|La serie Naruto y sus personajes no me pertenecen, sino a su respectivo creador (M. Kishimoto)|
|Para entender mejor: |
…Narración…
-conversación-
"Pensamientos"
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FlashBack:
Había despertado hace más o menos media hora, y estaba con el corazón en la mano, sentía los brazos del pelinegro rodeando su desnuda cintura, y cómo la apretaba levemente de vez en cuando entre sueños. No se atrevía a abrir los ojos, su espalda estaba reposando junto al torso del morocho, escuchaba su respiración muy cerca, como si le estuviese susurrando sus sueños. Simplemente no sabía cómo actuar, no sabía que iba a pasar, esperaba que una vez despierto Sasuke se fuese y la dejara sola, como una muñeca con la que ya no le apetecía jugar, eso era lo que ella esperaba, pero muy dentro de ella pedía al cielo que eso no ocurriese.
Se atrevió a abrir los ojos levemente, era un día hermoso, el sol se filtraba por los pliegues de las cortinas, inhaló aire para sus pulmones e intento relajarse. Sucediera lo que sucediera, debía estar preparada, adoptó un aire más decidido, no tenía que temer, ya tenía el mejor recuerdo de su vida ¿No había nada de malo en intentar hacerlo aún mejor, no?
Fijó sus verdes ojos en el reloj del buró, su mandíbula se desencajó por breves segundos.
"¿Nu-nueve t-treinta?"
Dios, se había quedado dormida, llevaba una hora y media de retraso, no digamos que tenía muchos pacientes a esa horas pero había osado violar una de las enseñanzas más importantes para su maestra, pensándolo bien… por esa enseñanza fue que terminó como estaba ahora.
- Sasuke – Susurró para despertar al pelinegro y así poder zafarse de sus brazos – despierta ¡Sasuke! – Terminó por gritar, pero nada… el pelinegro le estaba tomando el pelo – Vamos Sasuke no es momento para hacerse el gracioso, suéltame - Pero lo único que recibió en respuesta fue el pelinegro ejerciera más fuerza en su agarre – No me hace gracia, tonto… Muy bien Sasuke Uchiha yo también se jugar – dijo tétricamente mientras comenzaba a mover su trasero muy cerca de la virilidad del pelinegro, en un tris las manos del susodicho desaparecieron de la cintura de la pelirrosa, pero solo para sujetar sus caderas, una de las manos continuó bajando y entonces… fue cuando lo sintió.
La pelirrosa saltó de la cama como si hubiese víboras en ella, fulminó al pelinegro con sus coléricos ojos.
- Tú… ¿cómo te atreves a pellizcar MI trasero? - dijo apuntándole con el dedo – Maldito desvergonzado… -
Por su parte, el pelinegro, salió de la cama cansinamente, y se posicionó a medio metro de la ojijade.
- Y tú ¿cómo te atreviste a hacerme esto? – le dijo señalando un no muy decorativo chupón en la base del cuello – Y esto – finalizó dándole la espalda a la chica y señalando con el pulgar los rasguños que seguramente ella le había dejado.
- Hehehe… - La pelirrosa rió avergonzada ¿de veras ella le había hecho eso? – L-lo siento -
- Además – continuó el pelinegro – Si aún estás desnuda – Sakura cayó en cuenta de que así era – Significa que aún puedo tocarte… desvergonzadamente…
- ¡Ni si quiera lo pienses Sasuke! – dijo luego de envolverse torpemente con una de las sábanas – Debo ir a trabajar… y-y estoy muy retrasada – dijo a la vez que caminaba para entrar al baño - ¿Qué haces? – le preguntó al pelinegro al sentir uno de sus brazos rodear su cintura y caminar con ella hasta el cuarto de baño.
- Tu solo entra y date un baño -
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Ahora no sabía si agradecer o maldecir al cielo…
- Mmmh… - Sakura Haruno suspiraba por décima vez esa mañana en su oficina, la situación se le estaba escapando de las manos, y cómo no si llevaba cinco días gozando de la mejor compañía que podría haber deseado, el chico de sus sueños la esperaba todas las noches afuera de su habitación, no era tan cálido como aquella noche en la que ella se entregó por primera vez pero aún así no dejaba de "mimarla", después de todo se daba el tiempo de intimidar a todos los fans, que según el Uchiha osaban acosarla, y les quitaba toda clase de mercancía que más tarde él le entregaba como si fueran de su parte acompañado con un enternecedor hmp. Sakura siempre lo regañaba por hacer sufrir a los adolecentes, y siempre terminaban besándose sobre la cómoda y gran cama de la pelirrosa. Debía admitirlo muchas veces el carácter del pelinegro la sacaba de quicio, pero eran mayores las veces que la derretía con solo mirarla y era por eso que cada mañana en la que despertaba a su lado y acariciaba su rostro tenía que hacer un esfuerzo sobre humano para no re-confesarle su amor. Se estaba aniquilando con la peor droga que pudo encontrar y lo sabía, esto debía terminar. Faltaba solo un día en el que llegaría su escolta de ANBU's para llevarla de vuelta a Konoha sana y salva, y no podían, no debían enterarse de que estuvo con uno de los mayores traidores de Konoha, podrían apresarlo o matarlo, estaba segura que si enviaban ANBU's de raíz terminaría mal, debía alejarlo para protegerlo y protegerse a ella de ser llevada a prisión por traición y lo que era peor, de caer rendida y sin remedio por el mismo chico que le había roto el corazón a los doce años.
Aún así habían ciertas cosas a su favor, en cinco días había adquirido muchos motivos para hacerse la dolida y/o ofendida con el Uchiha y así mandarlo lejos. Pero siempre primaba el plan A, iba a ser decirle que ya no quería su compañía, después de todo nunca mencionaron un estado de noviazgo, ni si quiera amantes, no eran nada y por eso aún era libre de decirle que ya era suficiente. El plan B era decirle que por culpa de sus celos la gente del hospital la odiaba luego de la escena que protagonizó el pelinegro por encontrar a la pelirrosa hablando alegremente con un anciano postrado en una cama del hospital. Ó para qué mencionar el plan C y sacarle en cara que su trabajo se ha hecho cien veces más difícil e incomodo desde que decidió que él sería quien seleccionaría a los pacientes más aptos para hablar con ella, sin haberle consultado antes por supuesto.
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Había dos opciones, meditó el pelinegro, Sakura había sido abducida por los extraterrestres y la que él veía todos los días era un robot ó había tenido un sueño tipo pesadilla de nunca acabar durante cinco días. Esos pensamientos matutinos semiconscientes cobraban sentido si se concentraba en el hecho de que ninguna noche, tarde o mañana en la que él había tenido relaciones con ella, besado, acariciado por el mero deseo de sentir su piel, ella jamás, JAMÁS había dicho lo que él había estado esperando, esperaba que le hubiese dicho que lo amaba a la mañana siguiente después de que él la había hecho suya.
Pero volviendo a la realidad y dejando de lado sus extravagantes hipótesis estaba completamente seguro que no tardaría en oír esas dos palabras salir de ese par de labios que lo volvían loco. No tenía ni la menor idea de qué iba a hacer cuando la escuchara decir te amo, pero estaba pensando seriamente en no dejarla ir…
El gruñido de su estómago lo hizo salir de sus pensamientos, Sakura se había ido y no lo despertó para desayunar juntos como había hecho durante los días anteriores, seguro que había despertado tarde y salió corriendo.
- Eres tan despistada… Sa ku ra - dijo para sí mientras se desperezaba, cubrió desde su cintura hacia abajo con una de las sábanas y se dirigió a la cocina, en el camino vio que en la mesa del comedor había un completo desayuno al estilo Haruno que apenas había sido tocado, lo que confirmaba su teoría de que la despistada pelirrosa había salido atrasada para el trabajo.
- Hmp… -
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Ya había llegado la hora del almuerzo, no se atrevía a comer nada del buffet por las constantes nauseas que la habían hecho correr al baño y desistir del desayuno esa mañana, todo se debía a los malditos nervios que la carcomían por dentro, por su mente habían pasado todas las reacciones que podría tener el pelinegro cuando ella le dijese que ya no quería tenerlo cerca.
Había muerto, había sido besada, había sido insultada, había sido ignorada y posteriormente acariciada por las fuertes y varoniles manos de…
"Dios…" Pensó sujetando su cabeza con ambas manos.
Debía concentrarse en lo que le iba a decir, no podía flaquear ahora, y también tenía que comer algo antes de morir de inanición.
Se decidió por una sencilla tarta de fresa, y se sentó para comenzar a comerla.
- Sakura-san – Le habló una sonriente Tsuki.
- Hola Tsuki – Le saludo, para luego poner cara de asco al meter la primera cucharada a su boca.
- ¿Está todo bien Sakura-san? -
- Si, ¿por qué lo preguntas? -
- Pues, por tu cara, no te vez muy feliz… quizá sea porque cierto guardaespaldas no vino hoy a designar pacientes – La pelirrosa de atragantó con el trozo de tarta.
- Ya te lo dije – dijo aclarando su garganta – Yo no le pedí que hiciera eso -
- Lo sé y eso solo lo hace más interesante -
"Conozco esa cara, es igual a la de Ino" pensó para luego suspirar.
- ¿Qué quieres saber? -
- ¡Kya! Dime Sakura-san ¿cómo lo conociste? -
- Lo conozco desde que soy pequeña – respondió mecánicamente mientras llevaba otro trozo de tarta a la boca.
- ¿Cómo besa? -
- Bien -
- ¿Cómo es en la ca-
- Tsuki… -
- Está bien, está bien – dijo quitándole importancia - ¿Cuándo se casan?
- Nunca -
- Vamos Sakura-san, no puedes negar que ambos… -
- dije que nunca -
- Esta bien… Entonces, no te importará hablarle de mi, también me gustaría tener una oportunidad con un bombón así – Sakura la fulminó con la mirada, a lo que Tsuki mostró una sonrisa ganadora – Ya ves, Sakura-san no niegues que tienen una relación… ¿desde cuándo que son novios?-
- No lo somos -
- ¿¡Qué?! -
- ¿Podrías dejar de gritar? – dijo con un tic en la ceja derecha, tapándole la boca con la mano para que callara – No es necesario que montes un escenita – murmuró antes de destaparle la boca.
- ¿¡Cómo es posible que no sean novios!? – Esta vez fue lo que le quedaba de tarta lo que se encargó de hacer callar la Tsuki, mientras los demás comensales del lugar las quedaban mirando como un par de locas.
- ¡Ya cállate! – le exigió mientras Tsuki hacía todos los esfuerzos por masticar el gran trozo de tarta que se alojaba en su boca, con lágrimas en los ojos – Escucha, él y yo no somos nada, y no pretendo que lo seamos, en dos días me voy de este lugar – se detuvo unos segundos y cambió su semblante por uno triste, no le agradaba lo que iba a decir - …y espero no verlo más – susurró lo último para ponerse de pie y caminar hasta su consulta, dejando a una ahogada Tsuki con un huésped practicándole la maniobra de Heimlich.
Sakura cerró la puerta tras de sí y se sentó en su sillón, apoyó sus codos en el escritorio y sostuvo su cabeza con sus manos, un par de lágrimas cayó desde su barbilla, era tan difícil obligarse a dejar al amor de su vida, entendía que debía ser fuerte, que debía alejarse de él, por ella y por él, por no defraudar a su aldea una vez más, por tener los recuerdos que tenía intactos antes de que él los rompiese, sabía que lo haría, siempre lo hacía, al parecer era su trabajo. No podía dejar que la viese así, tenía que convencerlo, verse segura ante la penetrante mirada de Sasuke. Solo en unas cuantas horas, acabaría todo.
"El dolor disminuirá con el tiempo, pero nunca se irá por completo"
- Nunca se fue -
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La ansiedad se había vuelto habitual en su vida, por alguna razón, que verdaderamente sabía cuál era, más nunca admitiría; se estaba aficionando a la sonriente chica que lo abrazaba cada mañana. Por eso siempre inconscientemente encontraba pasatiempos para que la noche llegara pronto.
Recordaba perfectamente el berrinche que la pelirrosa le armó por darle "un par" de golpes a los enclenques que osaban acercarse a la ojijade, esa era una excelente manera de pasar el rato.
Acababa de ingresar en su habitación, la 201, Suigetsu y Karin habían salido por lo que el gigante de Juugo se encontraba solo, preparando algo de comer para cuando sus compañeros volviesen.
- Estas babeando el piso Sasuke- Escuchó quejarse a Juugo desde la cocina, por lo que caminó hasta allí - Pensé que ahora vivías con Sakura-san – Le dijo mal intencionado.
- Hmp, eso no es de tu incumbencia Juugo -
- No le hables así a tu madre Sasuke-chan – había llegado la hora de molestar a Sasuke.
- ¿Podrías dejar de hacer eso? -
- ¿Qué cosa? – preguntó inocentemente.
- No eres mi madre, idiota -
- ¿a quién le dices idiota? ¡Le diré a tu padre! – Le dijo escandalosamente, haciéndose el ofendido (a).
- Ya basta – La irritación comenzaba a aflorar en el rostro de Sasuke.
- ¿Qué dijiste? No te oí Sasuke-chan - preguntó dulcemente como si no hubiese pasado nada.
- Vete al infierno Juugo – Murmuró entre dientes alejándose de la cocina.
- ¡No sé cómo llegar a tu casa Sasuke-chan! – Sí, mosquear a Sasuke debería ser un deporte olímpico.
Estúpido Juugo, definitivamente había pasado mucho tiempo con Suigetsu, al parecer su pasatiempo favorito era encontrar nuevas maneras de echarle a perder el día… pero sabía quién lo arreglaría.
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- ¡No es justo! -
- Ya te oí Karin -
- Maldito Sasuke, siempre tiene que acaparar todo – dijo mientras tragaba su plato de ramen.
- Lo sé, yo siempre he dicho que es un maldito pero nadie me escucha – dijo Suigetsu alzando los hombros mientras comía pasivamente – Por otro lado… no entiendo para qué quieres pasar tiempo con Sakura-chan si me tienes a mi Zanahoria además estos días Sasuke nos ha dado más dinero que nunca, deberías estar feliz por el… y por nuestro dinero – dijo mostrando su afilada sonrisa.
- Oh, por favor… - dijo despeinando sus rojos cabellos con ambas manos – Tu no entiendes tiburoncín, lo que es pasar el tiempo con hombres, yo también tengo que desahogarme ¿sabes? Hablar cosas de chicas, cosas que tú no entenderías… en verdad siempre me he preguntado si alguna vez has entendido algo de lo que te dicen… …tú al menos tienes a Juugo -
- Sí, Juugo – le dijo con un semblante cansado – Ese maldito siempre encuentra la manera de humillarme, además últimamente es como hablar con mamá…-
- No me importa, Sasuke me robó a mi amiga -
- Sí como sea, deja de comer Karin, no me gustan las mujeres gordas – dijo disolviendo su cabeza justo antes de que el puño de Karin lo golpeara – Además de seguro mami nos ha preparado un nutritivo almuerzo – dijo dejando dinero en el mesón y llevándose a la pelirroja de la mano.
- ¡Es que no es justo! – dijo soltándose de la mano de Suigetsu bruscamente. Cuando este último se volvió para verla la pelirroja estaba plantada en el medio del camino de brazos cruzados y haciendo un puchero. El peliceleste dejó salir un suspiro.
- Vamos Karin, no te pongas así – trató de tranquilizarla acercándose.
- hmp -
- No, parece que lo odiaras, hasta hablas como él -
- ¡No me compares con ese mal nacido! -
- Hehehe.. está bien Zanahorita – le dijo acercándose a ella atrayéndola por la cintura para abrazarla – No te enfades conmigo ¿si? – Karin sonrió para rodear el cuello del peliceleste con sus brazos.
- Por alguna razón ya no puedo enojarme contigo -
- Ni yo contigo, novia – Karin carcajeo levemente.
- Me gustas mucho novio -
- Tu no me gustas novia Zanahoria, me encantas – Karin se sonrojó al escuchar las palabras de Suigetsu, el que le regaló un suave y tierno beso – Aunque la verdad no sé por qué me atraes tanto, después de todo no tienes ningún sex appeal – dijo una vez que se separó de la pelirroja, la cual solo suspiró ante semejante caso perdido.
- ¿Por qué siempre tienes que terminar hablando de más? – dijo con voz derrotada, mientras comenzaba a caminar en dirección al hotel.
- ¿Hablar de más?.. Las mujeres siempre se quejan de que no soy sincero, y cuando lo soy ¿hablo de más?.. quién las entiende…-
- Sólo cállate pez -
- Ya, ya… con una condición -
- Si es para que te calles, haré lo que sea -
- Bien – exclamó sonriente el peliceleste – déjame llevarte de la mano -
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- …Y por eso creí que sería buena idea venir a visitarte Sakura-chan -
¿Cómo era posible que la población adolecente y no tan adolecente se enterara de que justo ese día el bruto y mal humorado Sasuke Uchiha no se encontraba cerca de la enfermería del hotel?
¿Qué tan probable era que la mayoría de los habitantes de sexo masculino de Reisei se pasaran el dato de que hoy no tenía escolta? Quizá Sasuke tenía razón con lo de los acosadores.
- Sakura-chan ¿me estás escuchando? -
- S-sí Genosuke-san, solo me distraje un segundo Hehehe… -
- Oh, Sakura-chan, ¿cómo es posible que me ignores, mientras confieso mis honorables, hermosos y únicos sentimientos hacia ti? Yo el hombre más indicado… -
"Aquí va de nuevo… por favor podría ser más narcisista… de seguro no se dará cuenta si lo ignoro por un par de segundos ¿Que debería sentirme honrada de que un hombre como él se fije en mi?.. Dios… solo tiene diez y siete años… ¿que acaso no se calla nunca?"
- …Y es por eso que decidí que deberías ser mi esposa -
¿Había escuchado bien?
- ¿Qué? -
- Eso, cásate conmigo - Sakura suspiró cansada…
- Genosuke-san, se supone que estoy aquí para curar personas no para entablar charlas de carácter amorosas, no vine Reisei para buscar el amor -
- Y no puedo darme el lujo de pasar el tiempo con niños mientras hay personas que realmente necesitan mi ayuda. No me mal interpretes, no me desagradas, simplemente no eres mi tipo -
- Sakura-chan… sinceramente… hubiese preferido los golpes de Uchiha-sama – dijo para levantarse del asiento en el cual se encontraba sentado, aguantando las lágrimas del orgullo herido, darse la media vuelta y salir por la puerta de la oficina de la pelirrosa.
Sakura suspiró, no era la primera vez que le decían eso aquel día, al parecer sin darse cuenta estaba corta de paciencia en cuanto a adolecentes, había hecho sufrir a más jóvenes que el mismísimo Sasuke, quizá inconscientemente se preparaba para hablar seriamente con él, miró por la ventana de aquel cuarto blanco, el cielo no dejaba ver ninguna estrella, seguro llovería, se hacía de noche, ya casi llegaba la hora en la que se apuñalaría a sí misma por la espalda. Se levantó y caminó hasta la puerta entreabierta.
- Tsuki ¿Hay algún otro paciente? -
- ¿Pacientes reales o idiotas enamorados? - preguntó descaradamente y a viva voz frente al tumulto de jóvenes que acababa de llegar a la sala de espera, los que sufrieron un sonrojamiento colectivo -
- . . . - Se escuchó la palma de la pelirrosa chocar contra su frente.
- ¡Muy bien galanes Sakura-san no atenderá a más rompecorazones, ya entiéndanlo, está harta de ustedes, y además ¿Ya olvidaron a su protector personal?! -
- Tsu…ki – Nuevamente la palma chocando con la frente se dejó escuchar en la sala de espera.
En un par de segundos la sala estaba vacía, era indudable que el pelinegro era una buena idea la hora de amedrentar gente.
La joven médico entró nuevamente a su oficina, recogió sus pertenencias, colgó su bata blanca tras la puerta, y se retiró.
Evitaba pensar en lo que iba a decir o lo que iba a pasar, sabía que si lo hacía se arrepentiría, lo dejaría todo al azar.
Subió hasta el último piso donde se encontraba la suite presidencial, una vez que pudo ver el pasillo lo vio, ahí estaba como siempre, cargando su peso en la puerta de entrada y con los ojos cerrados, meditando…
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- Sakura – le dijo al abrir sus ojos, creyó que sería buena idea cabrearla un poco, le encantaba cuando se enojaba – Hoy no me despertaste para desayunar – dijo con una media sonrisa a la vez que buscaba los ojos de la chica, pero lo que vio no le gustó, los ojos de la chica reflejaban frialdad.
- Estamos a mano Sasuke, hoy no fuiste a espantar acosadores – Algo andaba mal ¿qué pasó con las sonrisas que siempre le daba después de responder a sus provocaciones? ¿Estaba realmente enojada por eso? Tendría que acabar definitivamente con esos malditos.
- Bien qué te parece si hacemos las paces - dijo alejándose para abrir la puerta, sin embargo, la mano de la pelirrosa lo detuvo.
- Esta noche no – la chica respiró profundo – Debo hablar contigo -
Caray, así que había llegado el momento, Sasuke estaba seguro de que le diría que lo amab-
- No quiero que vuelvas más Sasuke, no quiero que lo de las noches anteriores se repita, te quiero lejos, jamás vuelvas -
Su súper desarrollado cerebro no lograba asimilar la información que había recibido de golpe, eso no se asemejaba ni en lo más mínimo a un te amo ¿qué mierda estaba pasando?
- ¿Qué? – Apenas moduló atónito.
- Lo que oíste – habló la pelirrosa sintiendo cómo un alambre de púas rompía su garganta y corazón al hablar - Ya me cansé de ti, no te quiero cerca – Terminó quitándole la llave de la habitación al pelinegro, esa que ella misma le había prestado. Esta vez entraría sola, dejando a un incrédulo y petrificado Sasuke afuera de la puerta. La pelirrosa se quedó mirando la puerta fijamente desde el otro lado esperando que el chico se fuese, luego de unos minutos que parecieron una eternidad el chakra de Sasuke Uchiha desapareció por completo. Sólo entonces se dejó caer de rodillas, alzó una mano hacia la puerta como si pudiese alcanzar a Sasuke, su respiración comenzó a entrecortarse, comenzó a hipar por los sollozos que comenzaban a agolparse en su traicionera garganta, rompió en llanto al dejar caer su mano, temblaba como si estuviera desnuda en el peor invierno, pero por dentro quemaba, quemaba como si al romperse su corazón hubiese dejado correr el ácido puro carcomiéndola por dentro.
Era mil veces peor, mil veces más doloroso que cuando él se fue, mil veces más doloroso que la vez en que el intentó matarla, dolía como nunca antes, tanto que se ahogaba con el mismo aire.
Llevó ambas manos a su rostro, quería correr, correr y alcanzarlo decirle que no era cierto, que lo amaba, pedirle a gritos que le perdonara, quería sentirse segura en sus brazos como había hecho en cinco días, quería vivir sintiendo su piel… pero sabía que no sería así. Había acabado lo que nunca y siempre quiso haber empezado.
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Haruno Sakura muchas veces había hecho algo contra sus predicciones, pero esto definitivamente pulverizaba a todas las veces anteriores, escuchó atento lo que la chica había tenido que decir, cada palabra pronunciada sin una pisca de arrepentimiento dibujada en su rostro, ni si quiera una mueca que le dijese que estaba flaqueando, sus palabras eran tan seguras, que más que el significado de estas lo que lo heló fue su comportamiento austero. Sakura no era así, a menos de que estuviese hablando en serio.
Cómo fue que llegó a ese punto, cómo fue que no se dio cuenta, cómo pudo no ver eso venir. La pelirrosa había roto su orgullo y algo más, no sabía describirlo bien pero lo hacía sentirse vacío.
Sakura había estado jugando con él durante todo el tiempo ¿no se suponía que era el malo de la historia, el que siempre maltrataba a las demás personas? Eso lo sacaba de quicio, normalmente lo que haría como buen luchador sería ira las cercanías de la aldea a luchar con bandidos y asesinarlos, ó en el caso más iracundo asesinarla a ella, pero no lo hizo, se alejó de toda presencia, se quedó quieto bajo la lluvia, con los puños cerrado a más no poder. Lo habían hecho caer en su propio juego, con la diferencia de que esta vez el no había pretendido que fuese solo un juego.
Caminó lentamente hacia la aldea nuevamente llevaba horas bajo la lluvia, el cielo se había vuelto completamente negro y no dejaba de llover. Llegó al hotel y volvió a la habitación 201, donde fue recibido por juugo, quien bromeó con algo que ni siquiera se animó a escuchar, el gigante cambió su semblante burlón por uno de preocupación al verlo empapado y fue por unas mantas, el pelinegro se encaminó hasta una de las gavetas donde sabía encontraría sake, se disponía a beberlo directamente de la botella cuando escuchó una voz que lo llamaba con un chillido.
- ¡Sasuke! – La voz de Karin casi le rompe los tímpanos, se volvió para ver lo que quería. La pelirroja se dirigía hacia él hecha una fiera, Suigetsu intentó detenerla pero esta simplemente lo atravesó luego de que el peliceleste se disolviera al evitar una patadota en sus partes sensibles.
Lo siguiente que sintió el pelinegro fue que su mejilla ardía y luego el golpe de haber caído sentado en el suelo. La pelirroja lo tomó por el cuello de su camiseta para darle otro golpe, el pelinegro no reaccionaba, por lo que Suigetsu se las regló para detener a Karin una vez que Juugo estuvo a su lado.
- ¡Sasuke! – gritó por segunda vez la encolerizada Karin – ¡Eres un maldito egoísta a provechado! – Exclamaba desenfrenadamente intentando soltarse del agarre de sus compañeros – Primero me quitas la compañía de la única amiga que tengo en esta aldea de mierda, y ahora que ella se va de la aldea te acuerdas que tu equipo existe ¿no es así? -
- ¿Irse? – Susurró el pelinegro, al reaccionar y frotar su mejilla golpeada.
- ¡No te hagas el desentendido Sasuke! -
- Karin ya basta – dijo Juugo aplacando un poco la ira de la chica.
- ¿No sabías que Sakura-chan se va en dos días? – preguntó Suigetsu.
- ¿Qu- qué no te lo dijo? – inquirió sorprendida Karin igual que su novio.
Sasuke meditó por unos segundos, frunció el ceño, se levantó del suelo y emprendió camino hasta su habitación, siendo seguido con la mirada por los tres integrantes restantes de su equipo y cerrar de un portazo la puerta tras de sí.
¿Qué estaba pasando?
- Tengo un pésimo presentimiento – habló luego de un momento el peliceleste.
- No me digas tonto – dijo la pelirroja rodando los ojos mientras caminaba a su habitación y descolgaba el teléfono.
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Había sido simplemente más imbécil de lo que creía, la chica no solo lo había utilizado sin darse cuenta sino que había obviado lo obvio, ella volvería a Konoha.
Se levantó de la cama en que segundos antes había estado literalmente tirado, había olvidado el sake, caminó hasta la puerta, y recorrió el pequeño pasillo de habitaciones, Karin hablaba con alguien en su habitación, Suigetsu y Juugo hablaban en la sala de estar. Tomó la botella de sake y volvió por el pasillo pero esta vez escuchó algo que lo dejo absorto.
- Sakura, te oyes mal ¿no quieres que vaya para allá?.. …Está bien desahógate… ¿por qué lo hiciste?.. Entiendo… …podrían encerrarte… …Al parecer te duele más a ti que a él… Lo siento… no quise decir eso… Hehehe… de veras lo quieres pelo de chicle… …ahí estaré… …¿Para qué estamos las amigas? Quédate tranquila nos vemos mañana… adiós… -
Apretó con fuerza la botella de sake que tenía en su mano hasta que la escuchó crujir levemente, recordó lo que podría pasar si no controlaba su fuerza, como la primera vez que la vio…
No podía dejarla ir…
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- Di-diga - aún le costaba trabajo controlar los sollozos - ¿Karin e-eres tú? – la voz desgastada por el llanto la dejaba en evidencia – No, porfavor, no quiero que me veas en este estado - dijo no pudiendo contener el llanto – Perdóname por no poder hablarte claramente, es muy difícil… … Gracias Karin… Yo… yo le pedí a Sasuke que se alejara… …Tu sabes que me debo ir de aquí en dos días, y bien vienen AMBU's para escoltarme hasta Konoha, si esos AMBU's resultan ser de raíz y descubren que Sasuke está aquí y estuve con él yo – la pelirrosa rompió en llanto nuevamente – Si, a mi podrían apresarme… pero a él podrían matarlo, no puedo dejar que eso suceda… … Duele mucho Karin, demasiado… pero no puedo dejar que le hagan daño… … Es el amor de mi vida Zanahoria… mañana me harán una despedida por la mañana en el hospital ¿irás?.. …Gracias Karin… …sí, cierto… nos vemos mañana.
Agradecía enormemente que Karin le hubiese llamado sino hubiese sido capaz de cometer una locura. Cómo extrañaba a Ino y Hinata, sus máximas confidentes siempre. Había sido muy ingrata con Karin, hace días que no hablaba con ella y sin embargo ahí estaba ella.
Lo mejor sería aferrarse al pensamiento de que nada había ocurrido, y así poder conciliar el sueño. Dormiría mirando la pared y dándole la espalda al resto de la amplia cama, quizá así no recodaría que alguna vez ese lugar no estuvo vacío.
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Queridísimas lectoras, aquí estoy nuevamente finalizando un capítulo. Es bastante corto pero la verdad no quería ahondar en lo triste. Debo decirles que este fic. Está llegando a su fin, pretendo que sean 10 capítulos. No más.
Perdonen mi irresponsable tardanza, las quiero mucho!
Cómo siempre me gusta mucho saber su opinión, si desean que yo me entere por supuesto :)
Muchas gracias por los buenos deseos hacia mi país y mi pueblo. Más de una vez me han hecho sonreír. Repito las quiero mucho, las adoro :D
IioB.
