"The Strange and Special Woman"
Capitulo 11: Descubrimientos y Debilidades.
-Como ya ves, no fui un puberto normal; que se masturbaba solo con ver el trasero de todas las chicas lindas que había por el colegio. Mi vida no fue todo lo que había querido en el pasado, pero fui feliz, Jennifer me hizo feliz. -Dijo Edward con una sonrisa nostálgica, mirando a los lejos.
A pesar de lo enojada, triste y confundida que estaba instintivamente lo primero que hice fue abrazarlo cuando termino de contarme todo eso. No por lastima, no solo para que él se sintiera bien, sino por que yo quería hacerlo. Fue inevitable no llorar, sentía como si esto me había pasado a mí.
Edward se sorprendió el ver que lo abrazaba, parecía que el esperaba cualquier cosa menos esto. El se dio cuenta que estaba llorando, y me separo un poco para ver mi rostro.
-¡Bella! ¿Por que lloras? No tienes por que hacerlo. -Dijo Edward extrañado.
-Por que soy una estúpida que llora por todo y por que me da la puta gana. -Dije y me lance de nuevo abrazarlo llorando.
-Lo de estúpida, despreocúpate. Eso lo sé muy bien. -Dijo con una media sonrisa abrazándome muy fuerte.
Sentía su agonía. El me abrazaba como si esa fuera su única escapatoria de todo eso que le había pasado. Y yo no podía decirle nada para reconfortarlo, pensaba que todo lo que dijera no iba a servir de nada y que solo lo empeoraría.
-Edward, no sé que decirte, soy tan tonta. -Dije en su hombro.
-Shhh, no digas nada. El solo hecho de que estés aquí conmigo escuchándome, y que me abraces de esta forma es más que suficiente. No necesito más. -Me dijo al oído.
Si por fuera permanecería la vida entera abrazando a Edward.
-Edward, en verdad no se que decirte. -Dije lamentándome.
-No tienes nada que decir. Donde sobras hechos no son necesarias las palabras. Además, no quiero que me tengas lastima, es algo que odio. Así que no te preocupes. -Dijo separándose de mí brindándome una sonrisa.
Edward y yo estuvimos hablando por un rato, más yo, ya que le estaba preguntando muchas cosas. Siempre trataba de tener cuidado cuando le preguntaba algo, no quería que se sintiera afligido o algo, pero a pesar de todo, a el no le gustaba mostrar debilidad y lastima.
En ese momento estornude, en verdad sí que hacía mucho frio afuera, ya eta demasiado tarde.
-Creo que ya deberíamos irnos Bella. -Dije Edward razonando.
-¿Por que? -Pregunte.
-Es muy tarde para que estés fuera de casa, y además este frio no te sienta bien y te podrías enfermar. -Dijo sonriendo.
-Ok está bien. -Dije frunciendo el ceño.
Edward se estaba riendo de mi cara. Sentía que él me ocultaba como en verdad estaba. A pesar de que yo debía de estar preocupándome por él, el estaba preocupándose de si yo me enfermaba. Esto era absurdo. Sabía que su angustia no había acabado, y no me sentía bien por eso. Pero a pesar de todo me sentía bien por que Edward me había contado algo muy valioso y delicado para él.
Fuimos caminando a casa en silencio, ni siquiera me había percatado de que tan enfurecida salí de casa de Edward cuando me di cuenta de que salí en sentido contrario. Me sentí aterrada por que tenía que pasar por casa de Edward y alguien me viera, sentía mucha vergüenza, y en realidad no se que pasaría si volviera a ver la cara de Rosalie.
-No te preocupes, no vamos a entrar a mi casa. Todos están dentro. -Dijo Edward percatándose de cómo me sentía.
Ahora mismo era muchas las cosas que me preocupaban, y todas estaban centradas en Edward. Quería estar con él, hacer que sintiera bien y decirle que todo iba a estar bien. Pero Edward tenía un temperamento fuerte, el no es de las personas que se dejan ver débil ante los demás.
Había momentos en los que Edward miraba hacia el cielo, como si estuviera buscando alguna respuesta en él y no la encontrara. Quería saber que pasaba por su mente.
-¿En que piensas? -Dije en voz baja.
-En lo irónica que es la vida. Como pasan las cosas en el momento y el lugar exacto, sin nosotros saber por que. Siempre he querido saber con que objetivo pasan algunas cosas. -Dijo todavía mirando el cielo.
-Si no le encuentras el motivo a algunas cosas, es por que ya lo tienen. Solo que tú no quieres o no puedes ver el motivo todavía. -Dije.
Cuando dije esto, Edward no contesto y solo me observo. Ya habíamos llegado a mi casa, pero él seguía observándome.
Yo ya estaba en la puerta de mi casa cuando me pico la curiosidad.
-¿Por que me miras así? -Pregunte intrigada.
-No, no es nada. -Dijo riéndose como si ocultara algo. -Sobre lo sucedido hoy, hablare con Rosalie para que te pida una disculpa, es lo menos que puedo hacer. -Dijo tomando en cuenta lo que había pasado.
-No te preocupes, eso sería una disculpa forzada. No quiero recibir nada de una persona que no lo siente. -Dije levantando una ceja.
-Pero de todos modos lo hare. -Dijo con una sonrisa maliciosa. -Ahora entra, está haciendo mucho frio. No quiero que te enfermes. Buenas noches Bella. -Se despidió con una sonrisa y dio la vuelta.
-Buenas noches. -Le dije en voz alta.
El alzo su mano todavía de espalda para saludarme. Y después entre a casa.
Si antes había bloqueado todo tipo de desilusión cuando estaba con Edward, ahora era el momento de que salgan todas. Me sentía abrumada, nunca había pensado que una persona tan joven podía pasar por esto, a veces cuando escuchaba a Edward hablar, sentía que hablaba con una persona mayor, con muchas experiencias en la vida, pero también sentía que hablaba con una persona que solo estaba empezando a vivir.
Lo más absurdo de todo es que me sentía estúpida e ingenua, yo siempre me quejaba de lo que me había pasado en aquella relación, aunque era cierto que dolía y no es fácil confiar en los demás después de eso. Pero nosotros los seres humanos somos egoísta de por sí, solamente nos arrinconamos a lamentarnos de las cosas que nos pasan, sin saber que nosotros no somos los únicos que tenemos problemas en esta vida.
No me había percatado de que Alice estaba en casa.
-Bella, ¿Como estas? ¿Te sientes bien? -Pregunto Alice apresuradamente.
-Estoy bien Alice, no te preocupes. No es que haya tenido un accidente o algo. -Dije con una sonrisa forzada.
-¿Te puedo pedir un favor Bella? -Pregunto Alice con una sonrisa angelical.
-Si, ¿Que es? -Dije extrañada.
-¿Me permites dejar calva a Rosalie y meterme a su guardarropa y picarle toda su ropa? -Dijo con una sonrisa complaciente.
-Si que estás loca Alice, por eso te amo. Esto lo dejare pasar, quizás Rosalie este dolida por lo que le paso a su amiga, no quiero echarle más leña al fuego. -Dije agarrándola por los hombros.
-Pero te insulto Bella, eso fue demasiado. -Dijo Alice histérica.
-Si voy hacerle un revuelto, no voy a salir bien parada Alice. Ella siempre saldrá ganando. Yo prácticamente no se nada del pasado de Edward, no puedo defenderme. Ella lo conoce, yo no. -Dije resignada.
A pesar de que Edward me había contado esa parte dolorosa y a la vez preciada en su vida, no lo conocía, yo no había pertenecido a su pasado para juzgar. A pesar de que cuando estaba con él me sentía fuerte, quería luchar. Pero ahora que lo pensaba y lo analizaba todo, yo tenía las de perder.
-Alice, me iré a dormir, me siento muy cansada. –Dije evadiéndola, sabiendo que iba hacerme más preguntas.
En verdad no me sentía cansada físicamente, sino mentalmente. Haber llegado a esta ciudad se había vuelto un caos pero todo no fue exactamente por llegar a esta ciudad. Todo era por haber conocido a Edward.
A Veces me preguntaba por que me gusta Edward, si ni siquiera era el tipo de chico en el que me fijaba, por más que le diera vuelta, no sabía por que me atraía.
Decidí darme una ducha. Necesitaba aclarar todo este revuelo que tenía en mi cabeza. Me quite toda la ropa y la arroje a la cama, después de bañarme la arreglaría, me daba mucha pereza. Tome mi toalla y fui hacia el baño. Me percate de que Alice estaba hablando por teléfono. Alice se dio cuenta de que iba hacia el baño y alejo el teléfono de su oído y lo tapo.
-Bella, ¿Necesitas algo, quieres algo de cenar? –Dijo Alice con voz preocupada.
-No, está bien. Solo me daré un baño, no tengo hambre. –Dije.
-Te noto muy pálida. ¿Te sientes bien? –Pregunto.
¡¿Pálida?!
-Alice, que no se te olvide que soy pálida de por sí. –Dije riéndome y fui hacia el baño.
Empecé a lavarme la cara, me estaba echando mucha agua una y otra vez pero todavía seguía sintiéndome incomoda. Termine por entrarme a la ducha de pies a cabeza. No sé que estaba logrando con esto, sabía que era algo inútil, pero sentía que el agua se llevaría con ella todo el pesar que llevaba encima.
Solo podía pensar en Edward y lo que me había dicho hoy:
"no me he olvidado de Jennifer. Todavía la extraño y la quiero. Pero contigo sentí que podía intentarlo. Pero no quería que te alejaras cuando te dieras cuenta de eso. Todavía no sé exactamente lo que siento por ti. Pero algo si es cierto: no me veo con otra persona que no seas tú, te quiero solo conmigo."
Lo que había dicho Edward era tan contradictorio, Extraña a Jennifer, pero me quiere cerca. Eso era como una señal de que debía de luchar y luchar. Pero yo era de las personas que nunca tenía nada bueno de su lado, las pocas cosas buenas que tenía en esta vida las atesorada y a cada momento daba las gracias por tenerlas; a mi madre, a mi padre, a mis hermanos y a Alice. Ellos eran lo bueno en mi vida, y ni siquiera tuve que esforzarme para conseguirlo. Pero ahora que tenía algo por lo que luchar, me estaba rindiendo sin haber empezado la pelea.
¡PERO ESTO NI SIQUIERA ERA UNA PELEA!
En las batallas siempre vas a pelear en contra de alguien, siempre habrá alguien que querrá ganarte y al que tú quieras ganarle, pero este no era el caso. No había con quien pelear, yo no tenía con quien pelear, esto era como pelear con el aire. Sola.
Cuando estuve con Edward me sentía tan fuerte, con ganas de luchar con lo que sea, pero ahora que estaba sola todo volvía a su estado normal. Era como una goma, cuando estaba con Edward se estiro, pero ahora que estoy sola volvió a su forma original. Yo tenía las de perder por donde quiera que lo viera. Edward quería intentarlo, pero yo no sabía cómo intentarlo sin salir herida en todo esto, por que sabía que era así. A pesar de lo que me había dicho Edward, no sabía cómo luchar.
Nunca había luchado contra una persona viva, menos voy a saber cómo se lucha con la memoria de alguien que no estaba en este mundo y que todavía permanecía en el corazón de la persona que quiero. Me sentía impotente, odiaba sentirme impotente, esto me irritaba y me daba ganas de llorar. Aquí podía llorar con todas ganas, nadie me vería débil y frágil.
Así mismo me sentía en este momento: Débil y frágil. Esta no fue la Bella que yo quería ser cuando llegara aquí. Pero… ¡MALDICION! Cada vez que pensaba en Edward sentía que me ahogaba y que mi pecho se hundía. El había llegado a armar mi vida un caos, pero un caos que tanto me gustaba.
Me senté en la bañera con la cabeza entre las piernas debajo del agua, había prendido el calentador, así que el agua era muy agradable. Me sentía tan liviana y tan fresca, era como si todos mis pesares se estuvieran yendo uno a uno. Estaba caliente, quería permanecer mucho tiempo aquí, todo el que fuera suficiente, pero sentía que mis mejillas estaban ardiendo, me estaba mareando por el calor; no estaba acostumbrada a usar el agua caliente, eso debió ponerme así, pero no pude evitar querer quedarme aquí, así que me quede…
-¡Bella, Bella! Por favor respóndeme. -Dijo una voz angustiada y aterradora pero agradablemente familiar.
Sentía que me pitaban los oídos, me sentía pesada y mareada. Quería cerciorarme de que en verdad era la persona que estaba pensando y de que todo no era un sueño. Abrió los ojos muy despacio, los parpados me pesaba y me dolía. Y así era.
Edward estaba al lado de mi cama con cara de preocupación.
¿¡Pero que hacia el aquí!?
-Por fin despertaste, nos asustaste Bella. -Dijo Edward con una sonrisa de alivio.
-¿Que paso? -Dije extrañada, por que esto no tenía ni pies ni cabeza.
-Bella, te desmayaste en el baño. Duraste mucho tiempo bajo el agua caliente. Y además tienes mucha fiebre. -Dijo con una mirada analítica.
-Pero... ¿Por que estas tu aquí? -Pregunte con incredulidad.
-Alice se canso de llamarte a la puerta y no abrías, se imagino que te habías desmayado y me llamo para que pudiera tumbar la puerta y poder sacarte. -Dijo Edward con vacilación.
Ahora todo había llegado a mi cabeza como si lo habían disparado. Yo me había quedado dormida en la bañera, no se por cuanto tiempo, así que me desmaye.
Tenía tantas cosas que preguntarle, como por ejemplo, por que Alice lo había llamado a él, por que vino y muchas cosas más, pero solo me salió una pregunta de la boca.
-T... ¿Tú me viste desnuda? -Le pregunte trabando las palabras.
En ese momento vi como a Edward se estaba sonrojando y bajaba la cabeza buscando la forma de cómo responderme y parecía que estaba reprimiendo su risa y eso confirmo mis temores.
¡EL ME HABIA VISTO DESNUDA!
Edward se quedo mirándome e iba a contestarme algo pero en ese momento Alice entro a mi habitación con un tazón y por el olor supe que era sopa, algo que no me apetecía mucho en este momento. Alice se quedo mirándonos notando la tención que había y que nos habíamos quedado callados.
-Bueno Alice, debo irme a casa. Salí de casa corriendo y deje a mi madre preocupada. Vendré mañana a primera hora para llevar a Bella a checarse. –Dijo Edward levantándose de la silla.
-Estoy bien, por que tendría que irme a checar al médico, estás loco. –Proteste.
-Bella, levántate y da cuatro pasos hasta aquí. –Dijo Edward muy serio.
A pesar de que era absurdo, así lo hice. Cuando di el segundo paso sentí que la cabeza me daba vueltas y me dio un mareo. La suerte fue que Edward estaba ahí para agarrarme.
-¿Crees que estoy estudiando Medicina en vano? Pues no pequeña preciosa. –Dijo sonriéndome.
Me sonroje cuando dijo esto.
-Pero se me pasara mañana. –Me queje.
-Créeme que no se te pasara tan rápido. Quizás mañana amanezcas con fiebre, dolor de cabeza o un posible catarro simple. –Dijo
-Edward Déjame darte un jugo o algo, llegaste muy agitado. Me siento algo apenada por haberte llamado así. –Dijo Alice lamentando.
-No te preocupes Alice, lo hice por que quería. Además se nota que Bella por lo menos podrá dormir hoy. -Dijo Edward con una sonrisa picara y guiñándome un ojo.
Salió de la habitación y se despidió de nosotras cerrando la puerta tras él. Este Edward era un caso, se estaba comportando tal cual lo conocí, pedante y arrogante
¡Ni siquiera me había pedido disculpas por haberme visto desnuda!
Me sentía mareada y a la vez avergonzada, ¿Qué estaría pensando Edward en este momento? Sé cómo debe estar mi cara en este momento, roja como un tomate. Como demonios no me iba a sentir mareada, eran demasiadas emociones en un día.
-Alice, ¿El me vio desnuda? –Le pregunte con la voz temblorosa asegurándome de lo que ya sabía.
-Bella, por favor. Estas enferma y te estás preocupando por si te vio desnuda. No es nada del otro mundo. El estaba demasiado ocupado preocupándose de cómo estabas. –Dijo Alice levantando una ceja.
-Alice, pero ningún hombre ha visto mi cuerpo, bueno solo uno. –Dije avergonzada.
-Q… ¿Qué un hombre vio tu cuerpo? ¿Quién? ¿Cuándo? –Pregunto Alice sorprendida.
-Pues mi papá, cuando nací. –Dijo agachando la cabeza.
-Bella, pero eso ni cuenta. Bébete la sopa, se te va a enfriar. –Dijo Alice riéndose a carcajadas.
-Una última pregunta, ¿Por qué lo llamaste a él? –Dije con la boca llena.
-Una: Vive aquí mismo en nuestra acera, no podía llamar a nadie más y Dos: Cuando entraste a bañarte y duraste todo ese rato me llamo y me dijo que revisara tu temperatura y que te diera algunas pastillas por que habías cogido mucho frio afuera. –Dijo Alice mirándome de reojo.
-¿¡En verdad llamó!? –Pregunte sorprendida.
-Le gustas mucho a Edward, ¿Sabias Bella? –Dijo Alice con una sonrisa.
-De nada vale que le guste, eso nunca será suficiente para estar a su lado. –Le dije en voz baja.
-He notado que eres una persona muy aferrada al pasado Bella, el pasado no se vive, solo se recuerda y solo si es grato, si es malo solo se aprende de él y se sigue adelante. –Dijo Alice.
-El caso es Alice, que aquí el pasado con el que tengo que luchar no es mío. –Dije suspirando.
-Esta vez me gustaría ver como haces las cosas por ti misma, sin menospreciarte. Y duérmete, pronto empezaras a delirar. –Dijo Alice y fue a ponerse el pijama.
Fui a ver el reloj y verificar que hora. Ya eran las 3 de la mañana, muy tarde. Alice me había dado unas pastillas, me sentía grogui así que supe que eran los efectos de las pastillas, así que con mis pesares por lo que haría respecto a Edward me dormí.
Me desperté algo extraña, ya me estaba acostumbrando a tener ese sueño raro todos los días, pero esta vez no hubo sueño y pienso que debió de ser por los efectos secundarios de las pastillas. Me dolía mucho la cabeza, esto no era normal. Al parecer Edward no se había equivocado.
¡Mierda! Edward dijo que vendría a llevarme al médico, o ¿Solo fue un sueño? En verdad no estaba segura. Verifique la hora y eran las 8:00 AM, Me levante y arregle mi cama, tome mi toalla y fui directo al baño. Me coloque frente al espejo y pude notar que mi cara estaba muy roja, esto tampoco era normal.
Alice no había salido, tenía clase a las 9, yo tenía clase en la tarde. No podía faltar.
Me di una ducha rápida, no quería marearme otra vez con el agua. Cuando al fin salí del baño me percate de que alguien estaba en la sala. Y al parecer no fue un sueño.
Edward si vino a llevarme a darme un chequeo.
Me asome a la sala para ver lo que llevaba puesto. Llevaba una camiseta azul oscuro y unos pantalones negros con unos tenis negros, llevaba su cabello todo desordenado. El siempre llevara lo que llevara se veía bien. Me quede mirándolo como una idiota.
-¿Así me das los buenos días? Mirándome así. –Dijo Edward riéndose.
Le saque la lengua y lo ignore. El me estaba mirando como si tuviera un tercer ojo, como si me estuviera inspeccionando.
-¿Cómo amaneciste? –Pregunto con suma curiosidad.
-Muy bien. No es necesario ir a hacerme el chequeo. –Dije para que desistiera de eso.
-Sabes muy bien que cuando digo que hare algo, lo hago. Así que déjate de locuras y vete a poner ropa. No dejes nada a la imaginación, no es bueno a estas horas de la mañana. – Dijo tajante.
Me sonroje cuando me dijo esto y Salí pitando para mi habitación. Por desgracias hoy iba a tener que ponerme pantalones largos y no mis úsales short. Me puse unos Jeans, un camisón azul cielo con unas vans negras. No tenía ánimos de hacerme ni siquiera una coleta, así que deje mi cabello suelto.
Cuando al fin salí, Edward y Alice estaban platicando. Los dos se quedaron mirándome. Alice como inspeccionando como iba y Edward embobado.
-Vámonos. –Dije.
-¿Perdón? ¿Crees que te irás sin desayunarte? Alice búscale algo a esta cabeza dura. –Dijo con cara de enojado.
-Bella sí que estás loca, ayer estabas mareada y solo te tomaste una sopa, debes de tener el estomago vacio. –Dijo Alice con una sonrisa
-Ok está bien, no sé que les pasa a ustedes. –Dije exasperada.
Tome jugo de naranja de la nevera y una tostada, lo hice más por ellos para que no me fastidien. Cuando al fin termine, dejando la mitad de la tostada por cierto, Edward me miro con una cara de pocos amigos.
-No quiero más ya, Vámonos. –Dije con firmeza.
-Preciosa hasta enferma. Vamos. –Dijo con una sonrisa y se levanto de la silla.
-Cuídense y tengan un buen día. –Dijo Alice despidiéndose
Enserio estaba bromeando, en este estado creo que no estoy preciosa. Ahora mismo era un esperpento, toda ojerosa y enferma.
Cuando salimos vi que Edward me había venido a buscar en el mismo auto que vino el día de mi cumpleaños, no pude evitar acordarme de ese día. El abrió la puerta del copiloto para mí y después se posiciono en su asiento. Los dos íbamos en silencio, el sumido en sus pensamientos y yo en los míos.
Yo estaba acordando del cuando él me regalo la cadena y yo me negué a recibirla, y ahora se había convertido en uno de mis tesoros. No me percate de que Edward me estaba mirando cuando apreté el dije de la cadena.
-A pesar de que te estabas negando a recibirla, parece que la aprecias mucho. –Dijo mirando al frente.
-Es uno de mis tesoros. –Dije mirando el dije y sonriendo.
El no respondió pero vi como sonreía.
-Iremos donde un doctor conocido de mi familia. Nos tratara muy bien, ya hable con el esta mañana y nos atenderán desde que lleguemos. –Me explico.
-¿Edward, por que tanta insistencia en que vaya al médico por algo tan simple? –Le pregunte con curiosidad.
-Eso no es nada simple Bella, una enfermedad nunca será algo simple. –Dijo, pero supe a primeras que no era exactamente por eso.
-Si tú lo dices, pero no creo que esa sea exactamente la razón por la que lo hagas. –Dije finalmente.
-¿Y por que otra cosa creerías que sería? –Dijo riéndose.
-Pues no sé. Pienso que es así. -Dije encogiendo los hombros.
-A veces eres muy extraña, ¿sabías? –me soltó.
-De tantas veces que me lo han dicho ya he empezado a creer que es como un halago o algo así. –Dije.
No sé por que a Edward todo lo ocurrente de mi le daba risa, pero a mí no me importaba verlo reír todo el tiempo, eso era como un antídoto para mi, sentía que me olvidaba de todo cuando estaba con él. Pero no pude olvidarme de todos mis pensamientos de ayer, y sabía que era algo que no podía ignorar, era ahora o nunca. Rendirme o luchar, pero sentía que estaba más cerca de rendirme.
Al fin habíamos llegado al hospital. Edward había parqueado el carro. Cuando salimos pude notar que no había mucha gente. Que bueno.
Entramos al hospital y fuimos directamente donde una secretaria que al parecer era que daba los turnos. Era muy joven, de unos 25 años, pelirroja y con lentes. Cuando vio a Edward fue como si se le iluminara la cara.
-Buen día señorita. Ella y yo Tenemos cita con el doctor Chaske Spencer. Podría avisarle por favor, dígale que es Edward Masen Evenson. –Explico Edward con toda seriedad.
Por el nombre me imagine que no era de aquí. Lo más seguro seria un hombre mayor algo calvo. La chica llamo por teléfono a su jefe y pregunto y al parecer habían aprobado que si era cierto que teníamos una cita.
-Usted y su novia pueden pasar. El Doctor los estaba esperando. –Dijo la chica con una sonrisa y nos guio.
-Muchas gracias señorita. –Dijo Edward con una sonrisa que dejaba a la vista su dentadura perfecta.
¡Ni siquiera corrigió a la señorita!
Pensé preguntarle por que no le había corregido eso de "su novia" pero mejor no lo haría aquí por que si lo hacia la conversación se iba a extender y ya íbamos a entrar con el doctor.
Fuimos en silencio por el pasillo, cuando llegamos había una puerta que tenía una placa dorada con el nombre del doctor, así que Edward me abrió la puerta y entramos. Cuando entramos vi algo que no era lo que esperaba.
Un hombre con buena postura, tez india y el cabello negro. Llevaba un traje negro y una bata blanca encima. El tenia que tener unos 40 y muchos o 45 y pocos años. Se veía muy joven
-Edwardito muchacho, tiempo sin verte. –Dijo y fue abrazarlo.
-y ni siquiera por que pronto seré tu colega dejas de decirme Edwardito, sigues siendo un caos hombre. -Dijo Edward sonriendo y abrazándolo también.
Como se trataban era como si se conocieran de la vida entera, Era como si ese hombre fuera su padre, pero a la vez su amigo.
-Ohh disculpa. Viejo, ella es Bella Swan. Ella es la paciente que dije que te traería. –Me presento Edward.
-Hola señorita Bella, mucho gusto. Soy Chaske Spencer para servirte. –Dijo y me tendió la mano.
-Mucho gusto Doctor Spencer. –Dije estrechando su mano.
-Nada de eso. Dime Chaske solamente. –Dijo con una sonrisa.
-Así lo hare. –Le respondí con una sonrisa también.
- Disculpa por la informalidad que has visto aquí Bella, el no es así, es que Chaske y mi madre han sido amigos íntimos desde hace años y por tal razón también mío y así nos tratamos. –Me explico Edward.
Con razón tanta confianza e informalidad. Nunca había visto a Edward tan alegre con una persona mayor que no sea su mamá, era algo que tenía que anotar. El doctor se coloco sus lentes y se sentó en su asiento y tomo la postura de doctor.
-Bueno vamos a lo que vinimos. ¿Qué es lo que pasa Bella? –Dijo al fin el doctor.
-Es solo que ayer dure mucho en la ducha caliente y me dio un mareo. No estoy acostumbrada a eso. No fue nada. –Dije simplemente.
-A Pesar del mareo, estuvo fuera mucho tiempo en la noche y pienso que podría pillar un resfriado. –Corrigió Edward.
-¿Amaneciste con dolor de cabeza y algo mareada? –Pregunto el doctor.
-Sí, un poco. –Admití.
-Como vinieron hoy a tiempo, vas a evitar un resfriado. ¿Tienes la defensa baja o eres alérgica a algo? –Pregunto el doctor.
-Si tengo la defensa baja, pero no soy alérgica a ningún medicamento. –Dije.
-Para el próximo ten más cuidado, un resfriado no es la única enfermedad que podrías tener por la defensa baja. Como no eres alérgica a ningún medicamento, vas a comprar estas pastillas. Su nombre es DESENFRIOL-D y un jarabe Pulmotox C. –Dijo el doctor escribiendo en un papel.
-¿Y si vuelve a presentar síntomas? –Pregunto Edward apresuradamente.
-A eso iba, no te apresures. Dentro de 10 días tienes que volver para checarte más profundo. Como ya me dijiste, tienes las defensas baja y así podemos evitar futuras enfermedades. –Me explico el doctor y me entrego la receta.
-Muchas gracias doctor, así lo hare. –Dije con una sonrisa.
-Gracias a ti por iluminarle la cara a este muchacho. –Dijo mirándome extraño.
-No es para tanto. –Dije sonriendo.
-Cállate viejo. –Dijo Edward.
-Más respeto muchacho. Soy mayor que tu.–Dijo riéndose a carcajadas. - No la dejes ir, Cuídala mucho Edward. –Dijo y le estrecho la mano al doctor.
-No pienso dejarla ir, creerme que no. –Dijo Edward con una sonrisa.
Al parecer estaban hablando de mí como si yo no estuviera aquí. Si que se llevaban bien.
-Bueno, Bella ayuda a este chico a que no lo estropee. Y tu Edward saluda a Jodie de mi parte y a Kate. Pronto los iré a visitar. –Dijo el doctor despidiéndose.
El doctor me dio la mano y salimos. Esto había sido un poco extraño, no se por que cuando conocía algún pariente de Edward todos me veían como una salvadora…No entiendo, pero a pesar de todo eso me daba un poquito de esperanza. Edward me llevaba hacia una farmacia que había cerca, no sé que estaba haciendo, yo no llevaba dinero encima para comprar los medicamentos todavía.
-Ed… Edward, no voy a comprar los medicamentos ahora. No tengo el dinero encima. –Le explique.
- ¿Quién te dijo que tu ibas a comprar los medicamentos? –Pregunto Edward.
-Edward ya es demasiado, me llevas al hospital y pagas la consulta y también los medicamentos. ¡ES SUFICIENTE! –Proteste enojada.
-Deja de ser testaruda y vamos a comprar los medicamentos, no es nada. –Dijo exasperado.
-Si es algo, así que no los compres. Si los compras te los puedes llevar a tu casa por que no los tomare. –Dije al fin.
-¿No te los tomaras? Eso veremos pequeño demonio. –Dijo y fue a la farmacia a comprar los medicamentos.
Cuando odiaba depender de los demás, y Edward era demasiado testarudo. No iba a tomarme esos medicamentos, iba a tener que entenderme o tirar las medicinas por que no las tomaría. Sentía que estaba enfadada por una estupidez.
Edward había llegado con los medicamentos. No me los paso. El también estaba enfurecido y creo que mucho más que yo.
-Entra al auto. –Dijo con voz neutra.
Entre sin decir una palabra. Íbamos los dos sin decir una palabra, podía ver lo enfurecido que estaba. Vi como esa vena en la frente le sobresaltaba y como apretaba el volante. Sabía que debía estar enfurecido pero no sabía que tanto asa, ya me estaba lamentando de haberlo hecho enfurecer. Ni aceptaría los medicamentos, pero por lo menos me disculparía.
-Edward discúlpame por hacerte enfadar, pero entiéndeme. –Dije con voz suplicante.
-¿Sabes cuál es mi miedo de todos los días? Saber que puedo perder a las personas que quiero en cualquier momento por la más mínima cosa. –Dijo como si no hubiese escuchado mi disculpa. –Mi madre cuando va su trabajo todos los días en su auto, nadie sabe si puede haber un accidente y ella pueda morir. O Kate cuando está de viaje, solo pienso en esos aviones en los que ella viaja todos los días, como en cualquier momento uno de ellos puede fallar y no volver a verla nunca más. O uno de mis amigos; Emm, Jas o hasta la misma Rose. –soltó con una cara angustiada.
-Edward para el auto. –Dije temerosa y así lo hizo.
-Y tú Bella. Acabas de llegar a mi vida y no quiero hacer otra cosa más que estar cerca de ti, pero tengo miedo. Todo lo que tengo cerca se desmorona, pero no quiero perderte, te quiero cerca a pesar de todo lo que sabes y todo lo que siento, quiero cuidarte. –Dijo con la cabeza puesta en el volante.
Le puse una mano en su espalda para suavizarla. Yo no era la única que estaba angustiada y que tenía un dilema. Su dolor era distinto al mío, pero a él también le dolía dar un paso en falso.
-No te costaba nada decirme que esta era la razón de llevarme al médico. Pero creo que si te costaba. –Le dije con una sonrisa.
Edward ya se había calmado un poco, ya no tenía esa postura angustiante, así que empezó a manejar. No tenía la mejor cara pero ya estaba en calma y esto me aliviaba. No quería ponerla más guisa a este asunto así que cedí a tomar los medicamentos, esta simple gesto le ilumino la cara.
Habíamos llegado a casa, le dije a Edward que pasara pero dijo que no ya que tenia clase de Historia dentro de un rato y debía alistarse. No sé por que esto me decepciono, pero le desee suerte. Baje del auto y cuando estaba de espaldas y cerré la puerta del copiloto, el me llamo.
-Bella. –Me llamó.
-Sí, dime. –Le respondí.
-Ayer quisiste que me disculpara por haberte visto desnuda. ¿Verdad? Pregunto Edward.
Me había olvidado de esto, la vergüenza había vuelto. El no se había disculpado por esto.
-Si estoy esperando la disculpa. –Dije cruzando los brazos.
-Pues bueno, espera esa disculpa acostada por que nunca llegara. Yo solo me disculpo por las cosas que me arrepiento y créeme que de esto no me arrepentiré nunca en mi vida. –Dijo y me saco la lengua y entro en su auto.
-Sigues siendo el mismo arrogante de siempre, tonto. –Dije en voz alta y también le saque la lengua.
Su humor sí que es cambiante, si que era fastidioso. Pero me encantaba cuando Edward era así, tan sonriente y alegre, cosas como esta eran las que me decían por que lo quería y adoraba tanto con locura.
Mi Edward.
Tendría que ir a visitar a la mamá de Edward un día para pedirle disculpas por lo de ayer, me sentía muy apenada por lo de ayer.
Mi día transcurrió con normalidad, cuando Alice no estaba aquí, así que comí y me bebí el medicamento y fui a darme una ducha para ir a la universidad, hoy me tocaba hasta la noche, quizás hoy no vería mucho a Alice.
Fui a la universidad y a pesar de todas las horas pasaron muy rápido a pesar de todo, quizás sea por que parte de mi mente estaba ocupada por Edward. Cuando llegue a casa muy cansada. Alice ya estaba acostaba y mejor no la desperté. Cene, me di una ducha e hice los deberes que tenía pendiente y fui a dormir con mis pensamientos, todos ocupados por Edward y por lo que había descubierto de el hoy.
Me levante muy temprano aunque hoy no me tocaba ir a la universidad, así que me quedaría tirada en el mueble hoy, pensando tarugadas, viendo animes y doramas Ahhh y también comiendo.
Eran las 9 de la mañana, Alice debió ya irse a la universidad. Así que le levante y recogí mi ropa que deje tirada ayer y arregle mi cama. Tome mi toalla y fui directamente al baño.
Ahora tenía miedo de usar el agua caliente por lo que había pasado, así que me bañé con ella fría. Cada vez que pensaba en agua caliente me ardía la cara y no precisamente por el agua, sino por lo que había pasado ayer con Edward. Todavía me sentía avergonzada y encabronada. Pero debo admitir que se me ablandó el corazón cuando Alice me dijo todo lo que había hecho.
Edward era tan raro, su humor era tan extraño.
Cuando salí del baño fui a la habitación y me puse el primer arrapo que encontré: camiseta y shorts y me hice una coleta alta.
Fui a la cocina a ver que nota había dejado Alice, que lo más seguro era: "Prepara algo de desayuno, en la nevera hay cosas". Pero no fui así.
Decía: "Cuidado con quedarte dormida en la bañera con agua caliente si no quieres que llame a Edward de nuevo y te vea como Dios te trajo al mundo, con las canicas y la plancha al aire.
Solo hay jugo y pan, así que alístate que hoy te toca ir al supermercado temprano.
Te amodorro Bella :)"
Si antes había pensado que Alice estaba loca me había equivocado, ella no era normal, claro que no. Leí la nota un par de veces y solo me daban ganas de reírme, claro que Edward no vendría otra vez... ¿O sí?
Ir al supermercado era algo que me encantaba, pero sinceramente no tenía nada de ánimos para ir, pero si no iba se que Alice me mataría. Así que no tenía mas remedio. Pero primero llamaría a mi casa, necesitaba saber como seguía mi mamá y como estaban los demás.
Me acerque al teléfono y marque el numero, a los tres pitillos lo cogieron.
-Hola, buen día. -Contesto mi madre.
- ¡Mamá Mamá! ¿Como estas? ¿Cómo te sientes? -Dije apresuradamente, el alivio que sentía al escuchar la voz de mi madre era casi hasta doloroso.
-Bella, hija. Yo estoy bien, mejorando. Mejor dime tú, ¿Cómo va todo, cómo va la universidad? -Pregunto mi mamá. Note su voz cansada.
-Todo está bien mamá. No te preocupes por mí, preocúpate por tu salud que es lo importante ahora, ya quiero que acabe el semestre para ir a verte. -Dije sonriendo.
-No te desconcentres hija, has las cosas con calma. Te extraño mucha hija, tu padre y tus hermanos también. -Dijo mi mamá con voz lamentada.
-Yo también los extraño, esto es muy distinto. Mi vida ha cambiado mucho sin ustedes. -Dije triste.
-Recuerda Bella, que los cambios no son malos y más para ti. Lo necesitabas hija. –Dijo mi madre.
-No serán malos pero a veces incómodos. ¿Cómo están papá y los revoltosos? –Dije intentando cambiar de tema.
-Ellos están muy bien, tu padre está en el hospital y tus hermanos en la escuela. Y por favor Bella, no trates de evadirme los temas, te conozco y sé que algo te pasa. –Dijo mi mamá regañándome.
No es que desconfiara de mi mamá, es que ya me había acostumbrado a evadir este tipo de temas, hasta con Alice trataba de evadirlos. Pero mi mamá era parecida a Alice; cuando se ponía en plan de sacármelo todo, me lo sacaba. Así que no serviría de nada ocultárselo, pero no se lo contaría por teléfono.
-Está bien mamá, si me pasa algo pero no es nada del otro mundo. Te juro que te lo contare cuando te vea. –Dije para calmar a mi mamá.
-Eso espero hija. Sabes que me puedes decir lo que sea. –Dijo mi mamá con un suspiro.
-Bueno mamá te llamare después, tengo que ir hacer algunas compras. Mándales mis saludos a papá y a los revoltosos y dile que los quiero. Te amo mami y cuida muy bien tu salud, ¿si por favor? –Dije despidiéndome.
-Así lo hare hija. Yo también te amo, y cuídate mucho. Dale mis saludos a Alice. –Dijo y colgó.
La forma de hablar de mi mamá era extraña, aunque ella supiera que me estaba pasando algo nunca insistía en que se lo contara, siempre me dejaba hacer las cosas de la mejor forma que quisiera. No sé que pasaba. Tengo que ver a mi familia pronto, esto no es normal.
Fui a la nevera y tome un poco de jugo, no tenía hambre pero tenía que beberme algo para hidratarme. Me sentía seca. Gracias a Dios el jugo que quedaba era de naranja.
La ropa que llevaba puesta no estaba mal excepto la camiseta, estaba llena de hoyuelos. Fui a mi habitación y me cambie la camiseta y me coloque mis converse.
Antes tenía un amigo fiel que lo llevaba donde quiera que iba y ese es mi IPod, ahora eran dos: Mi IPod y la cadena que me había regalado Edward. Los llevaba siempre conmigo.
Alice y yo reuníamos el dinero, siempre nos compartíamos todo. Pero sinceramente tenía que pensar en buscarme un trabajo, no quiero estar dependiendo de mis padres todo el tiempo, aunque ellos no se quejen.
El supermercado estaba muy cerca de aquí, así que me podía ir a pie, aunque eso siempre tenía consecuencias. Hombres rabo verdes mirándote en la calle era algo bastante incomodo de verdad. Cuando llegue al supermercado fue un alivio, era tan acogedor entrar aquí. Tome un carrito pequeño y entre a mi travesía. Siempre me había gustado comprar los detergentes primero por que me llevaba poco tiempo, después para entrar en lleno con todo lo que tiene que ver con la comida.
Buscar los detergentes fue algo rápido, no me tomo mucho tiempo ya que en la casa todavía quedaba algo de todo eso. Pero en verdad tuve ánimos de venir al supermercado por que a pesar de que no se me daba bien nada de eso de la cocina, los postres si era lo mío.
Tome las verduras y fui a comprar la carne y todo eso, trataba de no comprarlo en muchas porción ya que a Alice no le gustaban mucho.
Cuando fui a buscar las demás cosas que me faltaba me percate de que solo quedaba una funda de azúcar, así que la tome rápidamente para que nadie fuera a cogerla. En ese preciso momento había una señora muy mayor cerca de mí.
-Pensé que había azúcar, al parecer se las llevaron todas. -Dijo hablando como para sí misma lamentando.
Quería esta funda de azúcar, pero no era algo del otro mundo. Podía venir mañana o ir a otro supermercado. Tome la funda de azúcar del carrito y suspire.
-Señora, ¿Usted quiere azúcar verdad? -Pregunte con educación.
-Si, ¿Por que señorita? -Dijo con dulzura como si hablara con una nieta.
-Tenga esta. –Dije y se la pase.
-¿Pero, no es tuya? No te preocupes mi niña, yo puedo comprarla en otro sitio. –Dijo la señora disculpándose.
-No se preocupe usted. Tómela, yo la comprare en otro sitio. –Le suplique.
-Tan joven, bonita y amable. Tienes tan buenas cualidades que se han perdido en las jóvenes hoy en día. –Me eligió.
Sentía mucho apego a las personas mayores. Esto quizás se debía a que nunca conocí a mis abuelos paternos ni maternos. Esta señora era adorable.
- Lleva la vida a ti ritmo, no te precipites. Pasaras por tiempos malos, pero todo será recompensado. – Me decía con una sonrisa mirándome.
-E… gracias, Pero ¿Por qué me dice esto? -Pregunte incrédula.
-Esto es por haberme dejado la azúcar mi niña. Cuídate mucho y gracias. –Se despidió y se marcho a paso lento.
¿¡Por que me había dicho esto!?
Creo que me quede por lo menos 2 minutos en el pasillo parada como una total idiota. ¿De que cosas malas me hablaba?
Cuando di la vuelta para ir al otro pasillo me di un tremendo susto, había alguien sonriéndome y observándome, quien menos pensaría que me iba a encontrar aquí.
Jodie Evenson, la madre de Edward.
Quería pedirle una disculpa por lo que había pasado el otro día en su casa y por mi mala educación al haber salido así sin decir nada. Había tenido una discusión en la casa de unas personas que apenas conocía, esto sí que era vergonzoso. Pero pensaba que por lo menos iba a estar preparada mentalmente para dar la disculpa y haber memorizado bien lo que iba a decir, pero aquí estaba.
-Conozco esa señora que hablo contigo. Se dice que no está bien de la cabeza, pero que siempre dice la verdad. Que no se equivoca. –Explico Jodie con una sonrisa.
-Ho… Hola Señora Evenson. –Salude con timidez.
-¿Qué te dije sobre llamarme así? No estoy tan vieja. –Me regaño amistosamente Jodie.
-Disculpe se… digo, Jodie. Es que es difícil tratar con informalidad a alguien que acabo de conocer. –Dije excusándome.
-Eso es lo de menos. Conocer no es solo saberse el nombre de una persona. Anótalo. –Dijo Guiñándome un ojo. –Al parecer estás haciendo una compra muy grande y te estoy retrasando, pero veo que te esmeraste mucho en esta zona, ¿Algo en especial? –Pregunto con curiosidad.
-Busco los ingredientes para hacer postres. Es uno de mis entretenimientos. –le explique.
-¿Se te dan muy bien? –Pregunto.
-Eso dicen, pero creo que lo hacen por hacerme sentir bien. –Dije.
Jodie se reía a carcajadas cuando le dije esto y yo me uní a sus risas. Al parecer no se sentía resentida por lo que había pasado ayer, era un alivio. Pero a pesar de de todo tenía que pedirle una disculpa, eso no estaría de más.
-Jodie, quería pedirle una disculpa por lo de aquel día. Salí como una loca de su casa y creo que no fue la forma de hacerlo. –Me disculpe.
-Sí estuvo mal, pero sé que tuviste tus razones, todos tenemos razones de por que hacemos las cosas. –Me explico.
-Pero aunque tuviera mis razones, no fue la manera. Por eso discúlpeme. –Dije.
-Solo aceptare tus disculpas con una condición. –Dijo con una sonrisa picara muy parecida a la de Edward.
¿Una condición? ¿Que querría Jodie de mi?
-¿Cuál condición? –Pregunte dudando.
-Que vengas mañana en la tarde a mi casa a hacer postres conmigo. Solo así aceptare tus disculpas, no más. –Dijo muy sonriente.
-¿Está segura de que puedo ir a su casa? –Dije con voz suplicante esperando que diga lo contrario.
-Claro que puedes, soy la dueña de la casa, así que puede entrar quien quiera. –Dijo –Bueno Bella, no te interrumpo más. Te espero mañana, no faltes o sino tus disculpas no valen. Se despidió y apretó mi mejilla con cariño.
La madre de Edward parecía que fue una mujer muy liberal en su juventud, una bohemia. Me trataba como si fuera una amiga suba y no una chiquilla amiga de su hijo. Creo que nos llevaremos muy bien, pero…
¿Por qué querría ella que fuera a su casa a hacer postres? Esto sí que era extraño.
Perdón por mi retraso Pero aquí está el capitulo, espero no defraudarlos/as
¿Qué será lo que está tramando la Madre de Edward, Jodie Evenson invitando a Bella a su casa?
Vamos a ver en el próximo capítulo :D
