Autora Original: BlackStar42Roses
Título Original: The House of Many Whims
Traductora: Eli and Onee-chan (Onee-chan en realidad)
La Casa de las Extravagancias
YO: Bueno, tercer capítulo de esta historia. Gracias a los que comentaron y espero que sigan la historia hasta su conclusión con entusiasmo. ¡ADELANTE CON EL CAPÍTULO! =D
Si en algún momento ven algo raro (tipo: frases sin sentido, palabras en mitad de frase con mayúsculas o en vez de "haciendo" aparece "hacienda", etc…) por favor, díganmelo inmediatamente.
AUTORA: Saben, es justo ahora que me doy cuenta de que coloqué una "escuela" dentro de un hospital. Creo que la razón para eso será explicada en los siguientes capítulos, ha ha ^^"
¡Y gracias a todo el que comentó! Disfruté leyendo sus respuestas, corazón~
Disclaimer: No me pertenece Katekyo Hitman Reborn. Cualquier similitud a eventos o personajes vivos o muertos es enteramente coincidencia.
¡Disfruten!
Capítulo 3
El resto de la semana se mantuvo en un frenético desastre. En contra de las creencias populares, incidentes donde un estudiante y un profesor se veían envueltos en casi peleas de puñetazos no era común. Al contrario, ese tipo de cosas raramente sucedían. Tsuna y los demás profesores habían sido entrenados para usar sus armas cuando fuera posible una situación peligrosa, pero Tsuna nunca había tocado su pistola. Incluso cuando era atacado por un ser mucho más fuerte que él, nunca se volcaría en su arma. Sus colegas seguramente lo llamarían estúpido o blandengue, pero en la opinión de Tsuna, una persona que había utilizado su pistola y matado a un estudiante no tenía derecho a cuestionar su decisión de no usar un arma.
Él sabía por experiencia que todos sus compañeros habían matado al menos a un pupilo antes. Incluso Yamamoto, quien era probablemente la única persona que él consideraba un amigo en su trabajo.
Tsuna no escuchó más del estudiante después de que se lo llevaran, y para el miércoles, la clase ya había rotado, dejándole con el Grupo G. Las lecciones continuaron, los papeles fueron clasificados, y las asignaciones fueron entregadas. Tsuna se mantuvo despierto hasta tarde la noche del jueves, mirando la nieve caer mientras empezaba a escribir sus planes para las lecciones de la próxima semana. El Departamento de Educación siempre necesitaba saber qué estaban planeando hacer con dos días de antelación. Decían que era por precaución, aunque Tsuna no podía ver qué era tan peligroso en darles un periodo libre a sus estudiantes para estudiar o coger el ritmo de enseñanza. Obviamente nunca vociferó nada de esto; le gustaba su trabajo, incluso si no lo parecía. Él nunca fue innecesariamente violento con sus estudiantes, y algunos de los seres que enseñaba incluso expresaban formas leves de disfrute en cuanto a su clase. Eso nunca pasaba con ninguno de los otros profesores.
Desafortunadamente, si Tsuna había pensado que su fin de semana sería relajado, se daría cuenta despertándose una forma violenta. Literalmente.
A las 7:32 am en la típica mañana de un sábado, Tsuna se despertó por la alarma a todo volumen del detector de humos. Fue sacudido hasta despertarse con sorpresa, mirando hacia el techo, incapaz de comprender la situación momentáneamente. Cuando volvió en sus sentidos, soltó un buen grito, saltó de la cama y corrió escaleras abajo, evitando de milagro estamparse contra un vistoso hombre con pelo verde neón y una bufanda rosa brillante que justo había salido del baño. El humo venía de su cocina, y Tsuna se detuvo de golpe cuando vio a un niño pequeño vestido con un traje de vaca atrapado en la esquina entre el horno y la nevera, gritando y llorando a la vista de una pila de papeles quemándose en el suelo. Para el terror parcial de Tsuna, él se dio cuenta de que esas hojas eran sus planes para las clases.
El fuego no era muy grande, pero estaba creciendo por segundos. Las llamas saltaban y su paño de cocina colgado del muro estaba empezando a arder. Tsuna miró impotente a su alrededor. Él estaba atascado desde el fregadero y no tenía ni idea de dónde estaba el extintor. No quería que el niño muriera quemado o que su casa se quemara, por eso, no tenía elección. Girando sobre sí mismo y corriendo al armario más cercano en el pasillo, Tsuna extrajo su más gruesa, voluminosa anorak. Se la puso encima y volvió corriendo a la cocina. Tragando, y sabiendo que esto probablemente sería la cosa más estúpida que había hecho jamás en su vida, Tsuna corrió a través de las llamas.
Primero, se dio cuenta de que estaba descalzo. Segundo, era doloroso. El niño estaba temblando como una hoja cuando Tsuna colapsó sobre sus rodillas, agarrándose sus pies en agonía. Le tomó un segundo o dos recuperarse levemente, y una vez hecho, Tsuna avanzó vacilante hacia el chiquillo.
"Hey, niño, ven," dijo lo más suave que pudo a la vez que sentía como si sus pies se le fueran a caer. "Te sacaré."
El niño tembló, pero tomó la mano de Tsuna, permitiendo al moreno cogerlo y arroparlo dentro de su chaqueta. Tsuna se dio la vuelta y miró a las llamas, que estaban empezando a ser bastante altas. ¿Tenía que volver a pasar por eso?
"Maldita sea," gruñó Tsuna mientras se agarraba la cabeza y saltaba la pila de papeles ardientes una vez más. Sus pies gritaron de dolor cuando aterrizó en las baldosas frías, dejando caer al niño al suelo mientras él tropezaba y caía con la cara en el suelo.
"S-señor," sollozó el niño, sacudiéndolo. "¡Señor! ¡E-el fuego está a-acercándose m-mucho!"
La respuesta inteligente de Tsuna fue gruñir y tocarse sus piernas, dándose cuenta de que su pijama estaba chamuscado y se estaban formando ampollas por toda la zona.
"¡Señor!" gritó el niño, ahora golpeando la espalda de Tsuna.
Una sombra de repente se cernió sobre ellos, y el niño chilló de terror, solo para ser cogido y lanzado al salón, donde se sentó, llorando más fuerte que nunca. Tsuna gruñó, maldiciendo su propia estupidez cuando el recién llegado apareció de Nuevo y agarró su hombro.
"¿Qu—?" Tartamudeó Tsuna, y luego él, también, soltó un grito afeminado cuando fue levantado, estilo novia, en los brazos de—
¿Qué.demonios?
¡Era el azabache que había aparecido en su casa la semana pasada!
La mandíbula de Tsuna se abrió mientras observaba a su 'salvador', chisporroteando en confusión. "Tú—pero cómo—"
El hombre pelinegro solo lo miró, cargó a Tsuna hasta su salón, y lo soltó en el sofá, haciendo al moreno gañir. El hombre se desvaneció en la cocina, y Tsuna luchó para levantarse todo lo rápido que pudo. Miró en el momento justo para ver al hombre brincar elegantemente el fuego, tirar del armario bajo el fregadero y coger el pan frito de la cocina. Antes de que Tsuna pudiera pararlo—o incluso hacer un sonido, por el momento—el azabache levantó el pan y lo tiró rompiendo las tuberías.
Agua explotó de la cañería, apagando las llamas con una mini ola que se esparció del suelo de su cocina al pasillo y al salón. Tsuna se agachó y asió al niño petrificado fuera del camino mientras el hombre miraba impasible la sala que ahora estaba siendo inundada y al fuego que estaba desapareciendo. Caminando por el continuo flujo de agua, el azabache salpicó agua en el camino para desbloquear la puerta del patio y drenó el agua fuera de la casa.
Tsuna miró el agua filtrarse en su patio trasero, pensando si el exceso de H2O atrofiaría el crecimiento de las malas hierbas. El hombre chapoteó en su camino de vuelta, mirando hacia la tubería con un aire de desinterés. Entró y un momento más tarde, el chorro de agua lentamente se redujo hasta que no había más de un hilito. Tsuna miró cómo el pelinegro se arreglaba, quitando el agua de sus mangas.
"Umm…gracias," dijo Tsuna, indeciso en qué decir.
El hombre se giró para mirarlo, como si fuera culpa de Tsuna de que hubiera habido un fuego. Tsuna devolvió la Mirada, sin querer decir nada, porque el individuo era simplemente aterrador. Sin embargo, se estaba muriendo por preguntar por qué demonios había vuelto el pelinegro. ¿No era que los Travelers solo venían una vez?
"¿Q-quieres una toalla?" preguntó Tsuna, levantándose, solo para sisear en dolor y caer de nuevo en el sofá. Se había olvidado de sus pies, tan típico de él. El moreno dobló sus piernas, contrayéndose de dolor al ver las ampollas formadas en sus pies. Aquello había sido verdadera estupidez.
"¿E-está bien, señor?" el niño del traje de vaca preguntó tímidamente.
"Estoy bien," dijo Tsuna amablemente. "¿Cómo acabaste en ese fuego?"
El niño retorció sus pulgares, limpiándose la nariz ruidosamente. "U-un hombre fumando un cigarrillo estaba entrando. Tiró la colilla y cayó en el suelo. Cuando se dio golpeó con la mesa, los papeles se cayeron. Y-yo quería mirar el fuego quemando el papel. ¡Pero entonces prendió demasiado, y me asusté! ¡F-fue tan e-espantoso! ¡Uwahhh!"
"Vale, vale," dijo Tsuna de prisa, agarrando rápidamente al niño casi en un abrazo. "Está bien ahora, el, uh, ¡hombre bueno de ahí apagó el fuego!"
El niño observe a donde estaba el azabache en la cocina, mangas húmedas, pantalones empapados, ojos de un mecánico pozo de ira, y en seguida estalló en un lío de terribles llantos. Tsuna estaba pegado inmediatamente a un niño con un montón de gritos, lloros, vestido en un traje de vaca. Miró sin poder hacer nada al hombre enfadado, pero el otro no ofreció otra ayuda más que sacar su pierna y pegarle a la puerta del armario para cerrarlo, parando efectivamente el pequeño reguero de agua que salía de él. La alacena seguramente iba a inundarse, anotó Tsuna mentalmente.
Cuando el pelinegro salió al pasillo, en un claro intento de irse, Tsuna no pudo evitar llamarlo, "¡Espera! ¿Quién eres? ¿Cómo entraste en mi casa dos veces?"
El hombre se paró por un momento para dar a Tsuna la única mirada más terrorífica que jamás había recibido en su vida, pero cuando habló, su voz era baja y suave, incluso si el tono era un poco brusco. O quizás era solo la imaginación de Tsuna, puesto que el niño en su regazo empezó a llorar aún más fuerte.
"Hibari. Y no lo sé."
Con esas palabras, 'Hibari' desapareció de la vista de Tsuna.
"¿Qué quieres decir, que tu cocina se quemó?"
"Está bien, Yamamoto, de verdad, el pánico ya acabó," gritó Tsuna a su amigo, pegándose el móvil en su oreja a la vez que se sentaba en el suelo del baño del Segundo piso, aplicando crema en las plantas de sus pies. "Solo fue un problema con mi horno, nada grande. Aunque mis pies se quemaron, así que no seré capaz de levantarme apropiadamente por un tiempo."
"¿Cómo se quemaron tus pies?" Yamamoto preguntó incrédulo.
"Umm…Se me cayó el pan al suelo y lo pisé. No mucho, aunque, ya le he aplicado la crema."
"Eso suena serio, Tsuna," Dijo Yamamoto, preocupación en su voz. "¿Debería ir para llevarte al hospital?"
"Yamamoto, trabajo en un hospital," Dijo Tsuna secamente. "No quiero ir allí un fin de semana, incluso se me caen los pies."
"Maa, maa… ¡eso no suena bien! ¿Estás seguro de que no quieres que te ayude?"
"Estoy bien. Incluso he llamado para un día o dos de vacaciones, así que encontrarán un sustituto por ahora. Una vez que pueda levantarme volveré al trabajo."
"Asegúrate de que estás lo suficientemente bien como para trabajar," Dijo Yamamoto severamente, casi haciendo reír a Tsuna. El hombre raramente estaba tan serio. "Si no puedes levantarte, odiaría que los estudiantes te atacaran. No queremos una repetición del Martes."
"El Martes raramente pasa como es," respondió Tsuna con un giro de sus ojos. "Lo sabes tan bien como yo. Ellos no son malos seres, Yamamoto. Tu y todos los demás, llamándolos monstruos y demonios, tsk."
"Yo no los llamo así," protestó Yamamoto. "Pero la razón por la que están siendo instituidos en el hospital es para que no sean una amenaza para nosotros, ¿verdad? Sabes que ellos no son normales."
"¿Qué es normal?" Murmuró Tsuna, pensando en los Travelers y en Hibari mientras enroscaba de Nuevo la taba de la crema.
"¿Qué dijiste?"
"Nada," Dijo Tsuna despreocupadamente. "Bueno, no te entretendré en tu fin de semana. Deberías hacer algunos planes. Ya sabes cómo odia el Departamento cuando los profesores entregan tardes los horarios."
"Aw, hombre," Gimoteó Yamamoto, haciendo reír a Tsuna. "Es fácil para ti decirlo, no tienes que hacer planes. ¡Además, nunca te retrasas! ¡No sabes lo terroríficos que pueden ser esos tíos!"
"Entonces deberías tomarte más en serio tu trabajo," Replicó Tsuna, luchando para disimular su risa. "Política es una asignatura importante, sabes."
"Ha ha, muy gracioso," Gruñó Yamamoto. "Bueno, ya hablaremos más tarde. ¡Cuídate, Tsuna! ¡Vigila tus pasos!"
"Hey, eso fue un mal juego de palabras," Tsuna hizo un puchero, hacienda reír a Yamamoto de vuelta. "Adiós, Yamamoto."
"¡Chao!"
El tono de llamada sonó en sus oídos a la vez que Tsuna golpeó su pantalla táctil para terminar la llamada. Recostándose en la pared del baño, el Moreno miró hacia el techo desde su sitio en el suelo, un millón y una cosas girando en su cabeza.
Él nunca le había dicho a Yamamoto o a sus compañeros de trabajo sobre los Travelers de su casa. ¿Consideraría su amigo a eso como normal? Luego estaba el asunto de Hibari también. ¿Cómo hizo el hombre para aparecer dos veces en su casa? ¿Era eso posible?
Hubo un traqueteo tras el cual se abrió la puerta de la ducha, y un hombre rubio vestido en ropas de mecánico salió de la tina, un dulce asomando en su boca. Él miró hacia Tsuna sentado en el suelo, en su mundo.
"¿Estás bien ahí abajo?"
Tsuna pestañeó, sacándose a sí mismo de sus pensamientos a la vez que miraba al nuevo Traveler.
"Nunca había estado mejor."
Capítulo 3 Fin
Gracias por leer :'D
-BlackStar
