Nota previa: Uhh... Bueno, este es algo largo y quizá se pueda hacer un poco pesado. Es una colección de fragmentos de los dos primeros días que Shaic y Carth pasan en Taris. Sí, es que es una parte algo rollo, pero necesitaba presentar ciertas cosas para que más adelante la historia se mantuviera. Pero en fin, qué leches, si habéis jugado a KOTOR conocéis la historia, si queréis os lo podéis saltar. Ya en el próximo empieza lo chachi, sale Bastila por fin y la historia empieza a tomar ritmo. Por favor, no dejéis el fic aquí, seguid un poquito más T.T os dejo con Shaic y Carth ^^


Shaic se hallaba en un estado entre el sueño y la inconsciencia, provocado por la conmoción de la explosión de la Espiral Endar y el impacto de la cápsula de salvamento con la superficie de Taris. Su mente estaba vacía, inactiva, pero sin embargo a veces pasaban por ella imágenes, escenas, como un sueño inconexo y fragmentado. Soñaba que veía a Bastila al fondo luchando contra un Sith, soñaba que Bastila era su enemiga, pero que no deseaba su muerte. En cualquier caso... era solo un sueño, y los sueños no suelen tener mucho sentido.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Bastila, Bastila... Todo el mundo parecía obsesionado con Bastila. Vale, sí, era una Jedi, pero es que estaban obsesionados. Desde que llegó a la Espiral Endar no había hecho otra cosa que oír su nombre. Y, de algún modo, algo en él se había despertado. Quería ayudar a Bastila, quería encontrarla. Pero por otro lado se revelaba a la importancia que todos le daban. ¡Solo era una Padawan!

Shaic trató de apartar estos pensamientos. Pensó que tal vez se sentía impotente siendo un simple soldado, que por eso le había incomodado que Carth le dijera que lo era, y se sentía pequeño al lado de los Jedi. En realidad no tenía nada en contra de Bastila. De hecho, sentía como si él también se hubiera contagiado de esa obsesión que todos tenían por la joven Padawan, y de alguna forma estaba seguro de que la Jedi que había salido en su extraño sueño era Bastila. Porque en los días que había pasado en la Espiral Endar, no había llegado a verla, y no sabía realmente casi nada de ella. Los interrogantes acerca de la misteriosa Jedi seguían creciendo, y ese halo de misterio que la envolvía cautivaba a Shaic. De modo que aprovechó que la conversación se había centrado en ese tema para intentar obtener más información de la Jedi.

– ¿Por qué es tan importante encontrar a Bastila? – preguntó.

– Ese golpe en la cabeza te hizo más daño de lo que pensaba – bromeó Carth, aunque no llegó a sonreír; Shaic comenzaba a sospechar que las sonrisas de Carth había que sacarlas con cuentagotas –. Bastila es una Jedi – explicó –. Estaba con el equipo de asalto que mató a Darth Revan, el Maestro Sith de Malak.

Es decir, que Bastila Shan... una Padawan... ¿mató al temido Lord Sith? Venga ya. Por algún motivo, esto le pareció de lo más cómico a Shaic, pero no lo mostró ante Carth. No se lo creía. Aunque era obvio que Carth pensaba así, y probablemente el resto de la galaxia creyese lo mismo. Pero no, Shaic estaba seguro de que Bastila jamás habría sido rival para el Señor Oscuro de los Sith. No llegó ni a preguntarse por qué seguía pensando en Revan como el Señor Oscuro de los Sith cuando ese título ahora correspondía a Malak, es como si tuviera asumido de algún modo que el poderoso era Revan. Y sintió que le desagradaba la idea, que le resultaba indignante que todo el mundo pensara que Bastila lo había matado. Era humillante para el difunto Lord Sith.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Caminando por los corredores que daban acceso a los apartamentos de Taris Norte, Shaic no podía pensar en nada más que en su rabia. Por el camino había estado hablando con Carth, y había descubierto que su compañero sospechaba que él tuvo la culpa de la destrucción de la Espiral Endar. ¡Cómo podía siquiera plantearse algo así! Shaic había intentado no darle demasiada importancia, pero le indignaba muchísimo que pudiera pensar eso de él, que odiaba a los Sith más que a nada y lo único que deseaba era aplastarlos. Y sabía que era importante mantener la colaboración de Carth, pero internamente cada vez estaba más enfadado.

No tardó en llegar a su destino: la fiesta sith. Se oía de lejos por la música y las risas, y Shaic sintió ganas de vomitar del asco que le daban todos ellos. Lo que le tocaba hacer ahora no le apetecía absolutamente nada -pasar un rato, quizá horas, rodeado de Sith, fingiendo que le caen bien y esperando a que se emborracharan para poder robarles las armaduras y entrar en la Ciudad Baja-, y se dio cuenta de que en cierto modo era mejor haber pasado aquel rato rabiando por el tema de Carth que pensando en su misión.

Cuando aún no estaban a la vista de los Sith, Shaic se giró hacia Carth, mirándolo por primera vez desde su discusión anterior.

– Será mejor que entre yo solo – le dijo, hablando con un tono hirientemente neutro –. Serna solo me invitó a mí y, en cualquier caso, si vamos dos a lo mejor hacemos que sospechen. Si solo voy yo, se sentirán a gusto creyendo que tienen el control.

– ¿Y qué propones que haga yo mientras tanto? – inquirió Carth, mirándolo con los ojos entrecerrados como si tratara de averiguar sus "verdaderas intenciones". Shaic decidió tomarse esto con humor mejor que enfadarse de verdad.

– No lo sé, Carth, ve donde quieras, pero mantente alejado. Ya sabes, necesito un poco de tiempo a solas con mis amigos los Sith para contarles todos nuestros planes y poder seguir traicionando a la República… – Había intentado tranquilizarse pero la rabia podía con él –. También podría simplemente haberte matado cuando estuvieras despistado y decir que fueron los Sith, pero esto es más entretenido.

Carth empezaba a estar también muy irritado.

– Esto no es un asunto de broma.

– Opino lo mismo. Te veré en el apartamento cuando haya conseguido los uniformes. Ahora déjame intentar salvar a Bastila y hacer el trabajo difícil mientras tú te dedicas a inventarte paranoias y hacerte la víctima, ¿de acuerdo? – dijo Shaic con sequedad y, sin esperar respuesta, se fue a la fiesta.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Cuando Shaic consiguió los uniformes, se había hecho tarde, así que pasaron la noche en el apartamento y a la mañana siguiente fueron a la Ciudad Baja. Pasar el ascensor fue más sencillo de lo que esperaban, pero nada más llegar les recibió un grupo de alienígenas pertenecientes a una de las bandas de moteros de la ciudad. Tras librarse de ellos, fueron a la Cantina de Javyar a ver si podían informarse sobre cómo llegar a la Ciudad Subterránea, o conseguir un mapa o algo. El ambiente era infinitamente más desagradable que en la cantina de la Ciudad Alta, con voces altas y violencia por todas partes. Shaic no pudo evitar fijarse en una twi'lek azul de baja estatura que había de espaldas a él, a pocos metros de distancia, discutiendo con dos rodianos. Incapaz de contener su curiosidad, Shaic se acercó.

– ¿A quién llamas "niñita", mofetudo? – decía la twi'lek, provocativa. A pesar de su tono seguro, tenía una voz muy infantil... Shaic la miró con más atención: ¡era una niña! Era una niña, aparentemente sola en la peligrosa cantina, y encima provocando a los rodianos... Shaic acercó la mano a la empuñadura de su espada, listo por si tenía que defender a la twi'lek de los cada vez más enfadados rodianos.

– ¡Niñita necesita lección de buenos modales! – dijo uno de los rodianos, sacando su arma. Shaic decidió esperar un momento más, intrigado por la aparente tranquilidad de la pequeña twi'lek.

– Un momento, chicos... – dijo –. Zalbaar, ¿me echas una mano? Necesito que les arranques las patas a unos insectos.

Shaic oyó una especie de rugido más allá y alzó la cabeza, buscando su origen, sobresaltado. Era un wookiee, una grande y temible criatura peluda, de afilados colmillos y garras. Shaic no había visto a muchos wookiees en persona, y se sintió un poco intimidado. Aun así, el wookiee siguió rugiendo, y Shaic descubrió que entendía lo que decía. Él sabía muchos idiomas y tenía un talento natural para ello, pero no recordaba haber estudiado nunca wookiee... Aquello era de lo más extraño.

– Mission, estoy ocupado – decía el wookiee –. ¡Acaban de traerme la comida!

– ¡Deja ya de quejarte! Puedes terminar de comer luego. Además, necesitas algo de ejercicio, así que ven aquí – respondió la joven twi'lek.

Sorprendentemente, el wookiee obedeció a la Twi'lek sin rechistar y se acercó a ella. Los rodianos, intimidados, retrocedieron unos pasos y miraron a la Twi'lek de mal humor.

– No queremos problemas con wookiee. ¡Nuestro problema contigo, niñita! – se quejó uno de ellos.

– Si tienes un problema conmigo, lo tienes con Big Z. Así que, a no ser que quieras vértelas con mi amigo peludo, será mejor que me dejes en paz.

– Niñita afortunada tiene amigo grande – masculló el otro wookiee, malhumorado, y los dos se fueron.

La joven twi'lek suspiró aburrida, como si estuviera acostumbrada a situaciones así, y miró a su alrededor. Su vista se detuvo sobre Shaic y Carth y se acercó a ellos.

– Digamos que no os conozco, y conozco a toda la gente de la Ciudad Baja. No sois de aquí, ¿verdad? – dijo a modo de saludo, con una sonrisa amable y entusiasta –. ¡Supongo que entonces Big Z y yo seremos tu comité oficial de recepción!

– Demostraste tener agallas enfrentándote a esos Vulkars. ¿Tienes nombre? – preguntó Carth.

– Mi nombre es Mission Vao, y este gran wookiee es mi mejor amigo, Zalbaar. ¿Hay algo en lo que pueda ayudaros? – la niña era sin duda encantadora.

Shaic sonrió.

– Buscamos información sobre la Ciudad Baja – contestó.

– Bien, ¡estás hablando con la persona indicada! – dijo Mission, encantada de poder ayudar –. ¡Si quieres información sobre Taris Bajo soy la mujer que buscas!

Shaic sonrió ante la palabra "mujer". Aquella niña realmente se creía una mujer, y resultaba graciosa y enternecedora. Pero sí que parecía estar enterada de muchas cosas, y aunque no había esperado que su fuente de información fuera precisamente una twi'lek adolescente, le preguntó lo que necesitaba saber. Durante un rato, hablaron sobre la Ciudad Baja, la Ciudad Subterránea, los Vulkars Negros, los Beks Ocultos, los Rakghouls, Davik Kang y sus cazarrecompensas... Finalmente, ella se fue, diciendo que prefería estar en la base de los Beks Ocultos.

Gracias a ella al menos ya sabía ubicarse por la ciudad, y sabía que no iba a ser fácil acceder a la Ciudad Subterránea. Se quedarían un rato en la cantina a ver si averiguaban algo más, pero probablemente su siguiente paso sería ir a la base Bek a hablar con el líder de los Beks Ocultos, Gadon Thek.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Shaic salió de la base Bek, ensimismado. ¿Bastila, una esclava? No le gustaba nada esa idea. Tenía que rescatarla cuanto antes. Ir a la Ciudad Subterránea y rodearse de Rakghoul, entrar en la base Vulkar, enfrentarse a infinidad de Vulkars y robar un acelerador, ganar una carrera de swoops cuando nunca había pilotado una... Todo eso era irrelevante. Había que salvar a Bastila, y eso era lo importante. No importaba qué hubiera que hacer para lograrlo.

Oyó el sonido metálico de una espada desenvainándose y alzó la cabeza, sobresaltado. Vulkars Negros. Cinco Vulkars negros les estaban tendiendo una emboscada. Shaic suspiró y sacó su propia espada. No había tiempo para peleas como aquella.

El conflicto comenzó y se desarrolló del mismo modo que el que les sirvió de bienvenida a la Ciudad Baja: Carth disparando con su pistola a distancia y Shaic rodeado completamente por los Vulkars. En principio iba bien; Carth había matado a un Vulkar y Shaic a otro, pero Shaic no dejaba de pensar que no estaba rindiendo al máximo, que le faltaba... algo... algún tipo de poder que siempre hubiera podido usar y ahora le rehuyera. Además, le parecía que su mano izquierda estaba desaprobechada, y sentía grandes deseos de empuñar un segundo arma con ella. Se sentía inválido con la mano vacía. Entonces, la espada de uno de los Vulkars restantes atravesó la armadura de Shaic, hiriéndole la pierna. Shaic contuvo un alarido de dolor y se esforzó por apoyar casi todo el peso de su cuerpo sobre su otra pierna, pero eso le hacía perder el equilibrio y pelear peor. Volvió a sentirse inválido.

– ¡Carth, tu espada! – gritó Shaic, que ya no podía más con una sola espada.

Carth quedó un poco desconcertado, pero le lanzó la espada a Shaic, quien la cogió al vuelo con la mano izquierda. Shaic sintió que la espada se convertía en un alargamiento más de su propio cuerpo, que ahora se sentía más completo, aunque no del todo. Con fuerzas renovadas, comenzó a atacar a los tres Vulkars restantes. El que había sacado su pistola para atacar a Carth aprovechando que sus dos compañeros estaban distrayendo a Shaic tuvo que volver a usar su espada, pero ni eso le fue suficiente, y no tardaron en caer los tres al suelo, muertos.

Carth se acercó a Shaic.

– Estás herido – dijo, asustado, pues no sabía cómo de grave era.

– Sobreviviré – contestó él, intentando quitarle importancia, y usó un botiquín.

Shaic se agachó sobre los cuerpos de los Vulkars para cogerles el dinero que llevaban encima. Era algo despreciable, pero su situación era desesperada y necesitaban los créditos. De paso, cogió la espada de uno de ellos y le tendió a Carth la suya.

– He descubierto que lucho mejor con dos espadas – comentó.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

En la puerta que separaba el poblado de proscritos del resto de la Ciudad Subterránea, Carth y Shaic se encontraron con una llamativa escena: Un proscrito trataba de regresar al poblado, seguido de cerca por un Rakghoul, una criatura grande, fuerte y musculosa de color blanco y aspecto repulsivo y temible, mientras una mujer observaba con atención, esperando que el hombre se salvara, pero el guardián de la puerta se negaba a abrirla.

– Hazle abrir la puerta, Morador del Supramundo – suplicó la mujer a Shaic, desesperada –. ¡Si no lo hace, Hendar morirá!

Antes de que Shaic pudiera contestar, el guardia de la puerta volvió a hablar:

– No puedo abrir la puerta... No mientras los Rakghouls anden tan cerca.

Shaic pensó en convencer al hombre para que abriera la puerta e intentar salvar al proscrito del Rakghoul... pero cambió de idea. No sabía cómo de peligrosos podían ser aquellas bestias, ni si habría más en los alrededores. No solo le preocupaba morir a causa del Rakghoul, sino también que, si fracasaba, invadiría todo el poblado y sería el fin de los proscritos. No estaba seguro de poder hacerlo, y se planteó decir que la mantuviera cerrada, pero en ese instante el proscrito llegó ante la puerta, jadeando, mientras el Rakghoul se acercaba velozmente. ¿Qué debía hacer? ¿Realmente iba a ser capaz de dejar que aquel hombre muriera sin intentar siquiera ayudarlo? Era una decisión difícil, y no había mucho tiempo. Finalmente, habló:

– Abre la puerta... Mataré al Rakghoul.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Apenas habían dado unos pasos en la Ciudad Subterránea, fuera de los seguros límites del poblado de proscritos, cuando una alarmada Mission Vao se abalanzó sobre ellos gritando frases sin sentido. Estaba muy alterada.

Shaic la acababa de conocer, pero de alguna forma, sólo por la breve conversación que habían tenido en la cantina, se había encariñado con ella. Desde luego era fácil encariñarse con ella.

– Tranquilízate, Mission. Respira hondo y cuéntame lo que pasó – le dijo.

Mission se dio cuenta de que así no iba a conseguir nada, así que trató de hablar más despacio. Le contó que unos gamorreanos habían capturado a Zalbaar y que lo iban a vender como esclavo, y le pidió, le suplicó que la ayudara a salvarlo.

"Bastila", pensó Shaic. Tenía que entrar ya en la base Vulkar si quería salvar a Bastila, no podía rescatar al wookiee... Shaic miró a Mission con culpabilidad, mientras sentía que se le iba a caer la cara de vergüenza cuando se negar a ayudar y aún así le pidiera que le enseñara el modo de entrar en la base Vulkar. Al mirarla, se volvió a dar cuenta de que, aunque aparentaba ser mayor y madura, era solo una niña, una niña indefensa que probablemente no tuviera familia, o no andaría siempre sola por la ciudad. Y perdida en medio de la Ciudad Subterránea sin su compañero wookiee, probablemente no duraría mucho, a pesar de su valentía. Estaba desesperada y perdida; realmente dependía de aquel wookiee. Y, de nuevo, le enternecía, así que decidió ayudarla. Pero no podía olvidar a Bastila.

– Si te ayudo a rescatar a Zalbaar, tú me dirás cómo entrar en la base de los Vulkars Negros – le dijo Shaic. Al oírlo, los ojos de Mission tomaron al fin un brillo de esperanza. Por algún motivo, Mission confiaba en Shaic.

– Trato hecho – dijo –. ¡En cuanto rescatemos a Big Z, te enseñaré la forma de entrar en la base Vulkar! Ahora vamos. ¡Tenemos que encontrar a Zalbaar antes de que lo vendan como esclavo, o algo peor!

– ¿Tienes idea de dónde lo tienen? – preguntó Carth.

– Los gamorreanos acampan en las cloacas. Apuesto a que es ahí donde tienen a Zalbaar, y es ahí donde te enseñaré la entrada secreta a la base.

– Entonces, vamos – dijo Shaic, mirando a Mission de forma tranquilizadora y amable –. Pero antes, vamos a comprarte una armadura – añadió y señaló el poblado de proscritos. Quería que Mission estuviera segura. Sentía la necesidad de... protegerla, tal vez por la sensación que daba de criatura indefensa y frágil, a pesar de que era lo que ella menos quería aparentar.

Era un simple gesto, pero eso hizo a Mission sentirse dentro del grupo, aunque solo fuera a estar con ellos hasta que entraran en la base Vulkar. Pero se sentía aceptada como miembro, y eso era algo que no había sentido nunca, ni con los Beks Ocultos, ni si quiera con su hermano.

Mission sonrió, agradecida, y los tres volvieron al poblado.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

– ¡Es Canderous Ordo! – dijo el mercenario de Davik con respeto y admiración –. Es el mercenario mandaloriano más famoso de este sector de la galaxia.

Un... mandaloriano. Shaic volvió a mirar a Canderous con algo de desprecio. Se suponía que tenía que sentir desprecio por los mandalorianos, ¿no? Ellos habían provocado las guerras mandalorianas, matando a infinidad de gente y tratando de destruir la República... Le tenían que disgustar. Pero, ¿realmente le disgustaban? Shaic miraba a Canderous y veía en él a un mercenario normal, como otro cualquiera. Despreciar a todos los mandalorianos, por el hecho de serlo, era racista. La pregunta seguía en el aire. ¿Realmente le disgustaba?

Shaic no sabía la respuesta a esa pregunta. Shaic no sabía la respuesta a muchas preguntas, en realidad. Los últimos días se había estado dando cuenta de que tenía unas opiniones muy poco elaboradas sobre la mayoría de las cosas. Si se ponía a pensar, en realidad no había nada de lo que estuviera seguro, aparte de su amor por la República y su deseo de salvar a Bastila. Pero no tenía una opinión concreta sobre nada, ni sobre cosas importantes como los Jedi, los Sith y la Fuerza -los Jedi eran los buenos, los Sith eran los malos y la Fuerza era poderosa, pero nunca se había planteado mucho más- hasta cosas insignificantes como si le gustaba o no el color verde. Este hecho le causaba gran confusión. Es como si durante toda su vida hubiera estado viviendo de forma muy pasiva respecto a todo, como si nunca hubiera profundizado en nada. Lo único que era capaz de sentir con intensidad era su lealtad a la República, pero esto le hacía preguntarse: ¿Por qué? Es decir, la República, la democracia, eran cosas que debían preservarse, pero no tenía sentido que fuera tan fiel a la República cuando, aparentemente, todo le daba igual.

En realidad no era cierto que todo le daba igual. Estaba conociéndose a sí mismo, y estaba conociendo a una persona de todo menos pasiva y apática. Pero tenía la sensación de que antes no era así, más que nada porque en sus recuerdos no encontraba un ápice de emoción o interés por nada. Pero tampoco podía estar seguro sobre si antes era así, porque ¿cómo era antes? Shaic se dio cuenta de que no sabía quién era, que durante toda su vida había estado actuando como alguien sin identidad. No sabía por qué había ocurrido esto, pero, al menos ahora, sí tenía identidad, y no había tiempo ni necesidad de ponerse a darle vueltas a este tema filosófico-existencial en medio de la Ciudad Subterránea, rodeado de Rakghouls y frente a un mandaloriano.

Shaic se dio cuenta de que Canderous comenzaba a mirarlo raro por su repentino silencio. Lo miró a los ojos y lo analizó mentalmente: Orgulloso, altivo y despectivo, destructivo, probablemente venerador del honor y la destrucción. Patético. No, no le gustaban los mandalorianos, pero... tampoco debía adoptar una actitud racista cada vez que viera uno. Le daría una oportunidad.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

– Supongo que esto significa que también estarás conmigo. Donde quiera que vaya Big Z, iré yo. Casi lo pierdo una vez, y no va a volver a suceder – dijo Mission tras el juramento de vida de Zalbaar.

Un wookiee y una twi'lek adolescente... No eran precisamente los compañeros ideales en sus batallas contra el Imperio Sith de Malak. Aunque siempre era de agradecer la fortaleza de los wookiees, y la habilidad de Mission era espléndida, Shaic sabía que no iba a poder dejarlos ir con él. Sin embargo, el tiempo volaba y no era momento de discutir aquello. Tenían que recuperar el prototipo de acelerador ya, y además, mientras buscaban a Bastila e intentaban salir del planeta, sí que podría dejar que Zalbaar y Mission estuvieran con él. Así que Shaic decidió no oponerse; ya lo hablarían más tarde.

– Me alegro de tenerte a bordo, Mission – le dijo con algo de cariño, y Mission sonrió.


Nota: seeh, se nota que me encanta Mission ¿eh? Espero que compartáis mi opinión, ya que a lo largo de esta historia intentaré darle bastante importancia, bastantes más diálogos de los pocos (desgraciadamente) que salen en el juego. Si no os gusta Mission podéis acabar hartos xD

Y eso. Por favor necesito vuestras opiniones, aunque sea para ponerme a parir, y si no estoy de acuerdo y se abre un debate por ello, mejor que mejor ^^ creo que es una buena cosa intercambiar opiniones sobre Revan, ya que es un personaje tan variable según quién juegue y qué decisiones tome, que me parece que es interesante verlo desde diferentes ángulos. Así que, por favor, no os cortéis. No me importa si hacéis una review enorme de diez párrafos; de hecho, me encantaría encontrarme con algo así. Nos leemos!