Nota: Si alguien estaba esperando el tercer capítulo, pido disculpas por el retraso. El cuarto está escrito y me ha surgido un escollo en el quinto... Bueno, ya lo solucionaré. Os recuerdo que podéis dejar vuestra opinión después de leer el capítulo. ¡Adios!
3. Jack
¿Después de seis meses, Sam Carter y él en la misma ciudad, en el mismo edificio, en la misma sala, y apenas habían podido cruzar unas palabras? No podía ser, tenía que hacer algo. De acuerdo que su trabajo era muy importante y que servía para mantener a salvo a millones de personas, pero él también necesitaba estar con las personas que le importaban. Y Sam Carter era una de ellas.
A mitad de reunión había recibido un mensaje urgente del SGC y nada más acabar había tenido que salir pitando para llamar a Hank Laundry. Antes de llegar a la oficina ya tenía un informe preliminar sobre su mesa de lo que estaba pasando, pero él prefería escuchar de primera mano todo lo que pasaba en la montaña Cheyenne. Tenía especial debilidad por aquella base y todos los que estaban allí después de haberse dejado la piel en el SGC durante ocho años. De hecho, la familiaridad que encontraba allí no la encontraba en ningún otro sitio y cuando la visitaba se sentía como en casa. Ese imprevisto había hecho que no hubiera podido despedirse de Carter y por la cara de sorpresa que puso, supo que no se lo habría tomado muy bien. La verdad, él tampoco lo hubiera hecho. No le extrañaría nada que se hubiera sentido dolida con él. La conocía lo suficiente como para saber que era así, sin tener que preguntárselo personalmente, y él no podía consentir ese malentendido entre ellos. Había sido muy torpe por permitir que eso pasara. ¿Qué le hubiera costado acercarse a ella y darle una pequeña explicación de por qué tenía que irse a toda prisa? De hecho, sabía perfectamente por qué no lo había hecho. Por la misma razón por la que no lo hacía en el SGC: para no perjudicar su carrera. En la sala de reuniones, delante de los demás, hablar con ella de forma demasiado distendida hubiera dado lugar a comentarios que no le convenían. Hubieran empezado a circular rumores de que cuando servían juntos eran más que amigos y que por eso ascendió tan rápido estando bajo su mando. Eso era algo que él no estaba dispuesto a consentir. Si Sam Carter había llegado a donde estaba era por méritos propios y cualquiera en el SGC lo sabía, pero quién no hubiera servido con ellos podía levantar una calumnia que la podía perjudicar mucho.
Estaba convencido que Sam se había molestado con él. Lo único que le quedaba ahora era intentar arreglar las cosas antes de que ella volviera a Nevada y les volvieran a separar miles de kilómetros otra vez. Si quería tener alguna posibilidad de tener un futuro junto a ella, o al menos retomar su amistad, no podía dejar las cosas como estaban. No era momento de lamentaciones. Cogió el teléfono móvil y buscó el número de Sam. Lo mejor que podía hacer en ese momento era hablar con ella y explicarle lo que había pasado. Le dió al botón de llamada y esperó a que contestara. Sonaron varios tonos pero al final saltó el contestador. Lo volvió a probar. Lo mismo. Una vez más. Igual. Era evidente que estaba muy enfadada con él, hasta el punto de no cogerle el teléfono.
Había sido un idiota, si al menos le hubiera pedido a Fredericks que le explicara la situación a Carter antes de salir de...
¡Fredericks!
La solución se le ocurrió de repente. ¿Cómo no lo había pensado antes? Todavía le quedaba una posibilidad. Si escribía una nota y enviaba al Mayor a entregársela, ella no se negaría a cogerla. Además, seguro que su curiosidad natural haría que la leyera. Esa era su salvación. Una nota con las palabras bien elegidas y a su eficiente Fredericks encontrando a Sam antes de que saliera del edificio del Pentágono. Si llegaba al hotel, difícilmente conseguiría enviarle un mensaje o hablar con ella. Además, tampoco quería que se enteraran en el hotel que le enviaba "notitas". Era un lugar habitual de alojamiento de personal militar de paso por Washington. Eso tampoco sería muy bueno para la reputación de Carter. Sería tan malo como lo que había intentado evitar creando todo este enorme malentendido entre los dos.
Se paró un momento a pensar en lo que debía escribir. No podía ser algo muy largo, porque igual Sam dejaba de leer a la segunda línea. Cuando se enfadaba era bastante cabezota, así que debía escribir algo que fuera corto y directo. Ella sabría leer entrelíneas, la conocía bien. Si tuviera a Daniel más cerca, le pediría que le echara una mano con Carter, como en otras ocasiones. Sin embargo, ahora estaba solo y si no espabilaba, Sam cogería un avión por la mañana y difícilmente podría volver a tener ningún tipo de relación con ella que no fuera la estrictamente profesional. Eso era algo que no estaba dispuesto a consentir y menos por su culpa. Sería algo de lo que se arrepentiría toda su vida.
Cogió un papel y un bolígrafo y, después de pararse a pensar un momento, escribió lo que quería decirle. O eso pensaba. Lo leyó, arrugó el papel y lo lanzó a la papelera. No era tan fácil. Así lo hizo unas cuantas veces, hasta que por fin, satisfecho, le echó una última mirada a lo que acababa de escribir. Eso sí era lo quería decirle. Miró el reloj y, preocupado, se dió cuenta de que había tardado mucho en escribir la nota y que Carter podía haber abandonado ya el edificio.
- ¡Fredericks!
El Mayor entró en su despacho rápidamente.
- Entréguele esto a la Coronel Carter - dijo alargándole un papel doblado - y rápido. No me importa lo que haga, pero tiene que llegarle antes de que salga del edificio - dijo enérgicamente.
Fredericks lo miró sorprendido.
- ¡Corra! - dijo O'Neill haciéndole un ademán con la mano. El Mayor se dió la vuelta y salió sin perder tiempo.
