Autora Original: BlackStar42Roses

Título Original: The House of Many Whims

Traductora: Eli and Onee-chan (Onee-chan en realidad)

La Casa de las Extravagancias

YO: Bueno, siento haberme retrasado con este capítulo, pero bueno, ya está aquí. Sin más dilación. ¡DISFRUTEN!

Si en algún momento ven algo raro (tipo: frases sin sentido, palabras en mitad de frase con mayúsculas o en vez de "haciendo" aparece "hacienda", etc…) por favor, díganmelo inmediatamente.

AUTORA: ¿Os asusté con el primer capítulo? :'D Haha~ Gracias a todos los que dejaron comentarios, hicieron favoritos y pusieron alertas :3¡Prometo trabajar duro! ^^

PsychedelicFlame: Sí, Squalo fue la primera persona en ir a través de la Estación 27 ^^ Obviamente, Tsuna se quedó impactado al verlo.

Disclaimer: No soy dueña de Katekyo Hitman Reborn. Cualquier evento similar o personajes vivos o muertos son meras coincidencias.

¡Disfruten!


Capítulo 2

Tsuna es un profesor.

Casi dependía de lo que tú consideraras que era un profesor, pero si estabas esperando que se pasara de pie en una clase con un libro de texto en una mano y una tiza en la otra, hablando una y otra vez sobre su asignatura, entonces puede que él no fuera uno en tu opinión.

El lugar de trabajo del moreno es un alto, hospital industrial gris localizado cerca del centro de la ciudad, a una manzana de distancia de la oficina del alcalde, y cruzando la calle de la segunda oficina más grande existente en el país entero. Tsuna entró en el edificio con la usual multitud de trabajadores entrando para su cambio de las 8 am, plegando su paraguas y sacando su ID para escanearlo en la cuadrada, máquina de acero colocada alrededor del vestíbulo. Atravesó el hall hacia los ascensores y se escurrió dentro con un grupo de personas que se dirigían a la planta once. Tsuna trabajaba en la planta doce, así que estaba bastante cerca.

El olor a agua de lluvia y humo de cigarrillos hizo que la nariz de Tsuna le picara un poco mientras él arreglaba su vestimenta ligeramente, mirando los números rojos cambiar sobre la puerta del ascensor. Un hombre se bajó en la planta nueve, y la mayoría de los pasajeros salieron una vez los números cambiaron a un once, y Tsuna salió un momento después, dejando al trabajador de ojos turbios con gafas torcidas y pelo rojo fiera seguir hasta la planta quince.

No había nada en especial en esta planta. No estaba especialmente decorada, ni estaba equipada como un hospital normal estaría. Esta era la zona de enseñanza, no el centro médico. Tsuna caminó hasta el final del hall, desbloqueando la puerta con su ID una vez más, y llegando a dos pasillos separados. El de la izquierda era grande y espacioso con muchas puertas alineadas a lo largo. Enfermeras vestidas en uniformes azules caminaban yendo y viniendo por el pasillo, portafolios en sus manos, ocasionalmente echando un vistazo por las pequeñas ventanas a los ocupantes de las habitaciones. Tsuna giró a la derecha, donde una puerta con la placa Sala de Profesores lo saludaba.

La puerta se abrió con otra sacudida de su ID y el aroma del café, ligeras tostadas quemadas y papeles recién impresos flotaron hacia él. Tsuna se deslizó en la sala circular, ligeramente embobado por la luz gris natural de un día lluvioso manando desde las enormes, ventanales que iban del suelo al techo. Agua de lluvia corría por los paneles de cristal, difuminando las luces que venían del tráfico de la mañana. El moreno dejó su paraguas en el estante junto con los demás y se pinzó el pase en su chaqueta. Esto era por razones de seguridad.

"¡Tsuna! ¡Buenas!"

"Hola, Yamamoto," Saludó Tsuna, mirando hacia arriba para sonreír a su colega. Yamamoto Takeshi sonrió y le dio unas palmaditas a Tsuna en la espalda, alcanzándole una taza de café.

"¿Cómo estaba el tráfico, fue malo?"

"Como siempre," Tsuna se encogió de hombros. Él tomaba una guagua para ir al trabajo. Sus compañeros de trabajo le habían estado dando la lata para que se comprara un coche desde que tuvo la edad.

"Está bien eso," Meditó Yamamoto, mirando al moreno tomar un buche de su bebida. "Parece como otro monótono, martes húmedo, ¿no? ¿Qué grupo tienes de nuevo?"

"Grupo F," Replicó Tsuna. "¿Tú?"

"Grupo H."

"Ya veo."

"¿Terminaste tus planes de para clases?"

"Por supuesto. Soy el primero en manejarlos en el Departamento de Educación cada semana," Embromó Tsuna, dejando su tasa vacía encima de la mesa.

"Maa, maa, debería aprender de ti," Se rió Yamamoto, rascándose la parte trasera de su cabeza. Antes de que Tsuna pudiera responder, hubo un pitido del gran reloj de la pared.

"Tiempo," uno de los hombres sentados en la mesa habló, y todos los profesores terminaron rápidamente lo que estaban hacienda. Tsuna soltó su mochila y sacó su archivador para la lección del día. Yamamoto le dio un codazo suave cuando una enfermera entraba a la sala, sacando sus llaves y apurándose hacia una gran cabina plateada. La desbloqueó, revelando filas de pistolas alineadas en su interior. Los profesores se acercaron, cogiendo su arma asignada y se la ataron. Yamamoto, con sus brazos largos, cogió la suya y la de Tsuna y le pasó al moreno su correspondiente pistola. Tsuna comprobó las balas, como siempre, y luego enganchó la funda sobre su pecho.

"Hora de trabajar," dijo él, y Yamamoto sonrió.

"Síp. Espero que no tenga que usarla hoy."

"No me digas," murmuró Tsuna, saliendo de la sala del material con el resto de los profesores. Había unos diez profesores en total, que enseñaban una asignatura específica a cada grupo mientras las clases se rotaban cada día. Los fines de semana eran días libres.

Las enfermeras veían como entraban en sus clases, armadas con pistolas y cargando planes para las clases o libros de ejercicios. Ellas, también, tenían armas similares a las de ellos, y continuaban echando vistazos en las clases cada cierto tiempo, aún comprobando a los ocupantes de las clases. Tsuna hizo su ruta hasta el final del pasillo, donde su clase asignada estaba, y puso una mano en la puerta. Se aclaró la garganta, consciente de la enfermera mirándolo, y tiró del pomo.

La clase era como cualquier clase normal, excepto por el exceso de blanco por todas partes. Las paredes eran blancas, las sillas y los escritorios eran blancos. Era como estar dentro de una institución mental estereotípica. Había una gran pizarra blanca montada en la pared, un proyector, un escritorio para el profesor y un carro lleno de libro, por pedido de Tsuna. No había ventanas exceptuando por la pequeña que se localizaba en la puerta, y una vez el moreno había entrado en la clase, escuchó cómo la enfermera la cerraba con llave. Tsuna caminó hasta su escritorio, dejando sus notas en la mesa y sacando un rotulador del cajón para escribir en la pizarra.

"Buenos días, clase. Por favor vayan a la página dieciséis del libro de referencia y localicen el párrafo cuatro. Quiero un voluntario para empezar a leer en la línea siete."

Su propia voz era dura, áspera, y rígida cuando hablaba la lengua nativa de sus estudiantes. Los sonidos eran primitivos, gruesos y estridentes al oído de uno. Era una dificultad lingüística por dominar, por eso era Tsuna el único profesor de lengua de entre los diez. Usualmente habían dobles de todo, como en ciencias, estudios globales y matemáticos, pero su asignatura era realmente única. Tsuna garabateó la primera línea en la pizarra y se giró para mirar a sus estudiantes.

Había cerca de veinticinco de ellos sentados en los sitios, encorvados sobre sus escritorios y libros, observando a su profesor. Los estudiantes eran altos, de miembros largos, y sus caras estaban horriblemente estropeadas. Era como mirar a un cuerpo en putrefacción, aunque la mayoría de los estudiantes tenían vendas en sus caras. Ojos hinchados miraron en desafío a Tsuna, mientras otros miraban hacia otro lado, negando hacer contacto visual. Su ropa de hospital fue una vez de camisas limpias y pantalones, pero algunos ya habían desgarrado el material, y otros habían tirado ropa en la ropa blanca. Dientes rechinando juntos, dedos huesudos arañados en la superficie de los escritorios, y sus pies rechinaban con los grilletes amarrados alrededor de sus tobillos.

No había manos alzadas.

Tsuna cruzó sus brazos y devolvió la mirada a sus estudiantes. Él sabía que lo había escuchado alto y claro; el moreno había aprendido el lenguaje lo suficientemente bien para ser más que completamente fluido en él.

"¿Nadie?" preguntó, golpeando su pie."La de allí. Sentada en el asiento diecisiete. Empieza a leer."

Era una mujer, se dio cuenta, la que lo miró. Ella dudó, pero cogió el libro, trazando su dedo sobre la línea. Entornando los ojos a las palabras inglesas, ella abrió su mandíbula hundida, balbuceando, "…Charles…miró a través…de la ventana más allá de la…c—cab—"

"Cabina telefónica," Suministró Tsuna en inglés, y la chica levantó la mirada, confundida. "Cabina telefónica," probó el moreno de nuevo, repitiéndolo en el lenguaje de la chica. Su cara se iluminó en reconocimiento, y volvió a su libro. Pero antes de que pudiera continuar, una libreta de repente voló a través de la clase y se estampó en su cabeza, haciéndola gritar.

Tsuna se giró bruscamente para mirar al culpable, quien era un chico sentado cerca de la fila de delante. Él miró furiosamente a su compañera. "¿Por qué estás escuchando lo que ese gusano está diciendo? ¡Para de leer esa montaña de mierda!"

"Yo—¡esto es una clase!" chilló la chica.

"¡Tú!" Rugió Tsuna. "¡Cállate y presta atención!"

"¡No puedes controlarnos!" gruñó de vuelta el chico, saltando en sus pies. El resto de la clase gritó cosas también, algunos para Tsuna, otros para su compañero infractor. "¡No somos tus cachorros! ¡No somos tus experimentos! ¡No necesitamos aprender tu lenguaje! ¡Tenemos nuestro propio orgullo!"

" .culo." Dijo Tsuna, remarcando la palabra sienta y caminando hacia delante.

El chico le escupió. "¡Muere y púdrete!" le gritó, y de repente corrió de sus sitio, acelerando hacia Tsuna.

La clase bramó cuando Tsuna y el estudiante colisionaron, agarrándose fervientemente. Realmente, no importaba que Tsuna fuera unos Buenos sesenta centímetros más pequeño que su oponente o el hecho de que, genéticamente, esta criatura estuviera mejor tonificada y crecida más fuerte que un humano, porque cuando él tomó este trabajo, Tsuna era los suficientemente listo como para saber que era peligroso. Este era el por qué de tener su pistola, y el por qué de que nunca la usara. Torciendo su mano, el moreno le dio un puñetazo al chico en la mandíbula, mandándolo devanado, y girándolo, estampó la cara del transgresor contra el suelo.

"Esto es una clase," Dijo Tsuna con una fría, calmada voz. "No interrumpas mis lecciones o dañes a tus compañeros."

La puerta se abrió de golpe, y la enfermera entró corriendo, seguida por dos guardias muy armados. Ellos empujaron a Tsuna a un lado y agarraron al chico, golpeando y gritando, fuera de clase. Hubo un silencio pesado mientras Tsuna se arreglaba la chaqueta y se frotaba un gigantesco moratón en el antebrazo. Él caminó de vuelta al frente de la clase, cogió sus notas, y les dio la vuelta.

"Quiero al estudiante del escritorio catorce para que lea el siguiente fragmento. Línea veintitrés. Empieza a leer."

Y así, las clases continuaron.


Tsuna estaba exhausto cuando llegó a casa. Llegaba tarde por el papeleo que necesitaba se arreglado por el incidente en clase, que le causó que perdiera la guagua, y el moreno tuvo que volver caminando. Él vivía a cuarenta y cinco minutos a pie, y para rematar, estaba lloviendo. Llovía hasta medianoche los martes. Esa era la manera en que las cosas iban.

Su casa estaba oscura y, como siempre, vacía de cualquier residente permanente y llena de Travelers. Mientras Tsuna dejaba su paraguas en un lado y se descalzaba, podía ver a una mujer con pelo rosa salir de su armario escobero y pilló el vislumbre de un chico de pelo rojizo desvaneciéndose en su nevera. El moreno soltó un quejido, subiendo lentamente las escaleras mientras se deshacía los botones de su chaqueta. Él soltó la pieza de ropa en la punta arriba de la escalera, tiró su mochila frente a su habitación y se estaba quitando su camiseta para cuando ya había alcanzado su cama. Demasiado perezoso como para quitarse los pantalones o cambiarse al pijama, Tsuna se dejó caer boca abajo en sus sábanas, los pies colgando por el borde de la cama. Su estómago gruñó en protesta –no se había comido el almuerzo tampoco- pero se estaba quedando dormido, pensando en el día. Escaleras abajo, Tsuna podía escuchar la voz de una mujer quejándose en alto sobre sus zapatos y el paraguas tirados por ahí, y por un momento, pensó que sería aquella molestosa mujer que lo había despertado temprano aquella mañana. Afortunadamente, él recordó rápidamente que los Travelers no se mostraban dos veces.

Gracias a Dios por eso.

Tsuna bostezó, acurrucándose encima de su manta, rumbo al sueño mientras la lluvia golpeaba sus ventanas. Mientras la noche progresaba, dos Travelers más aparecieron, saliendo de debajo del lavamanos de su baño y saliendo rápidamente del gran horno de debajo de la cocina, pero Tsuna no se despertó.

Cuando la puerta al archivador en su oficina se abrió, y la puerta de su estudio crujió suavemente, Tsuna solo se giró, suspirando en su sueño.

Ligeros pasos indicaban que alguien estaba entrando en su habitación. Silueta contra la luz entrando de la farola de la calle, un alto, hombre pelinegro se sentó en el suelo al lado de la cama, mirando al moreno dormir. Una mano salió para quitar los mechones de pelo de Tsuna, y el joven tembló, frotando su antebrazo herido inconscientemente. Los ojos del pelinegro siguieron el movimiento, y por un segundo, quiso tocar el brazo herido del castaño.

Pero entonces, como si se lo hubiera pensado mejor, el Traveler retractó su mano y se levantó. Lanzando una última mirada a Tsuna, el hombre se dio media vuelta y salió de la habitación, cerrando la puerta del dormitorio silenciosamente tras de sí.


Capítulo 2 Fin

Gracias por leer~

-BlackStar