Holaaaaaaaaaaaaa

Bueno bueno, después de mucho mucho mucho tiempo vuelvo a estar aquí con un nuevo capitulo que sinceramente no sé si os gustará ya que es un poco soso pero enfaint... Así es la life y habrá que conformarse.

O prometo que intentaré y lo digo en grande INTENTARE actualizar más a menudo ya que muchas de vosotras habeis reclamado actualizacion (y me siento muy halagado por ello gracias) y nah... no sé que decir sinceramente. Seguramente muchas de vosotras me queréis matar por el retraso, otras os pensareis que lo he abandonado así que ya no os pasáis por aquí a leer así que no espero mucho XD

En fin, de todos modos espero que os guste.

Muchas gracias a todas aquellas que hayan comentado (os lo agradezco mucho de veras). Nah, Gracias por leer ~


Hiyori entró en la sala y cerró la puerta tras ella dejando a Rin sola en medio del pasillo, en medio de sus sentimientos que, en aquel momento, estaban totalmente descontrolados.

Su cuerpo le temblaba como una hoja sin que pudiese ponerle remedio, sentía como su rostro perdía todo el color, la respiración se le volvía cada vez más dificultosa y lo único que podía oír eran los fuertes latidos de su corazón que le impedían pensar de forma coherente.

¿Por qué estaba tan nerviosa? ¿Por qué se estaba comportando como si estuviese a punto de enfrentarse a una muerte segura? ¿Por qué …? ¿Era así como pensaba presentarse ante Sesshomaru? Nunca le había temido... Ni siquiera cuando era una niña huerfana... ¡Al contrario! siempre que estaba junto a él se sentía feliz y a salvo. Ocurriese lo que ocurriese sabía que Sesshomaru iría a rescatarla. Entonces... ¿Por qué ahora estaba en aquel estado? ¡¿Por qué era tan condenadamente tonta?¡

Justo cuando Rin estaba por pegarse a si misma una bofetada por lo tonta que podía llegar a ser, Hiyori salió de la habitación y la miró fijamente. Jaken, quien iba detrás de ella, también se quedó mirando a la joven humana fijamente, como si fuese la primera vez que la viera. Como si acabará de salirle algo en la cara y no supiera identificar que es. ¿Tanto se le notaba que estaba muerta miedo?

- Sesshomaru-sama te está esperando. - Le dijo Hiyori antes de que Jaken pudiese decir algo -. Cuentale lo que te ha pasado y ni se te ocurra mentirle como me lo has hecho a mi.

- Lo siento mucho Hiyori-san...

- Da igual dejalo. - le respondio mientras le daba la espalda. - Vamos, entra. No hagas esperar al amo.

La joven asintió, y vio como la anciana acompañada por Jaken se iban por el pasillo sin decir nada.

Rin cogió un par de bocanadas de aire y, con la mano en el corazón, trato de serenarse. Sesshomaru no iba a hacerle ningún mal. ¿Acaso no había arriesgado su propia vida en más de una ocasión para protegerla o salvarla? ¡Qué demonios! ¿No había llorado tantas tardes y tantas noches porque nunca lo veía aparecer? ¿No había suplicado a Inuyasha y hasta incluso al propio Sesshomaru con tal de quedarse quedarse junto a él? ¿No había aguantado tanto para verlo? ¿No se quejaba porque lo veía?

¡Venga Rin! se dijo, no seas estupida. Podrás verlo y hablar con él aunque sólo sea por un par de minutos.

La joven cogió una ultima bocanada de aire y con la espalda bien recta y la cabeza en alto entró en la habitación con pasos decididos.

Sesshomaru, quien estaba en la cabecera de una larga mesa, ni siquiera se dignó en levantar la cabeza cuando la muchacha entró por la puerta. Pero no le hizo falta verla para saber que la joven había cogido un poco de valor. ¡Menos mal que lo había hecho!

A pesar de que había un grueso muro que lo separaba de Rin Sesshomaru, mientras hablaba con el ama de llaves, notó al instante el horrible y patético temor que Rin tenía. Aquello le puso, sin saber ni como ni porqué, realmente furioso pero supo refrenar a tiempo aquel sentimiento y siguió con las misma cara de indiferencia de siempre. El ama de llaves siguió contándole lo ocurrido con los youkais y aunque Sesshomaru la escuchaba no podía para de pensar en ello. ¿Donde estaba aquella mocosa que no le temia? ¿Acaso fue remplazada por otra mucho más bella pero a la vez idiota? Fuese como fuese aquella muchacha no le gustaba... No era como él la recordaba, era como... una extraña que se hacía llamar Rin.

Pero aquella duda se esfumó al instante en cuanto escuchó los pasos decididos de la joven. Si... era Rin. Un poco más asustadiza que entonces pero era ella.

- ¿Y bien? - Fué Sesshomaru el primero en hablar al ver que ella no decía nada.

- Lo siento mucho Sesshomaru-sama. - Dijo Rin apresuradamente como si volvería en si. Y entonces a partir de ahí empezó a hablar sin pensar -. Yo... Le dije que aguantaría todo lo posible, que no lloraría ni que sería debil... No he llorado, sin embargo he sido debil, no he podido aguantar y le he causado molestias. Aún así... Sigo queriendo quedarme aquí hasta que acabe el año. Esta vez le...

- Basta. - le cortó Sesshomaru -. Hiyori me ha dicho que has vuelto a tener problemas con otros youkais hace un par de minutos...

- No - lo interrumpió ella - No he tenido ningún problema. - En cuanto aquellas palabras salieron de su boca se arrepintió como nunca lo había hecho antes en la vida. - Simplemente me pidieron que le ayudara con un par de cosas que había en el trastero. Había tantos sirvientes ahí que seguramente me habré quedado con su olor. Y es cierto que tuve problemas pero no como Hiyori-san cuenta.

Sesshomaru dejó a un lado de la mesa el bol de porcelana que sujetaba y observó atentamente a la joven de arriba a abajo. Rin estaba a unos pocos metros de él, de pie totalmente erguida, con una gran magulladura en su mejilla que se podía apreciar perfectamente y mirándole fijamente sin parpadear. Pero no había ni orgullo ni desafío en su mirada sino más bien una chispa de arrepentimiento y... temor. Sesshomaru, asqueado, cerró el puño con fuerza y trató de calmarse sin que ella se diera cuenta. Sin duda alguna aquella muchacha era idiota. Protegía a sus atacantes y le temía a él quien por nada en el mundo le levantaría la mano.

- ¿Me temes? - le preguntó con voz tranquila, como si le preguntase que tal le iba el día.

- No - le respondió ella al instante.

- ¿Y entonces porque estás pálida? ¿Por qué me miras con esos patéticos ojos llenos de terror?

Ahí Rin ya no respondió tan rápidamente sino que todo su cuerpo se puso tenso al instante y tragó saliva con dificultad. Después, al cabo de unos segundos que parecieron eternos la joven suspiró y su pose se relajo del todo.

- No lo sé Sesshomaru-sama... Son los nervios o quizás si... quizás realmente tenga miedo. Pero no de usted, sino miedo a que me vea demasiado débil y a que me haga volver a la aldea.

- Tendrás que volver de todos modos en cuanto acabe el año.

- Lo sé, pero si he de irme, prefiero que sea lo más tarde posible... - contestó la joven mientras bajaba la mirada a sus propias manos.

Sesshomaru la miró fijamente intentando descubrir en que pensaba aquella humana pero finalmente desistió, si algún día llegaba a entenderla o a predecir con antelación alguna acción de Rin se congelaría el infierno al acto. Con un suspiro inaudible Sesshomaru volvió a coger el bol de porcelana y miró por la ventana.

- Te trasladarás aquí. - Dijo sin más.

Rin, quien esperaba alguna regañina por haberle mentido con la cabeza baja, la levantó de golpe y lo miró sin disimular su sorpresa

- ¿Qué? ¿A-Aquí...? - Rin parpadeó un par de veces e intentó entender aquellas palabras.

- ¿Es que acaso estás sorda? - preguntó el youkai en tono impasible.

- No... por supuesto que no pero es que me sorprende que quiera que una sirvienta duerma en el ala norte - respondió la joven. - Tengo entendido que está ala está reservada a usted a sus invitados y a sus...

Sesshomaru ignoró aquella frase y le dio un sorbo a su thé que ya empezaba a enfriarse.

- Dejarás tus deberes en las cocinas y el los jardines y vendrás a la ala norte a trabajar como sirvienta mía.

- Disculpe pero... Creo que no le he entendido.

Sesshomaru la miró fijamente como si pudiese atravesarla con aquella mirada tan fría.

- He dicho que te trasladarás aquí del ala Norte y me servirás a mi. ¿Entendido?

- S-si. - respondió la joven con una gran sonrisa en su rostro. Lo había conseguido. ¡Tendría la oportunidad de ver a Sesshomaru-sama mucho más a menudo! - Disculpe señor. ¿Qué clase de tareas tendré que hacer?

Sesshomaru no respondió enseguida. Al contrario, se cogió su tiempo para acabarse lo que estaba comiendo y después la miró tan indiferentemente como siempre.

- Te encargaras de traer el correo, de ordenar mis habitaciones cosas así. Es tarde, ve a hablar con Hiyori y arreglalo todo, te quiero ver dentro de una hora y media en mi alcoba.

- ¿Señor?

Sesshomaru dejó la taza de thé ya vacía con un golpe seco en la mesa y miró a Rin. Pero esta vez en su mirada no había indiferencia si no más bien exasperación cosa que hizo sonreír una vez más a Rin y como resultado sorprender y exasperar aún más al Daiyoukai.

- Verá... ¿Esas faenas no las suele realizar el señor Jaken? No le quiero robar el trabajo.

- Harás lo que se te diga y punto. Vete.

- Si, Sesshomaru-sama.

En cuanto la joven se hubo marchado de la sala Sesshomaru se levantó de su asiento y se acercó a la terraza que daba al jardín. Apoyó su hombro derecho contra la fina puerta de papel y madera y observó su alrededor sin fijarse en nada en particular. Entonces, al levantar la mirada hacia infinito cielo azul, aquel sonido que segundos antes le había echo dar un vuelco a su corazón volvió a su mente sorprendiéndole una vez más. Y sin que nadie fuese testigo de ello el temible Daiyoukai del oeste sonrió durante un par de segundos.

Si... puede que aquella muchacha tuviese más curvas, fuese más asustadiza e idiota pero en el fondo seguía siendo aquella niña, seguía siendo Rin. Sólo ella era capaz de reír tan alegremente aunque la estuviera rebajando a ser su sirvienta personal. Sólo ella era capaz de reír tan alegremente en su presencia.

.-.-.-.-.

Aquella mañana Rin había pasado de dormir en un misero y diminuto cuchitril a tener una habitación gigantesca que encima estaba en el mismo pasillo que las estancias de Sesshomaru. Al principio cuando Hiyori le mostró su nueva habitación, asignada por Sesshomaru, Rin se sintió muy cohibida por aquel inmenso cambio. Aquella habitación era tan grande que hasta incluso tenía la sensación de que la cabaña de la anciana Kaede podía caber perfectamente. Aquella estancia no dejaba lugar a dudas; la grandeza y la exquisites de cada objeto que la decoraba mostraba fortuna y prestigio. Obviamente aquel lugar estaba reservado a los invitados más importantes del Daiyoukai. Incluso las paredes con sus dibujos florales parecían una obra de arte por si solas.

Rin no veía normal que una simple sirvienta tuviera aquella habitación digna de un rey. Normalmente cuando una sirvienta tiene una habitación así es una prueba muy clara de que en realidad se trata de su amante. Y esa habitación era la prueba que confirmaba a los demás youkais de que Rin era en realidad la prostituta del señor. Aunque Hiyori pensaba exactamente lo mismo que la joven no comentó nada acerca del asunto pero aún así Rin notó su desaprobación en cada mirada y acción de la anciana.

A pesar de lo que le había ocurrido aquella mañana, el humor de Rin había cambiando para mucho mejor. A partir de aquel momento, Rin tendría más de una oportunidad al día para ver Sesshomaru y con respecto a los demás youkais que seguramente la detestaban aún más como por ejemplo Yuri y Kaori ya no le preocupaban tanto ya que estando tan cerca de Sesshomaru lo más seguro es que ni se atreviesen a dirigirle una sola mirada.

Gracias a la ayuda de Jaken Rin pudo trasladar sus pocas pertenencias -unos pocos kimonos y yukatas-, principalmente regalos de Sesshomaru, a la nueva habitación. Lo guardó todo en un lujoso armario y en cuanto hubo acabado Rin dió una vuelta sobre si misma observando cada detalle de aquella majestuosa habitación.

- ¿No te parece una habitación preciosa Jaken-sama? - le preguntó la joven con una sonrisa risueña.

- Si por supuesto. La casa de un gran Daiyoukai como lo es Sesshomaru-sama siempre debe estar decorada con elegancia y riqueza. - le contestó Jaken solemnemente -. Pero no te encantes ahora niña tonta debes ir a ver al amo en cuanto antes.

- Jaken-sama, siento haberte robado tu trabajo... ¿Qué vas a hacer a partir de ahora?

- Bueno, el amo me ha pedido que me ocupe de varias faenas como por ejemplo ayudar a los sirvientes incompetentes, cuidar de Ah-Un, vigilar que los jardines estén en buen estado, las cocinas...

- Vaya que te ha tocado ser un sirviente más ¿no?

- ¡Por supuesto que no! Me encargaré de ayudar a Hiyori a controlarlo todo. Vayámonos a ver el amo, me tienes harto niña tonta.

- ¿Sabes Jaken-sama? - le preguntó Rin al pequeño youkai, y en cuanto este la miró Rin sonrió ampliamente. - No siento pena por haberte robado el trabajo. Más bien me alegro.

Jaken se dió la vuelta y sonrió el también sin que la humana lo viese. ¡Demonios! Cuanto había echado de menos la sinceridad y la alegría de Rin.

Ambos, sin decirse nada más salieron de la habitación y fueron hacía la habitación de Sesshomaru que estaba al fondo del largo y lujoso pasillo.

Cuando apenas quedaban un par de metros para llegar a las puertas Rin se detuvo y se quedó mirando fijamente por la ventana, como si estuviese hipnotizada por algo que hubiese visto. Jaken esperó unos cuantos segundos pero al ver que la joven seguía quieta como una estatua se acercó él a ver que ocurría. El pequeño youkai subió a la ventana a muy duras penas pero una vez que pudo ver lo que observaba la joven tan fijamente Jaken se quedó helado.

- ¿Quien es aquella youkai tan hermosa que hay ahí? - le preguntó Rin a Jaken en cuanto el pequeño youkai estuvo a su lado.

El pequeño youkai al oír aquello sintió como perdía la sangre de la cara y se mareaba. ¿Por qué diablos siempre le preguntaba cosas dificiles aquella mocosa? ¿Y ahora que le decía?

- Es... euh... una... invitada. ¡Si! Eso es. Aquella youkai es una invitada permanente, aunque se puede ir cuando quiera desde luego.

- Es curioso, Hiyori me dijo que de momento no había ningún invitado en el castillo.

- Eso es porque la vieja esa no las cuenta como invitadas.

- ¿Las cuenta? ¿Hay más de una? - Y entonces, en cuanto Rin volvió a mirar aquella youkai no sólo se fijó en lo hermosa que era, sino que también se fijó en su esbelto cuerpo, sus finas ropas... No tardó mucho en darse cuenta de quien era aquella nekomusume. - Es una de las concubinas ¿no es cierto?

- Será mejor que nos demos prisa o el amo se enfadará.

- Jaken, no te preocupes, puedes ser sincero conmigo no me importa. - dijo la joven con una sonrisa-. Vamos dime, ¿Quien es esa youkai?

- ¿Si te respondo dejarás el tema y no lo volverás a sacarlo nunca más? - al ver que la joven asentía Jaken suspiró - Ella es Etsuko, una nekomusume de alta cuna que ha sido deshonrada y ahora no le queda más remedio que ser la amante de algún Daiyoukai. Es la concubina que lleva más tiempo en este lugar y también la favorita de Sesshomaru-sama. Muchos dicen que con el tiempo acabarán casados y la verdad, no me extrañaría ya que con la dote podría aportar ciertas tierras al amo. Pero aunque de momento no estén casados Etsuko tiene tanto poder como una esposa, es la lider de las concubinas y controla todo el palacio además de tener todos los caprichos que le consiente el amo. Para haber sido deshonrada no vive nada mal la verdad. Ahora que vas a estar aquí intenta no tener problemas con ella, a diferencia de los demás ella no fallará. - A Rin no le hizo falta preguntar para saber que hablaba de su intento de asesinato -. En fin dejemos la y vayamos.

Rin asintió y dejó de mirar aquella youkai no sin cierta dificultad.

¿Casados? pensó la joven mientras llegaba a las puertas de la habitación de Sesshomaru, la verdad es que harían muy buena pareja. Los dos igual de elegantes, fríos y letales.

Si Rin pensaba que su habitación era digna de un rey tuvo que tragarse sus propias palabras puesto que las habitaciones de Sesshomaru si que eran dignas de un rey. De un rey o incluso de un dios. ¿Tanta fortuna tenía Sesshomaru? Las decoraciones de los muros, que eran una autentica obra de arte, mostraban la historia de una guerra que sin duda representaban bien la vida de Sesshomaru y combinaban con su carácter. Los pocos muebles que había por la habitación, además de tener los bordes ribeteados con adornos dorados que parecían de oro, relucían tanto que hasta Rin juraría que se podía reflejar en ellos. Ella, quien había pasado un cuarto de su infancia recorriendo el mundo con lo sólo lo indispensable y el resto en una pequeña cabaña de una anciana miko, no estaba acostumbrada a tanto lujo. Recibía de vez en cuando algún que otro regalo de lujo por parte del Daiyoukai y nada más. Siempre había pensado que esos regalos de valor los había robado o había amenazado a alguien con tal de conseguirlos. ¿Cómo iba a saber entonces que Sesshomaru era tan sumamente rico?

Ahora... Ahora que veía todo aquello estaba segura de que Sesshomaru podía permitirse esos pequeños detalles y mucho más.

Al fondo a la izquierda de donde estaba Sesshomaru, Rin vio un gran futón de color azul marino y negro con pequeñas decoraciones doradas que le llamó mucho a la atención. No recordaba haber visto nunca a Sesshomaru dormir. Ni comer de echo. En cambio aquella mañana lo había visto rodeado de comida. Entonces... ¿Dormiría ahí?

Quizás no sea para dormir, le dijo una vocecilla en su interior. Y entonces Rin lo entendió todo. Abrió los ojos como platos y observó atentamente aquel futón.

Imágenes de Sesshomaru sin haori le pasaron por su cabeza. Estaba sentado y apoyado contra la pared observando atentamente sin perderse detalle del espectáculo que tenía al frente. Delante suyo, aquella nekomusume, de pie dejando deslizar su fino kimono de seda hombros abajo y dejándolo caer hasta el suelo mostrando sin pudor alguno su esbelto cuerpo desnudo. Y después, ella se acercaba con aquella elegancia felina, mirándole fijamente y se sentaba en el regazo de Sesshomaru le acariciaba lentamente sus fuertes hombros y luego iba bajando poco a poco pasando por su pecho, sus abdominales y más abajo...

-...¿verdad Rin? -preguntó el pequeño youkai.

-¿Qué? -casi gritó Rin alterada por aquella interrupción. ¡Oh dios que vergüenza! Le habían estado hablando y ella no había prestado atención de tan absorbida que estaba por aquella escena.

Jaken la miró sorprendido y enseguida desvió la mirada para mirar al frente. Rin imitó al pequeño youkai verde y ahí al frente, detrás de un escritorio bajo, rodeado de pergaminos y libros repartidos de cualquier manera se encontraba el dios de todo aquel mundo observándola con unos unos penetrantes ojos ambar y el ceño fruncido.

- Jaken - dijo con voz impasible - déjanos solos, ves hacer lo que tengas que hacer.

- Si amo - dijo el youkai mientras hacía una breve reverencia.

Tanto el Daiyoukai como la humana observaron como se iba el pequeño subordinado y después de haber cerrado la puerta tras él la sala quedó sumida en un denso y a su vez tenso silencio.

Ella observaba el suelo y él la observaba a ella. Y así se quedaron durante unos segundos que parecieron eternos.

- ¿Y bien? - preguntó él

- Lo siento Sesshomaru-sama, me he quedado encantada observando esta habitación. Por cierto, ¡gracias por la habitación que me ha ofrecido! Es fantástica. Aunque... - Rin en cuanto se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir se calló de golpe y se arregló el kimono.

- ¿Aunque? - insistió él para que Rin continuara. - Habla.

- Esa habitación quizás es un poco demasiado para mi Sesshomaru-sama. Quiero decir que para una simple sirvienta como yo está mal visto. Los demás empezarán a rumorear de nuevo y..

- ¿Rumorear sobre que?

- Pues sobre, sobre nosotros... dirán que soy... una... otra concubina vuestra...

En cuanto esas palabras salieron de su boca Rin sintió como la sangre empezaba a subirle a la cabeza y como empezaba a ruborizarse. Si estuviese hablando con cualquier otra persona quizás se hubiese reído de aquella tontería tan grande. Y obviamente también se reiría de quien se hubiese inventado semejante estupidez. Pero lo cierto era que no estaba hablando con cualquiera sino que estaba hablado con el propio Sesshomaru. Con él mismo que mantiene a esas concubinas.

EL sonido de un movimiento hizo que Rin levantara la cabeza para ver de donde venía y se encontró con Sesshomaru de pie mirándola fijamente con aquellos ojos ambar que no mostraban ningún tipo de sentimiento. El corazón le dio un vuelco a Rin e inevitablemente volvió a imaginarse a Sesshomaru con el pecho desnudo agarrando a aquella tal Etsuko, colocándose encima de ella mientras le mordía el cuello y le tocaba los pecho y ella por su parte entre gemidos de placer, echaba la cabeza hacía atrás y le clavaba las garras en la fuerte espalda de Sesshomaru y...

- ¿Y quien te dice que eso no es la verdad? ¿Qué en realidad no eres mi nueva concubina?


FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO! XD

Espero poder actualizar pronto y no dejaros con la duda durante tanto tiempo! Ah! Y espero también que os haya gustado el capitulo =D

Gracias por leer ~

¡Hasta pronto! Nya ~