chicos! aaaaaaaaaaaa Estoy super feliz, gracias a una amiga (Carmen se que estás leyendo esto) The Script me sigue en twitter! *w* no podría estar mas feliz. The Script es una de mis bandas favoritas, en serio, podría sobrevivir escuchando a The Script, The Strokes y Westlife para la eternidad!

vayan a The Man Who Can't Be Moved si no lo han leido, en mis historias, esa cancion es The Script, les juro que los van a amar si les dan una oportunidad.

y para celebrar, aquí está el segundo capitulo :) Enjoy

Capitulo Dos'

Sam se quedó mirando el dinero que Freddie tenía en la mano.
-No puedo creer que mi padre te haya dado dinero para la gasolina.
-Yo tampoco -dijo Freddie con expresión de incredulidad-. Tengo treinta años y jamás nadie me ha dado dinero para la gasolina, ni siquiera mi padre.
-Bueno, no tiene importancia. Mi padre lo ha hecho toda su vida; ya ni me molesto en discutir con él, no sirve de nada.
-No necesito el dinero de tu padre -declaró Freddie con el ceño fruncido, enfadado- Puede que no sea el dueño de una empresa, pero tengo un buen trabajo.
-No lo ha hecho por ti, sino por mí -le explicó Samantha al darse cuenta de que Freddie se sentía verdaderamente ofendido-. Está cuidando de su niña.
-Lo siento, pero eso no impide que me sienta ofendido -contestó Freddie-. Sé cuidar de mí mismo.
-Eso ya lo sé, y también lo sabe mi padre -Sam se arrepintió de no haber agarrado una chaqueta al salir de casa; como de costumbre, la temperatura en San Francisco había descendido mucho por la noche-. Alégrate de haberle gustado a mi padre.
Freddie se quitó la chaqueta del traje y se la echó a Sam por los hombros.
-¿Le he gustado?
-Naturalmente, para pesar de mi cuñado -Sam se echó a reír-. ¿No has notado cómo te miraba Kian?-. Debe aterrorizarle la idea de que vayas a hacerle la competencia delante de mi padre.

Freddie apretó los dientes.

-¿Te parece divertido, Sam?
-Sí, claro que me lo parece. Vamos, Freddie, tranquilízate, sólo son veinte dólares. Mi padre no lo ha hecho por ofenderte, así que deja de tomártelo como un insulto. Considéralo un pago por los servicios prestados, paga el taxi con ese dinero. A mí ya se me ocurrirá una excusa para lo del fin de semana; es mi problema, no el tuyo.
-No estoy de acuerdo contigo -Freddie le plantó los veinte dólares en la palma de la mano-. No es el dinero para la gasolina lo que me preocupa, Sam. Y te equivocas en que es tu problema, también lo es mío.
-¿Por qué?
-Tu padre es Greg Puckett y, al margen de que trabaje o no en su empresa, tengo que tener en cuenta mi camera y mi reputación. Greg es un hombre muy influyente en el mundo de las inversiones de capital y, aunque dudo de que intentase hacerme daño para vengarse de mí, tú eres su hija... como bien has dicho antes. ¿Cómo se atrevía un perfecto desconocido a criticar a su padre?
-Mi padre jamás destrozaría tu carrera, es un hombre de honor.
-Un hombre de honor que adora a su hija, Sam -dijo Freddie con voz suave-. La verdad es que, cuando lo vi, estuve a punto de dar media vuelta y marcharme de allí a toda prisa.
-Gracias por no haberlo hecho -Sam se mordió el labio inferior mientras trataba de no perder una visión objetiva de la situación.
-¿Es que no lo entiendes, Sam? No puedo dejarte plantada así, de repente, como si no hubieras sido más que una aventura de una noche, sin ofender a tu padre. Aún no soy socio en la empresa en la que trabajo, y me estoy ganando a pulso casa ascenso, cada paso que doy adelante. Si tu padre quisiera, podría convertirse en un gran obstáculo en mi carrera profesional.
-¿Qué sugieres que hagamos? -preguntó Sam, sin estar segura de querer oír la respuesta.
-Podríamos seguir prometidos un poco más de tiempo -respondió Freddie.
-¿Te has vuelto loco? -gritó ella, y unos transeúntes se detuvieron para preguntarle si le pasaba algo y si necesitaba ayuda.
-Hasta esta noche habría contestado con una negativa -dijo Freddie con una media sonrisa- ¿Estás saliendo con alguien?
-¿Qué tiene eso que ver con...?
-Contesta a la pregunta, Sam.
-No.
-Yo tampoco -dijo Freddie-. Así que, como no tenemos que contar con nadie más, no veo que no podamos hacerlo.

La situación se estaba complicando, aunque Sam reconoció que era culpa suya. No obstante, eso no significaba que tuviera que permitir que continuara el engaño. No, tenía que poner fin a aquello.

-Una vez que tus padres tengan tiempo de notar lo diferentes que somos, comprenderán que rompamos las relaciones.

Aunque Sam no creía que su padre pudiera hacer daño a Freddie profesionalmente, comprendía la preocupación de éste.

-¿Con qué frecuencia ves a tus padres? -preguntó Freddie.
-No los veo mucho.
-En ese caso, no podrán saber si seguimos juntos o no, lo único que tenemos que hacer es pasar este fin de semana con ellos y ya está.

El fin de semana.

-Bueno, que dices, ¿aceptas ser mi novia este fin de semana o no?

Sam había querido un novio por una noche, eso era todo. Le gustaba la clase de vida que llevaba, sin complicaciones.

-Está bien, pero con una condición.
-Lo que tú quieras.
-Que no tengamos que acabar casándonos -dijo ella medio en broma medio en serio-. Lo que quiero decir es que no perdamos la perspectiva y tengamos muy claras las cosas, ¿vale? Ya he tenido un novio más interesado en casarse con mi padre que conmigo.
-No te preocupes, no hay ningún riesgo de que eso ocurra -Freddie rió-. No quiero casarme con Greg.

Samantha lanzó un suspiro.

-No me refería a eso.
-Lo sé -Freddie sonrió-. Te prometo que no te causaré problemas.
-Gracias.
-Además Sam, te imaginas a ti y a mi casados, dios

Después de aquella noche de aventuras, Freddie soñó con helados y con Sam. Se despertó tarde, no le dio tiempo a tomar el autobús a su tiempo y llegó a la oficina con un retraso de una hora. Su jefe, Keny, se tropezó con él en la puerta.

-¿Estuviste de juerga anoche, Freddie?
-Yo...
-No te preocupes, no pasa nada -dijo Keny con una sonrisa depredadora-. Pásate por mi oficina, ¿te parece?

¿Qué había hecho? Freddie no creía que Keny le llamara a la oficina por haber llegado a trabajar una hora tarde. Algo ocurría, pero ¿qué?
Mientras Freddie seguía a su jefe al despacho de éste, notó la comprensiva sonrisa que le lanzaba una joven investigadora. Keny era un hombre justo que exigía y recompensaba el trabajo bien hecho. Tenía un carácter fuerte y casi nunca llamaba a los empleados a su despacho, a menos que fuera para lanzarles una reprimenda.
Dentro del despacho, Freddie miró a su alrededor. De la pared colgaba una foto de la imponente esposa de Keny y otra de su BMW azul. A los treinta y siete años, Keny lo tenía todo. Y lo quería todo. Si Freddie se ajustaba a su plan, también lo tendría todo.

-Siéntate

Freddie se sentó en un sillón negro de cuero. Keny apartó unas revistas del Wall Street Journal y se sentó en el borde del escritorio.

-¿Nada nuevo que quieras contarme?
-Sí. Creo que para el viernes habremos cerrado el trato con Micro Psi
-Excelente. ¿Algo más?
-Esta mañana he tenido una interesante llamada telefónica -interrumpió Keny-. Era Greg Puckett.
-¡Maldición!
-Quería hablar de ti -dijo Keny como fingiendo no darle importancia.
-¡Maldición!
-Ha hecho unas preguntas muy interesantes -Keny le atravesó con la mirada.
¿Qué iba a hacer ahora?
-Sé franco conmigo, Freddie -dijo Keny en tono serio-. ¿Qué es lo que pasa?

«Que anoche conocí a una mujer, accedí a hacerme pasar por su novio y resultó que su padre era Greg Puckett». Keny no lo comprendería. En tres años que llevaba trabajando para él, Freddie había aprendido una cosa respecto a su jefe, que Keny jamás se arriesgaba a nada.

-Nada.

Keny respiró profundamente y soltó el aire despacio.

-Sé que en natural que la gente quiera progresar, pero creía que estabas contento aquí.
-Me dijiste que estabas listo para enfrentarte a más responsabilidades y, por lo tanto, a ganar más dinero. Siento no haber respondido antes. ¿Qué te parece si te subo el sueldo en un veinte por ciento?

Veinte por ciento. Con ese dinero podría pagar un tejado nuevo en casa de sus padres y devolver parte del préstamo con el que se había pagado los estudios.

-No me parece mal.
-Puckett es un gran profesional, pero este grupo es excelente también, y tú eres una pieza clave del equipo -declaró Keny-. Mencioné una posible participación en el negocio cuando te contraté, ¿sigue interesándote?

¡Participación en el negocio, acciones! Estaba dispuesto a vender el alma por acciones de la empresa.

-Sí, me interesa.
-Por supuesto, antes tengo que hablar con los otros socios. Es todo un proceso, como ya sabes.
-Sí, por supuesto. Keny, me gustaría hacerte una pregunta.
-Pregunta.
-¿Me estás ofreciendo esto porque Greg Puckett te ha llamado o porque me lo merezco?
-Una pregunta excelente -Keny sonrió traviesamente-. ¿Qué crees tú?

Durante los tres años que llevaba trabajando allí, Freddie había hecho tratos sólidos y le había hecho ganar muchos beneficios a Keny.

-Porque me lo merezco.
-Sí, te lo mereces, Freddie -dijo Keny con convicción-. Digamos que Greg me ha dado el empujón que necesitaba para ponerme en movimiento.
-Gracias, Keny.

Keny se incorporo y sonrió.

-Tú quédate conmigo, te prometo que no te arrepentirás.

Freddie se levantó del sillón, casi sin poder creer lo bien que estaba saliendo su plan.

-Está bien, lo pensaré.

Keny le dio una palmada en la espalda.

-Sé que te va a resultar difícil decirle que no a Greg, es duro de pelar.
-Me las arreglaré.

En ese momento, Freddie se creía capaz de enfrentarse a cualquier cosa, incluso hasta de volar. Por fin, sus sueños se estaban convirtiendo en realidad.

-No me cabe duda de que lo harás -Keny abrió la puerta de su despacho-. Quizá a Greg le interese hacer tratos con nosotros, tantéale. Ninguno de nuestros socios ha sido capaz de conseguirlo.
-Bueno, nunca se sabe.
-Me gusta tu actitud -la sonrisa de Keny se agrandó-. Que tengas un buen día, Freddie.
-Gracias.

Freddie se encaminó a su escritorio y se sentó en su sillón de long. Un bien merecido aumento de sueldo y acciones de la empresa al alcance de la mano. Estaba logrando lo que se había propuesto al terminar los estudios, pero... ¿Cuánto le habría costado lo que acababa de conseguir ese día sin la llamada telefónica de Greg? ¿Sin haber accedido a hacerse pasar por el novio de Sam la noche anterior? Sam. La encantadora mujer que no era su tipo. Prefería mujeres más clásicas: ropa de diseño, joyas discretas a impecable maquillaje. Samantha Puckett había creado su propio estilo y no tenía nada de clásico.
Freddie no pudo evitar sonreír. Para ser una perfecta desconocida le había causado una profunda impresión. También le había dado otra cosa, un fin de semana con Greg Puckett. ¿A cuántos profesionales en su situación se les presentaba la oportunidad de estar con Greg Puckett?
A Freddie le dieron ganas de llamarla para darle las gracias.
Freddie descolgó el auricular del teléfono, sacó una tarjeta de la cartera y marcó un número.

-¿Sí? ?respondió ella con voz ronca.
-Hola, soy Freddie.
-¿Freddie? ¿Qué Freddie?
-Freddie Benson, tu prometido.
-Oh, ese Freddie. Perdona, aún estoy en la cama y no muy despejada.

¿En la cama? Freddie recordó la conversación que habían tenido en el taxi la noche anterior, Samantha dormía desnuda entre sábanas de algodón. Su suave piel, su aroma... ¿En qué estaba pensando?

-Perdóname por llamar tan temprano.
-No te preocupes, no tiene importancia. ¿Te pasa algo? -preguntó ella con voz dulce, preocupada.
-No, no me pasa nada. Pero... ¿Sam?
-Samantha Continúa.

Para él siempre sería Sam.

-Greg ha llamado a mi jefe hace un rato.
-¿Para qué? -ella pareció alarmarse-. ¿Qué quería?
-Nada importante. Le ha hecho a Keny, mi jefe, unas preguntas.
-¿Qué preguntas?
-Keny no me lo ha dicho, pero me ha aumentado el sueldo y me ha hablado de la posibilidad de hacerme accionista de la empresa.
-Estoy segura de que mi padre no ha tenido nada que ver con eso. Estoy segura de que eres un buen profesional y que te lo mereces.

A Freddie le hizo gracia la justificación de ella.

-Es cierto que me lo merezco, pero tu padre le ha recordado a Keny que tengo otras opciones. Así que... quiero darte las gracias por ello. Nuestro supuesto noviazgo ha sido muy beneficioso para mí.

Y podía seguir siéndolo. ¿Quién sabía lo que podía ocurrir después de pasar un fin de semana con Greg Puckett?

-¿No estás enfadado?

Freddie agarró un bolígrafo.

-No
-Como lo del dinero de la gasolina te ofendió...
-Esto es diferente. Quizá debiera estar enfadado, pero no lo estoy, estoy muy contento.
-Te mereces estar contento, Freddie -dijo ella-. Tienes que salir por ahí a celebrarlo.

¿Celebrarlo? Si se iba de juerga con sus amigos, a la mañana siguiente estaría con resaca. ¿Y qué amigos? La mayoría de ellos estaban ya casados y con hijos. Pero se merecía celebrarlo. A lo mejor a Sam le apetecía acompañarle.

-¿Quieres celebrarlo conmigo?
-¿Cuándo?
-Esta noche.

Silencio.

¿A qué se debía ese silencio? Freddie jugueteó con el bolígrafo que tenía en la mano.

-¿Tienes planes para esta noche?
-No.

Si no insistía, ella le diría que no.

-Sam, vamos a pasar este fin de semana entero juntos fingiendo que somos novios. Tendríamos que conocernos un poco mejor para evitar cometer errores. Quiero que el fin de semana salga bien, ¿tú no?

Freddie sonrió para sí mismo, su razonamiento había sido impecable. Casi había logrado convencerse a sí mismo de que no estaba imaginando a Sam desnuda entre las sábanas.

-Sí -respondió ella por fin-. Estoy libre a partir de las ocho.
-¿Dónde vives? -preguntó Freddie, reprimiendo el deseo de preguntarle qué iba a hacer hasta las ocho.
-En Noe Valley.
-¿Quieres que vaya allí yo?
-Ya que eres tú el que va a hacer el sacrificio de pasar un fin de semana en casa de mis padres, ¿no quieres que vaya yo a tu zona?
-Me parece justo –Freddie ignoró la desilusión que sintió, quería ver dónde vivía Sam, quería saber más cosas sobre ella.
-Está bien, a las nueve de la noche en el café de la esquina entre las calles Chestnut y Ávila.
-¿Vives en la Marina?
-Sí.
-Debería haberlo supuesto.
-¿Qué quieres decir con eso, Sam?
-Nada -contestó ella-. Bueno, hasta esta noche
-Hasta esta noche.

Al colgar el teléfono, Freddie se asustó al darse cuenta de que tenía ganas de ver otra vez a Sam.

Samantha se bajó del autobús en la parada de la esquina de las calles Fillmore y Chestnut. Se abrió paso entre parejas y grupos de profesionales que andaban por la calle camino de uno a otro de los muchos restaurantes, bares y tiendas de la calle Chestnut.
El distrito de la Marina. No quería recordar su antigua vida, la vida aceptable para su familia y que a ella casi le había causado una úlcera. Hacía mucho tiempo que no iba por allí.
Samantha se detuvo en la esquina donde estaba el café. Dos mujeres con patines estaban sentadas alrededor de una mesa de la terraza. El establecimiento estaba abarrotado. ¿Qué estaba haciendo allí? Había pasado el día entero pensando en Freddie. Mientras colocaba libros en las estanterías de su librería, había fantaseado con una isla tropical y un mar de aguas azules cristalinas; por supuesto, Freddie había sido la estrella. No lo comprendía. Freddie parecía un hombre con los pies en la tierra, lo mismo que había creído de Kian... hasta Melanie.
Pensar en Freddie de esa manera no tenía sentido. Freddie sé estaba haciendo pasar por su novio, ¿le convertía eso en una persona deshonesta? ¿Y no había sido idea de ella?
No importaba. Freddie era justo lo que ella no era: ambicioso, cauteloso y rígido.
A pesar de ello, le intrigaba, y raramente se encontraba con hombres que le intrigaran. No quería que le pasara eso, no merecía la pena. Sin embargo, Freddie tenía algo... Fuera lo que fuese, quería saber más sobre su supuesto novio, cosa que le preocupaba. Samantha se miró el reloj, las nueve y cuarto. Un poco tarde. Enderezó los hombros y entró en el café. La música estaba a todo volumen y el interior del establecimiento lleno. Al fondo, sentado a una mesa, divisó a Freddie leyendo el Wall Street Journal.

-Hola -dijo ella-. Perdona el retraso.

Freddie dobló el periódico y se levantó.

-Tienes la costumbre de llegar tarde a los sitios, ¿verdad?

Samantha sintió cosquillas en el estómago al verle sonreír.

-Sí. Y apuesto a que tú siempre llegas a tiempo.
-Sí, por lo general.

No le sorprendió que fuera puntual. Freddie Benson parecía la clase de hombre que lo planeaba todo al mínimo detalle. Suerte que no eran novios de verdad, no podría soportar vivir con una persona así. Poniéndose de puntillas, le dio un beso en la mejilla.

-Es porque necesitamos ensayar.
-Por supuesto.

Samantha sacó un pirulí verde del bolso y se lo dio.

-Felicidades.
-Gracias -Freddie rió mirando el caramelo- No tenías por qué molestarte en hacerme un regalo.
-No, pero me ha apetecido hacerlo.

Freddie le corrió una silla para que se sentara.

-Vamos, siéntate.

Samantha dejó la chaqueta en el respaldo de la silla y se sentó.

-¿Qué te apetece tomar?
-Invito yo, Sam.
-Está bien, como estás en camino de hacerte rico, me dejaré invitar. Un batido.
-En ese caso, ahora mismo vuelvo.

Samantha se quedó esperando a que Freddie volviera de pedir las bebidas. No pudo evitar notar las miradas que otras mujeres lanzaron a Freddie, algo perfectamente comprensible. Con ese par de pantalones kakis y la camisa polo estaba muy guapo. Gracias a Dios, no llevaba traje ni corbata. Freddie volvió con dos batidos y los dejó en la mesa.

-Aquí tienes.
-Gracias -Samantha alzó su vaso-. Por tu futuro.

Freddie chocó el vaso con el de ella.

-Una forma extraordinaria de acabar un día extraordinario.

Mientras le miraba las largas pestañas volvió, con la imaginación, a la isla tropical. Se humedeció los labios. ¡Ya está bien, deja de babear!» No podía complicarse la vida, y Freddie Benson era una enorme complicación. Cualquier hombre era una complicación.
Samantha bebió.

-He estado pensando en el fin de semana - Freddie dejó su vaso en la mesa-. Necesito que salga bien; sobre todo, después de la conversación que he tenido hoy con Keny.
-Por supuesto, no podemos dejar que tu futuro se vaya al traste.
-Sobre todo, teniendo en cuenta que tu de convertirme en socio accionista no es seguro todavía -dijo Freddie-. Sam, vamos a tener que comportamos como si fuéramos una pareja de verdad. Pero no te preocupes, sólo será durante cuarenta y ocho horas.
Cuarenta y ocho horas no parecía demasiado...

-Está bien, te aguantaré bien.
-¿Te ofende que lo llamen «cielo» o «cariño»?

Un novio políticamente correcto.

-Puedo soportarlo, ¿y tú, querido?

Freddie se enderezó en el asiento.
Ella se echó a reír.

-No tomes la exclusiva, cielo, mi vida. Espero que puedas soportar los besos, los abrazos, las caricias
-No sigas, me hago una idea -Freddie bebió otro sorbo de batido-. ¿Por dónde quieres empezar?

Había llegado el momento de empezar a romperle los esquemas. Samantha le acarició la mano.

-¿Te refieres a los besos y las caricias?
-No, al de saber más cosas de uno del otro
-Está bien. Yo hago una pregunta y luego tú me haces una a mí.
-Parece justo – dijo él.
-Como estamos celebrando tu éxito, puedes empezar tu.
-¿Cuántos años tienes?
-Veintiocho. ¿Cuántos años tienes?
-Treinta.
-Tu turno otra vez -le recordó Samantha al ver que Freddie no decía nada.

Freddie abrió la boca, pero volvió a cerrarla.

-Vamos, pregunta, no me daré por ofendida sea lo que sea.

Freddie hizo una pausa.

-Espero que no te parezca una indiscreción.
-¿Qué quieres saber?
-¿Estás enamorada de Kian?
-No -respondió ella sin vacilar.

Había sido una pregunta fácil.

-No, ¿eso es todo?
-Ya has hecho tu pregunta, ahora me toca a mí.
-Por favor, deja que continúe -le pidió Freddie.

Samantha vio compasión en su mirada. ¿Qué daño podía hacerle? Se suponía que eran novios.

-Adelante.
-Si no estás enamorada de él, ¿por qué me pediste que me hiciera pasar por novio tuyo?

Amor no correspondido, eso era lo que Freddie creía. Políticamente correcto y romántico, no era una mala combinación.

-Lo de necesitar novio no era por Kian.

Freddie empequeñeció los ojos.

-Entonces, ¿por quién?
-No le des importancia, no la tiene. ¿No te gusta el olor del café recién hecho? -preguntó Samantha cambiando de tema.

Freddie no mordió el anzuelo.

-¿Por quién? ¿Por tu hermana?
-Por mis padres. Es una historia muy larga.
-No tengo ninguna prisa -Freddie bebió un sorbo de batido
-Kian y yo rompimos hace algo más de un año -explicó ella, con la esperanza de que Freddie no le preguntara por qué. Melanie y Kian la habían traicionado, pero no era del dominio público-. Después de cancelar la boda, los hombres dejaron de interesarme.
-¿No has salido con nadie desde entonces?
-No.

Freddie hizo un ademán para que continuara.

-Hace unos seis meses, mis padres me invitaron a cenar. Como no estaba saliendo con nadie, invité a un amigo mío para que me acompañara. El problema es que mis amigos son... poco convencionales.
-¿Tatuajes, pelo largo y demás?

Samantha asintió.

-Jared es una persona encantadora, se arrancaría la piel donde tiene el tatuaje si se lo pidieras.

Freddie se echó a reír.

-Y a tus padres no les gustó Jared.
-Correcto. Un par de semanas después de la terrible cena, me encontré por casualidad con mis padres en Union Square, y resulta que iba con un amigo cuya vida son las motos -Samantha se echó a reír al recordar la expresión de horror de su madre-. Mi madre no pudo soportar el collar con pinchos de Otto ni el traje de cuero.
-Así que a tus padres les preocupa la clase de hombres con los que sales, ¿no?
-Exacto, a pesar de que no salía con ellos, sólo son amigos. Pero después de aquello y de repente, empecé a recibir invitaciones y más invitaciones de hijos y nietos de amigos de mis padres. Para colmo, mi madre me sugirió que fuera al psicoanalista o que me metiera en una terapia de grupo. Mi padre no hace más que insistir para que me haga, socia de un club deportivo con el fin de poder conocer a gente de mi edad "apropiada". Me están volviendo loca.
-Tienes suerte de que se preocupen tanto por ti.
-Lo sé y se lo agradezco, pero no puedo aguantar más que se metan en mi vida. Lo de conseguirme un novio me pareció la solución perfecta. Así, dejarán de preocuparse por mí, me dejarán en paz y podré seguir haciendo mi vida tranquilamente.

haha, amo esta historia. el siguiente cap estará listo cuando ustedes quieran, todo lo que tienen que hacer es dejar un lindo review.

Carmen, eres la mejor!

Muy pronto, nuevo songfic de la cancion For The First Time, de The Script asdfghjklñ los amo!

Gracias por el apoyo, nos leemos prontito :)