Holaaaaaaaa! Bueno pues ya vuelvo a estar aquí again con un nuevo capitulo! =D

Bueno que decir... Este capitulo en mi opinión me ha salido algo largo y un poco precipitado, pero es que tengo que ponerle acción por qué si no os rayareís! XD Lo que quiero decir con esto, es que no me acaba de convencer el maldito capitulo! e_e Y si no os gusta, creedme, lo entenderé.

Otra cosa antes de dejaros con la lectura (bueno ahora que lo pienso son dos cosas); la primera, es que he estado pensado en que me apetecería subir otro fic pero este contendría un personaje inventado. Es decir el argumento sería algo así de que una chica de la misma epoca que Kagome, llega a la otra epoca y ahí se encuentra con Sesshomaru *¬* y viajan y blablabla. Aún no tengo la historia en mente pero tengo ganas de hacerlo xD ¿Qué os parece la idea?

La segunda cosa es que me he dado cuenta de que mucha gente tiene mi fic en favoritos (¡muchas gracias! T^T) pero que sin embargo no me dejan reviews u_u a ver, no quiero ser frivola en plan: "reviews, reviews, revieeews *¬*" pero jo, si que me motivan un poquito. Así que por favor, quien lea que me deje algo cortito aunque sea una parida! xD

Bien dicho tooooodo esto, ¡aquí os dejo el capitulo de hoy! ¡Gracias por leer y espero que os guste!


Aquella misma mano que la había cogido tenazmente por la muñeca ahora estaba bajo su mentón haciendo un mínimo de fuerza para levantarle el rostro. Rin por su parte no puso ningún tipo de resistencia en aquel movimiento pero en cuanto ya estuvo frente a él, cara a cara, simplemente cerró los ojos y se dejó hacer.

La mano de Sesshomaru se deslizó desde su mentón hasta la zona de su mandíbula en una ligera caricia y allí, con su pulgar, paró una pequeña lágrima que se deslizaba mejilla abajo. Rin respiró pausada y profundamente, encantada y extasiada con aquel contacto tan intimo que estaba teniendo con su señor. Con los ojos cerrados la joven no podía verle la cara pero al menos podía disfrutar mucho más aquel gesto que le gustó tanto que se prometió a si misma que guardaría ese recuerdo para siempre.

Pero justo cuando empezaba a sentirse mejor, repentinamente, la joven, dejó de notar aquel contacto tan maravilloso de su señor. Un contacto que le había calmado sus nervios y sus temores.

- Aún estás a tiempo de volver a casa .- le dijo con la misma indiferencia de siempre. - ¿Qué importa un día o un año? El final acabará siendo igual.

En cuanto oyó aquella frase, Rin abrió los ojos desmesuradamente y se apartó del youkai unos pasos atrás.

– ¿Quie... ¿Quiere decir qué...? - la joven no logró acabar la frase. Una separación.

Por dios, rezó Rin mentalmente, que no sea lo que me temo.

- Quiero decir que cuando acabe nuestro acuerdo de un año, te irás y no volverás nunca más. Y si te vas ahora será lo mismo, te irás y no volverás. Ya has pasado a mi lado unas cuantas horas. ¿Era eso lo que querías no? Bien, pues en ves de rebajarte a trabajar puedes irte. - Rin recibió aquellas palabras como si se tratasen de unas cuchilladas de lo más afiladas. En efecto, le estaba hablando de su separación. No... Peor aún, le estaba ofreciendo que se fuera ya mismo. - Estoy dispuesto a llevarte yo mismo a la aldea. - continuó Sesshomaru inmutándose de las nuevas lágrimas de la joven.

- Usted... - empezó a decir mientras agachaba la cabeza - Usted es un youkai... Para usted, un ser que vive cientos de años, una hora, un día y un año son casi lo mismo pero ... para un humano como yo... no.

- ¿Y qué tiene que ver esta vulgar diferencia con lo que te estoy proponiendo? - inquirió el Daiyoukai.

– Sesshomaru-sama, si usted me dice que... que... - La joven no pudo continuar hablando, las lágrimas la estaban ahogando. - Que no nos volveremos a ver nunca más... lo siento mucho pero yo lo único que puedo hacer es... ¡es quedarme el mayor tiempo posible con usted! - después de haber exclamado aquella ultima frase Rin se tapó inmediatamente la boca. ¿Qué estaba diciendo? No. ¿Qué diablos estaba haciendo? Esa no era la manera para decirle que quería estar con él no un año, si no toda una vida. - Si... si me disculpa. -Y dicho esto, una temerosa Rin esquivó a Sesshomaru y entró corriendo a su diminuta habitación dando un gran portazo.

En cuanto estuvo dentro, la joven se abalanzó contra el viejo futón doblado al rincón de la sala y se cubrió la cara con los brazos y ahogó sus llantos para que él no lograra escucharla.

Por dios, que ridícula había sido. Por dios, que débil era. Creía haber madurado desde la muerte de sus padres pero en realidad seguía siendo igual de niña y débil que siempre. Y lo peor de todo era que se lo acababa de demostrar una vez más en el mismo día a su señor. ¿Qué pensaría de ella ahora? ¿Qué no hacía otra cosa que llorar?

¿Por qué no le había dicho lo que sentía sin tapujos? Decirle que quería estar de nuevo junto a él para siempre tal y como se dijo de pequeña. Decirle que si el no estaba su lado se sentía vacía y sola. Decirle que volviera a ser el mismo Sesshomaru-sama de antes, que la protegiera de cualquier mal y la mimara indirectamente. ¿Por qué tenía miedo? ¿Por qué lloraba como una débil más?

- Vete preparando, partiremos de aquí a diez minutos.

Rin que estaba completamente encismada en sus pensamientos, en cuanto oyó aquella grave voz salir de la nada detrás suyo, pegó un grito y se levantó posicionandose de frente en un afán de defenderse. Pero en cuanto vio que se trataba de Sesshomaru relajó los músculos de su cuerpo y se dejó caer arriba del futón. ¿qué acababa de decir?

- Preparate. Nos vamos. - le dijo Sesshomaru como si le hubiese leído la mente.

- ¿Ir.. a donde? - preguntó Rin confusa.

- A la aldea.

A la aldea. Volver. Volver con todos... Con Kaede-sama, Inuyasha, Kagome y la pequeña Satsuki. Volver a ver a Shippo-kun y a Kohaku-kun... A sango, Miroku y sus pequeños. Volver a vivir cada día pacíficamente. Vivir entre sonrisas y buenas maneras por parte de los aldeanos y no con miradas de desprecio y patadas...

Si, tan sólo estaba en aquel lugar desde hacía un par de horas y la joven ya se moría de ganas por volver a su hogar.

Hogar... Siempre había pensado que allá donde estuviese Sesshomaru sería su hogar sin embargo ahora... ¿Todo había acabado entre ellos no? Sesshomaru despreciaba a los humanos, incluido a Rin. ¿Entonces que hacía ella en aquel lugar si ya estaba todo perdido?

- Yo... - Rin se calló. Estaba dudando entre Sesshomaru su protector que la despreciaba, y sus amigos que la querían. - No ha entendido nada... - Dijo sin ser del todo consciente. - Le he dicho que para mi, un año es mucho. Si... si ésta es la ultima vez que podré estar a su lado. Quiero... quiero que al menos sea duradera... No pienso ir a ningún lugar. Me voy a quedar aquí. - La propia Rin se sorprendió por lo que acababa de decir. Era como si no estuviese hablando ella. Era como si... su corazón, y no su cerebro, estuviese controlando su cuerpo... - Le prometo que mientras esté voy trabajar duro y no volveré a llorar ni a ser débil. Aguantaré todo lo necesario, con tal de estar con usted.

Sesshomaru no dijo nada. Simplemente se la quedó mirando como siempre. No, como siempre no. Algo había cambiado en él. Rin se fijó en su rostro y vio que algo en su mirada había cambiado, no era la misma frialdad de siempre. Era... ¿sorpresa? ¿El frío Daiyoukai del oeste estaba sorprendido?

El Daiyoukai quien se había dado cuenta de aquel escrutinio que le estaba haciendo se dio la vuelta y se fue con el mismo ruido que había echo al entrar.

No supo el por que, pero Rin estuvo segura de que lo había convencido. No se iba a ir a ningún lado. Todavía estaba sorprendida por su propia reacción, pero finalmente se llevó la mano al corazón y con una pequeña sonrisa susurró un "gracias"

Volvería a casa. Volvería con todo de eso estaba segura. Pero no sería hasta al cabo de un año. Viviría con Sesshomaru durante un año por más que las cosas entre ellos estuviesen perdidas. Por más que la patearan y la despreciaran los demás y después... volvería a casa.

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Hiyori fue más que puntual a la hora de ir a buscarla.

Justo cuando los primeros rayos de luz empezaban a penetrar en la pequeña habitación, la ama de llaves entró sin tan siquiera llamar a la puerta.

Afortunadamente, Rin solía levantarse siempre a aquellas horas para ir a cazar algo para el desayuno junto con la anciana Kaede, así que ya estaba más que acostumbrada a levantarse pronto.

Hiyori pareció estar satisfecha con ella ya que en cuanto la vio de pie y preparada asintió con la cabeza.

No hubo ningún tipo de palabras después de aquel gesto, simplemente la ama de llaves salió de ahí y Rin supo enseguida que debía seguirla y así lo hizo. Pasaron como de costumbre por todos los pasillos hasta que finalmente llegó en una sala que era mucho más grande que su propia cabaña de la aldea.

Varios pistas como una larga mesa repleta de comida, el humo que provenía de un enorme horno y las diferentes olores a hierbas y comida le indicó a Rin que estaba en la cocina.

Miró todo a su alrededor prestando una total atención al más mínimo detalle hasta que Hiyori se dirigió a ella.

- Siéntate ahí. - le dijo mientras le señalaba una pequeña mesa apartada. - Kazumi, la cocinera, enseguida te traerá algo para desayunar. Volveré dentro de veinte minutos para buscarte. Espero que para entonces ya hayas acabado. - Y dicho esto la anciana youkai se fue mientras que otra anciana, quien debía ser la cocinera Kazumi vino hacía Rin con una bandeja cargada con un bol de arroz y otro con sopa y una taza de té verde.

A diferencia de las youkais de anoche, a Kazumi su presencia humana debía causarle indiferencia puesto que en cuanto estuvieron una frente a la otra a solas no la miró ni tampoco reprochó nada, simplemente le dejó la comida y se volvió a su lugar para continuar con sus tareas.

Rin comió encantada, la comida a pesar de ser de lo más simple era realmente deliciosa y agradecida por ello, en cuanto acabó de comer, le llevó todo de nuevo a Kazumi para evitarle un ir y volver y le sonrió.

- Gracias por la comida Kazumi-san, estaba deliciosa.

- No tienes que agradecer nada muchacha. Simplemente cumplo ordenes. - contestó la youkai mientras seguía con su tarea de pelar unas hojas.

- Aún así, gracias. - Y dicho esto Rin volvió a su lugar y esperó a que volviera Hiyori.

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Los trabajos que Rin probó de hacer durante todo el día, desde buena mañana hasta ya bien entrada la tarde, fueron mucho y sobretodo variados.

El problema o la causa de tanto cambio de tarea no era Rin, ya que la chica lo hacía todo perfectamente y con rapidez, el problema eran los otros que trabajaban con ella; los youkais.

La joven trabajaba tan bien y de forma tan rápida ella sola que parecía que todos los demás no hiciesen ninguna falta. Por si no fuese ya poco su humillación... Era humana, y eso era totalmente imperdonable para ellos.

Hiyori, aunque no lo demostrara, temía que la joven tuviese más problemas con los youkais por culpa de eso y también temía que la trataran como una esclava, que le obligaran a realizar todo el trabajo ella sola. Por eso mismo la ama de llaves le fue buscando trabajos en los que la joven pudiese hacer sola y entre compañía más pacifica.

Finalmente, después de probar una decena de tareas como mínimo, según Hiyori había encontrado trabajo ideal para ella, el cuidado de los jardines.

A pesa de que el castillo contaba con tres enormes jardines y un enorme huerto tan sólo habían dos youkais que se encargaban de eso. Se trataba de un matrimonio a los que las habilidades de la joven no les supuso ningún problema si no más bien una alegría ya que siendo tan sólo dos para tanto trabajo cualquier ayuda fuese youkai o humano era bienvenida.

Trataron a Rin con educación y respeto pero eso si, tan sólo le dirigieron la palabra cuando era estrictamente necesario. Aún así, Hiyori supo enseguida que Rin quedaba en buenas manos. La joven estaría ocupada y al aire libre y lo más importante, podría sobrevivir unas cuantas semanas más como mínimo en aquel lugar.

Mientras Hiyori volvía al interior del castillo dejando a la muchacha con el matrimonio se preguntó en que diablos estaría pensando su señor en permitir que una joven humana viviera sola entre tantos enemigos.

Sin lugar a dudas aquella muchacha era mucho más importante que una vulgar prostituta del amo como rumoreaban los demás sirvientes. Sesshomaru ya contaba con su propio harem de concubinas youkais. ¿Por qué habría de querer una humana?

¿Acaso el amo estaba siguiendo los pasos de su padre?

Hiyori negó con la cabeza. Como podía pensar algo así, no cabía duda de que el amo despreciaba a los humanos. Pero si ese era el caso... ¿Qué hacía la muchacha en aquel lugar?

El ama de llaves volvió a negar con la cabeza. Si algún día llegaba a entender a su amo, se retiraría del trabajo.

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Los fríos y cortos días de diciembre fueron dando paso al peor mes del invierno. Enero, lo cual significaba que Rin había pasado ya un mes viviendo en aquel lugar.

Un mes en el que tan sólo vio a Sesshomaru seis veces y las seis fueron desde una distancia en la que tan sólo pudo saber que se trataba de él, cuando un punto verde, que la joven supuso que sería Jaken, corría desesperadamente detrás de un punto blanco un poco más alto.

Lo días, al igual que en la aldea, le pasaban de forma lenta y rutinaria.

Se levantaba cada día al amanecer y tras el desayuno, se quedaba en la cocina junto con Kazumi y Rei ayudándolas a pelar verduras y a limpiar platos.

Desde que las primeras nevadas empezaron a caer en forma de fuertes tormentas por las noches, el jardín ya no necesitaba ningún tipo de cuidado ya que los arboles estaban completamente pelados y todo quedaba oculto bajo la nieve. Así pues Kazanosuke fué destinado a trabajar en los establos y Rei fue destinada junto a Rin en la cocina.

Su relación con los demás sirvientes había mejorado considerablemente en aquel mes de convivencia. Todos se había acostumbrado ya a su presencia y a su olor. Era cierto que todavía había algunas, ya que sobre todo eran las mujeres, que la seguían despreciando como el primer día pero los ancianos y los más jóvenes hablaban con Rin como si fuese una más. En especial Kazumi, Rei y Kazanosuke quienes se habían convertido en sus únicos amigos en el castillo.

No sólo su trabajo y su relación con los demás había mejorado para bien si no que además, gracias a Sesshomaru quien le había dejado un halcón sólo para ella y proporcionado papel y tinta, a principios del mes de enero Rin empezó a comunicarse por cartas con sus amigos de la aldea y cada vez que recibía una carta y la leía, durante una semana Rin se transformaba en la joven más feliz de todo el castillo.

Lo había pasado muy mal los primeros días, pero ahora que estaba acostumbrada al trabajo y a los youkais, ahora que podía contar con amigos en aquel lugar, Rin supo que sería capaz de aguantar un año y hasta incluso más en aquel castillo.

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Mientras que aquella youkai nekomusume se le arrimaba provocativamente en el cuello, él pensó en lo que acababa de decirle. La anciana trabajaba lealmente para su familia desde que él todavía era un niño así que todo lo que le decía había que tomarlo en cuenta.

Pensó en que cuanto más desagradable fuese su estancia aquí antes le rogaría que la llevara de vuelta, pero sin embargo había hecho tanto por protegerla antaño que ahora le resultaba de lo más extraño quedarse de brazos cruzados sin hacer nada.

- ¿Señor? - insistió la vieja al no obtener ninguna respuesta.

- A ti también te ha conquistado. - No era una pregunta si no más bien una acusación. Sabía perfectamente que en aquel mes que habían pasado ya, la anciana rondaba siempre cerca de ella como un guardián para evitar nuevos ataques. ¿Debía felicitarla o regañarla? – Jaken.

- ¿Si amo? - preguntó el pequeño youkai verde.

- A partir de hoy te mantendrás a su lado y la vigilarás constantemente tanto de día como de noche. - le dijo el Daiyoukai mientras apartaba de mala manera la concubina que tenía encima. - Si ves que tienes ocasión recuerdale que puede volver a casa cuando quiera.

En realidad todo aquello de supervisar su trabajo y persuadirla que volviera a su hogar no era más que un simple escusa para ocultar algo mucho más profundo en su interior. Su verdadera intención era protegerla.

Una vez más.

Maldito sea, ¿por qué incluso queriendo ser de lo más desagradable acababa complaciendola? ¿Qué más le daba si la maltrataban o si la traban bien? ¿Que más le daba si pasaba frío por las noches? Lo mejor sería que viviese en condiciones espantosas hasta que llegara un punto en el que no podría aguantar más y se fuera de una vez por todas.

Pero no, el Daiyoukai era demasiado débil y tenía que proteger a aquella miserable humana si o si.

Le había enviado a dormir, en un pasillo en el que sólo ella ocupaba una habitación y había trasladado a Hiyori y a Jaken cerca de ella para que no le hicieran nada durante la noche. Había castigado a la youkai que había empezado la pelea dando por entender que la humana era intocable. Le había enviado un brasero y más mantas para que no pasara tanto frío por la noche, le había enviado ropa nueva y papel y tinta para que pudiese escribirle a sus amigos...

¿Pero en que demonios estaría pensando?

Un sutil ira lo fue invadiendo a medida que sus pensamientos iban recordando todo lo que hacía por la humana a pesar de que quería que lo pasara mal y que se fuera de sus dominios de una vez.

Tendría que haberse negado desde el principio. Tendría que echarla a patadas si tanto quería que se fuera y no todas esas paparruchas. Pero no, había cedido una vez más ante sus pies como lo había echo antaño. Había vuelto a ceder, y no sería la ultima vez.

- Largo.- Dijo con voz furiosa y imperativa.

Tanto el ama de llaves como el fiel vasallo no se hicieron rogar. En cuanto su amo utilizaba aquel tono había que salir de su vista inmediatamente si uno no quería morir.

En cuanto los dos sirvientes cerraron la puerta a su ida, la joven youkai se le acercó a él provocativamente y le pasó sus brazos por el cuello masculino una vez más.

- Mmmm Sesshomaru-sama... - ronroneó la nekomusume mientras se abrazaba al Daiyoukai. -¿Por que se preocupa tanto por aquella miserable humana de poca monta? Cualquiera diría que se preocupa por ella y lo tomarían por algo débil. ¿no?

- ¿En serio? - preguntó el Daiyoukai desafiante.

En cuanto la nekomusume vio aquellos ojos resplandecientes de ira sintió que se le encogía el corazón y que todo el cuarto se le venía encima. Su instinto le dijo que le soltara y que huyera en cuanto antes. Pero lamentablemente su instinto no le avisó con suficiente antelación.

Pobrecita, se compadeció Jaken al sentir una fuerte olor a sangre que emanaba de la alcoba de su señor, eso le pasa por provocarlo.

Varias horas después, cuando el vasallo entró corriendo como un desesperado en la habitación de su señor, lo primero que pudo ver fue el cuerpo inerte de la youkai en medio de un gran charco de sangre.

Esa visión borró por completo el motivo del cual había venido tan alarmado.

No pensaba nada, simplemente contemplaba como si estuviese hipnotizado por aquel cuerpo tirado de cualquier manera.

- ¿Qué ocurre? - Preguntó el Daiyoukai quien estaba sentado al fondo de la sala contra la ventana.

El pequeño youkai pareció despertar inmediatamente, pero en cuanto recordó el por qué había venido se quedó mudo del miedo.

Dios mío... En cuanto se lo diga me matara como aquella ilusa. Pensó Jaken mientras perdía todo el color.

- Habla. - le exigió el Daiyoukai.

- Se-Sesshomaru- sama... Es Rin señor... La... La han atacado.


bwajajajajajaja! XD Os he dejado con la intriga eeeeeh!
Como ya he dicho arriba he adelantado el ritmo de la historia, ha pasado ya un mes y parece que las cosas van a mejor. ¿O quizás no?

¿Os ha gustado? =3

Espero que si aunque sea un capitulo cutre ¬¬

En fin, debo deciros que el proximo capitulo ya lo tengo bastante adelantado así que creo que actualizaré más bien pronto! =D

Así que nah, lo de siempre. ¡Gracias por leer!