A la mañana siguiente el sonido del móvil volvió a despertarme. "Si vuelve a ser Cassie, no dudaré en presentarme en su casa y cometer un asesinato", pensé. Pero solo vibró un par de veces, lo cual significaba que era un mensaje. La habitación estaba tan a oscuras que ni siquiera podía mirar la pantalla sin que me dolieran los ojos.
"Buenos días, Bella Durmiente. A los chicos y a mí nos extrañó que no vinieras al estudio esta mañana, así que decidí llamar a tu padre para ver si estabas bien. ¡Es hora de levantarse! – H."
El mensaje de Harry me había dejado algo confundida. ¿Cómo que no me había presentado en el estudio? Pero si habíamos quedado a las 10, ¿qué hora sería?
Miré el reloj de mi mesilla de noche, como solía hacer todas las mañanas. No podía ser. Imposible. ¡Las 2 de la tarde! Había dormido casi 14 horas. Todo el mundo sabe que me encanta dormir pero…esto ya era demasiado.
Decidí contestar al mensaje.
"Gracias por preocuparos, estoy bien. Estaba cansada, supongo. Demasiado. Siento no haber ido, os lo compensaré. – A."
Bajé corriendo las escaleras, sin preocuparme en ponerme algo decente. Entré en la cocina donde mi padre estaba ya poniendo la mesa.
-Buenos días. Has llegado justo para el almuerzo.- Sonrió de oreja a oreja.
-¡¿Por qué no me has despertado?! Había quedado con los chicos y los he dejado plantados. Ahora pensarán que soy una arrogante a la que se le ha subido la fama a la cabeza. Qué vergüenza.- Me desplomé en la silla mientras mi padre colocaba mi plato de comida delante de mí. Lasaña casera, mi favorita.
-Nadie va a pensar eso de ti, Alex. Ya seguiréis componiendo, ¡tenéis todo el verano por delante!
En ese momento mi móvil volvió a sonar.
-Alex, te he dicho mil veces que nada de teléfonos en la mesa. Aprovecha este tiempo para hablar con tu adorado padre.- Sonrió para sí mismo.
Este hombre no tenía remedio.
Después del almuerzo decidí llamar a Cassie. Le prometí que le contaría todo sobre el día anterior, pero entonces recordé que aún tenía un mensaje sin abrir.
"¿Nos lo compensarás? Eso suena algo indecente, según cómo se mire. Los chicos y yo vamos a ir esta noche a cenar a algún restaurante del centro, nada demasiado forma, ¿te apetece venir? Creo que sería una buena forma de compensar tu ausencia de hoy, nos lo debes. Puedes llevar a alguien so quieres. Te recogeré a las 7 pm en tu casa, nada de 'peros'. – H."
Lo medité durante un momento. La verdad es que me vendría bien despejarme un rato, y además sería una buena forma de conocernos un poco mejor. Seguro que nos vendría bien a la hora de trabajar.
Ahora sí que debía llamar a Cassie, se pondría como loca. Así que, antes de marcar el número de mi mejor amiga, grité:
-¡Papáaaaa! ¡No me esperes para cenar!
-¡No, no, no! ¡El verde no! Ponte el rosa. No, ese rosa no, el otro. ¡El rosa palo! Queda muy bien con tu tono de piel.- Cassie no paraba de criticar cada vestido que cogía del armario.
-¡Deja de marearme, pesada! Está bien, está bien, ¿este?- Dije mientras sacaba el vestido al que se refería mi amiga.- Suerte que se te da bien esto de la moda si no, ¿qué sería de mí?- Pregunté con dramatismo.
-Nada, amiga mía, absolutamente nada. Ahora ayúdame con esto. ¿El morado o el rojo?- Sujetó un vestido en cada mano, examinándolos uno a uno minuciosamente.
-El rojo, definitivamente. ¡Vas a causar furor! Aunque si llego a saber que ibas a estar más guapa que yo, hubiera elegido el morado.- Fruncí el ceño y me eché a reír al ver que me miraba con extrañeza.
-Me lo había creído, ¿vale? Entonces el rojo, decidido. ¡Hazme uno de tus peinados bonitos!
Seguimos preparándonos durante las siguientes dos horas. Al fin, Cassi decidió recogerse el pelo en un moño alto y yo opté por rizarlo y dejarlo suelto. Justo cuando pasaban cuatro minutos de las 7 sonó el timbre. Oí a mi padre recibir a la persona y saludarla. Qué puntual.
Intenté bajar las escaleras lo más erguida y elegantemente posible, pero los tacones que llevaba no ayudaron mucho. Cassie bajó detrás de mí y sentí que me daba un pellizco en el brazo en el momento en que vio a Harry allí de pie. No sabía si era porque estaba nerviosa o porque estaba guapísimo. La camisa azul marino que llevaba le quedaba perfectamente ajustada a su torso. Vale, nota mental, debo quitarme estas cosas de la cabeza si quiero volver a mirarle a los ojos sin pensar mal.
-Vaya, ¿quién es esta belleza tan deslumbrante? ¿Nos hemos visto antes?- Dijo sin quitarme los ojos de encima.
-Ja, ja, muy gracioso.- Puse los ojos en blanco.
-Me refería a tu amiga.- Respondió Harry, dirigiéndose a Cassie y tendiéndole la mano.-Encantado, soy Harry.- Le dedicó una sonrisa arrebatadora.
Y allí me quedé yo, plantada en mitad de la sala sin saber qué hacer. ¿Por qué siempre se empeñaba en dejarme en ridículo? No sabía por qué pero estaba empezando a molestarme.
Sin embargo, Harry vino hacia mí y me envolvió en un abrazo. Sentí su respiración en mi oído.- Era broma, estás muy guapa.- Susurró.
Entonces me sonrojé como nunca. Nueva nota mental. Alex, para.
-Gracias.- Aún así sonreí de forma sincera.- Anda, vámonos ya.- Empujé a ambos hacia la puerta y nos pusimos en marcha hacia el restaurante.
La cena pasó sin contratiempos, demasiado rápido para mi gusto. Me lo estaba pasando muy bien y no quería que la noche acabara tan pronto.
La cena podría resumirse en que Niall no paró de pedir comida, Liam contó su primera experiencia en X Factor, Harry me sorprendió por no soltar ninguno de sus comentarios indecentes, y yo no dejé de babear al escuchar el acento tan gracioso de Zayn. Por otro lado, juraría que Louis no dejó de mirar a Cassie en toda la noche, lo cual me parecía raro porque sé que tiene novia. Bueno, aquello no era asunto mío, al fin y al cabo.
De repente, Niall llamó nuestra atención.- ¡Eh! ¿Por qué no vamos a alguno de esos clubs de por aquí? ¡La noche es joven y nosotros también! ¡Vamos a divertirnos!
Creo que todos estábamos esperando oír una proposición como tal porque no tardamos ni un segundo en levantarnos de la mesa y encaminarnos hacia los coches.
Al final decidimos entrar en uno de esos clubs VIP del centro que no cierran en toda la noche. Nada más entrar, me encaminé hacia el guardarropa y solté mi chaqueta. Ahora me sentía más liberada y lista para bailar. Justo cuando me dirigía hacia la pista, alguien me agarró del brazo y tiró de mí. Volví a sentir su respiración en mi oído.- ¿Quieres algo de beber?- Me encantaba cuando me miraba directamente a los ojos.
-¿Invitas tú?- Pregunté alzando las cejas.
-Solo si bailas conmigo.
Tenía ganas de bailar, así que, ¿por qué no? Sería un buen trato.
-Hecho.- Le agarré la mano y tiré de él hacia la barra.
Harry pidió nuestras bebidas y hablamos un rato hasta acabarlas. Ahora yo sabía que él tenía un gato llamado Dusty y él sabía que yo nunca había tenido mascota pero que me encantaría tener un carlino. Una conversación de lo más interesante, lo sé.
Me tendió la mano y yo acepté encantada. Notaba que el alcohol empezaba a hacerme efecto.
Nos situamos en el centro de la pista y empezamos a bailar. Sonaba una de esas canciones marchosas y pegadizaz y yo me sentía algo desinhibida. No sé cómo pasó, pero en algún momento empecé a notar la mano de Harry clavada firmemente en mi cintura y, ¿besos en el cuello? Harry me estaba besando el cuello. Y entonces más arriba, y más, y más…
-Lo siento, creo que no me encuentro muy bien. Voy a salir fuera un rato a que me dé el aire, ¿vale?
Si dejarle tiempo para contestar, salí a trompicones de entre todo el alboroto de gente hacia la calle, una vez puesto el ridículo sello que me garantizaba el poder volver a entrar. Algo de lo que no estaba segura de querer volver a hacer. Me sentía mareada y estúpida. Por un lado, había soñado con esto desde hacía ya bastante tiempo, el besar a Harry, me refiero. Pero por otro no me parecía correcto, apenas le conocía y no quería ser pillada por fans y salir en las noticias a la mañana siguiente. Intenté llamar a Cassie pero solo saltó el buzón de voz. La última vez que la vi bailaba animadamente con Louis y Niall, así que tampoco quise interrumpirla. Parecía feliz.
¿Qué debía hacer ahora? ¿Pedir un taxi? Ni hablar.
¿Llamar a papá? Eso sí que no. Al menos, no a las 4 de la mañana.
Me sobresalté al sentir una mano sobre mi hombro.
-Vamos, sube al coche. Te llevo a casa.
