Llámame Ai

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Laharal se encontraba recostado en una cama tan dura como el piso, en el estrecho cuarto de un hotel que alquilo por una noche. Era un espació serrado de cuatro paredes, piso de madera, sin ventanas, ni siquiera un baño propio, solo una cama contra la pared. Pero, aun así, era el mejor cuarto de ese hotel.

Laharl se encontraba mirando el techo y, pensando donde podría ir. En los últimos tres años, todo lo que había echo era caminar y, pedir aventón cuando era posible, eso y viajar de polizón en cualquier expreso que se encontrara. Todo el dinero que tenia, provenía de cualquier pobre diablo que se encontrara con intenciones de pelear, o de trabajitos ocasionales, en su mayoría de asesinatos, secuestro, amenazas y, uno que otro robo. Para no llamar mucho la atención en sus "trabajitos", se cambiaba ocasionalmente de nombre. Su nombre actual era…

-Ichi, que original –Ichi se levanto rápidamente y, sacó su espada –Tranquilo, Ichi. Es solo que… ¿Cuál será el siguiente nombre que uses?, ¿Ni? –Carcajeó el muchacho apoyado contra la puerta.

Laharl estudio a ese personaje. A simple vista se notaba que era diferente a un demonio. Cabello castaño claro, ojos azules, sin colmillos, ni orejas puntiagudas. Vestía unos vaqueros, una camisa negra y un chaleco de cuero del mismo color.

-¿Humano? –Se pregunto Ichi. Que hubiese humanos en el inframundo no era raro, lo raro era que uno se hubiese metido en la habitación de Ichi, sin que se diera cuenta -¿Cómo entraste? –Pregunto sin bajar su guardia, ya conocía humanos capases de enfrentar demonios.

-Por la puerta, Sherlock –Un sarcástico. Esto se ponía cada vez mejor –Con preguntas tan estúpidas como esa no me sorprende que no lo sepas –Suspiro.

-¿Saber? –El humano lo miro a los ojos, sonrió de dientes para afuera, mostrando unas blancas perlas, y dijo como si no fuera nada…

-Lo que es el amor –Ichi se sobresalto. Un humano que se mete a su habitación sin que lo note, parece saber quien es y, más que nada, lo que busca.

-¿Qué sabes tú de eso? –Realmente comenzaba a molestarle este sujeto, sus ojos brillaron, rojos de furia. El humano ni se inmuto.

-Yo se lo que es el amor. La pregunta es ¿quieres saberlo? –Le pregunto. Su tono era el de un adulto que trata de enseñarle a contar a un niño. Ichi decidió hacer caso omiso de eso, por ahora.

-Si… -Ichi bajo su espada, pero se mantuvo alerta.

-¡Bien! –Exclamo el humano, despegándose de la puerta –Antes que nada, lo que creías que era el amor antes y, lo que esa puta friki del amor te conto, es total y definitivamente falso –Eso puso más en guardia a Ichi. Este sujeto sabía demasiado… -Un sentimiento cálido que florece en tú corazón, llenándote de alegría y bondad. Un poder capas de vencer cualquier tipo de mal y, sanar los corazones y almas de cualquier especie. Pura basura fantasiosa, ni siquiera demostró ser digna de decir esas palabras… -Curioso. El humano volteo su cabeza a un lado, como si quisiera esconder un sentimiento de tristeza.

-¿Entonces? –Pregunto Ichi, un poco impaciente.

-Una reacción química del cerebro –Puso una cara muy seria –Veras, Ichi. El cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina o FEA. Químicamente es una amina aromática, también es un alcaloide y un neurotransmisor monoamínico biosintetizado a través de la decarboxilación enzimática del aminoácido fenilalanina. Su producción en el cerebro puede desencadenarse por eventos tan simples como un intercambio de miradas, un roce o un apretón de manos. Esta sustancia es responsable de las modificaciones fisiológicas que se experimentan cuando ocurre el enamoramiento como vigilia, excitación, taquicardia, enrojecimiento, e insomnio –Dime Ichi, ¿algo de eso te parece familiar? –Ichi estaba mudo. Le abría bastado con "solo es una reacción química del cerebro" –Tomare eso como un si. En fin, hay lo tienes ¿Qué aras ahora? –Ese humano realmente parecía divertirse con la cara de bobo que tenia Ichi –Si no te vasta con eso, entonces comete una buena barra de chocolate –Esto confundió a Ichi –Contiene una buena cantidad de feniletilamina… -Termino.

-¿Es eso… el amor? –Pregunto Ichi, más para si que para el extraño.

-Sip –Dijo abruptamente –Al menos para los humanos –Agrego, llamando la atención de Ichi.

-¿Qué? –El humano suspiro, cosa que molesto a Ichi. Lo estaba tratando como un estúpido.

-El cerebro de un humano y un demonio son cosas realmente diferentes. Por ejemplo, el cerebro de un humano no abarcaría ni doscientos años de recuerdos, sin borrar algo, o simplemente sobrecargarse. Pero claro, no creo que sea muy diferente, si tomando en cuenta que eres mitad humano –El humano comenzó a acercarse, Ichi se puso en guardia –Regresa… -Nuevamente estaba serio –Regresa al castillo, mata a esa condenada hija de puta que se atrevió a engañarte y, reclama el trono. El trono es tuyo por derecho –Esto era insólito, después de tres años de búsqueda, un humano lo encuentre y le dice algo sacado de cualquier libro de química y, ahora le dice que regrese a su trono.

-Yo… no puedo… -Susurro, mirando al piso.

-¿Por qué? –Ahora era el humano el que parecía molesto.

-Yo… todavía quiero seguir buscando –Antes de poder levantar su cabeza, el humano ya lo había sujetado del cuello con sus manos y lo suspendía en el aire. Ichi no podía reaccionar, era ilógico que un humano tuviera tanta fuerza.

-¡Imbécil! ¡Todo lo que haces es huir! ¡Hui de ella! ¡Admítelo, no quieres verla, eres un maldito cobarde! –Arrojo a Ichi a la cama con una fuerza tan grande, que la partió en dos –Ya estoy más que arto de ti, no eres ni la sombra de lo que eras –¿Es que realmente conocía a este humano? Él parecía coserlo –Como quieras, sigue buscando. Tarde o temprano te darás cuenta que el amor es solo una reacción química en los humanos y… -Sonrió –Un deseo lujurioso en los demonios –Esto ultimo sobresalto a Ichi –Creo que es lo único que esa puta te enseño, ó, discúlpame, no te lo enseño "a ti" –Comenzó a carcajear.

Ichi estallo de furia, causando que toda la parte superior del hotel donde se alojaba, volara en pedazos. Pero no hubo rastro de ese humano.

-Esa risa – Ichi… no… Laharl conocía esa risa, pero no sabia donde la había escuchado antes. De repente, por detrás, una mano toco su hombro derecho y, por el izquierdo, una cabeza se acerco y susurro a su oído.

-Por ahora… llámame Ai –Ichi se dio la vuelta rápidamente, pero ya no había nada.

-¿Realmente… eso era un humano? –Se pregunto, mientras miraba el infinito del espacio, ahora visible por la noche.


-Te lo digo. Mis compañeros y yo no le dimos tregua a esa puta. La llevamos a nuestra guarida y, le seguimos dando por más de tres semanas, tendrías que haberla visto llorar... ¡JAJAJA! –Se burlaba el zombi en la barra del bar –Pero eso se gana por estar llorando en medio de la noche –Tomo un trago.

-Seguro que le abran dado duro antes, para estar llorando a esas horas –Se burlo el barman.

-No. La perra era virgen, y no solo tuve el honor de hacerla sangrar, sino de ver lo que estúpidamente le paso –Continuo el zombi –Ella y sus compañeros, habían rodeado a un demonio, un enano, en cualquier caso, mientras discutían como matarlo, ese enano los descuartizo, antes de que pudiera pestañar –Ese recuerdo le causo un escalofrió.

-¿Pero… no la mato a ella también? –Pregunto el barman.

-No solo no la mato, sino que el muy marica ni la torturo o violo. Je, de lo que se perdió ese enano de bufanda roja –Detrás del zombi, un cliente que se encontraba bebiendo una taza de té, pareció interesarse por la conversación –Pero creo que le dijo algo, pero no pude escucharlo bien –Se rasco la barbilla –Veamos, creo que era una pregunta –Un cliente puso su tasa de té en la barra y se sentó junto a él.

-De casualidad pregunto ¿Qué era el amor? –El zombi se dio vuelta, ante esa voz femenina, y miro a su acompañante.

-Si, creo que fue eso, señorita –Pareció un poco interesado en lo que veía. Una chica, pelirroja, con escasas ropas de cuero negro – ¿Cómo lo adivino? –Pregunto el zombi, haciendo una señal con la cabeza, con lo cual un grupo de demonios que presenciaban la escena, comenzó a acercarse.

-Hace tiempo que lo busco –Tomo un sorbo de su té.

-Señorita, no creo que quiera encontrarlo. Por lo menos, no si hubiera visto lo que yo – Extendió su mano, asta que toco la pierna de su acompañante. Unas risas sonaron detrás de ella.

-Al contrario, encontrarlo en todo lo que quiero –Sentencio.

Afuera del bar, más de tres demonios que pasaban por hay salieron disparados por el impacto de la explosión que destruyo toda la parte del frente.

Dentro el bar, más de una docena de demonios se encontraban totalmente muertos en el piso. La pelirroja responsable, tenía empalado al zombi en la pared.

-¡Ahora, dime donde esta! –Rugió.

-¡No… ugg! ¡No lo sé! ¡Por favor, no puedo…! –la pelirroja extrajo la lanza del pecho del zombi, asiéndolo caer. Y lo levanto por el cuello.

-¡Por donde se fue! –El horror del zombi era enorme. Tanto que no podía hablar -¡Habla! –Presiono más fuerte.

-Disculpe…, señorita –La pelirroja volteo. Era el barman –Ase tiempo estuvo aquí ese demonio y, bueno, se emborracho y empezó a exclamar cosas sobre una puta y, el camino de Ter –La pelirroja lo vio por un segundo y, al notar que no mentía, soltó al zombi.

-Gracias –Recostó su lanza en el hombro y se retiro.

-¿Quién…? Cof ¿Quién mierda eres? –Pregunto.

-¿Yo? Je –Volteo su cabeza y esbozo una sonrisa –Una escoria como tú no tiene derecho de conocer mi nombre. Basta conque sepas que soy una hermosa roza negra cubierta de espinas, y tú, te atreviste a tocarme… -El zombi se aterrorizo al ver como sacaba una granada de su cintura, le sacaba el seguro y, la arrojaba detrás de su hombro.

Afuera del bar, la pelirroja silbo, y un montón de Prinnies acudieron a ella –El rastro volvió a calentarse. Nos dirigiremos por el sendero de Ter, consigan un carro –Al terminar sus instrucciones, un Prinny se acercó.

-Disculpe, señorita Etna, ¿Esta segura?, dood. La ultima pista fue… -Se congelo al ver la mirada de su ama.

-Estoy segura. Vámonos –Comenzaron su marcha –Esta ves, definitivamente… -Susurro para si misma.

Continuara…