El encuentro de los dos
,
Actualmente Aris no era una chica feliz. Ella ha tenido que ser una recadera desde que se unió a las alas blancas, a sido victima de abusos verbales por parte de sus superiores y esta totalmente segura de que si Etsuko no los hubiese amenazado, desde hace mucho que hubiese perdido la virginidad. Y en estos momentos se encuentra aquí, limpiando una habitación de la cual habría tenido que irse hace horas.
Se suponía que la tarea era sencilla: entregar la misión, dar explicaciones, irse a casa a darse un baño, tomar una tasa de chocolate caliente, meterse a la cama y tener dulces sueños. No cuidar de un rey demonio. Aunque no es como si él se lo hubiese pedido. Laharl se durmió poco después de terminada la sopa, y Aris se vio tentada a dejar el informe sobre la mesa he irse a casa, pero era necesario darle a Laharl distintos detalles sobre su tarea. No le quedó otra más que esperar a que despertara.
Cuando entró a la sala principal, no pudo evitar dirigir su atención a toda la basura y mugre en el piso. En serio, Aris no dejaba de sorprenderse de lo sucios que pueden ser los chicos. Ella era una persona muy limpia, no soportaba ni siquiera ver la pelusa de bolsillo y se bañaba tres veces al día sin falta. Sus impulsos no le dejaron más remedio que comenzar a limpiar el cuarto de Laharl.
-Buuu, ¿Cómo pasó esto? –No podía creer que ya se hubiesen llenado cuatro bolsas de 80x120 y todavía no fuese ni la mitad. ¿Cuánto hace que Laharl se había quedado en la habitación? Parecía que no la habían limpiado en años.
KABOM
Los lloriqueos de Aris fueron cortados por el sonido de lo que parecía ser una enorme explosión.
KABOM
Y luego otra.
KABOM
Y otra.
KABOM
Cada una de ella parecía estar acercándose más y más. Por supuesto, este era uno de los peores lugares en el infierno, por lo que Aris no se molesto mucho en prestarles atención. Estaba más ocupada tratando de no pensar en que tan sucias tienen que estar un par de calcetas para reptar por el techo. ¿Laharl siquiera usaba calcetas?
-Desearía tener alas…
KABOM
Una fuerte explosión en la puerta principal la sacó de sus fantasías.
La puerta salió volando por los aires junto con una pequeña parte de la entrada. El humo y las cenizas inundaron toda la habitación mientras Aris tratada de recomponerse. El sonido de esa explosión la dejó muy confundida y las cenizas la estaban mareando bastante. Pero pudo divisar una sombra detrás de las cenizas, y como estas se estaban disipando pasó a ser más y más clara.
Lo primero que pudo reconocer fue un pequeño prinny tirado en el piso, totalmente quemado y con la lengua para afuera. Aris dudaba mucho que volviese a servicio activo muy pronto.
Luego notó algo más sobre la cabeza del prinny. Empezaba a ver a alguien que tenia un pie sobre la cabeza del pobre pingüino. Fue cuando pudo ver unos terribles ojos rojos que parecían arder de furia, y la imagen de una chica totalmente furiosa se mostró completamente frente a ella.
Aris estaba conmocionada, ¿Esto era un robo? ¿Iba a ser asaltada? ¿Esta chica le robaría y la mataría? ¿O La mataría primero para robarle después? ¿Tendría que volver a limpiar todo de nuevo? La habitación quedó hecha un desastre por la explosión y Aris no tendría más remedio que volver a empezar. La idea de morir ya no le sonaba tan mala.
Pero primero lo primero.
Frente a ella estaba una chica pelirroja, pisoteando a un prinny, armada con una lanza, y aparentemente furiosa. Aris tenía que pensar con cuidado, esto no parecía un simple robo. La chica en cuestión no había dicho algo como: "Esto es un asalto", "El dinero o te mato" o "Dame todo lo que tengas, incluyendo la ropa que traes puesta". Fue en ese pensamiento cuando notó que la mirada de furia en la pelirroja cambió a una de… ¿Sorpresa? No, Aris creía que era más de incredulidad.
Ni Aris ni la extraña chica parecieron poder decir algo, cada una miraba a la otra; Aris miraba a la pelirroja con miedo, y la pelirroja miraba a Aris con la misma expresión de incredulidad. Aris tenía que pensar en algo, y tenia que ser algo bueno si quería salvar su triste pero amada vida.
-Esto… a… -Algo rápido; algo ingenioso; algo que salve su vida. –Mmmm, se te ven las panties.
Ciertamente, el que Etna tuviese su pierna derecha sobre un prinny dejaba al descubierto sus panties blancas.
Vyers no era realmente una persona que desease mucho en la vida, ¿Por qué iba a querer más de lo que ya tenia? Había disfrutado de una hermosa y buena mujer a quien amo más que a nada en el mundo, no paso mucho hasta que tuvo un hijo del cual, pese a que tenia grabes problemas de temperamento, siempre estuvo orgulloso. La tragedia quizás golpeo su vida, pero esa era su otra vida. Una vida en la que no habría cambiado nada, no se arrepentía de nada. El fue feliz, y quería que su hijo fuese feliz. Fue por eso que… que posiblemente cometió el peor error de su nueva vida al tratar de manipular de ese modo sus sentimientos.
La primera vez que vio a Flonne fue cuando estaba ideando con el Serafín una forma de apoyar a su hijo, y de demostrar que ángeles y demonios pueden convivir en paz. Era una imagen hermosa, en cierta forma le recordaron mucho a su difunta esposa. No solo su sonrisa, sino sus ideales: amor, amor sobre todas las cosas, un amor capas de vencer cualquier mal. Esa niña podría enseñarle a Laharl a no despreciar algo en lo que su madre creyó tanto. Y quizás, si todo salía bien…
Fue un estúpido. Ahora que veía en el pasado, se daba cuenta de que esa niña era solo eso, una niña. Demasiado joven para entender realmente el amor, más aun el dolor que puede realmente causar. Cuando se enteró de lo sucedido; cuando pensó en el enorme daño que debió de sufrir su hijo a manos de alguien que no solo se parecía a su madre, sino que le enseño a volver a amar, fueron necesario escuadrones de élite celestinos solo para contener la rabia que estaba dispuesto a desatar sobre esa perra y el maldito arcángel que lo destrozó todo. No, todo estaba destinado a destrozarse. Flonne era realmente joven para entender que el amor puede traer tanto felicidad, como desgracia. Eventualmente todo hubiese terminado, pero este… este fue el peor de los escenarios.
Lo último que supo de su hijo es que estaba vagando por todo night world tratando de saber que era realmente el amor.
Solo eso bastó para que sintiese deseos de morir nuevamente.
Pero todavía no podía morir. Esta misión era la oportunidad perfecta para encontrar a su hijo y tratar por cualquier medio de restablecer su ya destrozado corazón. No iba a cometer los mismos errores otra vez: nada de manipulaciones ni secretos. Encontraría a Laharl y le daría todo el apoyo que un padre puede darle a su hijo y todavía más, con tal de sanar las heridas dejadas por la traición, el verdadero problema eran las cicatrices…
-Aquí es… –Eita no trató de disimular la melancolía de su voz. Frente a él se encontraba la horrible puerta que lo separaba de su amor, aunque no es como si el tuviese cara para verla, no después del enorme daño que le provocó. Ni siquiera en los escasos momentos en los que Flonne salía se atrevía siquiera a mirarla.
-¿Ella está adentro?
-Seguramente… –A Eita le llamó mucho el modo en que Vyers se refirió a Flonne: "Ella". Por lo que escucho anteriormente por boca de Flonne, esta no era precisamente la actitud de un idiota, y ¿Dónde estaba el acento francés?
Vyers no sabia como reaccionaria al verla; parte de el se debatía entre mantener la compostura, o simplemente arrástralos a los dos a Celestia y ganarse el permiso para quedarse en el Inframundo y así poder buscar a Laharl.
Tock Tock Tock
-¿Flonne? Tenemos un invitado de Celestia. Parece que ha ocurrido algo grave y necesita verte urgentemente – Nadie respondió. A Eita esto no le parecía raro, no es como si Flonne quisiese habla con él. –Lo lamento, ella no se encuentra de todo bien desde-
BLAM
Vyers tiró la puerta de una patada. No tenía tiempo para sensiblerías de personas a las que personalmente preferiría ver en la hoguera.
Eita quedó aturdido por el movimiento repentino. La patada paso realmente cerca de su cabeza, casi podría jurar que el objetivo era arrancársela. No dudaba que esa devastadora patada tenia fuerza suficiente para quitársela de sobre sus hombros.
Flonne había quedado desconcertada por el hecho de que su puerta haya salido volando y se estrellara contra la pared haciéndose pedazos. No era precisamente algo que estaba acostumbrada a ver, al menos… ya no. Lo que la impactó más fue el demonio que entró. Tardó algunos segundos en reconocerlo y eso fue solo por la mirada asesina que parecía dirigirle, nada que ver con el antiguo Mid-Boss que ella recordaba. Estaba apunto de decir algo, pero las palabras no salían de su boca.
Flonne tenía miedo.
Hace tiempo que ella no tenía miedo, pero los ojos del demonio que antaño compartió tantas peleas con Laharl y que incluso le ayudo a volverse más fuerte apenas le dejaban respirar.
Eita se encontraba en una situación similar, sus pies se sentían clavados al piso. Al sentir esa sed de sangre, su impulso primario fue el de proteger a Flonne, pero descubrió que el también había quedado atrapado en esa corriente de ira y muerte. Eso no se limitó a ellos, todos en el castillo habían quedado paralizados por esa presencia arrasadora que parecía amenazar sus vidas.
Éste definitivamente do era el Mid-Boss del que Eita había escuchado tanto.
-Flonne… -Cuando Vyers habló lo hizo con una perfecta retención de la ira, pero eso solo lo hizo ver como una bestia capas de destrozar absolutamente todo con lo que se topase de un momento a otro.
-Lamento mucho informarle que el Serafín: El Maestro Lamington de Celestia, ha fallecido, más precisamente, fue asesinado. Se sospecha que fue victima de un atentado en el cual tanto tú como Eita son los principales sospechosos. Con permiso del arcángel Milles, se me ha otorgado permiso para investigar este atentado. En caso de que ustedes dos sean responsables, es mí deber retornarlos a Celestia donde se les sentenciara por este atroz crimen, si resultan ser inocentes es mi deber regresar con el verdadero o los verdaderos culpables. Con el fin de evitar una guerra, ya sean inocentes o no, serán sentenciados por una corte de Celestia por la muerte del Serafín Lamington. Espero contar con su apoyo en el transcurso de esta investigación, de ser inocentes realmente apreciaría cualquier ayuda que pudiesen prestarme para esta tarea.
Pero solo por prestarme ayuda no pasaré por alto mi deber de regresarlos a Celestia de ser necesario – Con todo dicho, Vyers abandonó la habitación.
Conforme se alejaba, el sentimiento de peligro comenzó a disminuir.
Eita solo pudo ver el rostro en shock de Flonne, incapaz de decir algo para consolarla. Sabía lo importante que el Maestro Lamington fue en su vida, y ahora estaba muerto, y ellos eran los principales sospechosos de esa muerte.
-Flonne…
-El Maestro Lamington… ¿Muerto? –Su voz era casi un susurro, y las lágrimas no tardaron en acudir.
Eita solo podía pensar en abrazarla y decirle que todo estaría bien, pero lo cierto era que nada estaba bien. Posiblemente nada volvería a estar bien, pero tenía que hacer algo para tratar de ayudarla…
-Flonne… –Extendió su mano tratando de llegar a ella, pero…
-¡NO ME TOQUES!
Eita retrocedió inmediatamente.
-No te atrevas a volver a tocarme… –Flonne estaba totalmente destruida. Primero Laharl, ahora el Serafín, dos personas a las que amo mucho y que ahora ya no estaban ahí para ella. Era solo Eita, la persona que la ayudo a destruir a su amor.
-Flonne, yo solo…
-¡VETE! Solo… solo déjame sola…
Eita apretó sus puños, no podía soportar verla así. Quería ayudarla desesperadamente, pero sabia que no podía, había perdido el derecho. Lo mejor que podía hacer en este momento era dejarla sola, su presencia solo traería más dolor.
-Lo siento, Flonne…
Tock Tock Tock
-Flonne, ¿puedo pasar? –Laharl preguntó. No estaba muy seguro de como era esto de las relaciones de novio y novia, pero sabia que no era pasar tan poco tiempo juntos. Desde la llegada de Eita, Flonne parecía cada vez más distante.
-¡Ah! ¡Laharl! Es… he… espera un minuto –Flonne contestó desde detrás de la puerta. Laharl solo hubiese irrumpido pero…
Sabías que no estaba sola.
…supuso que ser paciente era otra tarea de novio, aunque realmente le molestaba que lo dejaran plantado de ese modo.
Podía escuchar a Flonne moviéndose dentro de la habitación, supuso que podría estar cambiándose o algo así. No entendía por que las chicas perdían tanto tiempo arreglándose, no es como si fuesen a ir a alguna cita o algo, aunque si estaba hay para invitarla a salir, hace tiempo que no salen… o se besan. No es que se interesase mucho por los besos.
Laharl tenía buen oído por lo que podía escuchar levemente los susurros que parecía decirse…
A él.
…a si misma.
La puerta se abrió levemente y Laharl pudo ver…
Un ala blanca detrás de la cortina.
…a Flonne un tanto cansada. No era la típica escena de una chica que se apresura tanto por encontrar lo adecuado, de hecho parecía haberse vestido muy apresuradamente.
-Laharl, he ¿necesitas algo? –Es extraño, Flonne solía decirle cariño o cosas como esa. A Laharl solía molestarlo mucho, pero ahora hubiese dado lo que fuese por ser llamado "cariñito".
-Hace tiempo que no salimos, ¿Qué te parece si lo hacemos esta noche? Tengo entradas para…
-No puedo –Una respuesta cortante. Flonne no se veía triste por rechazarlo, en realidad se veía un tanto molesta por haber sido interrumpida en lo que sea que estuviese haciendo solo por eso.
-¿Por qué? No hemos salido desde que ese estúpido de Eita-
-¡Eita no es estúpido! –Flonne gritó. Laharl no podía recordar la última vez que Flonne le había gritado de tal modo. –Eita es una gran persona y me lastima que lo trates de ese modo. Él no te ha hecho nada, deberías de tratar de tratarlo un poco mejor.
-Flonne…
-Ahora si me disculpas, tengo algo que hacer –Flonne cerró la puerta.
Desde afuera, Laharl podía escuchar los susurros de Flonne. Era como si se estuviese disculpando con alguien.
Patético.
Aris seguía contemplando las pantie- es decir, a la pelirroja furiosa frente a ella. ¿Por qué su vida tenia que ser tan complicada? ¿Era mucho pedir un descanso? Dios, desearía que la dejasen oler las rosas.
Aris solo esperaba que la pelirroja no fuese una sádica lesbiana a la que le gustase utilizar esa lanza para algo más que matar. Aunque en estas tierras no tenía muchas esperanzas.
-¿Tú eres la puta? –La pelirroja di- Espera, ¡¿Qué?! En toda su vida a Aris nunca la habían considerado una puta o algo por el estilo, y ahora una ladrona asesino sádica lesbiana se lo dice en la cara… en definitiva estaba jodida, en más de una forma. Esa chica de seguro disfrutaba de llamar putas a sus victimas antes de violarlas y matarlas, o peor, las secuestraba, encerraba en algún cuarto oscuro con esposas en las manos y las piernas listas para ser vendidas al mejor postor. Su vida era un asco…
En cuanto a Etna, solo podía ver como esta chica extrañamente parecida a la fallecida reina se hacia un ovillo y se ponía a llorar. No era de ella, pero se sentía como si le hubiese dado una patada a algún cachorrito desahuciado con el que se topó en la calle. No era precisamente el mejor de los sentimientos.
Guardó su lanza y se acercó a la chica desconocida que parecía llorar desconsoladamente. ¿Por qué su vida tenia que ser tan complicada? Todo lo que quería era regresar al castillo con el príncipe, echar a patadas a la puta de su ex-mejor amiga y a su novio, y vivir felizmente atentando contra la vida de Laharl.
-Estoooo… de casualidad tú-
-¡NO TE DARIAN MUCHO POR MÍ! – Aris gritó con la esperanza de escapar a su destino de ser vendida a cualquier demonio lascivo amante del hardcore.
Etna ya estaba más que confundida, esa no era precisamente la reacción que ella esperaba de una puta de 3 dólares. Etna esperaba no haberse equivocado de cuarto.
-Ah, mí nombre es Etna, la hermosa rosa negra que-
-¿Rosa negra? ¿Es ese su nombre de dominatriz? Aguuuu, Etsuko ayúdame, me van a vender después de violarme con una lanza.
-Por lo que- ¿Eh? –Etna tuvo que detenerse después de ver el litro de lágrimas que caída de los ojos de la pequeña puta (¿?) casi como una cascada.
-Oye, ¿Estas bien? –Etna no podía creer lo que había preguntado, ella vino aquí para acabar con quien sea que se revuelque con el príncipe, y llevar a ese mocoso lujurioso devuelta al castillo. Esto era algo… que realmente se salía del contexto.
-Por favor… yo no seria una buena esclava, me quejo y lloro mucho. Tampoco soy muy atractiva, mis pechos no son tan grandes como los tuyos –Etna se vio tentada a tomar lo último como un insulto, pero esa chica se veía desesperada. El ver llorar a alguien que se parece a la reina: mujer que le robó a la persona dueña de su amor, siempre creyó que seria divertido, pero ahora…
-Bien, mira, no voy a hacerte nada. Solo estoy buscando a alguien, ¿De acuerdo? –Etna trató de sonar lo más normal del mundo, esto claramente no iba como ella se lo esperaba.
-En- ¿En serio? ¿No me torturara mientras me viola con su lanza?
-¿Eh? A, no, no haré tal cosa –Eso fue… desconcertante para Etna. (0.0)
Aris pareció recomponerse un poco, hasta que vio el estado de la entrada. – ¿Esto es acaso un robo? Yo no tengo mucho dinero, todavía no es día de pago y de todas formas no es mucho.
-¿Qué? ¡No! De donde sacaste que esto era un robo –Etna pregunto indignada. E de señalar que Etna pareció estar más indignada de ser considerada una ladrona que una aparente sádica dominadora con tendencias lésbicas.
-Pero la puerta…
-Ah, si, eso –Etna se sonrojó un poco, esta no era precisamente su idea de una entrada triunfal. –Eso… eso no tiene mucha importancia.
-Mmmmmn, esta bien, supongo…
-…
-…
-…
-¿Quieres un poco de té?
-Seguro.
-¿Las alas blancas? Que original –Etna se burló. Le parecía increíble que el príncipe se halla aliado con un grupo de mercenarios. –Y ¿Realmente los lidera un arcángel?
-Sip, Etsuko es una gran líder y una maravillosa persona. Ella a sido una gran amiga y me a protegido mucho dese que me reclutó, aunque nunca entenderé por que me reclutó, yo no soy el hibrido más fuerte que existe –Aris dijo con tristeza. Era cierto, en estándares de poder ella estaría a la par con un humano común y corriente.
-Bueno, se nota que eres buena en la cocina, este té y las galletas están deliciosas –Y realmente lo estaba, Etna casi lamentaba el haber estado cerca de matarla por pensar que se acostaba con Laharl. Casi.
-¿En serio? Etsuko dijo lo mismo cuando nos conocimos, desde entonces me pide que le haga de cenar a menudo. Realmente me gusta cocinar –Aris contesto muy emocionada La cocina era su mayor fuerte, desde niña siempre la había amado y a menudo demostraba ser mejor que cualquier restaurante cinco estrellas.
-JE je je, de alguna manera me los esperaba –Etna termino su té y galletas. Todavía había algo que necesitaba. – ¿Puedo verlo?
-¿Mmmm?
-El príncipe… Laharl, esta dormido ¿No? –Hace tres años que Etna no lo veía, si seguía dormido Etna no dudaría en despertarlo como en los viejos tiempos y arrastrarlo de vuelta al castillo.
-Supongo, pero trata de no despertarlo, parecía estar bastante mal la última vez que lo vi –Aris se estremeció un poco al recordar la mirada de muerte que le dio mientras hablaban, nunca en su vida había visto una mirada como esa. Todavía tenía problemas para identificar que tipo de emociones escondían esos ojos rojos.
-No hay problema –Contestó Etna mientras cargaba su pistola.
Aris abrió lentamente la puerta, sin percatarse que detrás de ella Etna se preparaba para dispararle a lo que esperaba fuese un príncipe durmiente con cara de tonto, y a utilizarla como escudo humano cuando ese tonto desatara un ataque furioso.
-Señor Laharl, ¿Esta despierto?
Etna tuvo que aguantarse las ganas de reírse cuando Aris llamó seño a Laharl. Generalmente todos lo conocían como "ese mocoso". Aunque Etna no lo ha visto en tres años, y después de todo lo que lo ha oído de él, no le sorprendería que hubiese cambiado un poco. Sinceramente esperaba que no. Parte de ella quería que se pusiese a gritar y hacer berrinche cuando la viese.
Si había realmente cambiado tanto como se temía, entonces esa perra realmente iba a pagar.
-Parece que aun esta dormid-
¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!
-¡Kyaaaaa!
Etna disparo hacia la cama donde Laharl se encontraba durmiendo. Para desgracia de Aris, disparo junto a su oído.
Lo que Etna no se esperaba era que el príncipe se despertara inmediatamente originados los disparos y los esquivara de un salto. Su bufando materializó una espada que sujeto con su mano derecha y se abalanzó contra ella. Aris ya estaba inconsciente en el piso por culpa de los disparos que casi la dejan sorda.
Etna quedó aturdida unos segundos, cuando se recompuso el príncipe estaba a menos de medio camino de ella, y no parecía dispuesto a detenerse.
¡Bang! ¡Clank! ¡Bang! ¡Clank! ¡Bang! ¡Clank!
Otros tres disparos, pero estos fueron fácilmente desviados con la espada del príncipe, Etna se pregunto desde cuando era tan hábil en el manejo de la espada, el príncipe que recordaba solo los hubiese recibido directamente para jactarse de lo ridículo que es tratar de dañarlo.
Etna entro en pánico al ver que el príncipe la miraba con intenciones asesinas, eso era algo que nunca había visto en él. Entonces… se detuvo.
-Oh, eres solo tú, Etna –Dijo como si nada; Como si no hubiese estado apunto de partirla en dos con su espada... ¿rota? ¿Desvió tres disparos con una espada rota? Eso ya estaba fuera de serie para el príncipe.
Etna no podía dejar que se diese cuenta de su falta de compostura por lo que decidió recuperar el control de la situación, si es que alguna vez lo tuvo.
-¿Cómo que solo yo? Maldito mocoso, ¿tienes alguna idea de cuanto tiempo me has hecho perder buscándote? –Aquí es cuando Etna esperaba uno de sus berrinches habituales.
-No realmente, no he escuchado nada del castillo en años –Laharl le respondió con indiferencia.
¿He?
-Han… ¡Han sido tres años! Si, así es. Te he estado buscando desde que te fuiste, debo admitir que cubriste bien tus huellas, pero no lo suficientemente bien, mocoso malcriado –Y aquí es donde comienzan los gritos.
-Ya veo… lo lamento si te cause problemas, Etna. Pero realmente tenia que alegarme, supongo que a estas instancias tu misma sabrás porque –Nuevamente una respuesta indiferente, tranquila y sin el menor rastro de hostilidad.
¿Cómo?
-¿Qué…? Esto… Pues es hora de volver al castillo, príncipe –Etna sujetó fuertemente a Laharl del brazo con la intención de arrastrarlo fuera mientras el acostumbraba decir su sarta de insultos y gritos. Laharl simplemente se zafó con un rápido y hábil movimiento. Algo que Etna no se había esperado nunca del príncipe.
-No regresaré Etna, al menos no todavía –Dijo mientras levantaba a Aris cuidadosamente, la sujetó en estilo nupcial y la llevó tranquilamente a la cama. Eso era claramente algo que Etna nunca esperó ver en el príncipe.
Oh, esa perra iba realmente a pagárselas cuando volviera.
-¿Cómo que no? Me tomé muchas molestias para encontrarte si no regresas entonces te obligar-
-Si tratas de forzarme a volver, entonces te matare y tú búsqueda de tres años habrá sido totalmente en vano –Laharl la cortó.
Hablaba en serio; Etna sabía que era en serio. Esa forma de hablar, tan seria y decidida. El príncipe no dejaría que ella se interpusiese en su camino, la mataría si siquiera lo intentaba. Estaba seguro de ello.
-Prin… Laharl… pero, el trono…
-El trono puede esperar, lo ha hecho por tres años ¿Qué cuesta esperar un poco más? –Este en definitiva no era el príncipe que recordaba. Etna se quedo muda, éste no era el Laharl con el que estaba acostumbrada a tratar, tenia que pensar en algo distinto si quería tratarlo.
-¿Y que se supone que haga ahora? Vine a buscarte, no puedes simplemente decirme que me esfume –Etna no sabía muy bien que conseguiría con esto. No podía pelear con éste Laharl porque es más que obvio que es capas de matarla, solo le quedaba la negociación y el chantaje, y para eso necesitaba conocer un poco mejor a éste Laharl.
-No lo hago –Una respuesta simple y desconcertante.
-¿Qué?
-No tengo nada en tu contra y tampoco te estoy pidiendo que regreses al castillo. Seria una vergüenza para ti regresar con las manos vacías después de tanto tiempo. Desde aquí, eres libre de hacer lo que quieras –Laharl terminó. En realidad le daba igual lo que eligiese Etna, no es como si ella pudiese obligarlo a regresar.
Etna estaba desconcertada, nada tenia sentido. No la acompañara de vuelta, pero tampoco la esta echando, o insultando, o gritando, o tratando de matarla. Solo continuo indiferente mientras pasaba a su lada y se dirigía a la cocina para hacerse un ¿té? ¿Se estaba preparando un té? ¿No se había percatado del estado del cuarto? Es decir, hay un enorme agujero donde debería estar la puerta. ¿O es que ya estaba acostumbrado a ese tipo de cosas?
En definitiva, esa maldita perra pagaría el máximo precio por esto.
-¿Quieres un poco de té, Etna? –Laharl le preguntó.
Etna ya había tomado un té, pero aun así… -Claro.
,
Continuara…
