V - Gerion

Iba en busca de Rugido, la espada ancestral de su familia. Con un poco de suerte encontraría algunos tesoros más. Mientras sus tres hermanos jugaban al poder, él jugaba a la aventura. Roca Casterly, Antigua, Lanza del Sol, Lys, Volantis.

Y Valyria.

Meses de viaje, un brote de colerina, la deserción de sus marinos y la compra de varios esclavos. El precio había sido alto, pero allí estaba, siendo testigo de lo imposible. Piedra vieja a su alrededor, torres afiladas semiderruidas, restos de palacios y fuentes, jardines y parques carbonizados. Y entre las ruinas esplendorosas, unas fauces tan oscuras como un abismo y un par de ojos brillantes que se clavaron sobre él.

Le pareció que contemplaba el rostro de la muerte.

Los gritos aterrorizados de los esclavos que huían colina abajo lo sumieron en una ensoñación. Pudo oír con claridad el sonido metálico del acero de su mandoble contra la roca brillante del camino, y el rugido que siguió, uno diferente al que buscaba. Lo último que vio Gerion antes de morir fue el rostro de su pequeña Gloria, risueña y testaruda como su padre, una leona en miniatura. Rio como un loco.

Y entonces, el fuego lo consumió.