Cap 2:

-Y... esto... tú... ¿eres sangre limpia? –llevaban un rato caminando en silencio, y tras romperse se la cabeza en busca de un tema de conversación, a Selene no se le ocurrió otro mejor.

-No. –Contestó secamente- No me hace falta preguntarte a ti... Sly... –un resoplido salió de los labios de Remus.

-¿te molesta eso? –preguntó alegre de haber entablado una conversación, sea cual fuera.

-Digamos que en todos estos años no he conocido a una serpiente digna de mi aprecio...

-Ya veo... pensaba que los testarudos en Howarts eran los de Slytherin, pero resulta que la vanidad y el orgullo es recíproco en todos... –replicó intentando picarle.

Remus bufó y rodó los ojos.

-Y tú no eres la excepción.

-No, desde luego que no –contestó sonriendo ampliamente- espero que sepas hacia donde vamos, porque hasta esta clase, iba a todas con Severus –dijo cuando noto que pasaban por decenas de puertas y de pasillos sin llegar a algún sitio.

-Está al doblar esa esquina. ¿Por qué das estudios muggles? –inquirió perspicaz.

-¿Por qué lo das tú? Yo tengo más razones, no se prácticamente nada del mundo muggle, en cambio tú eres un sangre sucia...

El chico se giró rápidamente a verla, y la miró fijamente, pero descubrió que no lo había dicho con ánimo de ofender. Lo veía como un hecho, un adjetivo más para referirse a él, igual que si hubiera dicho que era rubio.

-No soporto al profesor de Runas antiguas... –contestó bajando la mirada, avergonzado- bueno, ya estamos –terminó cuando llegaron delante de una pequeña puerta de plástico gris. Como todo caballero, la abrió e invitó pasar a Selene delante de el. Llegaron pronto, solo estaban ellos y dos chicas más de Gryffindor, que se quedaron observando con asombro a la chica. Los asientos estaban dispuestos de dos en dos, en cuanto se sentó Remus, una de las chicas se levantó y se puso a su lado. Algo molesta, Selene se sentó detrás de él, pero en todo lo que duró la clase (que por cierto, le resultó por demás interesante, había que ver como se las ingeniaban los muggles para comunicarse entre ellos...) Remus estuvo ocupado hablando con su amiga, que además de guapa era tonta.

Cuando finalizó la clase, los alumnos de Gryffindor salieron en desbandada, acorralando a Remus. En el pasillo, este intentó llegar hasta Selene, pero había tal cantidad de chicas exigiéndole atención que solo pudo ver como una larga melena violácea desaparecía entre la multitud. Resignado, se encaminó a su sala común, deseando que la chica supiera ir a la suya. No es que se preocupara por ella, ni mucho menos. Era una cínica, demasiado irónica y cruel para su gusto. Y, por si fuera poco, era slytherin. Pero... había algo que le atraía irremediablemente hacía ella. Tal vez fueran sus ojos, que tanto desagradaban a Sirius y a los demás chicos. Esos ojos, amarillos, venenosos... le provocaban rechazo, pero... siempre había un pero... entonces, se acordó de James, y despidiéndose de las chicas, se encaminó a la enfermería.

Pero, cuando llegó a ella, se encontró con que James estaba rodeado de cuidados, con bombones, chicas... un tanto incómodo al ver a sus dos amigos en actitudes un tanto comprometidas con dos chicas, le deseó la mejoría a James y se fue.

No muy lejos de allí, Selene intentaba encontrar su sala común. Tanto cerebro e inteligencia que tenía para algunas cosas, y que no supiera desandar lo andado desde la mañana... Decidió que la próxima vez dejaría miguitas de pan. De repente vio una escalera que bajaba a las profundidades del castillo, y como una escena fugaz, se recordó a ella y a Severus subiéndola por la mañana. Alegre, las bajó. Se encontró en una zona tenuemente iluminada por unos candelabros, dándole un aspecto tétrico y siniestro. Las paredes estaban manchadas por la humedad, e incluso en algunas esquinas había moho. No se parecía en nada a Salem, pensó chasqueando la lengua. Allí convivían en armonía con la naturaleza, pues los magos y brujas de antaño habían creado una especie de ciudad en los árboles, con puentecitos que conectaban las casitas unas con otras. Además, allí no los dividían por casas, si no por aptitudes. Había cinco grupos, en los que se dividían según la magia que hubiera en su sangre. Selene estaba en el cuarto, el quinto estaba destinado a los futuros archimalos, así como el primero para aprendices que apenas sabrían calentar la sopa. Pero ya no estaba allí, se recordó resignada. Desde aquel fatídico incidente, en el que la habían expulsado. Sin quererlo, se puso a recordar...

Flash Back:

Una chica de 15 años corría por el bosque, dando saltitos, alegre. La seguía su hermano, un año mayor, silbando una melodía pegadiza. El Sol se estaba poniendo, dando a las hojas de los árboles ese matiz rojizo que hace del atardecer algo mágico.

-Deberíamos volver ya Selene... –como todo buen hermano, se sentía en el deber de proteger a su hermana, aunque en el fondo deseaba la respuesta que le dio.

-Oh, vamos Francis, ahora es cuando mejor se esta... –suplicó con los ojos brillantes de la emoción- ya verás luego a todas tus admiradoras... –añadió guiñándole un ojo, haciendo que el chico se sonrojara. Ciertamente, era muy guapo, con una melenita negra sobre la nuca, el flequillo tapándole uno de sus preciosos ojos verdes, y una sonrisa permanente en el rostro. Era la envidia de muchos chicos y deseo de todas las chicas. Pero su hermana ocupaba toda su atención... o casi toda, se tuvo que decir cuando pensó en Adelaida. Habían salido en busca de unos ingredientes para las pociones, pero con la firme promesa de que volverían antes de caer la noche. Había luna llena, y corría el rumor de que Fenrir Greyback, uno de los más temidos hombres lobo, se encontraba en el país. No querían correr ningún riesgo innecesario...

Pero entre risas, bromas, y canciones, se olvidaron de la hora que era, y para cuando se quisieron dar cuenta de la hora que era, la oscuridad cubría en bosque con su manto silencioso.

-Se nos ha hecho tarde¡volvamos! –exclamó Francis cogiendo la mano de Selene y comenzando a correr.

Entonces, un aullido surcó la noche, haciendo que un escalofrío recorriera la espina dorsal de ambos, instándolos a correr más rápido. Sus cuerpos chocaban contra ramas, hojas, espinas abriendo cortes en su piel. Pero eso ahora no importaba, oían unas pisadas siguiéndolos, un ronco jadeo, como el de un perro, pensaron horrorizados. Selene tropezó y cayó a la tierra, haciéndoles perder unos segundos preciosos, unos segundos en los que algo grande y peludo se le hecho encima a Francis cuando este intentaba ayudarla a ponerse en pié. Lo último que vio Selene antes de desmayarse fueron dos pares de ojos amarillos mirándola con regocijo mientras arrancaba la piel de su hermano a tiras.

Cuando despertó por la mañana, no recordaba nada. Se incorporó, confundida, al darse cuenta de que no estaba tumbada en su cama, sino en un lecho de hojas. Su cuerpo estaba lleno de barro y sangre. Una imagen de ella y su hermano corriendo y jugando por el bosque le vino a la mente, pero después... todo negrura y vacío. Se puso de pie, y al hacerlo vio en un árbol escrutas en rojo unas palabras... "a ti te reservo algo mejor" ¡que quería decir eso? De repente, le empezó a escocer la muñeca, y al girarla observó una fea herida, profunda y alarmantemente infectada. Sin querer perder más tiempo, se encamino a la escuela de magia. Agotada, llegó en un par de horas, y subiendo rápidamente a la casa de la directora, llamó a la puerta.

-Adelante.

Y tras una reprimenda, le explicó todo. Lucía, una directora joven y amable, pensó que ella y su hermano habían tomado demasiados hongos alucinógenos, y esperando encontrarse a Francis en igual estado que Selene, la mandó a su cuarto a descansar.

Todo ocurrió durante la noche. En Salem, los alumnos dormían en habitaciones individuales e insonorizadas, por lo que cuando Selene se convirtió, nadie se dio cuenta. Fue doloroso, terrible, sintió como sus huesos se partían y se doblaban, como le crecía el morro, los dientes, y lo peor de todo, su consciencia quedaba sepultada bajo la bestia que era bajo el influjo de la luna llena. Con un aullido, rompió la puerta de madera y fue a las habitaciones de sus compañeras, que horrorizadas, lo último que pudieron hacer antes de perder la vida fue encomendarse a Merlín. Nadie fue testigo de la masacre.

A la mañana siguiente, encontraron a Selene, dormida en uno de los puentes, manchada de sangre y desnuda, y siete cuerpos mutilados de chicas, las siete que dormían en la zona de Selene.

Hubo un juicio, claro. Iban a ahorcarla, cuando con un ligero ¡PLOP!, apareció un mago de cabellos y barba blanca, ojos azules y gafas de media luna.

Tras una acalorada discusión con Lucía, ella y Dumbledore llegaron a un acuerdo. Expulsarían a Selene de la escuela y de todo Salem, a cambio de no acabar con su vida. Y en el bosque, al amanecer, hubo otra charla.

-Puedes venir a Hogwarts, te lo repito, podemos solucionar tu problema con unas cuantas medidas de seguridad...

-No –le cortó la chica. Desde la muerte de las chicas, se había sumido en un hosco silencio, impropio de ella. Solo hablaba con Dumbledore, y las palabras suficientes- quiero viajar un poco, aprender a controlarlo... –mientras Lucía y Dumbledore habían estado discutiendo, ella se había informado de todo lo referente a la licantropía, y aunque muy pocos hombres lobos lo habían logrado, estaba dispuesta a conseguirlo, a impedir la trasformación

El director la miró por a través de las gafas, como solo el sabe hacerlo. Leyó en el corazón de la Joven venganza, odio, culpabilidad... seguía sin recordar como había muerto su hermano, pero estaba convencida de que había sido ella.

Y así, se despidieron, para volver a encontrarse otra vez, en uno de los viajes de Dumbledore a la India. Se sorprendió al verla en un monasterio budista, donde al parecer había encontrado la paz interior que buscaba. Y, aunque no podía impedir la trasformación, cuando lo hacía, no perdía la conciencia, ella controlaba al lobo, no al revés. Y tras otra larga charla, decidió ir a Hogwarts.

Fin del Flash Back

Decidida a no llorar, avanzó con paso tambaleante a la entrada de la sala común. Allí, en uno de los sillones, encontró a Severus.

-¿Dónde estabas? –preguntó intentando que no se le notase el tono preocupado de su voz.

-Me costó un poquito llegar hasta aquí... –respondió con una sonrisa, aunque con los ojos un poco vidriosos por los recuerdos.

-¿Qué te pasa niña? –El chico le tendió la mano a Selene para que se sentara a su lado- ¿Qué...? –inquirió en tono dulce al notar que temblaba. La atrajo a su cuerpo y la abrazó, sorprendiéndose a sí mismo.

-Yo... yo... snif... yo lo maté... snif... –comenzó sin poder ya controlarse. Le daba igual que notara las lagrimas caer por su rostro. Necesitaba desahogarse, desde que abandonó Salem no había vuelto a llorar, y hoy rompía esa promesa sin poderlo evitar.

-¿a quien mataste niña? –la voz susurrante de Severus la reconfortaba, era dulce y acariciadora.

-Francis... a Francis... –el moreno tuvo que inclinarse a su boca para poder escuchar tan tenue confesión. Algo le había contado en las interminables noches de verano, le había hablado de su hermano Francis, pero siempre en pasado... ahora sabía porque.

-Shuuu... tranquila, yo estoy aquí... –la estrechó más contra su cuerpo. Poco sabía Snape que la razón por la que Selene le apreciaba y confiaba en el era el parecido que tenía con se hermano, tanto físico como psicológico, pues auque Snape era más solitario, en el fondo anhelaba la compañía, la amistad... de ahí su lazo con Selene. Y así, cada uno con sus pensamientos, se quedaron dormidos.

-Selene, fuera hay un "leoncito" que pregunta por ti... –era sábado, y tanto Selene como Severus abrieron los ojos aún medio dormidos. Habían dormido toda la noche en el sofá, abrazados, por lo que ambos tenían los huesos doloridos. Una chica rubia zarandeaba a Selene para avisarla, con una mueca de asco al recordar de qué color era su insignia.

Desperezándose, se levantó y alisándose un poco la camisa, salió fuera como un zombie, sin parar a pensar quien podía ser. Severus, que tampoco usaba en estos momentos mucho su cerebro, se quedó en el sofá esperando no se sabe que.

-¿Sí? –preguntó con voz pastosa al salir a las mazmorras y ver una figura apoyada en un muro. Cuando su vista se fue acostumbrando y vio quien era, sintió la imperiosa necesidad de una buena ducha.

-¿Selene? –preguntó Remus al verla con la falda colocada de cualquier forma, la camisa desabotonada hasta el cuarto botón, y el pelo enredado.

-¡Niña, te dejaste esto! –gritó Severus saliendo por el retrato y tirándole la corbata y una goma del pelo, riéndose. Al verse, Snape y Lupin se lanzaron miradas de odio, y Snape, recordando que se suponía que eran novios, se acercó a Selene y acariciándole la mejilla, le dio un suave beso en la mejilla.

-Te veo dentro cariño –susurró lo suficientemente alto como para que Remus lo escuchara.

Selene alzó una ceja confusa, pues cuando estaba delante del rubio, todo lo demás se evaporaba.

Por su parte, Remus interpretó el atuendo de Selene, su cuerpo dolorido, y la forma de dirigirse de Snape, de la forma más lógica.

-Da igual, veo que te pillo en mal momento. Ya hablamos otro día –se despidió fríamente sin mostrar un atisbo de sus sentimientos.

-¡Remus¡Espera! –la chica salió corriendo tras él.