Wola!
Sé que he tardado en escribir este capítulo, pero han sido una mezcla de circunstancias: el nudo en que me encontraba en la trama, la inexistencia de tiempo libre… Ya sé que no son excusas, pero como tampoco nadie me ha pedido que lo continúe me lo he tomado con más calma, haber si soy capaz de escribir otro capítulo del fic que empecé antes que éste pero que abandoné por un bloqueo… no sé, tengo ganas de escribir, pero lo que escribo no me acaba de convencer, todo queda mucho más bonito en la cabeza. Asi que no sé, ya saben, cualquier sugerencia, opinión, inspiraciones para continuar esto… cualquier cosa que quieran ya saben: Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo! 2006, uf! Qué vieja soy!
CAPITULO 8: CHAMPAGNE, ARENA Y MAR
CAPITULO 8
Los instantes siguientes parecieron pasar a cámara lenta. Seichiro dejó de mirarme y se sentó en la enorme mesa, en el asiento presidencial. Instantáneamente aparecieron tres camareros que apartaron de la mesa tres sillas, dos a los laterales de él. Supe que esos serían nuestros asientos, los chicos tendrían que separar sus sillas. Nadie se movía. Solté a Kadono y tomé asiento al lado de Seichiro. Al ver que Matome me miraba le indiqué con la cabeza que tomase asiento al otro lado de Seichiro, lo hizo sin dejar de mirarme. Vi a Unami tomar el tercer asiento sin decir nada. Los chicos tomaron sus propios asientos. A un lado Kanata, Saorân y Matome. Al otro Ruegi, Unami y yo. En medio Seichiro.
Volvieron a aparecer los camareros y empezaron a colocar platos en la mesa y a llenar las tres copas que brillaban delante de cada uno de nosotros: vino tinto, champagne y agua. Tomé la copa alargada y empecé a balancearla en mi mano mientras observaba el mar que se extendía más allá de mi vista. Vi las olas embravecidas chocar una y otra vez contra la arena y el desfiladero que marcaba el final de la playa. Intenté recordar tiempos mejores, pero fue en vano, hiciese lo que hiciese no lograba apartar las palabras de Seichiro de mi cabeza.
Se- Parece que el ambiente está un poco tenso- dijo tomando su copa de vino y llevándosela a los labios- quizá Akemi quiera que yo empiece- le miré e hice un leve asentimiento con la cabeza- viendo que a ella no le apetece hablar, os contaré nuestra historia, siempre desde mi punto de vista, claro, quizá conforme me adentre en la historia Akemi quiera hacer alguna aportación, ya que ella también formó parte de esto- tomó un trago de vino y cogió los cubiertos- pero empiecen a comer, que sus platos se enfrían.
Todos cogieron los cubiertos, y empezaron a cortar los entrantes. Ninguno miraba más arriba de su plato, parecía que todos habían desarrollado un súbito interés por la delicada vajilla. Nunca había sido una cobarde, y ahora tampoco lo sería. Debía afrontar esta situación de frente, aclarar las cosas para así poder olvidarlas. Me tomé la copa de un trago, esto era un desafío y nunca rechazo uno.
A- Gracias, Seichiro, pero creo que puedo empezar yo- dije dejando sitio al mayordomo para que llenara de nuevo mi copa- como has dicho también es mi historia y estos son mis amigos, así que les debo una explicación- dije mirando a todos, ninguno me miraba, sólo Seichiro- Hace un tiempo, tuve problemas en casa, y por algunos motivos, no me quedó más remedio que marcharme. Como la mayoría de vosotros sabe, no es fácil salir adelante tú sola, aunque afortunadamente conté con la ayuda de dos amigos, a los que les debo mucho de lo que soy ahora. Muchas gracias, chicos- dije sonriendo a Unami Ruegi.
U- Tú también nos ayudaste a nosotros, Akemi, el agradecimiento es mutuo- dijo tomándome la mano y sonriéndome.
A- Pero partíamos de cero, necesitábamos una casa, y con apenas dieciocho años… no teníamos mucho dinero, así que decidimos ponernos a trabajar, Unami en un restaurante, Ruegi cargando y descargando camiones…a mí me costó mucho más encontrar un trabajo, apenas tenía experiencia en nada y con solo los estudios de instituto… pero un gran amigo me dijo que necesitaban algo así como una niñera y que les había hablado muy bien de mí, que la chica de la que me tendría que ocupar era conflictiva pero que confiaba en mí, que había logrado calmar caballos más salvajes…-noté la sonrisa en mis labios, Caballo Salvaje se podía expresar en una palabra…(1)- así que me decidí a afrontar el reto.
Se- Así llegó a esta casa, esa fiera a la que se refería es mi hermana Natsude- dijo con una sonrisa- todavía no sé cómo lo lograste.
A- A decir verdad, ni yo misma lo sé, sólo le pregunté si quería ser mi amiga, y aunque al principio no confiaba en mí poco a poco nos convertimos en inseparables, nos contábamos todo, era como tener una hermana pequeña… lo único malo es que tenía que vivir aquí y tuve que abandonar a mis amigos, aunque les mandaba parte de mi sueldo para ayudarles, ya que yo aquí apenas tenía gastos- terminé la segunda copa, la garganta se me iba secando a medida que me acercaba a la aparición de Seichiro en mi vida.
K- ¿Y cuándo entra Kurihara en escena?- preguntó tomando su copa de vino tras terminar con todo lo de su plato, notó todas las miradas en él- ¡Hey! Es lo que todos quieren saber, yo sólo he sido el que lo he preguntado- dijo excusándose cogiéndose la cabeza por detrás.
Se- Yo llevaba mucho tiempo viajando con mis padres, hacia meses que ninguno de los tres pasaba algún tiempo en casa y mis padres me dijeron que me quedase unas semanas en casa para estar con mi hermana- una sonrisa iluminó su cara- imaginaos cuál fue mi sorpresa al llegar y encontrarme a mi hermana con una completa desconocida, nadie me había hablado de ella. Mis padres son muy buenas personas, pero nunca han sabido ejercer su papel de padres, por eso siempre nos han dejado al cuidado de otras personas. Yo lo entendí rápidamente, pero Natsude…Se volvió conflictiva, intentando revelarse para llamar la atención, siempre sin amigos, rechazando a cualquiera que intentara acercarse a ella, incluso a mí…por eso, cuando llegué y la vi abrazada a Akemi, me quedé totalmente paralizado ¿Cómo lo había conseguido?
A- No hice nada extraño, aunque en un primer momento me rechazó poco a poco me aceptó, creo que sólo necesitaba alguien que la escuchase y estuviese a su lado, al fin y al cabo es sólo una niña- la imagen de Natsude apareció en mi mente.
Se- Al principio, era simple curiosidad ¿Quién era esta chica? Era extraña, una persona muy amable, pero siempre intentando guardar las distancias, tenía un aire misterioso que me atraía cada vez más… era algo que me superaba, necesitaba verla, pasar más tiempo con ella… una noche oí ruidos en el gimnasio y me acerqué a mirar…y la vi allí, pero no parecía ella, corría atacando a un enemigo invisible, le golpeaba, se defendía…dio una patada en el aire con una doble vuelta y cayó de pie, se secó el sudor con la toalla, se soltó el pelo y sonrió…nunca la había visto sonreír tan sinceramente… y tampoco había visto una sonrisa tan bonita, creo que fue en ese momento en que me di cuenta que me había enamorado de ella- las últimas palabras se oyeron en un susurro que no pasó desapercibido para ninguno, mi cara ardía mientras miraba atentamente mi plato e intentaba que el pelo ocultase mi rostro- a partir de ahí no hay mucho que contar, se lo propuse, aceptó, pasamos unos meses juntos hasta mi propuesta- bebió otro sorbo mientras nos servían un nuevo plato y mi anterior se volvía intacto- después de aquello se marchó, se despidió de Natsude y a mí me dejó una nota, nunca podré olvidar aquellas palabras: "Sé feliz por mí, Seichiro, feliz sin mí."
Es cierto. Aquellas fueron mis últimas palabras para él, diciendo todo lo que sentía, realmente quería que fuese feliz, era un gran chico, se lo merecía, y conmigo nunca lo sería…porque no creo en la felicidad, y a penas puedo creer en el amor.
A- Creo que necesito tomar el aire- dije levantándome de mi silla, mientras me dirigía a las escaleras que daban al sendero de la playa.
U- Te acompaño – dijo separando su silla de la mesa. Reuní todas mis fuerzas para esbozar una sonrisa.
A- No hace falta, me gustaría estar sola, no os preocupéis por mí, conozco muy bien todo esto- dije volviendo a tomar mi dirección- disfrutad de la cena.
Nadie dijo nada, seguí por el sendero que llevaba a una pequeña cala detrás de las rocas. La suave brisa marina mecía mi pelo, nublando mi vista, pero no me importaba, mis ojos miraban sin ver, mis pies iban solos, reconociendo el irregular camino tantas veces recorrido. De repente la luz se abrió en un claro, dejando la pequeña cala a la vista, me quité los zapatos e introduje los pies suavemente en la arena, el frescor nocturno se hizo presente y un escalofrío recorrió mi cuerpo haciendo que me abrazase involuntariamente. Como siempre, me había dejado llevar por un impulso sin pensar y pronto tendría que regresar a la casa.
Tomé asiento en la arena y abrazando mis rodillas, cerré los ojos, intentando poner en orden todos aquellos sentimientos que me bombardeaban de nuevo. Oí el suave golpe de las olas contra la arena, y de fondo un murmullo de voces que provenían de la casa. La risa de Matome se oyó claramente sobre los demás. Sonreí involuntariamente. ¿Cómo se habría tomado todo aquello?
Tendría que hablar con Seichiro en privado, necesitaba saber cómo se sentía, cómo me veía. Rememoré todas las imágenes del tiempo que habíamos pasado juntos y no pude evitar sonreír, había sido un buen amigo, pero sólo eso, nunca había logrado sentir nada más por él, por aquel entonces seguía enamorada de Ranma. Quizá ese fue el problema. Aunque lo hubiese dejado atrás físicamente, no lo había dejado mentalmente, cada chico que conocía lo comparaba con él, y cuánto más tiempo pasaba el odio desaparecía agrandando cada vez más su imagen, ensalzándole, una sombra insuperable que me perseguiría por el resto de mi vida. Tarde mucho en darme cuenta que el recuerdo de Ranma estaría en mí para siempre, sólo aceptándolo como parte de mí podría continuar. Aunque lo negaba ante los demás, él siempre estaría en mí, y a partir de ahí sólo quedaba seguir adelante. Ya no le quería, al menos eso entendía, porque para ser sincera nunca había logrado entender mi corazón.
Cuando salí con Seichiro creía que le quería, me sentía muy bien a su lado…hasta la noche de la fatídica pregunta en la que al imaginarme el resto de mi vida junto a él creí ahogarme, vi mi infelicidad, y lo que fue peor, la de Seichiro, porque al pensar en toda la vida junto a alguien una imagen muy distinta vino a mi cabeza, comprendiendo que nunca le querría, que nunca sería capaz de hacerle feliz… y al de pocos días, Ryoga, ajeno a todo esto, me hizo una propuesta similar y me sentí tan miserable, tan culpable… culpable de no quererle, de no corresponderle, de no ser capaz de estar a su lado…teniendo que decir esas palabras que tanto duelen pero que son tan sinceras: sólo te veo como un amigo, nunca podré verte de otra manera.
Ryoga lo había llevado bastante bien, ningún rugido del león ni nada parecido, se había mantenido muy ocupado, apenas nos veíamos en las cenas, en las que Ukyo no paraba de hablar. Alguna noche les había visto conversando, siempre en murmullos, ajenos a mi presencia, seguramente aquello fue el inicio de su relación, una mezcla del cariño de Ukyo y la falta de éste de Ryoga. Ahora estaban bien, muy bien, y una pequeña parte de mi culpabilidad desapareció al convencerme de que aquellas charlas de las que había sido culpable habían sido el inicio de esa relación.
Seichiro era distinto. Después de mi negativa nunca supe más de él, y aquello me dolió, porque mucho de mi nueva vida era gracias a él, mis movimientos, mi soltura…a excepción de mi voz toda mi aptitud hacia el baile había sido por él, me enseñó los pasos básicos, las primeras nociones…las primeras satisfacciones gracias a mi esfuerzo tras dejar las artes marciales. Su interior siempre había sido un misterio, aunque decía que era diferente de Natsude, no lo era, se había encerrado en un personaje, en una imagen pública siempre sonriente, mientras en su interior seguía siendo aquel niño abandonado, que nunca salía al exterior. Por eso, seguramente había encerrado muchas más cosas allí, quizá sus sentimientos por mí, aunque esperaba que no se hubiese cerrado tanto como yo, que su capacidad de querer y enamorarse siguiese allí, y que esta noche se fijase en esa morena que estaba a su lado en la mesa. Mucha suerte Matome. Mañana hablaría con él. Necesitaba saber.
A- ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?
S- Eso es lo que me pregunto yo siempre- su voz me asustó y abrí de golpe los ojos, ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?- No quería asustarte, pero se ha hecho tarde y no volvías… - dijo tomando asiento a mi lado en la arena.
A- Te han enviado a ti- dije mirándole, su mentón levantado desafiante miraba el mar,
la luna daba suaves destellos sobre su pelo que se retiraba de la cara echado hacia atrás por el viento. Era el único que estaba a su altura, pero no estaba preparada para ello- ¿No te cansas de que te manden siempre a ocuparte de mí?
S- No es ninguna molestia- dijo sonriéndome con una actitud arrogante, orgullosa… que me hacía recordar mis años adolescentes, un escalofrío me recorrió de arriba abajo- Toma- dijo tirándome su chaqueta por los hombros.
A- No hace falta…- intenté rehusarla, pero una de sus manos en mi hombro lo impidió.
Nos quedamos en silencio, mirando el mar, en todo momento conscientes de la presencia del otro, mi pelo golpeaba suavemente su camisa, intenté sujetarlo con una mano.
S- No importa- un susurro, solté el pelo y abracé aún más fuerte mis rodillas, dejándole atrás, inclinado sobre la arena con sus brazos debajo de su cabeza, aquello me era tan familiar…y a la vez tan extraño…encima de un tejado tantas tardes, tantas noches… Así pasó el tiempo, no sé cuánto, pero allí, mirando el mar, me sentí bien.
S- Una noche difícil, ¿no?
El silencio roto, las palabras certeras.
A- Sí- es todo lo que pude decir.
S- Todos tenemos un pasado, lamentablemente siempre aparece en el momento menos indicado, ¿verdad?- no dije nada, esperando que el silencio hablase por mí- tú al menos ya lo has pasado, yo vivo día a día temiendo y a la vez deseando que ese día llegue.
A- Lo que has visto es sólo una parte- dije levantándome- todavía no ha aparecido ese pasado que tanto temo, no sé cómo reaccionaré ese día- me acerqué al agua, tenía ganas de tocar el mar, de sentirlo- a diferencia de ti no lo deseo, sólo lo temo- noté el agua helada cubrir mis pies, anduve un poco por la orilla, el mar cada vez estaba más agitado- ¿No desearías cambiar algunas cosas que has hecho? ¿Reacciones que en momentos has tenido y de las cuáles segundos después te has arrepentido? ¿Qué hubiera pasado si…? ¿Por qué no fui capaz de…?- le miré, se había sentado y me observaba.
S-No merece la pena, el pasado pasado está y lo único que podemos hacer es responder por él y aprender de nuestros errores- su suave sonrisa se curvó en una mueca y le vi levantarse rápidamente- ¡¡¡¡Ake…
No oí terminar mi nombre, una ola me cubrió entera arrastrándome con la resaca hacia dentro, intenté salir a flote, pero el agua tiraba de mí con fuerza, otra vez la misma sensación…el aire se acababa, movía las piernas intentando llegar a la superficie, pero lo único que hacía era enredarlas más en el vestido, impidiendo todo movimiento, a penas distinguía la luna entre el montón de burbujas que generaba mi respiración y mis movimientos… nunca pude aprender, y siempre supe que aquello sería mi perdición… Dios, qué muerte más estúpida, ya no me quedaba aire, alargué mis brazos hacia lo que creía que era la luna, la cabeza daba vueltas, noté entrar el agua en mis pulmones, estaba perdiendo la conciencia, intenté luchar por última vez, en vano, noté como me hundía cada vez más…me pareció notar algo en el brazo, quizá fuese un alga, un pez… ¿Qué más da? Si hubiese sido hace unos años, él me hubiera salvado, me hubiese protegido… ya era tarde, él no vendría…escenas pasaron rápidamente por mi mente, las tres jugando de niñas, la muerte de mamá, la entrada al instituto, las batallas diarias…mis labios esbozaron su nombre, en un último esfuerzo, cuando dejé de sentir por completo.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que sentí algo cálido dentro de mí, y unos suaves golpes; otra vez el calor y un suave murmullo a lo lejos, ¿Qué era? Empecé a tomar poco a poco conciencia de mi cuerpo, primero, el pecho, después el vientre…no podía respirar, los pulmones estaban llenos… pero estaba viva. La sensación cálida era aire, aire caliente…alguien me estaba reanimando, notaba unos labios fríos sobre los míos, quería moverme, hablar, decirle que seguía allí, que no parase… pero no podía. Sabía por los cursillos del colegio que si en diez minutos no daba ninguna señal, era casi imposible que sobreviviese, ¿cuánto tiempo llevaría? Poco a poco pude distinguir las palabras, alguien decía que no le dejase, que luchase… aquello me recordó a Jusenkyo, aquella vez había luchado hasta mis últimos segundos de vida y logré salvarme, había cambiado, pero mi alma se negaba a morir, volvería a luchar, no podía terminar así. Reuní las pocas fuerzas que había en mi cuerpo para lograr captar el aire caliente que entraba a través de mi boca, intentando sacar el agua que invadía mis pulmones. No lo conseguí y sentí como parte de esas fuerzas me abandonaban. No, no podía rendirme ahora, ya había estado antes muerta y había logrado revivir, debía lograrlo de nuevo. Intenté concentrar mi chi en una vieja técnica marcial en la que el chi podía distribuirse por todo el cuerpo, era lo que necesitaba, energía, con la siguiente bocanada de aire intentaría distribuir el chi para lograr tener la energía suficiente para toser y sacar el agua que inundaba mis pulmones. Llegó mecánicamente e hice mi última jugada. El chi se distribuyó, haciendo que consiguiese inclinarme hacia un lado y empezase a toser, noté el aire entrar a mis pulmones. Noté unas fuertes manos sostenerme para que no tragase arena, y me hicieron sentarme. Respiraba, por fin respiraba.
S- ¿Estás bien?- me incliné hacia la voz, abriendo por primera vez los ojos, una imagen borrosa debido al agua de mar que había estado demasiado tiempo en contacto con mis ojos me hizo regresar en el tiempo, envuelta en su chaqueta, unos ojos azules mirándome desesperados- Dios, ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no has nadado hasta la orilla?-su voz no sonaba recriminativa, sino angustiada, lo había vuelto hacer, había preocupado demasiado a alguien por ser tan estúpida de no haber podido aprender a nadar, intenté hacer lo único que lograba tranquilizar a todas aquellas personas que por alguna razón u otra me habían salvado. Él apartó un mechón que se metía todo el rato en mi boca dificultando mi respiración.
A- Lo siento, soy una torpe, no sé nadar- dije intentando dar una sonrisa tranquilizadora. Su mano en lugar de retirarse se paralizó un momento para después deslizarse suavemente sobre mis mejillas, mientras sus ojos no dejaban de mirar mis labios, mi sonrisa.
Y mi corazón empezó a acelerarse al saber lo que iba a pasar a continuación. No pude moverme, no pude reaccionar, cerró sus ojos y posó sus labios suavemente sobre los míos. Respondí involuntariamente, sin moverme, notando una sensación muy distinta a la que momentos antes había sentido al notar sus labios. Sentí mi cuerpo empezar a reaccionar, cuando me di cuenta mis brazos envolvían su cuello, ¿quién los había puesto allí? Su cálida respiración lleno mi boca de nuevo, mientras su lengua buscaba la mía casi con desesperación, ahondando más en el beso. Correspondí, no voy a negar lo que hice, nuestro abrazo, inclinados sobre la arena, se hizo más estrecho, mientras el beso se hacía cada vez más íntimo y pasional. Mi cuerpo y su reacción me sorprendían a mí misma: no lo rechazaba. Cuando estuve con Seichiro o cuando Ryoga me besó, siempre había sentido una especie de repulsión; no es que me diese asco, ni nada por el estilo, simplemente me parecía que hacía algo que no quería hacer, con lo que no me sentía bien.
Esto estaba siendo muy distinto, me sentía bien, demasiado bien. Al notar parte de su peso sobre mí reaccioné, abriendo los ojos de golpe. Aquello no podía pasar. Simplemente no podía ser. Solté mis brazos de su cuello y dejé de responder su beso. Él se dio cuenta y también abrió los ojos, a tan solo unos centímetros de los míos, en una mirada tan llena de… sentimiento, que estuvo a punto de hacerme perder de nuevo la razón. No estaba preparada para ello.
A-Lo…lo siento- dije deslizándome de debajo de su cuerpo y levantándome mientras con la palma de la mano quitaba la arena que se había pegado al vestido. Misión imposible, debería confiarlo a una tintorería para salvarlo.
Noté de nuevo su proximidad a mis espaldas, se había puesto en pie.
S-Akemi, yo…
A- Es tarde, tenemos que volver a la casa o nos resfriaremos- dije en un tono que me recordó demasiado a Kasuni, mientras subía mi vestido hasta las rodillas y empezaba a andar a paso bastante rápido por el sendero que llevaba a la casa. Miré de reojo y no vi su sombra, ni siquiera oí sus pasos- ¡Saorân!
S- Vete yendo tú, Akemi, enseguida voy a la casa, no te preocupes- su voz sonó todavía desde la playa, pero los árboles me impedían verle. Si se ponía enfermo me sentiría culpable.
A- No tardes- grité y continué el camino. Llegué a la casa que estaba sumida en la oscuridad y el silencio.
Me di cuenta que iba descalza, debía haber dejado mis zapatos en la playa. Estornudé. Mañana intentaría recuperarlos, primero tenía que cambiarme de ropa si no quería ponerme enferma. Al llegar al tercer piso en el que se encontraba mi habitación, no pude evitar el impulso de mirar por la ventana. Saorân acababa de aparecer en la gran terraza, su traje estaba completamente empapado y la camisa blanca se pegaba a él como una segunda piel. De repente miró hacia arriba, coincidiendo por unos segundos nuestras miradas, retrocedí y me metí rápidamente en mi cuarto, apoyándome en la puerta tras cerrarla. Mi corazón se había vuelto a desbocar, no sabía que había sentido, ni que sentía.
La luz se hizo de golpe. Me llevé una mano a los ojos, no veía nada.
M- ¿Qué horas te crees que son?- su voz sonaba irritada.
U- Llevamos más de una hora esperándote, ¿se puede saber qué te ha pasado?- por fin logré vislumbrar las dos siluetas, y Ukyo se acercaba a mí. Por primera vez en toda la noche me di cuenta del alcohol que había consumido, quizá eso me había hecho actuar como había actuado.
A-Tuve un pequeño accidente en la playa, ¿me ayudas?- dije ofreciéndole mi espalda para que desabrochara mi corpiño.
U-¿Un accidente? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?- dijo mientras empezaba a desatar el corpiño. Se oyó una puerta cerrarse al final del pasillo.
M- ¿Qué ha sido eso?- se acercó hasta la puerta abriéndola un poco para asomarse y volviendo a entrar- no hay nadie, ¿Podía ser Sao?
Al oír pronunciar su nombre me di cuenta que los formalismos habían quedado atrás, nos habíamos empezado a llamar por nuestros nombres de pila, algo que en aquel momento de nerviosismo no había notado pero que no pasaría desapercibido. Un suspiro escapó de mi boca. Estaba demasiado cansada para pensarlo tendría que esperar a mañana.
A- Sí, era tu hermano, me ha acompañado a casa- dije dando la espalda a las dos mientras me dirigía al baño a tomar un baño caliente.
M- ¿Y qué habéis estado haciendo todo este tiempo?- podía ver su reflejo en el espejo, y el mío propio, que se sonrojó visiblemente ante la pregunta, agité la cabeza intentando que el pelo me cubriese un poco.
A- Hablar- dije cerrando la puerta tras de mí.
U- ¿Me quieres hacer creer que llegas totalmente empapada y llena de arena porque sólo has estado hablando con un chico?- cerré la puerta con pestillo, justo en el momento en que mis amigas al otro lado intentaban abrirla- sal de ahí ahora mismo y cuéntanos lo que ha pasado.
A- Es muy tarde chicas, es mejor que os vayáis a dormir- me metí en la ducha y dejé correr el agua- hemos estado hablando, nada más, lo que pasó es que tropecé con el vestido, me caí y lo demás ya lo habéis visto- el agua desentumeció mi cuerpo reconfortando los músculos y haciéndome caer en un estado de cansancio y soñolencia del que no había tenido conciencia hasta el momento.
U- No me creo nada- oí entre murmullos. Habían dejado de aporrear la puerta del baño, la puerta de la habitación se abrió.
M- ¿Qué crees que ha pasado?- después sólo un suave portazo, no pude oír la respuesta.
Salí de la ducha, me sequé y me puse el pijama. Me alegraba que apenas hubiesen insistido, no tenía fuerzas para discutir ahora. Sequé mi pelo lo mejor que pude con una toalla, no eran horas de encender el secador. Me metí en mi antigua cama acomodándome en el suave aroma familiar, acurrucándome sobre mí misma en posición fetal. Estaba demasiado cansada para pensar. Unos golpes en la puerta me hicieron ponerme otra vez en tensión. Al no obtener respuesta los golpes volvieron a repetirse. Fuera quien fuese, no importaba, no tenía ganas de hablar con nadie. Oí la puerta abrirse lentamente.
S- Akemi… ¿Estás despierta?- reconocí su voz en aquel susurro, pero era incapaz de contestarle, ¿Qué iba a decirle? ¿Qué iba a decirme? ¿Y qué es lo que esperaba realmente oír? Escuchaba el bombeo acelerado de mi corazón de una manera tan clara que creí por unos segundos que él también podría oírlo y darse cuenta de que no dormía. Pasó algo menos de un minuto y la puerta se cerró. Sus pasos se alejaron por el pasillo.
Tarde un buen rato en tranquilizarme y volver a sentirme soñolienta. Habría un momento para hablar, un momento para las respuestas… pero no sería esa noche.
(1) Caballo Salvaje se puede expresar en una palabra, y esa es Ranma, no sé muy bien porqué pero en numerosos fics dicen que Ranma significa caballo salvaje igual que Akane significa algo así como nubes rojizas, lo siento si no hablo más sobre el tema pero seguramente metería la pata.
