Mamá...

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El estomago de Etna no paraba de gruñir. Los Prinnies habían encontrado un buen restaurante, pero parece que toda la comida se había acabado. Cortesía de una pareja de "come y corre".

-Pero que banda estúpidos, dejándose engañar de esa manera. Si no tuviera tanta hambre… -Ciertamente, estuvo dispuesta a descargar toda su ira contra el restaurante; todavía le quedaban media docena de Prinnies –Necesito un lugar donde quedarme…

-Yo podría ayudarle en eso, señorita –Etna desvió su vista a un atractivo demonio que le sonreída de una manera un tanto lujuriosa –Déjeme que me presente primero, yo soy… ¡Eh! –Etna lo paso de largo y retomo su marcha, con sus mismas quejas.

El demonio pareció un tanto molesto; no acostumbrado a que le pasen de largo, especialmente las chicas. Comenzó a seguirla.

-Como decía –Tosió un poco para aclararse la garganta –Mi nombre es Reysmalael, pero tú puedes decirme Rey –giño un ojo.

-Este lugar es un basurero. No creo que encuentre un buen hotel aquí –Etna apenas se había dado cuenta de la presencia de Reysmalael. Estaba demasiado ocupada revisando las casas, pensando que con su actual estado, seria demasiado problemático en meterse en una y echar a los dueños.

Reysmalael empezó a alardear sobre sus proezas diabólicas, y las mujeres que había complacido con sus "grandes" atributos; creía que Etna se hacia la difícil. Pero ella no se había percatado siquiera de su presencia.

-Bueno… tendrá que ser en este sitio –Murmuro.

Cuando Reysmalael vio el edificio, soltó un grito que finalmente capto la atención de la pelirroja -¡No!

-¿Pero que demo...? –Etna se tapo los oídos. El zumbido que poco a poco iba cesando en su cabeza, le parecía tan reconfortante como unas Neko –girls rasgando una pizarra, mientras escuchaba el ultimo de Hell brother.

-¡Quiero decir…! Eeeh –Comenzó a desesperarse –Este sitio no es apropiado para mi bella flor de la noche. Sígueme, y te mostrare las maravillas de la morada de Reysmalael.

-¿Y tú eres? –Etna, percatándose por fin de su pequeño acosador, observo detenidamente las facciones del demonio. Era por lo menos tan alto como ella, cabello negro azabache, ojos rojos, piel blanca como la leche, y con rasgos sumamente atractivos. "Íncubo", pensó.

Reysmalael, confundiendo la mirada llena de sospecha de Etna, con una clara muestra de interés, decidió continuar con sus insinuaciones –Este burdo hotel, como podrás darte cuenta, no posee el ambiente, ni las jejeje paredes a prueba de sonido que necesitaremos esta noche mi…

Una fuete patada a su entrepierna fue todo lo que consiguió por esa tierna frase. Callo de rodillas llevándose las manos a su más preciada posesión.

-Hija de puta… -El sonido fue demasiado bajo, y carecía casi de sentido por la clara falta de aire. Pero fue lo bastante claro para Etna.

Etna dio un giro y le dio una fuerte patada de talón a Reysmalael, quien por primera vez, fue capas de controlar sus hormonas al ver unas buenas panties blanca.

-¡Tú madre, maldito pervertido! –Etna rugió con furia, y comenzó a patear a Reysmalael sin descanso, olvidado su falta de energía a causa del hambre. Cuando su estomago comenzó a rugir, se vio obligada a detenerse –Mierda. A este paso moriré de hambre.

Reysmalael, a duras penas e incorporo y, al escuchar ese comentario se le ocurrió una nueva forma de alejar Etna de ese hotel.

-Por favor… hug per- permíteme disculparme, invitándote a cenar… a mi pen… -Antes de terminar la frase, Etna le dio su mejor gancho derecho –Hause.

Cuando Etna escucho ese ultimo comentario, le entro la curiosidad -¿Dijiste un Penhause? –Reysmalael asintió agitando levemente su mano. "Bueno, sí consigo que este pervertido me lleve a su Penhause… ¡podre cargármelo y tener un buen lugar para pasar unas pequeñas vacaciones! Me las merezco después de esta ardua búsqueda" -Entonces vamos, guíame galán.

Reysmalael volvió a incorporarse; con gran dificultad, pero esta vez tenia una mueca, que difícilmente podría interpretarse con una sonrisa. Ya estaba seguro que con la palabra Penhause, esta maldita zorra, había caído. "Esta noche me las pagara. Are que grites tanto, que para mañana me estarás rogando por lamerme las mismas pelotas que pateaste" – Entonces deje que la guie, señorita –Reysmalael extendió su mano seguro de que Etna la sujetaría. Termino pasando de largo y gritándole que se diera prisa –Esta noche…

-¿Dijiste algo?

-Eeeh no, nada de nada

Los dos continuaron caminando, hasta convertirse en dos manchas negras en el camino.

Detrás de ellos, en la segunda planta del hotel, para ser más especifico. Un demonio de cabello azul oscuro, pantaloncillos y una bufanda roja, había salido a la terraza, para ver exactamente que era todo ese escandalo.

-Parece que Baal cumplió lo acordado.

-¿Qué?


-Parece que Baal cumplió lo acordado.

-¿Qué?

-No tiene importancia –Contesto Ai, que se encontraba junto a Laharl –Por cierto… lindo sitio. Por lo menos este tiene un baño –Ai se metió a la habitación.

En efecto era mejor que la última, una sala de estar, dos dormitorios separados, una pequeña cocina, y, por supuesto, un baño.

-¿Y tu que quieres? –Laharl se mostro claramente indignado. La última vez que hablo con Ai, no fue precisamente leche y miel.

-Laharl, me lastimas tanto. Es natural que los amigos se apoyen mutuamente en momentos de crisis. O en tu caso, de extrema estupidez –Ai abrió la puerta del refrigerador, y saco un sándwich.

Laharl contemplo la escena con calma; tenía que mantenerla, si no quería que lo echaran de este hotel también. Sin mencionar que la presencia de Ai lo seguía dejando un tanto intranquilo, este… humano, tenia algo que a Laharl le alteraba bastante. No tenia que ver con sus burlas, su sarcasmo, o el poder que parecía tener. Ai tenia algo que hacia que a Laharl le doliera la cabeza, su presencia lo confundía, era como si realmente lo conociese de hace mucho tiempo. Un recuerdo difuso de algo que estaba hay, y al instante desaparecía en la nada. Como si algo en Laharl se negara a reconocer la presencia de Ai.

-Hey, ¿Qué te pasa? –Esa pregunta regreso a Laharl a la realidad –Entiendo que mi claro atractivo te lleve a perderte en lo más profundo de tus deseos oscuros, pero yo no bateo en ese bando, amigo –Ai sonrió, de un modo que pareciera que acababa de atrapar en negativo a Laharl en medio de una situación tan comprometedora como una orgía homosexual.

Laharl se sonrojó parcialmente. No todos los días se perdía en lo más profundo de sus pensamientos.

-Dime, ¿Qué quieres? –Laharl no tenía planeado aguantar la presencia de este curioso individuo durante mucho tiempo. En cuando se distrajera, Laharl lo partiría en dos.

-Antes que nada, deja que te de un aplauso –Y empezó a aplaudir –Me tienes totalmente sorprendido, en serio que eso no pasa a menudo. El gran Laharl, un mercenario. ¿Quien lo diría?

Laharl se sobresalto, en definitiva este sujeto lo estaba siguiendo.

-¿Acaso eres un acosador? –Ai no contesto. Era claro que la idea de acosador ya se había plantado en Laharl, y nada la quitaría –Pues sea lo que sea que quieras, no lo vas a obtener de mí, lárgate y no regreses.

-Podrías tratar de ser un poco más amable, sabes. No tienes idea de las molestias que me estoy tomando por ti -¿Molestias? Este tipo era la única molestia para Laharl.

Por cada segundo que Ai estaba en presencia de Laharl, su dolor de cabeza aumentaba más y más.

Por fin, Laharl comenzó a acercarse, asiendo ademan de querer continuar la conversación. Para Ai era claro lo que planeaba.

-Adelante, hazlo Laharl –Ai extendió sus brazos, como si le diera la bienvenida a un gran amigo que no veía desde hace años.

Laharl se molesto todavía más. Corrió hacia Ai con intenciones asesinas. Pero al desenfundar su espada; estaba rota.

Ai comenzó a reír, con esa riza que a Laharl se le hacia tan familiar, y a la ves tan distante.

-¡Tan mala es tú memoria, Laharl! Tu espada se rompió en el enfrentamiento con Etsuko –Ai no podía dejar de reír, y Laharl se puso tan rojo como su bufanda.

-¡Todavía puedo darte una paliza con los puños! –Se vio tentado a desintegrar toda la habitación, pero este era el mejor lugar en el que se había quedado en tres años.

-Eres libre de tratar, pero solo perderías el tiempo. Aunque no es tan diferente de lo que haces ahora –Ai largo un suspiro –Laharl, no es tiempo para que juegues al mercenario. Tienes un montón de cosas que resolver en el castillo.

-Da igual, no volveré sin lo que quiero – Laharl era inflexible en su decisión. Y se alegro al contemplar una clara molestia en el rostro de Ai.

-Supuse que seria así… -Ai metió la mano en su bolsillo y saco una especie de collar; se lo arrojo a Laharl.

Cuando Laharl lo tuvo en sus manos, quedo totalmente paralizado. Este pequeño collar era el que Flonne había utilizado en sus días de aprendiz de ángel para sobrevivir en el inframundo. Cuando se transforma en un ángel caído, paso a manos de Laharl. La última vez que lo vio fue hace tres años, cuando lo arrojaba al magma al salir del castillo.

-¿Cómo...?

-Me di una pequeña vuelta por el castillo, Laharl.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Eso no tiene importancia. Pero ya que estaba hay, te traje ese pequeño suvenir –Ai se dirigió a la puerta, pero fue detenido por Laharl.

-¡¿Dime quien carajo eres?! ¡No planeo seguir aguantando esto! –Cuando Laharl extendió su mano hacia Ai, el dolor de cabeza se hizo insoportable.

Laharl sentía un dolor tan grande, que callo de rodillas frente a Ai. Este lo miraba sin decir palabra, como si esperara que esto sucediese. Laharl lo veía todo borroso, era peor que aquellas ves en que confundió una botella de güisqui, con una de jugo, y se la bebió de una. Como si algo le estuviera gritando directo en su oído algo tan fuerte que él no solo no pudiera entenderlo, sino que lo lastimaba asta el punto de perder la conciencia.

-Lo siento Laharl, pero es muy pronto para aclarar las dudas. Por ahora duerme un poco, mi dulce príncipe…

Laharl, que apenas podía mantener la mirada fija en Ai, pestaño una vez antes de caer inconsciente, y al hacerlo, Ai ya no estaba.


Aris estaba realmente molesta. Aunque ella sabía que por ser la única semi-humana del equipo, la utilizarían como una simple "chica de los recados", no esperaba que la mandaran sola, desarmada y en plena noche, a uno de los sitios más peligrosos en todo el inframundo. Muchas veces se pregunto si todos estaban confabulando para matarla, tomando en cuenta que la veían como a una inferior. Trato de no pensar en eso, tomando en cuenta que esta noche conocería a alguien que es como ella. El resultado de la unión de un demonio y un humano.

Mientras se acercaba al hotel donde Etsuko lo había hospedado, no pudo evitar sentirse intranquila. Pese a ser mitad demonio, ella era realmente débil. No podía utilizar una gran cantidad de magia, de echó, sus hechizos mas poderosos se reducían a una pequeña bola de fuego, y a un cubo de hielo. Tampoco era una profesional con las armas, y mucho menos una artista marcial. Aris estaba muy lejos de saber porque Etsuko la había reclutado para el equipo.

Cuando Aris llego al hotel, lo contemplo un instante, tragando saliva. Recordó los comentarios sobre el comportamiento violento y destructivo de Laharl, pero también recordó que, aparentemente, se había vuelto mas tranquilo.

-¡Valor! –Grito energéticamente.

Valor, era la palabra que utilizaba para cargarse de energía. Y estaba segura de que la necesitaría para entregarle a Laharl el informe de su misión de prueba.

Subió las escaleras asta el segundo piso, y se paro frente a la puerta, lista para golpearla.

-¡¿Dime quien carajo eres?! ¡No planeo seguir aguantando esto!

-¡Ah! ¡Mi nombre es Aris, fui enviada aquí por Etsuko, con el propósito de entregarte tu misión de prueba! Por favor, no me mate… –Comenzó a sollozar. Sus lloriqueos eran la otra razón de que sus compañeros se burlaran tanto de ella.

Dentro de la habitación puedo escucharse algo que se desplomaba.

Pasaron unos minutos antes de que Aris se calmara, dándose cuenta de que era imposible que Laharl supiera que estaba hay. Se limpio las lágrimas y toco tímidamente la puerta. Nada. Volvió a tocar, después de treinta minutos… saco la llave que Etsuko le había dado, y temblando la inserto en la cerradura. Para su sorpresa, la puerta no estaba cerrada. "Bueno, es prácticamente un Rey demonio. No creo que tenga que temer por su seguridad". Ese pensamiento solo intranquilizo más a Aris, podía sentir que su corazón latía como el de una virgen que se oculta debajo de la cama, de una banda de violadores, y se da cuenta de que sus pies están afuera.

-Disculpe… ¿Señor Laharl? –Aris asomo la cabeza por la puerta, con el temor de perderla. Esta no era la primera vez que se veía en una situación así, pero por alguna razón, algo en esto la alteraba mucho. Sentía que se estaba metiendo en la boca del lobo.

Cuando Aris vio el cuerpo en el piso, su primera reacción fue de –Ca... ca-ca-ca ¡Cadáver! –Sin importar cuantas veces había visto un cadáver en su vida, nunca termina de acostumbrarse a ellos.

El grito basto para sobresaltar un poco a Laharl, quien comenzó a retorcerse un poco por el piso. Al ver esto, Aris inmediatamente pensó en "Zombi", pero al notar que no estaba lo suficientemente descompuesto llego a una conclusión.

-Habitación equivocada… -Hizo una reverencia, y cerró la puerta de un portazo.


En el castillo, las cosas no podían estar peor que ahora. Eita, dejando atrás su consideración y remordimiento, comenzó a interrogar a cada demonio del castillo, aquellos demonios que le daban la espalda sufrían por ello. Eita estaba totalmente desesperado por encontrarla, cueste lo que cueste. Pensó incluso en meterse en la habitación de Flonne. Pero una parte, todavía racional en su cabeza, se lo impidió.

-¿Dónde esta? ¡¿Dónde?! –Grito. Se encontraba en lo más alto del castillo; era el único lugar en el que no había buscado desde que desapareció.

-La última vez que la vi, estaba incrustada en el corazón del Serafín-

Eita levanto su cabeza, y sobre él se encontraba volando un demonio.

-¿Quién eres? ¡¿Qué sabes de la fotografía?! ¡¿Tú la tienes?! – Eita, quien en raras ocasiones se dejaba consumir por su rabia, estuvo a punto de atacar a ese demonio.

-No –Fue una respuesta cortante. Su tono resaltaba molestia.

Eita sintió un raro estremecimiento. Este demonio lo miraba con rabia, y su mirada resaltaba aborrecimiento.

-¿Quién eres? –Eita tranquilizo su rabia. Este demonio tenía una presencia abrazadora. Y no parecía tenerle cariño.

-Vyers, él Adonis Oscuro –Vyers, comenzó a descender, asta estar a unos cuantos pasos de Eita.

Vyers. Eita hizo memoria. Flonne le hablo de él, se auto denomino el rival de Laharl, y lo enfrentaron en varias ocasiones.

-¡Ah! Eres Mid-Boss, quien…

-Vyers… -Eita se sobresalto –A muy pocas personas les permito llamarme "Mid-Boss", y tu no eres una de ellas.

-Eh, bien. Vyers… ¿Sabes donde se encuentra mi fotografía?

-Sí. Tu fotografía se encuentra en Celestia. Aunque a estas alturas, ya la abran destruido –Vyers no noto la sorpresa en el rostro de Eita, pero rápidamente fue remplazada por pánico, y luego tristeza.

-¿Celestia? Como fue que… -Eita se encontraba desconcertado. En un momento su fotografía se encontraba en su cuarto, y al otro, un demonio llegaba y le decía que estaba en Celestia. Claramente no le creyó – ¡Es mentira! ¡Dime donde la tienes! –Eita se puso en posición de combate.

-Ten… -Vyers le extendió un pequeño sobre, con un sello del consejo en él.

Eita dudo en tomarlo, pero cuando vio el sello del consejo, lo hizo rápidamente.

Estaba confundido, ¿Por qué él consejo le entregaría un mensaje a trabes de un demonio? Cuando abrió el sobre, se lleno de terror, la peor pesadilla de un cualquier ángel se hacia realidad para él. En el sobre no había carta, y mucho menos una foto, dentro del sobre había una pluma negra.

-No… -A Eita le temblaba cada parte de su ser. El terror que sentía fue incluso peor que cuando se enfrento a un ejército de mujeres vampiro ninfómanas bisexuales con grandes pechos y fetiche por los ángeles. -¿Por qué? –Su voz era más relajada. Resignada.

-El Serafín fue asesinado. Le arrancaron el corazón, y lo clavaron en una cruz, junto con la parte de una fotografía –Las palabras de Vyers eran claras. Pero Eita estaba perdido en la pluma negra.

La pluma negra era una señal de corrupción en los ángeles, un emblema de vergüenza, utilizado principalmente como un castigo eterno para aquellos cuyo crimen fue tan grande, que el castigo no es suficiente para ellos. La pluma negra era un símbolo de vergüenza eterna que los ángeles deberán llevar eternamente en su pecho.

-Me temo que esa pluma no es la peor parte. Ellos ya sabían que tenías esa fotografía, pero lo dejaron pasar como una recompensa por todos tus servicios. Pero al encontrarla en el corazón del difunto Serafín, ellos creen que tienes planeada una venganza por ella. Piensan que has caído en la corrupción, que tienes un ejército de demonios, y planeas un ataque.

-¿Qué? Yo nunca aria algo como eso. É dado todo por celestia. Todo… -Eita recordó el trozo faltante de su fotografía.

-No les importa. Esa pluma es un castigo por la foto, para guardar las apariencias. Pero no pasara mucho antes de que lo ángeles pidan tú cabeza –Vyers noto que Eita estaba apunto de agregar algo, pero se adelanto –Y la de Flonne…

-¡¿?! ¡NO! ¡Flonne no tiene nada que ver con este problema! –Eita grito furioso. No quería que Flonne fuera arrastrada a esta aparente locura.

-Eita… Luchaste por entrar al Inframundo. Por verla. No a habido noticias tuyas en tres años. El Overlord… desapareció poco después de que llegaras, y no ha ávido noticias suyas. Me temo que él consejo sospecha que tú y Flonne lo planearon todo desde el principio –Vyers podía sentir un poco de rabia brotando en su interior. Él savia lo que había pasado, y le costaba no culpar a Flonne.

Flonne había echo feliz a su hijo, por un tiempo… Pero a la vez lo había lastimado de la peor forma.

-Yo… ¿Cuánto tiempo tenemos? –Eita se resigno. No era el tipo de personas que se refugiaba en la negación.

-No mucho. Debemos encontrar al verdadero culpable, antes de que se me ordene llevarlos a celestia para ser juzgados –Vyers no solo bajo para encontrar al culpable. Con el fin de evitar una posible guerra entre él Cielo y el Infierno, estaba listo para llevar a Eita ya Flonne, a su muy posible ejecución publica.

-É interrogado a cada demonio aquí. Ninguno savia acerca de esa foto. Puede que él culpable fuera alguien de fuera del castillo –Eita comenzó a seguir a Vyers, quien comenzó su marcha al interior del castillo.

-¿Dónde esta el cuarto de Flonne? –Vyers todavía conocía todos los cuartos del castillo, pero temió que ella se hubiera cambiado de cuarto, después de lo sucedido.

-¿Flonne? No creo que ella tenga algo que ver con esto…

-Es mejor estar seguros…-Mintió. Vyers quería verla.


-¿Hola? ¿Estás bien?

Laharl estaba desorientado. Poco a poco comenzó a abrir los ojos, no sabia donde se encontraba, era todo borroso y confuso. La cabeza le dolía, como la vez en que Etna lo golpeo con un mazo mientras dormía, alegando un pequeño "accidente".

-Vamos, por favor reacciona.

Esa voz le sonaba algo preocupada, y a la vez familiar…

Se centro en un rostro sobre él, que iba tomando cierta forma.

Su corazón se sobresalto, lo que vio lo dejo totalmente estupefacto. Era como ver un fantasma del pasado que le daba la bienvenida en las puertas del Cielo.

Lagrimas que no había derramado en tres años comenzaron a agolparse en sus ojos. Cayeron lentamente en el regazo de la joven que sostenía su cabeza de un modo que no había experimentado en mucho tiempo…

Solo pudo formar una palabra…

-Mamá...


Aris contemplo al demonio que se encontraba viéndola; llorando en su regazo, y que la había llamado "mamá". Más allá de estar confundida, sintió algo que surgía en su pecho, un sentimiento cálido, feliz… Sin darse cuenta, comenzó a sonreírle amablemente, y acaricio su cabeza. Pese a que ella savia que ese muchacho era un poderoso Overlord demonio, sintió la necesidad de protegerlo de todos los males de este mundo, aun acosta de su propia vida…

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Continuara...