Bonjuor!
Comment êtes-vous? Je suis bien.
J'espère que vous avez bien se porter. Tenía tiempo que no avanzaba éste, pues aquí les dejo el siguiente: Capítulo 5. Espero les guste. Gracias a: Averno 10, hina-hatake, CissaCheshire, DarkMinene9, LeMemeFox, Guest, Aoi-Hatake.n.26 por sus comentarios y no se preocupen que en ésta ocasión no pienso asesinar a los protagonistas, sólo hacerlos sufrir un poco, XD.
Antes de subir el cap.5 leí los demás caps. e hice un cambio en éste para darle más emoción, ¿No lo creen? Este lo cambié más de tres veces, espero ahora sí encaje con la trama.
Si aparece una falta ortográfica, mis disculpas, pues no tuve tiempo de revisarlo otra vez.
(.*-*.)
Chapter 5:
"Douloureux Adieu"
(Dolorosa Despedida)
Kakashi y su equipo estaban en la puerta principal de la aldea para marcharse a su misión cuando en sus miradas reflejaban dolor al ver los rostros de sus mismos compañeros de equipo entristecidos.
– ¡Buena suerte! – Les dijo Kotetsu – La necesitarán.
– ¡Traten de sobrevivir!– siseó Izumo.
Ellos asintieron, luego empezaron a caminar. Por otro lado, una sombra saltaba por sobre los techos de las casas a una velocidad incomparable. Deseaba llegar cuanto antes, pero la respiración le era difícil acompasarla, pero no se rendía, necesitaba llegar al punto de encuentro.
– ¿No te despedirás de ella? – le pregunta Genma al peli plateado, con curiosidad.
– ¡No es necesario! – respondió él, sonando indiferente aunque en el fondo deseaba que Anko estuviera allí, pero sería cruel de su parte verla llorar.
Ambos se detuvieron. – Al menos déjale una nota explicando tus motivos, ¿No? – dijo el castaño, intentando hacerlo reaccionar, porque ha visto los ojos de Anko cuando lo mira y sabe a la perfección sus sentimientos hacia el ninja copia.
Espira. – Sufrirá aún más por no decírselo de frente. – susurró fríamente, dando por terminada la conversación.
– La conoces bien. – Genma sonrió melancólico.
– Tanto, que si doy la vuelta en este preciso momento para buscarla, recibiré una golpiza por su parte. – Kakashi suspiró largamente. Apresuró el paso para que Genma deje la conversación por la paz.
– Pensándolo bien, te lo mereces. – dijo Genma, mientras reía, caminando a la par del shinobi de ojos desiguales.
La sombra llegó al lugar justo a tiempo, pasándole por el lado a Kotetsu e Izumo y se detuvo en la salida, apoyando una mano sobre el marco de la puerta, respirando forzosamente a causa de tanto correr.
Kakashi sintió una presencia familiar detrás de ellos, parada en la entrada de la aldea. Se dio vuelta y sus ojos se asombraron de verla allí, respirando agitadamente tratando de recuperar el aliento. Ella se veía pálida y sus ojos notaron que estuvo llorando.
– Mitarashi…– susurra Kotetsu, sorprendido por no haber sentido la presencia de la chica.
– ¿Qué haces aquí? – interroga Kakashi estrictamente, pero en el fondo angustiado de que ella se diera cuenta de sus intenciones.
Anko se desconcertó, no en la forma que habló sino la mirada fría y sin sentimientos que le transmitió al mirarla. Agacha la cabeza, dolida. – Mentiste. – dijo entristecida. – Prometiste hablar con Tsunade-sama y renunciar a pelear. Decidiste no aceptar. ¿Por qué? – levanta la cabeza y algunas lágrimas corren por sus mejillas, las cuales inmediatamente se limpió. – ¿Por qué aceptas morir? ¿Por qué tú? Yo…
– Esto no se trata de ti. – contesta con frialdad. – La aldea corre peligro si no actuamos rápido.
Anko se muerde el labio inferior. – ¿Por eso me engañaste? ¿Prometiste en vano, sólo para que no me enterara? – cierra las manos en puños. – Me excluiste de todo, ésta también es mi batalla. ¿Creías que no me daría cuenta? Pues ya ves que no. – le mira directo a los ojos, reprochando su mentira. – Aún no puedo creer que no me hayas dicho nada; al igual que tú, mi deber es pelear junto a mis compañeros.
– Sólo serías un estorbo. – dijo él como si nada, hiriéndole el corazón. Todos, incluyéndola, abrieron los ojos incrédulos.
Ella vuelve a agachar la cabeza. – ¿Eso soy para ti? ¿Un estorbo? – interrogó, con la voz entrecortada.
Naruto gruñó. – ¿Cómo puede hablarle así? – preguntó irritado y molesto, pero Sakura puso su mano sobre el hombro de él y negó la cabeza, interpretándole que no se metiera, no es asunto suyo.
Kakashi cierra las manos en puños, aguantando las ganas de correr hacia ella y abrazarla. – Serías un estorbo en esta batalla. Sólo mírate. No te has recuperado del todo. ¿Cómo piensas luchar contra el enemigo en ese estado? – preguntó entrecerrando sus ojos. – Mujeres, niños, ancianos, cada aldeano confía en nosotros los shinobis para ser protegidos. ¿Por qué no lo entiendes de una vez?
– ¡Me traicionaste! ¡Confié en ti! – palabras que lo hirieron en lo más profundo de su corazón. Apretó los puños y su cuerpo empezó a temblar. Le enfrenta con la mirada. – Vine porque yo…– coloca una de sus manos en el pecho, lado izquierdo. Anko dio un paso atrás tambaleándose ligeramente mientras un leve rubor cubre sus mejillas. Se veía más pálida y sobre todo agotada. Luego empezó a toser.
Izumo, preocupado, corrió hacia ella. – Mitarashi, no deberías estar aquí. Te hace daño. – le dijo.
Anko se separó de él bruscamente. – Si soy un estorbo como dices, ¿Por qué no me dejaste morir? – le interroga con la mirada cansina, ojos ojerosos. Kakashi entristece. – No pedí que me salvaras. – su respiración se volvió más irregular y el viento no ayudaba, se tornaba cada vez más frío. Retrocedió un par de pasos. Izumo se acercó a ayudarla, pero ella lo rechazó.
– Kakashi…– Genma coloca una mano sobre su hombro. – Estás siendo muy rudo con ella. – el ninja copia desvió la mirada.
– Ella debe entender que la seguridad de la Aldea es primordial y que…– dejó sus palabras inconclusas al verla retroceder cada vez más y apoyarse en el marco de aquel portón respirando con dificultad.
Anko se aferró del marco de la gran puerta. – Yo…– parpadeó a su pesar y un fuerte dolor provino del pecho, impulsando como palpitación. La herida había cerrado, pero el veneno que la espada le traspasó produjo graves daños en su organismo y al parecer no ha sanado.
Ignorándola, se dio vuelta para marcharse. Su equipo no replicó nada, sólo siguieron sus pasos. Dolido y triste se aleja más de ella. Sin embargo, lágrimas recorrían el rostro de la Mitarashi y le impedían ver con claridad como él se marchaba y la dejaba así, en ese estado. No quería que se marchara, no lo permitirá. – ¡No te vayas! – gritó con todas sus fuerzas.
– ¡No me dejes sola! – Kakashi escuchó y se detuvo. – Onegai! – la vuelve a escuchar. – ¡Cumple tu promesa de quedarte! ¡No te apartes de mi lado! – cierra sus manos enguantadas en puños mientras su equipo espera por él a unos pasos más adelante. – ¡No quiero que te alejes de mí! ¡Te necesito! ¡Te necesito junto a mí! ¡No quiero ser un estorbo para ti, pero no me dejes así! ¡No me dejes sin ti! – no la volvió a oír más, eso le inquietó. Rápidamente gira sobre sus talones y ahí estaba, con los ojos entrecerrados, respirando casi al borde del desmayo, labios entreabiertos, piel pálida y sudorosa.
Anko se cubre la boca y empezó a toser. La respiración le hacía toser mientras su pecho subía y bajaba con irregularidad. Kakashi abrió su ojo visible cuanto pudo al verla en ese estado por su culpa. Anko no aguantaba más, avanzó un paso, pero perdió balance y caía hacia delante, sin embargo la detuvieron.
Kakashi había corrido hacia ella y la sostuvo, evitando que se diera un fuerte golpe. – Eres una tonta. Mira que venir así. – le susurra, suavemente. Se arrodilla en el suelo con ella. – Por eso intenté no decirte, porque sabía que te pondrías histérica. – sonrisa. La abraza.
Anko corresponde el abrazo. Más esconde el rostro entre el pecho de él. – No te vayas. – le susurra a su pesar. De nuevo, la tos la atacó.
Kakashi le acaricia el cabello y con la otra mano le frota la espalda. Siente el cuerpo de la chica ardiente. – Tienes temperatura, tonta. – posando sus manos sobre los hombros de ella, la separó de él. La mira a los ojos.
Con las pocas fuerzas que le quedan, se aferró del chaleco de él. – No te dejaré ir. – apoya su cabeza en el pecho de él. – No quiero perderte. No puedo perderte. No quiero, porque…– levanta la cabeza.
– Prometo que regresaré. – le dije seguro de sus palabras.
– Tus promesas no se cumplen. – niega la cabeza. – Y no me arriesgaré a perderte. No a ti. Te quiero, y porque te quiero no lo puedo permitir. – rodea sus brazos alrededor del cuello de Kakashi, quien intentó separarla, pero ella negaba la cabeza y se aferraba a él más que nunca.
– Anko, por favor. Déjame ir. – vuelve a negar la cabeza. Kakashi espira. – Te estás comportando como una infantil. – ella aparta los brazos de su cuello.
Ruborizada y agotada, le mira. – No lo hagas. – le susurra sin que nadie más escuche. – Eres la única persona que menos quiero perder. Te amo. – él abre su ojo lo posible. – Te amo. Te amo. Te amo. – lo abraza llorando. – Te amo. Te amo. Y si te vas, no me volverás a ver. Si decides irte, jamás volveré a hablarte y me perderás.
Kakashi cierra los ojos, arrepentido de lo que piensa hacer. – Lo siento. – le susurra al oído. – Elijo perderte.
Sus palabras la desconcertaron. Abrió los ojos como platos. – Si te marchas, yo…– estaba asustada.
– Kakashi, debemos irnos. – siseó Genma, acercándose a ellos.
Kakashi asiente y se pone de pie. – Sí, vamos. – le responde y se vuelve hacia Anko. – Lo lamento, pero debo irme. – camina un par de pasos, no obstante, Anko le detuvo tomando su mano.
– ¡Si quieres irte, tendrás que enfrentarme! – le dijo segura de sus palabras.
– No lo hagas más difícil de lo que por sí ya es. – se soltó con suavidad.
Un fuerte dolor impulsó de nuevo en su pecho, haciéndola paralizar. Cayó de rodillas y empezó a toser, esta vez expulsando sangre. Kakashi se arrodilló junto a ella. – Maldición, si ella permanece aquí…– se dijo para sí mismo. – Anko, mírame un momento. – ella le mira a los ojos, mientras él se descubre el sharingan. Le sonríe cerrando sus ojos y le limpia con su mano enguantada la gota de sangre que acaricia la barbilla de ella. – Lo siento. Espero me perdones por esto. – posa sus manos en las mejillas de Anko y abre sus ojos.
Anko observó sus ojos, perdiéndose en ellos. Los presentes bajaron sus respectivas miradas entristecidos. Ella se desmayó, cayendo en los brazos de él. – Te amo, y porque te amo no puedo verte sufrir por mi culpa. – le susurró al oído. La carga estilo marital y se aproxima a Kotetsu. – Cuídala. – dijo, pasándola a los brazos del shinobi. – Llévala a casa. Necesita descansar y por favor que Shizune y Kurenai se queden con ella.
– Hai! – desapareció en el aire con ella en brazos.
Kakashi reanudó su camino, pasando por entre sus compañeros, quienes permanecieron sin moverse. – Continuemos. – les dices al detenerse.
– Usar el sharingan en ella… no era necesario. – sisea Genma, apretando los puños.
– No debieron decirle que yo los acompañaría. – atinó a decir Kakashi como justificación. – Lo mantuve en secreto para evitar esa escena que acaban de ver. – cerró sus ojos. – Vino hasta aquí…– los abre con rabia. – Lo último que quería era lastimarla.
– Y lo conseguiste. – le dijo Genma, con recelo.
Enojado, Kakashi lo tomó por el cuello del chaleco. – Jamás he deseado herirla, ¿Entiendes? – lo soltó bruscamente.
– ¿Para qué le dijiste que era un estorbo, ah? No se supone que no quieres herirla, pues ahí lo tienes. Con tus palabras lo lograste. – respondió Genma, alejándose de ellos.
En una impulsiva reacción, Kakashi golpeó con el puño el tronco de un árbol. – Anko es importante. Pero la aldea es primordial – se marchó.
Naruto frunce el entrecejo sin entender. Sai siguió a Kakashi en completo silencio. – No entiendo entonces, por qué la trató así. – susurró el Uzumaki.
– Cuando la invasión, ella y Kakashi tuvieron que luchar contra dos enemigos como un equipo, pero ella quedó gravemente herida. – responde Genma, deslizando sus manos dentro de los bolsillos del pantalón. – No podrá participar de una batalla durante un largo tiempo. Sus heridas por fuera se ven curadas, pero sus organismos fueron terriblemente dañados.
– Eso explica porqué se ha vuelto tan distante. – dijo Sakura, pensativa.
– Cualquier movimiento brusco la altera, así como pudieron notar hace unos momentos. – dijo Genma, los tres reanudaron su camino.
– Vamos, no tenemos todo el día. – sugirió Kakashi y todos desaparecieron en el aire.
En el departamento de Anko, ella comenzaba a sudar estando inconciente y su respiración más agitada debido a la alta fiebre. La temperatura aumentaba, el cuerpo le ardía y el sonrojo en sus mejillas era evidente su estado.
– Izumo, avísale a Shizune y Kurenai que vengan. – dijo Kotetsu. – Su estado cada vez empeora. – su compañero rápidamente se marchó. – Mitarashi, eres una tonta, ¿Cómo se te ocurre aparecer así, en tu condición? – le dijo, suspirando.
Anko, frunciendo el ceño, aprensó las sábanas en sus manos volviéndolas bolitas. Se sentía el sudor en su frente, evidenciando el rubor que aumentaba. Luchaba entre sueños mientras deliraba a causa de las pesadillas provocadas por el sello maldito que impulsó repentinamente. También empezó a toser con ligereza la respiración se tornó difícil y su palidez resaltaba sus ojeras.
Kotetsu coloca una mano sobre la frente de Anko. – Sigue ardiendo e Izumo no llega. – pensó, preocupado por la situación de la chica.
– Ka…ka…shi…– Anko decía, dificultosamente.
En ese momento, Shizune y Kurenai hicieron acto de presencia, acompañadas de Izumo. – Me alegra que vinieran. – sisea Kotetsu. – Mitarashi no deja de llamar a Kakashi.
– Es mi culpa. – sisea Kurenai agachando la cabeza. – Yo le informé que él se iba.
Shizune toma asiento a su lado sobre la cama. Usa su chakra para calmarla. – No es tu culpa, también hubiera hecho lo mismo estando en tu posición. – le anima a sonreír.
En sueños…
Sangre… sangre y muertos por todos lados, alrededor del campo de batalla. Ella siguió avanzando por el campo, primero fueron algunos pasos vacilantes, pero al ver tanto caos se empezó a aterrorizar y corrió. Corrió con todas sus fuerzas al lugar de mayor seguridad. Allí vio un cuerpo en el suelo, rápidamente se aproximó a éste y descubrió que era Kakashi. Un par de lágrimas cayeron al ver muerto a su amigo, compañero de armas y amor.
El pecho ensangrentado y sus ojos sin vida, a parte, no llevaba la banda ninja; estaba tirada a su lado. Anko no resistió verlo muerto. Cayó de rodillas y lo abrazó hundiendo el rostro en su pecho, entonces empezó a llorar desconsoladamente.
El color regresaba al cuerpo de Anko y la fiebre disminuía poco a poco, además su respiración volvió a normalizarse. Shizune terminó de fluir su chakra en Anko. – Ahora, sólo necesita descansar. – se levanta mirándola, especialmente la respiración. – Estará bien.
– Como Kakashi usó el sharingan en ella, es posible que no despierte dentro de unas horas. – dijo Kurenai, caminando hacia la puerta.
– Él no debió usarlo en ella. Estaba muy pálida y ojerosa. Creí que las perderíamos. – siseó Izumo.
– Tendrá sus razones. No lo juzgo. – respondió Kurenai, suspirando. – Cabe mencionar, Anko es impulsiva y a no ser por él, ella se hubiera atrevido a seguirlo. – agacha la cabeza.
– En eso tienes razón. – murmura Kotetsu, sonriendo.
– Dejémosla descansar. – dijo Shizune y todos la siguieron, dejando a Anko sola.
Anko permaneció dormida, sufriendo en sueños por la partida de Kakashi y como prueba, acogió la sábana entre sus manos y la arrugó al momento de cerrarlas en puños. – Kakashi…– susurró, y una lágrima rebelde escapó de sus ojos.
Salut à tous!
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El próximo será más emotivo, se titula: "Tristesse". Lástima que faltan dos capítulos para concluirlos. Nos seguimos leyendo.
Au Revoir!
