N.A: Recuerden que Hetalia no me pertenece es de la magnificencia Hidekaz Himaruya, si fuera mío como que sería un poco más retorcido y mejor ni lo pienso (derrame nasal)

"No es que la droga sea adictiva, es la cuestión de la susceptibilidad del individuo a volverse adicto a una sustancia o a un comportamiento en particular"

Gabor Maté

2. Contacto

A todas las personas nos gusta alguna cosa, siempre hay ese algo que al verlo, sentirlo, olerlo o probarlos nos alegra. Pero cuando ese gusto se vuelve dañino es cuando una persona puede considerarse adicto, cuando al verse falto de "eso" se vuelve inestable, detestable e insaciable, eso es enfermizamente tierno, como alguien puede actuar de esa manera por la simple falta de un "algo".

Los demonios son un claro ejemplo de las adicciones, son almas negras que no tienen un solo pelo de tontas y que gustan del sufrimiento ajeno, de la perdición. De los excesos. Es por eso que no es raro el que sean adictos a muchas cosas.

Cada vez que un ser terrestre intenta convocar a un demonio se abre un espacio de vacío en el averno, una muda invitación de "haber quien quiere?" y al mismo también una a la batalla. Como los demonios son prisioneros de su hogar, existen muchas clases de prisioneros, los indiferentes, los liberales, los odiados, los resignados, y los más peligrosos los luchadores.

-Kirkland no estás cansado, ya fuiste la última vez… o es que solo vienes a que te de una buena patada en las bolas-el grito advirtió a los otros prisioneros de que era hora de la retirada, nadie se metería en una pelea con los grandes. Entre las sombras nebulosas del infierno se podía oír el chocar de metales, y si te esforzabas podías ver dos siluetas moverse con coordinación.

-Tú Fernández, remedo de íncubo porque mejor no te mueres de una vez, estoy harto de ver tu horrible cara por mi camino-una voz arrastrada mientras los sonidos de metal se escuchaban más altos.

Cuando dos prisioneros luchadores se encontraban en una pelea normalmente era a muerte, pero las continuas peleas de este par eran muchas. No se mataban entre si por la simple razón de que no encontrarían nunca un enemigo digno con el cual luchar si el otro decaía. De un lado Arthur Kirkland y del otro Antonio Fernández, dos luchadores de alto nivel, o como preferían llamarse "Timieres".

Uno de los dos tenía que ceder y el hueco se estaba cerrando, así que con un movimiento firme Arthur sujeto los brazos de Antonio y lo desequilibro hasta el piso, poniéndose sobre sus caderas y apartando el arma de su contrincante.

Lo miro con voracidad y paseo su rojiza lengua por sus labios de forma lenta, mientras que unas manos morenas lo sujetaban por la camisa negra atrayendo su rostro.

-Que pasa Kirkland estas tan desesperado-murmuro el demonio de cabellos marrones mientras mezclaba su aliento con el de ojos verdes. Un movimiento de caderas le hizo soltar un gruñido bajo.

-Nunca caería tan bajo contigo Fernández-en un movimiento violento aplasto sus labios contra la boca contraria. Todo en ellos era guerra, era tensión por que eran luchadores, eran guerreros y no estaban para besos lentos y maricas. La saliva se mezclaba, los labios se machucaban entre si y los dientes buscaban sacar trozos de piel del otro. Luego de un rato la sangre se hizo presente pero no les molesto, el elixir de la vida ya no les serbia a ellos.

Cuando sintió que el enemigo se dejo llevar, aplasto su rodilla entre los genitales ajenos y clavo su fiel espada en el brazo del morocho atravesando tejidos, músculos y mirando maravillado como la sangre salía a borbotones.

-Eres un tramposo hijo de puta Kirkland, luego me dices incubo a mí….-rio el ataco mientras veía como el otro se levantaba y saltaba a el vacio yendo al mundo humano. Sentía cada vez menos su brazo y observo anonado como su herida segregaba un pus verde- Maldito bastardo retorcido le puso veneno el hijo de perra.

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Cuando un demonio llega al mundo terrenal, nosotros no sentimos más que un frio viento o vemos alguna sombra extraña. Ellos en cambio solo se dejan llevar y observan a la que sería su próxima víctima.

Estar prisionero daba hambre y que mejor alimento que la sangre humana, que mejor vista que la de un cuerpo mutilado, que mejor melodía que los ruegos, los gritos y los llantos.

Al atravesar la oscuridad se encontró en una habitación infantil, con las paredes pintadas de un neutro celeste y con una cama que se encontraba en una esquina, cerca de la cual se encontraba niños, de entre 10 o 12 años que miraban asombrados un pentagrama hecho con hilos rojos y rodeado por velas.

Inconscientemente en su rostro se poso una demencial sonrisa, no hay mejor comida que el alma pura e inocente de un niño. Ninguno de los que estaba ahí había sido tocado, eran varones y muy bien arreglados, todos desprendían el aroma dulce de la juventud.

Pero repentinamente olio un aroma que lo dejo un momento atontado, pero que luego le nublo la vista y provocó escalofríos de placer recorrer sus negras alas. Giro su vista a el lugar de donde provenía esa fragancia, y entonces lo vio.

Entre las sabanas se encontraba escondido un niño de 10 años con cabellos color oro, que abrazaba aterrado una almohada en forma de hamburguesa y de cuyos ojos azules salían lagrimas de desesperación, mientras soltaba de vez en cuando hipidos entre sollozos.

Fue desde entonces que supo que había encontrado algo que superaba en creses la adrenalina y el deseo de las batallas con Antonio, o el olor de una jovencita virginal. Y este no era más que un estúpido niñito asustado.

Su cola se movió juguetona enrollándose en sus caderas, sintió como sus colmillos raspaban sus labios deseosos de romper la blanca piel perlada y como sus manos deseaban agarrar ese cabello que parecía suave para estirarlo hasta escuchar soltar al niño gemidos de dolor.

Se quedo todo el tiempo mientras el niño echaba a sus amigos de su habitación asustado de los juegos que le hacían jugar. "Yo podría enseñarte juegos muy divertidos" pensó mientras observaba como el pequeño rubio se envolvía en las sabanas.

Había encontrada para su juguete y desde ese momento no dejaría que nadie más se le acercara, solo tenía que pensar en cómo apartarlo de los otros estúpidos humanos.

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Segundo capitulo espero que les guste. Y sinceramente me está justando escribir esta historia mientras más avanzo más interesante me parece, solo espero que les guste a ustedes. Por ahora Alfred es pequeño pero mientras avanza la historia irá creciendo. Y no es que me guste tanto el SpxUk pero necesitaba escribir algo sobre ellos, los demonios son lujuriosos.

MyobixHitachiin: Ya verás quien es la voz misteriosa, pero más adelante por ahora confórmate con ver como Arthur acosa a Alfred. Gracias por ser el primer comentario =w=.

Recuerden que un comentario no daña a nadie.

Con cariñitos a Arthur. Screacher