Wola a todos!

Aun sigo esperando alguna review o comentario, pero bueno, chicos, aquí os traigo un nuevo capítulo en el que la protagonista cada vez está más confundida, pero que se puede esperar con un montón de gente alrededor que no para de decirte que haces una pareja perfecta con un chico guapísimo que encima se parece a la persona de la que siempre has estado enamorado? Hay que ponerse en su situación, está siendo demasiado fuerte, la mayoría habríamos caído desde el segundo encuentro, no?

Bueno, os dejo que me empiezo a imaginar escenas con Kadono y no exactamente con nuestra protagonista,je,je,je! Qué esperais! La carne es demasiado débil y la imaginación vuela demasiado.

CAPITULO 7: VESTIDOS, PAREJAS Y PROPOSICIONES

Allí estábamos, comiendo en la cafetería de la facultad celebrando las buenas noticias. A mi lado Matome no paraba de hacerme preguntas sobre las clases de baile, mis compañeras… Minako también participaba y los demás comentaban algo de vez en cuando. Cuando podía miraba a Ruegi y Unami, parecían más tranquilos, pero nuestras miradas al cruzarse nos transmitían la realidad de cada uno: nos habíamos convertidos en unos verdaderos actores. Al menos con las gafas me sentía más protegida.

M- A la que no aguanto es a esa estúpida de Mía.

Mi- ¿A Seiya? Se cree la mejor, no he visto persona más creída, ¡Incluso se atreve a responderme en clase! ¿Qué se ha creído esa chica?- comentó también enojada- la próxima vez la sacaré de clase, quizá así aprenda.

A- Lo malo es que en realidad es una buena bailarina, eso no se le puede negar.

M- Será todo lo buena que quieras, pero hoy le has dado una lección después de lo que te ha dicho en el vestuario- dijo con una sonrisa orgullosa.

Mi- ¿Qué te ha dicho?- preguntó curiosa- según he visto en mis clases no se lleva muy bien contigo.

A- Eso es demasiado suave, yo creo que me odia, ha sacado el hacha de guerra.

M- ¡Por dios! Como me gustaría poder cerrarle esa enorme bocaza y darle donde más le duele- dijo dejando su comida y pegando un puñetazo al aire, volvió a tomar su actitud dulce- Sao, hermanito, ¿Qué opinas tú de ella?

Los chicos que comían como animales, sin tomar aire y ni siquiera mirarnos, levantaron la vista hacia nosotras a la vez, con las bocas llenas de tallarines y los labios manchados de salsa de soja. Rápidamente tragaron y se limpiaron la boca con el dorso de la mano.

K- ¿Estamos hablando de la que te llamaba todos los días a casa?- dijo riéndose.

R- Hay que reconocer que es muy guapa- dijo guiñándole un ojo a Kanata- todos los chicos de la facultad están locos por ella.

K- ¿Y quién, no?- pegándole un codazo a Kadono- esos ojos verdes, el pelo rubio, esas piernas interminables…

R- Tienes mucha suerte, Kadono- pasándole un brazo por los hombros.

Mi y U- Debéis estar bromeando- dijeron muy enfadadas. Ruegi y Kanata se echaron para atrás asustados.

R- No lo decía por mí, Unami, yo solo pienso en ti- dijo con una sonrisa todo nervioso. ¡Qué mal actor podía ser a veces!

K- Sí, nosotros sólo pensábamos en Kadono- dijo evitando mirar a su novia que lo miraba con cara de pocos amigos.

M- ¿En serio os gusta esa chica para mi hermano?- dijo uniéndose a las celosas novias- ¿Se puede saber que la veis?

U- Creo que lo han dejado bien claro- dijo aún enfadada.

M- Sao, ¿No tienes nada que decir?- dijo mirando fijamente a su hermano- porque como ahora me digas que te gusta esa estúpida, a la que ni siquiera le importa…

S- Tranquila, Matome, no me interesa- dijo con una encantadora sonrisa, me quedé paralizada mirándole, ¿por qué transmitía tanta sinceridad?

M- Si te interesase alguien… ¿Me lo dirías?-dijo abrazándose zalameramente a su hermano- No me gustaría que acabases con alguien como Mía…-dijo acariciándole la cara.

S- ¿Alguna vez no he confiado en ti, tonta?- dijo agarrándole los brazos- puedes estar tranquila, esa chica no me interesa.

Aquella relación era tan bonita… Podía percibir los lazos entre ellos, se parecía tanto a lo que yo había vivido con Kasumi…Kasumi… ¿Qué estaría haciendo ahora?

Mi- ¿Y quién te interesa, Kadono?- dijo con su sonrisa maliciosa, ¿aquella cabecita no dejaba de maquinar nunca?

S- Nadie- dijo tranquilamente, pero todos percibimos un pequeño rubor en sus mejillas.

K- ¿Te gusta alguien y no se lo has contado a tus amigos, Sao?- dijo cogiéndose a Ruegi- no me lo puedo creer, ¿La conocemos?

M- Dejadle en paz, él no está interesado en nadie, sino me lo hubiera dicho- dijo a los dos chicos.

Mi- Pues se ha ruborizado, así que alguien se le ha pasado por la cabeza.

A- ¿Queréis dejarle en paz? Os estáis pasando- dije intentando poner algo de paz, por experiencia sé que no es divertido estar expuesto de esa manera, el chico se estaba viendo superado por el interrogatorio.

Mi- ¿Defendiendo a Kadono, Totsuo? ¿Acaso tienes algo que decir?- su sonrisa se incrementaba.

A- Si él no quiere deciros nada, me parece una tontería que sigáis con esto, si dice que no hay nadie, pues no hay nadie, no deberías dudar de su palabra- dije ignorando su sonrisa.

M- ¿No os he dicho lo mucho que me gusta esta chica?- dijo cogiéndome por un brazo- tienes toda la razón, es lo mismo que le has dicho a Seiya.

Mi- ¿A Seiya?

M- Sí, esa chica esta loca, le ha declarado la guerra a Akemi en cuanto se ha enterado que vivíamos con ella, pero ella nos ha defendido.

A- Tanto como defenderos…

M- ¿Bromeas? Le has dejado las cosas bien claras, aunque ella parece que no te ha escuchado.

U- ¿Por qué?

M- Piensa que está interesada en Sao, y aunque Akemi se lo ha negado ella ha seguido con lo mismo ¡No la soporto!

R- Se ve que no conoce a Akemi, a diferencia de ella no se enamora sólo de una cara bonita- dijo ligeramente enfadado- no es que tengas nada de malo Kadono, es sólo que conociendo a Akemi sé que no es posible.

Mi- ¿Y por qué no?- todos nos giramos a mirarla sorprendidos- ella no tiene novio, él no tiene novia, se llevan bien, van a pasar mucho tiempo juntos… es normal que Seiya piense eso, hacen muy buena pareja.

Miré a Kadono y él me miraba a mí, ¿Realmente había algo entre nosotros y no me había dado cuenta? Es cierto que es muy guapo y que nos llevamos bien… Pero eso no significaba que hubiese nada, a pesar de su pelo negro, sus ojos cobalto, su sonrisa… podía entender a Seiya, pero mi corazón no estaba preparado, todavía no.

Al girarme vi todas las miradas puestas en nosotros.

M- Pues tiene razón.

K- Y a partir de ahora van a pasar aún más tiempo juntos.

R- Tendrá que protegerla de todos los pesados de primero.

M- Por eso no habrá problema, mi hermano es el más fuerte.

S- ¡Basta! Estáis diciendo las mismas tonterías que Seiya.

U- Tiene razón, dejadles tranquilos, están bien como están y si quieren algo ya son mayorcitos para solucionarlo ellos mismos.

Miré el reloj, qué oportuno. Tenía clase en cinco minutos, me despedí de ellos interrumpiendo la conversación y me fui corriendo a las clases. El resto del día pasó bastante rápido. Mi cabeza seguía dando vueltas a mis sentimientos. Aquello no podía significar nada bueno, ¿acaso tenían razón? No, tenían que estar equivocados, yo no sentía nada por él. Sí es cierto que nos llevábamos muy bien y que me parecía atractivo, pero ahí se acababa todo. Le estaba dando demasiadas vueltas a lo mismo. Quizá Matome tenía razón, quizá experimentábamos una unión por haber sufrido tanto y por eso intentábamos salvarnos de los demás mutuamente. Salía natural, sin pensar, desde dentro. Sabía que el problema de todo esto era su parecido con los fantasmas de mi pasado, y por lo tanto, su parentesco con ellos. Sabía, que si me pedía algo mirándome fijamente a los ojos, volvería a ceder, volvería a perderme en ellos como pasó hace años…Pero no podía evitarle, sólo tenía que aprender, comprender que era mi amigo, que los fantasmas siguen en el pasado y que no puedo dejarlos que me atormenten.

Los días pasaron con la rutina, corriendo de un lado al otro, aguantando las charlas de Unami, los cotilleos de Matome, las broncas de los chicos, la mala cara de Seiya… Por fin viernes, cerré la puerta tras de mí, dejé la bolsa en el sillón y me tiré en el sofá. Noté como se iban destensando los músculos uno a uno, saboreando aquellos minutos de tranquilidad, que como siempre en esta casa, no durarían demasiado.

M- ¡Por fin has llegado!- dijo apareciendo por la puerta de nuestro cuarto- ¡Unami!- nuestra amiga salió casi inmediatamente del suyo, Matome se giró a mirarme- ¿Se puede saber qué haces ahí tumbada?- dijo cogiéndome una mano- ¡Arriba!- me elevé unos centímetros para volver a caer, no me apetecía nada levantarme.

U- Intentémoslo entre las dos- dijo cogiéndome de la otra mano- ¡Arriba!- las dos tiraron a la vez hasta dejarme sentada, en cuanto dejaron de hacer fuerza me dejé caer.

A- Estoy cansada, dejadme tranquila un rato- dije acurrucándome sobre mí misma.

U- De eso nada, tenemos un montón de cosas que hacer- Unami cada día se parecía más a una madre- ¡Chicos!

A- ¿Qué piensas hacer?- pregunté algo asustada. Los tres chicos hicieron acto de presencia al instante.

U- Veréis, necesito ayuda para levantar a cierta persona que se niega abandonar el sofá- dijo en un tono dulce- ya sabéis que no soy muy fuerte…

K- Eso está hecho- dijo Kanata, en pocos pasos estaba a mi lado y tras poner un brazo bajo mis piernas y tras mi espalda me levantó por lo aires.

A- ¿Se puede saber que haces?- dije agarrándome involuntariamente a su cuello- ¡bájame ahora mismo!

K- Si eso es lo que quieres, ¿por qué te abrazas a mí?- dijo burlonamente. Oí las risas de todos.

A- ¡Porque tengo miedo de caerme, idiota!- le chillé, mientras me depositaba suavemente en el suelo- ¡No vuelvas a hacer eso!

R- A Akemi no le gusta que la cojan en brazos, se pone muy nerviosa por la altura y se agarra a ti como una lapa- soltó un suspiro- todo un incordio.

U- Pues yo recuerdo algunas veces en que no te quejaste mucho- dijo sonriendo.

R- Eso fue hace tiempo- dijo bajando la cabeza- ahora esa niña se ha convertido en una auténtica molestia continua.

A- ¿A quién llamas molestia?- dije acercándome a él y agarrándole de la camiseta- ¿Quién es una niña?

M- ¡Basta ya!- el grito de Matome nos sacó de nuestra pelea, dejé caer a Ruegi- en una hora pasa un coche a buscarnos, así que ¡Venga! ¡Todo el mundo a moverse!- todos empezaron a regresar a sus habitaciones, yo seguí a Matome.

A- ¿Qué coche?

M- ¿Ya se te ha olvidado? Esta noche es la cena con Seichiro- noté de nuevo el rubor en sus mejillas, podría ser que…

A- Matome, ¿a ti te gusta Seichiro?- dije cerrando suavemente la puerta de nuestro cuarto tras nosotras.

M- ¿Qué?- su rostro totalmente ruborizado me dio la respuesta- no, no, a mí no…

A- Vamos Matome, te ruborizas con sólo mencionarle, ¡y ahora estás totalmente roja!- dije sonriéndole, intentando que confiase en mí. Vi como su rostro se entristecía.

M- ¿Y qué más da si él sigue enamorado de ti?- dijo dándome la espalda. Aquello quizá fuese más importante de lo que pensaba, la actitud de Matome me lo decía claramente: se había enamorado de él.

A- Escúchame Matome, ¿tú qué sientes?- ella se mantuvo igual, dándome la espalda- ¡Matome!- la giré haciendo que quedásemos frente a frente- ¿Te estás enamorando de él?

M- Sí- un suspiro dejó escapar con la respuesta- pero no importa.

A- ¿Cómo que no importa? – dije agarrándola fuertemente por los hombros- si te gusta tienes que intentarlo, ¿Qué fue de todo eso del amor que siempre andas diciendo? ¿No suspirabas por un príncipe azul? Pues ya ha llegado.

M- Sólo que tú eres la princesa y yo la bruja.

A- ¿Tú la bruja? ¿Pero que tonterías estás diciendo? ¿Dónde está la Matome optimista que yo conozco?- puse mi mano sobre su barbilla y levanté su cara, haciendo que me mirara a los ojos- tú eres guapa, atractiva, inteligente, simpática… cualquier chico desearía estar contigo.

M- Pero no soy tú.

A- ¿Y qué tiene de bueno ser yo? Lo de Seichiro fue hace tiempo, seguramente él también lo supero, es un buen chico, seguro que en cuanto os conozcáis un poco él caerá rendido a tus pies, ya verás, yo te ayudaré- la abracé- esta noche estarás fantástica.

M- ¿En serio? ¿Me ayudarás?- en sus ojos volvía a brillar un poco la luz de la esperanza.

A- Bueno, te contaré todo lo que sé de él, sus gustos, sus manías… seguro que así congeniáis mucho antes, aunque para el tema físico deberás confiar más en Unami, las cosas de chicas nunca se me han dado muy bien- dije con una sonrisa mientras con la mano quitaba una lágrima que se resbalaba por su mejilla.

M- Está bien, llamaré a Unami y nos arreglaremos las tres juntas, así de mientras me vas contando cosas de él- dijo recuperando la sonrisa- ¡Unami!- gritó mientras salía por la puerta.

Esperaba que lo que le había dicho se hiciese realidad, Matome era fantástica y para cualquier chico sería fácil enamorarse de ella, pero tratándose de Seichiro… Sólo esperaba… por el bien de todos, que sus sentimientos hacia mí hubiesen desaparecido, que por fin hubiera aceptado la realidad y me hubiese dejado de amar. Me dolió por dentro pensar que Seichiro quizá todavía podía pensar en mí de esa manera, ya le había hecho demasiado daño y él no merecía eso. ¿Por qué tantas personas tenían que sufrir por mi culpa?

U- Muy bien, ¿Qué es lo que os traéis entre manos vosotras dos?- dijo con una sonrisa y unos cinco vestidos de noche en una mano mientras Matome entraba detrás con otros tantos.

A- ¿De dónde habéis sacado tantos vestidos?

U- Ahora eso no importa, tú elige el que quieras y de mientras me contáis lo que estáis tramando- cerró la puerta tras ella mientras sonreía.

Y Matome empezó a contarle nuestra conversación mientras se iba probando vestidos y Unami la escuchaba mientras se ponía su vestido favorito. Yo examinaba los vestidos mirando el escote, la largura, el color… al final me quedé con dos vestidos, uno amarillo vainilla y el otro azul claro.

M- ¿Qué os parece éste?- dijo con un vestido rojo de pedrería muy entallado con un exagerado escote y extremadamente corto. Si decía lo que pensaba la ofendería.

A- Toma- dije tendiéndole el vestido azul aunque era el que más me gustaba- éste es más del estilo de Seichiro y te quedará muy bien con tus ojos claros. Lo miró dubitativa pero lo acabó cogiendo, sabía que no era su estilo pero le quedaría muy bien.

Cuando se lo puso su presencia llenó la estancia, la tela de un tejido parecido al raso y ligeramente entallado se adhería suavemente a su piel, los tirantes adornados con pequeños brillantes resaltaban con su pelo negro y la gran abertura en el lado derecho daba una generosa vista de sus largas piernas sin llegar a romper la elegancia.

U- Estás perfecta- dijo mirándola en el espejo- ¿Qué te parece si te hago un recogido dejando caer algunos mechones hacia delante?

M- Sería fantástico- dijo con una gran sonrisa, se giró para verme- ¿Tú todavía estás así?

A- Tranquila, yo no necesito mucho tiempo- dije tomando el vestido- total, cada vez que me pongo uno de estos parece que voy disfrazada.

U- Es una mentirosa, le quedan tan bien que le da vergüenza- dijo guiñándole un ojo a Matome.

M- Lo supongo, a esta chica le hace falta un cursillo de autoestima Matome Kadono, pero bueno, ponte ese vestido de una vez que quiero verte.

Me puse la larga falda que era un poco suelta y me quité el sujetador para ajustarme el corpiño del vestido.

A- ¿Alguna sería tan amable de atármelo?- dije mostrándoles mi espalda.

U- ¿Quieres que pidamos ayuda por ahí fuera?- dijo riéndose.

A- ¡Ni se te ocurra!- dije comprobando que la puerta estaba cerrada- ¡Átalo!

Cuando por fin terminó, respiré y me di cuenta de que no me quedaba tan ajustado en la cintura como esperaba, al menos podría respirar. Solté la coleta y cogí un cepillo para desenredarme el pelo. En todo momento evitaba mirarme en el espejo porque sabía que me vería horrible, aquello era demasiado vestido para mí.

M- ¡Akemi!- el chillido hizo que soltase de golpe el cepillo.

A- ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué pasa?- exclamé toda nerviosa mirando de un lugar a otro buscando el motivo de tal grito.

M- ¡Ese vestido te queda genial! ¡Te va como un guante!- dijo mientras daba saltitos con unas sandalias de tacón que al menos tenían siete centímetros- Esta noche vamos a arrasar- me volvió a mirar- es una lástima que tengas que estar con Kanata y Sao, si hubiera algún chico más no salías soltera…- su sonrisa se agrandó más- pero por favor, ¡No te acerques a Seichiro!- dijo juntando sus manos delante de mi en forma suplicante.

A- Puedes estar tranquila, no me despegaré de esos dos tontos.

U- Sobre todo de tu hermano- dijo con una sonrisa pícara- vamos, Akemi, ¿Ha pasado algo ya?

A- ¿Quuuueeeeeeeeeeé? No empieces como Minako, por favor- dije ligeramente enfadada.

M- ¿Es cierto lo que dijo Minako el otro día? ¿Que te gustan los artistas marciales de ojos azules?- dijo uniéndose a Unami.

A- Porque una vez pasase eso, no significa que me tengan que gustar todos- dije a la defensiva.

U- Vamos, estuviste completamente enamorada de él y las dos sabemos que se parece muchísimo a Sao.

A- Por esa regla a ti también te debería gustar- la dije encarándola- tú estuviste enamorada del mismo.

U- Por eso lo digo, si no estuviera enamorada de Ruegi, estaría persiguiendo a Kadono como cuando tenía dieciséis años- se me cayó una gota de sudor mientras la recordaba a esa edad persiguiéndole con la espátula- por eso sé, que tu debes sentir algo parecido.

M- ¡Eso sería genial!- dijo abrazándome- me encantaría tenerte como hermanita.

A- Hey, parad ya vosotras dos- dije soltándome- como sigáis con estas tonterías no sé que voy a hacer con vosotras- dije suspirando mientras me ponía las sandalias, Unami le susurró algo a Matome, ésta hizo un gesto afirmativo y las dos se rieron- ¿Qué estáis planeando?

U y M- Nada- aquello no podía ser nada bueno, pero ya que no reaccionaban ante el razonamiento decidí ignorarlas, Unami cogió una pequeña maleta que estaba encima de la cama- aquí he metido la ropa de dormir de las tres y los útiles de aseo, ¿Realmente crees que nos pedirá que nos quedemos a dormir?

A- Estoy segura, su casa tiene difícil acceso y después de la cena sería complicado regresar a casa, por eso nos manda un coche.

M- ¿Y cómo entraremos los seis?

A- Muy sencillo, conociéndole mandará la limusina- dije con un suspiro mientras veía a mis amigas levantarse de golpe con los ojos muy abiertos.

M- ¿Has dicho limusina?

U- ¿De esas que salen en las películas?

A- Sí- tocaron a la puerta.

R- ¿Estáis ya listas?

A- Sí- dije mientras terminaba de aplicarme la sombra de ojos y me ponía brillo en los labios.

K- ¿Y a qué esperáis? Ya hemos extendido la alfombra roja.

S- Matome, deja de probarte vestidos de una vez, cada vez que salimos siempre la misma historia.

M- Para tu información ya estoy lista- dijo abriendo la puerta con una pose de estrella de cine, yo sólo contemplaba el desorden de nuestra habitación.

A- Dadme cinco minutos para que organice un poco esto y voy con vosotras.

U- ¿No quieres que te ayude?- dijo desde la puerta donde vi a Ruegi con su traje y cargando la maleta.

A- No, vete con el caballero que te está esperando- dije señalando a Ruegi mientras le sacaba la lengua y abría el armario.

U- Está bien, te esperaremos fuera- dijo cogiéndose del brazo de Ruegi.

M- ¿Sabéis que iremos en limusina?- oí chillar a Matome- No me lo estoy inventando, ¡Mira ahí está!- oí los pasos de todos dirigiéndose a la puerta y ésta cerrándose.

Bueno, rápidamente tomé todos los vestidos y los puse en sus perchas metiéndolos en el armario. Después cogí los zapatos y los metí en el zapatero. Por último empecé a recoger el tocador y al levantar la vista la imagen del espejo me metió un susto de muerte.

A- ¿Qué haces ahí? Creía que te habías ido con todos- dije girándome con la mano en el pecho- ¡Me has dado un buen susto! ¿Cuánto tiempo llevas ahí apoyado?

S- Todo el tiempo- dijo quitando su hombro del marco de la puerta mientras mantenía su mano en el bolsillo del pantalón sonriendo- ha sido muy divertido verte colocar todo de un lado a otro con esos tacones.

A- Yo no le veo la gracia- dije alisando mi vestido y dirigiéndome a la puerta, él me tendió el brazo, yo le agarré un poco sorprendida- ¿Por qué te has quedado?

S- Dijeron que sería mejor ir en parejas para que no os cayeseis por las escaleras con esos tacones, tienes que cuidar tus tobillos- dijo mirando mis pies- y mi hermana se negó a ir conmigo, Unami fue con Ruegi…

A- Por lo que te tocó esperarme- dije mirando al chico mientras el olor de su colonia me golpeaba la nariz y el calor de su brazo se extendía por el mío, llevaba un traje negro con pajarita que le hacía parecer más adulto y para qué negarlo: mucho más atractivo. Sus ojos me miraron desmontándome por completo.

S- Tampoco me ha importado- su sonrisa me llevo a un estado de ensoñación, ¿Y Matome buscaba un príncipe cuando en su familia tenía uno?- Debo reconocer Totsuo que cada día me sorprendes más, viéndote el otro día en la actuación pensé que nunca podrías superarte, pero hoy… no sé, no tengo palabras- su tono seductor hacía que cada vez estuviésemos más juntos, mientras su mirada me recorría poco a poco. Salimos del apartamento cerrando la puerta tras nosotros y empezamos a bajar las escaleras.

A- ¿Es eso un cumplido, Kadono?- dije intentando que mi voz sonara sensual mientras acercaba mi rostro al suyo, desafiándole.

K- Creo que eso era evidente- dijo en la misma actitud mientras me apoyaba en una pared exterior del edificio.

En ese momento noté algo dentro de mí, mis mejillas se ruborizaron e intenté controlar las órdenes que dictaba mi cuerpo, me negué a cerrar mis ojos y dejarme llevar… no quería dejar de verle, sus ojos azules miraban con fijeza los míos, con una intensidad que me hizo temblar levemente, sus brazos, agarrando los míos, nuestros cuerpos separados por unos centímetros y su boca… podía sentir su cálido aliento sobre mis mejillas…tan cerca… Crack

Me giré bruscamente saliendo del encantamiento. Ruegi y Kanata miraban desde una esquina y se escondieron al verme.

A- ¿Qué se supone que estáis haciendo?

R- ¿Eso no deberíamos preguntarlo nosotros?

A- Perdí un momento el equilibrio y Kadono me ayudó, es todo- dije saliendo de sus brazos y dirigiéndome al coche, no me podía creer que mintiese con tanta facilidad, debía estar adquiriendo un instinto innato- y ahora vamos o no llegaremos nunca- Kanata se adelantó y me abrió la puerta de la limusina.

K- Lo que usted diga, señorita- dijo ayudándome a entrar, las chicas esperaban dentro y se hicieron a un lado para dejarme sitio.

U- ¿Qué tal el viaje Akemi? ¿Ha sido de tu agrado tu acompañante?- su sonrisa me dio la clave de todo aquello.

A- ¿Todo fue un plan vuestro, verdad?

M- Nos has pillado- dijo tocándose la nariz- y ahora a disimular que esto es algo entre nosotras.

Entró Kanata, seguido de Ruegi y por último Kadono. Nuestras miradas se cruzaron por un segundo, en sus ojos duda, incredulidad, inseguridad…todo lo que yo sentía. No volvimos a mirarnos en todo el viaje. Oía su voz hablar con los chicos mientras yo hablaba con las chicas, me sonaba tan familiar, tan tranquilizadora, tan segura… Eso era, me daba seguridad estar con él.

El trayecto duró una hora, y al ir acercándonos empecé a reconocer los árboles, el muro de piedra… y la casa, una majestuosa casa de estilo occidental victoriano que me asombraba cada vez que la veía, de ladrillo oscuro y carpinterías blancas daba un aspecto acogedor y a la vez distinguido. Divisé la barandilla de la terraza, esperaba no tener que volver allí, serían demasiados recuerdos y demasiada gente ajena.

El coche se paró en la puerta principal, y el conductor salió para abrirnos la puerta. Los muchachos salieron primero, después siguió Unami, Matome y por último yo. Observé a las dos parejas que ya avanzaban por las escaleras hacia la puerta mientras mi acompañante me ofrecía su brazo mirando al frente. Lo agarré intentando aparentar la misma indiferencia que él.

A- Gracias- a penas un susurro que llegó a su destino según pude percibir al notar tensarse su brazo bajo el traje. Pero no me miró. Empezamos a andar intentando romper con cada paso la tensión que había aparecido entre nosotros tras un momento de… ¿consternación? ¿debilidad? ¿atracción?

- Buenas noches, señorita Totsuo- dijo el amable mayordomo- hacía mucho que no la veía por aquí.

A-No debí haber dejado pasar tanto tiempo para volver a veros- dije sonriéndole.

- Lo importante es que ha venido, señorita, es una lástima que la señorita Natsude no se encuentre en casa.

A- ¿No está?- dije parándome en seco- quería verla, hace casi un año que no la veo, aunque quizá me guarde rencor todavía.

- Se equivoca, señorita Akemi, lo que pasa es que la señorita anda últimamente con un muchacho…

Se- Que no me gusta nada, es demasiado joven para andar con un salvaje como ése- dijo apareciendo por la puerta con un elegante traje oscuro y un chaleco color lavanda- todo el día dando patadas y metiéndose con mi hermana. ¡Por Dios, Akemi! Tienes que hablar con ella para que entre en razón.

- La señorita Natsude sólo intenta seguir los pasos de la señorita Akemi, le impresionó tanto su historia que ha empezado a tomar clases de artes marciales y se ha enamorado de un compañero de clases con el que se lleva fatal, pero del que no se separa- murmuró el mayordomo lo suficientemente alto para que yo lo escuchase, y por la cercanía también Kadono, que no pudo evitar sonreír.

A- Hablaré con ella, pero no puedo prometerte nada, si está enamorada…- dije avanzando soltándome del brazo de Kadono y dejando a los dos chicos atrás, sumiéndome en mis propios recuerdos.

Se- ¡Pero si sólo tiene trece años!- le oí quejarse a mis espaldas. Noté unos pasos a mi lado y me sorprendí de la rapidez con la que Kadono me había dado alcance. Sonreí interiormente y volví a agarrar su brazo. Él pareció sorprenderse pero rápidamente recuperó su expresión neutra.

Llegamos al gran salón donde nuestros amigos nos esperaban, maravillados de la gran estancia en la que se encontraban, de un clasicismo europeo que evocaba los grandes salones de baile del siglo SXVI, parecía transportarnos en el tiempo a una época del renacimiento de las artes, del conocimiento y de la belleza. Belleza, la armonía de las formas. Nada faltaba y nada sobraba en aquella habitación.

Se- Bienvenidos a mi casa- hizo acto de presencia, señalando las altas paredes cubiertas con hermosos cuadros de paisajes venecianos- me imagino que Akemi os habrá avisado para que traigas lo que necesitáis para pasar aquí la noche, vuestros equipajes serán acomodados en habitaciones individuales, hemos colocado un letrero en cada una, para que podáis encontrarlos con más facilidad. Estáis en vuestra casa, si necesitáis algo no tenéis más que pedirlo. ¿Alguna pregunta?

Había oído ya el mismo discurso hace mucho tiempo, sabía de sobra lo buen anfitrión que era Seichiro. Sabía sin ninguna duda cuál sería mi habitación, también sabía que en el florero del tocador habría una rosa blanca. Como cada día durante aquellos tres meses.

Miré a Matome, que lo miraba entusiasmada, impresionada y extasiada, pero sobre todo, enamorada. La noche hablaría por sí sola.

K- ¿Cuándo se cena en esta casa?- dijo con una enorme sonrisa. Todos nos echamos a reír.

Se- Cenaremos en la terraza que da a la playa, seguidme- dijo dándonos la espalda y abriendo el enorme ventanal que daba al mar, la brisa nos golpeó a todos acariciando nuestros cabellos y llenando nuestros sentidos. Le seguimos, pasando por encima de los mosaicos helénisticos de la terraza que fueron testigos hace un año de uno de los peores momentos que pasé en mi vida- ¿Ocurre algo, Akemi?

A- No, nada- noté cómo me ruborizada y desee que todos aquellos recuerdos me abandonasen, pero al ver la mesa con las velas, la vajilla inglesa y el mantel bordado a mano… la barandilla de mármol rojizo con incrustaciones blanquecinas que daba a aquel mar que había sido también testigo. Por favor, que no lo recuerde.

Se- Está claro, ¿Cómo no me di cuenta? – se apoyó en la barandilla y me miró fijamente- tú, yo, el mar, una cena a la luz de las velas… Cómo la última vez que estuvimos juntos, ¿verdad?

A- No me había dado cuenta- dije intentando aparentar una indiferencia que no sentía. Me agarré más fuerte al brazo de Kadono involuntariamente, él debió percibirlo porque me miró y posó una mano sobre la mía. Tranquilidad, estaba intentando tranquilizarme.

Se- ¿En serio, Akemi?- dijo acercándose a donde yo estaba- creía que al entrar en la casa te darías cuenta de todo lo que podías haber tenido.

R- ¿A qué te refieres Kurihara?- dijo con el ceño fruncido, plantándose entre los dos.

Se- Hace un año pensé que ella no aceptó porque tenía algún interés en ti, Hokabi, pero hace unos días me di cuenta que no- le apartó suavemente con la mano y siguió su avance hacia mí, parándose a un paso- me costó mucho aceptarlo, pero lo logré, pensé que no quedaba nada de lo que sentía por ti, pero al verte sobre el escenario el otro día…- su mano empezó a acariciar mi cara muy suavemente, como esculpiendo cada uno de mis rasgos, noté el tirón de Kadono, intentaba alejarme, intentaba protegerme- me sigue torturando la misma pregunta en la cabeza. ¿Por qué rechazaste mi proposición?

R- ¿Qué proposición le hiciste, Kurihara?- dijo agarrando el brazo que acariciaba mi rostro. Había aparecido el Ruegi protector y estaba realmente enfadado.

Se- ¿No se lo dijiste, Akemi?- dijo mirándome a los ojos, tuve que apartar la vista, lo que le dio una clara respuesta- Hace un año, en el mismo lugar en el que estamos…le pedí que se casara conmigo.

El silencio se hizo por casi un minuto, nadie decía nada y estaba segura de que todos querían decir o preguntar algo.

Se- Y ella me rechazó…porque no me amaba- se giró hacia el mar, donde la brisa marina acarició su pelo revolviéndolo graciosamente, no podía ver su rostro, pero podía sentir su corazón, roto, como el mío, me había costado tanto romperle el corazón y rechazarle…pero era mejor acabar con aquella mentira, sino le hubiera hecho aun más daño- ¡porque estaba enamorada de otro!

El grito se escuchó y produjo un leve eco, ¿por qué lo había dicho? Ahora tendría que dar explicaciones, algo que nunca se me había dado bien. Tendría que ocultar algunas cosas. Demasiadas. Inspiré profundamente. Aquella sería una larga noche.

Ya sabéis, cualquier comentario, opinión, crítica…