendiz de Revan, Darth Malak, lo conociera. Seguramente, Malak se haría con el control de los Sith y nada cambiara. ¿O sí? Porque, por lo poco que sabía Bastila sobre Darth Malak, era destructivo, al contrario que su Maestro. ¿Qué había hecho? ¿Realmente había ayudado a la República derrotando a Darth Revan o sólo había empeorado la situación?

Bastila sintió que se desesperaba ante aquella aterradora idea. Sin embargo, en su desesperación halló esperanza, porque había encontrado una cadena de razonamiento que tal vez salvara a Revan.

– Una nueva identidad – dijo, mirando al Maestro Zhar de nuevo.

– ¿Cómo dices?

Bastila buscó la forma de explicarse.

– Tengo entendido que, mediante la Fuerza, se puede reprogramar la identidad de una mente dañada... Podemos darle una identidad fiel a la República para que no nos traicione, hacerlo soldado... Pensad que sólo él puede ayudarnos a descubrir el secreto del poder de los Sith.

Bastila observó con satisfacción cómo Zhar fruncía el ceño. Bien..., al menos le había hecho dudar. Observó a los demás. Vandar la miraba con intensidad, Vrook con desaprobación, y Dorak parecía sumido en sus pensamientos.

– Lo que dices es cierto, joven Padawan. No se nos había ocurrido... Hemos de discutirlo entre nosotros – Zhar miró a Vandar, quien se mostró de acuerdo con un asentimiento –. Vuelve a tu habitación. Te avisaremos cuando hayamos decidido algo.

Bastila asintió y se dio la vuelta. Una sonrisa de triunfo se dibujó en su cara cuando los Maestros ya no podían verla.