Wola a todos!

Siento el retraso, gomen nasai, gomen nasai. El capítulo estaba escrito a mano hace un mes pero no lo he podido pasar hasta ahora con la colaboración de mi amigo Torres, muchas gracias por la ayuda.

Sobre la historia, se acerca el final… de la primera parte. Lo sé, lo sé, ahora mismo queréis matarme, después de casi veinte capítulos ¿No termina aquí? ¿Qué es eso de segunda parte? Pues sí, no puedo acabarlo de una forma radical, me parece que he hecho a los personajes demasiado complejos para eso, pero prometo una segunda parte aun mejor: playas tropicales, nuevos personajes, amistad, amor, reencuentros…bueno, que espero que no os hayáis cansado de Zero y me mostréis el mismo apoyo en esa segunda parte: "Empezando de Zero". Ya sabéis: críticas, opiniones y amenazas…a 18: PALOS, NEKOS Y NADA

Tomé un sorbo de la copa de champagne, intentando digerir no solo la poca comida que había llegado a probar, sino también las palabras que Ranma había dicho con tanta decisión. El ambiente se volvió tenso. Centré toda mi atención en el plato, como si la composición del chef fuera una de las nuevas maravillas del mundo, rogando porque algo o alguien rompiese ese incómodo silencio. Afortunadamente mi plegaria fue escuchada.

Se oyeron las primeras notas de un vals y las luces se apagaron, dejando luz sólo en la mesa principal, donde se podía ver a Kasumi tomar la mando de su ahora marido y dirigirse a la pista de baile improvisada que se había organizado alrededor del entarimado del escenario.

No pude reprimir una sonrisa al ver la felicidad que irradiaba la pareja. Noté una mano apoyarse en mi hombro.

S - ¿Quisiera mi pequeña bailar conmigo? – Dijo ofreciéndome su mano con una sonrisa.

A – Claro, papa. – dije devolviéndosela y levantándome para acompañarle.

N – Soun, espera, debemos hablar de... – dijo la mujer. Noté como mi pulso se aceleraba. No podía romper este momento, quería sentir aunque fuese una vez, que él me aceptaba tal cuál, que daba igual lo que hiciese, que siempre me apoyaría... pero quizá la ruptura no la aceptaría y entonces...

S – Ahora no Nodoka, luego habrá tiempo de hablar.- dijo educadamente. Me dio la impresión de que sabía perfectamente lo que ella iba a decirle, pero al igual que yo, prefería ignorar por unos momentos esa realidad y disfrutar del momento.

Cuando llegamos a la pista, Nabiki y Kuno ya habían iniciado el baile acompañando a los novios, al igual que unas cuantas parejas más. Mi padre me estrechó en sus brazos y hacía leves movimientos de un lado hacia otro, intentando simular un baile. Se le veía feliz. Miré de reojo a la mesa de la que me había rescatado y pude observar como nadie se había movido de su asiento, pero hablaban. Seguramente el ambiente sería mucho peor para cuando volviese a esa mesa.

¿Por qué Nodoka no podía entender que mi conflicto interior era mucho más importante para mí que una estúpida promesa de honor? Y si ya no era por mi que al menos pensase en su hijo, ¿no se daba cuenta que aún estaba en el mismo estado de shock que yo?

S – Akane, ¿estás bien? –dijo un poco preocupado.

A – Perfectamente, solo que después de tanto tiempo se me hace un poco extraño.- le dije desviando el tema.- ¿después bailarás con Kasumi?

S – Sí, parece mentira que nuestra Kasumi ya no vaya a estar mas en esta casa, ¿verdad? – dijo con una sonrisa nostálgica.- parece que fue ayer cuando la llevaba al colegio, o cuando aprendía a cocinar... se me hará extraño no ver todos los días su sonrisa.

A – Seguro que podrás ir a visitarla siempre que quieras.

S – Al menos te he recuperado a ti, porque volverás a Dojo, ¿verdad?

El silencio se hizo por unos segundos y al ver la expresión de su rostro supe que él ya sabía la respuesta.

A – Creo que es mejor que no viva aquí, papá, vendré aquí a visitaros todo lo que pueda, te lo prometo, pero se me haría muy difícil volver...

S – Comprendo. – noté la tristeza en su voz y en su forma de esquivar la mirada. – Akane, sé que no he sido el mejor padre, que he cometido un montón de estupideces y que... muchas de ellas, te han hecho infeliz. –suspiró cansado-. Nada de eso se va a repetir, hija, no te diré que vuelvas si tú no quieres, me conformo con lo que me ofrezcas... con que me permitas saber que estas bien. Kasumi me hizo entender, que todas vosotras habéis crecido, y que aunque sigáis siendo mis niñas, sois adultas y debéis tomar vuestras decisiones. Así que lo que tú digas me parecerá bien.

A – Papá... – La canción se acabó y mi padre se separó de mi y tomó el camino hacia Kasumi, paro al de unos pasos se detuvo y se giró.

S – Akane, acepto lo que dijiste aquella última noche, apoyo tu decisión. – su voz seria y amable me dejó plantada en el sitio mientras mi padre hablaba con mi hermana.

Volví en mí y me dirigí a la mesa ahora casi vacía, tan solo ocupada por los hombres Saotome, Nodoka bailaba con Ono y Seichiro con Matome también se habían acercado a la pista. Me senté cansada y miré el reloj. Solo eran las cuatro de la tarde y me sentía como si llevase una semana sin dormir. Noté la mirada curiosa de Genma, al darse cuenta que había captado mi atención dijo:

G – Eres realmente idéntica a tu madre, me haces sentir como si tuviese veinte años.

Le dediqué una mirada dudosa. Su tono de voz parecía serio, pero nadie sabe nunca que es lo que le pasaba por esa cabeza hueca.

A – No sabía que la conociese.

G - ¿Bromeas? La estuve persiguiendo dos años antes de que se casase con tu padre.- Los ojos se me abrieron como platos, estaba a punto de decir algo cuando alguien se me adelantó.

R – ¿Se puede saber que estás hablando papá? – Parecía aún más sorprendido que yo.

G – Bueno hijo, crees que he sido bastante claro, antes de conocer a tu madre estuve perdidamente enamorado de una joven de cabellos azules que después se convirtió en la mujer de Soun Tendo.

A - ¿estuvo enamorado de mi madre? –pregunté sin saber bien que decía, no sabía cuantas veces tendría que escucharlo para creerlo.

G - ¡Oh, sí! Akane, ya ves ¡De tal palo tal astilla! - Noté como mis mejillas enrojecían ante tal insinuación.

R – Papá, deja de decir tonterías o sino... –empezó a chillar a su padre totalmente exaltado, dando muestras de que el hombre había dado en la diana.

Se – Akane, nos necesitan –me dijo tomándome del brazo. La pelea Saotome que parecía a punto de empezar se quedó parada como si alguien hubiese dado al botón "pause".

G - ¿A dónde vais? –preguntó con cara de desconfianza.

A – A Kasumi le fallaron la orquesta a última hora y Seichiro a traído algunos amigos músicos, y él y yo nos encargamos de la música –dije todavía sonrojada por las palabras de Gemma aún vivas en mi mente.

G – De tal palo tal astilla –dijo con una gran sonrisa.

R – Papá... –pronunció entre dientes.

G – Me refiero a que a que a su madre también le gustaba cantar, no todo gira alrededor de ti, chico –dijo riéndose. Noté como se encendía el aura de Ranma.

A – espero que algún día tenga tiempo de sentarse conmigo y contarme todas esas cosas de i madre –dije con una sonrisa, intentando tranquilizar el aura de combate de mi ex prometido.

G – Cuando quieras Akane, sabes que siempre tendrás un hueco en casa de los Saotome –dijo muy sonriente.- ¡Y eso sí que iba por ti muchacho!

Oí la risa de Genma a mis espaldas, ese hombre era incorregible.

Se – Eso sí que ha sido una directa ¿no? –me encogí de hombros.

A – Al menos no iba para mí.

Se – Yo creo que un poco sí.

A – Anda y calla, no tienen ni idea de nada, además, tu mismo lo has oído; el compromiso está roto, ninguno de los dos quiere algo así.

Se – Sois muy buenos actores.

A – No te pega ser irónico.

Se – Y tu deberías dejar a la actriz en los escenarios, casi matas a mi suegra del disgusto, con lo feliz que le haría saber... –le tapé la boca y le miré directamente a los ojos.

A – No se te ocurra mencionar todo lo que ha pasado delante de mi familia o de la de Ranma, les serviría cualquier cosa para unirnos de nuevo.

Se - ¿Y eso sería realmente malo? Vamos Akemi, tu misma reconociste que sentías algo por él, lo que vi yo en la playa fue algo real y estoy seguro que no ha sido el único momento...

A – No quiero hablar de eso –dije adelantándole.

Se – Pues tendrás que hacerlo, no creo que Ranma te deje marcharte así como así –rápidamente me dio alcance-. Te quiere, lo se, y estoy seguro que tu también lo sabes ¿verdad? Entiendo tus miedos, tus dudas, dios, todavía no puedo creerme esa historia de ciencia-ficción que fue vuestra vida... hay cosas que te dañaron...

A – Tu no sabes nada, Seichiro, no tenía a nadie, todo eran enemigos: mi familia, sus prometidas, él mismo...

Se – Sé lo de Jusenkyo, mató para salvarte, sólo es culpable de ser un cobarde, de no hacerte saber con palabras lo que expresaba con actos... –calló al ver mis lágrimas- no quería hacerte daño, sólo quería que comprendieses...

A – Lo comprendo, pero para mi no es suficiente –dije secándolas, en un gesto demasiado repetido en un solo día.- Aún oyendo mis palabras, no puedo confiar en él, no puedo, al menos no por ahora, siento que no puedo confiar en nadie.

Se – Akemi...

Músico – Chicos, la gente se impacienta, creo que deberíais empezara ya.

La conversación quedó en el aire, sabiendo los dos que esa conversación no era nuestra, y que dentro de poco se daría con el verdadero protagonista de ella. Me miré en un pequeño espejo para ver que asombrosamente no tenía rastro de las lágrimas vertidas. Puse una sonrisa de escenario y seguí a Seichiro. Saludé a la gente, agradecí la asistencia y presenté a Seichiro. Después empezamos a cantar, una canción tras otra: canciones de amor, llenas de sentimiento, como no podían faltar en una boda.

Mis hermanas estaban radiantes con sus parejas, parecía irreal el aura de felicidad que irradiaban las personas enamoradas.

Tras algo más de una hora hicimos un pequeño descanso y recordé la canción que había elegido para dedicarle a Kasumi. Me acerqué a los músicos esperando que alguno conociese esa canción. Por suerte el pianista llevaba una partitura encima y me pidieron unos minutos para adaptarla.

Busqué a Seichiro con la mirada y lo encontré con Matome, hablando con Ranma. El chico parecía serio, miraba fijamente a su pareja con las manos en los bolsillos del pantalón mientras hacía gestos afirmativos con la cabeza. Debió notar mi presencia, porque desvió la mirada y me miró fijamente mientras murmuraba algo. El resto del grupo se giró a mirarme, me sentí violenta, quedaba claro que debían haber estado hablando de mí, noté como me ruborizaba y decidí ir a la mesa principal a hablar un poco con la familia.

Se respiraba un ambiente muy animado, Nabiki se había apoderado del ramo de la novia por derecho propio.

N- ¿O acaso lo querías tú, hermanita?- preguntó.

A- Oh, no, Nabiki, no tengo ninguna boda planeada más que la tuya- dije sacándole la lengua.

Las charlas triviales y bromas hicieron que el tiempo pasase volando y para cuando me quise dar cuenta los músicos me hacían señas desde el escenario. Me acerqué a Seichiro que seguía junto a los hermanos Saotome.

A- Seichiro, me gustaría dedicar una canción, no te importa, ¿verdad?

Se- Claro que no, Akemi-chan, el escenario es tuyo- dijo amable, quizá demasiado.

A- ¿No estarás planeando pedirme algo a cambio?- pregunté divertida.

Se- ¿Cómo puedes pensar eso de mí?- dijo mostrándose ofendido para momentos después echarse a reír- ¡Qué bien me conoces! Cuando termines hablamos.

A- Vale-dije con un gesto de cabeza, dirigiéndome al entarimado, intentando parecer ajena a los ojos azules que no se habían perdido una palabra de nuestra conversación.

Subí al escenario y me coloqué en situación central, tomando el micrófono.

A- Quería dedicar una canción a una de las personas más importantes de mi vida, y que es la protagonista de este día, mi hermana Kasumi: gracias a ella estoy aquí hoy y se lo agradezco, pero no sólo por eso, sino por lo más importante, por estar conmigo en los buenos y los malos momentos, esto es para ti, hermana.

Nadie como tú para hacerme reír,

Nadie como tú sabe tanto de mi,

Nadie como tú es capaz de compartir,

Mis penas, mi tristeza, mis ganas de vivir.

Tienes ese don de dar tranquilidad,

De saber escuchar, de envolverme en paz,

Tienes la virtud de hacerme olvidar

El miedo que me da mirar la oscuridad.

Solamente tú lo puedes entender

Y solamente tú te lo podrás creer.

En silencio y sin cruzar una palabra,

Solamente una mirada es suficiente para hablar,

Ya son más de veinte años, de momentos congelados

En recuerdos que jamás se olvidarán.

Nadie como tú para pedir perdón,

Nadie como tú valora esta canción,

Nadie como tu me da su protección,

Me ayuda a caminar, me aparte del dolor.

Tienes ese don de dar tranquilidad,

De saber escuchar, de envolverme en paz,

Tienes la virtud de hacerme olvidar

El miedo que me da mirar la oscuridad.

Solamente tú lo puedes entender

Y solamente tú te lo podrás creer.

En silencio y sin cruzar una palabra,

Solamente una mirada es suficiente para hablar,

Ya son más de veinte años, de momentos congelados

En recuerdos que jamás se olvidarán.

Y pasaran los años y siempre estarás buscando un plan

Para que se hagan realidad los sueños que

Soñábamos antes de ayer al dormir

Hablando del tiempo que nos quedará por vivir.

Y sin hablar, solo al mirar, sabremos llegar a entender

Que jamás ni nada ni nadie en la vida nos separará.

Kasumi estaba emocionada, porque sabía que cada una de esas palabras eran de verdad y que para mí era incalculable lo que había hecho durante tantos años, sobre todo desde la muerte de mamá. Papá lloraba a mares, seguramente por la restauración de la familia Tendo.

Seichiro subió conmigo al escenario, decidido a retomar el trabajo que llevábamos desempeñando desde hacía un par de horas.

Se- Eso ha estado muy bien.

A- Gracias.

Se- Creí que tendría otro destinatario.

A- Pues te equivocaste.

Se- Vale, vale, no volveré a tocar el tema, no te pongas así.

A- Hombres…-suspiré, mientras retomaba mi posición.

Pasó otra hora y noté que mi voz empezaba a resentirse, hice señas a mi compañero para que hiciésemos un descanso.

A- ¡Uuuufffffffff! Empieza a quemarme la garganta- dije secándome el sudor de la frente provocado por el calor de los focos. Tomé una botella de agua y bebí ansiosa, sin preocuparme de las apariencias.

Se- A mí también, aunque supongo que después del día de ayer, la fiesta y la incógnita de qué pasó anoche- dijo con una sutil semisonrisa- está bien, está bien, ya dejo el tema.

A- A ver si es cierto- dije un poco cansada- no me tomes a mal, te considero uno de mis mejores amigos y te lo contaré, pero no hoy, no ahora.

Se- Lo comprendo- dijo mirando la enorme sala- me gustaría poder meterme en tu cabeza por unos momentos para poder entenderlo todo y ayudarte, me siento un poco impotente.

A- Es mi vida, sé que te gustaría ayudarme, pero al final las decisiones correctas o incorrectas, las tomaré yo- suspiré, mirando de reojo la mesa donde la familia Saotome hablaba- parece que tus futuros suegros no están muy contentos contigo.

Se- Lo sé, son un poco…

A- Anticuados, extraños, extravagantes…son así, debes acostumbrarte, intentarán meterse en tu vida cada vez que puedan… pero no son malos- pensé por unos segundos- bueno, quizá Genma sí- entonces recordé que debía advertirle de algo- ¿Sabes algo del Neko-ken?

Se- ¿El qué?- dijo mirándome como si fuese un habitante de otro planeta.

A- Es una de esas historias Saotome que deberías saber: Genma, como seguramente Matome te ha contado, se llevó a Ranma de entrenamiento por todo Japón y China cuando tenía cinco años. Intentó enseñarle muchas técnicas- puse cara de resignación- a cada cuál más estúpida, y una de ellas es el puño de gato.

Se- ¿Puño de gato? ¿En qué consiste eso?

A- Es una técnica que Genma encontró en un manual- me llevé la mano a la cabeza- ni siquiera leyó la nota final de página que indicaba que era una técnica demasiado peligrosa en su aprendizaje.

Se- ¿Peligrosa?

A- Genma anudaba comida de gatos alrededor de la ropa de Ranma y lo lanzaba a un agujero lleno de gatos hambrientos que le atacaban todos a la vez, hasta que terminaban la comida y se cansaban.

Se- ¡Era un crío! ¡Y eso es una locura!

A- Lo sé, nadie en su sano juicio haría tal tontería. Como consecuencia, Ranma tiene pánico a los gatos y si se le obliga a estar en contacto con ellos, entra en un estado de inconsciencia en el que se transforma psíquicamente en un gato, adoptando su postura y costumbres- la cara de Seichiro cada vez estaba más desencajada- además, deberías saber que cuando están en ese estado es difícil de tratar, sólo dejan acercarse a contadas personas- por no decir que desde aquella viejecilla, yo había sido la única capaz de calmarlo.

Se- ¿Cómo un gato? ¿Ronronea y anda a cuatro patas?- preguntó cada vez más incrédulo.

A- Así es, y nunca sabes cuando saldrán de ese estado, a veces con agua fría es suficiente, otras sólo hay que esperar a que se calmen.

Se- ¡Vaya! Esto sí que es una caja de sorpresas, dime, cuando te cuentan tantas cosas extrañas ¿Llega un momento que te acostumbras?

A- Sí- dije riendo- y cuando no pasa nada extraño da la sensación de que falta algo, de que realmente pasa algo, ¡Es para volverse loco! Pero te acostumbras, y luego lo echas de menos.

Se- ¿En serio?

A- Bueno, no todo, pero esas locas historias unen a las personas más de lo que te puedes imaginar, porque si puedes superar eso, puedes superar cualquier cosa- dije notando la sonrisa nostálgica que se formaba en mis labios con miles de recuerdos luchando por salir.

Se- ¿Te puedo pedir algo?

A- Claro- dije girándome a mirarle al notar el tono serio que había adoptado.

Se- Lo primero, ayúdame con Matome, Akemi, no sé si yo solo seré capaz.

A- Pero para eso está ella, ¿no?

Se- Lo sé, pero cuando ayer oí toda aquella historia…creí que me moría, me di cuenta que mis sentimientos por ella son más profundos de lo que pensaba, cuando hablaba…me dolió mucho, demasiado- murmuró- en cambio ahora, después de hablar contigo, todo lo ilógico de ayer desaparece, todo parece más normal, todo cobra sentido- volvió a retomar su sonrisa- me siento mucho mejor, ahora puedo continuar, quiero conocerla, entenderla- dirigió su mirada hacia la pelirroja- después de oír tu historia y su historia, me he dado cuenta de lo poco que sé y de lo mucho que me queda por saber.

A- No debes tener prisa.

Se- No la tengo- dijo mirándome de nuevo- es más bien todo lo contrario, sé que tengo todo el tiempo del mundo para conocerla y crear muchos recuerdos juntos, y eso me hace feliz.

A-Me alegro de que te sientas así, intentaré ayudarte, aunque tampoco yo tengo la respuesta para todo, y al final, lo importante sois tú y ella.

Se- Lo sé, pero no viene mal una ayuda extra, ¿no?- dijo guiñándome un ojo- y ahora viene el segundo favor.

A- Dispara- dije haciendo el gesto con los dedos.

Se- Hay una canción bastante especial para Matome y para mí, y quería dedicársela.

A- ¡Ah, bueno! No hay problema, el escenario es tuyo.

Se- En realidad, quería que cantases tú mientras yo voy con ella ¿Te importa?

A- Claro que no, ve con ella anda- dije empujándole hacia las escaleras del entarimado. Me sonrió por última vez y se dirigió a nuestra mesa.

Me acerqué a los músicos y miré la letra de la canción, afortunadamente la conocía. En cinco minutos volví a mi situación central en el escenario, donde las luces habían bajado y un único foco me iluminaba.

A- Esta canción es para Matome y Seichiro- dije mientras sonaban las primeras notas afinadas de los instrumentos.

Sin ti no soy nada,
Una gota de lluvia mojando mi cara
Mi mundo es pequeño y mi corazón pedacitos de hielo
Solía pensar que el amor no es real,
Una ilusión que siempre se acaba
Y ahora sin ti no soy nada

Desvié la mirada al lugar que aquellas palabras habían guiado encontrándome con una mirada azulada que me atrapó, haciendo que cada una de las palabras que cantaba se apoderase de mí, confundiendo mis sentidos, mis sentimientos.


Sin ti niña mala,
Sin ti niña triste
Que abraza su almohada
Tirada en la cama,
Mirando la tele y no viendo nada
Amar por amar y romper a llorar
En lo más cierto y profundo del alma,
Sin ti no soy nada

¿Por qué te quiero? Me he preguntado lo mismo una y otra vez todo este tiempo y sólo me queda una explicación, tan absurda…tan real…te quiero porque te quiero.


Los días que pasan,
Las luces del alba,
Mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada
Porque yo sin ti no soy nada
Sin ti no soy nada
Sin ti no soy nada

Mi alma y mi cuerpo han cambiado, mi voz clamaba que ya no te necesitaba, tan segura, tan nítida…tan falsa, me convertí en una gran actriz para todos, pero sobre todo para mí misma, haciéndome creer que quería mejorar para mí misma, cuando en el fondo sabía que todo lo que hacía, que cada paso que daba era por ti…y que si para ti no tiene sentido…da igual lo que haga, da igual como sea, si no te tengo a ti no soy nada.

Me siento tan rara,
Las noches de juerga se vuelven amargas
Me río sin ganas con una sonrisa pintada en la cara
Soy sólo un actor que olvidó su guión,
Al fin y al cabo son sólo palabras que no dicen nada

Nunca creí mis palabras, solo hacía que me las creía, sé que no tiene sentido ¿Pero acaso el amor lo tiene? Diciendo tantas palabras vacías, tantas escenas de un guión de una vida en la que tú no existías, el guión de una vida sin sentido.


Los días que pasan,
Las luces del alba,
Mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada
Qué no daría yo por tener tu mirada,
Por ser como siempre los dos
Mientras todo cambia
Porque yo sin ti no soy nada
Sin ti no soy nada
Sin ti no soy nada

Y tú lo sabes, ¿verdad?

Mi corazón latía con fuerza, expectante ante tu tranquila mirada que buscaba dentro de mí, desnudándome, ¿Qué dicen tus ojos? ¿Cuántas cosas tenemos que decirnos?

Dejé el micrófono. Nuestra actuación había terminado, los músicos amenizarían el resto de la velada. Decidí salir fuera a tomar el aire sin avisar a nadie, prefería estar sola. Necesitaba relajarme por unos minutos, el día estaba siendo demasiado largo e intenso.

Había refrescado un poco y la suave brisa ayudó a que me sintiese más relajada mientras paseaba por el jardín. Desde allí divisé la ventana de mi cuarto e instintivamente miré la del cuarto de Ranma. Una sonrisa tota se dibujó en mis labios, ¿Cuántas veces ese idiota había pasado por ese tejado de su habitación a la mía? Podía haberle pasado cualquier cosa, pero no, él era el gran Ranma Saotome.

Me descubrí a mí misma entrando en la casa y subiendo las escaleras hasta mi cuarto, dejándome llevar por la ruta seguida durante tantos años. Observé el patito que llevaba colgado en el mismo sitio desde que era pequeña, recordando como mi madre nos lo había regalado la Navidad de mis cinco años.

Abrí la puerta lentamente, encontrándome con la habitación exactamente igual que hacía dos años. Entré poco a poco, mirando cada mueble, cada espacio…observándolo, analizándolo. Kasumi lo había mantenido igual desde el día de mi marcha, excepto que la foto que solía estar en el marco que Ranma me regaló las últimas Navidades que pasé en casa había desaparecido, ya que lo llevé conmigo al irme.

Me senté en la cama y me quedé ausente, volviendo a mi infancia, a mi adolescencia…aquella habitación me había visto cambiar tanto…

El silencio que envolvía la casa se veía interrumpido por un suave murmullo que provenía del jardín. Me levanté y me acerqué a la ventana. Debajo del árbol, al lado del estanque, distinguí perfectamente las dos siluetas masculinas que hablaban: Seichiro y Ranma.

Noté el nudo en mi estomago, sabía lo que eso significaba: Seichiro no se marcharía a casa conmigo hasta que hablase con Ranma. El chico era inteligente, alojándome en su casa me tenía en sus manos.

Me quité las sandalias, abrí la ventana y salí por ella al tejado. Afortunadamente Ranma estaba de espaldas y Seichiro demasiado concentrado en la conversación para verme. Llegué al borde del tejado y salté, recordando lo que tenía que hacer para no lastimarme. Lamentablemente se me olvidó sujetar la falda del vestido y los chicos no se perdieron detalle de mi exhibición. Me sonrojé violentamente y me acerqué a ellos.

R- Deberías saber que las bragas azules no te pegan- dijo con una sonrisa de lado, una de esas que odiaba porque lo hacía parecer aún más guapo. La misma frase que había dicho cuatro años atrás en su pelea con Kuno. Sonreí nerviosa y contesté lo primero que me vino a la boca:

A- Baka.

Vi como Seichiro salía de escena sin decir nada, dejándonos solos. Observé los iris grisáceos que me miraban.

La última batalla estaba a punto de comenzar.

Hasta el próximo y último capitulo de Zero!