CAPITULO 8

Kili ya no estaba muy seguro de nada, sólo de que ver a Itariel compensaba todas las demás cosas malas que habían sucedido. No podía dejarse de preocupar por su hermano pero tampoco podía negar que ver su hermoso rostro lo tranquilizaba, lo transportaba a los tiempos felices que compartieron cuando él no era más que un niño y ella, pues básicamente era la misma. Cuando se conocieron ella parecía no darse cuenta de su presencia, siempre preocupada por otro tipo de cosas, pero años después ella le había confesado que sabía que estaba enamorada de él desde antes de conocerlo. Porque había estado esperando por él, evitando cualquier tipo de compromiso para que cuando lo tuviera frente a ella, supiera perfectamente que su corazón latería sólo por él.

Pero lo dejó, porque no tenía otra opción, no regresó y él sabía que eso sucedería. La última vez que la vio tenía un mal presentimiento, hubiera querido ir con ella pero no hubiera sido bien recibido en Mirkwood, siendo quien era; en ese momento no era una buena idea. Casi 20 años sin verla y nada había cambiado en sus sentimientos ni nunca lo haría, de eso no dudaría pero dolía no estar a su lado, dolía ahora y había dolido tanto tiempo que creyó que no sobreviviría sin ella. Pero lo hizo, por la esperanza de verla de nuevo, por el deseo de poder cumplir su promesa de estar siempre con ella.

Aunque ahora todo estaba de cabeza, los orcos habían llegado tan solo unos días después de la partida de su tío y los habían tomado por sorpresa, pensaron que podrían hacerles frente sin dificultades pero parecía que tenían en mente algo concreto. Ese algo había sido capturar a uno de los dos príncipes, sin embargo esto no lo sabían con seguridad, aunque Itariel no dudaba de ello. Desde que Amariel le había contado que había sido atacada en La Comarca ella creía que había alguna razón oscura y retorcida para ello; era demasiada coincidencia como para ignorarlo. La elfa estaba preocupada, tanto por Amariel como por Kili, no podía descuidar a ninguno de los dos. Sin embargo la presencia de Hazad la tranquilizaba ligeramente, de nuevo se encontraba con el hombre y se enteraba que por años había cuidado de la chica siendo prácticamente su figura paterna. Aquello la hizo sonreír, era una ironía, pero no tenía tiempo para pensar en eso; lo importante en ese momento era que en caso de necesidad podía confiar en el humano y en su hijo. Y en la misma Amariel, no era ya una niña y no la podía tratar como tal.

Hazad había conseguido que los humanos se unieran a su búsqueda, las ciudades de humanos y enanos eran vecinas y habían sido por muchos años ciudades amigas que cooperaban en todo lo que se necesitara; primero bajo el gobierno de Hazad y después de su hijo mayor, Eldazôr. Con la ayuda de los hombres, los dúnedain y los enanos, habían formado un grupo grande que podía enfrentarse fácilmente a los orcos.

Aun así, en las cercanías de Nogrod, les pidió a Kili y Amariel, quedarse en terreno alto, cubriendo a los dúnedain, siendo que ambos habían aprendido a disparar con la elfa, confiaba en que fueran capaces de abatir cualquier cosa. Estando juntos, a la expectativa, viendo como le elfa se perdía entre los árboles, ambos tuvieron tiempo para una rápida inspección. Para ella, estar finalmente junto al enano era preocupante, sabía que la tendría que reconocer, que no se podría esconder como lo había hecho con Dís. Amariel sabía que era la viva imagen de su madre, que su rostro tan sólo era diferente porque tenía los ojos azul oscuro como los de su padre y que alguien que los conociera a ambos no tendría duda sobre quién era ella. Kili, por su parte, quien había vivido años con la madre de Amariel hasta llegar a convertirse en familia, le bastaba con saber que ella existía y que estaba bien y que era tan hermosa, si no es que más, como el amor de la vida de su tío. Lo único es que era bastante más bajita que su madre y eso le daba un poco de gracia.

-No puedes negar tu sangre Khazád –dijo Kili en un susurro. Amariel le dieron ganas de reír o de golpear al enano con su arco. De verdad, toda su vida enfrentada a algo que parecía tan evidente.

-No, al parecer no puedo –dijo ella y al voltear se encontró la sonrisa inmensa del enano y de repente se olvidó del mal humor que le causaban los comentarios sobre su estatura.

-Si no la hubiera conocido toda la vida, diría que nació con barba –añadió Haleth que se había unido a ellos, preparando su arco. Kili se permitió una pequeña risa que sin quererlo hizo reír a los otros dos. Amariel se maravilló, ahora entendía, este enano, su primo después de todo, podía aligerar cualquier situación y sería capaz de pasar sobre cualquier prejuicio. Por eso era el amor de Itariel, por el que había rechazado a todos los demás.

Esperaron lo que a Amariel le pareció demasiado tiempo, la pierna se le estaba entumiendo un poco y estaba cansada de estar agachada. Además, tenía un presentimiento, sobre dónde encontrar al enano, aunque no le quedaba muy claro porqué se sentía así. En lo único en que podía pensar era en Itariel y su respuesta sobre seguir su corazón. Sabía dónde encontrar a Fili, lo sabía.

-Síganme –les dijo y antes de que alguno pudiera protestar, ya se había lanzado colina abajo con dirección a una serie de inmensas piedras derrumbadas, lo que en algún tiempo había sido una serie de columnas exteriores. Subió con habilidad por las piedras y se dejó caer del otro lado. Tanto a Haleth como a Kili les dio un vuelco el corazón, puesto que no estaba del otro lado, había quedado dentro de una especie de pasadizo que se había formado con las columnas caídas.

-¡Amariel! –gritó Haleth con cierto tono de desesperación. No le hacía ninguna gracia, de por si la chica ya tenía una herida que parecía que le duraría toda la vida y ahora se lanzaba como una verdadera inconsciente a un lugar que no conocía y no tenía idea de si era peligroso. Kili ya estaba subiendo por las piedras así que Haleth no se quedó atrás, ambos bajaron a la oscuridad puesto que las copas de los árboles por arriba estaban tan juntas que dejaban pasar poca luz.

Avanzaron lo más rápido que pudieron debido a lo estrecho del camino y con cada paso que daban su preocupación aumentaba. Para ser una chica con la pierna recién sanada, caminaba bastante aprisa. Haleth maldecía, no podía creer que la había perdido en tan poco tiempo. Kili, por el otro lado, pensaba que era bastante raro que ella encontrara la manera de entrar a las ruinas, cuando ellos no lo habían hecho años antes cuando escaparon de casa para evitar que Itariel se llevara a la madre de Amariel.

Frente a ellos de repente aparecieron un grupo numeroso de orcos, aquel lugar no era adecuado para flechas, así que sacaron las espadas y se prepararon. De verdad preferían no enfrentarlos pero podría ser imposible de evitar. Haleth no tenía idea de qué tipo de guerrero era el enano, sabía pocas cosas de los sobrinos de Thorin, aquello que su padre le había dicho alguna vez, no era un tema que le gustara tocar. Así que no le quedaba más que confiar, que el enano fuera capaz de defenderse. Lo que Kili pensaba era cómo había logrado pasar la chica sin que la vieran. Porque inmediatamente los vieron y los orcos se lanzaron chillando hacía ellos con las espadas melladas. Haleth era sumamente rápido, sabía cortar brazos y destajar abdómenes sin pestañear. Entre ambos lograron deshacerse de todos, aunque no eran muchos, debían estar preparados, tal vez encontraran más.

Amariel, al ver a los orcos, sintió nauseas, de nuevo podía entender lo que decían pero eso era desagradable para a ella; pero se forzó a aguantar, trepó de nuevo por la pared y pasó por sobre sus cabezas en aquel túnel estrecho. Las voces de los orcos hablaban de un prisionero así que al pasar al grupo que tapaba el camino se apresuró a buscarlo, no podía ser demasiado difícil, era lo que creía; aunque casi inmediatamente sintió que perdió la orientación. Pero no tenía miedo, caminaba perfectamente consciente de los ruidos a su alrededor y escuchó cuando sus primos se enfrentaron a los orcos, había sido un escándalo que atraería a más orcos seguramente, debía alejarse, debía encontrarlo. La pierna la estaba haciendo cojear, era desesperante, pero tenía que sobreponerse a la limitación y avanzar rápido y eficientemente. La última parte del túnel tenía a dos orcos bastante grandes custodiando el paso, no tenía casi ninguna oportunidad en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo por lo que les lanzó los cuchillos, dos preciosas hojas élficas que le habían regalado muchos años atrás. Los hirió en el cuello y los remató con la espada, simplemente para que dejaran de hacer ruido, necesitaba hacer aquello lo más silenciosamente posible. Lo tenían aventado en un rinción, una herida en la cabeza había estado sangrando profusamente y se veía otra mancha de sangre cerca del hombro derecho. Estaba inconsciente. Amariel se preguntó cómo lo iba a sacar de ahí pero justo cuando evaluaba sus posibilidades, se acercó a su rostro para revisar la herida de la cabeza. Entonces todo cambió, aunque ella no se dio cuenta hasta tiempo después. La imagen de su rostro se quedó grabada en sus recuerdos, el calor de su piel fue recordado por sus dedos, la sensación de su presencia la aprendió su cuerpo entero. Pero la siempre coherente Amariel no prestó atención y siguió considerando si era factible que lo sacara cargando.

Justo en el momento que había decidido que podría hacerlo aparecieron Haleth y Kili y fue obvio que el que debía cargar al enano inconsciente era el humano. Hicieron el camino de regreso bastante rápido, Kili parecía no tener problemas para orientarse entre las ruinas y las piedras derruidas. Cuando llegaron al pasadizo por dónde entraron fue complicado pasar con el enano a cuestas y Amariel tuvo que proteger la cabeza de Fili varias veces para evitar que simplemente acabara embarrada en la piedra. Para trepar de vuelta, Amariel amarró al enano al cuerpo de Haleth con la cuerda que este siempre cargaba, aunque siempre fuera objeto de burlas sobre la utilidad de la misma; de esta manera lo pudieron sacar, aunque al llegar arriba se dieron cuenta de que había orcos corriendo por todos lados, ante el ataque de las fuerzas combinadas de humanos y enanos. Sacaron los arcos y las flechas comenzaron a volar, siendo el más atinado Kili, lo cual hizo que Haleth simplemente dijera que el peso extra lo hacía fallar. Amariel siempre pensaba durante demasiado tiempo la flecha que iba a disparar pero cuando la dejaba ir esta daba en el blanco que ella quería. Entre los tres se acabaron todas las flechas que tenían pero para cuando eso sucedió sólo unos cuantos orcos quedaban en pie y estaban siendo diezmados por los enanos. Itariel los vio arriba de las piedras y tuvo que suprimir un grito de sorpresa. Kili bajó a toda prisa y fue a abrazarla, ambos sintiendo tranquilidad de que el otro estaba a salvo. Antes de que Haleth pudiera bajar, Fili comenzó a moverse y quejarse. Instintivamente Amariel puso su mano en su mejilla y la acarició con su pulgar, el enano se tranquilizó. Ella de nuevo falló para darse cuenta de que aquel gesto no era tan inocente, que su mano se quedó demasiado tiempo en el rosto del enano y que cualquiera que lo viera podría pensar en lo amorosa de la acción.

El camino de vuelta lo hicieron lo más rápido posible pero aun sin descansar se tenían que invertir por lo menos dos jornadas, en todo este Fili no despertó. Kili no podía verbalizar su preocupación pero las miradas que le dedicaba a su hermano estaban cargadas de miedo. Itariel y Hazad habían atendido lo mejor posible la herida de la cabeza pero parecía que había algo de infección y durante la noche comenzó a tener fiebre, lo cual confirmó esa posibilidad. Dís los recibió feliz cuando vio bajar a Kili de caballo de Itariel, de repente los años que vivieron juntos regresaban a ella y comprendió la media vida que había llevado su hijo al estar alejado de la elfa. Pero cuando Fili yacía en su cama en medio de una fiebre que no lograban controlar, la alegría de Dís se esfumó. Lo atendieron día y noche pero nada parecía lograr que la fiebre bajara, la princesa enana se había quedado dormida junto a su hijo presa de un cansancio tremendo. Amariel la encontró así y sintió mucha pena, ver así a su tía, de la que se había estado escondiendo desde que regresaron a la ciudad subterránea. Pero sus pensamiento iban hacía Fili una y otra vez, por más que tratara de negarlos, se encontraba recordando su rostro y la sensación de su cara en la palma de su mano. El agua del pozo exterior estaba sumamente fría por lo que mojó uno de los muchos paños que había tomado de la cocina de Dís y se dedicó a refrescar la cabeza del enano, cambiando el paño cada vez que perdía la frescura. Una y otra vez la misma acción y recordó la manera en que Bilbo lo había hecho con ella, cuando estuvo también herida y a punto de sucumbir por la infección.

Amariel se detuvo más veces de las que pudo contar, la primera vez pareció un impulso pero poco a poco se dio cuenta de que no lo era, de que realmente quería hacerlo. Así que la última vez no se detuvo y unió sus labios con los del enano y dejo que las imágenes fluyeran. Un camino, su madre, su padre, Erebor y el dragón fueron lo primero que vio. Después fue todo Fili, sonrisas y miradas amorosas y después sangre, heridas y dolor. Tuvo miedo pero en vez de separarse de él, sus manos se encontraron al lado de su rostro, acunándolo. Abrió los ojos y se encontró con los ojos del enano, que la miraban tranquila y serenamente, como se mira algo que no es real, algo parte de un sueño. Fili cerró los ojos casi al instante y Amariel se tomó unos minutos para tranquilizar su respiración. Tocó su frente con los dedos y la sintió fresca, que maravillosa sensación de alivio, pensó.

Dís había despertado y sin mover un músculo y apenas entreabriendo los ojos, fue testigo de todo eso. Esa chica era hija de Thorin, no debía ni siquiera preguntarle para saberlo, era obvio. Y esa chica parecía enamorada de su hijo. Aquello no podía acabar bien. Dís se sintió realmente muy triste.

-Ni una palabra de esto a tu hermano –dijo Itariel a Dís cuando los dúnedain se preparaban para partir.

-Él debería saber… -intentó debatir Dís pero la mirada de la elfa la hizo callar.

-Él no tiene derecho a saber nada, el no quiso saber nada y simplemente se olvidó de ella –dijo tajantemente la elfa. Pero Dís sabía que no era la verdad, durante años Thorin se había debatido internamente entre su orgullo y la necesidad de estar de nuevo con la mujer que era su reina, su esposa, su más grande amor. Era, porque estaba seguro de que estaba muerta y de que él había causado su muerte; después de tantos años se tuvo que convencer de eso.

-Pero Amariel tiene derecho a… -intentó de nuevo Dís.

-No debí traerla, fue un error –dijo la elfa y dirigió su mirada hacia la chica que estaba siendo ayudada por Haleth a subir al caballo, la pierna estaba siendo de nuevo un problema y la humedad de la mañana no ayudaba en nada.

Se despidieron e Itariel la miró partir, de regreso a La Comarca. Ella se quedaría un tiempo, mientras se aseguraba de que Fili estuviera bien y que Kili podría soportar una nueve separación. Aunque no estaba muy segura de que ella podría soportar una nueva separación.

Bilbo dejó de contar los días, no lo soportaba, fueron demasiados. Se acostaba tarde, permanecía junto a la ventana, mirando el camino, esperando. Se despertada demasiado temprano y corría a la entrada de su casa, esperando ver algún indicio de que ella hubiera vuelto, sus botas de montar, su capa, algo. Día tras día se sentía decepcionado y preocupado. Una noche, tan sólo unos momentos después de haber servido el té, sintió una punzada en el pecho que le hizo tirar la tetera. El aliento se le fue, un mareo se apoderó de él y tuvo que sentarse para no caerse. Vio los pedazos de tetera esparcidos pero no pudo hacer nada por levantarlos porque el dolor no se iba, se clavaba despacio pero tenazmente en su pecho, como si se acercara a su corazón.

-Amariel, regresa.


Gracias por la espera, me tardé actualizando los otros dos fics y decidiendo qué rumbo debía tomar este y el momento correcto para que Thorin conozca a Amariel... y no es el momento jejeje.

Bueno, espero que sigan leyendo y que les guste.

Si gustan dejar comentarios, saben que son bienvenidos.

daya: Sé que has estado leyendo los otros, muchas gracias. Itariel siempre irá con Idris, es como su hija, ni siquiera por Kili podría abandonarla. Eso no me hace feliz. Con respecto al porqué están separados, eventualmente se sabrá porqué pero creo que lo leerás antes en el otro fic (Una montaña, un hogar).

Elein88: Este es el camino por el que inicié este fic pero ahora que involucré al pobre de Bilbo, no sé que le haré a su corazón ... bua (jeje).