Autora Original: BlackStar42Roses

Título Original: The House of Many Whims

Traductora: Eli and Onee-chan (Onee-chan en realidad)

La Casa de las Extravagancias Capítulo 9

YO: ¡Holaaa! ¿Qué tal? ^^ Espero que bien, porque aquí está el último capítulo de La Casa de las Extravagancias. TT^TT es triste ver cómo se acaba una historia.

MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS POR LEER ESTA HISTORIA Y COMENTAR. ESPERO VERLOS ALGÚN DÍA CON OTRA HISTORIA :3

Dato curioso: Durante la traducción de este capítulo apareció la expresión "here goes nothing" que, para traducir tuve que buscar en un diccionario específico inglés. La risa de esto fue que, cuando encontré el significado apareció: "Here goes nothing = Estoy empezando a hacer una cosa que saldrá mal o que está mal hecha." Me quedé: O.O# ¡Ingleses con la ley del mínimo esfuerzo! xD Al final lo traduje como: "Vamos allá." Es más cortito y tiene la misma intención que el original. A ver qué les parece ;D

Si en algún momento ven algo raro (tipo: frases sin sentido, palabras en mitad de frase con mayúsculas o en vez de "haciendo" aparece "hacienda", etc..) por favor, díganmelo inmediatamente, indiquen lo que es porfa y gracias.

AUTORA: Yyyyyyy...¡Este es el final! Esta es una de mis historias más cortas, pero tuve muchísima diversion escribiéndola ^^ Creo que debería preguntarle los sueños a mi amiga más amenudo ahora, ha ha. Siento los momentos de sacudidas de llantos en el último capítulo; créanme, yo también lloré por Tsuna cuando Hibari se fue. Esa escena fue como muy inspirada por un momento que experimenté en mi vida, pero dejemos eso :'D

Bueno entonces...¿Seguimos? ¡Adelante con el último capítulo, banzai!

La canción al principio es Yesterday Once More (The Carpenters)

Disclaimer: No poseo Katekyo Hitman Reborn. Cualquier similitud en eventos o personajes vivos o muertos son totalmente una coincidencia.

¡Disfruten!


Chapter 9

When I was young I'd listen to the radio (Cuando era pequeño escuchaba la radio)
Waiting for my favorite song (Esperando mi canción favorita)
When they played I'd sing along (Cuando la ponía cantaba a la vez)
It made me smile (Me hacía sonreír)

Those were such happy times (Esos fueron unos momentos muy felices)
And not so long ago (Y no fue hace tanto tiempo)
How I wondered where they'd gone (Que me preguntaba dónde estarían)
But they're back again (Pero volvían)
Just like a long lost friend (Como un viejo amigo)
All the songs I loved so well (Todas las canciones que tanto amaba)

It's yesterday once more (Es ayer una vez más)

Tsuna sentado en su habitación, mirando a través de la ventana, observando la nieve caer en la oscuridad de la noche y en la temprana mañana. No era que deseara ir a la cárcel, pero él había pensado que el sistema de justicia era más rápido. O quizás todo el mundo estaba aún buscando a sus estudiantes. Esperaba que hubieran llegado a salvo para entonces. Su estómago se retorcía sólo de pensar en ellos.

Era extraño cómo al frente de la tormenta, Tsuna se había apagado completamente. No estaba en pánico ni nervioso. Simplemente se fue a casa, la barrió, ordenó sus papeles y se cocinó una buena cena. Pasó el resto de la tarde viendo una película y se terminó todas las galletas él solo. Las dos semanas desde la llegada de Hibari habían sido frenéticas, y casi no había tenido tiempo para algo remotamente relajado aparte de la morbosa salida para trabajar. Incluso entonces, realizaba planes para las clases y hablaba con Yamamoto sobre alguna que otra cosa.

Yamamoto.

Tsuna se mordió el labio pensativamente al acercar sus rodillas al pecho. Nunca habría pensado que Yamamoto pensaría en él de esa forma. A él también le gustaba el hombre, pero solo como un amigo. En realidad, era más como un conocido. Yamamoto era alegre y amable, pero solo para los humanos. Justo como los otros trabajadores. Algunas veces, el hombre era despreocupado hasta el punto de ser descuidado, no solo despreocupado. Esto fastidiaba a Tsuna un poco, pero al mismo tiempo, había apreciado la presencia de Yamamoto en el trabajo. Hacía las mañanas un poco más llevaderas y los almuerzos más vivos.

Tsuna se preguntaba qué pensaría Yamamoto de él ahora. ¿Un traidor? ¿Un enemigo? Si viera a Tsuna de nuevo, ¿lo atacaría? O peor, ¿lo mataría? ¿O Yamamoto simplemente avisaría a la policía y luego trataría de convencer a Tsuna para que cambiara su actitud? La última sonaba más correcta que los otros dos escenarios, pero no había garantías en la vida. Tsuna más bien pensaba que él era el mejor ejemplo. ¿Quién esperaría que el huesudo, joven adulto que apenas ha salido de la escuela tendría las narices para encerrar a sus entrenados colegas e imitar la escapada de una cárcel? Eso parecería demasiado real en un resumen. Tsuna sonrió de lado no obstante. ¿Qué le pasaba últimamente?

Hablando de lo cual, su teléfono móvil había vibrado sin parar en la mesa de su cocina desde que llegó. La mayoría de los mensajes habían sido de Yamamoto, un par de mensajes de sus compañeros (usualmente insultándolo) y uno del Departamento de Educación, comunicándole a Tsuna que estaba despedido.

Oh, maravilloso, como si no lo hubiera visto venir.

Por el momento, Tsuna aún podía escuchar las sirenas en la ciudad, zumbando una y otra y otra vez mientras los refuerzos de la ley aceleraban por las calles, buscando al revés y al derecho a los "convictos escapados". Tsuna no se había molestado en mirar las noticias; tenía el presentimiento de que se enfermaría solo de ver cómo los humanos se referían a sus estudiantes. El lugar entero estaba cerrado, lo que significaba que Tsuna probablemente podría salir, caminar por toda la ciudad y encontrar las aceras vacías y las tiendas cerradas. Como una ciudad fantasma. Con coches policía chirriando en cada esquina.

Qué sentimiento de soledad.

Tenía un montón de tiempo en sus manos para pensar en el pasado y en sus acciones. Tsuna se preguntaba si ahora tendría un corazón. ¿El hombre sin techo—quien ya había decidido que era en realidad el Conductor—aprobaría las acciones de Tsuna? ¿Hizo alguna diferencia al final, después de todo? Había tantas preguntas sin respuesta que Tsuna sabía que lo iban a perseguir el resto de su vida. No volvería a ver a nadie de los raíles jamás, así que ¿realmente iba a envejecer pensando en todo eso? Era una idea terrorífica.

Clank.

Tsuna pestañeó. Giró su cabeza lentamente hacia el marco de la puerta de su habitación, sentándose un poco más erguido mientras su corazón latía fuertemente.

¿Ya estaban aquí para recogerlo?

Él había pensado que la policía tiraría su puerta abajo, a menos que pensaran que él era peligroso y quisieran cogerlo por sorpresa. Pero igualmente, ¿qué tipo de fuerza policial sería lo suficientemente estúpida como para hacer ruido? ¿Serían ladrones? Tsuna apretó sus labios, oscilando silenciosamente sus pies fuera de la cama para levantarse, las tablas del suelo crujiendo suavemente bajo su peso. Caminó pausada y sigilosamente fuera de su cuarto y por las escaleras, temblando por los fríos azulejos del suelo. Su casa estaba en un silencio sepulcral, excepto por una sombra que se movía en el suelo. ¡Había alguien en su cocina!

Tsuna mantuvo su respiración, yendo a hurtadillas por la esquina y asomando su cabeza por el hueco entre el salón y la cocina. La persona en su cocina era alta, y estaba llevando un… ¿uniforme? A Tsuna le dio un vuelco el corazón. ¡De verdad era la policía! ¿Debería dejarse ver? De otra forma, podrían atacarlo pensando que Tsuna estaba intentando irse silenciosamente por detrás de un oficial. El moreno tragó, su corazón latiendo en sus oídos. Vamos allá.

"Er—" Tartamudeó Tsuna, dando un rápido paso hacia delante con sus manos en alto, y el hombre se dio la vuelta.

Solo, que no era un policía.

Era el sin techo, el hombre rubio.

"¡Tú!" Gritó Tsuna con sorpresa, agarrando el marco de la puerta en shock. "¿Qué—qué estás haciendo aquí?"

El rubio sonrió.

"Hola de nuevo, Señor Sawada Tsunayoshi. Me has sorprendido bastante esta vez."

"Tú—¿Cómo sabes mi nombre?" Preguntó Tsuna, manteniendo la mirada. No estaba hecho a la vista que tenía ante él. Primero, el rubio no estaba llevando su gigantesco, destrozado abrigo y la raída bufanda, sino un uniforme apretado y azul marinero con muñequeras rojas y una capa. Tenía una camisa blanca debajo con el cuello cuidadosamente arreglado. Una corbata negra posicionada perfectamente alrededor de su cuello, y una fina cadena yendo desde un bolsillo en su pecho que revelaba un reloj circular dorado. Parecía bastante inteligente. Y extraordinariamente elegante. No, Tsuna no estaba mirando obsesivamente, pero incluso él sabía cómo apreciar las vistas de un digno supermodelo.

"Por supuesto que sé tu nombre," Sonrió el rubio de alegría. "Soy el Conductor de las Estaciones, así que es natural que conozca a los huéspedes de las Estaciones. Mi nombre es Giotto. Es un placer, Sawada."

"Eres el Conductor," Repitió Tsuna suavemente. Él lo sabía desde hace tiempo, pero ver al hombre ante él verificando este hecho hizo que el moreno flaqueara. Era casi una prueba sólida de que todo no había sido solo un maravilloso sueño. "¿Cómo…cómo entraste? Pensaba que mi casa ya no era la Estación 27."

"Tengo privilegios especiales," Giotto picó un ojo, juntando efusivamente sus manos. "Pero en completa seriedad, sí, tu casa volvió a ser normal después de que los raíles cerraran debido a que los humanos capturaban a nuestros trabajadores y a la pérdida de fe en su imaginación. El concepto de raíles es la aceptación, que es un arte en extinción. ¿Cómo puede la gente vivir en este mundo aceptando realmente a alguien? La gente va y viene de nuestras vidas cada día, y es sencillo decir que no juzgarás, pero encarar una invasión de la privacidad en toda regla, hay menos de un puñado de humanos que permanecería en calma y se adaptaría. Tú, Sawada, eres uno de ellos."

"¿Yo? ¿Aceptación?" Pestañeó Tsuna.

"Correcto," Asintió Giotto. "He visto suficiente en este mundo para saber que los humanos son una raza que se destruirá a sí misma eventualmente por culpa de su cerrada mentalidad. No puedes vivir con otros cuando no puedes ni dejarles hacer lo que quieran. Los Travelers son un caso severo, porque en verdad, la casa de todo el mundo no va a ser una Estación, pero la gente se mueve naturalmente dentro y fuera de nuestras vidas. Nos juzgamos entre nosotros tan cruelmente, es un milagro que podamos juntarnos sin hacer estallar una guerra cada segundo o así. Imagínate, los humanos están probablemente marcados por el destino. Pero el punto es: los humanos no son criaturas tolerantes. Pues aquellos que son una minoría, como mis trabajadores ferroviarios, son amenazados con la destrucción. Afortunadamente, tu cambiaste eso, y todos los trabajadores que escaparon están en buenas manos ahora."

"¿Mis estudiantes lograron llegar a ti?" Preguntó Tsuna excitado, el alivio extendiéndose en su interior.

"Por supuesto," Sonrió Giotto. "Sanos y salvos, debo añadir. Están muy felices de volver al trabajo."

"Gracias a Dios," Suspiró Tsuna, apoyándose contra la pared.

"Te doy las gracias, Sawada," Dijo Giotto. "Sin tu ayuda, no habríamos sido capaces de salvar de verdad los raíles. Eres único en tu clase."

"Solo soy yo," Sonrió Tsuna débilmente, frotándose los flecos hacia atrás.

"Si hubieran más como tú, entonces este mundo tendría mayores oportunidades para sobrevivir." Elogió Giotto. "No te subestimes. En cualquier caso, tengo una sorpresa para ti."

"¿Una sorpresa?" Repitió Tsuna, confundido. "¿Qué—"

Pero en ese momento, hubo un grito destroza-tímpanos desde el armario del pasillo y el sonido de cepillos y mopas cayéndose resonó fuertemente al salir fugazmente un pequeño niño de cinco, agarrándose a las piernas de Tsuna con la fuerza de un jugador de fútbol profesional.

"¡Gya-ha-ha-ha-ha! ¡Papá-Idiota-Tsuna! ¡He vuelto!"

"¡Lambo!" Jadeó Tsuna en shock, agachándose para coger al niño. Abrazó al niño del pijama de vaca fuertemente, para nada sorprendido de que el niño estuviese llorando y abrazándolo de vuelta con un agarre que solo los niños son capaces de realizar.

"¡Te he echado de menos, papá!"

"Yo también te he echado de menos," Dijo Tsuna, sonriendo con una enorme sonrisa mientras frotaba el pelo de Lambo. "¿Has sido bueno?"

"¡Lambo siempre es bueno!" proclamó el niño, alzando su puño al aire. "¡Lambo es listo y se porta bien como papá!"

"Eso es magnífico," Se rió Tsuna, botando al niño en sus brazos. "Estoy tan feliz de verte otra vez, Lambo."

De repente, Lambo tiró del pelo de Tsuna, haciéndolo contraerse de dolor. "Mamá parece enfadado," cuchicheó. "Pero en realidad está feliz de verte."

" ¿'Mamá'?" Pregunta Tsuna, confundido, pero entonces, Giotto se acerca para coger a Lambo de los brazos de Tsuna con una sonrisa cómplice en su cara.

"Mira detrás de ti, Sawada."

Tsuna se giró. Y su consciencia supo quién era antes de que tuviera completa visión de la persona que estaba de pie detrás de él, lo que probablemente lo salvó de un prematuro ataque al corazón.

Por un momento, el moreno simplemente se quedó quieto, mirando, sintiendo su corazón machando su pecho y su estómago dando vueltas y sus rodillas debilitándose. Pero él estaba ahí. Él realmente estaba ahí. Hibari estaba de pie silenciosamente en el pasillo, vestido en su usual abrigo negro y con su típica expresión estoica en la cara, pero había una cierta ternura en sus ojos que hizo que Tsuna se derritiera por dentro. No tuvo que pensárselo dos veces antes de correr y tirarse en los brazos del azabache.

"¡Hibari!"

"Herbívoro," Murmuró Hibari, acomodando la cabeza de Tsuna bajo su barbilla mientras sus brazos rodeaban al moreno, acercándolo todo lo humanamente posible.

"Estás aquí de verdad," Dijo Tsuna suavemente, respiración atrapada en su garganta mientras sus manos se retorcían en busca de un apoyo. "Mierda…Yo…Pensé que nunca volveríais…"

"No podíamos," Expuso Hibari francamente. "Pero tú cambiaste eso."

"¿Lo hice?" Preguntó Tsuna dulcemente, mirando hacia arriba. Hibari de repente rompió en una pequeña, genuina sonrisa y se inclinó para besar al moreno profundamente, haciendo que el corazón de Tsuna saltara.

"Sí, lo hiciste."

"Lo interesante ahora es que puedes venir con nosotros," Dijo Giotto repentinamente, apoyándose en la encimera mientras Lambo escalaba en su cabeza. "Las cosas han cambiado para mejor."

"¿Qué?" Preguntó Tsuna, alarmado. Hibari alargó y puso una mano sobre el pecho de Tsuna, haciendo que el otro se sonrojara.

"Aún es fuerte," dijo el azabache suavemente, cerrando sus ojos. "Has mantenido tu palabra, Tsuna."

"Tu corazón ha cambiado," Sonrió Giotto. "Creo que eres más que digno de viajar a través de las Estaciones."

"¿Via-viajar a través de las Estaciones?" Repitió Tsuna, aturdido. "Pero—¿cómo—puedo—?"

"¿No lo sientes?" Preguntó Giotto. "Incluso un ciego puede decir que no eres la misma persona que hace dos semanas. No importa si el cambio no puede verse; eso no significa que no esté ahí. Has aprendido a tomar riesgos. Has aprendido a creer. Y sobre todo, te diste cuenta de qué estaba mal, y cogiste la oportunidad para cambiarlo a mejor. Esa es la actitud que todos nosotros necesitamos para vivir una vida más brillante y crear un futuro mejor."

"Bien hecho," Gruñó Hibari, golpeando juguetonamente a Tsuna en la cabeza. El moreno enrojeció, frotándose su brazo avergonzado.

"No…me di ni cuenta," admitió. "Pero puedo decirte que fue más que satisfactorio el liberar a mis alumnos."

Giotto se rió. "Esperemos que Lambo no herede esa característica," bromeó. "Ahora, ¿entiendo que estás en un pequeño aprieto con las autoridades? Sin duda vendrán a por ti antes o después."

Tsuna asintió. "Desafortunadamente," suspiró. "De seguro arañarán los pisos de mis padres con sus botas."

"Más importante," Dijo Giotto, "No vamos a dejarte atrás por hacer algo que cambió las cosas. Así que, es tu decisión, y de verdad que espero que lo aceptes, Sawada." El rubio caminó hacia el armario del pasillo, y tiró para abrirlo. Por un momento, no hubo nada excepto los cepillos y la mopa tirados sin orden alguno contra la pared, pero entonces, una imagen comenzó a aparecer en la pared. Era borrosa, como una televisión sin señal, y un poco oscura, pero más allá de todo eso, Tsuna pudo ver una multitud a unos cuantos pasos, todos esperando por él. Sorprendido, se apresuró al lado de Giotto y miró con atención. Cuando vio de quién se trataba, Tsuna no pudo parar las lágrimas que se formaban en sus ojos.

Eran sus estudiantes, vestidos con varios tipos de mugrientas ropas de trabajo, llevando kits de herramientas y piezas de raíles equilibradas sobre sus hombros, y nunca habían estado más felices en sus vidas. Todo el mundo lo estaba saludando, sonriendo abiertamente y gritando, aunque Tsuna no podía escucharlos. El moreno agarró la manga de Hibari, incapaz de apartar sus ojos de la vista ante él.

"¿Es…es real?" murmuró.

"Cada pizca de ellos," replicó el azabache, envolviendo un brazo alrededor de los hombros de Tsuna. "Pidieron especialmente venir a saludarte."

"Vienes con nosotros, ¿verdad, Papá-Idiota-Tsuna?" Gritó Lambo, saltando del hombro de Giotto y cayendo en el suelo, mirando con ojos llenos de esperanza. Tsuna sintió un nudo formarse en su garganta, pero asintió, manteniendo una húmeda sonrisa.

"Sí, voy con ustedes esta vez," dijo delicadamente.

"¡Gya-ha-ha-ha-ha! ¡Papá es el mejor!" Chilló Lambo, dándole a Tsuna un rápido abrazo antes de correr dentro del armario y a través de la pared. La imagen se movió levemente, como un reflejo en la piscina, y de repente, Lambo estaba en el otro lado, señalando para que Tsuna viniera también.

"Bueno, tenemos un horario muy apretado," Dijo Giotto, repentinamente en modo de negocios. El rubio miró su reloj y observó la casa."Es hora de moverse." Le sonrió a Tsuna también antes de atravesar la salida para pararse entre los trabajadores, con los que comenzó a hablar. Los seres asentían excitadamente; pillando cada palabra que Giotto decía. No había duda de que estaban emocionados por ser capaces de trabajar para el Conductor una vez más.

"¿Estás listo?" Preguntó Hibari, dándole al moreno un pequeño apretón.

Tsuna tragó, mirando la mágica casa en la que había vivido durante veintiún años de su vida. Era un sentimiento extraño, dejar todo lo que había conocido atrás. El pequeño confort de su habitación, la vista de su patio, la televisión a todo volumen en el salón y la silenciosa atmósfera de su estudio eran cosas a las que se había acostumbrado. Y no olvidemos el ocasional extraño pisando fuertemente por el pasillo, tropezando al salir del armario y arrastrándose por debajo del fregadero. Era ese pequeño trocito de magia lo que hacía sentir a Tsuna que todo era un poco más interesante en su hogar. Lastimeramente, sabía que era un verdadero adiós. Pero era también un nuevo comienzo, y esta vez, Tsuna tenía el presentimiento de que no estaría tan solo nunca más.

"Sí," Dijo, cerrando sus ojos momentáneamente mientras daba la espalda a su casa y se giraba cara al armario. "Estoy listo."

Hibari soltó una risa baja, enlazando sus dedos con los de Tsuna. "Bien," murmuró en el oído de Tsuna; dándole al moreno un rápido beso en la mejilla. Mano con mano, caminaron juntos hacia el interior del armario, desvaneciéndose a través de la salida como cualquier otro Traveler. La mano de Tsuna volvió una vez más para tirar de la puerta del armario, y se cerró con un suave click.

Cuando lo hizo, la casa entera se quedó callada.

Muy, muy callada.

No había ni un sonido. Ni un movimiento. No había ni siquiera una brizna de viento, o la caída de una gota de agua desde el grifo. Era como si el tiempo se hubiera congelado.

Pero entonces, apenas visible desde la congelada ventana, una luz se alzó por encima de las nubes. Iluminó el cielo con un agradable, vivo brillo naranja después de la tormenta de nieve de ayer. Un pájaro piaba en la distancia, señalando el comienzo de un nuevo día.

Era la salida del sol de mañana.


La Casa de las Extravagancias

Fin


Bueno; este es el final :D ¿Era el final que estaban esperando? En cualquier caso, gracias a todos por leer, ¡espero que les haya gustado! Supongo que ya nos veremos en algún lugar de FFN de Nuevo en el future con otras historias 1827~

-BlackStar42Roses