Como ya os comenté en otras ocasiones, subo los Outtakes cuando los subió Megan, y ella subió este entre el capítulo 30 y 31. No quiere decir que ocurriera entre lo que ocurre en el capítulo 30 y lo que ocurrirá 31, en cuanto a línea temporal se refiere, de hecho veréis que ocurrió antes de lo que ocurre en el capítulo 30. Megan subió este outtake en relación a una de las campañas de "The Fandom Gives Back", al final esta traducida la nota de autor (en negrita) que ella escribió en su momento.


Amigos y Amantes

Un Outtake de A Rough Start

APOV

El olmo alto volaba en la estruendosa lluvia, causando que las ramas sin hojas abofetearan el cristal de la ventana con insistencia. Anthony se sentó en la cama de inmediato y abrió los ojos a la cruda luz de la lámpara del techo.

El viento aulló de nuevo y Anthony rápidamente salió corriendo por el pasillo hasta el dormitorio de su padre. La puerta estaba cerrada para Anthony no perdió tiempo en agarrar el pomo.

Pero no importó lo mucho que lo intentó, no giraba.

"Uuuhh".

Anthony oyó claramente el gemido de su padre al otro lado de la puerta y se preguntó si su papá tenía un dolor de barriga.

"Oh... joder, cariño... si... mmmm... eso es estupendo... uummmfff... mierda... UUHHH..."

¿Qué iba mal? ¿Qué estaba pasando? Anthony estaba a punto de golpear la puerta, pero su padre volvió a hablar.

"¡Oh no, ni lo sueñes! Trae tu sexy culo aquí."

Una voz de mujer se rió y gritó.

¿Señorita Bella?

Y luego silencio. Tal vez la señorita Swan había tomado prestada una de las camisas de su padre, como hizo la primera vez que la vio salir de la habitación de su padre por la noche.

Anthony se deslizó por la pared hasta que se sentó en el suelo. Pensó que la señorita Swan abriría la puerta en cualquier momento, y tan pronto como lo hiciera, iba a meterse en la cama de su padre, donde estaba seguro y tranquilo.

A Anthony le gustaba su cama-coche, pero le gustaba dormir en la cama de su padre aún más. Era grande y cálida y, a veces en medio de la noche, su papá extendía la mano y la ponía en la espalda de Anthony. A Anthony le encantaba la sensación del peso de la mano de su padre en su piel.

Nunca tenía miedo cuando su padre estaba cerca.

Los párpados de Anthony empezaron a caer mientras esperaba sentado a que su padre y Bella salieran. Cuando estaba apenas en el borde de la conciencia oyó un chillido de deleite de fondo justo antes de que sus ojos se cerraran.

"Oooh...aahh...uummmfff..."

Anthony se agitó en sueños por los murmullos de fondo. De repente, se vio rodeado por un frondoso y verde bosque y había un gran castillo en medio de una hilera de árboles. La Princesa Bella estaba de pie en un balcón en lo alto y no tenía forma de bajar. Y tenía que bajar muy rápido, porque tenía un dolor de tripa horrible y tenía que ir a ver a un doctor...

"Oh, oh, oh ...Edward...mmm..."

El Príncipe Edward estaba en el suelo mirando a la princesa Bella. Ella le dijo que tenía dolor de barriga y luego gimió su nombre una y otra y otra vez. El Príncipe Edward corrió hacia el interior del castillo para encontrar el camino hasta la Princesa Bella. Pero había montones y montones de puertas y él no sabía cuál era la de ella. Así que probó todas. Abría una puerta, y cuando no la encontraba en el interior, daba un portazo e iba a la siguiente...

Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…Bam…

Las puertas eran viejas y que chirriaban un poco mientras el Príncipe Edward las abría y cerraba. La Princesa Bella estaba ansiosa por que el Príncipe Edward la encontrara y comenzó a gemir su nombre más fuerte y más rápido. Al oír sus gritos, él respondió. A pesar de que sonaba muy cansado, le aseguró:

"Estoy cerca...Yo...uuhhgh...casi llego..."

Muy poco después de que él hiciera esa promesa, abrió la puerta correcta y la Princesa Bella estaba tan feliz de ver al príncipe que ella gritó su nombre.

"¡Edward!"

Luego ella corrió al otro lado de la habitación y saltó a sus brazos, pero pesaba un poco y el príncipe gruñó un poco. Pero aún así la llevó de todos modos, todo el camino por las escaleras y fuera del castillo hasta su camioneta blanca.

El Príncipe Edward y la Princesa Bella desaparecieron una vez que entraron en la camioneta y Anthony habría ido en busca de ellos, pero un gran dragón, amable, apareció volando en ese momento, levantó a Anthony y voló a través de las nubes, llevando a Anthony en su espalda. Tan pronto como llegaron a la nube más alta, el dragón dejó a Anthony en una pedazo regordete, acolchado de color blanco algodonoso y voló a su casa con su familia de dragones para cenar.

Anthony aún se preguntaba cómo iba a bajar de la nube cuando se despertó más tarde esa mañana.

En su propia cama.

Anthony se frotó los ojos y se estiró hasta que sus pies desnudos rozaron la alfombra en el suelo de su dormitorio. Después de una breve visita al baño, Anthony comprobó el dormitorio de su padre, y cuando se encontró con la puerta abierta por completo, dejando al descubierto el vacío de la habitación, corrió escaleras abajo hacia la cocina. Sin embargo, unas voces en la sala de estar le distrajeron, y giró en esa dirección.

"Princesa Bella," sonrió al ver a Bella sentada en el sofá junto a su padre.

"¿Qué?" Bella preguntó entre risas.

"Um, Bella," Anthony se corrigió. "¿Vas a llevarme al colegio?"

"Hoy no, cariño. Es sábado," sonrió Bella.

"Oh," Anthony hinchó sus mejillas con aire y puso una cara como de mono antes de exhalar con fuerza. "¿Por qué estás aquí, entonces?"

"Se pasó a hacernos el desayuno," respondió Edward.

"Oh," dijo Anthony de nuevo. Miró a los dos adultos, como si él fuera la persona que sobraba en una broma. Pero luego sonrió. "Tengo hambre," añadió por si acaso.

Bella lo llevó a la cocina y Anthony sacó su silla habitual en la tambaleante mesa de la cocina y se sentó a ver como Bella le hacía unos huevos revueltos, tostadas y dos trozos de beicon en el microondas. Edward llegó a la mesa justo cuando la comida estaba lista y se sentó a comer mientras Bella desaparecía escaleras arriba.

"¿Podemos jugar al fútbol hoy?" Anthony le preguntó a su padre.

"Está lloviendo, campeón," respondió Edward.

"Siempre está lloviendo," suspiró Anthony. Puso el codo sobre la mesa y apoyó la cabeza contra la palma de su mano mientras removía sus huevos, esperando a que se enfriaran.

"Tal vez libere algo de espacio en el garaje y te enseño cómo jugar broomball*," ofreció Edward.

Anthony se animó inmediatamente. "Broomball ¿Qué es eso?"

"Es un juego que solía jugar cuando era un niño, sin el hielo, por supuesto."

"¿Hielo?"

"No lo necesitamos," insistió Edward. "Y una vez seas lo suficientemente bueno, te enseñaré cómo hacerlo en patines."

"No sé patinar," Anthony se entristeció por un momento. "Fui a una fiesta de patines en mi antigua casa y me caí mucho." Anthony miró hacia delante para encontrar que su padre lo miraba de manera extraña. "¿Qué?"

"Nada," respondió Edward rápidamente. "Sólo... nunca dices mucho acerca de lo que hiciste en tu antigua casa."

"Oh."

"No, está bien. Quiero oír sobre eso."

"¿En serio?"

"¿Si? Me gusta oír cosas sobre ti y las cosas que hacías antes... antes de que vinieras a vivir aquí".

En lugar de ofrecer una visión más amplia de su vida anterior, Anthony preguntó Edward. "¿Cómo es que vivías aquí en vez de cerca de mi antigua casa?"

"Yo soy de aquí. Me mudé por un tiempo... conocí a tu mamá... pero luego me mudé de nuevo aquí," Edward dijo ligeramente.

"¿Mi mamá vivía aquí?" Anthony preguntó con mucho interés.

"Bueno aquí no. Un poco más al norte. Fuimos juntos al instituto. Ella era mi... eh ...una buena amiga mía."

"¿Como un amigo de besos?" Anthony preguntó.

"¿Un amigo de besos?" Edward casi se atragantó con su desayuno. "¿Qué es eso?"

"Un amigo de besos," respondió Anthony, en su voz más adulta, "es cuando un chico y una chica se ven todos los días y se ríen juntos y se besan y esas cosas. Se casan y luego, el chico le susurra a la chica que ponga un bebé en su tripa y ella lo hace y después tienen un bebé."

"¿Qué diablos?" Edward escupió. "¿Quién te dijo eso?"

"Mami," dijo Anthony.

Edward se echó hacia atrás en su silla, su rostro se iluminó con la revelación. "¿Tu mamá tenía un amigo de besos?"

Anthony asintió. "Marty". Luego su expresión se agrió. "Tiró el cucurucho de mi helado al suelo en la feria."

"Hmpf," se quejó Edward. "Ese Marty suena como un verdadero ganador."

Anthony se encogió de hombros. "El abuelo dijo mamá le podía escoger."

Edward se rió. "Creo que lo que dijo fue que tu mamá seguro que los sabía escoger. Al menos eso es lo que siempre solía murmurar cuando me veía."

"¿Conocías al Abuelo?"

"Sí".

"¿Te dejó empujarle en su silla de ruedas?"

"Uh... él no estaba en silla de ruedas cuando lo conocí."

La conversación fue dejada de lado por un momento cuando Bella volvió a la cocina con una camisa y pantalones vaqueros diferentes puestos, y el pelo pulcramente recogido en una cola de caballo. Anthony notó que olía a jabón y pasta de dientes, parecido a como olía su padre después de darse una ducha en la mañana.

"¿Por qué te has cambiado de ropa?" Anthony preguntó.

"Solo me cambié de camisa," respondió Bella antes de continuar. "De todos modos, ¿has terminado ya el desayuno? Tu padre y yo queríamos saber lo que piensa de una cosa."

"¿Lo que pienso de qué?" Anthony sonrió. Era casi Navidad y Anthony se preguntaba si Bella iba a darle el catálogo de juguetes y pedirle que hiciera un círculo en todas las cosas que quería que le trajera Papá Noel. Eso es lo que su abuela solía hacer.

"Sí, ¿que piensa de qué?" Edward hizo eco.

"Ya sabes," indicó Bella hacia Anthony con un gesto de la cabeza, con los ojos todavía sobre Edward. "Lo que hablamos anoche... la discusión sobre... ya sabes... un poco sobre porque estoy aquí esta mañana."

"Oh. Claro," asintió Edward. "Vamos a la sala de estar."

"Vale," Anthony corrió a través de la casa delante de ellos. Se dejó caer en el sofá y esperó a que alguien le entregara el catálogo de Navidad.

Bella se sentó al lado de Anthony y para su decepción, ella no le dio el catálogo de Navidad. En cambio, ella se quedó mirando a su padre con interés, casi de la misma manera que él la estaba mirando a ella.

"Sí, pues, Anthony..." Edward comenzó.

"¿Sí?" Anthony intervino.

Edward suspiró y luego se limpió las manos en los pantalones. Se sentó en la silla junto al sofá por un momento antes de levantarse en frente de donde Anthony y Bella estaban sentados.

"Bueno... la Señorita Swan... quiero decir Bella ... la llamamos Bella cuando no estás en clase, ¿no?" Edward preguntó, tratando de ganar tiempo.

Anthony asintió. Pensó que su padre estaba actuando raro.

"Vale, Bella es tu maestra... ese es su trabajo. Igual que yo me voy a trabajar cada día a mi trabajo, ser tu profesora es el trabajo de Bella. Y cuando ella no es tu profesora, la señorita Swan, ella es sólo Bella... mi amiga. ¿Entiendes lo que significa?" preguntó Edward.

Anthony asintió, pero Bella negó con la cabeza.

"No entiendo lo que significa," dijo.

"Cállate," dijo Edward. Anthony sabía que su padre no estaba muy enojado porque él estaba medio sonriendo y la señorita Bella se rió.

"¿Así que te parece bien que visite a tu padre alguna vez?" Bella preguntó.

Anthony asintió rápidamente. "Yo solía visitar la casa de Taylor. Jugábamos en el recreo en la escuela y luego, cuando iba a su casa, jugábamos en su habitación. Y una vez, casi me quedo por la noche. Pero entonces mi padre vino y me fui porque..."

"Sí, Anthony," Edward interrumpió: "Mira, la cosa es..." hizo una pausa para mirar a Bella y luego sonrió y entornó los ojos. "Bella es mi amiga especial. No es como Taylor y tú. Es un poco más complicado que eso..."

"¿Ella es tu amiga de besos?" Anthony sonrió.

Bella se puso nerviosa ante esa pregunta y ella balbuceó un poco mientras miraba a Edward buscando una explicación.

"Eh... más o menos," empezó Edward.

Pero Anthony continuó. "¿Eso significa que os vais a casar o algo así?"

"Um, no. No, no es eso lo que quiere decir," Edward respondió rápidamente. "Y no habrá susurros tampoco."

"¿Susurros?" Bella parecía confundida.

Edward negó hacia ella. "Nada. No es nada."

Al parecer, Bella pensó que los amigos de besos se aplicaba a niños del jardín de infancia también, por lo que rápidamente comenzó un sermón improvisado.

"Anthony, lo que tu padre y yo hacemos juntos... nuestra amistad especial... no se trata de besar... bueno, no trata sólo de besar..." hizo una pausa para mirar a Edward. "Es diferente a la amistad que tú tienes con tus compañeros de clase. Amigos especiales son algo que las personas mayores... los adultos tienen. ¿De acuerdo? Nosotros no tenemos amigos especiales en el jardín de infancia".

Anthony apenas se encogió de hombros y asintió. Su padre y Bella estaban actuando como si lo que decían era muy importante, pero en realidad, pensó el catálogo de Navidad era mucho más importante, y no dudó en recordarle a su padre la importancia de dicho catálogo más tarde esa noche cuando le metía en la cama.

"¿Cómo vas a saber si puedes montar lo que Santa me traerá por Navidad?" Anthony resaltó. "¿Y si me trae una bicicleta y no sabes cómo se monta?"

"Estoy bastante seguro de que me las apañaré montando una bicicleta," dijo Edward. "¿Por qué? ¿Es eso lo que le vas a pedir a Papá Noel?"

Anthony asintió con entusiasmo. "Sólo tengo que ver el catálogo de Navidad para la foto, porque a Jimmy de primer grado le regalaron una bicicleta verde para su cumpleaños, y yo no quiero una así. Tengo que asegurarse de Santa sabe que quiero una de color rojo o azul . "

Edward se quedó mirando a Anthony por un par de segundos. "¿Sabes montar en bicicleta?"

"No me has enseñado todavía," Anthony se encogió de hombros como si no fuera un gran problema.

"¿No te he enseñado todavía?" Edward le imitó con una sonrisa.

Anthony reiteró su declaración con el movimiento de su cabeza.

"Bueno, te enseñaré pronto... pero tienes que tener una bicicleta primero..." Edward suspiró como si fuera posible que eso no fuera a suceder.

Los ojos de Anthony se abrieron como platos por la preocupación. "¿Santa no me va a traer una bicicleta? ¿Por qué?" Sus ojos se humedecieron. "He sido bueno."

Anthony fue rápidamente consolado por Edward que se movió a su lado y se sentó junto a él. "Hey, no hay que ponerse triste. Sólo quería decir que la Navidad tiene que llegar antes de que te pueda enseñar. No se puede aprender a montar en bicicleta sin una bicicleta, ¿verdad?"

Anthony limpió sus lágrimas bruscamente. "No." Vio cómo su padre continuaba mirándole. Y luego le preguntó: "¿La Navidad te hace sentir triste, Anthony?"

Anthony se preguntó por qué todo el mundo le hacía esa pregunta. La Sra. Walden, la profesora de arte, le había preguntado. El director le había preguntado. La señorita Bella le había preguntado. ¿Se suponía que la Navidad debía ponerle triste?

Dos días después, cuando Leisel le hizo la misma pregunta, Anthony le preguntó exactamente eso.

"No, por supuesto que no, la Navidad no se supone que te tiene que poner triste," dijo Leisel mientras ella alineaba las fichas de dominó de Bob Esponja que estaban sobre la mesa entre ella y Anthony. "Pero a veces la Navidad nos recuerda cosas que nos hacen tristes. ¿Crees que esta Navidades te recordaran algo que te hará sentir triste?"

Anthony se encogió de hombros. "Me gusta la Navidad. Santa me trae un montón de regalos."

"Sí. Y este año vas a celebrar tu primera Navidad con tu papá. Eso es diferente a la Navidad pasada, ¿verdad?"

"Sí, y voy a poner un montón de frosting y virutas en mis galletas de Navidad."

"¿Dónde te dan las galletas de Navidad, Anthony?"

"Las hago yo. Con la abuela".

"Pero la abuela no está aquí contigo, ¿verdad?"

"Oh, sí," Anthony miró hacia abajo y mientras giraba un dominó una y otra vez en la mano. Luego levantó la vista repentinamente hacia Leisel, con el rostro horrorizado. "¿Qué pasa si Santa no puede encontrar mi nueva casa?"

"Santa sabe dónde vives, cariño. No tienes que preocuparte por eso. ¿Te acuerdas de la canción? Te ve cuando estás durmiendo; sabe cuando estás despierto; sabe cuando has sido bueno o malo así que se bueno por amor de Dios," cantó Leisel.

"Escucho esa canción en mi clase."

Los ojos de Anthony miraron como Leisel deslizaba un dominó con el dibujo de Patricio sobre la mesa. "¿Qué crees que vas a hacer esta Navidad en lugar de hacer galletas con tu abuela?"

"Um... Creo que Bella me dará cookies. Ella me deja cocinar en su casa."

"Eso está muy bien, Anthony. Parece que haces un montón de cosas especiales con Bella."

"Eso es porque ella es la amiga especial de mi papá."

"¿Amigo especial? ¿Qué es eso?" Leisel preguntó.

"Es como un amigo de besos. Pero creo que significa que hacer recuerdos juntos".

"¿Hacen recuerdos? Creo que entiendo lo que significa. ¿Me lo puedes explicar?"

"Bella dijo que hacemos recuerdos con la gente que queremos para poder recordarlos. Creo que hace recuerdos con mi padre. Por eso ella es una amiga especial".

"Hmm," Leisel enderezó y se apoyó contra el respaldo de su silla. "Creo que Bella es una persona muy inteligente".

"Oh, sí," dijo Anthony sin perder el ritmo. "Ella es la más inteligente del mundo entero."

No hubo conversación por un momento mientras Leisel esperó a que Anthony hiciera su última jugada con su dominó. Luego, mientras apartaba el juego, ella miró su reloj y dijo: "Anthony, tenemos tiempo suficiente para que me hagas un dibujo. ¿Quieres hacer eso?"

"Claro," respondió Anthony. Nunca le importaba dibujar. Leisel tenía los mismos colores grandes que él utilizaba en su clase y no tenía que compartirlos con su vecino en su despacho.

"Como la última vez, voy a decir una palabra, y quiero que me hagas un dibujo de algo que te hace pensar en esa palabra. ¿De acuerdo?" Cuando Anthony consintió, Leisel continuó. "La palabra es 'irse'. Dibújame un dibujo de algo que te recuerda la palabra 'irse'."

Anthony se puso a trabajar de inmediato, como si estuviera corriendo contra el tiempo. Rápidamente cogió un lápiz morado, uno naranja y luego uno marrón. Pocos segundos pasaron antes de coger uno amarillo, y porque Leisel tenido una exquisita selección, también eligió uno color melocotón.

En menos de diez minutos, estaba entregando su dibujo.

Leisel se quedó mirando el dibujo. Ella frunció el ceño mientras le dio vuelta del revés y luego lo puso del derecho de nuevo.

"¿Te gustaría contarme un poco sobre lo que ha dibujado, Anthony?" le preguntó.

"Esta es la casa de la señora mala que daba miedo," señaló Anthony. "Y estos son los asquerosos s'ghetti y la cama de color morado. Y eso es pastel de chocolate."

"Muy bonito, Anthony," Leisel le felicitó. "Así que cuando digo la palabra irse, ¿te hace pensar en esta casa?"

Anthony asintió con libertad. "Ella me cuidó cuando mi papá se había ido."

"Oooh," dijo Leisel, dándose cuenta. "¿Y tu pensaste que ella era mala y daba miedo?"

"Ella me pegó," dijo Anthony como si esa fue la única explicación necesaria.

"¿Alguna vez te habían pegado antes?" Leisel preguntó.

Anthony asintió. "En la casa verde".

"¿Quién te pegó en la casa verde?"

"La señorita Dotty," respondió Anthony de la mujer con la que vivía justo antes de que su padre fuera a buscarlo.

"¿Cómo te hizo sentir eso, cuando la señorita Dotty te pegó?"

"Me dolió".

"¿Hirió tus sentimientos, también?"

"¿Puedo hacer un dibujo de Gus?" Anthony estaba cansado de hablar.

"Claro que puedes hacer un dibujo de Gus y ¿recuerdas lo que hablamos la última vez? Cuando mencionas a Gus, puedo escribir lo que hablábamos en nuestra tabla de conversación. ¿Ves?" Leisel sacó una tabla de colores y escribió Señorita Dotty en pequeñas letras negras. "¿Lo escribí bien? ¿O fue hablar sobre que te pegaran lo que te hizo sentir incómodo?"

"Quiero a mi papá," Anthony empezó a gemir.

Leisel se levantó inmediatamente y le tendió la mano a Anthony. "Venga. Vamos a por él. Está justo fuera."

Y tal como le había prometido, Anthony vio a su padre sentado en una de las sillas duras, de color azul marino que se alineaban en la pared. Su padre se puso de pie cuando vio a Anthony, y Anthony echó a correr hacia él y saltó a sus brazos.

EPOV.

"Oye, colega, ¿qué pasa?" Edward preguntó mientras izaba a Anthony y lo acunó contra su pecho.

Anthony se acurrucó contra su padre y ocultó su rostro en el cuello de Edward.

"¿Qué está pasando? ¿Qué pasa? ¿Qué ha pasado?" Edward preguntó frenéticamente. Sabía que esta mierda de terapia era una mala idea. ¡Lo sabía!

"Nada, todo está bien," dijo Leisel con seguridad. "Si quieres seguirme a mi despacho, podemos hablar un poco. Anthony realmente quería verte, y no quise hacerle esperar."

Edward miró a su alrededor y se dio cuenta de que otras personas en el vestíbulo estaban mirando, así que él siguió en silencio Leisel de nuevo a su despacho. Sin embargo, tan pronto como se cerró la puerta, no se molestó en controlarse.

"¿Qué hiciste con él? ¿Qué le dijiste, eh? ¿Por qué está así?"

"Señor Cullen, por favor, cálmese."

La forma tranquila en la que Leisel hablaba, como si estuviera tratando de hipnotizarle con sus palabras, hizo que Edward se enfureciera mucho más.

"Me calmaré después de que me digas qué diablos pasó aquí" Edward le dijo. "Estaba bien cuando le traje."

"Edward," Leisel utilizó su nombre de pila. "Por favor. Si está molesto, Anthony se molestará. Le ruego que me deje explicarme."

Edward indicó alzando una ceja y con un movimiento de cabeza que estaba esperando a que continuara.

"Anthony, ¿te gustaría jugar con los bloques de construcción mientras hablo con tu papá?" Leisel preguntó primero.

Anthony sacudió la cabeza y apretó su agarre sobre Edward. Leisel, sin embargo, no se vio disuadida por su negativa mientras volvía su atención de nuevo a Edward.

"En casos con eventos traumáticos, en los que la reacción del sujeto no ha sido reprimida durante largos períodos de tiempo, las emociones están a menudo a flor de piel, y se desencadenan por acontecimientos comunes o eventos similares. En el caso de Anthony, un incidente con una niñera cuando usted se marchó de la ciudad se correlaciona con otra experiencia en la que fue castigado corporalmente"

"Ahora..." Leisel miró el archivo de Anthony, "el nombre que utilizó me dice que esta experiencia es anterior a usted, fue durante el tiempo en el que usted no pudo ser localizado..."

Edward se puso de pie bruscamente, sobresaltando a Anthony en el proceso. "Si crees que me voy a sentar aquí y escuchar esto, estas muy equivocada."

"No sé por qué está tan molesto," Leisel imploró, su comportamiento perfectamente calmado todavía intacto.

"El problema que tenéis vosotros, es que no podéis hacer vuestro trabajo a menos que le echéis la culpa a alguien. Pero mientras tú estas sentada detrás de tu carísimo escritorio haciendo sólo Dios sabe cuánto por minuto, el resto de nosotros tenemos que hacer lo que tenemos que hacer para salir adelante. Así que no te siente ahí, con tu mierda altiva diciéndome lo mucho que he destrozado a mi hijo porque tenía un trabajo al que ir. Y si no sabes por qué estoy tan molesto, entonces esos," señaló a los títulos enmarcados y colgados en la pared, "no valen ni el papel en el que están impresos."

"Sr. Cullen," Leisel se levantó como mecanismo para elevar su voz. "Si de alguna manera le he hecho creer que le encuentro culpable de algo de esto, me disculpo sinceramente. Ese no es el caso en absoluto. De hecho, es todo lo contrario. Creo que Anthony está evolucionando tan bien como lo hace porque usted le ha dado un ambiente seguro, estable y lleno de amor."

Edward miró con escepticismo a Leisel mientras consideraba sus palabras.

"Por favor. Tome asiento. Quiero mostrarle algo." Leisel se sentó también y sacó una goma elástica de su escritorio.

Poco a poco, Edward se hundió de nuevo en la silla. Suavemente recolocó a Anthony, que ahora estaba interesado y mirando para ver lo que Leisel tenía que mostrar su padre.

Leisel cogió la goma entre el pulgar y el índice y la sostuvo en alto para que Edward pudiera verla claramente. A continuación, utilizó el dedo índice de su mano opuesta para estirar la goma tan lejos como podía. Ella mostró la resistencia dándole unos pocos tirones.

"Lo que Anthony ha experimentado es tan abrumador que fácilmente puede expandir su bienestar emocional hasta su punto de ruptura. Sin embargo, sin las herramientas adecuadas para hacer frente a esas emociones, Anthony creó sus propios mecanismos para afrontarlas, que llevaron su bienestar emocional hasta... aquí." Leisel le dio una pequeña cantidad de holgura en la goma elástica. "Mi trabajo es llevarle de vuelta aquí," ella estiró la banda al borde una vez más, "para enfrentar y entender lo que le pasó a él y luego enseñarle a navegar a través de ello, poco a poco, de manera que evitemos esto." Ella soltó la goma y está se disparó al otro lado de la habitación.

Los ojos de Edward siguieron la goma hasta que chocó contra la pared y cayó al suelo. No dijo nada.

"Pero al igual que la goma, Edward, mientras llevo a Anthony de nuevo a las heridas y el dolor y le ayudó a hacerle frente para que pueda seguir adelante, todos vamos a sentir esa resistencia, esa tensión, y eso es lo que ha visto hoy. Se pone un poco difícil antes de que sea más fácil. Pero le prometo, que si sigue haciendo lo que estás haciendo, y se hará más fácil."

Edward asintió y miró hacia la mesa. Se había hecho sus propias conclusiones y ahora una simple disculpa no era sólo insuficiente, además francamente vergonzoso.

Como si pudiera leer su mente, Leisel añadió: "Entiendo que esto no es fácil de mirar. Confíe en mí, si yo estuviera en su lugar ahora mismo, probablemente habría reaccionado de la misma manera. Aquí está su dulce y pequeño chico, que sale buscándole aterrorizado y perdido. Por eso lo saqué para llevarle con. Quiero que él, que ambos, entiendan, que estamos en el mismo equipo."

"Y si alguna vez siente que algo está mal o es incorrecto, por favor no dude en preguntarme sobre ello, y lo podemos discutirlo de una manera calmada y racional, ¿de acuerdo?"

"Sí," dijo Edward, su voz ronca por la cantidad de tiempo que había pasado en silencio.

Aunque Leisel no lo demostró, Edward estaba seguro de que ella estaba más que feliz cuando él y Anthony dejaron su despacho esa tarde.

Después de un viaje al banco, el supermercado y un restaurante de comida rápida para coches, Anthony pareció salir de su depresión anterior, y comenzó a cantar Jingle Bell con todo el poder de sus pulmones desde el asiento trasero.

"Voz interior, Anthony." Edward había oído Bella utilizar ese término con su clase una o dos veces, y justo como entonces, funcionó perfectamente. Anthony bajó la voz unos decibelios y Edward era capaz de concentrarse en conducir.

"Santa me ve, ¿no?" Anthony preguntó de repente.

"¿Qué?" Edward miró a su hijo a través del espejo retrovisor, como si necesitara ver a su boca moviéndose para entender las palabras.

"Santa me puede ver ¿verdad?"

"Uh ... no sé, Anthony," se encogió de Edward. "Ese es un pensamiento algo escalofriante, ¿no? Un tipo viejo, gordo..." Pero Edward no llegó a terminar sus palabras antes de que Anthony se echara a llorar.

"¡No me va a encontrar! ¡Tengo que ir a mi casa vieja! ¡Tengo que ver a Santa allí!" Anthony se lamentó. "¡Tengo que ver a Santa en el centro comercial!"

Edward estaba a punto de decirle a Anthony que no fuera tonto, cuando tuvo un vago recuerdo de como eran las Navidades a los cinco años. Como las vacaciones se habían filtrado en cada fibra de su existencia y se presentaban constantemente. Y durante todo el tiempo en el que había creído en Santa Claus, los ocho años y medio, Edward había vivido en la misma casa. Nunca había tenido que preocuparse por las diversas cuestiones relacionadas con una mudanza, aunque si lo hubiera hecho, a los cinco años, la capacidad de Papá Noel para encontrarlo habría sido una preocupación muy acuciante.

Y eso le dio una idea. Sin embargo, después de lo que había sido testigo con Anthony aquella tarde en la oficina de Leisel, Edward pensó mejor no llevar a cabo su idea sin antes consultarlo con Leisel. Por lo tanto, planeó contactar con ella a principios de la semana siguiente para ejecutar su plan por ella.

Sin embargo, ella se puso en contacto al día siguiente antes de que incluso hubiera tenido la oportunidad de solidificar su plan.

"Esperaba, que pudiéramos hacer una cita, usted y yo, para hablar, sin que Anthony está presente," dijo después de que se hicieran los saludos de rigor.

Su solicitud pilló a Edward por sorpresa y se bloqueó mientras trataba de imaginar por qué iba a pedir dicha reunión. ¿Era posible que ella hubiese cambiado de idea y pensara que era un mal padre después de todo? Tal vez si ella supiera lo que estaba planeando, ella no pensaría de esa manera en absoluto.

"Yo en realidad iba a llamarte," dijo Edward, sin decir cuándo.

"¿En serio? ¿Todo bien?"

"Sí, sí. Todo bien. Yo sólo... bueno Anthony dijo algo que me hizo pensar en llevarlo de vuelta a Oregón... ya sabes... de dónde es él."

"Uh huh" Leisel contestó.

"Está acostumbrado a ir a un centro comercial en concreto para ver a Santa cada Navidad, pero no sé si será buena idea llevarle allí... en Oregón es donde todas esas cosas malas pasaron."

"Sí, pero Anthony asocia Oregón con un montón de experiencias positivas también. Creo que sería saludable para él experimentar algunos de los aspectos positivos con usted. Será una manera de unir su pasado con su presente." Leisel dudó por un momento. "Eso no quiere decir que vaya a ser fácil para Anthony, pero creo que le ayudará a progresar, y eso es lo que queremos para él. Creo que es una gran idea, Edward. Me alegro de que pensara en ello."

Edward no pudo evitar sentirse un poco orgulloso tras la felicitación de Leisel y no podía dejar de preguntarse si Bella tendría la misma reacción. Él esperaba que así fuera, porque tenía toda la intención de pedirle que lo acompañara a Oregón para las fiestas.

Sin embargo, cuando Bella se acercó más tarde esa noche para hacer una visita, el pánico se apoderó de él, y no se atrevió a mencionar el tema.

"Te llamé antes para ver si Anthony y tú queríais venir a cenar. ¿Dónde estabas?" Preguntó Bella mientras se acurrucaba junto a Edward en el sofá. Anthony ya había completado su ciclo de necesidades: un cuento, una bebida y un último viaje al baño, y estaba profundamente dormido en su cama.

"Oh, ni siquiera oí sonar mi teléfono. ¿Qué había para cenar? ¿Qué me he perdido?" Edward preguntó, eludiendo astutamente la pregunta.

"Pollo asado," respondió Bella. Metió la falda que llevaba contra su muslo mientras doblaba sus piernas a su lado en el sofá.

"Joder. Siento habérmelo perdido. Habría sido mejor que la asquerosa comida "para llevar" que teníamos." Edward se movió incómodo. No le gustaba la forma en que Bella le estaba mirando, como si no hubiera pasado por alto el hecho de que él había evitado su pregunta.

Lo último que quería era que Bella se molestara con él y definitivamente no cuando quería que hiciera el largo viaje a Oregón con él. Iba a necesitar todos los puntos dulces que pudiera acumular si quería tener alguna esperanza para que ella renunciara a su viaje a Arizona, para ver a sus padres, y acompañarle a él en su lugar.

"¿Puedes venir arriba un minuto? Tengo algo que darte." Edward se puso de pie y extendió las manos para ayudar a Bella hacer lo mismo.

Los ojos de Bella brillaron con la esperanza de una sorpresa. "¿Qué es?" preguntó ella, a pesar de que tanto ella como Edward sabían que él no tenía ninguna intención de dejarla saber nada hasta que le siguiera a dondequiera que fuera que le estaba llevando.

Dónde la estaba llevando era, por supuesto, su dormitorio. Y una vez que la tenía dentro, hizo un espectáculo al cerrar la puerta y volverse a mirarla.

Ella puso los ojos en blanco. "Edward, si querías que subiera hasta aquí..."

Edward la besó para callarla y la hizo caminar hacia atrás hacia la cama. Sus manos acariciaron la piel sedosa de sus muslos mientras empujaba su falda hasta la cintura. Ella sonrió ante lo urgente e insistente que estaba siendo cuando él apartó de su ropa interior y los tiró por encima del hombro al suelo. Sin embargo, cuando trató de devolver el favor, y buscó el botón de sus pantalones vaqueros, él apartó sus manos.

"¿Qué estás haciendo?" ella se rió mientras se echaba en la cama, apoyándose sobre los codos mirando a Edward trepar furtivamente por su cuerpo.

"Sssh," le dijo. "Ya me perdí una comida. No hagamos que sean dos".

Edward no se molestó en esperar a ver el asombro en los ojos de Bella antes de separar sus piernas y le besarla todo el camino hasta llegar a su centro desnudo.

Animado por los gemidos y gimoteos de placer de Bella, Edward le prodigó con largos y lánguidos lametones sobre su tórrida piel. Y cuando pareció asentarse en un ritmo, tomó su clítoris entre sus labios y chupó hasta que ella gritó su nombre.

"Te necesito," jadeó ella mientras le agarraba por los hombros para atraerle encima de ella.

Edward desabrochó sus pantalones para mostrar que no llevaba ropa interior debajo. Se colocó para penetrarla y luego se inclinó para tomar su labio inferior entre los suyos.

"¿Me necesitas?" preguntó en un susurro ronco mientras la provocaba con la punta de su polla en su entrada.

"Mmm... sí," sus palabras estaba llenas de deseo.

Edward pudo ver que estaba a punto de suplicarle mientras se hundió en ella, con la fricción justa para volverle loco.

Bella comenzó a apretar a su alrededor casi a la entrada, que era bueno, ya que de ninguna manera él iba durar un minuto más.

"Me leíste la mente," suspiró Bella, eufórica por su clímax. "He estado todo el día deseándote."

Edward sonrió mientras se volvió para tumbarse sobre su espalda, sosteniendo a Bella con un brazo a su lado.

Leer la mente. Si tan sólo fuera tan fácil. Todo lo que tenían que hacer era estar cerca y Bella sabría las palabras que él tanto deseaba compartir. No sólo sabría lo mucho que el quería que ella pasara la Navidad con él y Anthony, también sabría la verdad sobre que él se había aceptado a si mismo recientemente.


¡Gracias a todos los que votaron/participaron en la causa de FGB. Y gracias por permitirme contribuir de esta manera. El equipo ganador de ItzMegan73 votaron por un par de cosas, así que traté de conseguir que todo estuviera en este outtake. Espero haberle hecho justicia. Además, para la pequeña mayoría que quería un The Tutor, os he oído y voy a hacer que eso suceda también. ¡Qué tengáis un buen día!


*Broomball - es . wikipedia wiki/ Broomball (quitad los espacios)