Salut à tous!

¿Cómo están?

Gracias a todos por comentar y dejar sus opiniones. Gracias también a aquellos que leen y no comentan, se les toma en cuenta. Gracias por continuar esta historia hasta su finalización.

Este capítulo me surgió de repente, pues el capítulo oficial era otro, pero no me convenció del todo. Era, más bien, lleno de peleas entre esos dos y unos enemigos aparecen en el bosque y unos cuantos problemas que lo hacían más largo, por tanto, creé éste. Espero les guste.

Nos seguiremos leyendo en otras de mis historias. Seguiré actualizando cuando me sea posible. Estaré dos semanas intensas tomando examenes. Nos leeremos pronto. Bye! Bye!

(.*-*.)


"Mes Sentiments"

(Mis Sentimientos)

La mañana floreció hermosa y cálida. Las aves cantan una melodía hermosa mientras las hojas de los árboles se mecen al compás del viento. Una mañana cálida y relajante se podría decir. Todo estaba tranquilo, cero ruidos molestos y mucho silencio. Pero las risas de los niños armonizaron el entorno mientras corren por las calles jugando en conjunto.

La brisa mueve las blancas cortinas. A través de éstas, los rayos del sol se colaban por la ventana iluminando cada rincón de la habitación de Hospital donde Kakashi abría su ojo visible con pereza, no llevaba la máscara, no obstante, la sábana cubría parte de su rostro. Miró a su alrededor e intentó sentarse, más le era difícil debido a las heridas del cuerpo, entonces se mantuvo acostado.

Entristeció, al ver la habitación totalmente vacía. Esperaba que ella estuviera allí con él, a su lado, aunque claro lo que le hizo no es tan fácil de perdonar: usar el sharingan contra ella y por si fuera poco rompió su promesa.

Anko…– pensó melancólico. – Cumpliste tu amenaza. – sonrisa, entristecida.

De repente, la puerta se abre. Inmediatamente observó quien entraba a la habitación, pensando en quizás era ella. Pero su desilusión fue notable al ver a sus amigos entrar.

¿Cómo te sientes? – interroga Genma entrando, seguido de Gai.

Creo que bien. – responde desanimado.

Pensaba que morirías. – dice Gai, sonriendo.

Kakashi suspira. – Unos minutos más y no estaría aquí. – susurra, cerrando su ojo visible.

¿Necesitas algo? – pregunta Gai, caminando hacia la puerta.

Mmm… Sólo la visita de alguien. Lástima, creo que no podrá ser. – dijo Kakashi, abriendo su ojo visible, luego mira en dirección a la ventana.

Todo es posible. – murmura Genma, deslizando sus manos dentro de los bolsillos del pantalón. – Puede que no te hable, pero eso no significa que no se preocupa por ti. – con la mirada le indicó en dirección hacia una esquina, donde se ubica el sofá. Una sonrisa atraviesa los labios de Kakashi al verla dormida tranquilamente sobre el sofá. – Cuando se enteró, vino a verte. Estaba nerviosa y sumamente preocupada. Cuidó de ti en estos tres días que estuviste inconsciente.

Se ve hermosa cuando duerme. – susurra Kakashi, apenas audible, lo suficiente para ser escuchado por Shiranui.

Genma asiente. – Ella es hermosa y espero que tú no la hagas sufrir. – le advierte, con cierto tono de amenaza que no pasó desapercibida por el Hatake.

¿Quieres que la despierte para que puedan charlar? – interroga Gai, acercándose a ellos.

No es necesario, déjala descansar. – responde Kakashi sin dejar de mirarla.

Lentamente, Anko abría sus ojos miel, más tomó asiento, parecía adormilada. – Será mejor que la lleve a su casa. Necesita descansar. – sugiere Genma, mirando a Kakashi en espera de una afirmación. Luego la tomó en brazos y desapareció en una voluta de humo.

Te has vuelto todo un casanova. – replica Gai y le dio una fuerte palmada en el pecho de Kakashi, quien abrió los ojos y empezó a toser por el golpe. Cuando logró reponerse, cerró su ojo visible, feliz.

Más tarde…

El Hatake abre sus ojos y volteó la cabeza en dirección a la puerta al escuchar el clic de la cerradura. Anko arribó sosteniendo un jarrón con flores violetas y las colocó sobre el alféizar de la ventana. Ella vestía una mini-falda negra, un jersey ajustado de color beige y unas botas del mismo color. El pelo lo llevaba recogido en una coleta que caía sobre su hombro izquierdo. No portaba la banda ninja, pues ella pensó que no era necesario tenerla puesta para una pequeña visita al Hospital.

La ve caminar de regreso hacia la puerta. – Anko, yo…– empieza a hablar, pero se detiene. La observa.

Ella toma asiento sobre una silla al lado de la cama, más empezó a pelar una manzana usando un cuchillo bien afilado. Pues, Kakashi tragó saliva, imaginándose lo que vendrá más adelante. Anko permanecía en silencio mientras veía las cáscaras de la manzana caer en un pequeño plato que estaba sobre sus piernas.

Sé que no me perdonarás tan fácil por decir todas esas palabras tan duras. – dice él, evaluando y analizando el terreno. Ella no contesta, pero él podía sentir el incómodo silencio y la vibra negativa rodear el cuerpo de la Mitarashi. – Estás molesta, lo entiendo a la perfección. – Anko deja de pelar la manzana, esperando que él continúe.

Silencio total. Silencio que los torturaba a ambos. A él por no saber cómo disculparse y ella por querer hablarle, pero su orgullo era bastante fuerte. No podía doblegarse ante él así de fácil. Kakashi la mira fijamente mientras ella veía la manzana en sus manos a medio pelar. El Hatake abre la boca para hablar, más sin embargo, las palabras no salieron de su garganta. Deseaba abrazarla, besarla… No obstante, ella sería capaz de enterrarle ese cuchillo en la garganta.

Sonríe al imaginarlo. – Anko, yo…– ella prosigue con su labor de pelar la manzana hasta terminar. Más la corta en trozos pequeños. – ¿No piensas hablarme? – él enarca una ceja. Ella cortó un pedazo con tanta presión que el cuchillo cuarteó el plato. Otra vez, Kakashi tragó saliva, estaba nervioso de lo que podía suceder en esa habitación. – Necesitamos hablar.

Mitarashi se levanta de la silla y camina hacia la esquina, donde se ubica el zafacón, luego tiró bruscamente el plato con las manzanas en éste. Más regresó en dirección de Kakashi, en el camino toma otra manzana de una canasta y otro plato, y toma asiento sobre la misma silla.

Kakashi deseaba ver sus ojos, pero los flequillos del cabello se lo impedían. – ¿Por cuánto tiempo piensas aplicarme la Ley del Hielo? – interroga, viéndola desnudar la manzana. – ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Tres días? ¿Un año? – Anko detiene su acción, sus manos tiemblan entretanto una de ellas sostiene fuertemente el cuchillo. – Al menos, ¿Puedes mirarme a los ojos? – ella desvía la cabeza a un lado. – Bien. Te resistes a no verme. – dice en voz baja. Intenta tomar asiento sobre la misma cama, pero un quejido escapó de su garganta. Por un momento, la vio impulsada a ayudarle. Eso era algo bueno, ¿No? – Debes odiarme lo suficiente como para ni siquiera verme. – la ve continuar con su labor.

Delicadamente, corta la fruta en trozos evitando que la fuerza acumulada gracias a su enojo, rompiera otro plato. No quería verlo, puesto si lo hacía correría hacia sus brazos y no sabía qué sería capaz de hacer… tal vez abrazarlo o peor aún, besarlo. Eso era. Deseaba besarlo hasta quedar sin aliento por tenerlo vivo frente a ella, y golpearlo con todas sus fuerzas hasta agotarse por haberse ido así sin ella. Sólo una pregunta rondaba su cabeza que no la dejaba pensar con claridad: ¿Por qué?

Insúltame o golpéame todo lo que quieras, tienes mi permiso. – dice Kakashi, extendiendo una mano hacia el rostro de Anko, pero ella alejó su rostro evitando ser tocada, puesto si lo dejaba se derretiría bajo su tacto. – No quiero que nuestra amistad termine así. – aleja su mano, entretanto Anko se muerde el labio inferior con impotencia.

¿Amistad? ¿Por qué habla de amistad ahora? ¿Por qué, si le confesó que lo amaba? Su mano que sostiene el cuchillo tiembla. Necesitaba llorar, abrazarlo… Pero escucharle mencionar "nuestra amistad" la derrumbó. Ella no puede verlo como un amigo más, ya no. No después de arrojarse a sus brazos el día de su partida, llorando y pidiéndole con todo su ser que no se marchara y a pesar de todo, él lo hizo.

Por favor, mírame. – suplica, arrepentido por todo lo sucedido. Verla indiferente le dolía más que las heridas físicas. – No permitas que nuestra amistad muera. – ella lanzó el cuchillo hacia la pared con todas sus fuerzas, furiosamente enojada y con agresividad. Kakashi tragó grueso, más agacha la mirada al suelo. – Cuando te vi llorar, sentí el impulso de quedarme para protegerte. Me sentí un miserable.

Anko coloca el plato con las frutas sobre la mesita. Luego se levanta para marcharse pues no quería escuchar, pero Kakashi la agarró de la muñeca. – Perdóname. – susurra, entristecido.

Ella se soltó bruscamente. Sin embargo, Kakashi la volvió a agarrar de la muñeca. Esta vez apretándola. Ella empezó a forcejear por la presión y dolor causado por él. Kakashi la ve fruncir el entrecejo, señal de dolerle la mano, pero le haría hablar si eso era necesario.

¡Escúchame! – exclama, halándola hacia él. Ella tiraba de él, procurando ser soltada. – No seas cobarde, Anko Mitarashi. – la aludida dejó de forcejear. – Cometí un error, sí. Rompí nuestra promesa, lo acepto. Soy culpable, mírame como estoy. – ella le mira de soslayo.

Anko niega la cabeza bruscamente. Verlo en ese estado, le recuerda la condición deplorable cuando él ingresó al Hospital. Se sintió morir. En el instante cuando lo llevaban en la camilla a emergencias, ella lo sostuvo de la mano deseando con el corazón que se salvara. Y ahí lo tiene frente a ella.

Lo que hice, fue para protegerte. Entiende que no fue fácil para mí. – dice Kakashi. – Si deseas odiarme, adelante. Si no quieres hablarme, está bien. Pero al menos escucha mis razones.

¿Qué me vas a decir, ah? ¿Qué soy un estorbo para ti? – pregunta con sorna. – No. Ahora, suéltame. – exigió.

La haló abruptamente hacia él, provocando que ella cayera sobre él. Más rodeó sus brazos alrededor de ella. – Cálmate. – Anko lo empujaba para levantarse y huir, huir de él, de todo.

¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Déjame! ¡Déjame ir! – exclama, desesperada. – Si no me sueltas, voy a gritar. – retó.

Hazlo. – la incita a hacerlo. – A ver si alguien viene y escucharé qué le dirás a la persona que venga en tu auxilio. – sonrisa. – Ahora sí me hablas. Pensé que la Ley del Hielo duraría más tiempo. – la suelta, ella se reincorpora. – Es fácil hacerte enojar.

En un impulsivo acto, le dio una fuerte bofetada que le viró la cabeza hacia un lado. – Eso es por mentirme. – murmura entre dientes, furiosa. Kakashi la miró, pero ella le dio otra fuerte bofetada al otro lado del rostro, haciéndole virar la cabeza al lado contrario. – Y esto, por romper nuestra promesa.

¿Te sientes mejor? – interroga, con la cabeza de lado sin mirarla. Anko cerró las manos en puños. Silencio. Silencio sumamente incómodo. – Lo siento. No quise que sufrieras por mi culpa. No tuve otra alternativa. – la observa fijamente. – Lo hice para…

No quiero escucharte. – sus ojos llenos de tristeza y profunda soledad. – Me dejaste sola. Quería ir contigo. No me importaba si moría, sólo deseaba estar contigo. – Kakashi agacha la cabeza. – Si moríamos, al menos hubiera sido juntos en aquella batalla. ¡Pero te largaste! – le lanza una mirada de reproche. – Me dejaste… me dejaste sola y no te importó mi estado. Usaste tu sharingan en mi contra, dejándome inconsciente para irte sin mí. – retrocede hasta casi llegar donde está la puerta. – No me pidas que te perdone. No quiero perdonarte, pues me duele… Me duele saber que mis sentimientos no fueron suficientes para detenerte. – se lleva ambas manos al pecho. – Te pedí, te supliqué que no me dejaras. ¿Y qué hiciste?

Perdóname Anko, no quise hacerte daño. – susurra, dolido. – Pero nuestro deber está por encima de todo tipo de sentimientos. No podía defraudar a decenas de compañeros, sólo por un capricho.

¿Un capricho? – interroga alterada. – Ahora le llamas capricho. Bien, muy bien Kakashi Hatake. – se da vuelta. – ¡Bien! – exclama, enojada. – Bien. – susurra en voz apenas audible. – Me sentí muy feliz sabiendo que te tendría a mi lado.

Pero estoy aquí, contigo. – dijo Kakashi, procurando levantarse de la cama.

Anko niega la cabeza. – Te pedí que fueras sincero. Pues, eres lo único hermoso que tengo. – su cuerpo empieza a temblar. – Pero me engañaste y yo caí como una tonta. No, tonta no es la palabra. – alza la mirada al techo, procurando evitar las lágrimas escapar de sus ojos. – Es estúpida. Sí, soy una estúpida en creer en tus palabras y promesas. Pues debía de saberlo a la perfección, eres un maestro del engaño.

No seas cruel contigo misma. – avanza un par de pasos.

Que no sea cruel. – baja la cabeza. – Para ti soy un estorbo. Tú mismo me lo dejaste saber.

No, no lo eres. Lo dije con el objetivo de que me dejaras partir. – un par de pasos más y podía abrazarla.

Me doblegué enfrente de esas personas. ¿Para qué, ah? – cierra sus manos en puños. – ¿Para que me dejaras como una estúpida? – rápidamente giró y se encontró con Kakashi frente a ella, a pocos centímetros de sus labios tocar los suyos. Estaba paralizada.

Tomando su rostro con ambas manos, la besó. Beso que ella al principio se negó a responder, pero mientras Kakashi profundizaba el beso, corriendo su lengua por todo el labio inferior, ella empezaba a corresponder a gusto, pero luego rompió aquel contacto bruscamente. Más ella, posando sus manos en el pecho de él, lo empujó; sin embargo, empleó tanta fuerza que ella misma chocó de espaldas contra la pared.

El hormigueo del golpe subió a su pecho y empezó a toser. Ni siquiera le habló, simplemente lo miró aún más molesta y desaprobando su actitud. Kakashi se sintió fatal por ser impulsivo pensando en quizás a ella le gustaría, entonces la haló de nuevo a su regazo y la abrazó fuerte aferrándose a ella como esa noche en el baile.

Lo lamento. – susurra, aspirando el aroma del cabello de la Mitarashi. – Pensé que si te ocultaba mi designación estarías bien. Me preocupaba que tú pelearas en un campo abierto fuera de mi alcance y se me presentó la oportunidad de librarte. No lo pensé, tan sólo lo hice. – la apega más a su cuerpo. – Sé que no hice bien en ocultarlo, pero te veías feliz. Estabas herida y no podía permitir que murieras en batalla, la cual fue una masacre.

¿Es porque soy débil? – murmura. Corresponde a su abrazo, rodeando los brazos alrededor de la cintura desnuda del shinobi.

Un hombre debe cuidar a su chica no importa lo fuerte que ella sea. – contesta Kakashi, acariciando con la nariz, el cuello de la Mitarashi.

Anko cierra sus ojos, sintiendo la suave caricia del Hatake. – Sólo quería vivir una vida normal… contigo.entreabre los ojos. – Pero elegiste a la aldea antes que a mí. ¿Por qué si yo…? – el cuerpo empieza a temblar. – ¿Por qué? – varios gemidos ahogados escaparon de su garganta. – Esta aldea no traerá de vuelta a nuestros amigos. Todos ellos murieron. – esconde el rostro en el pecho de él. – No quería perderte. Te quería para mí.

Pero estoy vivo, Anko. – acaricia el cabello de la nombrada en señal de calmarla.

Ella niega la cabeza. – ¿Qué hubiera pasado si ahora estuvieras muerto? – lo empuja, alejándolo de ella. – ¿Eh? ¿Qué hubiera pasado? ¿Es que no ves la realidad de todo esto? – deja el cuerpo apoyarse contra la pared. – Estaría sola. – desliza su cuerpo hasta caer sentada. – Te odio… Te odio Kakashi. – algunas lágrimas escapan de sus ojos. Las limpia con las muñecas de sus manos.

Kakashi se arrodilla frente a ella. La veía frágil. Acarició sus mejillas. – ¿En verdad, me odias? – ella baja la mirada. – ¿Me odias tanto que no puedes perdonar mi error? – la obliga a levantar la mirada. – ¿Qué pasó con las palabras "Puedes contar conmigo" que tanto me decías? ¿Dónde quedaron? – Anko desvía la mirada. – ¿Qué pasó con la frase "Te necesito" que me gritaste? – Anko aparta las manos de Kakashi de su rostro. – ¿Dónde quedó el "Te amo" que tantas veces lo escuché de tus apetitosos labios antes de marchar? – ella abre sus ojos, desmesuradamente. – No me odias, al contrario. Estás enojada porque antepuse la aldea en lugar de a ti. Sin embargo, conoces cada una de las reglas shinobis. Es nuestro destino por haber elegido este camino. Lo sabes. Sabes perfectamente mejor que yo, cuál es nuestro deber como ninjas. – posa sus manos en las mejillas de Anko. – No te ciegues por el enojo y dime qué sientes en este momento. Quiero saber.

Me siento cansada…– responde, entrecerrando sus ojos. – Cansada de luchar, cansada de todo, cansada de… tus falsas promesas. – cierra sus ojos. – Estoy harta de no poder vivir una vida normal. Quiero renunciar. Renunciar a ser kunoichi de la Hoja. Quiero…– abre los ojos y mira fijamente los ojos del Hatake. – Deseo…– temblorosa, toca la mejilla de Kakashi. – Deseo estar… contigo. – el rubor cubre sus delicadas mejillas e intenta ocultarlo de él, bajando la mirada. – Anhelo despertar todas las mañanas contigo a mi lado. – Kakashi la obliga a mirarle. – Me gustaría poder decir…– Anko pasa sus dedos por la frente, mejilla, mentón de él. – aquellas palabras que siempre he querido pronunciar.

Entonces… dímelas ahora. Nadie nos interrumpirá. – responde, acercándose a ella poco a poco. – Dime lo que también he querido escuchar. – roza sus labios con los de ella sin tocarlos.

Yo…– ve cómo Kakashi posa una mano en la pared con el propósito de apoyarse y la otra mano acariciando su mejilla con cierta ternura que la hacía estremecer. – Yo…– podía sentir el aliento del shinobi chocar contra sus labios. Entrecierra sus ojos, deseosa de probar esos labios ahora mismo.

Kakashi apoyó su propia mejilla contra la de ella, más la acarició. Para luego besar las comisuras de los labios de Anko, dejándola anonadada. – ¿Tú? – la incita a proseguir. La mano que posaba en la mejilla de Anko, la trasladó a su delgada cadera.

Por su parte, ella sintió una descarga eléctrica recorrer su cuerpo, más se estremeció nuevamente. Su cuerpo pedía más de aquel suave contacto que la estaba volviendo loca. De pronto, sintió el lóbulo de su oreja ser mordido con suavidad. Entrecierra sus ojos sintiendo la lengua de Kakashi jugar con su oreja. – Yo te…– dejó escapar un ligero gemido al sentir la mano de Kakashi que antes estaba en la cadera, ahora en su espalda debajo de su jersey color beige. – Detente. – le suplica, intentando contener otro gemido. – Estamos en un… mmm… Hospital. – sus mejillas estaban rojas. La respiración se agitó.

Si dices lo que me ibas a decir. – le susurra al oído, seguido una mordida en la mandíbula.

A…– coloca ambas manos en el desnudo pecho del shinobi con la intención de alejarlo de ella, pero sentir su piel desnuda bajo su tacto, la desarmó por completo. – A… Kaka… shi…– junta sus piernas con fuerza. Estaba perdiendo los estribos. Ya no podía seguir aguantando tanta tentación; pero para acabar de desarmarla, Kakashi rozó con sus dedos los muslos de ella. Anko entreabre su boca mientras el pecho sube y baja desesperada y agitadamente. – No. – cierra sus ojos fuerte.

Kakashi sonríe al verla y sentirla desesperada. Para él, ella se veía hermosa así sonrojada, respirando agitada, el sudor corriendo por su cuello y pecho, y con la ansiedad de pedir más de aquel contacto. La estaba sintiendo perder la cordura y eso lo excitaba más. – ¿Qué sucede? – le interroga susurrando en su oído.

El sentir el aliento en el oído, acabó con ella. Anko tomó la mano de Kakashi posada en su muslo y la llevó a sus labios. Besó la palma, luego el dorso sin dejar de mirarlo. Más se entró en la boca el dedo índice con cierta sensualidad que jamás había conocido ese lado de ella, provocando que Kakashi la tomara del cuello y la besara con ímpetu.

Kakashi llevó ambas manos a las mejillas de Anko profundizando el beso. Le mordió el labio inferior haciendo que ella gimiera e introdujo su lengua dentro de la cavidad de Anko sin pedir permiso. La acción realizada por ella, lo perturbó de tal manera que olvidó el lugar donde se encontraban y en lo único que podía pensar era en besarla hasta quedar sin aliento. La escuchó gemir nuevamente mientras acaricia con su lengua la de ella.

Anko posó sus manos alrededor del cuello de Kakashi. Más necesitaba oxígeno y se separó. Sin embargo, Kakashi le robó un beso. – Te amo. – le susurró al oído.

Kakashi depositó un casto beso en el cuello de Anko, haciéndola reír. – Yo también te amo, Anko Mitarashi. – iba a besarla, pero ella lo detuvo colocando una mano en el mentón de él.

Tú me besaste cuando dormía. – no era una pregunta, él arquea una ceja, luego suspira. – ¿Por qué no me despertaste para decirme que te ibas? – Kakashi toma asiento junto a ella.

Lo hice como despedida. – apoya la cabeza contra la pared. – Quizás porque no volvería a mirarte, menos tocar tu suave y delicada piel. – toma la mano de Anko y entrelazan sus dedos. – No te voy a negar que, tenía miedo de no verte más. – le mira. – Todo el tiempo pensaba en cómo reaccionarías al verme. ¿Me mandarías al demonio? O ¿Me perdonarías? Eran las preguntas que no dejaba de pensar. – sonrisa.

Me decidí no verte ni hablarte. – sonrisa, entristecida. – Pero no podía dejarte. Eres lo único que me queda. – Kakashi rodeó el brazo alrededor de la cintura de Anko y la atrajo hacia él, apegándola a él. Ella, por su parte, lo abrazó y sintiendo el calor desprender del cuerpo del shinobi, cerró sus ojos.

Se inclinó y besó las comisuras de los labios de Anko, ella sonrió. Aparta los flequillos del cabello de la kunoichi mientras ve la sonrisa en sus labios. Posando su mano libre en la mejilla de Anko y acomodando el mentón sobre la cabeza de ella, también cerró sus ojos.

Y así se quedaron. Ambos sentados en el suelo, precisamente en un rincón de la habitación del Hospital, dormidos. Tan sólo sintiendo el calor de su compañero a su lado. No es el mejor lugar a una reconciliación, pero así es el amor.

Una nueva vida les espera juntos. Quizás podría ser llena de amor y comprensión, pero también podrían vivir tiempos de guerras, momentos difíciles. Nadie puede adivinar qué depara el futuro. Si el afecto y el amor predominan, la felicidad es posible lograr. Las emociones dominan ante todo y en cada momento…


(*-*)

Ojalá les haya gustado. Gracias por leer y si merezco reviews acepto todo tipo de críticas.

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Un baiser et une étreinte.

Il les aime!

Au revoir!