Autora Original: BlackStar42Roses
Título Original: The House of Many Whims
Traductora: Eli and Onee-chan (Onee-chan en realidad)
La Casa de las Extravagancias
YO: Bah, no me voy a comer el coco. Gracias por comentar y seguir esta maravillosa historia. ¡Disfruten!
Si en algún momento ven algo raro (tipo: frases sin sentido, palabras en mitad de frase con mayúsculas o en vez de "haciendo" aparece "hacienda", etc…) por favor, díganmelo inmediatamente.
AUTORA: Este capítulo es, cariñosamente, dedicado a mi equipo de arquería por completo~ estuvimos genial hoy, y estoy tan feliz por todos los seniors que consiguieron experimentar un ultimo año tan magnífico y memorable. ¡Vamos a patearle el culo a los provinciales!
NUNCA ASUSTADOS. (1)
Pero este es el Capítulo seis. ¡Gracias a todos los que comentaron y criticaron! Prometo trabajar duro en esta historia también ^^ Y no se preocupen por la broma interior; incluso yo no estoy completamente segura de lo que significa :'D
Disclaimer: No poseo Katekyo Hitman Reborn. Cualquier similitud en eventos o personajes vivos o muertos son totalmente una coincidencia.
¡Disfruten!
Capítulo 6
Al día siguiente, Tsuna descubrió que uno de sus compañeros de trabajo, Suzuki Aoi, había desaparecido.
Hubo un momento de pánico general cuando el jefe de personal del Departamento de Educación informó a los profesores por la mañana temprano de este incidente, hasta que descubrieron que Suzuki era Padre.
Entonces, todo el mundo se calmó y suspiró, perdidos temporalmente en pensamientos y memorias. Era generalmente ese momento de nuevo. Suzuki se lo había guardado para sí mismo, así que nadie realmente sabía que tenía hijos. El jefe se explayó sobre cómo la mujer de Suzuki había partido hacía un año, así que habían estado esperando cuando partiría él también. Era inevitable.
Tsuna se vio a sí mismo acordándose de sus propios padres por un instante, y casi pudo sentir el momento de repentino shock, entendimiento, y soledad que le seguía, y cómo el niño de Suzuki estaría experimentando las mismas cosas. Él había escuchado historias de que tiempo atrás, los Padres se quedaban con sus niños hasta que morían. Bueno, claramente eso no funcionó, porque las nuevas generaciones fallaron debido a la cantidad de dependencia que tenían hacia sus Padres, así que antes de que nadie se apegara, los Padres simplemente empezaban a desaparecer una vez que se necesitaba. Era una más de las cosas inexplicables del mundo, como la de por qué llovía todos los Martes y nevaba los Jueves, o por qué los Imitadores podían cambiar su propia apariencia y cómo los Artistas dibujaban arte que podían crear pinturas que caminaban y hablaban, aunque fuese solo por un ratito.
El universo era un lugar difícil en verdad.
"Temporalmente, la asignatura de Historia del Mundo será dejada de lado, y necesitaremos contratar a otro profesor," Dijo el hombre, su voz áspera y suave. "Debido a la interrupción del horario, no habrán clases hoy."
Hubo una cantidad general de murmullos sobre eso (¿Por qué no podrías haberlo dicho antes, así no tendríamos que haber venido todo el camino a trabajar?) pero después de eso, todo el mundo empezó a reunir sus cosas y a desfilar para salir de la habitación, ansiando tener el día libre. Tsuna vio a sus compañeros coger sus abrigos, mochilas y paraguas, bromeando y riendo unos con otros, haciendo planes. Era como si uno de sus compañeros no se hubiera desvanecido para nada. ¿Cuándo comenzó la gente a asimilar las cosas tan rápido hoy en día?
"¿Tsuna? ¿Estás bien?"
El moreno se giró para ver a Yamamoto mirándolo, levemente preocupado.
"Estoy bien. Solo estaba pensando en el hijo de Suzuki."
"Estoy seguro de que el niño estará bien," Yamamoto se encogió de hombros, sonriendo suavemente. "Esa es la manera en que son las cosas."
"¿Nunca te has preguntado cómo sería todo si jamás dijéramos esa es la manera en que son la cosas de nuevo?" Soltó Tsuna antes de que pudiera pararse a sí mismo. Yamamoto parecía sorprendido.
"Pero…incluso si nos preguntamos esas cosas, ¿qué podemos hacer?"
Tsuna abrió su boca, la cerró, y luego frunció el ceño.
¿Qué podría hacer él acerca de todo ello?
Le fastidiaba saber que no podía hacer nada sobre ello. Nada en absoluto.
"Da igual," suspiró el moreno, metió su carpeta en la mochila. "¿Vamos a tomar un almuerzo realmente temprano?"
"¡Vale!" Dijo Yamamoto entusiasmado, sonriendo ampliamente. Rodeó un brazo alrededor de los hombros de Tsuna y el hombre más bajo intentó quitárselo, pero Yamamoto tiró de su colega para acercarlo más. Tsuna giró sus ojos y se rindió; Yamamoto era amistoso por naturaleza. Podía vivir con ello.
Yamamoto condujo por la ciudad hasta el centro, donde los compradores diarios estaban moviéndose por ahí, llenando las aceras y amontonándose en las tiendas, restaurantes y varios lugares de entretenimiento. El pelinegro aparcó en un estacionamiento público.
"Tendremos que caminar hasta el centro de la ciudad. ¿Quieres ir a comprar hoy?"
"Claro," Replicó Tsuna, saliendo del coche y abriendo su paraguas. Tenía un día entero libre. Debería al menos pasarlo haciendo algo en vez de no hacer nada.
Los dos profesores caminaron por la bulliciosa acera, ocasionalmente observando los escaparates y zambulléndose en las tiendas. Yamamoto fue atraído como un imán hacia la compañía de deportes y les tomó una buena media hora antes de que el hombre estuviera satisfecho al ir por todo el equipo de béisbol. Aparentemente le gustaba el juego cuando era joven, pero había parado de jugar una vez que consiguió su trabajo. Tsuna sentía una relación similar con sus clases de piano y karate, aunque él había dejado ambas después de que su madre partiera.
El moreno notó una librería y recordó su necesidad por los nuevos libros de desarrollo lingüístico que se había negado a comprar, así que tiró de Yamamoto al interior de la atestada tienda en busca de su novela. Una vez que Tsuna encontró lo que necesitaba, se aplastó en la fila para pagar por el producto.
"Hey, Tsuna, esto está lleno," Gritó Yamamoto por encima de las conversaciones de los clientes. "¡Te espero fuera!"
"Claro," Asintió Tsuna, y Yamamoto se desvaneció, sonriéndole al moreno.
Se le ocurrió a Tsuna que Yamamoto probablemente tenía cosas más importantes que hacer que estar comprando con él. Indirecta, planes para las clases, indirecta. Pero el otro fue el que sugirió ir fuera por el día, así que daba igual. Tsuna trasladó el peso de su mochila y observó a los otros clientes de la librería mientras continuaba esperando, aburrido.
Habían al menos siete padres con sus hijos en fila, una rata de biblioteca con gafas de gigantescos cristales tintados y una jarra de café bajo su brazo, una mujer joven llevaba una gran bandeja de caracoles venenosos que rezumaban por los paneles de vidrio, y un hombre de mirada severa en un traje llevaba una pila de materiales de referencia.
"¿Puedo ayudarle, señor?"
Tsuna salió de golpe de sus pensamientos y se giró hacia la cajera, una mujer baja con tatuajes en espiral en su cara. Al caminar Tsuna y dejar su mercancía en el mostrador, la forma de la tinta cambió y lo que parecía originalmente el diseño de una rosa en la cara de la mujer se volvió un tigre rugiendo.
Fantástico.
"Serán 7.89$, por favor."
Cuando Tsuna salió de la librería con su bolsa de papel marrón en una mano y la otra protegiendo su cara del violento ataque de la lluvia, fue sorprendido de ver a Yamamoto hablando con un hombre que vestía un gigantesco anorak y una bufanda en el final de la calle. Él se apresuró a la pareja.
"…No puedo encontrar nada, lo siento tío," Decía Yamamoto, rascándose la nuca en disculpa.
"No te preocupes," dijo el hombre del abrigo, encogiéndose de hombros. "Gracias por intentarlo de todas formas."
"¡Tsuna!" Notó Yamamoto, riendo cuando vio a su amigo. "¿Conseguiste lo que necesitabas?"
"Sí," Replicó Tsuna, dándole al desconocido una corta mirada. Para su conmoción, era el mismo chico sin techo al que le había dado cinco centavos el otro día.
"¡Tú!" dijo con sorpresa, mirando.
El rubio lo observó, ojos azules brillaron cuando reconocieron al moreno. "Hey hola. Ha pasado un tiempo."
"¿Os conocéis?" Preguntó Yamamoto, viéndose sorprendido.
"Este amable señor donó a la fundación Salvar los Raíles hace unos días," Dijo el rubio, ojos brillando al mirar a Tsuna desde bajo las sombres de su capucha. "Probé con tu amigo, pero no parece tener nada encima."
"Solo tengo mi Tarjeta de Crédito," Dijo Yamamoto, rascándose la nuca tímidamente.
"No te preocupes," insistió el rubio, moviendo su lata para que las pocas monedas traquetearan. Tsuna se preguntó si sus cinco centavos aún estarían dentro. "Hay muchísima gente a la que puedo pedir ayuda en este mundo. Ya hay muchas en esta calle. ¡Hola, mundo! ¡Hola, todos! ¿Le importaría donar a la fundación Salvar los Raíles? ¡Salva tus estaciones de tren locales de cerrar!"
Peatones pasaban de largo, mirando hacia delante o hablando por sus teléfonos móviles. El rubio sonrió y bajó su mano, golpeando su pie contra el pavimento. "Ah bueno. Estoy destinado a tener suerte eventualmente."
"Disfruta entonces, compañero," Sonrió Yamamoto, dándole palmaditas al rubio en el hombro. "Hey, Tsuna, vamos a almorzar ahora."
Pero Tsuna no estaba escuchando realmente. Él estaba mirando a la gente pasar de largo por la calle, completamente inmersa en sí mismos, hundidos en sus propios mundillos. ¿Los problemas de otros no significaban nada para ellos, ni un poquito? Era la forma en que sus compañeros de trabajo habían asimilado lo de Suzuki partiendo en minutos. Era la forma en que tosa esa gente ignoraba al hombre que se sacudía en la esquina de la calle. Apretando sus labios tan fuerte que se pusieron blancos, Tsuna de repente soltó su mochila en el húmedo suelo y comenzó a buscar en ella.
"¿Tsuna?" Preguntó Yamamoto, confuso. "¿Qué estás haciendo?"
El moreno no respondió, solo para sacar de entre sus cosas un bolígrafo y su talonario. Se agachó sobre una rodilla, pasando las hojas hasta una limpia y abrió el bolígrafo. Lengua entre sus dientes, Tsuna comenzó a escribir; su estilo rápido y limpio, cada palabra escrita con esmero a pesar de que estaba garabateando en su rodilla. Una vez que terminó, plegó el cheque y se lo dio al rubio, que alzó una curiosa ceja hacia él al coger el papel doblado.
"Eso son once mil, ochocientos setenta y dos dólares," Dijo Tsuna, guardando sus cosas. "Esos era mis Fondos de Ahorros de Emergencias del lugar donde trabajo. Lo donaré todo a tu fundación."
"¿Qué?" Dijo Yamamoto, impactado, pero el rubio simplemente miró a Tsuna, girando el cheque entre sus finos dedos.
"¿Estás seguro de esto?" le preguntó, viéndose muy serio.
"Seguro." Replicó Tsuna firmemente.
"¡No puedes dar todos tus ahorros así como así!" Dijo Yamamoto, atónito. "¿Qué harás si te haces daño en el trabajo?"
"No necesito ese dinero de todas formas," Dijo Tsuna, un poco más alto.
"¡Tu trabajo tiene la frase Riesgos Laborales, se aplican a su propio riesgo en su descripción, Tsuna!"
"Cógelo," Dijo Tsuna al hombre en conclusión. "Haz lo mejor que puedas para salvar los raíles."
El rubio se apoyó contra la farola, una mirada interesada en su cara. Los dedos girando el cheque lo doblaron una vez, dos veces, y el papel desapareció en el aire al tercer doblez. "Muchísimas gracias entonces, señor. Has hecho una diferencia hoy."
"Un poco más que una diferencia," Bromeó Tsuna, una pequeña sonrisa apareciendo en su cara, pero el rubio sacudió su cabeza para que sus flecos cayeran delante de su cara.
"No. Una diferencia es una diferencia. El tamaño no importa. Cinco centavos y once mil ochocientos setenta y dos dólares es lo mismo; un cambio que no pasaría de otra forma."
Tsuna pestañeó. Él nunca lo había pensado de esa forma.
"Ya veo," dijo lentamente.
"Es bueno oírlo," el rubio sonrió, y antes de que Tsuna o Yamamoto pudieran decir nada, se dio la vuelta y desapareció en la lluvia y el bullicio de gente que caminaba por las aceras.
"¿Vas a dejarle ir con todo tu dinero?" preguntó Yamamoto, mirando a Tsuna asombrado.
"Se lo di," dijo Tsuna, sorprendido.
"Sí, ¿pero cómo sabes lo que va a hacer con él? ¡Eran todos tus ahorros!"
"Entonces me ha engañado dos veces," Tsuna se encogió de hombros, cogiendo su mochila de nuevo. "Todo lo que hace ese dinero es sentarse inútilmente de igual manera. ¿No se te ha ocurrido que tenemos un plan de beneficios para la salud? Nunca supe por qué el Departamento nos hacía guardar dinero para las emergencias igualmente."
"Pero—"
"Está bien, Yamamoto," suspiró Tsuna, exasperado. "Está bien."
"¡No quiero que te engañen!" Soltó Yamamoto. "Eres un poco dócil para estas cosas, ¿lo sabías, Tsuna? ¡No quiero que otros te hagan daño!"
Las cejas del moreno se elevaron. No sabía que Yamamoto se preocupaba tanto por él. Esto estaba empezando a ser muy unilateral. "Yo—vale, vale, prometo tener más cuidado en el futuro, ¿está bien?" Ofreció Tsuna con una pequeña sonrisa en su cara. "Estaré bien. Vigilaré mi espalda, ¿sí?"
Yamamoto no parecía completamente convencido, pero asintió, y los dos continuaron por la calle, y con el día.
Cuando regresó a casa con Lambo en sus brazos y bolsas de la compra colgando de sus codos después de un viaje al supermercado, Tsuna fue sorprendido al encontrar un hombre amontonado en su cocina, arreglando los azulejos arruinados que él no había tenido tiempo de reemplazar desde que fue atrapado en el fuego.
"Umm…hola," Dijo Tsuna, sacudiendo el agua de su pelo y entrando en la habitación. El hombre se giró, asintiendo al moreno. Él estaba embutido en un abrigo gigante, de conjunto grueso, pesadas botas y un casco de seguridad. Tenía una capucha puesta y un trapo sobre la cara junto a unas gafas oscuras en sus ojos. Tsuna nunca bromeaba con la protección en el trabajo, pero ésta parecía un pelín extrema. ¿Su cocina fue clasificada como zona de riesgo o algo por el estilo?
"Hola," dijo el hombre, su voz áspera y con un fuerte acento. La prenda amarrada sobre su nariz y boca hacía que fuera aún más complicado oír sus tergiversadas palabras.
"…¿Qué estás haciendo con mi piso?" Preguntó Tsuna curiosamente, espantando a Lambo escaleras arriba para que tomara una ducha después del desastroso día en la guardería. El niño salió disparado hacia arriba, frotando sus manos por las paredes y plantándolas en los pantalones de un adolescente de pelo rubio con una risa rara que bajaba las escaleras.
"…Estoy aquí…para arreglar…daño. Daño causado por Traveler," tartamudeó el hombre, tropezando con las palabras y añadiendo puntuaciones en los lugares erróneos. Tsuna estaba ahora seguro de que el inglés no era el primer idioma del hombre, y recordó que era un Traveler quien había empezado el fuego en su casa.
"Oh, no tienes que preocuparte por ello," dijo él con una sonrisa, soltando las bolsas en la mesa. "Puedo contratar a un manitas para que se encargue del daño."
Pero el hombre sacudió su cabeza, haciendo que su caja de herramientas sonara. "No. Daño causado por Traveler. Conductor…toma responsabilidad. Casas de Estaciones son…preciosas para nosotros. Nos permite caminar entre mundos. Nosotros debemos…cuidar las estaciones."
Las cejas de Tsuna de elevaron justo ahora. ¿Caminar entre mundos? ¿El Conductor de nuevo?
El hombre se levantó y se frotó las rodillas, estudiando el suelo arreglado. Tsuna tenía que admitir que se veía bien; el hombre obviamente sabía lo que estaba haciendo.
"Terminado," anunció, y recogió sus cosas de una vez. Había un millón y una cosas que Tsuna quería preguntar, pero se sentía lengua-atado en el momento. No sabía que había un sistema de control para la organización de todas las Estaciones. Él siempre había asumido que los Travelers eran simplemente gente que salía y entraba de su casa al azar.
El manitas estaba abriendo su nevera para salir, y Tsuna no pudo evitar soltar, "¡Gracias por tu ayuda!" solo para ser amable.
"De nada. Que tenga un buen día, señor."
"Usted también," Replicó Tsuna, su habla dura, áspera y fuerte. El hombre se congeló, y Tsuna se congeló, y al mismo tiempo, ambos se dieron cuenta de que habían cambiado a un lenguaje diferente.
El hombre hablaba el mismo idioma que sus estudiantes.
¡El hombre…no era un 'hombre'!
Y de repente, Tsuna se dio cuenta de que las ropas holgadas, la máscara, y las gafas servían del mismo objetivo que las vendas que sus estudiantes llevaban en clase; para cubrir su verdadera identidad que había sido perseguida en el mundo de los humanos.
"¡Espera!" Gritó Tsuna, extendiéndose, pero el hombre se zambulló en su nevera, moviendo los huevos y tirando una botella de leche, desvaneciéndose de su vista.
Y todo lo que Tsuna pudo hacer fue quedarse de pie y mirar a la salida, sorpresa superando las creencias al darle de lleno la comprensión.
Capítulo 6 Fin
Espero que no sea muy confuso. Todo será explicado en su debido tiempo, ¡prometido!
¡Gracias por leer!
-BlackStar
