Nota de la autora: 27 de diciembre de 2006.
¡Buenas!. Espero que estéis bien. Aquí seguimos con el penúltimo cap de esta mini-serie. Por cierto, es la primera vez que hago un fic de tan sólo tres capítulos y creo que también es la primera vez que no monto una historia de estas "come cocos" o con un trasfondo profundo. Cuando pensé en ella, quería hacer algo simpático y tierno a la vez, con algunas situaciones tensas, por supuesto, pero vamos, lo que prima principalmente son los "momentos Milka" y los "pan Bimbo". Jijiijiiiji. Que disfrutéis el cap, gracias por seguir ahí. RAkAoMi. ;-)
Simbología: - La de siempre.
Música Recomendada: - La que queráis.
Cap. 2. "La bola del hombre perfecto."
Después de cenar, Hermione se fue a su habitación. Quería estar sola un rato. Ron había intentado hablarle durante la cena, seguramente para disculparse, pero ella no le había hablado. Aunque ella no era la única del trío, que le había retirado la palabra. Porque incluso el propio Harry también lo hizo, cosa que la sorprendió bastante. Desde cuarto curso, no había habido otra ocasión en que aquellos dos chicos tan especiales para ella, dejaran de hablarse.
A ella no le preocupaba, sabía que tarde o temprano arreglarían sus diferencias, después de todo, Harry y Ron eran los mejores amigos del mundo.
Aunque tenía que reconocerse para sí misma, que le daba pena de Ron. Una cosa era que no le hablase uno de ellos, pero los dos era demasiado. Hermione sabía que el pelirrojo podía relacionarse con más gente además de ellos dos, pero sabía también que sólo con ella y Harry, se sentía a gusto al cien por cien. Por algo llevaban juntos siete años seguidos.
Cuando se cansó de pensar en Ron y su situación, decidió mirar la bola. Era de color verde, un verde igualito a los ojos de Harry. Hermione se preguntó si Padma había sido sincera en todo lo que le contó sobre el concurso, la meta, y la bola que supuestamente iba a emparejarla con aquél chico más que especial y perfecto para ella.
"Como si de verdad existiera un hombre perfecto."- pensó para sí. Estaba a punto de seguir dándole vueltas al tema, cuando alguien llamó a la puerta del dormitorio femenino.
- ¿Quién es?.- preguntó ella guardando la bola en el cajón de su mesita de noche y acercándose a la puerta.
- Soy Ginny. ¿Estás ocupada?
- No. Enseguida te abro.
Una vez lo hubo hecho, la pelirroja se echó en sus brazos, llorando copiosamente.
- ¿Qué es lo que te ocurre?
- Harry me ha dejado. No me quiere. Me lo ha dicho esta tarde. Maldita sea Hermione, sólo han pasado ocho meses desde que rompimos. ¿Cómo es posible que ya no sienta nada por mí?
- No lo sé, Ginny.
- Tú me dijiste…me dijiste hace años…que si yo salía con otros chicos él se fijaría en mí…
- Y funcionó. Es cierto que tuviste que esperar años a que se diese cuenta de tu existencia, pero mi consejo te dio resultado.
- Ahora necesito que me des otro para recuperarle.
- No puedo Ginny. No tengo ningún consejo para algo así.
- Tú siempre tienes soluciones para todo. ¿Por qué no ibas a tener una para mi problema?
- Porque no sé qué decirte. Yo nunca he tenido novio, y tampoco sé lo que es romper con un chico y luego volver con él. De verdad que no sé qué puedo aconsejarte para que Harry vuelva a fijarse en ti.
- ¿Qué no has tenido novio, y Víctor qué?
- Y dale con eso. Vamos a ver, por millonésima vez diré, que Víctor y yo sólo fuimos amigos. Él sólo fue mi pareja de baile. Nos limitamos a bailar y charlar, y debo decir que poco porque él no hablaba bien nuestro idioma. También te digo que no hubo besos, palabras de amor ni promesas de un futuro juntos. ¿Está claro?
- Sí. Pero tú me contaste que te pidió tu dirección para que le escribieras.
- Y es cierto. Se la dí, durante un tiempo mantuve correspondencia con él, pero nunca pasamos de ser simples amigos o conocidos. Aunque es verdad que él quería salir conmigo. Pero a mí no me gustó nunca lo bastante como para eso.
- Pues mucha gente cree que entre tú y él hubo romance.
- Ya. Pero eso a mí no me importa. En realidad, me halaga. Víctor quizás no era el más guapo del universo, pero tenía su propio encanto y además...era el jugador de Quiddich más famoso de aquél entonces. La verdad es que cuando me pidió ser su pareja para el baile me costó creer que lo dijese en serio.
- Bueno, no fuiste la única sorprendida. Aún recuerdo la cara de asombro que pusimos todos los presentes cuando te vimos con él. Además, estabas guapísima.
- Gracias.
- ¿Por qué no te arreglas más?. Cuando quieres, sabes sacarte el mejor partido posible.
- Porque no me gusta arreglarme porque sí, sólo en las ocasiones especiales para mí.
- ¿El baile lo fue?
- Pues claro. Era el primero al que asistía en el colegio. Eso, unido al hecho de que iba a ser la pareja de uno de los campeones, fue lo que me motivó lo bastante como para querer arreglarme de forma especial aquella noche.
- Pues causaste sensación. Hasta a Malfoy se le cayó la mandíbula al verte…Aunque no fue el único sorprendido, mi hermano y hasta el propio Harry se quedaron muertos de asombro cuando te vieron.
- Pues que yo recuerde, ninguno de ellos me hizo ningún cumplido. Ron especialmente, se encargó de amargarme la noche. A veces creo que disfruta fastidiándome a más no poder.
- Eso fue porque estaba celoso. En aquella época le gustabas un poco, luego se le pasó.
- ¿Ah, sí?. Pues ahora me entero.
- Bueno, qué más da. Como te he dicho antes, ya no le gustas. Entonces… ¿No puedes ayudarme con Harry?
- No, lo siento. Lo único que puedo decirte es que sigas siendo tú misma. Quizás se arrepienta. Al fin y al cabo, es como tú has dicho antes. Sólo han pasado ocho meses desde que rompisteis. Si estaba enamorado de ti, no ha podido dejar de hacerlo en ese tiempo. ¿Verdad?
- No sé, Hermione. Yo sí puedo decir que llevo años enamorada de él, pero él…
- ¿Qué?
- No podría decir con seguridad si estaba conmigo porque me quería o porque simplemente le gustaba. Harry es…un chico poco corriente. No se parece a ninguno con los que he salido antes.
- Por supuesto que no, Ginny. Cada chico es distinto de otro. Pero Harry sobre todo, es especial, muy especial. No ha tenido una vida fácil y tampoco una infancia normal. No tiene padres, ni parientes cariñosos o que le traten bien…en resumen, nada de lo que haya podido vivir una persona normal, con unas circunstancias normales, tanto en su vida personal como familiar, lo ha tenido él.
- Eso lo sé. Supongo que por eso era tan…poco expresivo. Había veces que se quedaba como estático cuando le besaba o tocaba de alguna forma. Era como si fuese la primera vez que experimentaba aquello y no supiese con seguridad qué hacer o cómo comportarse.
- No es que lo fuese, Ginny, es que lo era. Antes de ti, Harry sólo había salido una sola vez con Cho Chang, que había sido el "amor de su vida" desde tercero hasta quinto. Y ni si quiera con ella tuvo suerte. Incluso cuando ella le besó en los labios por primera vez, él no fue capaz de disfrutarlo.
- Mi hermano me contó algo en su día.
- ¿Y te dijo también qué fue lo que nos respondió Harry cuando Ron le preguntó qué le había parecido el beso?
- Sí, pero no me acuerdo. ¿Qué dijo?
- Húmedo.
- Bueno, espero que mis besos le resultasen otra cosa.
- Seguro que los disfrutó.
- Gracias Hermione. Me siento mejor ahora que he hablado contigo.
- Siento mucho no haber podido ayudarte más.
- No, está bien. Además, voy a hacerte caso. Seguiré siendo yo misma y quizás Harry lo reconsidere. Si una vez le gusté tal y como era, puede que vuelva a funcionar. Hermione…
- Qué.
- ¿Por qué, durante siete años de curso, no has salido nunca con ningún chico del castillo?
- He tenido otras preocupaciones. Como el procurar sobrevivir. Siempre teníamos alguna aventura peligrosa en la que nos jugábamos el cuello. Los chicos o mis posibles novios, no me preocupaban nada. La verdad es que a mí lo único que me interesa es terminar el colegio con notas buenas para poder acceder a la carrera mágica que más me guste.
- Seguro que lo consigues, nadie más que tú, tiene las notas más altas de todo Hogwarts.
- Eso es porque me esfuerzo mucho.
- Y porque eres muy inteligente.
- Sí, pero si no me esforzase al máximo, la inteligencia me valdría de poco.
- ¿Te apetece dar un paseo?
- No, dentro de media hora nos mandarán acostarnos y prefiero leer un poco antes de que me obliguen a apagar la luz.
- Leer. Qué novedad.- Dijo la pelirroja con ironía.- De acuerdo Hermione. Que disfrutes tu lectura y que pases una buena noche.
- Tú también Ginny. Y no te preocupes tanto por Harry. ¿De acuerdo?. Si él y tú estáis destinados a estar juntos, ya verás como todo sale bien.
- Gracias de nuevo.
- De nada.
Tras regalarle una bonita sonrisa, la pelirroja abandonó la habitación de séptimo, poniendo rumbo a la suya de sexto.
Mientras tanto, en la Sala Común de Gryffindor, Harry Potter observaba con atención la bola que le había salido aquella tarde.
Ni siquiera sabía qué le había impulsado a participar en aquél estúpido concurso que habían preparado Lavender Brown y Parvati Patil para la noche de San Valentín. Después de todo, el premio sólo era un libro de defensa.
Aunque tenía que reconocer que era un libro de coleccionistas pues ya casi no existían ediciones en el mundo mágico. Además, puede que incluso se lo pasara bien con aquél juego. A lo mejor conocía a una chica interesante que quizás se convirtiese con el tiempo, en alguien especial para él. Como lo había sido Ginny el curso pasado.
Pensando en ella, se dio cuenta que Ron tenía razón cuando le acusó de haberla dejado con muy poco tacto.
Él no quería hacerle daño pero pensó que siendo sincero ella no tendría ninguna duda de lo que sentía actualmente.
Puede que meses atrás la hubiese dejado para protegerla de Voldemort, pero cuando Harry le venció, se dio cuenta que su relación con Ginny era la última de sus preocupaciones. Conforme pasó el tiempo, dejó de pensar en ella tanto como antes, hasta que llegó el día en que ni siquiera la echaba de menos. Sabía que volvería a verla al empezar su último año en el colegio, pero le daba lo mismo si ella había cambiado mucho o poco durante aquellos meses, o si seguía sintiendo o no algo por él. Para Harry, su prioridad era volver a convivir durante todo un curso, con sus dos mejores amigos de toda la vida. Ron y Hermione.
Cuando pensó en Ron, no pudo evitar recordar la pelea que habían tenido en la Sala Común. Una parte de él sentía haber reaccionado así con su mejor amigo, y otra le hacía pensar que se lo merecía con creces. Ya no sólo porque se hubiese burlado de él, sino porque había hecho llorar a Hermione.
Hermione…cómo había cambiado, no sólo en cuanto al aspecto físico, sino también en cuanto al interior. Él siempre la había admirado y valorado mucho. Incluso tenía una parte de su conciencia, que siempre hablaba con la voz de ella, diciéndole lo que estaba bien y lo que no, guiándole a tomar la decisión correcta, tal y como siempre había hecho la Hermione de carne y hueso.
Recordó cómo se refugió ella en su pecho cuando se echó a llorar en sus brazos. Recordó también que había sentido una calidez extraña que jamás había experimentado con ninguna otra chica, ni si quiera con Ginny, y eso que había sido la única chica a la que había podido considerar su novia. Él no podía saber de dónde venía aquella calidez, pero sí sabía que le encantó sentirla y que no le importaría volverla a sentir.
Pensando más en Hermione, se dio cuenta que nunca la había considerado como una chica chica. Sabía que era una chica, pero nunca había pensando en ella como una que podría atraerle. Ella era su mejor amiga. Una que hacía las veces de profesora particular, madre, hermana mayor o incluso psicóloga. Pues ella siempre le escuchaba y le aconsejaba en todo lo que él necesitaba cada vez que él le pedía ayuda en algo que le preocupase. Incluso lo hacía sin que él le dijese nada. Ella sabía perfectamente cuándo estaba él bien o mal sin que él se lo contara o sin que ella se lo preguntara.
Harry tenía que reconocer, que Hermione no sólo era su mejor amiga, sino también la chica que mejor le entendía y comprendía. Ella sabía además, qué decir o hacer para calmarle, transmitirle seguridad, confianza o incluso cariño. Era curiosísimo para él cómo había sido la primera mujer en su vida, que le había dado su primer abrazo, su primer beso en la mejilla, e incluso había sido la primera, en felicitarle o elogiarle por algo que él hubiese hecho bien. También le reñía o llamaba la atención cuando hacía algo mal, pero Harry sabía que ella lo hacía porque se preocupaba mucho por él.
Volvió a comparar su amistad con ella y con la que tenía con Ron, y volvió a llegar a la conclusión que Ron ella y no tenían ni punto de comparación en cuanto al buen ejemplo de lo que era un amigo de verdad. Hermione representaba eso con creces, eso y más cosas que la hacían especial y única a sus ojos.
Porque lo era, ella lo era, siempre lo había sido. Puede que no fuese la típica chica que los demás consideraban como normal o corriente, pero para Harry, tenía un algo especial que la hacía distinta a las demás. Un algo que no sabía qué era pero que le gustaba sobremanera.
Puede que fuese su pelo castaño tan abundante y alborotado, o quizás era su manía de querer ser siempre la mejor en cuanto a las notas se refería.
O puede que fuese la seguridad en sí misma y las convicciones que siempre demostraba lo que más fascinaba a Harry. O quizás no era nada de todo eso, pero sí tenía muy claro que para él, ella era única en su género. Única y especial, dijesen lo que dijesen los demás, o incluso Ron… para Harry, Hermione lo era, y no habría nada ni nadie, que le hiciese cambiar de opinión respecto a eso.
El fuego estaba apagándose, él no tenía sueño, así que movió las brasas y añadió más leña. Un rato después, se quedó dormido en el amplio y cómodo sofá rojo de la Sala Común de Gryffindor. Cuando despertó, ya había amanecido. Entró en su dormitorio para ducharse y cambiarse de ropa y con la misma, volvió a bajar a la Sala Común, donde se reunió con Hermione, que le esperaba con la sonrisa con la que siempre le recibía.
- Buenos días Harry.
- Buenos días Hermione.
- Hoy has dormido bien. ¿Verdad?. Tienes buen aspecto.
- Gracias.
- ¿Esperamos a Ron?
- Me da igual.
- Sigo enfadada con él pero no quiero dejar de hablarle para siempre. Sólo espero que se disculpe sinceramente y en condiciones.
- Yo digo lo mismo.
- ¿Qué fue lo que te hizo exactamente?. Si puedo saberlo.
- Por supuesto que puedes. Se burló de mí.
- Lo siento Harry. Él no suele hacerlo contigo.
- Contigo a diario.
- Ya estoy acostumbrada. Además, yo tampoco soy santa.
- Pero tú nunca le has hecho llorar aposta. Él sí. Eso no estuvo bien.
- No, pero…él es así.
- ¿Y por eso vas a conformarte?
- No. Sólo digo…que si no ha cambiado en siete años no va a hacerlo de un día para otro. ¿Te has enterado del concurso que han preparado Lavender y Parvati?
- Me he apuntado.
- Yo también.
- ¿En serio?. No creí que esas cosas te interesaran.
- Y no me interesan. Pero por ese libro, soy capaz de todo. Hasta de fingir ser "la chica perfecta" para mi supuesto "chico perfecto."
- ¿De qué color es tu bola?
- No puedo decirlo.
- Venga Hermione. Te guardaré el secreto.
- No. Yo siempre cumplo las normas. ¿Recuerdas?
- ¿Siempre?.- preguntó él levantando una ceja, eso hizo reír un poco a su mejor amiga.
- Bueno, siempre que no estoy contigo y en otra de nuestras aventuras.
- ¿Eso quiere decir que soy una mala influencia para ti, señorita Granger?
- Al contrario, señor Potter. Desde que me hice tu amiga, me has aportado más cosas buenas que malas. Tú haces que mi vida sea más interesante y menos aburrida.
- Gracias.
- De nada.- Ella le regaló otra sonrisa bonita . Harry sintió un cosquilleo interno.
- Por ahí viene Ron.- dijo el moreno viendo cómo el pelirrojo descendía las escaleras.
- ¿Y bien?.- preguntó Hermione con tono más que serio. Pero Ron no contestó, sino que siguió de largo sin mirarles siquiera.
Cuando ella le llamó, él sólo levantó el dedo índice, haciéndole un gesto ofensivo. Hermione gruñó por lo bajo. Harry sintió que su sangre hervía.
- Será capullo…- dijo el moreno mirando cómo se alejaba su mejor amigo.
- Supongo que me lo merezco. Anoche quiso disculparse y no le hice caso. Es normal que ahora esté más enfadado que ayer.
- Eso no es excusa para que te ignore de esa manera y mucho menos que te mande al carajo usando el dedo.
- Ya, pero…Ron es así. Cuando se enfada es bastante rencoroso.
- Cuando se porta así me dan ganas de pegarle. Ayer estuve a punto de hacerlo.
- ¿Cuándo se burló de ti?
- Sí. ¿Es eso malo?
- No, Harry, es humano.
- Hermione…
- ¿Qué?
- Por qué…por qué nunca has dudado de mí. Es decir, tú y Ron…no os parecéis en nada. Me refiero a…tú eres mucho mejor amiga para mí que él. ¿Por qué eres así conmigo?.
- Porque confío en ti ciegamente.
- ¿Podrías explicarte mejor?
- Tú eres…el primer chico que conocí y se hizo mi amigo. Mi único y verdadero amigo.
Si tú crees que yo soy mejor amiga tuya que Ron, no pienso rebatirlo pero…no le busques un por qué. No hay por qués, Harry, lo único que tienes que saber, es que eres la persona de este mundo mágico, en quien más confío. Confío tanto en ti, que hasta te confiaría mi vida. Aunque una cosa te digo, quizás Ron no sea perfecto, pero siempre ha sido un muy buen amigo tuyo y además te quiere y admira muchísimo. Deberíais arreglar las cosas entre vosotros, y cuanto antes mejor.
- No pienso hacerlo hasta que no se disculpe.
- Anoche lo intentó pero no le hicimos caso. Tú sabes que él no es de los que suele rogar. Deberías dar tú el primer paso.
- ¿Y tú qué?
- Yo…por el momento seguiré sin hablarle. Si eso es lo que quiere…por mí no hay problema.
- ¿Y por qué debería yo hacer las paces con él si tú no quieres arreglar las cosas?
- Porque lo que yo haga, no tiene por qué afectarte. Además, tú sabes que siempre te has sentido más a gusto con él que conmigo. Créeme Harry, es mejor que arregléis lo vuestro primero. Sé que Ron no va a morirse de pena porque él y yo no nos hablemos, sin embargo…puedo asegurar que sí le afectará que tú no le hables. Él te necesita, Harry, te necesita mucho más de lo que nunca será capaz de expresar o decirte. Y tú también le necesitas, sabes que sí.
- Tienes razón, sé que la tienes, es sólo…que no quiero ser yo el que de su brazo a torcer. Se rió de mí, y antes nunca lo había hecho. Me sentó mal, me hizo daño. ¿Sabes?
- Claro que lo sé. Conozco todas las cosas que te hacen sufrir. Llevo siete años fijándome en ellas…
Harry no dijo nada, no fue capaz, pero eso no le impidió darle un abrazo a ella. Uno de verdad. Ella sonrió sin que él lo viera. Él se tomó su tiempo antes de apartarse de su mejor amiga y cuando lo hizo, pudo ver que le sonreía de una forma dulce y bonita. Una forma que él no solía ver a menudo. Sólo en muy contadas ocasiones y sobre todo, cuando ella se sentía verdaderamente a gusto. Harry sintió que la calidez volvía a inundarle y sintió también que se acrecentaba conforme ella le acariciaba la espalda subiendo y bajando sus manos lentamente.
- Gracias.- pronunció él sin despegar su rostro del hombro derecho de Hermione, donde lo había vuelto a colocar al sentir aquella suave caricia que aún le regalaba ella.
- ¿Por qué?
- Por estar siempre ahí.
- De nada. Para eso estamos los amigos.
- Eso lo sé también gracias a ti y todo lo que has hecho por mí durante estos siete años. Y ha sido tanto…has hecho tantísimo que…no puedo…no sé…encontrar las palabras adecuadas para expresarte todo lo agradecido que estoy.
- Sé por qué me dices eso, y sólo quiero que sepas…que yo también te quiero, Harry, tú sabes que te quiero mucho. Siempre te he querido mucho.
- Eres estupenda, Hermione.
- Gracias. Deberíamos irnos, o llegaremos tarde a clase y nos quitarán puntos.
- Me da igual.
- A mí no. Es nuestro último año aquí. Ahora más que nunca, necesitamos las mejores puntuaciones posibles. No sólo para ganar la copa de la casa sino para nuestro expediente académico. Él nos facilitará entrar en la carrera que elijamos. ¿Sigues queriendo ser Auror?
- Sí pero…ya no sé si es necesario. Voldemort y sus mortífagos no existen.
- Bueno, pero eso no quita que siga habiendo gente mala en el mundo mágico. ¿Nos vamos?
- ¿Es necesario?
- No, pero…hoy McGonagall nos enseñará animagia. No quisiera perdérmelo.
Él sonrió, en siete años de amistad, había visto cómo había crecido y cambiado Hermione, pero aún conservaba muchas de las cosas que siempre la caracterizaron. El interés por aprender era una de ellas.
A Harry no le extrañaba que ella quisiera ir a clase en vez de quedarse con él compartiendo aquel momento íntimo y bonito, pero también le gustó una cosa que había marcado la diferencia.
Ella le había dicho que no era necesario ir a clase, y eso, viniendo de Hermione Granger, era algo poco común. Harry también sabía que ella lo había dicho para demostrarle que él era lo primero, pero eso siempre lo había sabido también. Porque ella llevaba siete años demostrándole, que antes de pensar en sí misma, pensaba primero en él.
Ella era capaz de abandonar cualquier ocupación que tuviera, para dedicarle toda su atención a él. Eso era algo que no siempre hacía Ron, pero Hermione sí, siempre lo había hecho.
- ¿Harry?
- Estoy aquí.
- Te quedaste tanto rato callado que pensé que te habías dormido o algo parecido.
- No…sólo estaba pensando en mis cosas.
- ¿Nos vamos a clase?
- Sí.
Cuando él se separó de ella, Hermione se puso a su lado, como siempre hacía, caminando al mismo ritmo y paso que él. Pero esta vez, había algo que volvía a marcar la diferencia. Iba agarrada de su mano, una que ella le ofreció y él no sólo no rechazó, sino que además, sintió cómo ella entrelazaba sus dedos con los de él.
Mientras caminaba mirando hacia delante, Harry sonrió volviendo a sentir aquella calidez dulce y bonita en el instante en que entrelazaron sus dedos.
Horas después, estaban en el gran comedor. Ron seguía sin hablarles y además había escogido un sitio alejado de ellos dos. Harry le miró frunciendo el ceño, Ron le movió la cara hacia un lado, en un claro gesto de "paso de ti." Harry sintió que la ira volvía a invadirle, pero la voz suave de Hermione diciéndole "no dejes que te afecte" consiguió calmarle lo suficiente para no provocar una catástrofe.
Pasaron la tarde por separado. Hermione tenía sus propios asuntos que requerían su atención.
Harry y Ron entrenaron al Quiddich con el resto del equipo de Gryffindor.
Ron le habló sólo lo necesario, luego volvió a adoptar aquella actitud de "prefiero ignorarte".
Harry se imaginaba dándole de bofetadas para hacer que espabilara de una vez y que reconociese que aquella situación non-grata que existía ahora entre ellos, la había provocado él. Porque fue Ron quien empezó, primero haciendo llorar a Hermione y luego burlándose de él.
Cuando Harry analizó mejor sus sentimientos, se dio cuenta que lo que más le dolía no era lo que le había hecho su mejor amigo sino lo que le había hecho a Hermione. ¿Y por qué sentía eso?. No era la primera vez que había visto llorar a su mejor amiga por algo que Ron le hubiese dicho a ella.
Tampoco era muy normal que ella acabase llorando pero…igualmente, a Harry no tendría por qué afectarle tanto cuando ya lo había visto otras veces.
Pero le afectaba, lo mirase por donde lo mirase, le afectaba mucho que ella hubiese llorado. Aunque…no el hecho de que llorase sino más bien el verla sufrir. Quizás por eso él aceptó que ella le abrazase la noche anterior, que dejara salir su tristeza usando su pecho como almohada. Una que terminó húmeda por culpa de las lágrimas de ella, pero eso no le molestó a Harry.
La noche anterior, cuando él se quedó dormido en el sofá rojo de la Sala Común de Gryffindor, estaba tumbado y tenía la túnica tan cerca de la nariz, que hasta pudo olerla. Ahí fue cuando se dio cuenta que no olía a él sino a ella. Eso le gustó, le gustó enormemente.
Puede que tuviera razón cuando le dijo a Ron que él no era un experto en temas femeninos, pero ya sabía sin problemas cuándo se sentía a gusto con una chica, o cuándo le gustaba alguna. Y a él siempre le había gustado mucho estar con Hermione.
Quizás años atrás, nunca la viera como una mujer que pudiera gustarle como algo distinto a una amiga, pero ahora era distinto.
Ahora…él estaba empezando a verla como una chica chica. Una, que no sólo podría gustarle sino que podría ganar su corazón.
Aunque ella ya estaba metida en su corazón desde hacía siete años, pero siempre lo había estado de forma distinta a como comenzaba a estarlo ahora. Él todavía no podía asegurar si lo que empezaba a sentir por ella era real o sólo producto de una confusión de sentimientos que estuviese experimentando, pero sí tenía más que claro que merecía la pena averiguarlo.
Tumbado de nuevo en el sofá rojo de la Sala Común, Harry volvió a mirar su bola para el concurso de parejas que se haría la noche siguiente.
Era de color verde, un verde idéntico al de los ojos de él. Girando la bola un poco mientras aún la contemplaba, Harry se encontró así mismo deseando ser él "el chico perfecto" para Hermione. Seguro que si tuviera "la cita perfecta" con ella, todo iría bien. Sobre todo porque él no tendría que esforzarse en fingir ser su "pareja ideal", ya que siempre se habían entendido muy bien y además se complementaban en muchos aspectos.
Estaba tan sumido en sus pensamientos, que ni siquiera escuchó unos pasos suaves que se acercaban a él. Cuando escuchó su voz llamarle, regresó al mundo real.
- Hola Ginny.
- ¿Puedo sentarme contigo?. Necesito decirte algo.
Una vez tomó ella asiento, Harry se guardó la bola en el bolsillo de la túnica y miró a la pelirroja. Poniendo atención en lo que ella pudiera querer decirle. Tenía que ser importante porque Ginny tenía una expresión más que preocupada en su rostro pecoso.
- Te escucho, Ginny.
- Ayer, cuando hablaste conmigo me dijiste que ya no me querías como antes y que tampoco querías estar conmigo pero yo…bueno, sólo quiero saber qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión con respecto a nuestra relación. Es que Harry, sólo han pasado ocho meses. No es posible que en ese tiempo ya no estés…enamorado de mí.
- ¿Enamorado de ti?
- Sí.
- Pero Ginny. Yo no sé qué es estar enamorado. Ni siquiera sé si alguien me quiere a menos que me lo diga y…
- Yo te quiero, Harry. Siempre te he querido. Desde que tenía diez años y te ví por primera vez junto a Ron en el andén nueve y tres cuartos, apunto de tomar el tren para vuestro primer curso en Hogwarts.
- Pero si eras sólo una niña…
- Y qué. Para mí fue como un flechazo bestial. Uno que duró muchos años después y aún me dura. Por favor, Harry. Vuelve conmigo. Yo no quiero que nos separemos. No quiero perderte.- En ese punto, Ginny estaba al borde de las lágrimas.
- Lo siento Ginny, de verdad que sí, pero no puedo volver contigo. Sería mentirme a mí mismo y a ti también. Tú y yo lo pasamos bien el curso pasado. Estuvimos a gusto y eso pero no…no siento que eso sea lo que quiero ahora. Tú ya no me gustas de esa manera.
- ¿Es porque te gusta alguien más?
- ¿Perdona?
- Sólo quiero saber si me has dejado porque te gusta otra chica. Si es así, puedo entenderlo, aunque igualmente me duele.
- No. No has dejado de gustarme porque me guste otra chica. Simplemente dejaste de gustarme, es así de simple.
- ¡No lo es!
- No me grites.
- ¡Y cómo no quieres que lo haga. Hace poco tú parecías estar besando el suelo que yo pisaba y un tiempo después ya ni siquiera me miras cuando nos cruzamos por algún pasillo del colegio. Cómo no quieres que grite, cómo no quieres que me altere. Tú no sabes lo que sufro. Maldito seas Harry, maldito seas mil veces!
- ¿Sabes qué?.- dijo él levantándose del sofá y mirándola con expresión airada.- Puedes maldecirme todo lo que quieras, pero eso no hará que me arrepienta de la decisión que he tomado y tampoco hará que vuelvas a gustarme. Acéptalo Ginny, tú y yo no volveremos a estar juntos nunca más. Lo nuestro ya es historia.
Sin decir nada más, él subió las escaleras que le conducirían al dormitorio de los chicos de séptimo. Dejando a Ginny sola y aún llorando en la Sala Común. Él escuchó su llanto mientras subía, pero no le afectó en absoluto.
Por la mañana, Harry se encontró al despertar, un hechizo sonoro que flotaba casi pegado al techo de su cama con dosel. El hechizo consistía en una canción que interpretaban unos corazones rojos bastante graciosos. Tenían ojos, manos, pies y bocas tan rojas como el interior de su cuerpo. Harry se rió al escuchar la canción que era de lo más ridícula, pero sobre todo, lo que le pareció más tonto aún fue la pancarta que ellos hicieron aparecer de repente. En ella, se leía "Que tengas suerte esta noche, aspirante número doce. ¡Feliz San Valentín!"
- Qué propio de Lavender y Parvati.- dijo Dean Thomas después de haber recibido el mismo mensaje sonoro que Harry.- A veces son tan empalagosas que cansan.
- Pues espérate a ver lo que nos tienen preparado para esta noche.- Opinó Neville.- Seguro que vamos a terminar empachados de tanto dulce.
- Tú sobre todo.- Comentó Seamus Finningan.- Seguro que en cuanto tu "chica perfecta" te bese o intente agarrarte la mano, te desmayarás ipso facto.
- Olvídame Seamus.
- ¿De qué color es tu bola?.- preguntó Ron a Neville.- La mía es azul celeste.
- ¿No es ése el color de los ojos de Luna Lovegood?.- quiso saber Dean.- Como te haya tocado la cita con la lunática más extravagante de todo el castillo, vas listo, Ron.
- ¿Y a mí qué?. Sólo me apunté al concurso para divertirme.
- ¿Y tú, Harry?.- Quiso saber Seamus.- ¿Por qué te apuntaste?
- Por el libro.- dijo el moreno de forma escueta y directa.- Es un ejemplar de coleccionista.
- Vaya.- Dijo Dean.- Cualquiera diría que es Hermione la que habla en vez de ti. Esa opinión es más propia de una sabelotodo como ella, que de un chico amante del riesgo como tú.
- Retira eso.- Pronunció Harry saliendo de la cama y acercándose a Dean Thomas con expresión seria.- Retira lo que has dicho de Hermione. Es mi mejor amiga. No me gusta que nadie la insulte.
- No la he insultado. Sólo he dicho lo que todo Hogwarts sabe, que es una sabelotodo.
- Dean, por última vez. No vuelvas a meterte con ella en mi presencia.
- ¡Pero si no he dicho nada malo, es que estás sordo!
- No me grites…
- ¿Y si lo hago qué, me pegarás?
- Puedes estar seguro de ello.
- Vale, que haya paz.- Intentó terciar Neville.- No os peleéis por algo tan tonto como una opinión.
- ¿Consideras tonto que Dean haya insultado a Hermione?.- preguntó Harry como si no pudiera creerse lo que había dicho Neville.- ¿Cómo es que tú no te has ofendido cuando ella siempre te ha tratado bien?
- Harry, estás paranoico.- se aventuró a comentar Ron.- Dean no ha ofendido a Hermione en ningún momento. Además, lo que ha dicho es cierto. Siempre ha sido una sabelotodo y yo añadiría también, que además de sabelotodo es repelente, mandona y llorona. ¿Te molesta que lo digamos?. Pues te jodes. Tú tampoco eres perfecto por mucho que todo el mundo mágico se empeñe en cubrirte de gloria.
Cuando Harry le miró, pudo ver una sonrisa sarcástica en la cara del que siempre había sido su mejor amigo.
El sintió que ya no podía más. Y antes de que alguien se lo impidiese, cogió a Ron por el cuello de su camisa y le arreó tal puñetazo que le ladeó la cara. Ron cayó al suelo cuando Harry le soltó. El resto de los chicos allí presentes guardaron silencio. Se habían quedado muertos de asombro por lo que acababa de ocurrir. Aunque lo que más les asombró fue ver a Ron ponerse en pie, escupir sangre y decirle a Harry…
- Se acabó. Desde hoy, para mí estás muerto.
El portazo que dio el pelirrojo cuando se encerró en el cuarto de baño, se escuchó incluso en la Sala Común de Gryffindor.
Cuando Harry bajó las escaleras y se encontró con Hermione, ella no hizo preguntas. Sólo tuvo que mirarle a los ojos para saber lo ocurrido. Porque en aquellos ojos verdes, había ira, sí, pero sobre todo dolor, mucho dolor.
Hermione sabía que Harry rompería a llorar de un momento a otro, y no queriendo que nadie le viese tan vulnerable, agarró una de sus manos y tiró de él hasta encerrarlos a los dos en la primera clase que encontró vacía.
Cuando Harry oyó el hechizo protector que había usado ella para evitar interrupciones, la miró y vio cómo se sentaba en una silla y luego abría sus brazos para que él se refugiase en ellos si así lo quería. Harry no tardó ni dos segundos en acercarse a ella, agacharse de rodillas en el suelo y enterrar su rostro bajo el cuello de Hermione, quien le dio un beso en el cabello antes de empezar a acariciarle la espalda con lentitud y suavidad.
Él abrazó su cintura con las dos manos, sintiendo cómo ella acariciaba con delicadeza su cabello negro y rebelde. Él se fue calmando poco a poco mientras dejaba salir los últimos sollozos.
- No pasa nada.- Dijo ella con dulzura.- No es malo que llores. Vamos, échalo todo fuera. Te sentirás mejor.
- Hermione, él…
- Shhhh. No hables, Harry. Sólo desahógate. Lo necesitas.
Él le hizo caso, quedando en silencio mientras ella seguía mimándole, regalándole una atención, un cariño y una dulzura, que sólo ella podía dar. Pues no había nadie más que Hermione, que le diese la carga afectiva que él necesitaba en determinados momentos.
Conforme pasaban los minutos, el fuerte agarre que él ejercía en la cintura de ella, comenzó a aflojarse. Eso le indicó a ella que él estaba mejor.
Hermione le dio un toquecito en la cabeza, él apartó el rostro de donde lo tenía y la miró.
Ella agarró su rostro con las dos manos y él sintió cómo se le aceleraba el ritmo cardíaco de repente.
Por un instante, Harry pensó que ella le besaría, pero no lo hizo. Se limitó a observarle, como si estuviese examinando su rostro, intentando descifrar las emociones que escondían aquellos ojos verdes tan bonitos que siempre le habían gustado a ella tanto. Puede que ella nunca le hubiese visto como algo más que su mejor amigo, pero eso no le impedía reconocer para ella misma, que era un mejor amigo muy atractivo.
¿Qué importaba que tuviese gafas redondas?. Sus ojos seguían siendo bonitos detrás de ellas.
Por otro lado, el hecho de que él estuviese tan delgado y no fuese el típico chico musculoso de gimnasio, le confería un encanto especial que ella consideraba único. Y si pensaba en su pelo negro, rebelde e indomable, entonces tenía que admitir que a veces tenía que hacer verdaderos esfuerzos porque no se le fuesen las manos a la cabeza de él para estar horas y horas tocando aquellas hebras negras como la noche más cerrada.
Puede que para otras chicas del colegio, los pelos de Harry le diesen un aspecto extravagante y extraño.
Puede que el hecho de llevar una ropa vieja, que le quedaba tres tallas más grandes y que sólo podía lucir con dignidad cuando ella les aplicaba algún hechizo que se ajustasen a su figura, fuese una razón lo suficientemente importante para chicas como Lavender y Parvati, como para que ellas no le considerasen un chico atractivo.
Pero todo eso, a Hermione le daba igual. Porque cuando ella miraba a Harry, no se fijaba en su ropa horrible, su pelo siempre despeinado, o su delgadez casi anémica.
Ella sólo veía a su mejor amigo. Un chico excepcional en más de un sentido y sobre todo veía a un chico que la entendía tan bien y la aceptaba con tanta naturalidad, como nadie había hecho jamás con ella. Aunque lo que más le gustaba a ella de él, es que sabía que él la necesitaba desesperadamente. Casi para cualquier cosa.
La necesitaba para los deberes, también para pedirle consejo sobre cualquier tema que le preocupase, incluso la necesitaba para ser consolado y hasta regañado. En resumidas cuentas, ella sabía que ella y sólo ella, era la mujer más importante en la vida de Harry Potter.
Eso era lo que le valía a ella. Le daba igual si algún día terminaban enamorándose o no. Puede que eso jamás llegase a ocurrir, pero tampoco lo deseaba. Porque ella sabía que lo que tenía con Harry era mucho más bonito, hermoso e importante que el simple hecho de tener la posibilidad de cruzar la barrera que separaba la amistad del amor.
Hermione tenía con Harry un lazo especial tan sincero y puro como pocos amigos podían tener en sus vidas. Sólo por eso, ella se sentía especial. Y sentía que era más especial aún, saber como sabía que él la apreciaba y valoraba muchísimo y que confiaba en ella para todo. Incluso para las cosas que nunca le pidió y que ella gustosamente hizo por voluntad propia.
Pero Hermione también sabía otra cosa, le quería, le quería muchísimo, tanto, como nunca quiso a otra persona ajena a su familia.
Quizás no era el típico amor que la llevase a pensar "éste es el hombre de mi vida" pero sí la hacían sentir querer estar siempre con él y seguir formando parte de su vida el mayor tiempo posible.
Ella sólo le abandonaría si él lo pidiera, porque Hermione sentía tal lealtad y fidelidad hacia él y su amistad, que ni siquiera se le pasaba por la cabeza traicionarle, dejarle o apartarse de él de forma voluntaria.
Y si alguna vez se enfadaban, cosa que no solía ocurrir a menudo entre ellos, Hermione sabía también que no tardarían nada en arreglarlo o pedirse disculpas. Porque Harry y ella no podían estar sin hablarse, eso sí que era insoportable para los dos. Sobre todo para ella. Si ella dejaba de hablar con Ron podía soportarlo, pero si dejaba de hablarle a Harry se le hundía el mundo.
- Hermione…
- Qué.- Dijo ella volviendo al mundo real.
- ¿En qué estás pensando?
Ella no contestó, sólo dejó salir una risita corta, pero muy dulce y bonita. A él le encantó escucharla.
- Te quedaste mirándome fijamente y luego parecías en otro mundo.
- Ese mundo de momento es secreto para ti, Harry. Si antes te miré fijamente fue para saber si estabas bien del todo, pero creo que ya lo estás.
El que hayas llorado ha tenido mucho que ver. Normalmente, cuando las personas lloramos, nos relajamos. Pero también veo que tus ojos no parecen relajados. Eso es porque aún sufres. ¿Verdad?
- Sí.
- No voy a preguntarte qué ha ocurrido con Ron. Pero creo que habéis dejado de hablaros de forma definitiva. ¿Es así?
- Vuelves a acertar.
- ¿Fue él quién te mandó a paseo o fuiste tú?
- Los dos. Primero le pegué un puñetazo y luego él dijo que desde hoy, yo estaba muerto para él.
- ¿Por qué le pegaste?- preguntó ella como si no pudiese creerse que eso hubiese ocurrido entre ellos.
- Porque Dean se metió contigo y Ron en vez de defenderte, empezó a sacarte más defectos y a mí eso…no me gustó nada, Hermione. Yo no sé lo que me entró pero…sí te digo que no pude evitar pegarle. Creí que estallaría si no lo hacía.
- Tú has pegado a Ron… ¿Para defenderme?
- Sí. ¿Es malo?
- No…- dijo ella dulcemente.- Es bonito. Muy bonito.
- Creí que eso era lo que debía hacer. No podía dejar que él dijese todo aquello de ti y yo me quedase sin hacer nada…
- ¿Qué fue lo que dijo exactamente?
- Te llamó sabelotodo, repelente, mandona y llorona.
- ¿Todo eso?
- Sí.
- ¿Y entonces le pegaste?
Él asintió con la cabeza agachando la mirada de forma tímida. Hermione se rió, eso hizo que él la mirase de nuevo.
- ¿De qué te ríes?
- De todo en realidad. Me río de los insultos de Ron y también me río de tu reacción, Harry. No me malinterpretes, de veras que te agradezco que hayas sido mi…caballero de reluciente armadura para la ocasión pero… ¿No crees que es estúpido que tú pegues a tu mejor amigo por algo tan tonto como unos insultillos de nada?
- ¿Insultillos de nada?. Pero si los dijo delante de todos los chicos de séptimo.
- ¿Y qué?. No es como si durante siete años no hayan escuchado insultos peores hacia mí o mi persona. Malfoy les ha dado más de un ejemplo. Además, Harry, que Ron diga esas cosas de mí me da igual. Sé que las ha dicho porque intentaba provocarte. Después de todo, estaba enfadado. Pero no creo que las dijera porque de verdad sea así como me ve. Y si por el contrario lo es…bueno, creo que también me importará un pepino.
- ¿Por qué?
- Porque él, no es tan importante para mí como sí lo eres tú. Es tu opinión la que yo valoro de verdad. Si tú llegaras a decir o pensar todo eso de mí…entonces quizás sí me afectaría bastante pero no ha sido así. Por lo tanto no pienso preocuparme por lo que opine un chico que sólo habló influenciado por la ira. Aunque ese chico también sea amigo mío. Además, seguro que en cuanto se le pase el enfado, se disculpará. Tanto conmigo como contigo. Ya verás como sí.
- No lo creo. Él me dijo que yo estaba muerto para él y eso…no me lo había dicho nunca antes.
- ¿De verdad crees que tu mejor amigo, un chico que lleva siete años contigo y que ha compartido a tu lado incontables aventuras y peligros, va a romper vuestra amistad sólo porque tú le hayas pegado un puñetazo?
- Pues sí.
- Si hace eso, es porque en el fondo, no es tu verdadero amigo. Y yo sé que Ron lo es. Puede que a veces te falle, pero estoy totalmente convencida que a los dos os pasa lo mismo.
- ¿Qué nos pasa?
- Que no podéis estar el uno sin el otro. Sin embargo sí podéis estar sin mí.
- No digas eso.- Dijo él moviendo la cabeza de forma enérgica.- Sabes que no es cierto.
- Sí lo es, Harry. Hace mucho tiempo que dejé de ser esa niña que siempre os salvaba el culo en las situaciones peliagudas. Podéis protegeros y cuidaros vosotros mismos, y la verdad es que me siento orgullosa de que sea así.
- Pero a mí… a mí me gusta que estés ahí, que nos cuides y protejas como has hecho desde que nos hicimos amigos tuyos. Me da igual lo que tú pienses pero…lo creas o no, yo al menos sí sigo necesitándote mucho.
- Eso lo sé. No hace falta que me lo digas. ¿Y sabes qué?. Es algo que me encanta. Haces que me sienta importante para ti.
- Tú siempre has sido muy importante para mí.
- Y tú para mí, Harry. Puede que nunca hasta ahora te lo haya dicho pero lo eres…siempre lo serás.
- Siento algo raro.
- ¿Cómo de raro?
- No sé, es raro y cálido a la vez, muy cálido.
- Entonces no te preocupes. Es algo bonito.
- ¿Y qué es exactamente, Hermione?
- No sé. Puede ser una cosa o varias a la vez. Puede que sea ternura, cariño, agradecimiento, amor…en fin, no sé qué decirte exactamente, pero cualquier calidez que sientas ahora, no puede ser mala sino todo lo contrario.
- Pero es que yo nunca hasta ahora la había sentido. Bueno, anoche también la sentí. Es sólo que…sólo siento esto cuando estoy contigo.
- Será porque conmigo vives cosas que no compartes con nadie más.
- Sí pero… presiento que tiene que haber otro motivo.
- ¿Y cuál crees que es?
- No lo sé aún. Pero espero averiguarlo pronto.
- Bueno, mientras lo averiguas o no… ¿Qué te parece si salimos de aquí y nos vamos a explorar algo?. Seguro que eso te anima.
- ¿Y perdernos las clases de la mañana?.- preguntó él como si no pudiese creer que ella quisiera saltárselas.
- Sí.
- ¿Estás segura que prefieres faltar a las clases para estar conmigo?
- Pues claro.
- Gracias.
- Hey… no me las des. No es necesario.- Antes de soltar su rostro, ella le dio un beso en la mejilla. Cuando se apartó de él, Harry apoyó su cara en uno de los hombros de ella, soltando un suspiro de satisfacción.
- ¿Sabes una cosa, Hermione?.- Dijo sin despegar el rostro de donde lo tenía.- No tienes ni idea, de lo especial que eres.
Ella no contestó, sólo le abrazó con cariño, mucho cariño.
- ¿Y sabes otra cosa?
- Qué, Harry.
- Te quiero mucho.
Ella no pudo responder a eso, porque los ojos se le llenaron de lágrimas, era la primera vez en siete años de conocerle y ser su amiga, que Harry le decía que la quería. No es que necesitase que él se lo dijera para ella saberlo, pero nunca pensó que lloraría cuando lo escuchase por primera vez.
Cuando Harry la escuchó sollozar, se apartó de ella y se incorporó lo suficiente para poder mirarla de frente.
- ¿Por qué lloras, he dicho algo malo?
- No…- respondió moviendo la cabeza de un lado a otro.- Al contrario, has dicho algo muy bonito. Es sólo que no estoy acostumbrada a que me digas que me quieres. Nunca hasta ahora me lo habías dicho. Perdona el haberte asustado antes, ha sido una sorpresa tan bonita para mí que no he podido reaccionar de otra manera mejor.- Ella se retiró las últimas lágrimas de los ojos y luego le miró sonriente.- ¿Ves?. Ya estoy bien. Y Harry…
- Qué.
- No vuelvas a pensar que decir "te quiero" es algo malo. Decirle a alguien que le quieres, es lo más bonito que puedes hacer para demostrarle a esa persona, que la aprecias de verdad.
- Si no lo hago… ¿Pensará que no la quiero nada?
- No…- ella volvió a usar el tono suave.- Hay muchas manera de demostrar amor a una persona, aunque no sea a través de palabras. Tú llevas años demostrándome amor en la amistad que tienes conmigo. Pero de verdad te agradezco que me lo hayas dicho antes.
- Y…te seguirá gustando… ¿Si te lo digo más veces?
- Por supuesto que sí. No es algo que pueda cansarme de oír.
- Entonces… te lo diré más a menudo. Lo prometo.
- Sólo dilo cuando lo sientas de verdad. Pero no porque quieras complacerme. ¿De acuerdo?
- Sí.
- Ahora sí que necesito salir de aquí. ¿Nos vamos?
Harry asintió con la cabeza, mirándola sonriente. Al igual que el día anterior, caminaron por el castillo agarrados de la mano. Una vez fuera del colegio, pasearon por los terrenos del lago sin importarles nada el estar faltando a sus clases. Tal y como había dicho Hermione una vez cuando estaban en primero, había cosas más importantes que los libros y la inteligencia. La amistad era una de ellas.
El día transcurrió con tranquilidad para ellos, salvo por supuesto, cuando se cruzaban con Ron en algún punto de Hogwarts. Cualquiera que se cruzase con el trío de Gryffindor, podía notar la tensión creciente que les rodeaba, pero nadie hacía preguntas. Además, todos estaban demasiado ocupados en sus propios asuntos como para ponerse a cotillear sobre lo que pudiese haber ocurrido entre los tres salvadores del mundo mágico.
Hasta que llegó la tarde, Harry y Ron se dedicaron cada uno por su lado, a resolver sus asuntos además de tomarse su propio tiempo para leer las tarjetitas de admiradoras secretas que habían recibido.
Harry recibió más que su mejor amigo, la mayoría felicitándole por haber derrotado a Voldemort y diciéndole lo mucho que le admiraban por ello. Algunas eran incluso descaradas, diciéndole que cuando él quisiera, podría hacer futuros bebés con la admiradora en cuestión. Harry se rió bastante con aquellas tarjetas y cuando se encontró con Hermione y se las enseñó, se rió más aún al escucharla resoplar con fastidio.
- Algunas chicas no tienen sentido de la medida.- Dijo su mejor amiga tras leer una tarjeta más que directa.- Mira que tratarte como si fueses un portador de genes fuera de lo corriente… Qué poca vergüenza hay que tener para decirte algo así.- Ella puso una voz exageradamente entusiasta cuando releyó el texto de la tarjeta.- ¡Harry capullo, quiero un hijo tuyo!- Cuando Hermione fingió una arcada repentina, él estalló en carcajadas.- De verdad te digo, que hay mujeres a las que les falta más de un tornillo en el cerebro. Pero qué poca clase, mira que pedirte un hijo de esta manera…
- Bueno, tienes que reconocer que es divertido lo que pone.
- Lo será para ti. A mí me da vergüenza ajena.
- Supongo que sin el "capullo", el "quiero un hijo tuyo" no rimaría. Así que el insulto me da igual, de todos modos no voy a cumplirle el deseo…
- No, espérate, que como me digas que te vas a dedicar a producir futuros Harrys sin ton ni son, entonces sí que creeré que será a ti a quien le falta más de un tornillo. Por todos los magos y brujas, no me digas que serías capaz de algo así.
- Por supuesto que no. ¿Por quién me has tomado?
- ¿Por un chico normal y corriente?
- Gracias.
- ¿Perdona?
- Gracias, Hermione. Por lo que me has dicho. Muchas gracias, de verdad.
- Pero si no he dicho nada del otro mundo…
- Me has dicho que soy un chico normal y corriente.
- Es que lo eres. Que yo sepa, tienes aspecto de chico y te comportas como uno. Bueno vale, puede que seas algo distinto a la mayoría de los que conocemos y tratamos aquí pero…a menos que seas un híbrido alienígena en el cuerpo de un humano y no me lo hayas dicho, para mí siempre serás un chico normalísimo.
- Pues para mí, eres la chica más extraordinaria que jamás he conocido.
- Gracias.- Ella bajó la mirada de forma tímida, él vio que se sonrojaba un poco, eso le hizo reír por lo bajo.
- ¿Está usted sonrojada, señorita Granger, o es mi imaginación?
- Déjame en paz…- Dijo contemplando el fuego de la Sala Común como si fuese la cosa más interesante del mundo.
- ¡Estás roja, incluso más que el pelo de Ron!- Cuando él se rió con más ganas que antes, Hermione soltó un bufido.
- Es que no estoy acostumbrada a que me hagas cumplidos. ¿Vale?. Así que acéptalo y déjanos tranquilas a mi timidez y a mí.
- Pues estás de lo más graciosa, pareces un tomate maduro…jijijijiji.
- Harry…cambia el chip. ¿Quieres?. No me gusta que te rías de mí.
- No lo hago. Es que tú no te ves, pero de verdad que sonrojada estás muy graciosa.
- Tus pelos sí que son graciosos. Hoy están más revueltos que de costumbre. ¿Has tenido una noche loca de pasión o qué?
Él miró al suelo y dijo de forma tímida…- Yo no sé qué es eso.- Hermione estalló en carcajadas, pero él no pudo ofenderse con ella porque incluso viéndola muerta de risa, le pareció divina. Y cuando fue consciente de eso, se dio cuenta que tenía un problema, o una bendición, según se mirase.
Pero desde luego, Harry estaba seguro que el hecho de acabar de descubrir que le gustaba su mejor amiga, no iba a ponerle la vida más fácil. Sobre todo si ella se citaba esa noche con vete a saber qué chico y si la cosa iba bien, el chico en cuestión se quedaría con ella.
Él volvió al mundo real cuando ella pronunció su nombre.
- Dime.
- Me voy. Dentro de cuatro horas empezará el concurso. Tengo que ducharme, cenar y arreglarme.
- ¿Y vas a empezar ahora?
- Pues claro. ¿Tú crees que un pelo como el mío?.- dijo mientras se tocaba un mechón castaño y lo estiraba hacia arriba.- ¿Se arregla en menos de una hora?. Pues no. Necesito dos horas como mínimo para dejarlo decente, sobre todo si quiero alisarlo.
- ¿Alisarlo?. Pero si así está bien. Natural…como lo has tenido siempre.
- No, Harry, así está bien para ir de cualquier forma, pero si quiero ganar el concurso esta noche y conseguir el libro, tanto mi pelo como yo misma, debemos presentar un aspecto fuera de lo común y desde luego, natural o como casi siempre me lo han visto, no entra en mis planes.
- ¿Con quién te ha tocado?
- ¿Cómo quieres que lo sepa?. Las bolas sólo muestran los colores. Conoceré a mi pareja en el momento en que la bola se abra y me diga dónde debo empezar el juego. Padma me dijo que allí estaría mi "chico perfecto" esperándome.
- Venga Hermione, dime el color de tu bola. Por fa…
- Nooo.- Canturreó moviendo la cabeza de un lado a otro mientras reía de forma traviesa. Él no pudo evitar sonreír.
- ¿Nos vemos en la cena?
- Pues claro.
- Oye Hermione…
- Qué.
- Si el chico ese te gusta… ¿Me lo dirás?
- No te preocupes Harry, serás el padrino de bodas, te lo prometo.
- ¿QQué?
Ella estalló en carcajadas y él se dio cuenta que quizás la cara de susto que había puesto debía de ser muy cómica aunque no tenía ganas de reírse después de escuchar lo último que le había dicho su aún mejor amiga.
- Deberías haberte visto la cara.- Dijo ella tras calmarse pero sin perder la sonrisa en ningún momento.- Es que ha sido genial, simplemente genial. Fue como si te espantase la sola idea de que me casara con un chico. Y oye…algún día podría ocurrir. Soy una mujer heterosexual. ¿Recuerdas?. Me gustan los hombres…
- ¿Todos?
- Juajuajuajuaaaa
- Hermione por favor…
- ¡Todos no!. Snape me repugna bastante.- Ella se limpió las lágrimas que le había provocado la risa.- Y Malfoy tampoco me gusta nada de nada. Aunque…aquí hay otros chicos que no están nada mal. Espero que mi pareja de esta noche sea atractiva. Si luego es imbécil perdido al menos tendré el consuelo de haber jugado junto a un hombre guapo.
- Pero… y si resulta que él te gusta y además piensas que es ideal para ti.
- Mucho mejor. ¿No crees?. Se supone que las bolas están preparadas para emparejar a gente que se complementa la una con la otra.
- ¿Ah, sí?
Ella movió la cabeza de forma afirmativa.
- Me lo dijo Padma. Ayer me contó todos los puntos clave del concurso. No sé por qué lo hizo pero la verdad es que se lo agradezco. Así sé a lo que atenerme.
- Se supone que el juego es una cita perfecta. ¿No?
- En efecto. ¿Y?
- Qué sucedería si la pareja no resulta ser perfecta…
- Que no conseguirían el libro. De todos modos no creo que eso sea un gran problema. Padma me dijo que en realidad, los chicos y las chicas no necesitaban fingir ser la pareja perfecta porque serán Lavender y Parvati quienes vigilarán las parejas en secreto, para decidir ellas quiénes son esa pareja ideal.
- O sea, que todo se resume en que este juego es una tremenda travesura de las dos chicas más presumidas de todo el colegio…
- Correcto, señor Potter. Hoy tienes las neuronas perfectas, lo captas todo sin problemas. Me siento muy orgullosa.
- Anda y vete al cuerno cordialmente.
- Yo también te quiero, Harry.- Ella le sacó la lengua de forma burlona, pero eso no evitó que un escalofrío recorriese el cuerpo de él cuando escuchó ese "te quiero".
- Vale, vete a arreglarte o todo lo que te de la gana pero antes dime cuántas tarjetas has recibido hoy.
- ¿Por qué quieres saberlo?
- Curiosidad.
- Pues…
- Venga Hermione, dime cuántos admiradores secretos tienes.
- Ninguno.- Dijo ella mirando al suelo de repente.
- ¿Estás de broma?
Ella negó con la cabeza.
- Lo siento.
- No, si da igual. Ya estoy acostumbrada. Todos los años pasa lo mismo… Bueno, todos no. Porque en cuarto curso fui al baile con Víctor, pero nunca he podido considerarlo una cita porque él no me gustaba.
- ¿Nada de nada?
- No…
- ¿Y por qué aceptaste ser su pareja entonces?
- Porque creía, que nadie más me lo pediría. Además, me apetecía bailar con uno de los campeones y que todo el mundo me viese arreglada. Fue una manera de decirle a la gente. "Hey miradme, no estoy tan mal. ¿Verdad?". No sé, supongo que sólo buscaba sentirme como una chica normal y corriente aunque sólo fuese esa noche.
- Pero si tú siempre has sido más que normal, eres la más normal de los tres…
- No, Harry, no lo soy. Tengo mis rarezas, tú lo sabes. Además, no hay muchas chicas aquí, además de mí, a las que les guste quedarse estudiando en vez de salir por ahí a pasear o gastar energías intentando ligarse al chico de sus sueños.
- ¿Y eso es tan importante en realidad?
- No para mí, pero sí para muchas de ellas. Supongo que por eso se meten tanto conmigo.
Yo sé que me salgo mucho de lo común pero… ¿ Acaso es eso tan sumamente importante como para que durante años, ningún chico se me haya acercado ni siquiera para pedirme algo tan inocente como dar un paseo por los terrenos?.
No sé, Harry, no sé cuál es el problema conmigo. Quizás sea mi aspecto, o este pelo horroroso que siempre está alborotado y enmarañado.
No sé qué es en lo que fallo pero…por una sola vez en mi vida escolar, me encantaría que alguien del sexo masculino se me acercara para decirme algo como… "Hey Hermione, me gustas. ¿Saldrías conmigo?". Aunque…a quién pretendo engañar. Eso no ocurrirá. Por eso me apunté al concurso.
Bueno, por el libro sobre todo pero también porque pensé que quizás, en medio de ese juego estúpido, el chico que me acompañase podría llegar a sentir algo por mí. Algo que no sea un "¿Me ayudas con los deberes?" o "Dilo tú, Hermione, así nos pondrán puntos."
Él quería decir algo, pero entonces ella le dio la espalda, Harry vio temblar su cuerpo un poco, y supo que lloraba.
Quería acercarse a ella para intentar consolarla de alguna manera, pero la única que se le ocurrió, no le pareció buena idea, porque quería abrazarla, besarla y decirle que ese chico existía, que era él. Pero sus instintos de supervivencia imperaban sobre los amorosos, así que se quedó callado, esperando una ocasión mejor para poder decirle a su mejor amiga, que ella no sólo le gustaba, sino que le encantaba y que él sí que estaría más que encantado de salir con ella.
- Que tengas suerte esta noche, Harry.- Dijo en el tono más natural y normal que pudo sacar.- Espero que te toque una buena chica, alguien que te guste de verdad. Al menos espero que esta vez, si ella te besa, no te resulte sólo "húmedo."
- Tú recuerdas…aún recuerdas… ¿Eso?
- Sí.
- Pero si fue hace dos años…
- ¿Y qué. Fue algo importante para ti, no?.
- Sí pero…
- Entonces lo recuerdo. Siempre recuerdo las cosas que te importan o afectan.
Me sirve para saber…cuándo estás bien o mal, y sobre todo…me sirve para entender que tú…te mereces a una chica buena, una lo suficientemente buena como para que tú mismo creas que sí eres un chico corriente y más que normal.
Sé por qué me diste las gracias antes cuando te dije que lo eras, pero quiero que sepas que te lo dije porque lo creo.
Independientemente de tus circunstancias personales o familiares, para mí, siempre serás un chico normal y corriente, aunque…con una fortaleza interna digna de admiración, eso por supuesto. Porque sin duda es algo más que admirable para mí, que después de todo lo que has pasado con tus parientes seas tan buena persona como eres. Tú eres alguien muy noble y bueno, y sólo espero que encuentres a alguien tan noble y bueno para ti, como lo eres tú para el resto del mundo.
- Hermione…
- No hace falta que digas nada. Ni siquiera lo intentes. Ahora no puedes, lo sé. Lo noto en tu voz.
"¿También notas cómo me late el corazón, o que tengo los pelos del cuerpo de punta?. Por Merlín, Hermione, todo lo que me has dicho antes es lo más bonito que me ha dicho alguien en toda mi vida."
- Será mejor que me vaya. Te veré en la cena.
- Hermione espera…
Pero ella ya se había ido, por lo que no pudo escucharle.
Harry maldijo interiormente su cobardía, pero sobre todo maldijo al chico más que afortunado de poder estar con ella esa noche.
Uno que podría gustarle a Hermione lo suficiente como para que ella permitiera que la besara todo lo que él quisiera o que la abrazara y cosas por el estilo, y cuando fue consciente de todo eso, se dio cuenta que no sólo sentía una mera atracción física por ella.
Tenía que ser algo más profundo, algo que nunca sintió estando con Ginny. Porque ni siquiera cuando abrazaba a Ginny, sentía algo distinto a lo que sintió las veces contadas en que abrazaba a Ron. Pero cuando él abrazó a Hermione…oh sí…fue distinto, muy distinto.
Poniendo rumbo al dormitorio de los chicos, para ponerse más decente antes de cenar y empezar el juego, se prometió así mismo que sin importar quién fuera su chica aquella noche, se encargaría personalmente de vigilar a Hermione y su pareja.
Porque si él intentaba propasarse o hacerle lo más mínimo que pudiera causarle dolor, llanto o incluso angustia… Bueno, sería mejor que el tipo ése se escondiera en un agujero bien profundo, porque de no ser así, no habría nada ni nadie, que le impidiese borrarlo del mundo mágico tal y como había hecho con Voldemort aquél verano.
Continuará.
Nota de la autora:
¡Esto se pone interesante, gente!. No me digáis que no. Aunque aún queda lo mejor. Jijijiji. Y no, por milésima vez diré que no odio a Ron para haberlo puesto así. Vuelvo a repetir que es muy normal que dos buenos amigos discutan e incluso se peguen a puñetazo limpio. Pueden estar sin hablarse mientras les duelan los moretones pero luego se perdonan todo. Esto es así, los hombres son mucho más nobles que las mujeres. Nosotras somos más rencorosas, y que ninguna me diga que no, porque mentiría como Pinocho. Siempre se ha dicho que las mujeres tenemos más maldad que los hombres a la hora de hacer daño. Bueno, eso es verdad, pero sólo porque somos más inteligentes. Jurjurjurjur.
No os preocupéis por Ron y Harry, terminarán haciendo las paces tal y como ocurrió en el cuarto libro.
Sobre Hermione y Harry…ya lo veréis en el tercer y último capítulo. Un beso muy grande y un abrazo fuerte de oso para todos vosotros/as. RAkAoMi. ;-)
