CAPITULO 9
Le llevó más de lo que pensaba recuperarse, esperaban que en días pudiera levantarse pero pasaron semanas para que su cabeza no doliera cada que la movía. Fili era fuerte, de eso no podía nadie dudar pero desde el incidente con los orcos era muy diferente, su madre lo describía como melancólico. Nadie decía nada, Kili a veces se mordía la lengua para evitar hablar de ciertas cosas y Dís lo miraba severamente, provocando que Thorin sospechara que algo estaban ocultando. Cuando Thorin regresó a Ered Luin se sorprendió de encontrar a Itariel, había sido bastante extraño pero en cuanto lo vio, la elfa juntó sus cosas y se fue; Kili la dejo partir pero ella llevaba en su mano un anillo que sabía que había hecho Kili años antes, lo sabía porque Thorin le había ayudado personalmente. Fili suspiraba y sentía que algo le faltaba, no podía pasar los días pensando, tratando de recordar lo que había sucedido. Y cada vez que pensaba en eso, tenía la sensación de haber visto a la belleza encarnada, con los ojos azules más perfectos del mundo. Ella, lo había besado, pero creía que sólo era una fantasía, un ser así no podía haber estado a su lado, no podía haber tocado su rostro; si lo hubiera estado, jamás tendría que haberla dejado ir. Kili sentía pena por su hermano, él siempre había estado a su lado los horribles años en los que no podía más que llorar por Itariel; ¿y qué si nadie pensaba que era buena idea que supiera que no había sido fantasía? Cuando le susurró al oído que ella era real, que lo había salvado, que su nombre era Amariel y que era hija de Thorin, Fili estuvo a punto de salir corriendo a buscarla. Maldito dolor de cabeza, pensó, que hizo que se tuviera que volver a acostar.
Cuando Bilbo abrió los ojos ella finalmente estaba a su lado. Se sorprendía no haberla escuchado entrar pero debía ser el cansancio que lo embargaba, habían sido demasiados días en los que apenas había dormido y ahora que lo había hecho profundamente, ella había regresado. Despertar y tener sus brazos alrededor de él era como un sueño, su rostro a centímetros del suyo, se quedó mirando, como si tuviera miedo de que en cualquier momento fuera a despertar realmente y darse cuenta de que ella no estaba. Entonces tomó un poco de valor y rozó ligeramente sus labios con sus dedos, ahí estaba, de verdad había regresado y había regresado a él. ¿Entonces por qué seguía sintiendo un vació en el pecho?
La vida en La Comarca regresó por completo a la normalidad. Los dúnedain patrullaban, como siempre, prácticamente sin ser vistos, más que por Bilbo. Amariel tenía aún molestias en la pierna, a veces dolor, a veces entumecimiento y pesar del tiempo, más de un año desde el día en que Bilbo la salvó, aún le costaba montar y desmontar su caballo. Hazad terminaba portándose paternal con ella e insistía que se quedara con el hobbit, aunque ella a veces se portaba inflexible y los dejaba en casa de Bilbo y ella salía a hacer la guardia de la noche. Habían acabado pareciendo una familia extraña, porque a Bilbo le parecía que ambos trataban a la chica como padre y hermano y a veces él se preguntaba qué pensarían de su relación con ella. Era ya imposible de evitar que todos considerara que ella era la prometida de Bilbo, los más jóvenes a veces le jugaba la broma de decirle "señora Baggins" ante lo cual ella siempre reía de buena gana. Pero era algo que jamás habían hablado y él temía el día que tuvieran que hacerlo en algún momento. De todos modos era cosa hecha, ella era la dueña de su corazón y no podía más que aceptarlo; si en algún momento ella no correspondía lo que sentía él pues no podría hacer nada, pero parecía un miedo infundado de Bilbo, nada en Amariel parecía decir que no quisiera estar con él.
El día que Bilbo tomó el valor suficiente para hablar con Amariel había pasado ya mucho tiempo de vida juntos. La vida parecía de lo más simple pero aun así no se sentía conforme, ella estaba con él y cada día parecía que la quería más y más pero para un hobbit hacía falta algo. Sabía que ella era muy joven, por lo que le habían dicho Hazad y Haleth se podía esperar que un enano vivieran 250 años y un dúnedain de sangre tan pura como la de ella podía vivir 200 años; así que ella, teniendo 21 años era más que una niña, lo mismo que para un hobbit, eran muy pocos años. Pero Bilbo sabía que no era un niña y que a su edad, su madre y su padre ya se habían casado; aunque Amariel un día le dijo que durante muchos años no pudieron tener hijos y que eso sumió en la tristeza a su madre. Así que ahora, a pesar de lo inconveniente que podían ser las edades entre ellos, Bilbo decidió que era tiempo de saber si ella uniría su vida a la suya, no sólo por un tiempo si no para siempre.
-He esperado lo suficiente –dijo Fili a un asustado Kili. Trataba de detenerlo pero parecía que la última ausencia de su tío era el momento perfecto para tomar el camino que lo llevaría a La Comarca.
-No puedes simplemente irte, yo no lo hice y el camino de Rivendell… es igualmente tentador –la voz de Kili se quebró en mitad de la frase, tuvo que esperar unos momentos para poder terminarla. La verdad es que había dejado ir a Itariel por el simple hecho de que ella aceptó que al ambos pertenecerse en todos los sentidos sólo era cuestión de tiempo (poco tiempo) para que unieran sus vidas. Ella dejó que le colocara el anillo con su nombre y sonrió como nunca.
-Ya no importa, cuando él regrese podrá encontrarme allá, donde viven los … -Fili respondió y dudo un poco sobre cuál era la raza que vivía en La Comarca.
-Hobbits –dijo Kili.
-Hobbits, sean lo que sean –dijo Fili mientras terminaba de guardar todo lo necesario para el viaje. Ya todos dormían y Kili sentía la necesidad de despertar a su madre para que hiciera entrar en razón a su hermano; pero la verdad es que había esperado realmente lo suficiente y necesitaba saber sobre ella.
-Seguramente no te tardarás tanto tiempo, regresarás antes de que nuestro tío –dijo Kili y el rostro de su hermano no transmitía ninguna emoción, tal vez no sabía si eso era posible o tal vez no sabía que clase de resolución tendría su viaje.
Acabaron partiendo los dos, dejando una nota para su madre informando de su destino. Cuando regresaran, había escrito Kili, podrían acompañar a Thorin en su viaje a Erebor, ahora que seguramente había recuperado el mapa de aquel viejo mago.
Amariel sabía que algo pasaba, la casa estaba llena de flores, olía a pastel de cereza por todos lados y cuando había despertado cerca de media noche Bilbo no estaba en la cama, por lo que sabía que había pasado la noche horneando. Amariel no llevaba botas, se había acostumbrado a caminar por la casa y por el jardín descalza, pero ahora sus pies recorrían el pasillo recubierto por pétalos de diferentes flores que no alcanzaba a reconocer. Pero Bilbo no estaba en la cocina, la ventana al jardín estaba abierta y ella alcanzó a ver que una mesa y una sillas estaban colocadas afuera, bajo los árboles de manzanas, que igual se encontraban decorados con flores blancas, amarillas, rojas. Amariel salió corriendo, se sintió como si estuviera en un sueño, aquello era para ella, pensando en ella. En la mesa había muchas pequeñas tartas que ella sabía que eran de cereza, acomodadas formando un corazón.
-¿Quieres pasar el resto de nuestras vidas juntos? –preguntó Bilbo mientras la abrazaba con todas sus fuerzas, Amariel derramaba lágrimas y no podía dejar de sonreír.
-Sí
Fili la vio, junto a su caballo, descansando. Era como la otra vez, de una belleza impensable, totalmente parecida a su madre, pero con la fuerza en su presencia que le daba el ser la hija de Thorin. Fili no sabía que había pasado la noche entera en vela, había sido su turno de tomar la guardia y recorrer los caminos de Hobbiton para asegurarse de que nada sucediera. De todos modos nada sucedía, era como antes, la tranquilidad completa. Ella se estiró, alzando los brazos hacia el cielo para reducir el entumecimiento que la embargó después de pasar un tiempo sentada; antes de subir al caballo tenía que calentar un poco los músculos de las piernas para hacer el movimiento sin sentir calambres. Pero antes de poder acercarse al caballo, sintió la mirada de él, podía reconocerla, sentirla sobre ella. Entonces toda su determinación se esfumó, su creencia de poder hacer una vida tranquila con Bilbo, su propio convencimiento de que eso era lo que quería, lo que deseaba.
-Seguramente regresara en cualquier momento –dijo Haleth.
-Y no querrá vernos aquí cuando lo haga –dijo Hazad mientras salían por la puerta. Los vio alejarse, lo cual era algo normal, pero generalmente lo hacía en compañía de Amariel. Lo ponía un poco nervioso que se hubiera perdido el desayuno y estaba a punto de perderse el segundo desayuno; generalmente ella lo acompañaba pero no comía con él en todas las ocasiones, aunque los desayunos eran sus comidas favoritas.
Pero ella no regresaría, ni ese día, ni el siguiente, ni ningún día después de ese. No por mucho tiempo.
Le había dicho mil veces que la amaba porque era cierto, lo había sentido todo el tiempo, desde aquellos momentos borrosos en su mente cuando estaba seguro de haber sentido su mano en cara, tranquilizándolo. La amaba, la amaba y se lo diría toda la vida, porque no pensaba dejarla ir, no quería sentir la soledad de nuevo en su corazón. Se aferraría a ella con tanta intensidad como creía que deberían haberlo hecho su tío y su hermano. La amaba y por lo mismo había roto cualquier clase de regla que pudiera existir y ahora estaba unido a ella, como nunca con alguien más, ¿sería que siempre la había estado esperando a ella? La amaba y no se cansaría de repetirlo, mientras besaba una y otra vez su rostro, su cuello, sus hombros. Ella era perfecta, se reía cada vez que él comentaba sobre su altura y enredaba lo que él llamaba su cortas piernas en su cintura y se dedicaba a besarlo una y otra vez. La amaba y por fin sabía qué era la felicidad en toda su expresión.
Estaban en Bree cuando los colores de Imladris llamaron su atención. Se quedó completamente impresionada cuando frente a ella aparecieron los hijos de Lord Elrond, Elrohir y Elladan y al verla, ambos se acercaron con toda prisa y comenzaron a hablar rápidamente.
-Es tu madre Amariel –dijo Elrohir.
-Tienes que regresar –dijo Elladan. Amariel sintió que el mundo se acababa, su madre, de la que se había alejado conscientemente pero que esperaba poder siempre contar con ella. A su madre no le podía pasar nada no hasta que pudieran volver a ser una familia y su padre supiera que ella existía y …
Amariel se enojó un poco consigo misma, de nuevo estaban los deseos de niña chiquita, el querer juntar a su familia y estar juntos por primera vez. Pero una niña no habría aceptado un compromiso del que no estaba segura tan sólo por la necesidad de sentirse tan amada por alguien como Bilbo. Y una niña no habría escapado a la primera oportunidad con el que se había convertido en su obsesión, el que acaparaba todos sus pensamientos y el que se apoderó de sus sueños desde la primera vez que lo vio.
La vieron recoger sus cosas sin preocuparse por decirles nada y tuvieron que salir corriendo detrás de ella. Subió al caballo de un salto y sin pensarlo estiró la mano para tomar la de Fili. Kili pensaba en sus ponies, juntos a los caballos de los elfos no tenían para nada punto de comparación. Hasta el caballo color de vaca de Amariel era tan rápido que difícilmente se le podía dar alcance en una persecución. Uno de los elfos le tendió la mano para ayudarlo a subir con él y tuvo que aceptar, pues definitivamente no podía regresar a Ered Luin sin su hermano. Pensaba en el tiempo que llevaban fuera, el tiempo que se tardaría su tío en su viaje y cuánto les quedaba para poder regresar sin que se diera cuenta de su ausencia. Sin embargo, al pensar tranquilamente sobre el hecho de estar dirigiéndose a Imladris, eso significaba encontrar nuevamente a Itariel, por lo cual estaba dispuesto a enfrentar cualquier enojo que pudiera sufrir Thorin.
¡Gracias por seguir leyendo! He precipitado un poco las cosas y ahora estamos a un año de que Thorin aparezca en la puerta de Bilbo.
daya20: Yo sé las respuestas que necesitas pero aún están un poco lejanas. Después de estos dos, tocan dos actualizaciones a Una Montaña, un hogar, tal vez encuentras un poco de respuestas adelantadas allá. Gracias por tus palabras.
Mariana: Lo prometido es deuda, ocupé toda la tarde pero lo logré. ¿Qué te parece? Gracias por hacerme saber que te gusta lo que he estado escribiendo, espero que me comentes lo qué piensas.
Saludos a todos los lectores.
