II - Tywin
No recordaba haber estado tan nervioso en toda su vida. Después de todo, Tywin, hijo de Tytos, de la casa Lannister, no era el tipo de hombre al que traicionaban sus emociones. Muy pocas veces había permitido que sus sentimientos traspasasen la férrea barrera de su autocontrol, sobre todo aquellos que implicaban risa. Para reírse ya estaba Gerion, su hermano. En Tywin había más hierro que en todo Pyke.
Pero ella bien lo merecía. Por ella, una sonrisa complacida había roto la agria máscara que era siempre su rostro.
Su prometida avanzaba envuelta en un vestido de seda marfil y encaje myriense escarlata, con la melena rubia domada en una larga trenza y los ojos verdes refulgiendo. Todos los presentes podrían haberse apostado una mano a que jamás habían visto una criatura tan bella, y ninguno la habría perdido. Tywin quiso destriparlos. A los caballeros que la desnudaban con la mirada, a la guardia que le sonreía lujuriosamente, al rey que escupía obscenidades sobre una mujer que no le pertenecía.
Y cuando Joanna llegó a su lado y le sonrió con aquella calidez tan suya, Tywin comprendió que era él quien le pertenecía a ella.
Desde entonces y para siempre.
