Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, y esta historia es inspirada en la peli quiero robarme a la novia.

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Capítulo beteado por Jo Beta Ffad, Betas FFAD

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Anteriormente en Elíjeme a Mí

¿Y vas a dejar que se case? —dijo Jacob mirándome.

Ella lo decidió —di el último trago a mi vaso.

Y tú vas a dejarla —bufó Emm.

Yo soy su amigo. —Uno de los meseros pasó y tomé otra copa.

¡Pero la amas! —alegó Ben.

Pero ella lo ama a él —dije bebiendo mi cuarta copa de whisky.

Seguro, porque no ha dejado de verte en toda la jodida noche —dijo Mike.

Solo quiero que sea feliz y si el niñato es su felicidad… —tomé el resto de la copa, como si no me afectara—. Saben que ya me aburrí, yo como que me voy a casa.

No debes conducir —dijo Jacob llegando a mí.

Estoy bien. No voy a ir al jodido matrimonio —dije a Emmett—. ¿Podrías entregarle esto? —saqué de mi bolsillo una hoja doblada—. Mañana, cuando ella ya esté casada amigo.

¿A dónde vas? —preguntó preocupado.

No sé, solo sé que no quiero que llegue el día de mañana. Solo sé que me gustaría desaparecer….

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Capítulo 6

Miré mi volvo aparcado fuera del salón, sin embargo, decidí caminar. Ya mañana vendría por él. Negué con la cabeza y me devolví donde el chico que aparcaba los coches.

—Hola —miré su gafete—, Riley —el sonrió—. Necesito que vayas dentro y le des estas llaves —mostré mis llaves— a la novia y le digas que si puede llevarlo al departamento el chico asintió así que le entregué las llaves junto a una pequeña propina.

Caminé por las ajetreadas calles de Nueva York, sin saber muy bien a donde quería llegar, lo único que quería era olvidar, así que cuando pase por allí… no solo el letrero me llamo la atención.

Entre al bar sin pensar mucho y tan pronto llegué a la barra pedí un whisky doble seco y puro, quería olvidar y el alcohol, era lo mejor para ello sobre todo mañana tendría una resaca tan bárbara, que me levantaría varias horas después del matricidio.

A ese whisky le siguieron muchos, uno tras otro, hasta que empecé a ver al barman doble, sin embargo, no me importó. Seguí bebiendo y escondiendo mi dolor porqué la había perdido, para mañana a esta hora ella sería la señora Whitlook.

—Disculpe que la haya llamado, pero fue la única que contesto dijo la voz de un hombre. La cabeza me pesaba horrores.

—No se preocupe, yo me haré cargo de él, dijo una chica la cual no pude reconocer—. Cargue a mi tarjeta el valor total de su cuenta.

Yop.. puedo, pagerle tooodije levantando la cabeza de la barra.

—Tranquilo, cobre de aquí dijo esa chica otra vez.

—¿edes tú mi vida? pregunté torpemente, aún con los ojos abiertos, no podía reconocer quién era.

—No, no soy tu vida, solo soy una amiga. ¿Sabes cuántas revistas serían felices de verte así Edward? ¿Qué estabas pensando para llenar tu torrente sanguíneo con más alcohol que sangre?

—La perdiiii dije levantando el vaso pero estaba vacío—. Dame otro whisky le dije a los chicos que estaban frente a mí.

—Creo que ya estuvo bien por hoy, señor dijeron tímidamente.

—Yo diré cuándo es bueno, dame otro el chico miró a la mujer que estaba conmigo, antes de servirme un trago.

—Este es el último y nos vamos dijo ella mientras yo bebía mi trago—. Ahora, puedes decirme ¿a quién diablos perdiste?

—Mi ángel se va casar con el maldito niñato rubio bebí todo el contenido de golpe.

—Lo sabía dijo ella riendo—. Siempre la amaste, ¿no? Nadie sabe lo que tiene, hasta que al final lo pierde.

—Así parece jugué con el vaso entre mis manos.

—Vámonos ya, antes que un chupa vidas nos vea y mañana tengamos todos los títulos amarillistas adornando nuestros nombres. ¿Puedes levantarte?

—Quiero seguir bebiendo dije tratando de levantarme.

—Podemos comprar una botella y te la bebes en tu casa, no necesitas que un puto paparazzi te joda más la vida.

Me levanté de la mesa como pude y, trastabillando, acompañé a la mujer que estaba a mi lado hasta un precioso mercedes negro.

—Debes darle gracias a Dios que aún me queda un día en este país, al parecer habían llamado a varias personas.

— ¿Mi botella?

—Creo que ya bebiste suficiente hoy.

—Nop, quiero una botella y si tú no me la das, voy a bajarme de este coche y la iré a buscar Alice.

—Déjate de tonterías dijo ella conduciendo—. Te llevaré a tu departamento y te prepararé un café bien cargado.

—No… Quiero tener resaca mañana, así no pienso en nada.

—Supongo que es por la boda su tono de voz fue bajo.

—Supones bien.

—Jasper no es un mal hombre —murmuró ella.

—No, es el perfecto hijo de puta que todos aman —dije secamente, sentí que Alice aparcaba el coche y luego se bajaba.

—Me va tocar ayudarte a subir —dijo ella burlona. Me ayudó a salir del coche y a subir al departamento—. Dame, yo abro —dijo abriendo la puerta. Sentí el elevador abrirse y un pequeño jadeo ahogado, quise mirar pero Alice me empujó dentro del departamento y luego cerró la puerta.

Me senté en el sofá mientras ella preparaba un café, me levanté intentando no hacer ruido hasta llegar a la puerta.

— ¿A dónde vas? —dijo Alice con una taza humeante.

—Voy a suplicarle que no se case —dije con la mano en el pomo de la puerta.

— ¿Y crees que lo conseguirás?

—La esperanza es la última que te deja.

—El chico del bar me dijo que estuvo intentando llamar y ella no contestó, ya tomó su decisión y tú tienes que resignarte, así como yo.

— ¿Tú tuviste algo con el niñato peliteñido? —pregunté, sentándome nuevamente en el sofá.

—Fue hace mucho tiempo —dijo ella entregándome el café. Sabía a diablos, pero aún así lo tomé—. Él estaba empezando su carrera como músico y era apenas un aficionado en Nascar, y yo… Bueno, yo tenía un mundo de puertas abiertas y posibilidades ante mí, Edward; así que hicimos una ruptura no muy limpia.

— ¿Qué paso? —inquirí.

—Lo dejé plantado en la iglesia, creo que me odia —dijo ella riendo.

— ¿Tú lo amas? —dije mirándola.

—Fue mi primer amor Edward, y lo amaba más que a mi vida, pero era mi momento y yo debía hacer lo que mi mente me mandaba y, en ese instante, me mandaba a comerme el mundo. A pesar que amaba a Jasper más que a mi vida, él nunca pudo perdonarme, incluso cuando volví a él porque estaba embarazada.

Casi escupí el café.

— ¿Tienen un hijo? ¿En común? —Alice negó.

—Perdí al bebe cuando tenía tres meses —se levantó de mi lado y caminó a la ventana. Pude ver cómo su mirada se perdía entre las luces de Nueva York—. Había ido una vez más a pedirle a Jazz que intentáramos llevarnos bien, por el bebé —colocó la mano en el cristal—. Él estaba bebiendo, discutimos, las cosas se salieron de control y yo di un mal paso.

— ¿Te golpeó? —me levanté del sofá caminando hacía ella y haciéndola girar, ese maldito no iba a tocar a mi princesa.

—No, ¿o sí? Bueno no sé. Me caí de las escaleras, yo me resbalé… no recuerdo bien esa noche y no quiero recordarla. El bebé y mis ganas de ser madre murieron esa noche.

—Mi nena no puede casarse con esa bestia —le dije ahora con muchas más ganas de ir a su departamento.

—Ya te dije que Jasper no es un mal hombre, Edward.

— ¡Te empujó! —dije con ira.

—No, no lo hizo. Solo perdí el equilibrio.

—Tú lo amas. —Esta vez no pregunté, fue una afirmación.

—Siento muchas cosas por él, no sé si amor entre en el conjunto —suspiró—. Ceo que lo mejor es que vayas a la cama —dijo cuando me vio caminar al bar—. Edward, con beber no vas a sacar nada.

—Vete Alice, yo te dije que quería beber y eso haré, gracias por haberme traído a casa.

—No te dejaré solo.

—Yo quiero quedarme solo —le dije destapando una Jack Daniels.

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A qué hora me quedé dormido, quién diablos sabe. Solo sé que la cabeza se me iba a explotar, el sol estaba más claro que todos los días y la jodida ventana estaba abierta. En la mesa de noche una nota:

La cabeza ha de estar palpitándote tan fuerte como si tuvieses una estampida de elefantes, te dejo una "bomba" y un par de aspirinas tómatela. Te quiero, AB.

Me tomé la bebida que Alice había dejado sobre mi mesa, sabía espantoso pero si calmaba la estampida de rinocerontes en mi cabeza, sería feliz.

Miré mi celular, tenía 18 llamadas perdidas. Ninguna de mi ángel.

Fui a los mensajes de texto, tenía dos.

Tu nena me vio salir del departamento, lo siento. Intenté ser cuidadosa pero ella salía cuando yo abrí la puerta. Espero que esto no complique más las cosas, si necesitas beber y ahogar tus penas con alguien ya sabes en que hotel me estoy quedando… Me vas a llamar loca pero a situaciones desesperadas medidas desesperadas. Espero que entiendas que te quiero Edward, lamento haber sido tan perra contigo. AB

Gracias, respondí y miré el otro mensaje.

Ahora entiendo porqué te fuiste sin despedirte. Eres mi mejor amigo, espero verte a mi lado hoy, Edward. No me decepciones más.

Bella

No contesté, me dejé caer en la cama pensando en las últimas palabras de Alice.

A situaciones desesperadas medidas desesperadas…

¡Eso era! Me levanté rápidamente de la cama, maldiciendo al inventor del alcohol... y salgo corriendo al baño.

Luego de una ducha rápida y unas cuantas maldiciones más, estaba listo. Isabella Swan no iba a casarse hoy… Al menos no con el niñato Italiano.

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Convencer al inútil que la llevaría a la boda no sería fácil, pero el dinero mueve vidas y él, era uno de los tantos perros que menea la cola por un maldito hueso… Debía lavarme la boca con Clorox; hoy había maldecido más que de costumbre.

Dios, si existes, permite que todo salga bien… Yo te juro que me volveré un hombre monógamo, le seré fiel hasta con el pensamiento y nunca, ¡jamás! Volveré a maldecir.

Sabía en qué Hotel estaría mi nena, me había parecido una reverenda estupidez que ella se fuese a cambiar a un puto hotel. Nota mental: "Dios, las maldiciones cesarán cuando mi nena no se case".

Esto era una locura pero era mi última locura…/. Sabía que sus padres y las demás damas estarían en la iglesia, así que ella llegaría sola.

La vi salir del hotel y bajé el kepis que llevaba puesto para que ella no me reconociera, mis manos estaban enguantadas y el traje negro me quedaba a la medida. Abrí la puerta para ella, cuando llego junto a mí.

—Gracias —dijo con voz débil… ¿ella había estado llorando?

Me subí al coche y la miré por el espejo retrovisor, no se veía como una novia feliz, digo, no estaba muriéndose de tristeza pero al parecer, había algo allí. Ella miraba el teléfono celular mientras deslizaba el dedo por la pantalla.

—Creo que llegaré tarde si no enciende el auto —dijo sin siquiera levantar el rostro. Tragué grueso antes de encender el coche, ella seguía absorta en lo que sea que estaba viendo.

—Señor, esta no es la calle que lleva al tem… —Alcé la mirada dejando que nuestros ojos se encontraran en el retrovisor— ¿Edward? —preguntó sorprendida—. ¿Qué demonio estás haciendo?

—No voy a dejar que te cases —dije antes de acelerar—. No vas a cometer esa estupidez.

— ¡No! —gritó—. Tú estás haciendo una estupidez, da la vuelta, no quiero llegar tarde a mi boda.

—No vas a casarte, a no ser que sea conmigo. He dicho —dije tajante.

—Demonios Edward, no seas idiota. Mis padres me esperan, Jasper me espera, Voy a casarme con él.

—Y es por eso que ¿te mueres de la felicidad? —pregunté—. Porque pareces todo, menos una novia feliz.

— ¡Y a ti que te importa eso! —respondió altiva.

— ¡Te amo Maldita sea! —grité frenando el coche, estábamos Central Park.

—Y me amas tanto que ¿te revolcaste con Alice Brandon anoche? —dijo en tono mordaz.

—Yo no... — ella no me dejo hablar.

—Te vi anoche, estaba preocupada porque te fuiste sin despedirte y además, me habías dejado las llaves de tu coche. Te estuve buscando como una idiota, ya que había dejado mi celular en la habitación de mis padres, te busqué en mil partes, hospitales, bares, ¡hasta en la morgue maldito imbécil! Llegué al departamento y toqué muchas veces y no me abriste.

— ¡Tienes una llave, porque demonios no la usaste! —dije en replica.

— ¿Para qué?, ¿para ver cómo te follabas a Alice?

—Que yo no…

— ¡Basta! No me importa Edward, es tú vida y puedes estar con quien quieras —me bajé realmente cabreado del coche y me subí al lado de ella.

— ¡Yo no me follé a Alice! Cuando salí del tu payasada de cena de ensayo, me fui a un bar a beber, sabes porque —ella intento hablar—. ¡¿Sabes por qué?! Porque quería olvidar que el día de hoy iba a llegar, porque quería cambiar mi vida y haberte dicho antes de ese viaje lo que sabía y aterraba: que te amaba, maldición, que te amo Bella. Bebí como un maldito maniático y cuando iban a cerrar el bar, llamaron para que alguien me recogiera porque estaba más ebrio que una cuba y llamaron a varias personas y qué crees, la única que contesto fue Alice, así que ella fue por mí y me llevó a casa y, ¿sabes que me contó?

—Que ella y Jasper perdieron un hijo —dijo sorprendiéndome—. Jazz ya me contó eso. Entre él y yo no hay secretos, Edward.

—Y aún así piensas casarte con él —dije.

—Confío en Jasper, Edward. Él es un gran hombre y sí, voy a casarme con él.

—Aunque me amas.

—Yo no te amo —refutó.

—Entonces por qué demonios estás viendo fotos de nosotros —dije arrebatándole el celular y pasando las fotos que una a una, nos mostraban felices—. Tú me amas tanto o más que yo, porque yo soy un idiota imbécil que no se dio cuenta que tenía al frente al amor de su vida hasta que sintió que podía perderlo, un idiota que dejó que el miedo le ganara al amor.

—Intentas decirme que por miedo a mí te acostaste con todo el personal femenino de "Besos de Pasión" —dijo incrédula.

—Yo no quería enamorarme, no quería depender de alguien y el amor, te vuelve dependiente Bella, el amor embrutece. Mis padres se amaban y siempre doy gracias a Dios porque murieron juntos o papá hubiese muerto de dolor; cuando tío Carlisle murió, tía Esme se consumió, se apagó hasta morir. Yo siempre supe que te amaba y quería protegerte, por eso te llevé al Ginecólogo cuando me contaste que planeabas acostarte con Felix, me enojé pero lo mantuve al margen y lo achaqué a celos de hermano mayor, como cuando los veía besarse y quería moler a golpes al imbécil y no sabes el fresquito que me sentí cuando lo hice.

—Así que fuiste tú…

—No Isabella, fue el hada de los dientes. ¡Claro que fui yo!, el maldito te humilló y yo no iba a permitirlo. No iba a permitirlo mi ángel —me acerqué a ella tomado la por la nuca—. No te cases —hice mi último intento mientras acercaba mis labios a los de ella, dispuesto a probar la miel que emanaba de su interior.

Ella respondió el beso; tan cálido y profundo como el que nos habíamos dado días atrás. Su mano se afianzó en mi nuca y nos besamos por largos minutos.

—Te amo —dije separándome de ella—, te amo como jamás he amado a nadie, por eso nunca tuve una novia fija pequeña, porque solo podía verte a ti como una novia real —besé sus labios levemente—. Yo también te besé muchas veces a los 15 años, no sabes todas las veces que tuve que bañarme con agua fría —sonreí—. Como aquella vez que fuimos a la playa y tenías ese diminuto traje de baño… ¿Sabes lo que me costó sacar esa imagen de mi mente? —dije juntando nuestras frentes—, o aquella vez que nos bañamos con agua lluvia en el patio de Esme y no tenías sostén… ¡Dios!, ver tus pechos a través de la tela fue jodidamente cachondo para mí, tuve una erección por horas y días —ella sonrió—. No te cases bonita… Por favor —susurré antes de unir nuestros labios otra vez—. Por favor elígeme a mí, no a él.

—Te amo —dijo ella con voz empequeñecida—, te he amado toda mi vida, pero también amo a Jasper, y no puedo hacerle esto —sus dedos acariciaron mi mejilla—. ¿Puedes entenderme, Edward.

—Serás infeliz —puntualicé.

—No —acarició mis mejillas—. Jasper me ama y yo me siento bien con él; me protege, es tierno y con el tiempo y la convivencia, podré corresponderle igual.

— ¿Y yo?

—Tú encontrarás a alguien que te ame como mereces. Llévame al templo ya estoy retrasada.

—Bells...

—Por favor o tomaré un taxi —dijo en un susurro. Respiré resignado mientras me bajaba del coche y la llevaba al templo.

El trayecto fue en silencio, Isabella trataba de arreglar su maquillaje, se veía realmente hermosa. Cuando llegamos al templo el señor Swan estaba afuera.

—Lo sospeché cuando vi que empezabas a tardarte y él no aparecía —dijo abriendo la puerta—. Jasper está muy estresado, tuvo una visita hace pocos minutos, una mujer muy bella, la que vimos en el restaurante la vez que cenamos todos juntos —dijo el papá de mi ángel.

Mi nena suspiró.

—Eres mi amigo, he estado para ti en los momentos buenos y los malos y te amo. Sé que esto es difícil pero quiero que estés conmigo hoy, Edward.

—Isabella, no me pidas eso… yo no puedo estar ahí.

—Si puedes y lo harás, por mí —dijo bajándose del coche y caminando hasta el templo, sentí la música empezar a sonar y me bajé del coche; ella había estado siempre conmigo, hoy debía tragarme mi dolor y ser su amigo.

Así que, con toda la serenidad del mundo por fuera y con el corazón destrozado por dentro, entré al templo y me coloqué en el puesto del padrino viendo como el idiota le decía a mi nena las palabras de amor que debía decirle yo.

—Repite conmigo, Isabella —dijo el pastor—: Yo Isabella Swan, te desposo a ti Jasper Whitlook, para amarte y respetarte en la salud y en la enfermedad; en la riqueza y la pobreza; en las alegrías y las tristezas hasta que la muerte nos separe.

—Yo… —Mi nena vaciló y una lágrima descendió de sus ojos—. Yo Isabella Swan, te desposo a ti —su mirada se topó con la mía—. Te desposo a ti…. —Jasper le tomó las manos, pegándola a su pecho y luego le dio un beso en la frente—. Jasper… —dijo ella cuando él empezó a alejarse caminando hasta donde yo estaba.

—Jazz —dijo ella nuevamente, pero él se paró frente a mí.

—Hazla feliz —dijo en voz clara—, porque de lo contrario, volveré y te golpearé. —Se giró y yo respiré un poco aliviado, porque haría feliz a mi nena y él nunca me golpearía, vi a Jasper girarse y mirarme otra vez—. Pensándolo bien… —su puño golpeó mi cara tan fuerte, que sentí los huesos de mi nariz rompiéndose en el acto, mientras mi cuerpo se echaba hacia atrás cayendo en las bancas— te lo mereces por imbécil, niñito estúpido —dijo y escupió a mi lado, mientras agitaba su mano y la cerraba y la abría.

—Mierda, van a matarte en la productora —dijo Jacob a mi lado. Moví mi cabeza y, antes de levantarme, vi que Isabella estaba plantada en el altar como si la hubiesen atornillado al piso, mientras el niñato italiano salía de la iglesia junto con varias personas—. Eso se está poniendo feo, hay que llevarte al hospital. —Jacob me ayudó a levantarme, saqué mi pañuelo cuando sentí algo rodar por mi rostro. El bastardo me rompió la nariz, pero… mi nena no se había casado.

—Princesa —caminé hacia ella—, ¿estás bien?

Ella negó.

—Me dijo que me harías infeliz y volvería a él, pero que mientras, pensara las cosas —imbécil, quería ir y devolverle el golpe.

—Sabes que eso no pasará —ella se quedó callada—. Eso NO PASARÁ, amor —le dije pausadamente y ella asintió.

—Tú, ¿estás bien? —asentí, mientras ella me tocaba el rostro—. ¿Seguro?

—No, siempre he sido un cobarde y me está doliendo como el infierno, llévenme a un maldito hospital —dije agarrando mi nariz a lo que mi nena sonrió. Ahora lo importante era que me aliviaran el dolor, luego el niñato rubio sabría quien era yo… Por otro lado, lo que más me importaba era que, a pesar del dolor infernal que estaba sintiendo, mi nena iba conmigo… Ella estaba conmigo.

—Te amo —le dije cuando ella se sentó en el asiento trasero junto conmigo, mientras Jacob conducía al hospital.

—Y yo a ti, tonto. —Ella rozó nuestros labios y en el intento me golpeo la nariz, haciéndome chillar como nenita—. Aunque seas una completa niña a la hora de los golpes, te amo Edward Masen y sip, te elegí a ti. Siempre fuiste tú, solo tú.

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Awww amo a este Edward!

Aunque sea una nenita mimada espero que este capi les haya gustado tanto como a mi gracias a mi beta Jo mu de verdad el tiempo que te tomas en ayudarme tendre en cuenta todos tus consejos eres un amor.

Ary