Creo que me tardé más par este cap hehe la verdad se me había olvidado XD Gracias por su apoyo chicos, es genial. Vamos a ver que harán Sam y Freddie con este lío en el que se metieron XD

Capitulo Cuatro'

Sam sintió en el rostro el sol de la mañana. Olía a café. Debía ser hora de levantarse. Se estiró y, despacio, abrió los ojos. Por increíble que pareciese, se sentía descansada.
Con Freddie a pocos centímetros de distancia y cubierto sólo con unos calzoncillos color gris, no podía creer que se hubiera dormido. Pero se había dormido.

Había soñado que estaba haciendo el amor con un hombre de pecho musculoso y cabello castaño liso. Un sueño sensual, un sueño sobrecogedor, un sueño que le preocupaba. No quería soñar con un hombre, no quería tener nada que ver con los hombres.

No significaba nada, había sido sólo un sueño.

Ya había pasado una noche, sólo le quedaba otra. Después, se despediría de su novio de fin de semana. Sam sonrió. Volvió la cabeza, pero Freddie no estaba allí. La cama contigua a la suya estaba vacía.

Freddie y sus padres. Solos.

Presa del pánico, se sentó en la cama de un salto.

Un paso en falso y sus padres se darían cuenta de que el noviazgo era falso. Se descubriría el engaño. Ella, por supuesto, podría enfrentarse a las consecuencias; pero... ¿y Freddie?
Saltó de la cama, se puso unos pantalones cortos y salió corriendo del cuarto.
Al llegar abajo, oyó voces en la cocina. El corazón le latía con fuerza. Su padre, su madre y Freddie. ¡Qué pesadilla!

¿Por qué no se había puesto el despertador? Respiró profundamente para calmarse.

Al entrar en la cocina, vio a Freddie y a su padre sentados en dos taburetes delante del mostrador. La camisa polo oscura de Freddie intensificaba el color de sus ojos. El poder de su mirada la dejó sin respiración.

La expresión sonriente de Freddie le dijo lo que quería saber: no había motivo para preocuparse. Todo iba bien

Buenos días, Samantha -Pam cerró la plancha de las tortitas de harina y se limpió las manos en el delantal amarillo . Vaya, qué temprano te has levantado.

Sam miró al reloj del microondas.

¿Qué hora es?

Las siete y media respondió Greg-. ¿Qué te pasa, ya no podías dormir?

Sam se pasó los dedos por los revueltos cabellos.

No tiene sentido pasarse el día en la cama, papá.

Greg rió.

-Freddie, debes ser una buena influencia para ella. Cuando Sam era adolescente, nunca se levantaba antes del mediodía.

Ahora, nunca se levanta antes de las nueve -dijo Freddie con otra sonrisa que mostró sus perfectos dientes blancos.

Freddie agarró su taza de café y bebió.

¿Cómo sabía la hora a la que se levantaba? Frunció el ceño. ¿Por qué le costaba tanto dejar de mirarlo? Por su pelo, por supuesto. El pelo de Freddie se caía de una forma que pedía a gritos que se le acariciara.

¿Has dormido bien, preciosa? preguntó Freddie.

Sam vaciló, la había llamado preciosa. No, no lo había dicho en serio.

Sí, muy bien, ni siquiera te he oído levantarte.

¿No?

Sam ignoró la maliciosa sonrisa.

No.

Había estado demasiado ocupada soñando con él. ¡Y qué sueño! Se ruborizó sólo de pensarlo.

Freddie era demasiado guapo.

Me has dado los buenos días.

¿Que te he dado los buenos días? repitió Sam con la mente en blanco.

Sólo recordaba el sueño en el que estaba haciendo el amor con un hombre de cabello castaño, un hombre casi idéntico a Freddie.

Freddie asintió y dejó el café en el mostrador.

Ven aquí, quiero darte los buenos días como te mereces.

Sam se ruborizó. Miró a sus padres y sorprendió la mirada de felicidad que se intercambiaron. Los dos sonreían de oreja a oreja. Estaban absolutamente convencidos de que ella y Freddie eran una pareja. Debería estar contenta de ello, ¿por qué no lo estaba?
Al aproximarse a Freddie se le aceleró el pulso. «Es puro teatro, no es de verdad», se repitió a sí misma en silencio.

Freddie se la sentó encima. Le acarició la mejilla y la hizo temblar de placer. Luego, le guiñó un ojo y la besó con boca cálida y mojada. Sabía a café. El beso acabó demasiado pronto. Sam se quedó con ganas de más.

Buenos días, mi amor dijo Freddie.

«No habla en serio, esto no Freddie, nada». El beso había sido puro teatro de cara a sus padres, pero no impidió que Sam se sintiera enfebrecida. Debía ser el calor que le daba el cuerpo de Freddie. Los hombres siempre estaban calientes. Se levantó y se sentó en el taburete contiguo al de Freddie.

Pam dejó un plato de tortitas recién hechas delante de Freddie.

¿Te apetecen unas fresas con nata?

No, gracias respondió Freddie . Lo que sí me gustaría es un poco de sirope.

¿Un café, Sam? preguntó Greg.

Quizá una taza de café con hielo la refrescara.

Sí, gracias, papá.

Greg le llenó una taza y luego añadió un poco de leche y media cucharada de azúcar, como a ella le gustaba.

Gracias, papá repitió Sam.

Bebió un sorbo de café. El café sabía a Freddie, a su beso. No quería pensar en eso.
«Llevabas un año sin que nadie te besara, eso es lo que te pasa. Ni siquiera te ha gustado su beso, así que olvídalo». Con decisión, Sam dejó la taza en el taburete.

Pam le puso un plato delante.

Aquí están tus tortitas, cielo.

Encima, fresas con nata y salsa de chocolate. Su desayuno predilecto. ¿Por qué prefería saborear a Freddie en vez de a las tortitas con nata y fresas?

Gracias, mamá.

Freddie arqueó una ceja.

¿Te gustan las tortitas con salsa de chocolate?

Sí... entre otras cosas contestó ella.

A mí me gustan las tostadas con crema de cacahuete y sirope.

Y a Sam -Greg sonrió como si hubiera ganado otro millón en ese momento Pam, ¿has oído eso? A los dos les gustan las tostadas con crema de cacahuete y sirope.
A su padre podía alegrarle, pero Sam no creía que las tostadas de cacahuete fueran una base sólida para un matrimonio. Ella y Freddie no tenían nada en común. Él se vestía con trajes italianos y zapatos de cuero, ella llevaba vestidos cien por cien de algodón y sandalias. Él trabajaba para ganar dinero, ella trabajaba porque los libros le apasionaban. No tenían nada en común. Nada. ¡Maldita crema de cacahuetes!

Al dar un mordisco a una de las tortitas, notó que su padre llevaba puesta su ropa de jugar al golf: camisa morada, jersey y pantalones verdes.

¿A qué hora vas a jugar, papá?

A las nueve -Greg se recostó en el respaldo del asiento . Freddie y yo vamos a almorzar en la cabaña después de terminar de jugar.

Su padre y Freddie.

Solos.

De ninguna manera.

No podía dejar que fueran sin ella. ¿Y si Freddie decía algo indebido y se descubría la verdad? La carrera profesional de Freddie se vendría abajo. Además, Greg necesitaba verlos juntos para darse cuenta de que su matrimonio nunca funcionaría.

¿Puedo ir con vosotros? lanzó la más coqueta de las sonrisas a su padre.

¿Es que no te acuerdas de té que pasó la última vez que te llevé al campo de golf? -Greg se echó reír . Freddie, pase lo que pase, no la desafíes nunca a jugar al golf. Pierde demasiadas pelotas.

-Esas pelotas son demasiadas pequeñas y no comprendo por qué hay tantos estanques y tantas trampas entre los agujeros -dijo Sam-. No quiero ir para jugar, pero podrías dejarme llevar el cochecito

-No

Sam dio un manotazo en el mostrador.

Conduzco bien.

Sam miró a Freddie, esperando que él la ayudase. Freddie se encogió de hombros. ¿Qué clase de novio era? La estaba enfadando. Tendría que hablar seriamente con él.

Os llevaré los palos, papá. Además, se me dan los números, podría apuntar los puntos.

Cielo, sé que quieres estar con Freddie, pero tu madre tiene otros planes dijo Greg en tono suave. -No querrás desilusionarla, ¿verdad?

Al mirar a su madre, expectante, le entró un sentimiento de culpabilidad. No quería herir los sentimientos de su madre, pero ¿cuánto le iba a costar tener contenta? ya se había inventado un novio para evitar la tendencia casamentera de sus padres.

Había llevado a su casa un novio falso. ¿Cuál era siguiente paso, una boda fingida?

-No, iré con mamá. La pasaremos muy bien.

Claro que sí, cariño dijo Pam, sus ojos pardos brillaron Recuerda la última vez.

Sí, recordaba el día que habían pasado en un maldito salón de belleza, horas tratando de convenecer a un peluquero llamado Jean Paul de que no sólo le gustaba el corte de pelo que llevaba sino también el color.

¿Qué vamos a hacer?

Pam agrandó los ojos.

Es una sorpresa, pero te aseguro que lo vamos a pasar muy bien. Te va a encantar.

VaSam contuvo un gruñido. No lo soportaría. Su madre y Melanie tenían una idea muy distinta a la suya de lo que era divertirse.

No obstante, no tenía alternativa.

Freddie entró en el dormitorio y se detuvo bruscamente. Creía que a Sam le habría dado tiempo de ducharse y vestirse mientras él se tomaba otra tortita.

Se había equivocado.

Sam estaba en medio de la habitación intentando subirse la cremallera de un vestido con estampado de flores. El sujetador hacía contraste con su piel blanca.

Perdona, volveré dentro de unos minutos.

No tienes por qué marcharte dijo ella volviéndose . Quiero hablar contigo.

¿Hablar? ¿Qué le parecería otro beso?

Necesitas ayuda con la cremallera.

¿Ayuda? Ahora quieres ayudarme -Sam suspiró . Necesitaba tu ayuda ahí abajo, en la cocina.

¿De qué estás hablando?

Quería convencer a mi padre de que me dejara ir con vosotros. Pero tú nada, como si no fuera contigo.

¿Y qué querías que dijera? ¿Deja que Sam lleve el cochecito? -Freddie le puso las manos en la estrecha cintura . Deja que te suba la cremallera, la vas a romper.

Sam se levantó la trenza, a Freddie le pareció una cuerda dorada. Al ir a subiendole la cremallera, le rozó la espalda con la mano y ella se puso tensa. Había química entre los dos, Sam también la sentía.

Ya está. Bueno, me bajo ya.

Gracias, pero aún quiero hablar contigo -Sam se plantó en jarras . ¿No podías haber dicho que quería ir a jugar al golf?

Sí, pero... -Freddie vaciló, no creía que a Sam le gustara una respuesta sincera.

Pero...

No quiero que vengas.

¿ Qué?

Eh, baja la voz dijo Freddie preocupado de que Greg pudiera oírles.

¿Por qué no quieres que vaya?

-Sam, todo está yendo muy bien.

Nada está yendo bien. ¿Te has fijado en mis padres?

Freddie asintió.

Sí. Sonreían tanto que me ha parecido que estábamos filmando un anuncio de pasta de dientes. Les parecemos la pareja perfecta.

Exacto. ¿Es que no te das cuenta del problema?

No contestó Freddie . Hemos decidido comportarnos como una pareja de novios para que tú puedas quitarte a tus padres de encima y para que yo consiga acciones de la empresa.

Sí, pareja de novios sí, pero no almas gemelas destinadas a pasar juntos la eternidad.

Estás sacando las cosas de quicio. Pam y Greg no creen que estemos destinados a pasar la vida juntos.

Lo creen, Freddie -Sam dio un impaciente pisotón en el suelo . Como no dejemos de comportarnos como una pareja feliz voy a tener que pasarme...

Escucha, Sam, tus padres no necesitan que les demostremos que no somos la pareja perfecta. Es evidente que no tenemos nada en común.

Es obvio. No hay dos personas más diferentes que nosotros, somos el día y la noche. Eres demasiado yuppie para mí.

-Y tu eres demasiada espontánea para mí.

Al menos, yo no estoy dispuesta a utilizar a quien sea para conseguir lo que quiero

-Por favor no exageres

Estoy siendo espontánea -Sam frunció el ceño , todo lo contrario que tú, señor Rígido. Apuesto a que hasta tienes un plan para llegar a donde quieres llegar.

Así era, su plan maestro. Y estaba saliendo bien. O había salido bien hasta conocer a Sam.

Acciones a los treinta. Tu primer millón a los treinta y dos. Jubilación a los treinta y cinco dijo Sam burlonamente.

-A los cuarenta.

-Cuando logre lo que me he propuesto, seré feliz.

Sam alzó de nuevo los ojos al techo.

-Eres igual que...

Su padre, esperaba Freddie

-¿Qué quién?

-Que Kian.

El día no podía empeorar más.

El principio había sido su discusión con Freddie. Nada se había resuelto; no había ganado nada, excepto irritación.

Después, durante el almuerzo con su madre, ésta no parecía capaz de dejar de hablar de Freddie y de comportarse como si fuera su asesora de imagen. Sam perdió el apetito. No quería que le recordaran los increíbles ojos de Freddie, ni su radiante sonrisa mientras comía ensalada Cesar y pechuga de polio a la plancha.

Y ahora aquello.

Sam estaba de pie con un sujetador sin tirantes y las bragas delante de un enorme espejo sintiéndose tan estúpida como se veía. Aunque apenas podía respirar, el sujetador le quedaba muy bien. Al menos, eso era lo que le dijo Ginger Soren, la propietaria de la boutique de ropa de novia. Ella debía saberlo.

Ginger parecía una modelo. Una espesa raya negra enfatizaba sus ojos verde mar.
Ginger se acerco a ella con un monstruoso montón de volantes de seda blancos.

Pruébate éste.

Sam miró el vestido con cautela.

No sé...

Te prometo que éste te sentará mejor que los otros que te has probado dijo Ginger.

-Sam, ¿por qué no te lo pruebas? dijo Pam en tono impaciente.

Está bien.

Ginger ayudó a Sam a ponerse el vestido y luego le abotonó la espalda.

Oh, Dios mío dio una palmada Pareces salida de una revista de novias.

Sam miró su imagen en el espejo con horror. Se parecía a Escarlata O'Hara con la corona hecha vestido. Era ridículo. Volantes, perlas, encajes... Horrible.

Ginger le dio unos guantes blancos.

Póntelos.

Aquello era excesivo. Sam quería irse a casa. Quería salir corriendo de allí, olvidarse de su familia y olvidarse de Freddie. Miró a Pam, que con un gesto le indico que se pusiera los guantes.

¿Qué te parece? preguntó Ginger, visiblemente complacida del efecto en general.

Es un poco... excesivo dijo Sam evitando mostrarse brusca.

Pam la miró fijamente, de arriba a abajo.

Es un vestido precioso, pero creo que algo más sencillo es más de tu estilo. Las mangas son demasiado complicadas.

Podríamos cambiarlas dijo Ginger.

«Nadie podría cambiar estas mangas».

No sé... este vestido me recuerda al de Melanie observó Pam.

A Sam no le extrañó que le disgustara tanto.

Es del mismo diseñador dijo Ginger apretando los labios.

Es muy bonito le aseguró Pam-. Pero mis hijas tienen gustos muy diferentes.

Está bien, lo comprendo Ginger sonrió . Deja que te ayude a quitártelo, te traeré más.

Después de que Ginger se alejara, Sam frunció el ceño. Su madre podía haberse mostrado razonable respecto a ese vestido en concreto, pero seguía presionándola. Presionándola para que se casara. Presionándola para que hiciera lo que se suponía que debía hacer con su vida. Presionándola para que fuera alguien que no era.

Creo que debería haberle explicado a Ginger que no quieres un vestido como el de Melanie.

No quiero nada que me recuerde su boda.

Cielo, sé que aún estás disgustada por la boda de Melanie con Kian, pero ha sido lo mejor. Kian no era el hombre apropiado para ti, te habría hecho desgraciada. Ahora, tienes un maravilloso futuro con Freddie los ojos de Pam brillaron . ¿Por qué no olvidas el pasado?

¡Si pudiera! Pero no era fácil el dolor, el dolor de que le destrozaran el corazón. La traición. Le costaba confiar en las personas. ¿Cómo iba a olvidar?

Una vez que encontremos el vestido de novia apropiado para ti, te sentirás mejor.

Sam se frotó las sienes, le dolía la cabeza. Era demasiado. El vestido, la boda, la mentira... todo.

¿Qué te parece si dejamos lo del vestido, mamá? Podría llevar puesta una toga. En realidad, podríamos pedir a los invitados que vayan con toga a la boda. Podría pedirles que...

-Sam, por favor dijo Pam-. ¿Te imaginas a tu padre con una toga?

Sólo era una idea, mamá.

Ginger reapareció con tres vestidos más.

Después de probarse los dos primeros, Ginger le dijo:

Creo que éste va a ser el que más te guste la ayudó a ponérselo y se lo abrochó.
Sam se miró en el espejo. El vestido era precioso. De seda a rayas blancas y marfil, de líneas muy sencillas y elegantes. Nada de encaje, ni perlas. Perfecto.

Pam se tocó los ojos con el pañuelo.

Oh, Samantha.

Sí, es perfecto dijo Ginger.

Sam parecía una novia, se sentía como una novia. Ni siquiera el vestido que había comprado para su boda con Kian la había hecho sentirse así. Era el vestido con el que quería casarse.

Si no te gustan las rayas, podríamos encargar que te lo hicieran con el tejido liso. Voy a ir a por un tocado para la cabeza Ginger se acercó a un rincón de la estancia.

¿Qué te parece? preguntó Pam.

Me gustan las rayas.

A mí también contestó Pam, para sorpresa de su hija.

De repente, Sam se dio cuenta de que tenía que quitarse el vestido antes de perder la razón.

¿Dónde estaba Ginger? Dio un pisotón en el suelo con impaciencia, esperando su regreso.

¿Cómo podía haberse metido en ese lío?

Se sintió un verdadero fraude. Le encantaba el vestido, pero no podía comprarlo. No iba a casarse, no se iba a casar con Freddie.

Volvió a contemplarse en el espejo y contuvo una lágrima. Había encontrado el vestido perfecto, el vestido perfecto para una boda que no iba a tener lugar.

u.u Sam no se quiere casar... bueno, apuesto a que quieren saber que pasa despues.

Eviten que se me olvide esta vez, dejando un lindo review :3 siempre me hacen Feliz.

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