Wola!

Sé que hace menos de una semana publiqué el anterior, pero cuando hay inspiración la hay, y cuando no…pues ya sabéis lo que pasa, un mes esperando un capítulo. Últimamente no tengo muchas reviews, no sé si la gente se ha cansado del fic, si anda de vacaciones, si le da pereza escribir…bueno, yo esto lo hago también por diversión así que no importa, aunque si queréis decirme cualquier cosa: quejas, sugerencias, recomendaciones…ya sabéis: Hasta el próximo capítulo!

Capítulo 16: VERDADES Y FAMILIA

Desperté con una ligera sensación de frío e instintivamente me acerqué más a la fuente de calor que se encontraba pegada a mi espalda. ¡Qué cálido! Me sentí mucho mejor, así podría volver a dormir. Entonces me di cuenta de todo: la respiración ajena en la espalda, el movimiento de su pecho contra mí, su brazo envolviéndome…Sonreí al descubrirme en brazos del hombre que ocupaba mis sueños.

Me acurruqué mejor intentando volver a dormir mientras recordaba la experiencia de la noche anterior: cada beso, cada caricia…me sonrojé al notar cómo había reaccionado, cómo me había entregado… Y por último sus palabras, que me llevaron a la paz interior que hacía mucho tiempo esperaba: "Te quiero Ak…"

Me levanté de golpe, intentando controlar la respiración, intentando tranquilizare. Le miré mientras empezaba a abrir los ojos. No podía ser, él no podía haber dicho aquel nombre…

S- Buenos días- dijo con los ojos entreabiertos alargando un brazo para acercarme de nuevo a él.

A-¡No!- grité, un no para él, un no para mí, para rechazar los pensamientos que me hacían dudar de la persona tumbada a mi lado. Cogí la colcha y salí de la cama, empezando a recoger la ropa desperdigada por el suelo, lo más rápido que podía, intentando hallar una razón lógica para lo que había escuchado la noche anterior- tuvo que ser un sueño- murmuré encerrándome en el baño.

S- ¡Akemi!- oí su voz al otro lado de la puerta, acercándose- ¿Qué te pasa?- intentó abrir la puerta- Ábreme, por favor, no sé lo que pasa, pero sea lo que sea podemos hablarlo…

Me puse la ropa interior como una autómata, mientras tres palabras se repetían insistentemente en mi mente, para dar paso a una de las tres, luchando por ser la más importante en una frase en la que no debía de serlo: Akane.

¿Lo sabía¿Sabía que era Akane¿Cómo lo sabía? Era imposible, aquello carecía de lógica. Y entonces una idea pasó por mi mente, tan ridícula, tan estúpida…que lo más posible era que fuese la verdad: aquella chica, la que él había querido, a la que yo le recordaba…no podía ser otra que Akane. Miré mi imagen en el espejo.

A- Me has vuelto a traicionar- dije a mi propia imagen. Oí a Saorân llamando, oía mi nombre… demasiado tarde, ahora sólo quería la verdad. Me lavé la cara, recogí el pelo y tomé aire para enfrentarme con la realidad. No sabía que la realidad era algo mucho mayor de lo que podía soportar.

Abrí la puerta encontrándome de frente con él, sus ojos preocupados, su aspecto desvalido tapado tan solo con una sábana…

A- Akane- dije intentando que no se notara el temblor en mi voz. Su rostro palideció y se apartó de mí, confirmando parte de mis sospechas. Quedaban tantas preguntas…- quiero la verdad.

Se sentó en la cama, hundiendo las manos en el pelo, con la mirada perdida… ¿Cuándo me conociste¿Cómo te enamoraste de mí¿Cuánto me quisiste¿Por qué nunca lo supe?

S- Lo siento- murmuró levantando la cabeza para mirarme- siento haberte mentido.

El silencio llenó de nuevo la habitación. Mentiras. Una punzada en el pecho. Aquello cada vez iba a peor.

S- No sé por donde empezar, tengo tanto miedo…

A- ¿De qué?- sonó frío, tajante, vi el temor en sus ojos.

S- De perderte, debí decírtelo en cuanto supe que la conocías…pero entonces pensé que me rechazarías, que no creerías nada de lo que te contase.

A- No puede ser tan malo.

S- Mi apellido…no es Kadono, es Saotome.

Tragué duro, intentando asimilar la información recibida, no debía ser tan difícil, era algo que ya sabía, pero que me acababan de confirmar con toda la dureza que podían tener esas palabras.

A- Eso no explica porqué pensabas que te rechazaría- dije sentándome a su lado a una distancia prudencial. Él suspiró- lo que no entiendo es tu relación con ella, nunca me hablo de ti.

S- Eso no es cierto- murmuró. Debía estar en un error, estaba segura de no conocer a nadie llamado Saorân, por mucho que su apariencia hubiese podido cambiar con el tiempo- ella…era mi vida- noté mi corazón encogerse- la quería…y nunca pude decírselo, fui tan cobarde…- acerqué mi mano para calmarle- yo, que debía ser un hombre entre los hombres, el que debía protegerla…tan solo la alejé de mi lado.

A- ¡No era tu deber!- dije levantándome- tú no eras el que…

S- Todavía no te has dado cuenta¿verdad?- dijo con una semisonrisa- no existe ningún Saorân, no existe ninguna Matome…tienes razón, nunca oíste hablar de nosotros porque…no existíamos, hace dos años éramos sólo una persona- Saorân, Matome, Saorân, Matome…y fue en ese preciso momento cuando la realidad me golpeó de frente, dejando en aquel juego de palabras, la verdad tanto tiempo oculta, el nombre que tanto había intentado borrar- porque la verdad es que Matome es la cura de mi maldición, yo era su prometido, era…soy, Ranma Saotome.

Mi cuerpo perdió toda su fuerza, sumido en un estado de shock que no le permitía moverse, vi su mano acercarse.

A-¡No!-grité con todas mis fuerzas, intentando volver en mí. La ira, el rencor, el dolor… se esparcieron por mi cuerpo rápidamente, dándome fuerzas para moverme, di un paso hacia atrás y miré sus ojos por primera vez, sabiendo realmente de quién eran, todo ese tiempo había estado ahí, engañándome de nuevo…estúpida, por volver a caer, por ser tan débil- ¡No te atrevas a tocarme, Saotome!

El aire me faltaba, no podía estar más tiempo allí, tenía que ir a casa, tenía que escapar, no podían atraparme… Abrí la puerta de la habitación y salí corriendo, con todo lo que podían dar de sí mis piernas aun entumecidas, logrando colarme por a puerta del ascensor en el momento que ésta se cerraba. No me di cuenta de que había más personas en el ascensor hasta que llegué a la planta baja. Corrí al mostrador, dejando atrás miradas atónitas. No podía perder mucho tiempo, no sabía cuanto tardaría en darme alcance, no podía arriesgarme a que lo hiciese.

A- Habitación 308, ayer me dejé la llave y…

- Nos han informado de ello, si quiere puede volver a su habitación hasta las 12, sino nos tomamos la libertad de guardar en una sala privada sus pertenencias por si quería irse y…

A- Sí, sí, sí, muchas gracias¿Podría llevarme?

-No hace falta, un momento- dijo retirándose al interior de lo que parecía una pequeña oficina. Salió con una bolsa.

A- Muchas gracias- dije mientras veía una serie de taxis parados fuera. Me dirigí a ellos. Las puertas del ascensor se abrieron justo en el momento que salía por la puerta principal; rápidamente me monté en un taxi y le di la dirección. Cuando arrancó experimenté un leve alivio.

Respiraba agitadamente, el trayecto duraría unos quince minutos. ¿Cómo¿Cómo no me había dado cuenta de nada? Todo el tiempo había sido él, había estado a su lado, conviviendo con él, había reído, había hablado, había comido, había bailado, había…cogí el móvil dispuesta a llamar a Ukyo, no podía esperar, me dolía tanto por dentro que él único alivio era sacarlo fuera, compartirlo con alguien más…era como si todo mi mundo hubiese desaparecido, como si todo lo que había conseguido fuera un espejismo. Lo encendí. Me llegó un mensaje informando que un número me había llamado treinta veces aquella noche, reconocí el número de Ukyo y recordé las instrucciones que le había dado. Decidí esperar e intentar tranquilizarme, no podía dejarme llevar por todo esto, debía mantener la mente fría, debía buscar una salida.

- Señorita, hemos llegado- dijo el conductor sacándome de mis pensamientos, busqué rápidamente en la cartera y le di el primer billete que encontré sin importarme que fuera muy superior al precio exigido.

A- Quédese con el cambio- dije saliendo del taxi, viendo a Ukyo en la ventana para en unos segundos encontrarse en la puerta. Me miró expectante desde ella. Subí los escalones con pesadez, intentando convencerme de que en cualquier momento despertaría, que sólo era un sueño, un mal sueño. Porque no podía ser, no podía ser que el hombre al que quería, en el que confiaba, al que me había entregado por completo fuese…

U- Akane- murmuró. Corrí hacia ella, refugiándome en sus brazos, y lloré, dejando el dolor que atenazaba mi ser se expresase a través de mis ojos. Ella no dijo nada, sólo estrechó el abrazo y acarició mi cabeza para tranquilizarme, como habían hecho mi madre y Kasumi tiempo atrás- Entremos en casa.

Me dejé guiar, sin el conocimiento de a dónde dirigir mis pasos, me encontraba perdida en un mundo sin sentido del que me sostenían unos débiles brazos. Las lágrimas empezaron a dejar de brotar y busqué un pañuelo para aligerar la congestión. La miré por primera vez a los ojos y ella no pudo sostener la mirada.

U- Te llamé, pero tu teléfono estaba apagado- dijo con voz quebrada- intenté…evitarlo, aunque de todas maneras ya se lo había dicho a Matome y era cuestión de tiempo que se enterase.

A- No lo sabe- dije en un balbuceo- no…se lo dije.

U-No sé si alegrarme por ello o no, al fin y al cabo lo sabrá en unas horas.

A- Lo sé- dije levantándome y acercándome a la ventana- todo…se acabó.

U- ¡No digas eso! Sé que ha tenido que ser muy duro descubrir que era Ranma, pero has luchado por estar donde estás¡No puedes volver a esa jaula!

A- No he dicho que vaya a volver- mi mente se volvió clara y fría tras aquellos momentos de hundimiento y debilidad- no puedo vivir una vida que no es la mía, lo único que puedo hacer es solucionar todo aquello que dejé pendiente, sólo así podré seguir, sin huir, sin esconderme…

U- ¿Para qué hemos hecho todo esto, entonces¡Era por ti, Akane! A Ryoga y a mí no nos iba a buscar nadie ¿Quién iba a buscar a una huérfana loca de la espátula y a un cerdo con pésimo sentido de la orientación?

A- ¿Un cerdo?- aquella insistencia en llamar cerdo a Ryoga me desconcertaba.

R-¡Cállate, Ukyo! Ella no sabe…- y entonces, otra realidad me golpeó, lo que todo este tiempo me habían ocultado todos: que mi mascota, la que dormía conmigo, vivía conmigo y con la que compartía mis secretos…no era otro que mi gran amigo Ryoga Hibiki.

A- Me voy-dije decidida metiéndome a mi cuarto, cerrando con pestillo la puerta.

R-¡Akane¡No es lo que tú piensas¡Fui un estúpido¡Debí habértelo dicho!

Recogí mis cosas rápidamente, llenando sin ningún tipo de orden dos maletas. Cogí lo poco que necesitaba para la boda y volví a salir. Ryoga esperaba con cara afligida, Ukyo con cara preocupada.

A-¿Cuánto tiempo estuvisteis riéndoos de mí? La estúpida Akane nunca se entera de nada¿verdad? Debías reírte mucho cundo pegaba a Ranma para defenderte.

R- Yo no quería eso, yo solo…-puse una mano en su boca.

A- He tenido suficientes excusas en mi vida, Ryoga, no te conviertas tú también en eso, por favor- intenté calmar la ira acumulada por la humillación sentida, intenté no cometer una equivocación por el calor del momento- ahora no puedo hablar contigo, vete a saber lo que te diría, además, debo acudir a una boda- dije siguiendo mi camino. Un brazo me frenó.

R-Acepto lo que dices, hablaremos cuando quieras…pero dime que no te irás.

A- No te voy a negar algo que voy a hacer, necesito tiempo, Ryoga, tiempo para curar las heridas, tiempo para aclarar sentimientos, tiempo para…perdonar- dije soltándome- ahora, voy a enfrentarme a mi pasado y no sé si podré soportarlo, no me hagas hundirte conmigo.

R- ¿Qué ha pasado?- preguntó preocupado a Ukyo.

U- Acabo de regresar de casa de Matome, Ryoga, en realidad ella es…

A-Ranma- pronuncié su nombre con resentimiento, casi escupiéndolo- Saorân y Matome son un bonito juego de sílabas que si las ordenas…

R- Ranma Saotome- le sonreí, el dolor por ambos descubrimientos me estaba destruyendo. Pero el show debe continuar.

A- No puedo retrasarlo más- dije dirigiéndome a la puerta- ya pasaré a por las maletas.

U- Akane, eso no es necesario…

A- Lo es, Ukyo, lo necesito…-cerré la puerta tras de mí y tomé aire, inhalando el fresco aroma de primera hora de la mañana. Afortunadamente Kasumi siempre se levantaba temprano.

Fui a la estación y cogí el primer tren a Nerima. Volvía al Dojo. Volvía a casa. El destino así lo había decidido. A medida que nos acercábamos iba reconociendo los parques, las calles, las tiendas…pequeños resquicios de mi pasado. Bajé y tomé el camino más largo: por un lado, para evitar la ruta de lugares aún más conocidos; por otro para evitar no inevitable.

Me paré ante la placa del nombre de mi familia. La puerta empezó a abrirse y no pude evitar sonreír al ver a mi hermana mayor ajena a mi presencia.

A- Kasumi…-la dueña de dicho nombre dio un leve respingo. Y al verme sonrió.

K-Has venido, pensé que en el último momento cambiarías de opinión-dijo cogiéndome del brazo y adentrándome en un mundo del recuerdo, un mundo del pasado, rompiendo esa barrera que me había impedido adentrarme por mí misma, con una facilidad, con una ingenuidad…sin darse cuenta de lo que ese paso suponía…Kasumi.

La casa seguía igual, no había cambiado nada. Me sentí una niña, acariciando las paredes llenas de recuerdos sin poder evitar sonreír, y a la vez adulta, por darme cuenta de que aquellos momentos eran el pasado que nunca ya volverían. Suspiré.

-¿Tú debes de ser nuestra primita, no?- oí una voz conocida a mis espaldas. Al voltearme casi sonreí al reconocer en aquella mujer a mi hermana mayor Nabiki. Con el pelo un poco más largo pero el mismo corte, un sutil maquillaje que remarcaba sus ojos haciéndola parecer mucho más inteligente y el traje que llevaba…eso demostraba que los negocios de Nabiki no eran en vano, al menos así podía permitirse esos lujos en ropa.

A-Eso creo- dije tendiéndole la mano. Ella negó con la cabeza.

N-Déjate de formalismos, somos familia¿no? Es curioso que no te recuerde, tengo muy buena memoria¿sabes? Aunque me pareces familiar así que…lo dejaremos correr por esta vez- dijo con una sonrisa mientras me miraba de arriba abajo, con esa mirada escrutadora tan típica de ella- ahora, veamos que podemos hacer contigo¡Tienes que conseguir estar a la altura de una Tendo! Y te aseguro que no es nada fácil.

A- Estoy en tus manos-dije intentando sonreír. Ella cogió mi mano y me llevó escaleras arriba, en un impulso que no me pareció propio de ella. Parecía que todos habíamos cambiado.

Entramos en la habitación de Kasumi, estaba igual que siempre. De la puerta del armario colgaban varias perchas con trajes cubiertos por fundas. Estaba impaciente por ver el vestido de la novia. Nabiki se adelantó y cogió dos perchas, miró las etiquetas y me tendió uno de ellos.

N- Primero nos vestiremos, luego nos arreglaremos y por último, pero no por eso mucho menos importante porque sin ella no habría boda, la novia- dijo haciendo una reverencia ante Kasumi. Aquello me hizo gracia, y Kasumi sonrió al verme sonreír.

K- Siempre me ha gustado mucho tu sonrisa-dijo con voz pausada sin dejar de mirarme. Nabiki estaba entre las dos, frunció el ceño.

N- ¿Hay algo que debería saber?

A- No-dije abriendo la funda y observando el vestido gris azulado, en un principio iba a ser amarillo, pero definitivamente era mucho más bonito en ese color, más sobrio, más elegante…más Kasumi. Nabiki me imitó y empezó a desvestirse, noté que desde ayer a la noche no me había duchado, y definitivamente no había sido una noche tranquila- Si no es molestia¿Podría darme un baño?

N- Claro-dijo aun en ropa interior- abajo, tercera puerta a la derecha, hay toallas limpias, recuerda colocar el cartel para que nadie entre, tuvimos problemas anteriormente.

A- Gracias- ¿Aquel comentario se refería a…? Salí y bajé despacio las escaleras, escuchando, no quería encontrarme con nadie, no todavía. Cerré la puerta, colocando el cartel. Coloqué el vestido con cuidado y la ropa interior limpia que había traído. Me desvestí y me metí en la tina. No recordaba lo reconfortante que era aquello. Observé el techo, en mis años adolescentes aquel lugar me había dado muchas soluciones, suspiré, ahora necesitaba una, la más importante.

No podía ir arriba y decir que era Akane, no tendría sentido…cabía la posibilidad de que alguien me reconociese…ese sería el único motivo por el que admitiría la realidad, él único motivo por el que volviese a la realidad de aquella casa, a la realidad de mi pasado. Aunque aquello era realmente improbable, si Nabiki no se había dado cuenta, había muchas posibilidades de que nadie lo supiese. Arriba, en aquella habitación, no había notado el paso de los años, habíamos cambiado, pero los lazos seguían ahí. Matome. Ella era mi máxima prioridad¿Se lo habría dicho a alguien? Seguramente sí, y sabía el primer nombre de su lista. El día iba a ser muy largo, y no iba nada bien, no sabía cómo reaccionaría al volver a verlo, esta vez totalmente consciente de su identidad. Estaba tensa, muy tensa, y aquello hacía que la incomodidad entre mis piernas aumentase, por si no tuviese suficiente con mi mente, mi cuerpo también trataba de recordarme lo sucedido en las últimas horas. Decidí salir, sino se haría tarde. Recogí un poco el baño y me vestí. Abrí la puerta con cuidado, poniendo atención a los sonidos. Nada. Velozmente llegué de nuevo al cuarto de Kasumi.

N- ¡Menudo cambio!-dijo mirándome con el mismo vestido que el mío- ¿Piensas recogerte el pelo? Yo preferiría llevarlo suelto.

A- Mmm…sí, por mí está bien-dije deshaciendo el recogido que había hecho a primera hora en el hotel. Mi larga cabellera negra azulada cayó, hacía un bonito contraste con el vestido. Lo agité un poco para que cogiese una forma más natural.

N- No me había fijado- dijo acercándose para tocar mi pelo- ¿negro azulado¡Chica! Ahora si me creo que seas de esta familia- tocaron la vuelta-¡Adelante! Estamos todas visibles- se volvió de nuevo hacia mí mientras se abría la puerta- ¿Sabes? Mi madre tenía ese color de pelo y también…

-Akane- una voz de mujer sonó desde la puerta, me giré sabiendo que hallaría. Nuestras miradas se cruzaron y los ojos de ella se agrandaron por la sorpresa. Supe que el momento había llegado- Akane-dijo dando un paso hacia mí- ¿Eres tú?

Tomé aire para volver a la realidad, para volver al infierno e intentar convertirlo en algo más frío, en un lugar del que no tuviese que huir.

A- Señora Saotome-murmuré con una breve reverencia. No me dio tiempo a nada más, unos brazos me rodearon, y noté el suave aroma de la mujer envolviéndome, recordándome el aroma de Matome.

No-Por fin- murmuró- por fin has vuelto, hija- y estrechó su abrazo. Un leve escalofrío me recogió. ¿Hija¿Cuánto sabría Nodoka¿Qué le habrían contado sus hijos?

N-¿Estáis bromeando¿Eres tú, Akane?- dijo mientras Nodoka se separaba lentamente de mí, la miré por unos segundos- ¡Maldita sea¡Estoy perdiendo facultades¿No le vas a dar un abrazo a tu hermana mayor?

En unos segundos estaba en brazos de mi hermana, cosa que no había pasado desde que teníamos ¿Cuántos¿Diez años¡Qué más daba! Esos momentos merecían la pena, ya pensaría después en los problemas, en las explicaciones…Carpe Diem. Y entonces, en la puerta, alertado por los gritos de Nabiki apareció el hombre que quise desde que nací y al que en ese momento supe que nunca había dejado de querer, por mucho que el rencor había intentado borrarlo de mi corazón, él siempre estaría ahí. Observé las vetas grises que habían empezado a adornar su pelo y sus movimientos cansados. ¿Cómo había envejecido tanto en tan sólo dos años? Me acerqué lentamente a él, con miedo a ser rechazada.

A- Papá-murmuré. Sus ojos se agrandaron, mostrando la misma expresión que Nodoka momentos antes. Vi algo más en sus ojos. Alegría. Y un enorme alivio. ¿Tan mal lo había pasado¿Era yo la culpable de su estado?

S- ¿Akane?- preguntó con voz cansada pero llena de esperanza. Sabía lo que debía hacer, se lo debía. Y mostré el signo que me reconocía y que había escondido tantas veces esos años. Mi sonrisa.

A- Soy yo, papá-dije notando como a pesar de mi sonrisa una lágrima se escapaba de mis ojos, cayendo por mi mejilla, expresando la culpabilidad tanto tiempo ignorada, el dolor de haber abandonado todo, la cobardía por haber huido sin importar a quien dejaba atrás. Se acercó lentamente a mí, estirando un brazo para tocarme, como si lo que viese fuese una ilusión, como si en cualquier momento fuese a desaparecer de nuevo. Cuando sus dedos se amarraron a mi brazo una sonrisa de alivio cruzó su rostro y cayó de rodillas, abrazándose a mi cintura, mientras un torrente de lágrimas empezaba a brotar de sus ojos.

S-Mi niña, mi pequeña-murmuró mientras hundía su rostro en mi vientre, acaricié su cabeza intentando tranquilizarme, tocando sus largos cabellos- no te vayas, no te vuelvas a ir.

Me agaché a su altura mientras notaba que la visión se volvía borrosa por las lágrimas.

A- No lo haré, papá- dije de verdad, aun sabiendo que era una promesa imposible. Le ayudé a levantarse, y él no dejaba de mirarme. Me secó las mejillas mientras las suyas permanecían inundadas. Sonreí al contacto de tan suave caricia.

S- Te pareces tanto a tu madre- sabía que aquello era cierto, todo el mundo me lo había dicho siempre, por eso sabía que aquello debía haber sido muy doloroso para mi padre¿Por qué el rencor no me había dejado verlo?

N- ¿Y se puede saber que es de tu vida¿Te cambiaste el nombre, verdad? Cómo era…-se acercó a la funda del vestido y leyó la nota- Akemi Totsuo, con razón no conseguí nada con mis fuentes. Bueno, al menos conservaste tus iniciales.

No-¿Akemi¿Akemi Totsuo¿Tú no conoces…?

A- ¿A los hermanos Kadono? Claro, debe estar muy contenta de haber ganado una hija-dije aparentando una alegría que no sentía.

N- ¿Me estás diciendo que el estúpido de Ranma te encontró y no nos dijo nada? Se va a enterar.

S- Mi querida niña, podía haberle pasado cualquier cosa, él debía haberla protegido, era su deber…

A- Él no sabe nada, Nabiki- dije tomando un cepillo, empezando a peinar a Kasumi.

N- ¿Cómo que no sabe nada? Nada más verte tuvo que darse cuenta.

A-No, ni él ni Matome me reconocieron, aunque Matome sí sabe quien soy, U-chan se lo contó ayer.

No- ¿Ukyo¡Oh, por Dios! No me digas que Unami es…entonces Ruegi…

A- Ryoga.

N-¿Cuántas cosas más hay que no sabemos?-dijo con una mirada inquisitiva.

K-Dos años es mucho tiempo, Nabiki, fíjate en lo que tú misma has cambiado- dijo ella tranquilamente- ¿Quién imaginó que acabarías con Tatewaki-kun?- no pude evitar una sonrisa al imaginarme a esos dos juntos.

A- ¿Qué calladito te lo tenías, eh?-dije dándole un suave codazo en el estómago. Nabiki se sonrojó, perdiendo por unos momentos la frialdad tan característica de ella.

N- Bueno, cuando Ranma y tú dejasteis de revolotear a su alrededor, Tate se convirtió en una persona normal por extraño que parezca.

A- ¿Me estás diciendo que cuando le vea ya no llevará el traje de kendo ni correrá a abrazarme? No sé si podré acostumbrarme a eso- dije con tono irónico.

N- Quizá no hace falta que te acostumbres, el otro día que vio a Matome casi tuve que atarle- me imaginé a Kuno atado a una caseta como un perro- pero me lo tomo como una parte graciosa de él. El resto del tiempo se comporta normal.

S-Creo que debería irme, Genma debe estar ya con el sacerdote- me echó una última mirada, todavía incrédulo de mi presencia allí- vosotras os encargareis de recibir a los invitados, Nodoka de arreglar los últimos detalles con la novia. Falta menos de una hora para que empiece a llegar la gente, os dejo tranquilas para que continuéis- hizo un gesto de marcharse pero pareció arrepentirse- Akane…muchas gracias por venir.

A- No podía faltar a la boda de mi hermana mayor- papá sólo sonrió y salió por la puerta- y espero que tú también me invites a la tuya.

N- Por supuesto, y te aviso que no tardaré mucho-dijo riendo- hacía mucho que no veía sonreír así a papá.

No- Tienes razón, de repente parece diez años más joven- Kasumi se empezó a poner el vestido y Nodoka la ayudaba- es normal, lo ha pasado muy mal estos años, Akane debías…

A- Lo sé- dije acercándome a ella y ayudando a ajustar el vestido a mi hermana- pero, no podía, en aquel momento…

No- Todos-noté el énfasis en su voz- te echamos mucho de menos, parecía increíble que hubieses desaparecido en la nada, y creo que todos nos sentíamos culpables a nuestra manera.

N- Yo quemé los lotes de fotos que tenía preparados para vender- dijo sonriendo con mirada triste- aquello casi me llevó a mi ruina, comprendí que te había utilizado y…

A- Dejemos todo eso atrás¿De acuerdo? No me voy a ir, ya tendremos tiempo para hablar, discutir, echar culpas…otro día¡Hoy es la boda de Kasumi! Queda mucho por hacer, así que ¡Manos a la obra!- dije con júbilo notando como la cara de cada una de ellas se iba entristeciendo a medida que hablaban, no iba a permitirlo, no hoy, Kasumi se merecía lo mejor para el día de su boda. Sentía haberle robado el protagonismo. Ahora toda nuestra atención debía estar centrada en ella. Nos pusimos a peinar, maquillar…y en media hora las tres estábamos listas.

No-¿Qué os parece si me quedó con Kasumi organizando los últimos detalles y vosotras os vais a la entrada a recibir a la gente?- dijo ajustando el obi de su kimono.

N- Eso está hecho tía Nodoka- dijo cogiéndome la mano- tú y yo vamos a recibir a los invitados¡Tengo que explicarte toda la organización!- salimos por la puerta y me llevó al jardín, el banquete sería en el Dojo, pero la ceremonia en el jardín.

Una pérgola de madera lacada en blanco y decorada con lirios blancos y azulados presidía el espacio, siendo el lugar donde los novios dirían los votos matrimoniales. Las sillas, también blancas y decoradas a juego de la pérgola, se encontraban organizadas en dos bloques, llevando una tarjeta azulada con el nombre de cada invitado. Vi que a nosotras nos tocaba en primera fila, en el lado derecho. Los Saotome, estaban colocados de igual manera en el lado izquierdo. Papá y Nodoka ocupaban los lugares importantes a los lados de la pareja nupcial. Se oyó un golpe en la puerta, los invitados debían haber empezado a llegar.

N- ¿Quieres ver quien de las dos llega antes a la puerta?-dijo en tono jocoso, recordando las viejas competiciones de niñas en las que siempre me ganaba.

A- Pues claro- dije echando a correr como podía con una sandalias plateadas adornadas con pequeños brillantes.

N- ¡Hey, no seas tramposa!- dijo siguiéndome lo más rápido que podía entre el tacón de las sandalias y la irregularidad del terreno.

A- ¡Llegué primero!-dije tocando la puerta de madera y apoyándome para recuperar el aire.

N- Claro, me has hecho trampas…

- ¡No me lo puedo creer!

Entonces miré al chico que tenía esa voz, me resultaba conocido, pero no podía situar su rostro.

- ¿Eres Tendo¿Akane Tendo?- dijo mirándome fijamente con sus ojos azules y una sonrisa.

A- ¿Mouse?- pregunté dudando, el chico tenía el pelo algo más corto y sus ojos claros, antes ocultos tras las gruesas gafas, le hacían parecer realmente atractivo.

M- Sabía que no me equivocaba ¡Es increíble¿Dónde te has metido todo este tiempo?

A- Bueno, aquí y allá, ya sabes. ¡Menudo cambio¡Casi no te reconozco!

M- Lo mismo digo, chica¡estás genial!

Sh- Ahora incluso pareces una mujer, Tendo¿Dónde dejaste tu mazo?- entonces vislumbré la larga cabellera morada que tantos quebraderos de cabeza me había dado.

Y como no, colgada del brazo de su querido airen. Estático, de piedra. Bienvenido a la realidad, Ranma. Bienvenido.