Disclaimer: Nada me pertenece. De ser así, JK no sería tan rica y Ron estaría todo el día atado a la pata de mi cama. La letra de la canción de cada viñeta es "Little Things", de One Direction.
"Pequeñas cosas"
Cuero
You'll never treat yourself right darling
But I want you to
If I let you know
I'm here
For you
Maybe you love yourself
Like I love you
Las vacaciones de Navidad estaban llegando a su fin y, uno a uno, los alumnos de Hogwarts se subieron al Expreso como todos los años para iniciar el regreso a su segundo hogar. Lily había quedado con Mary a las nueve en la cafetería de la estación, donde esperarían al resto. La segunda en llegar fue Dorcas, parloteando sin parar sobre el curso de teatro que había tomado durante esas escasas semanas y enseñándoles fotografías donde salía disfrazada de dama medieval.
—¡Hice de Helga! —aplaudió, emocionada—. Casi me muero de la emoción cuando me lo dijeron.
Después de la Hufflepuff llegó su compañera de casa, Emmeline, que se despidió con un casto beso de sus padres y arrasó con la comida, como un torbellino, en cuanto se sentó a la mesa con sus amigas y se encontró lejos de la autoridad paterna. Las demás le dieron varios golpes, bromeando, mientras la morena se encogía de hombros y comía discretamente una napolitana de chocolate que se había pedido Mary.
La última, como siempre, fue Marlene, que pese a su tardanza apareció con ese aura de corrección y rectitud que la envolvía allá donde fuese. Con el bolso ya anclado en el hombro y el abrigo en el brazo, instó a sus amigas a moverse o perderían el tren. El reloj encima de la barra les indicó que tenían diez minutos si no querían quedarse en tierra, así que apuraron sus consumiciones y corrieron tras la Ravenclaw a través de la estación para pasar el muro del andén. Ni siquiera se molestaron en ser discretas, aunque con la velocidad que llevaban tanto ellas como los pequeños maletines que se habían llevado para las vacaciones, nadie las habría visto.
Justo sonó una campana anunciando las once en punto cuando la última de ellas puso sus pies en la seguridad de uno de los vagones. Cuando la puerta se cerró y el tren se puso en marcha, casi les faltó tiempo para empezar a reír como las niñas que aun eran. Solo entonces, Lily se dio cuenta de algo y agarró a Emmeline de la muñeca cuando empezaron a buscar un compartimento vacío.
—Mierda.
—¿Qué pasa, Lily? —preguntó la morena, mirándola.
—Mi… mi…
—¿Lily? —la Hufflepuff empezó a preocuparse y le puso la mano en el hombro—. ¿Qué ocurre?
—Mi bolso… Mi abrigo… —su amiga la miró con la boca abierta y sus ojos se posaron en el único bulto que llevaba la pelirroja: el maletín con la ropa que se había llevado de Hogwarts—. Me los he… Me los he dejado en la cafetería…
—Bueno, no pasa nada, Lils. En cuanto lleguemos al colegio les mandas una lechuza a tus padres para que den parte a la policía, ¿vale? —la chica asintió, consternada y todavía en shock, mientras Emmeline la dirigía por los pasillos, cargando con las dos maletas—. No pasa nada, compraremos un abrigo nuevo y más bonito en Hogsmeade este fin de semana. Te lo prometo. Además, dentro del tren no hace frío.
La Hufflepuff tenía razón: dentro no hacía frío, pero cuando el Expreso hizo su parada en la estación de Hogsmeade, las cosas cambiaron. Tiritando, Lily se bajó del vagón con sus amigas arropándola para que no se congelase del todo. Por desgracia para ella, estaba teniendo lugar una tormenta de nieve y toda precaución era inútil, ya que los copos penetraban a través de su jersey fino de lana y enfriaban cada epitelial que tocaban.
Empezaba a ponerse ya azul cuando algo cayó sobre sus hombros y, de repente, una cálida sensación de bienestar la invadió, junto a un fuerte olor a cuero. Alzó la vista y vio a Sirius ponerse un abrigo muchísimo más abrigado que los que acostumbraba a llevar. Sin terminar de comprenderlo, metió los brazos en las mangas de la cazadora de cuero y fue caminando a su lado en dirección a los carros que les llevarían a Hogwarts, observándole de refilón.
—Sé que te gusto, Evans, pero intenta disimularlo. —La chica bufó y puso los ojos en blanco, alejándose de él para alcanzar a sus amigas—. ¡Tomaré eso como un "gracias"! —exclamó Sirius, cuando esta ya se hubo subido a su carruaje y empezaba a marcharse.
—Canuto —dijo una voz a su espalda, subiendo su baúl a otro carro nuevo que se había parado a su lado—, ¿y mi chupa? Pensaba que odiabas ese abrigo y que te ibas a comprar tú una nueva este fin de semana, en Hosgmeade.
Sirius miró a James y, sonriente, le revolvió el pelo, subiendo al carruaje y esperando sentado a que sus otros dos amigos se les uniesen.
—Sembrando las semillas de tu futuro, Cornamenta. Algún día lo entenderás —solucionó, repantigándose en el banco y dándole un golpe en el brazo a su amigo cuando tomó asiento a su lado, más confuso que Snape en una tienda de champús.
Nota de autora:
Tercera y última viñeta, que son 819 palabras. Nada mal, ¿eh? Pero nunca mais dejarlo para el final.
Espero que os haya gustado. No he tenido beta porque he ido al límite y la pobre estaba pachucha, así que todos los errores son míos. Sé que tengo rrs por contestar, ¡mañana cuando duerma, I promise! Y, mientras tanto, darle el crédito de esta Dorcas que le gusta el teatro a Kaochi, que salió de su maravillosa mente. :3
Espero que os haya gustado y, ¡feliz San Valentín y día de la amistad a todos! Espero vuestros comentarios para saber qué os ha parecido esta pequeña incursión (parte 2) en mi OTP de las OTP: El James/Lily.
