Este iba a ser el último capítulo, pero después de pensármelo un tiempo, el final que había escrito no me convencía. Recordar que podéis dejar comentarios. Review!
5. Jack y Sam
Jack O'Neill estaba sentado en su mesa, cuando entró Fredericks y le devolvió la nota que le había entregado diez minutos antes. La cogió aparentando tranquilidad, pero en cuanto su ayudante salió por la puerta, le faltó tiempo para abrirla y leer la respuesta:
"¿Qué le hace pensar que quiero verlo? Carter"
Jack se quedó petrificado, no esperaba esa respuesta. Pensaba que aceptaría la disculpa implícita que había escrito y que sabía que ella interpretaría como tal. Estaba enfadada, pero el que hubiera respondido con otra nota significaba que no rechazaba de plano su propuesta y que le daba una nueva oportunidad. ¿Por qué tenían que ser tan complicadas las mujeres? ¿No le bastaba con la disculpa que le había enviado? Claro que, en realidad, no se podía considerar que se había disculpado formalmente. Eso debería hacerlo en cuanto tuviera la ocasión de hablar con ella. Sabía que lo entendería en cuanto le explicara las razones por las que se había ido de esa forma.
Se pasó la mano por el pelo, volvió a leer la nota y supo qué tenía que hacer. Pero antes tenía que asegurarse de una cosa.
- ¡Fredericks! - llamó.
- ¿Señor? - dijo Fredericks abriendo la puerta de su despacho.
- Entre y cierre la puerta - le indicó O'Neill.
- Sí, señor - respondió obedeciendo el Mayor.
Jack lo miró un momento antes de preguntar.
- Cuando le dió la nota a la Coronel Carter, ¿estaba enfadada? - le preguntó Jack
- Eso me pareció, señor. Me dirigió una mirada que hubiera congelado el infierno.
- ¿Y cuando se la devolvió?
- Estaba mucho más relajada, señor, nada que ver con la primera mirada que me echó.
O'Neill no pudo evitar esbozar una sonrisa ante la franqueza de su ayudante. La verdad era que la frescura y sinceridad del joven Mayor era una de las pocas cosas que apreciaba de su nuevo destino en Washington. Fredericks era un buen ayudante, despierto, discreto, y a pesar del poco tiempo que llevaban juntos, ya le había demostrado en un par de ocasiones su lealtad. Sabía cuando y lo que tenía que callar. Podía confiar en él y eso en Washington ya era mucho. Por eso había puesto en sus manos la delicada tarea de encontrar a Carter y darle la nota, porque sabía que no iba a ir por ahí explicándolo.
- Señor, si me permite... - titubeó Fredericks. O'Neill lo miró atentamente, arqueando las cejas. - Cuando le di la nota a la Coronel, me pareció que tenía los ojos enrojecidos, como si hubiera estado llorando...
Jack desvió la vista y se movió incómodo en su sillón. No le gustaba nada lo que acababa de oír. Aunque sin quererlo, su actitud la había herido. No le extrañaba que Sam se hubiera enfadado tanto con él. No le extrañaba en absoluto la respuesta que le había dado. Debía arreglar las cosas cuanto antes y, después de enviarle la nota, sabía que no rechazaría una llamada suya. No debía perder el tiempo.
- ¿Le costó encontrarla, Mayor?
- No señor, estaba bastante cerca, en 1E1834.
- Eso es todo, Fredericks, puede irse - le dijo haciendo un ademán con la mano. El Mayor se dió media vuelta y se dirigió a la puerta, pero cuando estaba a punto de abrirla, O'Neill añadió: - ah, y puede irse a casa. No le voy a necesitar por hoy.
- Sí, señor. Gracias, señor. - Le respondió alegre Fredericks.
Jack esperó a que el Mayor saliera de su despacho para coger su teléfono otra vez. Solo tenía que apretar el botón de rellamada. Respiró hondo y lo hizo.
- Carter - le respondió en el tono profesional que conocía tan bien y que nunca usaba con él. O'Neill se dió cuenta de que no pensaba ponérselo fácil. No le importaba, tenía claro que no podía dejar las cosas como estaban.
- Carter, yo... le debo una explicación – dijo apesadumbrado. Después de una pausa que le pareció interminable, volvió a oír la voz de Sam.
- Le escucho... señor - dijo Sam continuando con su frío tono profesional. A O'Neill no se le escapó el tono de enfado de la última palabra.
- Mire... si me fui tan rápido, sin ni siquiera despedirme, fue por una emergencia. Ya sabe como se pueden poner las cosas en un segundo en el SGC. No tuvo nada que ver con usted, de verdad. A mitad de su presentación recibí un mensaje pero no quise interrumpirla, así que en cuanto terminó salí pitando hacia mi despacho.- Y dijo sin pensárselo dos veces - Si de mi hubiera dependido, me hubiera quedado charlando con usted el resto de la tarde. Tenemos que hablar.
Sam se quedó un momento sin saber que decir. Le había sorprendido su franqueza. Además, ahora se daba cuenta de que su reacción había sido exagerada y que él tenía razones de sobra para irse cómo se fue, de que no tenía nada que ver con ella. Se estaba empezando a sentir mal por haberlo juzgado tan rápido. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? ¿Cómo había podido dudar de él? Todo el mundo decía que era un genio, pero cuando se trataba de asuntos personales su torpeza podía compararse con la de un pingüino fuera del agua.
- ¿Carter? - Jack temía que el haber reconocido sus deseos de pasar la tarde con ella la hubieran incomodado. Y añadió rápidamente - Si la he molestado de alguna forma...
- Soy yo la que debería disculparse, señor. - Jack pudo notar el pesar de su voz - No debí pensar...
- No, no, no, Carter. Todo este malentendido ha sido culpa mía. No sé, igual le podía haber dicho a Fredericks que le dijera por qué no me podía quedar... Tampoco era tan difícil – De repente, Jack tuvo una idea. Se puso su gorra, cogió su abrigo y su cartera y salió de su despacho tan sigilosamente como pudo sin soltar el teléfono. Tenía que hacerla hablar como fuera. - Seis meses son muchos sin vernos y hablar.
- Señor, tanto como sin hablar...
- ¿Se refiere a los mails y a los informes que me llegan de su departamento firmados por usted? - Jack sabía lo que iba a responderle Sam. Estaba ya cogiendo el ascensor.
- No señor, hemos hablado alguna vez ¿Recuerda la vez que me llamó a las 2 de la mañana para preguntarme por uno de esos informes de los que habla? - ¡Bingo! pensó Jack, sabía que no se resistiría a recordárselo.
- Ya le dije que había olvidado la diferencia horaria. Además, usted suele quedarse hasta tarde en el laboratorio así que asumí que estaría trabajando. Me extrañó que tardaran tanto en transferir la llamada, no se me ocurrió que la estarían llamando a casa.- Y añadió fingiendo sentirse herido - ¿Me lo va a estar recordando siempre? Porque en su siguiente informe me llegó una nota escrita en el margen con la diferencia horaria entre Washington D.C. y Nevada – Apretó el botón del ascensor para bajar al primer piso. - ¿Fue usted, verdad?
- Solo era una nota informativa, señor. Quería que tuviera todos los detalles– dijo Sam sonriendo. Entonces se dio cuenta de que había un sonido de fondo en su conversación, parecía que estuviera dentro de... – Señor, ¿está en un ascensor?
Jack tragó saliva, por suerte había pensado en una excusa convincente para cuando ella se diera cuenta de que no estaba en su despacho. Esperaba que le diera el tiempo suficiente antes de que empezara a sospechar.
- Voy camino de una reunión – dijo intentando ser convincente.
- ¿Otra? No envidio su agenda, señor. Espero que no le lleve mucho tiempo.
- Eso depende – en aquel momento se abrieron la puertas del ascensor.
- ¿Depende de qué, señor? - Sam estaba tan concentrada hablando por teléfono que no se dio cuenta de que alguien se acercaba - ¿Señor? - El General no contestó, parecía que hubiera colgado. Sam miró el móvil sin entender que había pasado. Entonces oyó una voz a su lado.
- Depende de lo que tardemos en comernos un trozo de tarta ¿Le apetece?
Sam se giró y, con el teléfono todavía en la mano, lo miró sorprendida. Jack no pudo evitar sonreír, había conseguido dejarla sin palabras. Vió como se recuperaba rápidamente y le devolvía la sonrisa, lo que auguraba una respuesta muy, muy positiva.
- Encantada, señor, la verdad es que me estoy muriendo de hambre – dijo mirándolo de arriba a abajo. ¿Cómo iba a decirle que no a un hombre que le quedaba tan bien el uniforme? Además, con los nervios no había comido mucho y un trozo de tarta no le vendría mal hasta que volviera al hotel para cenar.
- Excelente ¿Vamos? - dijo O'Neill alegremente.
