Capítulo 8: Jack

Jack O'Neill estaba en la cocina de su casa preguntándose si no había sido demasiado osado trayendo a Sam Carter allí sin decirle nada. Estaba sacando la tarta de la nevera y le parecía que estaba tardando mucho en recorrer el camino que iba de la puerta a la cocina. ¿Se habría dado media vuelta y estaría hablando con su chófer para que la llevara de nuevo al Pentágono? No le había parecido verla enfadada, aunque sí sorprendida cuando bajaron del coche, y no le había dado tiempo de quejarse ya que había entrado rápidamente en casa sin mirar atrás. Había oído cerrarse la puerta de la calle, pero... ¿la habían cerrado por dentro o por fuera? De todas formas, no era la primera vez que entraba en su casa. Bueno, en su casa de Washington sí que era la primera vez.

Eso ahora no importaba, lo que sí le inquietaba era el rato que estaba tardando en aparecer por la puerta de la cocina. Jack decidió ir a buscarla. No le hacía mucha gracia que Sam Carter anduviera por su casa, no se iba a llevar una impresión muy favorable. Pasaba más tiempo en su oficina que en casa y eso hacía que todavía tuviera cajas por abrir y que las habitaciones no estuvieran adecuadamente amuebladas. Sabía que el efecto que producía no era bueno, pero intentaba dedicarle todo el tiempo que le dejaban sus obligaciones, que era bastante poco. No estaba dispuesto a contratar a un decorador, como le había sugerido Daniel, si no que se había dado un plazo de tiempo para solucionarlo. No quería a extraños en casa. Salió al pasillo y llegó en seguida a su poco acogedor salón.

Allí la encontró, de espaldas, mirando una de las fotos que había conseguido colocar en la repisa de la chimenea un día que pudo salir puntual de su despacho. En cuanto la vio, se arrepintió de haber tenido tiempo para hacerlo, a pesar de que necesitaba tenerlas allí, porque era lo único que le daba sensación de hogar a aquella casa vacía. Sam tenía un pañuelo en la mano y estaba a punto de secarse las lágrimas que le corrían por las mejillas. No lo pensó ni un instante. Se acercó rápidamente y la rodeó con sus brazos. No podía explicar cómo, pero sabía que era lo que ella necesitaba en ese momento. Dejó que se fuera calmando, que se tomara su tiempo, sin prisas. Se sentía culpable por haber dejado que viera las fotos. Después de su conversación en el coche, había podido ver que se sentía sola en su nuevo destino sin sus amigos, al igual que él. Aunque él lo podía llevar mejor porque no había perdido a su mejor amigo, a su padre y había roto ningún compromiso a pocos días de su boda. Y todo eso mientras salvaba al mundo. Otra vez. Sin duda había sido un año muy duro para ella y el traslado debía de haber sido la puntilla. Había sido muy torpe al dejarla sola y permitir que reviviera todo de nuevo con las fotos.

Notó como Sam comenzaba a relajarse y dejaba de llorar. Al separarse de ella, la vio tan abatida que decidió levantarle el ánimo.

- Ya sé que está un poco desangelado, pero no pensé que fuera para echarse a llorar... - dijo.

Sam sonrió tímidamente. Jack se sintió aliviado al verla mejor, pero su preocupación todavía seguía ahí.

- ¿Mejor? - Le preguntó. Sam asintió. - Si quiere, hay un lavabo en el pasillo. Yo la estaré esperando en la cocina, un poco más allá.

- Gracias, señor, me irá bien refrescarme un poco – Jack vio que Sam iba recuperando el aplomo poco a poco, cosa que le hizo sentirse mejor.

Se dirigió a la cocina para acabar de poner la mesa, aunque para poner un par platos, unos cubiertos, servilletas y un par de vasos solo necesitó un minuto. Mientras la esperaba, se quedó mirando por la ventana y empezó a pensar en ella. No podía negar que estaba preocupado. Las reacciones de hoy, hasta cierto punto lógicas, le parecía que tenían un motivo más profundo. Algo le pasaba a Carter. Desde que entró en la sala de reuniones y la vio nerviosa, se dio cuenta de que algo no marchaba bien. Como su superior, en el plano profesional no podía reprocharle nada, la presentación había sido excelente, como siempre. Como amigo o como algo más, se sentía inquieto por ella. Sam era una persona emotiva y sensible, y normalmente solía tener sus emociones bajo control, algo que había demostrado muchas veces mientras servían juntos en el SGC. Sin embargo, hoy era todo lo contrario: a la mínima se derrumbaba. ¿Había pasado algo más en esos seis meses que no se habían visto? Ahora se arrepentía de no haber dado el primer paso y haber sacado tiempo para llamarla y haber hablado con ella tranquilamente. Claro, que él también había pasado por lo suyo, aquí en Washington. Solo había tenido tiempo para el trabajo, ir a reuniones y estudiar informes. De hecho, no tenía más que darse una vuelta por su casa para darse cuenta de que su vida personal había sido un desastre y que incluso, cuando vino Daniel a visitarlo, prácticamente no pudo ni verlo. A pesar del poco tiempo que pasaron juntos, su amigo le dejó entrever que lo veía un poco nervioso e irritable y le recomendó más descanso y que saliera un poco más de Washington. Incluso mencionó algo de que le iría bien visitar Nevada. Como siempre, Jack le había dicho que no se metiera donde no lo llamaban. Sin embargo, seguía dándole vueltas a lo que había dicho su amigo. ¿Qué había querido decir Daniel? Antes de visitarlo a él se había pasado a ver a Sam. ¿Los veía a los dos igual? ¿Le costaba mantener sus emociones a raya como a ella? ¿Qué les estaba pasando? Hablando con Sam, se había dado cuenta de que se sentía sola y aislada en su nuevo destino. Lo mismo que le pasaba a él. ¿Había querido decir Daniel que se necesitaban el uno al otro? ¿Tan claro se veía que estaba enamorado de ella? ¿Y ella de él? Daniel tenía la mala costumbre de tener razón y él no estaba dispuesto a admitirlo abiertamente delante de su amigo. Sin embargo, cuanto más lo pensaba más convencido estaba de que esa era la causa de su inquietud en Washington. El no tenerla a su lado, o al menos, el no sentirla próxima a él, era algo que le entristecía y lo hacía más difícil de tratar. Se había dado cuenta de que perdía los nervios con más facilidad, que le costaba controlarse en ocasiones. Le faltaba un equilibrio que antes sí tenía. ¿Era lo mismo que le pasaba a Sam?

Definitivamente, tenían que hablar y aclarar las cosas entre ellos.