¡Holas a todas!

Si en efecto... Después días, meses, años, décadas, siglos etc... ¡aquí vuelvo yo con un capitulo nuevo!

Espero que no esteis muy muy muy enfadadas conmigo por el retraso y si es así espero que podáis perdonarme u_U

Buff... Ni os imagináis la temporadita más chula que tengo :) al estar al ultimo curso de instituto tengo la tira de exámenes, tengo que mirar las futuras universidades, buscar piso, las becas y blablablabla ... ¡Esa es la principal razón por la que no he escrito! Bueno esa y porque también se me había olvidado ... xD

En fin... ¡esto es un asco! (lo siento tenía que decirlo) Con todo esto quería deciros que... Siento el retraso y espero que os guste el capitulo!

¡Gracias por leer! ~


Sentado de espaldas contra la pared Sesshomaru cerró los ojos y se frotó distraídamente la herida que tenía en el cuello. No era nada del otro mundo, es más ya casi había desaparecido, pero aún así no podía dejar de pensar en ello. ¿En serio esa mocosa humana se había atrevido hacer lo que no se atrevían otras? Sin duda esa niña nunca dejaría de sorprenderlo se dijo así mismo mientras apoyaba la cabeza contra la pared.

Pero no era sorpresa lo que controlaba al Daiyoukai en aquel momento, si no más bien la frustración. No sólo había perdido el control sobre si mismo con una humana y con ello había provocado una oleada de rumores acerca de la semejanza entre el padre y el hijo en gustos si no que además había fallado en su propósito. Rin no se marcharía.

Maldita fuese aquella muchacha cabezota.

Pero la culpa no la tenía ella. La culpa era suya y solamente suya. Tendría que haberla echado de sus tierras y haberla mandado a casa desde un principio, así al menos en aquellos momentos no estaría interpretando el papel de idiota con aquella perfección.

El sonido de unos pasos y la fuerte olor a perfume que le llegaba le sacaron de sus pensamientos y a la vez le indicaron que se acercaba. No la había hecho llamar aquella noche es más, había ignorado todas sus provocaciones e insinuaciones en la hora de la cena. No quería tener a nadie cerca en aquel momento pero aún así se levantó del suelo y fue a esperarla en el futón.

Etsuko entró a la habitación poco después vestida únicamente con una fina bata de seda que recientemente le había traído de un viaje. Observó fijamente como aquella seda se ajustaba perfectamente a su esbelto cuerpo y enseguida pensó en que Etsuko sabía muy bien como tentarle hasta incluso cuando estaba desganado.

− Buenas noches amo. − le dijo la youkai con una profunda reverencia dándole así una vista perfecta de sus pechos.

− No te he hecho llamar − le señaló a la youkai, pero en aquel momento no había disgusto en su tono de voz o en su mirada.

− Lo sé pero quería hablarle de algo que me tiene preocupada y me temo que no puedo esperar hasta mañana. Es acerca de la humana. − le dijo sin dejar que Sesshomaru respondiera. Ambos sabían que aquello era una excusa, pero ya que estaba ahí aprovecharía para aclarar las cosas −. Están todas dividas señor. Unas la ven como una sirvienta, otras como un juguete. Pero no es eso lo que me preocupa. Me temo que están muertas de celos pues ha ido por todo el castillo mostrando… vuestras marcas. Les he prohibido que se acercaran a ella pero creo que no me harán caso durante mucho tiempo. Les he explicado lo que ha pasado con aquella sirvienta pero por seguridad tendrá que hablar usted con ellas amo. Si la atacan yo no me haré responsable.

Sesshomaru no dijo nada. Estaba harto de tantos celos... pronto tendría que empezar a pensar en echar algunas. Pronto... pero no en aquel momento.

El daiyoukai miró a la a la concubina que tenía delante suyo. Se fijó en las sombras que se dibujaban bajo sus pechos, sus pezones erguidos, en como se ajustaba la tela en su cintura y fue bajando.

No hicieron falta más palabras, la delicada bata de seda se deslizó cuerpo abajo de la youkai y sin pudor alguno y con pasos lentos fue junto a él hasta sentarse encima suyo y besarle con apetito.

.-.-.-.-.

Rin despertó cuando los primeros rayos de luz empezaron a asomarse por la ventana. Se desperezó tranquilamente y se quedó tumbada mirando el techo. No le apetecía salir y vérselas con Sesshomaru. Desde que ocurrió aquello él la ignoraba por completo como si fuese parte del decorado. Y a pesar de que pasaba casi todo el día junto a él, trayéndole el té o el correo, ordenando sus estanterías o limpiando sus habitaciones era como si ella fuese un espíritu que tan sólo estaba de paso. Todo lo que el Daiyoukai queria se lo ordenaba primero a Jaken y entonces era el pequeño youkai quien le daba ordenes a ella. Como si fuese tan miserable que no mereciera ni una sola palabra del youkai.

Le dolía. El echo que Sesshomaru la ignorara y la despreciara a la vez le hacía mucho daño. Le dolía aún más que todas las burlas que le hacían aquellas putas y le dolía también más que las propias heridas.

¿Donde estaba el youkai que la había acogido junto a él? ¿El qué le había protegido tantas veces y hasta incluso había ido a los propios infiernos para salvar según Kohaku le había contado?

¿Qué había echo para merecer semejante trato? Tendría que ser ella la que estuviese enfadada y él quien tuviese que restregarse por su perdón. Al fin y al cabo fue el quien se abalanzó sobre ella e intentó hacer... eso.

¿Era porque no se había entregado a él como era debido? Pensó de repente.

Entonces como si una luz le hubiese mostrado el camino, Rin se levantó y se sentó con los ojos muy abiertos, como si tuviese una nueva perspectiva de las cosas. ¿Era aquella la solución de sus problemas? pensó mientras se aferraba a la mantas.

Tragó saliva y se llevó la mano al corazón que le latía como si estuviese a punto de salir huyendo de su pecho.

Si… ¿si se acostara con él, si le entregaba su cuerpo volvería a ser el de antes? La mera idea hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo de arriba abajo. Si le daba su virginidad quizás conseguiría que la tratara bien los pocos meses que quedaban pero ¿que ocurriría después?

Sería una perdida y una desvergonzada. Tarde o temprano todo el mundo lo sabría y por lo tanto no encontraría marido, sería tratada como una vulgar ramera y les traería problemas a los demás. ¿Merecía aquello la pena?

Si lo haces bien y lo dejas satisfecho quizás puedas quedarte más tiempo.

Sobresaltada por su propio pensamiento, roja como un tomate y con los pelos de punta Rin se escondió debajo la manta. ¿Realmente había pensado aquello?

Dios, ¿en qué estoy pensando? pensó la joven alarmada de si misma.

− Muchacha, despierta y abre la puerta. Te traigo el desayuno.

En cuanto olló aquella vez Rin salió de debajo de las mantas con una gran sonrisa y fue corriendo a abrir la puerta.

− ¡Kazumi-san! −exclamó al ver a la youkai −. ¡Qué alegría verte!

− No digas burradas − contestó la youkai intentado no mostrar una sonrisa. Parecía mentira pero echaba de menos ver a aquella humana merodear por las cocina. Aquella mañana en cuanto vio a Jaken cargando la bandeja para la joven se ofreció a llevar-la puesto que ya había acabado sus tareas −. Date prisa y come antes de que se enfríe.

Rin se sentó en la pequeña mesita que había en el centro de la sala y empezó a comer mientras observaba a Kazumi. ¿Podría pedirle opinión a ella? se preguntaba una y otra vez.

− ¿Ocurre algo? − Le preguntó la youkai que se sentó delante suyo. La joven negó con la cabeza mientras se llevaba el bol de arroz a la boca −. Te noto nerviosa y estás sonrojada, sabes que en esto no nos puedes engañar.

Rin tragó el arroz y dejó el bol en la mesa mientras miraba a su alrededor sin saber muy como empezar. Podía confiar en ella, de eso estaba totalmente segura pero… ¿era aconsejable contarle aquella idea que se le había pasado por la cabeza?

− Kazumi-san, tengo un problema. −dijo finalmente a media voz.

− De eso ya estoy enterada. Todo el mundo lo comenta jovencita.

− ¿Qué? − preguntó la joven atonita − . ¿De que me estás hablando? ¿Es posible que todo el mundo lo sepa cuando acabo de pensarlo hace pocos minutos? ¿Tenéis todos superpoderes o qué? − preguntó mientras iba levantando la voz alterada.

− Tranquilízate. Hablaba de… la relación que tienes con el amo

− ¿Relación? Pero si me ignora completamente − dijo la joven riéndose de si misma con tono patético.

− No, esa relación no... −dijo la anciana con cierta incomodidad − me refiero a eso… ya sabes… las marcas que tenías en el cuello hace unas semanas y lo que viene después… Bueno al fin y al cabo me dijeron que todo tu cuerpo desprendía su olor así que… no es algo que pudieras ocultar…

− No me tocó Kazumi-san −dijo la joven aún más incomoda que la youkai −. Si, me dejó marcas y eso… pero no llegó hasta el final.

Hubo un gran silencio entre ellas. Kazumi la miraba perpleja, como si intentara decidir si hablaba en serio o bromeaba. Finalmente la youkai logró pronunciar un monosílabo y mirar a su alrededor sin saber muy bien que decir.

− Como te iba diciendo. Tengo un problema... ¿te puedo pedir consejo Kazumi-san? − Inmediatamente la anciana afirmó con la cabeza, contenta interiormente por dejar atrás aquel espinoso tema −. Bien. Las cosas entre el amo y yo no van muy bien. Como ya he dicho me ignora y… había pensado hacer algo… o-osado para llamar su atención. ¿Crees que debería hacerlo?

La anciana no respondió inmediatamente si no que se limitó a observar a la joven con el ceño fruncido. Finalmente soltó un pesado suspiro y la miró.

− No creo que sea buena idea. No sé muy bien que pretendes hacer pero viendo tu estado de nerviosismo debe de ser algo grande y no creo que le guste al amo. Pero… si yo estuviese en tu situación… Si viese el tiempo correr y que la situación no puede ser peor entonces si, lo haría. En fin, no sé si esto te ayuda mucho. De todos modos he de irme la cocina. La bandeja ya la recogerá el sapo así que no te preocupes.

Kazumi se levantó apoyándose en la mesa y fue hacía la puerta pero antes de abrirla se paró en seco y se giró de nuevo hacía Rin mirándola severamente.

− Sé que es contradictorio y que en ves de ayudarte te va a liar más pero aún así… quiero que sepas que tu aún eres joven y hermosa. No eches a perder tu suerte y tu futuro con alguien que te ignora como lo hace el amo.

Rin asintió con la cabeza sin saber muy bien que decir. Pero no hizo falta las palabras. Kazumi se fue dejando sola a Rin junto con sus confusos sentimientos.

¿Echar a perder su futuro le había dicho la anciana? Pero… si ella nunca había pensado en el matrimonio. Siempre había pensado en ocupar el lugar de la anciana Kaede. Vivir sola y cuidar de los niños de la aldea, ayudar a Sango y Miroku con sus gemelas o de los hijos de Inuyasha y Kagome. Pero casarse... Nunca se le había pasado por la cabeza.

Entonces… si lo hacía… Si conseguía hacerlo, realmente no echaría nada a perder puesto que ni había pensado en ello. No necesitaba estar casada para ser feliz. Y si alguien la llegaba a tratar de ramera, Inuyasha y los demás la protegerían sin lugar a dudas. Así pues…

Si viese el tiempo correr y que la situación no puede ser peor entonces si, lo haría.

Su situación no podía ser peor... pensó la joven. Rin fue hacía la ventana y contempló el día que empezaba sin una sola nube en el horizonte. Inuyasha y los demás la apoyarían y la protegerían pasase lo que pasase así pues...

Lo haría, se dijo con determinación. Entregaría su cuerpo si con eso mejoraba todo.

− ¡Rin! − la joven se sobresaltó giró hacía la puerta asustada y se llevó la mano en el corazón que le latía frenéticamente hasta causarle dolor. −. ¿Estás lista? Debes presentarte delante del amo enseguida. ¡Rin!

− Enseguida salgo Jaken-sama −dijo con la voz entrecortada por el susto que le había provocado aquella voz tan estridente y también por los nervios.

Había llegado el momento.

Sus piernas a penas tenían fuerza para sostenerse a si misma y las manos le temblaban tanto que le era casi imposible vestirse. Así pues el "enseguida salgo" se transformó en media hora después. Salió de la habitación pálida como una muerta y se encontró con un Jaken que malhumorado por la tardanza pasó a ser un Jaken perplejo.

− ¿Ocurre algo niña tonta?

−N-No −dijo la joven mientras intentaba sonreír como podía− . Bueno… quizás si que no me encuentre muy bien pero da igual. Podré aguantar − dijo finalmente con una sonrisa forzada.

El pequeño youkai por un momento pensó en intentar persuadirla para que volviera a su habitación y descansara pero finalmente decidió no hacerlo. Intentar persuadir a Rin para que volviera a la cama era como decirle a Sesshomaru que picara de manos y cantara alguna canción tradicional. Suspiró pesadamente y empezó a andar hacia las habitaciones del amo.

Cuanto más se acercaban a las habitaciones del amo, el youkai notaba que la tensión de Rin aumentaba. Podía sentir su miedo y nerviosismo como si fuese su propio estado de ánimo. Giró un poco la cabeza hacía atrás y vio por encima del hombro como Rin estaba bastante más atrás suyo, arrastrando los pies y con la cabeza baja.

Pobrecilla, pensó el pequeño youkai con lastima, si sigue así no sobrevivirá mucha tiempo.

Le hubiese gustado girarse y decirle a la joven que se fuera a su habitación y que descansara pero ya estaban delante de las puertas del amo. Ya era demasiado tarde.

Rin entró en las habitaciones y levantó la cabeza para encontrarse con la mirada del daiyoukai fijada en ella. Tragó saliva como pudo y le miró fijamente a su vez. Kazumi le había dicho que los youkais lo sentían todo y era imposible engañarlos. Lo mejor que podía hacer era enfrentarlo y si le llegaba a decir algo, cosa que dudaba, le contestaría con la verdad.

Tengo que hacerlo, se decía una y otra vez.

Estaba convencida de que si le entregaba su cuerpo tal y como el youkai quería las cosas volverían a la normalidad. No se quedaría a vivir en el castillo para el resto de su vida pero quizás su relación volveria a ser como la de antaño. Incluso si se lo pedía quizás la vendría a visitar de vez en cuando.

Todo aquello lo había estado pensando de camino a las habitaciones. Incluso se había convencido a si misma que no se casaría y que aguantaría cualquier rumor. Pero ahora que lo tenía delante no era capaz de pensar con claridad.

− Jaken ves a hacer lo que tengas que hacer − dijo el daiyoukai con voz monotoma sin sacarle la mirada de encima.

De reojo Rin vio como Jaken hacía una reverencia y a continuación salía silenciosamente de la habitación dejándoles solos a ella y Sesshomaru.

− ¿Qué ocurre? − ordenó, en ves de preguntar, el youkai.

− Nada Sesshomaru-sama − ¡Cobarde! se dijo a si misma.

Sesshomaru frunció el ceño pero no dijo nada más, volvió a bajar la cabeza a sus pergaminos y la sala quedó en un profundo silencio.

No le hizo ninguna falta a la joven para saber que tenía que hacer. Cuando el youkai no le daba nada en concreto que hacer la joven se dedicaba a limpiar la habitación y a ordenar las cosas a su sitio. Así pues, se remangó las mangas del kimono hacía atrás y fue hacía el futón para empezar con sus tareas. Pero justo cuando ya estaba al lado, el corazón le dio un gran vuelco en el pecho.

Entre las sabanas blancas se encontró con una tela de seda turquesa dejada de cualquier manera. La cogió con cuidado y en cuanto la desplegó se dio cuenta de que era un batín femenino bastante corto y atrevido.

Roja como un tomate, la joven cogió aire y se giró a Sesshomaru quien la ignoraba por completo.

− Sesshomaru-sama −le llamó a media voz. Sesshomaru curiosamente, a diferencia de normalmente, levantó la cabeza enseguida y la miró atentamente −. ¿Qué hago con esto? ¿Lo dejo por aquí o se lo devuelvo a su… propietaria?

Sesshomaru contempló fijamente aquella prenda e intentó recordar a quien le pertenecía. Tras unos segundos de reflexión finalmente recordó a la morena youkai de la pasada noche que respondía con el nombre de Momo y, también recordó al acto que tenía un carácter bastante obsesivo y temperamental.

− Guárdalo por ahí −fue su única respuesta.

Rin acarició la tela con cuidado y delicadeza mientras la miraba fijamente e, inevitablemente, recordó a aquella hermosa youkai… Etsuko. Seguramente le pertenecería a ella a fin y al cabo según Jaken era la favorita de Sesshomaru y aquella tela era demasiado exquisita y elegante para regalársela a cualquiera... Además por si no fuera poco en los bajos del batín habían flores bordadas con hilos de oro.

Hubo una época en la que ella también recibía regalos caros y exquisitos pero nunca fue nada por el estilo al fin y al cabo ella tan sólo era una niña.

Dobló la pieza con sumo cuidado con tal de no arrugarla mucho o incluso para no estropearla y la dejó al lado del futón para seguir con sus tareas. Pero mientras la joven iba arreglando las mantas y los cojines fue observando aquella tela de reojo.

Entonces una escena empezó a desarrollarse en su mente. Etsuko entraba en la habitación con pasos decididos, elegantes y seductores a la vez. Tan sólo iba vestida con aquella bata, tapándole justo lo necesario y su larga melena caía en cascada a lo largo de su espalda. Se la imaginaba yendo hacía Sesshomaru con una sonrisa seductora, moviendo la caderas en un vaivén hipnotizante. Pegaba su cuerpo junto a el de Sesshomaru y, mientras le pasaba los brazos alrededor del cuello, acercaba su cara a la suya para besarle. Y entonces pasó a pasó, sin separarse el uno del otro, iban hacía el futón donde Sesshomaru la empujaba y...

Rin ahogó un suspiro mordiéndose el labio y se puso de rodillas al suelo haciendo ver que ponía los cojines para disimular su trastorno. El corazón le latía salvaje y dolorosamente y el cuerpo le ardía. ¿Cómo había podido acabar así?

¿Dios en que estaba pensando? se preguntó la joven mientras trataba de tranquilizarse, ¿qué me está pasando?

La joven miró un poco por encima del hombro y vio a Sesshomaru enfrascado con sus pergaminos. Gracias a dios no se habría dado cuenta. ¿Oh... quizás si? Una vez Inuyasha le dijo que podía saber todos los estados de animo gracias a la olor... Si Inuyasha siendo un Hanyou podía hacerlo sin dificultad entonces Sesshomaru siendo un youkai...

Rin se levantó y fue hacía los armarios. No es que tuviera gran cosa que hacer pero así al menos estaría lejos suyo.

Estaba haciendo el ridículo, lo estaba haciendo como nunca lo había hecho en toda su vida.

No seas burra díselo, le volvió a dictar aquella voz interior. Díselo de una vez.

¿Decírselo? ¿Eso arreglaría la situación? ¿Volvería a ser todo como antes?

−S-Sesshomaru-sama... −le llamó Rin con voz ahogada mientras le daba la espalda. Díselo, le repetía aquella voz −. Si... s-si me entregara a usted… − díselo, díselo. − ¿Me... me trataría como a-antes y vendría a visitarme de vez en cuando a la a-aldea?

Ya está, lo había soltado. Había dicho lo que tanto le carcomía por dentro y sin embargo… nunca se había arrepentido tan tanto ni tampoco tan rápido.

Dios. Oh Dios, oh Dios, ¿Qué hecho?, se preguntó histericamente, oh Dios oh Dios, oh Dios.

¿Cómo había osado hacer semejante pregunta? ¿Qué pensaría ahora de ella?

Si, cierto que lo había pensado y que había tomado la decisión sin embargo... podría haber sido más sutil. Podría haberse insinuado, o hasta incluso tentado al youkai a poseerla. Así en frío y de golpe pensaría que era idiota. Cerró los ojos con fuerza y a pesar de que le dolía el corazón de tan rápido que le latía y que le retumbaban los latidos en los oídos intentó pensar en una buena excusa. Podría decirle que era una broma o...¡no mejor! podría decirle que tan sólo seria una suposición, no volverían a mencionar el tema y se acabaría olvidando todo...

− Si te entregaras a mi... − oyó decir a sus espaldas.

Entonces las manos del youkai salieron de la nada y rodearon la cintura de la joven. La apretó fuerte contra él y con pasos cortos la fue guiando hasta el centro del futón. Rin de tan sorprendida que estaba por aquello apenas pudo reaccionar y se dejó llevar. En el futón las manos de Sesshomaru dejaron la cintura, una la siguió apretando contra él mientras que la otra se iba deslizando poco a poco dentro del kimono de la joven. Rin cogió aire con dificultad y cerró los ojos. Aquello no podía estar pasando.

− Si te entregaras a mi −le murmuró el youkai con voz calida en su oreja − después ya hablaríamos de como te trataré.


Y... ¡FIN DEL CAPITULO!

¿Qué os ha parecido? Sinceramente yo opino que si no os a gustado teneis todo el derecho del mundo mundial en quejaros por review. Creedme yo también lo haría...

Opino que este capitulo me ha salido algo confuso y muy envalado pero no ha sido culpa mía lo juro! xD

Lo que pasa es que hace tiempo que no escribo y las palabras no me salían para describir lo que quería... Con respecto al ritmo de la historia he querido precipitarlo un poco para empezar a poner un final a la historia pues esto no durará eternamente... Otro motivo más por el que no me gusta mucho es porque le había hecho unas mejorias pero resulta que se borró todo lo que había echo y estaba tan enfadada que me ha salido así...

Así que... Lo siento mucho. Intentaré que el proximo capitulo sea mejor

Nos vemos ~ ¡Gracias por leer!