CAPÍTULO 10

BILBO

Maggie planeó una intervención en la vida de Bilbo antes de verlo morir de tristeza. A quién había entregado su corazón era algo ahora imposible de corregir pero eso no significaba que era imposible vivir con su pérdida. Él amaba a Amariel y sólo podría amarla a ella y a nadie más pero eso no haría que Maggie perdiera la esperanza, tal vez era imposible que Bilbo la viera nunca con otros ojos pero si podía ser posible acompañarlo y estar a su lado aunque fuera como una amiga.

Así que acompañada de su familia Took, visitaba a Bilbo prácticamente todos los días. Organizaba pequeñas fiestas, reuniones con los vecinos y ligeras caminatas por los alrededores y picnics con los más jóvenes. En presencia de la familia, a la que Bilbo no se atrevía a correr, tuvo que comer, platicar y reír.

Había días que parecía el Bilbo de antes, ese maravilloso y tranquilo hobbit que adoraba su hogar y que era bien querido por todos los que lo conocían. Pero había días en los que a pesar de estar al lado de Maggie, ella sabía que sus pensamientos estaban con Amariel, dónde fuera que ella estuviera.

Por las noches, cuando Maggie y los demás se iban por fin, Bilbo se forzaba a cambiarse por su ropa par dormir y se acostaba a mirar el techo durante un buen rato.

-Algún día conoceré a tu madre -le había dicho Bilbo una noche mientras sostenía su mano entre las de él. No había sido una pregunta sino más bien una afirmación de algo que debía suceder, no podía engañarse y pensar que podría ser diferente si quería que todo funcionara. Debía haber una boda como tal, en La Comarca por supuesto y a ella tendría que acudir la madre de Amariel y para eso tendría que conocerla previamente y pedir su permiso para casarse con su hija.

-Claro, sólo es cuestión de tiempo -le había respondido ella esperando que fuera cierto. La verdad era que los pensamientos de Amariel regresaban a Fili cada vez con más intensidad de la que quisiera admitir. Y los sueños, esta vez eran dolorosos, despertaba en medio de la noche con la sensación de que no era un sueño, de que Fili podía sentirla también, de que estaban juntos de esa manera. Pero el que estaba ahí era Bilbo y en varias ocasiones había terminado despertándolo con besos apasionados que sentía necesarios para no estallar con la frustración. Eso había estado mal, demasiado mal.

-Sólo son tu madre y tu ¿Verdad? -preguntó él y la mirada de Amariel dudó por un segundo antes de sonreírle. Claro, Bilbo sabía de su padre, un rey perdido con un reino imposible de recuperar, pero jamás podrían conocerse, la madre de Amariel se oponía terminantemente.

-Si, sólo ella y yo -dijo y la voz de ella sonó titubeante. Bilbo la miró intrigado, ¿acaso le estaba ocultando algo? Amariel no dejo de mirarlo,sus adorables rasgos hobbits que lo hacían verse muy joven a pesar de su madurez y que a ella le parecían encantadores y que habían hecho que se acercara a él y que estúpidamente se enamorara de él. De alguna manera, si jamás volvía ver a Fili (como debía de ser), podía quedarse tranquilamente al lado de Bilbo y ser ¿feliz? Esperaba poder ser feliz pero sobretodo, que él lo fuera y que nunca dudara de su corazón.

-Princesa, ¿hay alguien más? -por un momento ella pensó que él sabía, que había deducido de alguna manera que Fili se colaba todos los días a su mente y que la reclamaba en las noches presa de una fantasía que no podía olvidar. Pero no era eso, Amariel lo besó como hacia siempre que él la llamaba princesa y se dejó llevar por el calor de él y de verdad dejó de pensar en lo demás y se concentró en lo perfecto que era Bilbo y en lo mucho que le adormecía el recuerdo de Fili en su corazón.

-No hay nadie más -le dijo y sabía que era una mentira y al mismo tiempo muchas mentiras a la vez. Puesto que tenía más familia a la que no podía visitar ni siquiera conocer y además estaba por supuesto Fili, pero finalmente su camino no lo llevaría nunca más al lado de él y toda su historia se resumiría a un beso y nada más.

-Lo sé princesa, lo sé.

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AMARIEL

Le había ocultado demasiadas cosas a Bilbo como para considerar alguna vez fue sincera y eso la hacia sentir terrible. Jamás había hablado de Itariel, princesa de Mirwood, quien había sido su segunda madre y le había enseñado el manejo de las armas y como pelear cuerpo a cuerpo. Pero también le había contado en secreto las historias de cuando sus padres se conocieron y comenzaron a amarse, de como era la vida en Ered Luin y la manera en que los enanos habían construido un hogar. Pero jamás de habló de Fili y por supuesto, nunca de Kili. Su nombre jamás lo pronuncio ni siquiera por error y cuando llegó a insinuar la presencia de los sobrinos de Thorin, no le dio ningún detalle. Todo lo que calló era lo doloroso para la princesa, la manera en que conoció a un niño enano y cómo al pasar el tiempo fue evidente que lo amaba y terminó casada con él pero separada imposiblemente por su lealtad a Idris, la madre de Amariel.

Jamás le contó tampoco sobre la otra princesa de Mirwood, la que la había ayudado a nacer cuando su madre llegó al borde de la muerte en busca de la ayuda de Itariel y estuvo a punto de perderlo todo por un ataque de orcos que parecía dirigido en su contra; justo como aquel ataque en contra de Fili o el que ella misma vivió en La Comarca. Isilissë era princesa pero también senadora, la mejor que hubiera visto el bosque, nacida entre el fuego pero bella como la luna. Era la luz de los días de Thranduil, rey de los elfos de Mirwood y estar en su presencia era casi como un regalo de la vida, ella volvía cada momento una delicia. Pero hablar de Isil era hablar de un secreto demasiado bien guardado, nadie sabía de ella y ella jamás había abandonado el bosque.

No dijo tampoco ni una palabra sobre Galaphian, señora de caballos, la elfa que le había salvado la vida a su madre y de ella misma después del ataque de los orcos al llevarla cabalgando a toda velocidad por el bosque hasta el palacio de Thranduil. Con los años había sido la persona que le había enseñado a montar a caballo pero sobretodo, era la persona con la que podía hablar de Thorin, puesto que ella lo había conocido antes de la caída de Erebor y aunque su mirada se oscurecía cuando le contaba cosas de su padre, lo hacia con gusto. Pero Galaphian jamás se acercaba a la madre de Amariel, ni por un segundo, ni por equivocación. Su mayor contacto fue el día en que la llevo a su caballo aún embarazada y había sido todo, no toleraba estar en su presencia y mil veces Amariel quiso saber la razón pero mil veces se arrepintió antes de preguntar.

Y por supuesto jamás le había dicho que ella había nacido como segunda hija, primero había nacido su hermano, heredero de Isildur, heredero de Thrór, último verdadero rey bajo la montaña. Su hermano, herido en el corazón por una espada mellada de orcos y que a los diez días de nacido había dejado de existir en los brazos de Isil. Su hermano, del que nadie hablaba y del que nunca nadie debía saber.

Y podía pensar en mas secretos que se había guardado para ella, en todos los que habían sido importantes en su vida en cierta manera. Hasta la misma presencia de Hazad y Haleth era algo que jamás había explicado a Bilbo; claro eran su tío y primo pero había más que decir sobre ambos, como el hecho de que Hazad estaba enamorado de su madre desde siempre y que era quien había la acompañado desde Ered Luin hasta Mirkwood evitando que algo más le sucediera. Como perder ese embarazo, que resulto ser gemelar, y que era el octavo que había tenido la madre Amariel y que al final sería el último puesto que había quedado destrozada y había sobrevivido solamente por las maravillosas manos de Isil.

Pero el secreto más grande que mantuvo con Bilbo probó ser el más importante y este era que la vida entera había soñado con Fili, quien al final era su primo pero eso no era algo que hubiera detenido la evolución de sus sentimientos. Un solo beso le cambió la vida, por esa razón se encontró abandonando todo en el instante que él reapareció en su vida y por esa única razón tomaría el camino que la llevaría al lado de su padre para evitar a toda costa que se llenara de muerte y que el recuperar Erebor no fuera con la sangre de su familia.

¿Y cómo lograrlo?

-No estarás sola -le había dicho Itariel y ella lo sabía, la elfa la acompañaría porque se lo había prometido a Kili, esta vez ya no iban a separar y este pequeño paréntesis era la última vez que no estarían juntos. Tal vez Kili no comprendía lo importante de esa afirmación pero ella había entendido que pasara lo que pasara, fuera el resultado que obtuvieran, Itariel lo viviría al lado del enano y compartiría su destino.

-También estará Bilbo -Haleth dijo para horror de Amariel. Su madre había dejado claro que años atrás habia soñado con Bilbo y que sabía que ella lo debía de conocer para que él tuviera una razón para embarcarse en una aventura que no tenía nada que ver con él y para la cual era exageradamente necesario.

-No debería tener que venir, será peligroso -dijo Amariel y le preocupaba sinceramente la seguridad del hobbit aunque había visto esa parte de él que podía ser valiente, fuerte y protector y sabía que sí le daban el motivo suficiente podía ser el más valioso miembro de la compañía.

-Recuerda que esto va más allá de Erebor -dijo Haleth y ella supo que tenía razón y eso la entristecía, que fueran más importantes otras cosas que el hogar de los enanos. Al final Amariel tenía sangre Naugrim y escuchaba el llamado del hogar de la misma manera que lo hacía su padre aunque la mitad del tiempo no lo quisiera aceptar.

No podía negar que pensaba en Bilbo, en lo que estaría haciendo, en sí la extrañaría o si se habría forzado a no pensar en ella. Era ya un año, las cosas estaban a punto de suceder y se mantenían a la expectativa de la llegada de los enanos a La Comarca. Había más dúnedain encargados de la seguridad de los,hobbits y que se quedarían cuando ellos partieran. Por su parte, estaban ahí solo para intervenir en caso de emergencia y Amariel quería pensar que bien podrían llegar hasta Imladris sin que fuera necesario hacerse presentes. Una vez ahí, si todo funcionaba como debía, Itariel se uniría a la compañía y ellos podrían seguir como sombras, sin que nadie los viera. Después de ahí no había realmente un plan, las cosas tendrían que funcionar de alguna manera u otra, Itariel tal vez lograra la colaboración de Thranduil, aunque una vez en Mirkwood habría demasiadas cosas que solucionar y esperaba que funcionara y que los elfos y enanos colaboraran, eso facilitaría la situación enormemente.

-Mira -dijo Haleth desde las ramas superiores de un árbol. Amariel trepo rápidamente hasta alcanzar a su primo. Por el camino iba llegando cierto mago que había llegado a conocer ocasionalmente y al cual su madre había entregado el mapa de Thrór, lo que provocó la ruptura entre sus padres 23 años antes.

-Gandalf -dijo ella y como sí el mago la hubiera escuchado miró en su dirección y le dedicó una sonrisa cálida. Siguió su camino hacia la casa de Bilbo y Amariel sintió la necesidad de salir corriendo, de alcanzarlo, de llegar antes que él y advertirle al hobbit que pasara lo que pasara no aceptara ser parte de algo que no comprendía, que nadie comprendía y que les podía costar la vida.

Pero no lo hizo.

Un día más pasó y la llegada de Dwalin y Balin hasta de Fili y Kili sucedió sin otra complicación y sin ocasionarle más que una ligera sensación de mareo; pensar en Fili dentro de la casa de Bilbo la hacia sentir con nausea, no era agradable pensar que ninguno de los dos estaba consciente del otro y del lazo que los unía de cierta manera. Pero fue cuando vio al resto de los enanos con Thorin cerrando la marcha que tuvo que ahogar un grito y sintió que el mundo le daba vueltas de tal manera que tuvo que sujetarse de Haleth para evitar caer.

Era la primera vez que lo veía y tenía ganas de gritarle, ¡aquí estoy, te he esperado toda la vida!

-Tranquila -le dijo Haleth y la rodeó protectoramente con su brazo.

-Quiero a mi papá -dijo entre sollozos justo antes de comenzar a llorar. Entonces pareció realmente pequeña, como una niña perdida, que la vida entera solo ha querido una cosa, una familia.

-Estarán bien, tendrán un hogar -dijo Haleth susurrando en su oído, para no osar ser escuchados por los enanos que no iban muy adelante por el camino.

-¿Por qué no pudo ser nuestro hogar Ered Luin?

Haleth sintió una punzada en el corazón y al responder lo hizo con la melancolía de las cosas que jamás se perdieron porque simplemente jamás se tuvieron. Si Ered Luin hubiera sido su hogar ella no se habría enamorado de su primo que sería más su hermano mayor que otra cosa y él habría tenido una oportunidad de ser visto con otros ojos pero nada de eso tuvo la más mínima oportunidad de suceder.

-No lo sé Amariel, no lo sé.

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BILBO

Cuando los enanos esparcidos en la entrada de su casa se levantaron y quedo frente a frente a su líder lo supo sin necesidad de saber su nombre o la naturaleza de su misión. No necesitaba saber nada para tener la certeza de que haría lo que le pidieran si de esa manera podía devolverle su hogar a aquellos que no lo tenían y sobretodo, una familia a su princesa. Porque esos ojos azules que lo miraban era iguales a los de ella, estaba frente a su padre, de eso no tenía la más mínima duda.

No tuvo miedo ni cuando el dragón fue nombrado y la posibilidad de dejar atrás su hogar y sus comodidades no lo asusto en lo más mínimo. Si ese era el camino que podría reunir lo con ella, entonces era el único camino que podía tomar.

Bilbo estaba listo para una aventura.

FIN


¡MUCHAS GRACIAS POR ACOMPAÑARME HASTA EL FINAL!

Esta, la segunda parte de la historia de la familia de Thorin, ha llegado también a su fin; pero como lo había dicho previamente, seguirá en otro fic llamado "El único camino que podíamos tomar". Dónde los personajes de mis tres fic tendrán que conocerse y sus interacciones decidirán en mucho lo que sucederá.

Recuerden que escribí prácticamente primer y segunda parte al mismo tiempo pero que "Una Montaña, un Hogar" es la primera parte, donde cuento la historia de Thorin e Idris, padres de Amariel, así que si gustan leerlo, los que no lo hayan hecho, pues bienvenidos, es un fic terminado y que sólo estaba esperando terminar este para poder escribir ya la tercera y última parte.

A Sandra, Galadriel, Belén y Mariana que me comentan directamente, por mail y por facebook y a daya, Arke, ady y Elein que han dejado sus comentarios y que me han apoyado durante todo este tiempo, muchas gracias, no tienen idea de lo que ha significado para mi el que hayan estado siguiendo esta historia que resultó ser muy diferente a como yo pensaba en un inicio. Se volvió algo más grande y más elaborado de lo que iba a ser, pero eso hizo que tuviera que replantear la historia y ahora, lo que viene será bastante interesante, espero jejeje.

Ahora, si no leen Eryn Lasgalen, háganlo, jajaja, si gustan, pues podrán leer más de la historia de las princesas elfas de Mirkwood cuyos caminos se cruzan con los de los enanos y explicarán tantas cosas. Jajajaja, lo siento, todo tiene que ver con todo.

Bueno, ahora, no les puedo prometer para cuando, pero esperen la nueva historia pronto.

GRACIAS!

Atte. Nimirie