Salut à tous!
Comment avez-vous été? J'espère très bien!
Pues, gracias por continuar esta historia que pronto llega a su fin. Les agradezco la paciencia que han tenido por esperar las actualizaciones.
CissaCheshire: Hi! ¿Cómo te ha ido? Espero que bien. Pues… Me alegro que las emociones que intento expresar sean llegadas a cada lector. Procuro depositar en ellas mis propias emociones para hacerlas más realistas. Más, te invito a leer las demás historias que actualizo, como también las que prontamente subiré más adelante. ¡Gracias por comentar!
Dead dreams and Broken hearts: ¿Cómo estás? Es agradable saber que la trama te encante. Aunque pronto termine, habrá más creaciones mejores que ésta. Espero que el final que he preparado para ésta sea de tu agrado. ¡Gracias por comentar!
Ahora, les dejo leer el capítulo 6…
(.*-*.)
"Tristesse"
(Tristeza)
– ¡No te vayas! – Anko le gritó con todas sus fuerzas, mientras corría detrás de él para alcanzarlo. – ¡Kakashi, por favor! ¡No me dejes! Onegai! – extiende su mano. – ¡No me dejes sola! ¡Cumple tu promesa! – él se alejaba cada vez más. – ¡No te apartes de mi lado! ¡Te necesito! – extendió ambas manos procurando tocarlo y detenerlo, pero cada paso que daba lo hacía alejarse más de ella. – ¡Kakashi! – él no miraba hacia atrás. Él era inalcanzable. – ¡No me dejes sin ti! – por más que corría, le era imposible alcanzarlo. – ¡No! – sin prevenirlo, tropezó cayendo al suelo, pero él no se detuvo, se alejaba más y más volviéndose inaccesible para ella.
Tirada en el suelo, empezó a llorar con amargura. Las lágrimas corrían por sus mejillas, mientras éstas estaban teñidas de un rojo carmesí. – Kakashi… ¿Por qué me dejas así? – interroga, sin dejar de llorar. – ¿Por qué? – le dolía el pecho. – ¿En verdad soy un estorbo? – sin darse cuenta, debajo de ella se abría un agujero negro. Siente la presencia de alguien frente a ella. Alza la cabeza. – Kakashi…– él extiende su mano. Ella extiende su mano y cuando estuvo a sólo centímetros de tocarlo, el agujero se abrió haciéndola caer en el abismo más profundo.
– ¡Kakashi! – Anko despertó sobresaltada. Se sentó erguida sobre la cama y mira la palma de su mano derecha. – Tres días. – dijo, luego empezó a recordar el día que Kakashi se había marchado, dejándola herida.
– Flash Back –
– Sólo serías un estorbo.– dijo él como si nada, hiriéndole el corazón. Todos, incluyéndola, abrieron los ojos incrédulos.
Ella vuelve a agachar la cabeza. –¿Eso soy para ti? ¿Un estorbo?– interrogó, con la voz entrecortada.
Kakashi cierra las manos en puños, aguantando las ganas de correr hacia ella y abrazarla. –Serías un estorbo en esta batalla. Sólo mírate. No te has recuperado del todo. ¿Cómo piensas luchar contra el enemigo en ese estado? –preguntó entrecerrando sus ojos. –Mujeres, niños, ancianos, cada aldeano confía en nosotros los shinobis para ser protegidos. ¿Por qué no lo entiendes de una vez?
– Flash Back –
– Kakashi…– algunas lágrimas escapan de sus ojos. Las limpia con las muñecas de sus manos. – Te odio… Te odio Kakashi. – trató de levantarse de la cama, pero se sentía mareada y tuvo que permanecer sentada. – Rompiste nuestra promesa y no te importó usar el sharingan contra mí. – baja la mirada. Las piernas descienden tocando el suelo. Sobre el Bureau vio la banda que la identifica como Ninja de la Hoja. Su mirada se ensombreció al verla. – Sólo quería vivir una vida normal… contigo. – se levanta de la cama tambaleándose y fue a darse una ducha.
Poco a poco hizo su camino hacia el baño. Allí se desvistió y abrió el grifo. El sonido del agua cayendo contra el piso le hacía sentir tristeza. Cerrando los ojos pesadamente, se consintió sentir las cálidas gotas de agua golpeteando suavemente contra las curvas, cumbres y hondonadas de su rostro para luego comenzar a caer lentamente por éste hacia abajo, por su mentón, su cuello, la pequeña depresión de su clavícula, entre sus pechos, su plano vientre y finalmente hasta sus pies, en el resbaloso suelo de cerámico blanco.
Se permitió el lujo de durar en ese trance de liberación al menos un par de minutos más, recordando a sus amigos y los momentos difíciles y felices que compartió con ellos, él último en ver su imagen fue la de Kakashi mirándola fijamente; aquello rompió su corazón.
Abre los ojos. – ¿Por qué preferiste a la aldea que a mí? – agacha la cabeza, dejando que el agua mojara su cabello. – ¿Por qué si yo…? – el cuerpo empieza a temblar. – ¿Por qué? – varios gemidos ahogados escaparon de su garganta. – Esta aldea no traerá de vuelta a nuestros amigos. Todos ellos murieron, todos. Y no quiero perderte. – se lleva la mano a su boca. – No quiero. – se deja caer de rodillas, derrotada. – Ya no quiero más dolor. – apoya ambas manos en el suelo. – Te quiero de vuelta. – gemidos identificados como sollozos escapan de su boca. – Debiste dejarme ir contigo. – lágrimas brotan de sus ojos, las cuales se confunden con el agua. – ¡Te amo, Kakashi! – se muerde el labio inferior, mientras los sollozos se intensificaban. – Te amo y eso no puedo cambiarlo. Pero…– entrecierra los ojos. – Tomaste una decisión. Si regresas no te volveré a hablar. No lloraré más por ti, porque no te mereces mis lágrimas. – se pone en pie y cierra el grifo.
Toma una toalla, la cual sujetó firmemente alrededor de su cuerpo. Luego, sin más, abandonó la pequeña ducha y tomó una segunda toalla para comenzar a presionar, delicadamente con ésta, su cabello de tonalidad lila, una y otra vez, librándose del exceso de agua en éste.
Se miró al espejo. La imagen que le devolvía el espejo era de una mujer desorientada y derrotada. Se vistió lo más calmamente posible: un short rojo vino, un jersey ajustado de color negro y las sandalias Ninja. Toma entre sus manos la banda Ninja, pues no sabía si ponérsela, por tanto, la guardó en su porta shurikens. En seguida, salió de su departamento.
La aldea parecía un lugar triste, desolado. Pensó que para buscar una respuesta debía ir a la casa de Kurenai, aunque debido al embarazo no sería bueno abrumarla con sus problemas, entonces se dirigió a la Academia Shinobi.
En la sala de maestros…
– ¿Han recibido noticias? – pregunta Ebisu, acomodándose los lentes oscuros.
– No, nada. – responde Izumo, desanimado.
– Escuché a Shizune hablar sobre una emboscada. – dijo Kotetsu, posando una mano debajo del mentón. – Al parecer no funcionó y muchos de nuestros shinobis resultaron gravemente heridos, otros con leves lesiones y unos cuantos fallecidos. – los presentes agachan la cabeza.
Izumo se aclara la garganta. – ¿Qué sucedió con el equipo de Kakashi? – interrogó intrigado.
– Fue el primer escuadrón en ser atacado. – respondió Kotetsu. – No se sabe si hubieron sobrevivientes.
– Entonces Kakashi podría estar… muerto. – susurra Ebisu.
De repente, los tres sintieron una presencia en la entrada del salón. No se habían percatado de dicha presencia hasta ahora. Sabían de quien se trataba, pues observaron hacia la puerta y ahí estaba.
– Mitarashi…– susurra Kotetsu.
En efecto, Anko estaba parada en la entrada y había escuchado absolutamente todo. Sus ojos abiertos desmesuradamente, les confirmaron sus sospechas. Ella cerró las manos en puños apretándolos con fuerza hasta temblar. Luego, salió corriendo.
– ¡Espera! – gritó Kotetsu, levantándose, sin embargo, ella ya había huido. Suspira. – Debimos ser más discretos.
– Tarde o temprano se iba a enterar. – dijo Ebisu, agachando la cabeza.
– Esta manera no era la correcta. – respondió Kotetsu, tomando asiento.
Anko corría con todas sus fuerzas, atravesando los pasillos de la Academia. Las piernas disminuyeron la velocidad y sus fuerzas la abandonaron. Se detuvo a respirar agitadamente. Más camina para irse de aquel lugar. – ¡Auch! – se quejó cayendo al piso. Había chocado con alguien fuerte que la tumbó de ese modo.
– Anko, ¿Estás bien? – pregunta la firme voz.
Ella no respondió. Tsunade la ayudó a ponerse en pie. – Por tu mirada, adivino que ya te enteraste. – espira. – Entiendo cómo debes de sentirte. – le mira con compasión. – Supe lo que Kakashi hizo para alejarte de esto. Siento mucho que haya sucedido así. – Anko no sabía qué decir, sólo se limitó a mirar el suelo, enojada consigo misma. – Puedes confiar en mí. – le dijo. – Si necesitas algo o hablar conmigo, no dudes en buscarme. – empezó a caminar a lo largo del pasillo.
– Pido…– Tsunade-sama se detiene. – Pido reintegrarme al equipo. – dijo Anko, con seguridad en su mirar. – Quiero ayudar a mis compañeros. No puedo quedarme con los brazos cruzados sin hacer absolutamente nada. – Anko se dio vuelta, esperando una respuesta.
– Lo lamento Anko, pero no formarás parte de ningún equipo. Permanecerás en la aldea. No me arriesgaré a perder más shinobis. – respondió y continuó su camino. Anko apretó fuerte sus dientes y frunciendo el entrecejo desvió la cabeza, rechazando esa decisión.
Llegada la noche, y como Anko no podía desobedecer las órdenes de la Hokage, se sentó sobre el techo de una casa con el único objetivo de contemplar la ciudad. El aire frío tocaba sus piernas, entonces las apegó a su cuerpo y los brazos sobre ellas, tal como lo hacía cuando era pequeña y se sentía triste, sola.
El viento sopló de repente. Las hojas de los árboles se mecían con violencia, el aire era inquietante. Ella sentía una extraña sensación, además su corazón empezó a latir fuerte y agitadamente. No podía explicar el porqué de esas emociones, pero una pequeña esperanza arropó su corazón.
– ¿Por qué tengo esta sensación? – se pregunta, contemplando la luna llena.
En la Torre Hokage…
Tsunade estaba sentada sobre su sillón, girada a la ventana, contemplando al igual que Anko, la luna llena. Se sentía mal por todo lo que sucedía y por no poder salir de la aldea a ayudar a sus shinobis. La desesperación de no tener noticias sobre lo acontecido le frustraba de sobremanera.
Shizune arribó bruscamente al despacho de la rubia. – ¡Lady Tsunade! – respira con dificultad como si hubiera corrido un maratón. Tsunade-sama le mira desconcertada. – ¡Regresaron! – exclama sonriendo. – En este momento reciben atenciones médicas.
Tsunade se pone de pie, aliviada. – Entonces…– empezó a decir la Quinta.
Shizune asiente con la cabeza. – La aldea del Sonido se rindió ante nuestras tropas, pero muchos de nuestros shinobis resultaron gravemente heridos. – informa, revisando unos expedientes.
– ¿Y Kakashi? – interroga temeraria.
Shizune niega la cabeza. – Su estado no es el mejor. – dijo, entregándole la carpeta. – Están haciendo todo lo posible para salvar su vida.
Tsunade toma asiento, más gira la silla hacia la ventana. – Necesito que llames a Anko Mitarashi. Yo misma le daré la noticia. – dijo, firme.
– Pe-Pero… Espere que su estado normalice. – dijo la joven, preocupada. – Ella no…– es interrumpida.
– Es necesario que se entere por mí sobre el estado de Kakashi. – sisea la Hokage, entrecerrando sus ojos. Sabía que ella iba a replicar, por tanto giró la silla y la miró con severidad.
– Como usted diga, mi Lady. – hizo una reverencia y marchó, dejando a la Hokage pensativa.
Anko entrecierra los ojos con tristeza. El ambiente no era muy agradable y el frío aumentaba. La tristeza que sentía en ese momento era indescriptible; sentía un profundo dolor en su pecho, hincando con presión. Prontamente, Shizune apareció frente a ella.
– Anko…– se acerca a ella, paso a paso. – La Hokage requiere tu presencia en su despacho. – le informa, mirada entristecida. – ¿Anko? – ella no responde.
Anko recuesta la cabeza sobre los brazos. – Está muerto, ¿Cierto? – sonrisa irónica. – Sabía que esto pasaría. – una lágrima rebelde escapó de su ojo izquierdo. – Le advertí, le pedí que se quedara, pero ignoró mi petición. – esconde el rostro entre sus brazos. – Quise detenerlo… Lo intenté. – su cuerpo empieza a temblar. – Aún así, decidió marcharse sin importarle mis sentimientos, mi dolor.
– Él sigue vivo. – dijo Shizune, arrodillándose a su lado. Anko ignoró esas palabras. – Los médicos hacen lo posible para salvar su vida. Es posible que no dure la noche. En otras palabras, puede que… muera. – posa una mano sobre la cabeza de la Mitarashi.
– ¿Y eso qué? – pregunta Anko sin levantar la cabeza. – Cuando salió de la aldea para enfrentar al enemigo, destrozó lo único bello que sentía por él. – alza la cabeza. – Morí con él. Así que no pienses que iré a verlo porque…– se muerde el labio inferior. – No iré.
– Anko…– susurra Shizune, dolida por las palabras de su amiga.
– Si aceptaba ir, no volvería a hablarle. – dijo la Mitarashi, mientras se pone de pie mirando el suelo. – Kakashi Hatake, para mí, está muerto. – susurró y después desapareció en el aire.
– ¡Espera! – intentó detenerla, pero era demasiado tarde.
La Mitarashi saltaba por los techos a gran velocidad. Quería huir de todo, de todos y de ella misma. Se siente destrozada, cree que todo a su alrededor la señala y sus errores nunca se olvidan, están ahí señalándola como si fuera una fugitiva.
Ella necesita comprensión, amor, pero a él no le importó su sentir. Se marchó, dejándola atrás como a un objeto. ¿Cómo lograr sobrellevar esta carga? ¿Cómo despojar de su vida, ese temor que carcome por dentro su corazón? ¿Cómo ser feliz si cada suceso trae tristezas y tragedias?
No es sencillo borrarlo de la noche a la mañana. Ella quiso protegerlo y falló en su propósito. Sus ojos entristecidos, locos por llorar, sin embargo, la última lágrima que tenía por dejar escapar ya fluyó. Sus ojos ya no lloran.
Se detuvo, luego levantó la cabeza, más se sorprendió muchísimo porque estaba parada frente al Hospital ni siquiera supo en qué momento tomó el camino hacia ese lugar. Estaba desconcertada, pero sobretodo confundida.
– ¿Qué hago aquí? – se pregunta, estupefacta.
(*-*)
Espero que les haya gustado éste capítulo. Pues el siguiente es el último. Trataré de que sea bueno, y contenga los sentimientos, emociones que le den un final aceptable.
El próximo… Capítulo 7: "Mes Sentiments".
Matta ne!
