Es curioso que este capítulo lo haya escrito mientras escuchaba Into Dust, un tema de Mazzy Star que me parece muy dulce. Es evidente que este crío de dulce no tiene nada. Por supuesto, no me cae bien, pero creo que en el fondo, a pesar de ese punto de cruel locura que tiene, siento algo de lástima por él. Los padres que le tocaron tampoco ayudan mucho.


XI - Joffrey

Robert, de la casa Baratheon, el primero de su nombre, rey de los Ándalos y los Rhoynar y los Primeros Hombres, Señor de los Siete Reinos y Protector del Reino, exhaló su último suspiro.

En aquel lecho de sangre Joffrey había contemplado cómo se le escapaba la vida a través de la horrible herida con la que había vuelto de su jornada de caza. El maestre Pycelle había hecho cuanto había podido por él y había tapado la herida con vendas, pero el hedor que desprendía era tan vívido que ver directamente la carnicería que el jabalí había hecho no le hubiese resultado más traumático.

Robert lo había llamado a su lado. Con una expresión que el muchacho no supo definir le había pedido perdón por no haber pasado suficiente tiempo con él, por no haberle enseñado a ser un hombre. Para Joffrey había sido devastador, pero más lo había sido que su propio padre lo echara sin contemplaciones de la habitación para poder quedarse a solas con aquella sabandija norteña que era Eddard Stark.

Aquel día, Joffrey decidió que aquello del amor y el cariño no era para él. Y todos se iban a enterar. Oh sí. Se enterarían.