Autora Original: BlackStar42Roses
Título Original: The House of Many Whims
Traductora: Eli and Onee-chan (Onee-chan en realidad)
La Casa de las Extravagancias
YO: Bueno, nuevo capítulo a tiempo. El lunes por fin subiré el siguiente de la otra traducción, para aquellos que estén interesados. Gracias por leer y sobre todo por las reviews. ¡Disfruten!
Si en algún momento ven algo raro (tipo: frases sin sentido, palabras en mitad de frase con mayúsculas o en vez de "haciendo" aparece "hacienda", etc…) por favor, díganmelo inmediatamente.
AUTORA: Estamos ya en el Capítulo 5, whaaa~ Gracias a todos por leer :3 Espero que lo disfruten xD
Disclaimer: No poseo Katekyo Hitman Reborn. Cualquier similitud en eventos o personajes vivos o muertos son totalmente una coincidencia.
¡Disfruten!
Capítulo 5
El lunes rondaba cerca, y fue el domingo por la noche cuando Tsuna se dio cuenta de que no podía dejar a un niño de cinco años en casa desatendido. Primero, era una cosa estúpida, segundo, era una cosa estúpida, y tercero, Lambo podría hacerse daño o cargarse algo por accidente. Así que Tsuna se había tragado su inexistente dignidad y manoseó su agenda de teléfonos, buscando guarderías de día y clínicas de cuidadores. Trece llamadas telefónicas después, había logrado engancharse a él y a Lambo en los servicios de una mujer llamada I-pin. La guardería era una casa, así que Tsuna arrastró al medio dormido Lambo fuera de la cama una hora más temprano de lo normal para poder coger el autobús hasta la casa de la mujer y soltar al baboso en sus brazos.
I-pin era china, una cabeza más baja que Tsuna, y sonreía mucho. Ella le dijo que su hermano mayor ayudaba mucho también, pero Tsuna no consiguió ver quién era él. Había, de todas formas, muchísimos pequeñajos jugando en el salón, pintando en la cocina y comiendo en el comedor. Un grupo estaba durmiendo bajo la ventana, y Tsuna tuvo el presentimiento de que Lambo se adaptaría genial allí.
"Lo recogeré a las cinco y media entonces," dijo Tsuna, mirando su reloj. "Gracias de nuevo."
"Sin problemas," Respondió I-pin suavemente, mostrándole la puerta. "Tengo muchísimos padres solteros trayendo a sus niños aquí. Cuidaré bien de tu hijo."
Tsuna la miró, hizo una mueca, y le dio a la mujer una sonrisa muy forzada antes de salir de su casa.
Era esa la razón por la cual él no quería buscar una guardería para Lambo. ¿Parecía él suficientemente mayor como para tener un hijo?
Llegó al trabajo a tiempo gracias a Dios, debido a la infame hora a la que se había arrastrado de la cama, y fue inmediatamente emboscado por Yamamoto el instante en que ingresó por la puerta a la sala del personal.
"¡Tsuna! ¡Estás de vuelta! ¿Cómo estás, compañero?"
"Bien, Yamamoto," Replicó Tsuna con cansancio, quitándose el pesado brazo de su amigo fácilmente de su hombro. "Acabo de volver al trabajo."
"Ha pasado una semana," Se quejó el otro, insistiendo hasta coger la mochila de Tsuna por él. "Fue aburrido estar sin ti alrededor."
"No hago mucho aquí," Dijo Tsuna, frunciendo el ceño al colgar su abrigo. "Solo nos vemos por las mañanas, a la hora de comer, y después de clases de todas formas. No hay mucho que perderse."
"¡Suertudo bastardo que cogió unas vacaciones!" uno de sus compañeros de trabajo rió, dando palmaditas en la espalda de Tsuna. "Te perdiste mucho."
"¿De verdad?" Preguntó Tsuna, sin escuchar realmente.
"¡Dios, sí!" El hombre rió alegre, vertiéndose café en una taza. "Ishida se casa en un mes, él tiene tu invitación. El viejo que te sustituyó era realmente guay. ¡Y Yamamoto se cargó uno de esos demonios, verdad, Yamamoto!"
Tsuna se congeló. Casi pudo sentir a su amigo tensándose tras él.
"Tsuna," Dijo Yamamoto, su levemente forzada. "Yo no—"
"¡Aw, no seas tímido, tío!" su colega sonrió, dando codazos al más alto mientras la enfermera entraba para dejarles coger sus armas. "Justo en la cabeza además, ¿cierto? Él es un asesino nato, ¡ya te digo!"
Los otros hombres en la sala rieron, interesados, y comenzaron a hablar mientras se acercaban al armario. Tsuna se quedó donde estaba, mirando a través de la gigantesca ventana. El sol se colaba por el cristal ahora, pero la calidez no le llegaba. De alguna manera, no quería mirar a Yamamoto.
"Tsuna—"
El moreno cogió su mochila y se alejó, forzándose entre el gentío y asió su pistola. Sin molestarse en amarrársela, pasó de lado a Yamamoto, ignorando cómo su amigo decía su nombre de nuevo, y huyó al pasillo. La caminata hasta su clase le pareció más larga de lo normal. La mente de Tsuna se tambaleaba con la información presentada. Él sabía que los otros no compartían sus sentimientos, pero el hecho de que uno de sus estudiantes fuera asesinado en este edificio no era algo por lo que reírse. O regodearse. O que fuera tratado como una hazaña.
Matar no era un cumplido. No lo era. Humano o no, nadie se merecía morir como…así. No tenía sentido.
"Perdone, señor," le dijo la enfermera de repente, agarrando el brazo de Tsuna mientras caminaba hacia su clase. "Su pistola no está en la posición estándar."
El moreno observó el arma que estaba actualmente colgando de sus manos por la correa de la funda. Entonces fue visitado por el repentino impulso de arrojarla lo más lejos que pudiera.
"No quiero llevarla."
"Señor," Dijo la enfermera severamente. "Es el protocolo—"
"No. Voy. A. Llevar esto." Dijo Tsuna, girándose para observarla con una mirada fría en su rostro. La enfermera retrocedió, sorprendida, y el moreno tiró de su brazo para soltarse de su agarre y abrió la puerta de su clase, cerrándola de golpe al caminar en frente de la clase. Cuando miró a su lado, pudo ver a la enfermera mirando intensamente a través de la ventana, un enorme fruncimiento en su cara, y desapareció por el pasillo.
Probablemente yendo a por un guardia. O a denunciarlo.
Lo que fuera.
Tsuna se giró para mirar su clase, ninguno parecía particularmente sorprendido de verle. Había un escritorio vacío en el lado izquierdo de la habitación, lo que le hizo darse cuenta que esta era la clase dónde había luchado con el estudiante hacía una semana. Se sentía tan lejano ya.
Se desplazó, y se dio cuenta de que aún estaba agarrando su pistola.
Tsuna miró hacia abajo. Pesaba como un ladrillo.
No estaba seguro de qué es lo que le había hecho hacer aquello, pero delante de todos los ojos de sus pupilos, el moreno abrió la pistola, quitó las balas, y tiró su arma en el interior del cajón de su escritorio. El fuerte traqueteo de metal contra metal hizo eco en la silenciosa clase.
Tsuna se enderezó y se arregló la corbata, aclarando su garganta un poco. Nadie movió un músculo.
"Buenos días clase. Por favor, abran sus libros de ejercicios. Miraremos el trabajo que hicieron en mi ausencia."
Acabó saliendo tarde del trabajo por culpa de la audiencia disciplinaria que fue obligado a tragarse durante dos horas debido a su falta de cuidado con los "procedimientos estándar" y las "políticas de seguridad". Fue la mierda de siempre diciendo a los profesores que debían mantener sus tarjetas ID en caso de que un estudiante consiguiera estrangularte y no darles la espalda durante más de dos segundos. Tsuna había aprendido hacía mucho que si asentías a todo y te disculpabas muchísimo, el comité se quedaría sin cosas por las que castigarte y se verían forzados a dejarte ir una vez que se quitaran las inseguridades del cuerpo. Hoy tomó un poco más, sin embargo, porque era una pistola lo que Tsuna se había negado a acarrear, y eso era como romper la regla de oro de su libro.
Lambo tenía un berrinche porque ' Papá-Idiota- Tsuna' llegó tarde y había pensado que había abandonado al niño. Le tomó tres dulces y una promesa de helado después de cenar para calmar al niño llorón, y Tsuna se disculpó (una vez más) una y otra vez con I-pin por haber llegado tarde. Por suerte, ella era una buena persona, y no estaba enfadada. Había aún más de dos docenas de niños corriendo por su casa. Comparando el griterío, las luchas, los golpes y los llantos de los niños de la guardería, la Estación 27 se veía positivamente calmada.
Tsuna estaba cocinando estofado cuando su móvil sonó en la sala de estar, donde Lambo estaba viendo los dibujos. Caminando a su alrededor un hombre de mirada peligrosa, vestido con un fédora que acababa de salir de su armario de las salsas y las especias, Tsuna respondió a la llamada, limpiándose las manos en su delantal.
"Sawada hablando."
"…¿Tsuna?"
El moreno se congeló levemente, las comidillas de su boca se bajaron hasta fruncirse.
"¿Tsuna? ¿Estás ahí?"
"Sí, estoy aquí," Dijo Tsuna gruñonamente, volviendo a la cocina. "¿Qué quieres, Yamamoto?"
"Mira…Yo solo quería…disculparme por no decirte lo que hice…antes. No era un buen tema de conversación y sé que no te gusta cuando los profesores degradan a los alumnos. Pero te lo prometo, fue una emergencia."
"Yo estaba en una emergencia aquel día, pero no maté a nadie."
"Eso es duro, Tsuna."
"Es la verdad."
"Independientemente de la verdad, si eres atacado, nada podría salvarte excepto tú mismo. ¿Por qué piensas que el Departamento nos hace mantener un Fondo de Ahorros de Emergencia? Para que cuando nos metamos en problemas, ¡tengamos un apoyo! ¡La pistola también es un apoyo!"
"Solo porque sea un apoyo no significa que tengas que utilizarla," Dijo Tsuna vehementemente.
"Bueno, no todos podemos ser cinturones negros como tú," Replicó Yamamoto, y Tsuna no tenía que verlo para saber que estaba pasándose una larga mano por su pelo. "¡Hice lo que vino como natural!"
"¿Matar viene como algo natural para ti?" Preguntó Tsuna, recordando cómo su colega había descrito a Yamamoto.
"Yo—solo—Dios, Tsuna, ¡No lo hice queriendo!" Explotó Yamamoto. "¡No me sentí orgulloso de dispararle, no lo hice! Cuando vi su cara…fue demasiado tarde. No pude cambiar lo que hice. Y me arrepiento. Él estaba tan asustado cuando vio mi pistola, paró de moverse. Hubo una fracción de segundo donde podría haber retirado mi arma pero yo…me asusté. Y le disparé. Fue…fue solo…Ya no tengo ni idea," susurró. "No puedo creer que hice eso de nuevo."
Tsuna se mantuvo callado, vagamente notando que los dibujos ya no sonaban en el salón. No quería pelear con su amigo, pero eso no cambiaba el hecho de que Yamamoto mató a su estudiante. Esto confundía y le dolía a Tsuna también.
"…descansa un poco, Yamamoto. Lo necesitas."
"Lo siento, Tsuna. Créeme. Nunca quise hacerlo."
"No me digas a mí que lo sientes," Tsuna suspiró, apoyándose contra el muro. "Ojalá hubiera alguien a quien pudieras decirle lo siento para hacérselo saber a tu estudiante, pero no lo hay. Así que está en tus manos elegir hacer esto otra vez."
"Yo—Lo sé."
Tsuna golpeó sus dedos contra la plana superficie. "Hey, ¿estás bien?"
"Estoy bien," Dijo Yamamoto silenciosamente.
"Bueno, tómate un buen descanso esta noche. Te veré mañana."
"Okay…¡Espera! ¡Tsuna!"
"¡Qué pasa?" Preguntó el moreno, enderezándose.
"…no estás enfadado, ¿no?"
Le tomó a Tsuna un momento para saber si realmente lo estaba. "No, no estoy enfadado."
"Eso es bueno," Dijo Yamamoto, evidente alivio en su voz. "¿Quieres ir a tomar el almuerzo juntos mañana?"
"Claro. ¿Griego o Italiano?"
"Tú eliges."
"Griego entonces. Buenas noches."
" Buenas," Replicó Yamamoto, y colgó. Tsuna pasó su dedo por la pantalla también, guardándose el teléfono. Algún día esto iba a tener que ocurrir.
"Una reunión de herbívoros," dijo una voz desde atrás, y Tsuna casi pudo oír al hablante sonriendo. "Magnífico."
El moreno se dio la vuelta, observando. "¡Hibari! ¿Qué demonios estás haciendo aquí?"
"El Conductor me colocó aquí," el pelinegro puso cara de desprecio, tomando un sitio en la mesa del moreno. "Parece pensar que haciéndome hablar contigo, aprenderemos una cosa o dos."
" ¿'Nosotros'?" Cuestionó Tsuna, alzando una ceja.
"Esa fue mi reacción," Bufó Hibari, inclinando la silla hacia atrás.
"¿Qué estamos aprendiendo?"
"Como si lo supiera."
Hubo un silencio. Tsuna suspiró toscamente y se viró hacia la cocina, apagándola y abriendo la tapa para dejar que el delicioso aroma del estofado invadiera la cocina. "¡Lambo!" llamó, cogiendo el cucharón y poniendo una cucharada en el bol del niño. "Hice tu cena."
"¡Gya-ha-ha-ha!" Gritó Lambo, despegándose de la televisión para correr a la cocina, cogiendo el bol y la cuchara de Tsuna. "¡Gracias, Papá-Idiota-Tsuna!"
"De nada," Suspiró Tsuna, una pesada sonrisa deslizándose por su cara al ver al niño precipitarse de vuelta al salón para continuar con el show. Tsuna cogió su propio bol para cenar, y entonces se paró. Suspirando en resignación, abrió su armario por otro bol, el cual llenó también, y llevó los dos humeantes estofados a la mesa de la cocina. Hibari lo miró cuando Tsuna colocó el bol en frente suya.
"Solo intentando ser amable," Soltó Tsuna al otro antes de que el pelinegro pudiera incluso abrir su boca para hablar. Una perfectamente arqueada ceja se levantó, pero Hibari cogió la cuchara y recogió un poco del estofado, exhalando suavemente sobre la comida caliente antes de tomar un pizco. Tsuna, que no había comido en todo el día nuevamente, engulló su porción y estaba yendo a por la segunda antes de que Hibari se hubiera comido la mitad de la suya.
"¿Estuvo bueno?" Preguntó el moreno dubitativamente cuando el pelinegro finalmente terminó, limpiándose la boca y mirando a la mesa como si la cosa le debiera dinero.
"Hn," vino la oh-tan esperanzadora respuesta, así que Tsuna simplemente movió sus ojos y cogió el bol, caminando hacia el fregadero para lavarlo. En el salón, Lambo ya estaba durmiendo en el sofá, aunque la televisión estuviera aún encendida. Como si leyendo su mente, Hibari se levantó y fue hacia el cuarto, agarró el control remoto, y apagó la tele.
"Gracias," Dijo Tsuna, quitando las burbujas de las cucharas.
"Hn."
Apunten otro silencio.
"…¿Hibari? ¿Tengo un corazón?" Preguntó Tsuna, observando el reflejo del pelinegro en la ventana de la cocina. El pelinegro lo miró, brazos cruzados sobre su abrigo.
"¿Uno real? Obviamente. ¿Uno que pueda llevarte a través de las estaciones? No es probable."
"¿Cómo conseguiría un corazón que me pueda llevar?" Preguntó Tsuna honestamente. "¿Hay alguna forma en la que pueda conseguirlo?"
Hibari se paró, actualmente como si estuviera pensando las cosas demasiado. "La hay. Pero no puedo decírtela. Tienes que figurártela por ti mismo, herbívoro."
"¿Por qué me llamas herbívoro?" Preguntó Tsuna con una leve exasperación. Para ser honesto, estaba esperando la respuesta de Hibari. Si ir a través de las estaciones hubiera sido tan sencillo, todo el mundo sería capaz de teletransportarse, no solo los Travelers.
"Porque puedo."
"Eso es genial," Gruñó Tsuna, volviendo a mirar hacia el fregadero.
Él estaba altamente desprevenido cuando una sombra calló sobre él, y el moreno saltó, apurando su giro para encontrarse con Hibari de pie a solo unos centímetros de él, su alta figura completamente encerrando a Tsuna contra el muro.
"Qué—?"
Hibari se inclinó y lo besó, rápida y ligeramente, en los labios. Fue tan suave que Tsuna habría pensado que fue su imaginación si Hibari no hubiera dicho después en una suave voz de barítono, "Gracias por la cena," y giró sobre sí mismo, desapareciendo en el pasillo otra vez. Tsuna se quedó en un estado de puro shock, detergente lavavajillas derramándose en su delantal, ojos amplios, manos espumosas levantándose para tocar sus repentinos labios híper-sensibles. Un sonido de tintineo le indicó que el pelinegro había probablemente dejado ya su casa, pero el moreno no se pudo mover.
Hibari lo había besado.
Hibari lo había besado.
Tsuna seguramente se habría quedado congelado así por el resto de la noche si un Traveler rubio, con estilo militar no hubiera apurado su salida por el armario de debajo del fregadero, forzando a Tsuna a apartarse del camino.
"¡No te quedes de pie por ahí, kora! ¿Qué pasaría si el enemigo estuviera viniendo, hey?"
"A decir verdad," Susurró Tsuna en respuesta, su cara decidiendo que este sería un buen momento para ponerse roja, "No me importaría."
Capítulo 5 Fin
¡Gracias por leer!
-BlackStar
